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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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Un día de trabajo

Un día de fototrampeo

08/06/2015 by Bichólogo 30 comentarios

El fototrampeo es una técnica muy empleada en la monitorización de poblaciones de vertebrados, especialmente indicada para el caso de mamíferos, por lo que es bueno que cualquier biólogo se familiarice con ella. A muy grandes rasgos consiste en la instalación de cámaras fotográficas que se activan cuando pasa algún tipo de fauna por delante.

Instalando cámaras de fototrampeo

Según el modelo, se pueden disparar al pisar una plataforma oculta en el suelo o, lo que es más cómodo, mediante sensores de movimiento. Muchas de ellas cuentan con flashes de infrarrojos, lo que facilita la toma de fotografías nocturnas. Esto es muy importante, ya que buena parte de los mamíferos tienen activad crepuscular y/o nocturna, por ejemplo.

La cantidad de modelos en el mercado es abrumadora. Desde cámaras provenientes del continente asiático que no llegan a 100€ a modelos en los que cada unidad supera ampliamente los 600€. La resolución, la velocidad de disparo, la distancia de enfoque, el tiempo de latencia entre imágenes, la incorporación de flashes infrarrojos o la duración de la batería son algunos de los elementos clave que explican esta gran diferencia de precio.

Con el abaratamiento de los costes de la tecnología se pueden incorporar algunas mejoras, como la posibilidad de enviar las imágenes a una dirección de correo justo después de haberlas tomado, gracias al empleo de tarjetas SIM y de tarifas de datos. Sin embargo, lo más común es tener que pasar cada cierto tiempo a descargar las imágenes que ha ido acumulando la cámara y a cambiar la batería.

El trabajo previo

El primera paso para realizar un proyecto de fototrampeo consiste, por supuesto, en trabajo de gabinete. En general, salvo que la naturaleza del estudio exija lo contrario, hay que distribuir sobre plano las cámaras uniformemente sobre de la superficie de estudio. Y si es se trata de una zona amplia implicará hacer largos desplazamientos por zonas de difícil acceso. Pero aunque sea difícil, recuerda que tiene que haber un acceso 😉

Para distribuir las cámaras también hay que tener en cuenta el tipo de hábitats que se quieren estudiar y, obviamente, que exista algún tipo de soporte para fijar la fototrampa. Normalmente se suelen emplear árboles, pero en realidad cualquier estructura fija vertical nos podría venir bien. Así que no tiene sentido planear la colocación una fototrampa en medio de un pastizal o un pedregal pelado de vegetación.

La instalación

Para instalar fototrampas, sobre todo si son muchas, es importante levantarse bien temprano una vez más. Llegado al sitio en cuestión es fundamental elegir bien la zona. Para monitorizar mamíferos es conveniente situarlas a baja altura, enfocando a zonas de paso de fauna o caminos, que son muy utilizados por muchas mamíferos (aparte de nosotros) y además suelen estar despejados de vegetación.

Dicha altura variará en función de las especies que estemos interesados en fotografiar. Si la colocamos demasiado bajo sólo veremos la patas. Demasiado alto y es posible que el animal pase sin que le veamos. Siempre trataremos de pillar al individuo en cuestión transversalmente, de modo que sea fácilmente identificable. Para ello colocaremos la cámara perpendicularmente al camino o paso de fauna. Si la situamos de forma oblicua podemos obtener imágenes extrañas, en ángulos raros, lo que hará que perdamos detalles e incluso dificultará la identificación en especies de aspecto similar. Además, si con el trabajo se pretende reconocer individualmente al animal, cuanto más veamos del bicho, mejor 😉

¡Muy importante! Crucial, diría yo. Limpiar la zona de hojas y pequeñas ramitas que puedan entrar en el ángulo de visión de la cámara. Hierbas, hojas o ramas pueden convertir en un infierno revisar las imágenes cuando las has descargado. Recuerda que el disparador se activa por movimiento. Créeme, no quieres revisar 10000 imágenes de una hoja mecida suavemente por el viento durante quince días 😛 Me ha pasado.

Para fijar las cámaras existen diversas variantes. Normalmente estos dispositivos, aunque impermeables y resistentes a la climatología más adversa, suelen instalarse dentro de una carcasa metálica de protección. Esto facilita su colocación, ya que la carcasa puede ser fijada bien con un cable metálico de seguridad cerrado con llave o bien atornillando la parte trasera de la misma al soporte vertical elegido. Además esta carcasa nos ofrece un extra de protección contra los elementos y, especialmente, contras los elementos vandálicos 😛 Normalmente la armadura metálica se cierra con un candado, de modo que no se puede robar fácilmente. Porque sí, es probable que lo intenten.

En uno de los proyectos en los que yo he estado trabajando tuvimos un serio problema con el robo de cámaras. Era una zona con mucha población diseminada. Pueblos pequeños pero por todos sitios y buena parte del monte estaba recorrido por caminos. Así que era casi imposible colocarlo en alguna zona donde no pasara gente. De este modo, como ni con candados ni atornillando lográbamos nada, decidimos colocarlas más altas, aunque así perdiésemos ángulo de visión. Y parece que funcionó. O eso, o es que ya todo el mundo tenía su fototrampa y no necesitaban robar más 😛

Fototrampa entre las hojas
El mejor camuflaje es el mismo sitio donde lo colocas, pero siempre teniendo cuidado que ningún elemento extraño entre en el encuadre

Además, es bueno rotularlas con el nombre de la empresa o institución que esté llevando a cabo el estudio, así como con un número de teléfono, donde la gente se pueda informar de qué leches hace una cámara ahí y cuál es su función.

Una vez colocada la cámara, lo normal es tomar las coordenadas mediante GPS y alguna foto de la localización para los informes o trabajos. Porque además hay que volver a por ella más adelante, así que cuanto más información mejor. Si el entorno lo permite, se puede tratar de camuflar la cámara con musgo, ramas u hojarasca.

Para incrementar la eficacia de esta metodología, y especialmente en el caso de estudios de presencia/ausencia, podemos emplear atrayentes para la(s) especie(s) objetivo. Estos pueden ir desde meros cebos (carne, maíz, o cualquier alimento oloroso), hasta todo tipo de atrayentes químicos como la orina, hormonas o pelos.

El ciclo se repite

Entonces toca ir a la siguiente cámara. Y así una y otra y otra, a lo largo de todo el día y del siguiente… y el siguiente… hasta completar la instalación de todas ellas. Es importante no situarlas demasiado cerca una de otras ni en el mismo trayecto a ser posible. Si se puede identificar a cada animal de forma individual no es tanto problema, ya que puedes saber si es el mismo bichejo que viste en la otra fototrampa. Pero si no, puede llevar a una sobrestimación de la población, ya que un animal puede aparecer en varias cámaras y ser contabilizado como animales distintos.

Cuándo volver a visitar cada cámara dependerá de la duración del proyecto, de la capacidad de las baterías y del número de fotografías que pueda almacenar el dispositivo. Hay que planificar esto muy bien. No querrás tener como “activa” una cámara sin batería o sin espacio suficiente, ya que estarías perdiendo datos y los que obtengas no serían comparables con lo del resto de fototrampas que sí han estado realmente funcionando todo ese tiempo.

Según la planificación, una vez cumplido el plazo, se procederá o bien a desmontar las cámaras para trasladarlas a otro nuevo emplazamiento (o al almacén) o bien se descargarán las imágenes, se cambiarán o recargarán las baterías y se iniciará un nuevo ciclo. Para descargar las fotos puedes usar un ordenador portátil, un dispositivo de almacenamiento de imágenes con ranura para tarjetas SD, o simplemente cambiar la tarjeta por otra vacía y llevarte la usada.

Sea como sea, no pierdas las imágenes. Hay que ser muy organizado en este tipo de trabajos, ya que con tantas cosas a tener en cuenta es sorprendentemente fácil que una tarjeta se pierda, unas imágenes se almacenen con otro nombre, en otro carpeta o simplemente se te olvide descargarlas. Siempre comprueba esas cosas importantes al menos dos veces 😉

Curioseando los resultados

Una vez revisitadas todas las cámaras viene la que probablemente es la parte más apasionante/aburrida de todo el proceso: la revisión de imágenes. Es la más apasionante porque conlleva la emoción del descubrimiento, la incertidumbre de lo que el azaroso destino nos ha preparado, la excitación de lo desconocido. La más aburrida porque en muchas ocasiones aparecerán paisanos, cabras, ovejas, coches, perros, tractores… Aunque ciertamente se dan situaciones realmente curiosas. Desde gente que, sin darse cuenta, se ha puesto a mear delante mismo de la cámara, pasando por individuos que aparecen cada noche vestidos de traje y pasean siempre por el mismo sitio, hasta una chica que lleva a su novio maniatado y con los ojos vendados a algún secreto lugar en la espesura. Y no, no exagero. Casos reales 😛

Con todos estos datos recogidos, tabulados y ordenador (las anécdotas curiosas se pueden omitir del informe oficial :P) ya se procederá con el análisis. Desde meras confirmaciones de presencia/ausencia, a  la creación de Índices Puntuales de Abundancia, pasando por identificación individual de cada animal, descubrimiento de zonas de paso o potenciales corredores ecológicos, se abre ante nosotros una amplia variedad de formas de tratar los datos. Pero eso ya es otra historia que como decía Michael Ende, debe ser contada en otra ocasión 😉

Más información

La red está llena de recursos sobre el fototrampeo. Muchos son de pago, pero también hay algunos manuales gratuitos que pueden servir de acercamiento a esta metodología. Cómo siempre, Google y la experiencia son los mejores maestros 😉

¿Qué te ha parecido el tema de fototrampeo? ¿Lo has hecho alguna vez? ¿Te parece interesante? Cuéntame tu historia. Te espero en los comentarios y en las redes sociales. No te cortes 😉

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Publicado en: Un día de trabajo Etiquetado como: cámaras, fauna, fototrampeo, mamíferos, monitorización, trabajo

Un día haciendo radioseguimiento

01/06/2015 by Bichólogo 4 comentarios

El radioseguimiento es una metodología que probé recientemente con motivo de mi trabajo en la consultoría medioambiental. Así que no soy ningún experto, aunque es verdad que le he dedicado algunas horas (muchas, de hecho :P). Además, sólo he realizado radioseguimiento de mirlo acuático (Cinclus cinclus) con lo cual es una aplicación bastante concreta de la técnica, pero allá va 😉

Metodología de radioseguimiento

La captura

Antes de poder seguir a los pájaros es preciso, obviamente, capturarlos, anillarlos y colocarles un emisor UHF. La técnica es básicamente la misma que describí en este post sobre anillamiento. Levantarse temprano, colocar las redes, capturar y anillar el bichejo y colocarle el emisor algo por encima de la cadera. Nosotros empleamos un pegamento específico para sujetarlo en las plumas, pero también vamos a emplear una especie de arnés que irá colocado sobre la cadera. El animal debe tener total libertad de movimiento, especialmente cuando se sumerja, ya que los mirlos acuáticos nadan activamente bajo el agua. Y no debe sobresalir mucho, para evitar que pueda quedarse enredado bajo el agua.

Una vez que ya tenemos «fichado» a nuestro mirlo y que el pegamento del emisor se ha secado se vuelve a liberar en la misma zona. Como hicimos el seguimiento en invierno, cuando estos animales aún no tienen territorios, lo seguimos durante algunas horas después de la captura, para evitar perderlos en caso de que se fueran muy lejos. Es entonces cuando comienza lo interesante.

El emisor

Se trata de un pequeño emisor de ondas de radio. Cada dispositivo emite en una determinada frecuencia, programada de tal forma que no solapen con otros emisores del mismo estudio. Sin embargo, es importante intentar asegurarse de que no se está llevando a cabo otro proyecto similar en los alrededores para evitar que puedan haber confusiones entre emisores con frecuencias iguales o muy similares.

Emisor UHF recuperado
Emisor recuperado tras haber caído del animal. En este caso su peso es inferior a 2,5 g. La recuperación de estos dispositivos es especialmente complicada con los mirlos acuáticos, ya que no es nada fácil encontrar estos pequeños emisores entre las piedras del fondo de los ríos y arroyos (suponiendo que puedas acceder al tramo :P)

Los emisores deben ser pequeños. Muy pequeños. En general, aunque hay que tomar esta regla con cuidado, el peso de los emisores no debe ser superior al 5% del peso del animal, para evitar que pueda afectarle de forma negativa. Esto es especialmente importante en animales con elevadas tasas metabólicas o con momentos críticos de desgaste energético, como pueden ser las pequeñas aves migradoras.

El terreno

Es el primer escollo al que tienes que enfrentarte. Puede ser tu mejor amigo o el peor de los enemigos. El alcance de estos emisores es muy variable, dependiendo tanto del tamaño del mismo y de las características del terreno. Como cualquier onda de radio, éstas rebotan contra elementos del paisaje, pueden ser bloqueadas por vegetación densa, edificios, etc… Así pues una complicada orografía de ríos sinuosos discurriendo por hondos valles y gargantas o con laderas densamente arboladas puede reducir drásticamente el alcance del emisor.

Río atravesando un valle
Esta es una localización real de uno de mis mirlos. Como ves, no hay muchas pistas forestales, pero sí abundante vegetación y el río va bastante encajonado, describiendo amplias curvas donde es muy fácil perder la señal.

Si a esto le unimos que los cauces de los ríos no son siempre accesibles desde pistas, especialmente en zonas montañosas como donde yo realizaba el estudio, el localizar y seguir a estos pequeños mirlos se convertía en toda una hazaña, conseguida con una mezcla de conocimiento del terreno, saber manejar un 4×4 y suerte, mucha mucha suerte 😛

La técnica

Como ya comenté, no soy ningún experto en radio seguimiento. Pero me las apañé para aprender lo básico desde cero y puede localizar todos los mirlos que soltamos al menos una vez 😛 Así que tampoco se me dio tan mal 😛

El realizar radioseguimiento no supone una gran diferencia a sintonizar la radio. Cada emisor emite en una determinada frecuencia (canal) que puede ser sintonizada y almacenada en el emisor (para no tener que andar buscándola cada vez). El funcionamiento de cada receptor depende mucho de la marca, de si es analógico o digital, de lo moderno o lo antiguo que sea. Pero en lo básico suelen tener un altavoz, una rueda para sintonizar las distintas frecuencias de radios, unos controles de volumen y otros de ganancia, con los que hay que jugar para obtener una señal clara.

Mirlo acuático anillado
Un mirlo acuático convenientemente identificado: anilla de color, anilla metálica y un emisor que no se aprecia en la foto (malditos móviles :P)

Para localizar la señal, conectamos al receptor una antena Yagi de mano (como la de la foto superior) o una antena de coche, que suele ir fijada por un imán al techo del vehículo. Es muy fácil alternar entre ambas, usando la del coche (omnidireccional) para localizar la señal y la de mano (direccional) para encontrar la situación del individuos. Cuando el receptor capta la señal del canal sintonizado emite una especie de pitido. La frecuencia y la duración del pitido depende del emisor y se puede variar en función de cuánta vida útil quieras para su batería (no son inagotables :P).

La localización exacta del individuo en cuestión se consigue mediante triangulación. Básicamente, consiste en ir moviendo lentamente la antena en el plano horizontal hasta recibir una señal de un punto concreto, donde se registrará la máxima intensidad. Entonces trazamos una línea imaginar desde nuestra posición hasta el punto desde el que hemos recibido la señal. Después nos desplazamos varios metros (o cientos de ellos, dependiendo del terreno) para repetir el proceso y trazar una nueva línea imaginaria. El punto donde ambas se cruzan es donde nuestro fugitivo se encuentra localizado 😉 Para registrarlo, simplemente se marca sobre ortofoto o en un GPS y listo.

Requiere bastante práctica acostumbrarse a las variaciones del tono. Y es que no sólo varía con la distancia y la dirección, si no que también variará cuando el animal se esté moviendo, ya que a veces el emisor apuntará directamente hacia nosotros, otras veces estará detrás del animal, o bajo el agua, como con nuestros queridos mirlos acuáticos. Así pues, cuando el animal se está moviendo se alternan pitidos agudos con graves, variando la intensidad y llegando incluso a desaparecer. Sin embargo, cuando el individuo está en reposo, la recepción suele ser clara y constante, sin ningún tipo de variación. También hay que recordar que, en función de las condiciones climáticas, la frecuencia de los emisores puede «mutar», es decir, cambiar su frecuencia levemente, por lo que conviene reajustar las frecuencias de cuando en cuando para no llevarse algún susto.

La jornada

Dependerá del tipo de seguimiento que hagas y de las características de cada animal. No es lo mismo seguir a uno con actividad diurna que nocturno, y no es lo mismo en una zona amplia y despejada que en un río estrecho entre montañas. Nosotros realizábamos un seguimiento intensivo durante las horas de luz, tomando la posición de cada individuo a intervalos regulares desde  la salida del sol hasta el anochecer. Esto significa que estarás todo el tiempo ocupado en el campo, sin poder abandonar la zona para no perder la siguiente localización. Pero también implica que habrá tiempo muerto entre localización y localización. Así que es bueno buscarse algún entretenimiento para aprovechar el tiempo.

Leyendo un e-book
¿Qué mejor forma de aprovechar el tiempo que con una buena lectura ente localización y localización?

También tocará comer en el coche lo que haya a mano. Mi menú solía variar entre los trozos de pizza restantes de la cena anterior y diversas clases de embutido y queso con algo de pan jeje. No está nada mal, pero puede resultar cansino cuando te toca hacer eso todos los días, de lunes a viernes, durante varios meses 😛 Así que es bueno echarle imaginación culinaria al asunto 😉

Las jornadas pueden resultar largas y agotadoras. Y a veces aburridas. Muy aburridas. Así que es importante que os aseguréis de que tendréis algún entretenimiento: libros, prismáticos, música… Y que puedas aprovechar ese entretenimiento en intervalos cortos. Ver una película en sesiones de una hora es fácil, pero si las localizaciones son cada cinco minutos puede resultar exasperante 😛 Acuérdate de estas líneas si haces radiotracking alguna vez y y te olvidaste de rellenar los tiempos muertos 😛

Coche al anochecer
Normalmente se me hacía de noche con el radioseguimiento, y volvía agotado a casa después de todo el día de trabajo. Pero esas maratonianas jornadas me permitieron disfrutar de amaneceres y atardeceres espectaculares, así como de un montón de fauna que no es fácil de ver fuera de esas horas 😉

¿Qué se consigue?

Muchísima información. Pero mucha de verdad, y variada. Desde nubes de puntos donde se suele mover el individuos y de las que se pueden obtener kernels de probabilidad de que el individuos esté en una área determinada, hasta patrones de movimiento diarios o nocturnos, picos de actividad, momentos de reposo. Todo esto se puede aplicar en conservación y en estudios de impacto ambiental, para crear corredores ecológicos por las zonas por las que más se mueve la fauna, creación de pasos de fauna para autovías, ferrocarriles y demás obras públicas, zonas importantes para la conservación de determinadas especies, localización de dormideros, territorios de cría o zonas de invernada… Todo lo que se te pueda ocurrir.

Existen otras modalidades de emisores, como unos dispositivos que detectan el fotoperiodo y se usan para seguir la migración de pequeños paseriformes. O los emisores GPS, que te dan la información geográfica exacta sin necesidad de estar constantemente realizando el seguimiento. Bastaría con ir una vez cada pocos días y recoger de forma inalámbrica todos los datos almacenados. Incluso puedes hacer el seguimiento desde tu escritorio con los datos que el receptor envía directamente a tu correo o a una web. Pero tanto el precio como el tamaño de estos emisores GPS suelen ser bastante más elevados, si bien la miniaturización está avanzando a pasos agigantados y ya hay emisores GPS realmente pequeños. Sin embargo el problema siguen siendo las baterías. Cuanto más pequeño es el dispositivo, menor es el tamaño de la batería y su duración. Se produce un compromiso entre tamaño y funciones extras y duración de la batería, por lo cual es necesario evaluar qué tipo de emisor es el adecuado para cada estudio en concreto.

¿Qué te ha parecido el post? ¿Has hecho radiotracking alguna vez? ¿Qué te pareció la experiencia? Compártelo con todos nosotros en los comentarios o en las redes sociales 😉

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Publicado en: Un día de trabajo Etiquetado como: antena yagi, emisor UHF, metodologías, mirlo acuático, radiosegumiento, radiotracking, receptor

Un día anillando pájaros

12/04/2015 by Bichólogo 5 comentarios

Con este post inauguro la sección «Un día». En ella trataré de contar una jornada cualquiera durante alguno de los trabajos que he realizado, para que podáis ver el día a día de un biólogo. Y hoy voy a comenzar con la que quizás es una de las actividades mejor conocidas (al menos de oídas) por todo el mundo: el anillamiento científico de aves (el adjetivo es muy importante).

Un día anillando pájaros
Pechiazul (Luscinia svecica) capturado durante una jornada de anillamiento en la Ría de Villaviciosa

Antes de nada tengo que recordaros que esta actividad está muy regulada. Sólo una anillador titulado puede llevar a cabo estas jornadas de anillamiento y debe ser quien se encargue y vigile la instalación de las redes y el manejo de las aves. Aunque se puede contar con la ayuda de voluntarios y de anilladores en formación, el anillador debe estar presente en todo momento, para poder supervisar las actividades y resolver los problemas e imprevistos que puedan aparecer.

El anillamiento siempre ha sido para mí uno de los trabajos más reconfortantes. Es una actividad muy dinámica (y a menudo agotadora) que te permite estar en contacto directo con los animales. Un contacto muy directo. Además, por regla general, suele desarrollarse en el campo y hay pocas cosas tan gratificantes para un buen bichólogo como una buena jornada campera 😉

Toca madrugar

Cualquiera de estos días de trabajo suele comenzar temprano. Muy temprano. Lo primero es encontrar un lugar adecuado para las redes, en función de las aves que se vayan a anillar. Dependiendo de las especies con las que se esté trabajando y la zona, hay que tener una serie de precauciones. Si estamos en zonas encharcadas, nunca hay que dejar la red tan cerca del agua como para que si un pajarillo cae éste pueda quedar sumergido. Y si por alguna razón es necesario que la red esté a ras de agua (como cuando se anilla mirlo acuático, por ejemplo) entonces debe haber al menos una persona vigilando las redes en todo momento, para evitar que el animal pudiera ahogarse.

Una vez colocadas sólo hay que esperar. O no, porque también hay que desplegar todo el equipo básico de anillamiento: balanza, anillas, alicates de anillamiento, reglas, calibres, guías de aves, material para muestras biológicas (normalmente sangre, plumas y/o esperma), algún sitio cómodo para aposentarse y el avituallamiento, por supuesto. ¿Qué es un largo día de campo sin algo que llevarse a la boca? 😉

Material de anillamiento
Material de anillamiento

Hay que dejar transcurrir un tiempo prudencial entre cada visita a la red para ver si ha caído algún pájaro. Sí, las ganas nos pueden, la curiosidad nos mata, pero si vamos con demasiada frecuencia ahuyentaremos las aves y no se acercarán a la red. Si tardamos demasiado, el animal puede enredarse en la red y sufrir un alto nivel de estrés. Este tiempo de espera también dependerá de las condiciones ambientales y la presencia de posibles depredadores. No queremos que un animal pase mucho tiempo bajo sol, el frío o la humedad. Y por supuesto no queremos encontrarnos un montón de plumas junto a una red desgarrada. Durante el anillamiento SIEMPRE prima el bienestar del ave. SIEMPRE.

Y comienza lo interesante

Cuando nuestra espera se ve al fin recompensada algún lindo pajarillo habrá caído en nuestras redes. Hay que sacarlo con extremo cuidado y habilidad, para reducir al máximo el tiempo de manipulación del animal y producirle el menos estrés posible.

Primero hay que determinar la especie. A continuación se le coloca una anilla de metal de una de las patas identificada con una número único. A menudo, y según el grupo de anillamiento, se puede establecer que se anille en la pata derecha o la izquierda en función del año. La anilla ha de quedar bien cerrada, de modo que sea imposible que se enganche con nada Además debe tener la medida adecuada al pajarillo, para evitar presionar o herir las patas (lo que en caso más extremos podría llegar a la amputación de la misma).

Luego se trata de obtener la mayor cantidad de información en el menor tiempo. Siempre que sea posible se averigua la edad, el sexo y el estado de muda de las plumas, que dependen mucho de la especie y la época del año. También se suelen tomar algunas de las medidas corporales, siendo las más comunes la longitud del pico, el tarso, la quilla, el ala, la envergadura y el peso. También es posible medir la cantidad de grasa y músculo soplando suavemente sobre el vientre.

agachadiza
Anillando una agachadiza común

Una vez anillado e identificado ya podemos soltarlo para que vuelva a volar en paz 😉 ¿No ha sido tan difícil, no? Después es ciclo se repite con todos los individuos capturados en esa ronda. Así a lo largo de todo el día, revisión tras revisión. El número de aves capturadas durante una sesión de anillamiento variará mucho dependiendo de la especie o especies objetivos, el clima, la zona y la suerte.

Puedo aseguraros que el anillamiento es una experiencia muy enriquecedora para cualquier biólogo. Ofrece la oportunidad de trabajar directamente con estos animales, aprendiendo constantemente. Esta actividad te puede proporcionar innumerables alegrías, ya sea a nivel profesional o colaborando con algún grupo de anillamiento. Además, el saber manipular aves y tomar medidas es algo muy demandado en cualquier estudio científico con estos animales.

Pero hay que recordar una vez más que el anillamiento científico no es un hobby ni un juego, sino una actividad científica muy seria, donde el bienestar del animal prima siempre sobre esa foto perfecta que a todos nos gustaría sacar o sobre el poder toquetear un poquito más al bicho en cuestión.

Muchos diréis si merece la pena tanto estrés para el animal: la captura, la manipulación, tomar sangre… Anualmente se anillan millones de aves en todo el mundo, y el anillamiento científico ha proporcionado hasta ahora una enorme cantidad de información que no habría sido posible obtener de otra manera, siendo especialmente importante en todos los trabajos realizados con las migraciones de aves. Es verdad que hoy en día, con la miniaturización de la tecnología hay emisores muy muy pequeños. Pero aún así el anillamiento seguirá siendo útil en la realización de estudios científicos que requieran reconocer individualmente a los animales.

Ría de Villaviciosa
El impresionante marco de la Ría de Villaviciosa (Asturias) donde participé en esta sesión de anillamiento de mi amiga Ana

Sobre el anillador profesional

Sólo me queda comentaros que si alguno estáis interesados en haceros anilladores se trata de un camino largo y complicado.  Hay un extenso proceso de formación que debe estar avalado por uno o varios anilladores expertos, tras el cual deberás afrontar una prueba práctica y otra teórica muy dura. Realmente dura. Pero sin aún sigues interesado, en España existen varias entidades avaladoras a las que puedes recurrir para obtener más información al respecto: la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife), el Instituto Catalán de Ornitología (ICO), la Estación Biológica de Doñana (EBD), el Grupo Balear de Ornitología (GOB) y la Sociedad de Ciencias de Aranzadi. En el caso de SEO/Birdlife, por ejemplo, para ser una anillador titulado deberás pasar primero por un período de formación que no puede ser inferior a dos años, durante los cuales debes certificar haber participado en la captura de al menos 1000 individuos pertenecientes a 50 especies distintas, con un máximo de 100 individuos por cada especie. Estos requisitos pueden variar ligeramente de una entidad a otra, pero en lo básico el proceso es el mismo siempre. Así que, ¡mucha suerte si decidís a haceros anilladores!

¿Y vosotros qué me comentáis? Alguna vez habéis anillado algún pájaro? ¿Cómo fue la experiencia? No seáis tímidos y compartidlo en los comentarios 😉

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