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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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conservación

5 razones por las que me encantan los voluntariados

21/05/2015 by Bichólogo 7 comentarios

El voluntariado es, a día de hoy, una parte fundamental de cualquier organización relacionada con la investigación, el medioambiente o la conservación. Y esto tiene su cara y su cruz. Es por ello que tengo una relación un tanto ambivalente con el voluntariado y he decidido plasmarla en dos posts consecutivos en los que explicaré las razones por las que me gustan los voluntariados y las razones por las que los odio. Como verás, tanto una como otras son de lo más variadas y, a mi entender, justificadas. Comencemos por el lado bueno…

El lado bueno del voluntariado ambiental

5 razones por las que me encantan los voluntariados

El voluntariado ambiental juega hoy en día un importante papel en conservación en todos los países. Y no sólo por parte de las organizaciones, sino que también triunfa entre los estudiantes de las diversas ramas que entroncan con la biología. ¿Por qué ese éxito? Te voy a contar mis razones…

1. Consigues la tan ansiada experiencia

A día de hoy muchos anuncios de empleo requieren candidatos con experiencia para el puesto. Pero si no te dejan trabajar primero, ¿cómo vas a conseguir esa experiencia? La pescadilla que se muerde la cola. Los voluntariados han permitido romper ese círculo vicioso ofreciendo la oportunidad de trabajar en el campo que más te gusta, foguearte y conseguir la práctica necesaria en el desempeño de tu labor.

Además, en numerosos voluntariados te ofrecen un certificado de aprovechamiento al final que te ayuda a engordar tu currículo y tu experiencia profesional. Por eso lo más común es hacerlos mientras uno aún está en la carrera, aunque nunca es tarde 😉

2. Las organizaciones pueden realizar más y mejores proyectos

Muchas entidades conservacionistas están implicadas en numerosos proyectos que requieren un gran capital humano que no siempre pueden costear. El voluntariado ambiental surge como una alternativa barata para completar el equipo de trabajo mediante personas que, altruistamente, colaboran con la organización en cuestión. Esto es especialmente importantes en aquellas instituciones que por la naturaleza de su trabajo no cuentan con importantes ayudas o subvenciones gubernamentales. De este modo se pueden acometer empresas de mayor envergadura y sacar adelante estudios, trabajos o actividades que de otra forma sería imposible sufragar.

3. Crecimiento personal

En muchas ocasiones el voluntariado conlleva alejarte de tu región, a veces cambiando de país o incluso de continente, e integrarte en grupos de trabajo, con distintas filosofías y, en ocasiones, distintas culturas. Esto supone una experiencia enriquecedora no sólo a nivel profesional, sino también humano. Puede convertirse en una experiencia vital que cambie tu forma de mirar el mundo y que te transforme profundamente.

Además, y por si esto fuera poco, aportas valor a la gente. Colaborar en alguna causa, como puede ser la conservación de alguna especie, es una manera de poner tu granito de arena, de aportar valor al mundo. No se trata de cambiarlo, pocas personas pueden hacerlo por sí mismas. Se trata de ayudar, de crear algo positivo que recaiga en los demás.

Quizás no te parezca gran cosa ayudar en un proyecto de cría en cautividad, o haciendo un censo de paseriformes, pero ya estás dando algo al mundo. Conservar la biodiversidad es conservar la enorme riqueza natural de nuestro planeta, que no es sino la herencia que dejaremos a nuestros hijos. Así que no te subestimes ni a ti ni a lo que haces.

4. Posibilidad de trabajar con animales y en sitios que siempre has soñado

Algunos de estos voluntariados te dan la posibilidad de trabajar con grupos animales a los que normalmente no tienes acceso, como linces, primates, grandes depredadores africanos… Si sabes buscar bien puedes encontrar oportunidades absolutamente increíbles.

Aunque el voluntariado implica trabajar gratis normalmente lo compensan costeando tu estancia y, algunas veces, el viaje. Esto te permite viajar y explorar distintas regiones por una pequeña parte del dinero que te gastarías en un viaje como turista. Es una estupenda forma de mezclar trabajo y viajes. Puedes dar rienda suelta a tu espíritu explorador y conocer mundo mientras te formas como biólogo.

5. Conoces gente

Los voluntariados son una forma de alimentar tu red de contactos. No sólo conocerás a compañeros del gremio, sino también de otras profesiones afines (recuerda la importancia de los equipos multidisciplinares). Y sobre todo puedes conocer a gente importante (coordinadores, presidentes de sedes locales de la organización, investigadores que estén trabajando en el mismo sitio…). Pueden ser un gran lugar para hacer networking, pero sobre todo es un gran lugar para hacer amigos. No desaproveches ninguna de esas oportunidades. Yo aún conservo buenos amigos que conocí hace ya muchos años en alguno de mis voluntariados.

Algo más de información

Y hasta aquí llega mi lista de los puntos fuertes de los voluntariados. Por si estás interesado en conocer un poco más sobre este mundillo y saber dónde puedes informarte de las oportunidades de colaborar en diversos proyectos aquí te dejo un buen artículo al respecto.

¿Qué te ha parecido? ¿Estás de acuerdo? ¿Añadirías alguna cosa más? Espero tu opinión, que seguro que puede ayudar a todos los que nos lean 😉 Y recuerda que aún queda la segunda parte de este artículo: el lado oscuro del voluntariado 😉

¡Un saludo!

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Publicado en: Voluntariado Etiquetado como: conservación, puntos positivos, voluntariado

Mi experiencia como guardaparque voluntario en Perú

12/04/2015 by Bichólogo 25 comentarios

Este voluntariado fue una experiencia vital, que me transformó profundamente y me convirtió en un adicto a los viajes. Es la historia de un viaje en solitario a una tierra maravillosa para trabajar en un entorno privilegiado. Ésta es mi historia.

Mi historia como voluntario en Perú

Comenzando por el principio.

Todo empezó en 2003 con una charla en la Universidad de Extremadura sobre la creación de la lista de especies protegidas en Perú. Fue una charla interesante y, como todas estas cosas de bichólogos, desembocó en unas cañitas post-charla.

Yo tenía por aquel entonces unos amigos en Lima que me habían hecho desear conocer aquellas tierras como fuera. Y comentándolo con el ponente, entre cerveza y cerveza, me dijo que en Perú existía un programa de voluntariado en todas áreas naturales protegidas. Que si yo quería me avisaría cuando oyese de alguna plaza libre. Yo me pagaría el viaje ida y  vuelta a Lima, pero el desplazamiento al área natural, la comida y el alojamiento corría por cuenta de espacio protegido en cuestión. Así que intercambiamos emails, seguimos charlando y después me olvidé del tema. Pero él no.

templo inca
Ruinas de Sacsayhuamán a las afueras de Cuzco. Las construcciones incas eran impresionantes, no sólo por sus dimensiones sino por la forma en que encajaban piedra sobre piedra sin usar argamasa.

A los pocos meses recibí un correo. Había una plaza en la Reserva Nacional de Lachay como guardaparque voluntario, con una estancia mínima de un mes. Si la quería, era mía. Alucinado, le contesté que sí y me puse manos a la obra. No fue fácil. Tuve que preparar muchas cosas y, sobre todo, convencer a mis padres que con 23 años, y no habiendo salido apenas de España mas que para comer en Elvas (Portugal), era lo suficientemente responsable como para irme 2 meses a otro hemisferio. Pero nunca me he rendido fácilmente jeje

Acordé con mis amigos de Lima que me acogerían unos días allí antes de ir a Lachay, donde tenía planeado quedarme 40 días, y un par de semanas después, durante las cuales quería conocer algo del país. Así que con mis escasos ahorros, muchos ganas y un cague considerable, tomé el avión a Lima.

Sobrevolando los andes
Volar sobre los Andes fue una experiencia sobrecogedora

¡El viaje comienza!

Lima es una ciudad de contrastes. De muchos contrastes. Pasé una semana y pico sobreviviendo al jet-lag, acostumbrándome al clima, al tráfico caótico y a negociar los taxis. Y cuando me sentí preparado, me fui a Lachay.

Me recogieron en el bus y me llevaron a través del árido desierto costero peruano. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando tomamos una camino de tierra y, frente a mí, comienza a aparecer un vergel que no me esperaba: la Reserva Nacional de Lachay.

Una vez superada mi sorpresa me instalé allí. Me enseñaron toda la reserva. Lachay es muy pequeño y, al menos en aquella época, sólo tenía tres rutas principales. Pero presentaba dos áreas bien diferenciadas: una tremendamente húmeda y verde gracias a la influencia de las nieblas, y otra árida y rocosa, llena de cactus, al otro lado de la ladera, a donde no llegaban la neblina oceánica.

Lachay
Los tremendos contraste de Lachay en sus apenas 5000 hectáreas de extensión

Siempre me despertaba de madrugada, con el canto de un sinfín de pájaros. Un buen desayuno para coger fuerzas y a cumplir con las rutinas diarias: limpieza de los edificios, mantenimiento de caminos y estructuras, sacar las vacas que a los pastores se les “escapaban” dentro del parque y dar indicaciones a los turistas. Pero además colaboraba en un trabajo de caracterización de hábitat del canastero de los cactus, un endemismo peruano, en la zona seca llamada Guayabito.

Durante cuarenta días me dediqué a estas labores, además de aprender de la pequeña biblioteca que tenían en la casa de los guardaparques, conocer buena parte de la fauna que pululaba por el parque y disfrutar de la comida y la gente. Y vaya que la disfruté. Una gastritis por culpa del excesivo ají que le echaba a todo fue buena prueba de ello 😛

huaqueros
Destrozos realizados por los saqueadores de tumbas en la huaca o cementerio precolombino que hay en Lachay

Pude disfrutar de la riqueza faunística del parque, así como de curiosa geología, las caprichosas formas de las paredes rocosas y el interesante puquial que aún existía en el parque (una concavidad donde se deposita el agua proveniente de la neblina captada por la vegetación y que sirve de bebedero natural a los animales).

Además pude recorrer un gran enterramiento precolombino, tristemente saqueado por los huaqueros o expoliadores de tumbas, que habían dejado el suelo cubierto de restos de cerámica decorada. Y también visité algunos de los numerosos dibujos y grabados rupestres que esparcidos por el parque. Asimismo elaboré diversos informes, tanto de las actividades semanales como de los resultados del estudio del canastero de los cactus.

pinturas rupestres
Algunas de las pinturas rupestres diseminadas por la reserva, entre las oquedades de las rocas.

El voluntariado se acaba, pero el viaje continúa

El tiempo pasó, y mi estancia tocó a su fin. Con una gran barbacoa de despedida dije adiós a aquel sitio mágico, a aquel oasis en medio del desierto, a toda la maravillosa gente con la que tuve la oportunidad de compartir aquella experiencia, y volví a Lima. Pero no todo va a ser trabajar. Preparé un viaje de varios días a Cuzco, la antigua capital del imperio Inca, para visitar el recinto sagrado del Coricancha, varios templos y ruinas en las cercanías de la ciudad y, por supuesto, la estrella del viaje: Machu Picchu.

Machu Picchu
Un joven «yo» con el Machu Picchu a mi espalda. ¡Cómo pasa el tiempo!

Hay sitios que están tan cargados de historia que parece que una energía especial flota en el ambiente, una especie de magia. Y Machu Picchu es uno de ellos. Podría hablar horas sobre aquello, podría subir cientos de fotos, pero aún así no os podríais hacer una idea de lo que supone estar allí. Es, quizás, el lugar que más me ha impactado de todos cuantos he visitado. Y tengo que volver, ya lo creo. ¡Sobre todo ahora que tengo una cámara de fotos en condiciones! (estas fotos están hechas con una antigua cámara digital de 3 megapíxeles).

Además visité también la Reserva Nacional de Paracas, realizando una pequeña travesía en barca alrededor de las Islas Ballestas, sus explotaciones de guano, sus zarcillos, sus leones marinos, sus pingüinos de Humboldt y el impresionante geoglifo llamado «El Candelabro«, con sus 180m de largo y sus 2500 años de antigüedad.

Candelabro
El intrigante geoglifo del Candelabro visto desde las lanchas

Unas reflexiones

El objetivo del viaje era aquel programa de voluntariado, sí. Pero me aportó muchas, muchas cosas más. No sólo me sirvió para foguearme en el trabajo de campo en Guayabito, o habituarme a distinguir y aprender las especies para luego echar una mano a los turistas a localizarlas. También me permitió conocer a personas maravillosas.

Los peruanos son gente increíblemente amable y me hicieron sentirme en todo momento como en casa. Y su gastronomía es absolutamente deliciosa. Tanto que el ceviche se convirtió en mi plato favorito, el rocoto en la especia más sabrosa, por no hablar de los anticuchos, la chicha morada y el pisco, o incluso la Inca Cola.  Me hizo sumergirme en un pasado misterioso y fascinante como fue el periodo incaico, y soñar con la selva y su infinita fauna. Y lo más importante de todo, me abrió la mente y despertó en mí un hambre insaciable de viajar.

Camino en la Reserva Nacional de Lachay
De todos los maravillosos caminos que recorrí en Lachay el de mi crecimiento personal fue el más importante

Por supuesto que no todos los voluntariados son iguales, ni todas las personas lo viven de la misma forma. Pero es cierto que la posibilidad de viajar a otros países, de conocer otras culturas, otras gentes, abre nuevos horizontes y nos ayuda a desarrollarnos como personas.

Más adelante hablaré sobre mi opinión de los voluntariados, con los que tengo una relación agridulce, ahora que los veo desde un punto de vista profesional. Pero es cierto que son una forma muy interesante de adquirir experiencia y experiencias, de formarte y de desarrollarte, no sólo como biólogo sino como individuo.

Si alguien quiere más información sobre los programas de voluntariado en Perú debo deciros que no sé cómo habrá cambiado la situación desde entonces, ni qué gastos se costearán ahora, pero el programa de voluntariado en las áreas naturales protegidas sigue funcionando.

¿Has formado alguna vez parte de uno de estos programas de voluntariado internacional?¿Cómo fue tu experiencia? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

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Publicado en: Voluntariado Etiquetado como: conservación, internacional, perú, voluntariado, zonas protegidas

Un día anillando pájaros

12/04/2015 by Bichólogo 5 comentarios

Con este post inauguro la sección «Un día». En ella trataré de contar una jornada cualquiera durante alguno de los trabajos que he realizado, para que podáis ver el día a día de un biólogo. Y hoy voy a comenzar con la que quizás es una de las actividades mejor conocidas (al menos de oídas) por todo el mundo: el anillamiento científico de aves (el adjetivo es muy importante).

Un día anillando pájaros
Pechiazul (Luscinia svecica) capturado durante una jornada de anillamiento en la Ría de Villaviciosa

Antes de nada tengo que recordaros que esta actividad está muy regulada. Sólo una anillador titulado puede llevar a cabo estas jornadas de anillamiento y debe ser quien se encargue y vigile la instalación de las redes y el manejo de las aves. Aunque se puede contar con la ayuda de voluntarios y de anilladores en formación, el anillador debe estar presente en todo momento, para poder supervisar las actividades y resolver los problemas e imprevistos que puedan aparecer.

El anillamiento siempre ha sido para mí uno de los trabajos más reconfortantes. Es una actividad muy dinámica (y a menudo agotadora) que te permite estar en contacto directo con los animales. Un contacto muy directo. Además, por regla general, suele desarrollarse en el campo y hay pocas cosas tan gratificantes para un buen bichólogo como una buena jornada campera 😉

Toca madrugar

Cualquiera de estos días de trabajo suele comenzar temprano. Muy temprano. Lo primero es encontrar un lugar adecuado para las redes, en función de las aves que se vayan a anillar. Dependiendo de las especies con las que se esté trabajando y la zona, hay que tener una serie de precauciones. Si estamos en zonas encharcadas, nunca hay que dejar la red tan cerca del agua como para que si un pajarillo cae éste pueda quedar sumergido. Y si por alguna razón es necesario que la red esté a ras de agua (como cuando se anilla mirlo acuático, por ejemplo) entonces debe haber al menos una persona vigilando las redes en todo momento, para evitar que el animal pudiera ahogarse.

Una vez colocadas sólo hay que esperar. O no, porque también hay que desplegar todo el equipo básico de anillamiento: balanza, anillas, alicates de anillamiento, reglas, calibres, guías de aves, material para muestras biológicas (normalmente sangre, plumas y/o esperma), algún sitio cómodo para aposentarse y el avituallamiento, por supuesto. ¿Qué es un largo día de campo sin algo que llevarse a la boca? 😉

Material de anillamiento
Material de anillamiento

Hay que dejar transcurrir un tiempo prudencial entre cada visita a la red para ver si ha caído algún pájaro. Sí, las ganas nos pueden, la curiosidad nos mata, pero si vamos con demasiada frecuencia ahuyentaremos las aves y no se acercarán a la red. Si tardamos demasiado, el animal puede enredarse en la red y sufrir un alto nivel de estrés. Este tiempo de espera también dependerá de las condiciones ambientales y la presencia de posibles depredadores. No queremos que un animal pase mucho tiempo bajo sol, el frío o la humedad. Y por supuesto no queremos encontrarnos un montón de plumas junto a una red desgarrada. Durante el anillamiento SIEMPRE prima el bienestar del ave. SIEMPRE.

Y comienza lo interesante

Cuando nuestra espera se ve al fin recompensada algún lindo pajarillo habrá caído en nuestras redes. Hay que sacarlo con extremo cuidado y habilidad, para reducir al máximo el tiempo de manipulación del animal y producirle el menos estrés posible.

Primero hay que determinar la especie. A continuación se le coloca una anilla de metal de una de las patas identificada con una número único. A menudo, y según el grupo de anillamiento, se puede establecer que se anille en la pata derecha o la izquierda en función del año. La anilla ha de quedar bien cerrada, de modo que sea imposible que se enganche con nada Además debe tener la medida adecuada al pajarillo, para evitar presionar o herir las patas (lo que en caso más extremos podría llegar a la amputación de la misma).

Luego se trata de obtener la mayor cantidad de información en el menor tiempo. Siempre que sea posible se averigua la edad, el sexo y el estado de muda de las plumas, que dependen mucho de la especie y la época del año. También se suelen tomar algunas de las medidas corporales, siendo las más comunes la longitud del pico, el tarso, la quilla, el ala, la envergadura y el peso. También es posible medir la cantidad de grasa y músculo soplando suavemente sobre el vientre.

agachadiza
Anillando una agachadiza común

Una vez anillado e identificado ya podemos soltarlo para que vuelva a volar en paz 😉 ¿No ha sido tan difícil, no? Después es ciclo se repite con todos los individuos capturados en esa ronda. Así a lo largo de todo el día, revisión tras revisión. El número de aves capturadas durante una sesión de anillamiento variará mucho dependiendo de la especie o especies objetivos, el clima, la zona y la suerte.

Puedo aseguraros que el anillamiento es una experiencia muy enriquecedora para cualquier biólogo. Ofrece la oportunidad de trabajar directamente con estos animales, aprendiendo constantemente. Esta actividad te puede proporcionar innumerables alegrías, ya sea a nivel profesional o colaborando con algún grupo de anillamiento. Además, el saber manipular aves y tomar medidas es algo muy demandado en cualquier estudio científico con estos animales.

Pero hay que recordar una vez más que el anillamiento científico no es un hobby ni un juego, sino una actividad científica muy seria, donde el bienestar del animal prima siempre sobre esa foto perfecta que a todos nos gustaría sacar o sobre el poder toquetear un poquito más al bicho en cuestión.

Muchos diréis si merece la pena tanto estrés para el animal: la captura, la manipulación, tomar sangre… Anualmente se anillan millones de aves en todo el mundo, y el anillamiento científico ha proporcionado hasta ahora una enorme cantidad de información que no habría sido posible obtener de otra manera, siendo especialmente importante en todos los trabajos realizados con las migraciones de aves. Es verdad que hoy en día, con la miniaturización de la tecnología hay emisores muy muy pequeños. Pero aún así el anillamiento seguirá siendo útil en la realización de estudios científicos que requieran reconocer individualmente a los animales.

Ría de Villaviciosa
El impresionante marco de la Ría de Villaviciosa (Asturias) donde participé en esta sesión de anillamiento de mi amiga Ana

Sobre el anillador profesional

Sólo me queda comentaros que si alguno estáis interesados en haceros anilladores se trata de un camino largo y complicado.  Hay un extenso proceso de formación que debe estar avalado por uno o varios anilladores expertos, tras el cual deberás afrontar una prueba práctica y otra teórica muy dura. Realmente dura. Pero sin aún sigues interesado, en España existen varias entidades avaladoras a las que puedes recurrir para obtener más información al respecto: la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife), el Instituto Catalán de Ornitología (ICO), la Estación Biológica de Doñana (EBD), el Grupo Balear de Ornitología (GOB) y la Sociedad de Ciencias de Aranzadi. En el caso de SEO/Birdlife, por ejemplo, para ser una anillador titulado deberás pasar primero por un período de formación que no puede ser inferior a dos años, durante los cuales debes certificar haber participado en la captura de al menos 1000 individuos pertenecientes a 50 especies distintas, con un máximo de 100 individuos por cada especie. Estos requisitos pueden variar ligeramente de una entidad a otra, pero en lo básico el proceso es el mismo siempre. Así que, ¡mucha suerte si decidís a haceros anilladores!

¿Y vosotros qué me comentáis? Alguna vez habéis anillado algún pájaro? ¿Cómo fue la experiencia? No seáis tímidos y compartidlo en los comentarios 😉

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Entrevista a Luis Miguel Domínguez

11/04/2015 by Bichólogo 6 comentarios

El entrevistado

Hoy tengo el honor de inaugurar tanto el blog como la sección de entrevistas con la colaboración de alguien que no necesita presentación. Su característica voz ha estado al servicio de la divulgación y el conocimiento de la naturaleza durante muchos años, tanto en televisión, como en radio y ahora también en las redes sociales. Él es Luis Miguel Domínguez Mencía.

Entrevista al naturalista Luis Miguel Domínguez

Su labor en la difusión del conocimiento de la naturaleza ha sido reconocida con una larga serie de premios, a los que hay que añadir dos accésit de honor en el Premio Príncipe de Asturias para Jóvenes Investigadores. Pero no sólo nos ha acercado a la naturaleza desde los magazines televisivos, sino que además ha realizado numerosos documentales de naturaleza y publicado algunos libros. Y por si fuera poco, también preside una productora de documentales, un centro de rescate de fauna exótica, es co-director de un festival internacional de televisión sobre ecología urbana y ha formado parte de la junta directiva de distintas asociaciones ecologistas.

Gran comunicador, se define como naturalista emocionado y conmocionado, ser humano y mono desnudo. Y además ha accedido a responder algunas preguntas para este blog y compartir con nosotros todos sus años de experiencia en el ámbito de la conservación y la divulgación. Así que sin más dilación, os dejo con la entrevista. Espero que la disfrutéis tanto viéndola como yo realizándola 😉

La entrevista

Y si la quieres en formato podcast suscríbete a El podcast de El Bichólogo en iTunes o descárgala aquí:

A continuación te dejo un breve resumen de todo lo que charlamos. Junto a cada tema aparece el minuto en que comienza en el vídeo:

  • Presentación de Luis Miguel
  • Titulitis Vs meritocracia en España -> 0:49
  • Cómo ve la ciencia en nuestro país -> 2:33
  • Por qué Luis Miguel se hizo naturalista -> 8:11
  • El mundo de los documentales de naturaleza -> 12:05
  • La divulgación y las redes sociales -> 19:12
  • Su experiencia en diversas ONGs -> 24:00
  • Cómo ayudar en la conservación del lobo ibérico -> 27:15
  • El trabajo en centro de rescate de fauna autóctona -> 32:30
  • Un consejo para todos los lectores -> 34:16

Más información

Como ya ha comentado Luis Miguel, aquellos que queráis colaborar en la conservación del lobo ibérico podéis entrar a formar parte de la manada de Lobo Marley. Para ello sólo tenéis que entrar en su web: Lobo Marley

lobomarley

Luis Miguel trabaja ahora mismo en EFE Radio en el programa «La tierra que nos parió«, cuyos podcasts podéis escuchar AQUÍ. También podéis seguirle en su perfil de twitter, donde publica activamente.

Finalmente, también os dejo los dos documentales de los que hemos hablado en el texto y que Luis Miguel me ha dicho que está disponibles en youtube:

Toro amigo

Invasores

¿Qué os ha parecido la entrevista? ¿Pensáis que la divulgación o la realización de documentales son salidas interesantes para los biólogos? ¿Alguno habéis tenido experiencia en estos campos? ¡No seáis tímidos y contadme en los comentarios!

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¡Lo quiero!

Publicado en: Entrevistas, Podcast Etiquetado como: conservación, divulgación, documentales, entrevista

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