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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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Superando el miedo al fracaso en Biología

30/06/2016 by Bichólogo 19 comentarios

Todos tenemos miedo a fracasar, a caer, a perder. Tenemos miedo a no conseguir nuestros objetivos. Tenemos miedo a equivocarnos, a tomar el camino erróneo y darnos cuenta demasiado tarde. Y es algo normal. Sí, no te preocupes. A todos nos pasa: a ti, a tus padres, a tus amigos, a mí. Da igual lo seguro que seamos de nosotros mismos. Da igual que en un momento dado pensemos que nos vamos a comer el mundo. A la hora de la verdad todos nos acongojamos y deseamos secretamente no tener que pasar por un determinado trago.

Aprendiendo a encajar y superar el fracaso

Pero el valor, la fortaleza, no están en no sentir miedo. Están en saber afrontarlo. Y es que, querido lector, tarde o temprano fracasarás. La vida está llena de pequeños y grandes fracasos, de amargas decepciones. Y siento decirte que el camino que escogemos los biólogos no sólo no está exento de ellas, sino que además abundan, esperándote detrás de cada esquina, después de cada examen, con cada experimento cuidadosamente preparado, tras el envío de cada artículo, con cada currículo que envíes.

Por tanto, si te quieres dedicar a la biología, tendrás que aprender a lidiar con la decepción y el fracaso. Suena un poco catastrofista, pero es la principal causa de abandono en nuestra profesión. No todo el mundo encaja igual este tipo de golpes y, uno tras otro, puede llevarte lentamente al hastío y la desesperación.

Asume que vas a fallar

Este es, quizás, el consejo más importante que te puedo dar de cara a decidir si esto de la biología va a ser lo tuyo o no. He comentado innumerables veces lo dura que puede resultar esta profesión, como el desánimo es fácil que cale hondo y que termines abandonando algo que antes de apasionaba. No pretendo desanimarte, pero sí quiero que seas consciente de que no todo te va a salir rodado, que no siempre tendrás éxito en todo aquello que emprendas en este mundo.

Son muchas las fuentes de decepciones en este complicado proceso de ser biólogo. Desde los mismos estudios, incluyendo esa decepción inicial que muchos sufrimos al comenzar la carrera, hasta los papers rechazados, las becas que se te escapan por unas décimas o aquellos proyectos que, tras meses de un duro trabajo de preparación, finalmente no has conseguido. El conocer de antemano esto te permitirá prepararte mejor no sólo para asumirlos, sino para convertirlos en acicate para seguir intentándolo más duro.

Quítale hierro al fracaso

Muchas veces pensamos en el fracaso como algo absolutamente negativo. Sin embargo, los proyectos fracasados también nos sirve para aprender cosas en el camino y, en ocasiones, puede llevarnos a descubrir nuevas metas, nuevas vocaciones. Lo que está claro es que si nunca lo intentas, nunca avanzarás, nunca lo conseguirás.

En España los fracasos son profundamente negativos. Eso hace que los ocultemos a todos. A nadie le gusta fracasar. Pero eso también provoca que cuando alguien tiene éxito parece que lo consigue de la nada. Por eso, este profesor de Princeton decidió publicar un currículo de sus fracasos antes de lograr el éxito: los artículos rechazados, las universidades que no le habían contratado… Y es que es el pan nuestro de cada día. No te digo que tú tengas que hacer tu currículo de fracasos fatídicos, pero sí que debes entender que será algo común en tu camino para trabajar en biología.

Lo importante es el camino: fracasa con estilo

Se suele decir que se aprende más de los errores que de los aciertos. No creo que sea siempre así. Pero es cierto que en el proceso (a menudo largo) de intentar alcanzar cualquier meta se aprende mucho. Tienes que planear, buscar información, organizarla y ponerla en práctica. Es un proceso tan interesante como intenso, así que es prácticamente imposible que no adquieras nuevas habilidades o conocimientos 😉

A veces emprendemos un proyecto (entendiendo por proyecto cualquier actividad que sea más de una tarea, desde preparar un examen hasta conseguir un proyecto de investigación millonario) y luchamos muy duro para conseguirlo. Invertimos esfuerzo, sudor y hasta lágrimas, para al final chocarnos contra un muro de decepción. ¿No ha valido para nada? En absoluto. No sería la primera ni la última vez que alguien descubre su vocación de forma inesperada en el desarrollo de algún proyecto personal o profesional.

Tampoco es raro que un proyecto fallido te lleva a un cambio de dirección en tu carrera o te ayude a conocer personas que posteriormente tengan un gran impacto en tu carrera profesional o incluso en tu vida personal.

Pierde el miedo al fracaso

Ya has visto que el fracaso no es tan terrible. No te voy a decir que sea siempre beneficioso, como dicen muchos libros de autoayuda, que parece que casi fuera mejor fracasar que triunfar, pero sí puede ayudarte a mejorar como profesional al convertirte en una persona tenaz, constante y con capacidad de superación.

Además, la oportunidad se esconde en cualquier sitio y con muchas formas. No suele aparecer de la nada. Por eso vas a tener que lanzarte fuera de tu zona de confort, buscar más allá, aventurarte. Pero no es algo sencillo, pues tenemos miedo. No sabemos lo que pasará, no sabemos si podremos afrontarlo y no sabemos si podremos recuperarnos. Y eso nos paraliza. Por ello, para perder ese miedo inherente que todos tenemos al fracaso, debemos seguir una serie de pasos muy sencillos:

1. Definir el miedo

Nuestros miedos más grandes son aquellos que no conocemos, ya que no sabemos enfrentarlos. La incertidumbre es el principal lastre que nos impide avanzar en nuestros proyectos y lanzarnos a realizar otros nuevos.  Por eso, si eliminamos la incertidumbre de la ecuación de repente todo es menos terrorífico 😉

Definir nuestros miedos nos ayuda a hacerlos tangibles, evaluables y, por tanto, solucionables. Te pongo un ejemplo sencillo: dar una charla. Mucha gente tiene pánico a hablar en público. Pero, ¿por qué? Porque no saben qué va a pasar. Incertidumbre, parálisis, inacción. Entonces hay que estudiar a qué hay miedo realmente. Cada uno tendrá sus propias razones, pero yo te voy a decir las mías: miedo a equivocarme y a hacer el ridículo.

2. Descubrir cual es el peor escenario posible

Vale, yo ya he encontrado a qué tengo miedo realmente. Ya no es algo genérico como «lo que pueda pasar». Ya sé que me da miedo hacer el ridículo y equivocarme. Entonces toca dar el segundo paso. Ahora tienes que imaginarte qué es lo peor que podría pasarte, lo que considerarías un desastre total y absoluto. De esta forma puedes prepararte para lo peor e incluso buscar posibles soluciones llegado el caso.

Volviendo al ejemplo, mi peor escenario sería quedarme completamente en blanco y no ser capaz de seguir con la exposición. Defraudar no sólo a la audiencia, sino quedar en entredicho mi profesionalidad, especialmente si hay gente importante presente.

Y entonces te toca evaluar el daño real que te puede ocasionar ese escenario. Si eso ocurre y no puedes solventarlo, ¿cómo de grave sería? ¿En una escala de uno a 10, cómo de desastroso seria? Pero hazlo objetiva y razonadamente. En la mayoría de los casos, las repercusiones son muchísimo mejores de lo que esperamos a priori.

En el ejemplo, pues realmente no sería tan grave. Todo el mundo tiene bloqueos en un momento dado y nadie te va juzgar por una única presentación. Si ya tienes una trayectoria demostrada, un pequeño error puntual como ese no tiene repercusiones más allá de pasar un poco de vergüenza. Si no tienes nada demostrado, entonces tienes todo el tiempo por delante para demostrar lo que vales y tu gran profesionalidad 😉

3. Ver cuál es el coste de permanecer igual

No me refiero a un coste monetario (que en según qué proyectos existirá). Sino cualquier tipo de coste, incluidos los emocionales, los profesionales… en cualquier cosa sobre la que te pueda repercutir negativamente.

En nuestro ejemplo, si no doy mi charla me estaré limitando a nivel personal y profesional. No podré hacer ninguna comunicación oral en ningún congreso, no podré dar cursos ni conferencias, ni siquiera exponer resultados a compañeros de trabajo. Muchos trabajos tiene como requisito excelentes habilidades comunicativas.

Pero es que, además, mi miedo a hablar en público irá creciendo y me irá resultando más difícil enfrentarme a él. Porque no es lo mismo dar tu primera charla a tus compañeros de clases que hacerlo en un congreso internacional, con los mejores profesionales de tu campo.

4. Los posibles beneficios que te acarreará

No sólo tienes que ver los costes de no llevar a cabo tu proyecto, sino también los posibles beneficios de realizarlo. Este punto, junto con el anterior, te proporcionarán ese último impulso para dar el salto y decidir lanzarte a realizar tu proyecto.

De nuevo hablando de la charla, dar mi primera charla me sirvió para obtener más seguridad en mí mismo y vencer el miedo a hablar en público. Pero además me permitió aumentar mi currículum vitae con charlas y comunicaciones orales en congresos, por ejemplo. Y todo ello me ha abierto las puertas a la posibilidad impartir cursos en un futuro, por ejemplo.

5. Minimizar las posibilidades de fracaso: el plan B

Una vez que has definido tu miedo y los peores escenarios, y has evaluado costes y beneficios, ahora estás preparado para minimizar los posibles impactos negativos. Por una lado, al tener ya tu problema definido y claro, puedes crear una estrategia que te ayude a evitar ese fracaso.

Por ejemplo, en mi caso, pondría un papel con el esquema de la presentación junto a la botella de agua. Si me quedo en blanco, voy a beber, me tranquilizo y,mientras me sirvo el agua, echo un ojo a las notas sobre el papel. Mientras manipulo la botella y bebo me tranquilizo y puedo recuperar el hilo fácilmente.  ¡Y vuelta al ataque!

Pero además, el haber pensado en todos los escenario te permite preparar un plan B para paliar los efectos de ese fracaso si llegase a producirse. En mi caso, si hubiese sido tan desastroso, pues habría pedido poder repetir la charla o me presentaría voluntario la siguiente vez, para demostrar ante todos y ante mí mismo que realmente soy capaz de hacerlo bien.

6. Ríete de ti mismo

Y si todo sale mal… Pues aprovecha y conviértelo en un anécdota que siempre saque unas risas en las reuniones. Tú habrás aprendido mucho antes, durante y después del fracaso y además el hecho de normalizarlo y reírse de uno mismo quita hierro al asunto. Siempre, siempre tenemos que intentar disfrutar de todo lo que hacemos. Hasta de las cosas que hacemos mal.

Y continúa fracasando

Porque siempre serán muchos más los fracasos que los éxitos, o si no todos seríamos multimillonarios y famosos 😛 Pero si fracasas es porque lo estás intentando y sólo ese es el camino hacia el éxito. No tengas miedo a caer porque siempre te levantarás. Los efectos nunca son tan terribles como pensamos y las consecuencias de cada proyecto pueden ser enormemente positivas, incluso en formas que ni siquiera hemos imaginado.

En Biología he sufrido muchos fracasos. En la carrera suspendí algún examen, en más de una charla me he quedado en blanco ante alguna pregunta, me han rechazado un montón de artículos en distintas revistas, no logré la beca FPI la primera vez que la solicité, he mandado cientos de currículos a numerosas ofertas o simples autocandidaturas y en una inmensa mayoría de las veces o me han rechazado amablemente o ni tan siquiera me han contestado. He creado una campaña en Patreon que  ha sido un fracaso pues, salvo contadas pero maravillosas aportaciones, no he sabido movilizar a los lectores. Mi primer curso no he podido llegar a impartirlo porque no alcanzó el número mínimo de alumnos. Y antes de este blog llevé casi una decena de ellos (de relatos, de ofertas de trabajo para biólogos, personales, de asociaciones…). Y ninguno de ellos sobrevive.

Pero todo ello me ha enseñado mucho y me han convertido en el profesional que soy hoy en día. Y este blog, al que siguen más de 11400 personas en Facebook y con más de 1200 suscriptores activos, es el resultado de todos esos proyectos que he iniciado y que no funcionaron, así como de los que sí lo hicieron.

Conclusión

El fracaso es parte de la vida y es parte de esta carrera y esta profesión que es la Biología. Si sabes que vas a fracasar y te preparas para enfrentarlo correctamente, encajar los golpes y hasta extraer algo positivo, te será todo mucho más sencillo. Tampoco es cuestión de festejar el fracaso, porque no tiene sentido, pero sí que hay que restarle importancia y asumir que forma parte del currículo de cualquiera. Especialmente de aquellos más aventureros, innovadores e inquietos. Y que mira tú qué casualidad, suelen ser los que triunfan 😉

Así que adelante con todos tus proyectos, grandes o pequeños, y prepárate para fracasar. Porque es de fracasos de lo que está sembrado el camino del éxito, de intentos de encontrar ese sendero que te guiará hasta conseguir tus sueños. ¿Vas a quedarte sin buscarlo? 😉

Y con esta pequeña reflexión termino el post de hoy. Que últimamente se me van de las mano en cuanto a longitud. Si has sido tan valiente como para llegar al final de este post, da el último salto y cuéntame qué te ha parecido. Cuéntame como te enfrentas tú al fracaso. Cuéntame si has conseguido el éxito, si ha sido a la primera o después de numerosas intentonas. Cuéntame aquello que te preocupa y comparte tu historia conmigo y con el resto de los lectores. O comparte este artículo si crees que puede ayudar a alguien. Seguro que entre todos convertimos este post en un éxito 😉

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¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, empresas, éxito, fracaso, planificación, profesión, proyectos, trabajo

Visión y perspectiva: la brújula del éxito profesional

31/03/2016 by Bichólogo 9 comentarios

Hoy te voy a hablar del secreto del éxito. Una receta tan simple como difícil de lograr. Y no sólo es aplicable al ámbito de la biología, sino también en cualquier otro área de tu vida privada. Y esta receta tan sencilla consta sólo de cuatro ingredientes. Dos los conoces ya: la tenacidad y el esfuerzo. Son la base de todo, el nexo de unión. Sin ellos difícilmente conseguirías tus objetivos. Pero sin los otros dos andarías sin rumbo y todo tu esfuerzo y tu tenacidad se verían desperdiciados. Los otros dos ingredientes, como has podido adivinar por el título del post, son la perspectiva y la visión.

Brújula y mapa
Visión y perspectiva: la brújula del éxito profesional

Estos conceptos son abordados de forma mucho más específica y con más profundidad en el ámbito de la productividad personal y el GTD. Pero como esto no es un curso de productividad, simplemente voy a hacerte un acercamiento a este tema, simplificando y adaptando al tiempo los conceptos para que te hagas una idea de la importancia de estas dos herramientas del éxito 😉

Definiendo conceptos

Ya sabes que normalmente me gusta hacer post prácticos, basados en la experiencia, Y, aunque ahora mismo probablemente estés pensando que sueno como a un libro de autoayuda, te aseguro que este post es sumamente práctico y basado en mi propia experiencia. Y si no me crees, sigue leyendo 😉

Cuando hablo de visión no estoy hablando del sentido de la vista, como tampoco me refiero a ningún tipo de aparición sobrenatural. Aunque sí que está relacionado con ver más allá 😉 Consiste en algo tan simple como saber qué quieres en tu vida. Pero no  como algo etéreo, no. Concretando, que es lo difícil, lo verdaderamente complicado del método. Concretar qué es lo que quieres, convertióndolo en algo muy específico, medible y realista.

Y cuando uso el término perspectiva no me refiero al arte, sino a obtener la imagen completa de nuestra vida, una foto del momento en el que estamos, y del camino que nos queda por recorrer. Un vistazo panorámico a nuestro paisaje vital 😉 Y es que de nada vale caminar si no lo haces en una determinada dirección.

La importancia de la visión

El tener una idea clara, concisa, de qué es lo que queremos nos ayudará muchísimo a conseguirlo. Es nuestra brújula, tanto personal como laboral, que nos permitirá llegar al destino que tenemos planeado. Cuando uno sabe realmente lo que quiere está más atento a las oportunidades, explora nuevas posibilidades y, sobre todo, se vuelve más tenaz y persistente.

Pero no vale sólo con pensarlo. Para que tu visión sea efectiva tienes que visualizarlo, verte como serás a dos,cuatro o diez años vista. Tienes que creértelo. Tienes que transformarlo de un deseo a una certeza. En algo que no sabes cuándo y quizás aún no sabes cómo, pero que seguro que va a ocurrir. Es en ese momento cuando tu visión se transforma en tu mejor arma, en el mejor medio para conseguir todo aquello que te propones 😉

El poder que otorga la perspectiva

Todo es más fácil con un buen plan. Y la base de ese plan te la da la perspectiva. La perspectiva tiene dos componentes:

  • Instantáneo o fotográfico: consiste en echar un vistazo a tu vida en este mismo momento, a todos los proyectos que tienes en marcha y qué áreas de tu vida tienes que mejorar para alcanzar esos objetivos que te has propuesto.
  • Temporal o secuencial: es fundamental ver lo que has recorrido y el camino que queda por delante, los pasos que aún te quedan por dar. Tu situación, tu entorno y tus aspiraciones van cambiando con el paso del tiempo. Por eso tienes que ir revisándolas y actualizando tu visión por medio de este tipo de perspectiva. Porque no siempre vas a querer o necesitar las mismas cosas.

¿Pero esto sirve de algo?

Absolutamente sí. Puede parecer un concepto etéreo, e incluso negativo por el hecho de que te puedas hacer falsas ilusiones. Pero funciona, créeme. Además es algo de sentido común: si tú no crees en ti mismo, nadie lo va a hacer. Si ni tú mismo confías en que puedes conseguir algo que te has propuesto… ¿Con qué ánimo te vas a enfrentar a ello?

El practicar y desarrollar estos dos conceptos, el convertirlos en una parte de tu día a día, te llevará a una mejora de tu vida. No te voy a engañar tampoco. No es algo rápido, ni es sencillo. Y también influye la suerte. Pero si realmente persigues algo con todo tu ser, poniendo todo tu empeño y sin abandonar, terminas consiguiéndolo. Probablemente no justo en el momento en que querías, pero tarde o temprano llega 😉

Con los brazos abiertos
Para poder hacer grandes cosas primero hay que creer en ellas, abrazarlas como ciertas. Ese es el primer paso 😉

Mi experiencia personal

Desde pequeño mi lema ha sido: «Quién la sigue, la consigue«. Y lo he aplicado siempre en mi vida (con buenos resultados, por cierto :P). La verdad es que hasta relativamente poco no había pensado sobre ello. Siempre ha sido algo que me surgía de forma natural. Unos me decían que era optimista, otros que trabajador… Pero es algo más. Yo no soy muy distinto de ellos o de ti. Es, fundamentalmente, una cuestión de actitud.

Cuando decidí estudiar biología la gente me decía que no había salidas, que me buscase algo mejor. Pero yo seguí mi visión y me embarqué en esta fascinante aventura. Poco a poco fui aclarando esa visión y empecé a ver lo que necesitaba para conseguirla: adquirí perspectiva. Fue entonces cuando decidí comenzar a colaborar con un grupo de investigación de mi universidad, hice algunos voluntariados y asistí a algunos congresos y conseguí mis primeras publicaciones en ellos.

Cuando acabé la carrera, no logré la beca para el doctorado que quería y, además, necesitaba cambiar un poco de aires. Así que me hice un buen viaje y trabajé tanto en la empresa privada como en alguna universidad como técnico de apoyo a la investigación. Pero no perdí de vista mi objetivo: tenía muy clara mi visión.

El siguiente paso fue la tesis doctoral. Me gustaba el camino que estaba recorriendo, así que decidí internarme más profundamente. No sabía bien dónde me estaba metiendo, pero pese a los altibajos mereció la pena, ya lo creo que sí. Pero la crisis golpeó fuerte y me surgió la oportunidad de volver a la empresa privada, así que aparqué la tesis y me lancé a otro de los trabajos que más satisfacciones me ha dado.

Sin embargo, la tesis doctoral sin duda formaba parte de mi visión, así que no la abandoné. Esperé el momento adecuado para retomarla y al fin, tras mucho esfuerzo, innumerables horas de insomnio y preocupaciones y un sinfín de borradores, terminé y defendí la tesis. Ahora ya puedo decir que soy doctor.

Y ahora mi visión ha cambiado. Más en forma que en fondo, o tal vez sea que miro un poco más allá. Reflejo de ese cambio es este mismo blog, que además fue creado desde la perspectiva que me daba mi experiencia pasada por un lado y la necesidad de reorientarme de cara a conseguir mis nuevos objetivos. Una vez más, todo es cuestión de saber qué quieres y qué pasos tienes que dar para conseguirlo 😉

Para concluir…

Muchas veces me han dicho que era un soñador, que no era objetivo. Que tenía que poner los pies sobre la tierra. Pero nunca he sido así. Simplemente he sabido lo que quería y estaba seguro de que lo conseguiría. Puse todos los medios para hacerlo, teniendo en mente las etapas necesarias y las áreas de mi vida que quería mejorar. Y, a veces, aguardando el momento necesario para dar el siguiente paso.

Puede que aún te parezca que todo esto es palabrería barata, o quizás pienses que es complicado organizarse hasta ese punto. Pero creéme, es algo que con práctica, se vuelve natural. ¿Has oído la frase esa de que «a veces el universo entero conspira para que realices lo que deseas«?. Yo más bien pienso que, cuando realmente deseas algo, estás atento a la forma de conseguirlo, no dejando pasar oportunidades que antes ni tan siquiera verías y atreviéndote a cosas que en otros momentos nunca pensarías que podrías hacer. O incluso explorando nuevas áreas que nunca antes te llamaron la atención 😉

Así que, resumiendo, puedo decirte que a día de hoy, tanto a nivel personal como laboral, he conseguido todo lo que me había propuesto. No siempre ha sido cuando yo he querido y a veces he llegado hasta allí de formas inesperadas. Pero lo importante es que lo he logrado.

Por tanto, asegúrate de cultivar estas dos habilidades. Afina tu visión, decide a dónde quieres llegar y búscate objetivos SMART: específicos, medibles, alcanzables, realistas y acotados en el tiempo. Y trata siempre de saber donde te encuentras, qué camino necesitas recorrer y qué partes de tu vida necesitan mejorar para llegar a tu destino: adquiere perspectiva.

Y con esto dejo de soltarte el rollo. ¿Qué te ha parecido este post? ¿Tú tienes claras tu visión y tu perspectiva? ¿Crees que son importantes? ¿Las usas en tu día a día? Comparte tu historia conmigo y el resto de los lectores, seguro que todos aprenderemos algo 😉

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¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: éxito, perspectiva, proyecto vital, visión

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