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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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biólogo

[ENTREVISTA] Descubriendo la industria farmacéutica con José Manuel Molina

16/01/2020 by Bichólogo 2 comentarios

El Entrevistado

En esta entrevista hablo con José Manuel sobre su amplia experiencia en el sector farmacéutico. Cómo es el trabajo de investigación en este ámbito, qué son los ensayos clínicos, cómo está desarrollado este sector en España y cuáles son sus salidas laborales más interesantes para los biólogos. 

Una entrevista de lo más interesante que destierra algunos mitos y esa leyenda negra que arrastra este sector y que nos desvela un nicho laboral de lo más interesante.

La entrevista

Si prefieres escucharla en formato podcast, suscríbete en cualquiera de estas plataformas:

Resumen de la charla

  • Presentación
  • Verdades y mentiras de la industria farmaceutica (0:45)
  • Formación necesaria (27:35)
  • El salto de la Academia a la industria (30:05)
  • ¿Es necesario un doctorado y un postdoc? (32:00)
  • En qué consistía su trabajo (34:10)
  • Investigación pura y aplicada (36:25)
  • Habilidades más demandadas en el sector (38:15)
  • La industria farmacéutica en España (43:00)
  • Su trabajo como consultor (47:20) 
  • Un consejo para los lectores (49:45)

Más Información

Si quieres saber más sobre José Manuel o ponerte en contacto con él, puedes hacerlo a través de su perfil de LinkedIn, donde está más activo:

  • LinkedIn

Y hasta aquí la entrevista de hoy con José Manuel. No sé tú, ¡pero yo he aprendido un montón! ¿Sabías cómo funcionaba el sector farmacéutico? ¿Has trabajado alguna vez en él o tienes previsto hacerlo? ¿Has participado en algún ensayo clínico? Ya sabes que siempre me gusta conocer tu experiencia y tu opinión, así que anímate a dejar un comentario en el post o a mandarme un correo 😉

Y recuerda que si la entrevista te ha resultado interesante y quieres ayudarme a llegar a más gente, puedes compartirla en tus redes sociales o con quien creas que le puede interesar. ¡Muchas gracias! 

Publicado en: Entrevistas, Podcast Etiquetado como: biólogo, ensayos clínicos, industria farmacéutica, investigación, medicamentos, salidas laborales

[Entrevista] La profesión de investigador, con Roger Jovani

28/06/2018 by Bichólogo Deja un comentario

El entrevistado

Hoy tengo el placer de entrevistar a Roger Jovani, biólogo por la Universidad de Barcelona, doctor por la Universidad de Sevilla, e investigador postdoctoral en el Helmholtz-Centre for Environmental Research GmbH – UFZ (Leipzig, Alemania). Actualmente trabaja como investigador contratado en el Departamento de Ecología Evolutiva de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), donde realizó su tesis doctoral y donde ha sido investigador Ramón y Cajal. Lidera el grupo Jovani Lab y está dirigiendo tres tesis doctorales.

La profesión de investigador, con Roger Jovani

Por si este currículo no fuera suficientemente impresionante, te contaré que actualmente es editor de Ardeola y editor asociado de Population Ecology, que ha publicado 75 artículos en revistas SCI y que estudia la ecología y evolución de la relación entre las aves y los ácaros de las plumas, así como el comportamiento colectivo en aves y otros fascinantes aspectos de su ecología y evolución, que le han valido el Premio Francisco Bernis a la investigación en el XXIII Congreso Español de Ornitología. Y hoy viene a hablarnos de la profesión de investigador, de qué supone hacer ciencia y hacerla en España y de otras muchas cosas que estoy seguro que no quieres perderte ;). Por cierto, he querido resaltar en negrita algunas frases de Roger que me han parecido especialmente interesantes 😉

La entrevista

1. ¿Qué te llevó a dedicarte al mundo de la investigación?

Empecé en mi adolescencia subiendo a nidos, abriendo egagrópilas, y haciendo etogramas como becario del Zoo de Barcelona. Antes de empezar la carrera de biología ya ayudaba en campañas de anillamiento de aves e iba a la biblioteca de la Facultat de Biologia de la Universitat de Barcelona a fotocopiar artículos científicos. Me costaba horrores leer esos artículos con mi inglés precario, pero me parecían apasionantes. También recuerdo los catálogos de libros de la NHBS y el traducir algunos libros como el “Population Ecology of Raptors” de Ian Newton o “The Magpies” de Tim Birkhead.  Para cuando terminé la carrera de biología ya había hecho mis primeras colaboraciones científicas, trabajado como anillador de aves, publicado mis primeros artículos y empezado a visitar la Estación Biológica de Doñana. Para entonces ya tenía muy claro que quería dedicarme a la investigación. .

2. ¿Cuáles son tus líneas de investigación?

Actualmente mis investigaciones se centran en entender los sistemas hospedador-simbionte, algo que no he dejado de hacer desde el año 1996, pero que he podido intensificar durante los últimos años. En particular, estudio (con mi equipo) la relación ecológica y evolutiva entre las aves y los ácaros de las plumas, aunque no es lo único que estudio. Os invito a asomaros a la web de mi grupo (jovanilab.com) donde también encontrareis estudios sobre el comportamiento colectivo en aves, trabajos más teóricos en ecología evolutiva, y el estudio de las barras de estrés y la coloración de las plumas de las aves.

Capturando aves con redes japonesas

3. Como investigador, la bioestadística y el inglés son dos herramientas que usas con mucha frecuencia. ¿Aconsejarías a los lectores hacer algún curso extra en estos temas?

(Lo de dar consejos es difícil. Cada caso es un mundo. Contaré lo que a mí me sirve.)

Sí, son dos herramientas imprescindibles y hace falta saber mucho más de lo que puedas aprender en la carrera. Pero no lo veo como un obstáculo a superar antes de hacer ciencia, sino algo que se va aprendiendo con la práctica.

De métodos estadísticos hay muchos, por lo que “aprender estadística” es una entelequia que suele bloquear y frustrar. Lo que sí que es importante es ir desarrollando “intuición estadística” intentando llegar al fondo (a las tripas) de los análisis estadísticos que vas usando.

En cualquier caso, hay que usar la estadística en su justa medida; solo es una herramienta más de la ciencia. ¡Ojalá no hiciera falta la estadística! No hay que olvidarse que hay muchas cosas (patrones, procesos) que se pueden estudiar sin estadística, y lo que aún es peor, que a menudo puedes dejar de ver lo que dicen tus datos si aplicas “a ciegas” la estadística como si fuera un oráculo (que no lo es). Por lo tanto, según mi experiencia, tan importante (o más) que la estadística es examinar a fondo los datos directamente; los datos brutos. Después graficarlos de múltiples maneras para entender lo que nos dicen sobre el tema que nos interesa (no necesariamente solo sobre la hipótesis que tenías pensada sobre cómo funciona tu sistema). Colgarse las mejores gráficas en sitio visible durante días o semanas no viene nada mal; no todo se ve al momento, por sencilla que parezca la gráfica. Y luego, hacer los análisis estadísticos necesarios para llegar donde no llegan las otras dos aproximaciones. En ocasiones los análisis estadísticos son imprescindibles, pero en muchos casos una buena gráfica cuenta muchísimo mejor la realidad de los datos que la estadística que se hace de ellos (a menudo sin graficarlos ni antes, ni durante ni después).

En cuanto a los cursos, yo hago aquellos que “me muero por hacer” para poder analizar unos datos concretos que necesitan de esa aproximación. Y no espero salir del curso con todo aprendido. Un curso acostumbra a servir, en el mejor de los casos, para ponerte sobre la pista de lo que hay que aprender cuando llegas a casa.

Pasando al inglés, para aprender a leer inglés científico lo mejor es leer muchos artículos; para entender una charla lo mejor es escuchar muchas, a ser posible de temas que te interesen mucho, no necesariamente científicas (“YouTube”, “TED talks”); y para hablar en inglés buscar la manera de hacerlo frecuentemente. Además, en el proceso, habrás leído mucho, visto muchas charlas y discutido muchos temas. Aunque no entiendas mucho de lo que lees o de lo que escuchas, no pasa nada; insiste y de golpe un buen día no sabrás si lo has leído/escuchado en inglés o en castellano.

4. En la carrera investigadora, ¿crees que es imprescindible estar fuera algunos años? ¿Incluso si quieres trabajar en España?

Es un tema controvertido. “Estar fuera algunos años” puede ser bueno, o puede ser malo. Depende. Mi opinión es que este debate se plantea en España porque tenemos mucho complejo de inferioridad. En parte está justificado porque hay países con trayectorias científicas mucho menos lastradas históricamente que la nuestra. Pero eso no debe hacernos olvidar que en España se hace ciencia de primer nivel mundial. No tiene nada de malo ir a investigar a otro país, pero para que te sirva para mejorar como investigador/a (si es que estamos hablando de esto) hay que plantearse seriamente dónde, con quién, y para qué. Yo he estado como postdoctoral en Alemania más de dos años. Me sirvió y no me arrepiento de la experiencia, pero no por eso creo que sea imprescindible para formarse bien. Es verdad que estando en el extranjero es más fácil enriquecerse con maneras distintas de organizar y hacer ciencia (lo que llamamos “ver mundo”). Pero tampoco creo que sea para tanto.

Otro tema es si a la práctica es imprescindible para llegar a ser investigador/a en España. Eso depende de los criterios de evaluación de turno, así que creo que es mejor centrarse en buscar la manera de mejorar como investigador/a, más que tomar decisiones en base a otras consideraciones de índole más estratégica que además pueden cambiar con el tiempo. De todos modos, nunca está de más mirarse las convocatorias a las que se aspira a 2-4 años vista.

5. ¿Qué piensas del actual sistema de publicación y de la enorme presión que hay por publicar los resultados de la investigación?

Supongo que en algún momento decaerá el tipo de presión que hay ahora, pero su magnitud no se reducirá si siguen los niveles de financiación actuales de la ciencia en España; seguirá habiendo mucha más gente cualificada que plazas disponibles en cualquier nivel de la carrera investigadora. En cualquier caso, sí que espero que la presión se recanalice hacia la calidad de lo que se descubre. Venimos de unas décadas donde publicar en revistas de renombre internacional ya era sobresalir. Ahora, la gran mayoría de científicos/as ya lo hacemos, así que ahora no solo hay que publicar mucho sino “bien” (en “top journals”). El paso lógico al que se está empezando a tender poco a poco es a evaluar la calidad de la ciencia que se hace. Para ello hay que olvidarse de pretendidas objetividades y aceptar que hay que incurrir en (honestas) subjetividades para evaluarnos entre nosotros, en lugar del escenario actual donde seguimos evaluándonos básicamente con el número de (“top”) publicaciones que atesoramos cual Gollum, y que, queramos o no, acaba afectando la manera cómo investigamos.

6. Tú, como científico en activo, ¿cómo ves la profesión de investigador? ¿Merece la pena?

Nunca me he planteado si vale la pena en términos de costes/beneficios o nivel de formación/retribución. Es por esto que se dice que la investigación es muy vocacional, porque solo se entiende cuando pones en el cesto de los beneficios el placer de la investigación. Para mí esto se traduce no solo en los momentos Eureka, que son escasos y esquivos, sino en el conjunto del proceso desde pensar y discutir una y otra vez un mismo problema con personas con las que disfrutas investigando, el pensar cómo ejecutar el estudio, obtener los datos, encontrar el ángulo adecuado para visualizarlos y analizarlos, hacer un código elegante y bien anotado, construir un relato a la hora de comunicar los resultados y encontrar la manera más directa, transparente y precisa de cómo es la realidad de lo que has encontrado y por qué es interesante. No lo digo por decir; realmente disfruto de cada parte del proceso. Soy consciente que aparte del famoso momento Eureka y del trabajo de campo, el resto de elementos más tediosos no son muy populares. Supongo que solo se dedica a largo plazo a la investigación la gente que disfruta de todos o la mayoría de estos pasos.

Siguiendo individuos con el telescopio

7. ¿Qué es lo que más valoras o lo que más te aporta de la investigación científica?

Todos los elementos de un estudio científico que he enumerado podrían servir para contestar esta pregunta. Además, no hay que olvidar que, aunque hay pasos que se realizan en solitario, la mayoría se realizan en equipo. A parte de la ventaja logística de trabajar en equipo, posiblemente lo más importante y gratificante (al menos para mí) es la discusión de ideas. Aunque muchas ideas surgen en solitario después de “obsesionarte” durante un tiempo sobre una cuestión, muchas veces son el fruto de largas discusiones con miembros del equipo. Las discusiones entre dos-tres personas son para mí las más estimulantes y productivas. Realmente se llega más allá de donde podrían llegar las mismas personas pensando por separado (creo que incluso si las personas tuvieran exactamente los mismos conocimientos).

Pero hay algo más profundo y que encuentro muy gratificante: hacer ciencia consiste en perseguir la verdad. Es decir, hacer justicia a la naturaleza (igual que conocer la verdad de los hechos es necesario para dictar sentencia). Pero no suele darse mucha importancia a la verdad en otras facetas de la vida, quedando relegada a un segundo plano frente a otras consideraciones (por decirlo suavemente). Pero es lo que más aprecio sobre la ciencia: que lo que se diga sea CIERTO, sin importar si es conveniente, esperable o bonito. Parece una obviedad, pero no lo es tanto. Dejando de lado los fraudes científicos, perseguir la verdad no es tarea fácil. Requiere, por ejemplo, cuestionarse a uno mismo continuamente, aceptar de buen grado críticas a diario, y no dar un resultado por bueno a la primera, aunque sea adecuado (para ser publicado).

Además, he aprendido que si llegas al fondo de un tema (todo lo que se pueda) y eres capaz de mostrar cómo es realmente, la belleza de lo que encuentras es infinitamente superior a cualquier hipótesis que puedas plantear a priori y que tus datos puedan confirmar “dando significativo”. Es por esto que a menudo me gusta mostrar los resultados lo más “crudos” posible. Esto tiene una derivada controvertida: nos han enseñado que hacer ciencia es poner a prueba hipótesis, y ciertamente la ciencia ha avanzado mucho de esta manera. Pero no hay que perder de vista que lo que queremos entender es la naturaleza, no la hipótesis. A lo que voy es que la observación con las mínimas ataduras posibles (incluidas las hipótesis; es decir, con los prejuicios) es también un gran motor de la ciencia. En ecología evolutiva, casi cualquier cosa que observas podría haberse planteado potencialmente como hipótesis, sencillamente porque de no ser así lo que has encontrado contradeciría aspectos fundamentales del conocimiento en ecología y evolución, y esto, claro, es tan infrecuente como revolucionario si ocurre. El problema es que estamos aún muy limitados en nuestro poder predictivo y por lo tanto en la contundencia de las hipótesis que podemos plantear (esto pasa muchísimo menos en otros campos de la ciencia como la física teórica). Por lo tanto, en biología tenemos que estar muy abiertos a que la naturaleza nos sorprenda, y no solo eso: tenemos que plantear conscientemente estudios que permitan a la naturaleza sorprendernos. Y no menospreciar los análisis “descriptivos”, “sin hipótesis”, sobre todo si lo comparamos con estudios con hipótesis impostadas o formuladas a posteriori. Soy consciente de lo herejes que pueden resultar estas palabras, pero lo creo firmemente: una cosa es que seamos “como enanos a hombros de gigantes”, y otra es que no sepamos andar descalzos de vez en cuando. En cuanto a las hipótesis, no todas son iguales. Hay hipótesis que si fallan no pasa nada (porque, sin inmutarnos, rápidamente planteamos una explicación alternativa), mientras que hay otras hipótesis que si son refutadas nos dejan por un momento sin asidero, en el abismo, lo que nos hace replantear la idea de cómo funciona nuestro sistema. Estas son las hipótesis que más vale la pena estudiar.

8. ¿Y lo que menos te gusta?

De la ciencia en sí no tengo queja, pero hacer ciencia en España tiene un doble problema: la estabilidad laboral y la burocracia. Creo que es lo que crea más frustración y ralentiza más el desarrollo científico. Incluso más que el bajo nivel de financiación. La burocracia es como la estadística: ojalá no hiciera falta. Es verdad que es necesaria, pero el grado de burocratización tendría que ser el óptimo para garantizar un equilibrio entre eficiencia y control, y actualmente estamos decantando la balanza por el lado del control. Claramente necesitamos pasar del actual modelo que pone cada vez más trabas a lo que se puede hacer y al cómo se puede hacer, para pasar a un modelo donde se dé más libertad a la gestión de la ciencia. Eso sí, rindiendo cuentas sobre el uso de los recursos y las libertades. Hay un gran potencial humano para la ciencia en nuestro país, pero hace falta creer en él y darle muchas más herramientas para que nos podamos dedicar a eso: a hacer ciencia.

9. Recientemente has conseguido el premio Francisco Bernis a la investigación, en el último congreso nacional de Ornitología de SEO/BirdLife. ¿Qué ha supuesto para ti?

A menudo en ciencia es fácil acabar pensando que pocos saben lo que haces y que a menos les importa (por más que citen tus trabajos). Así que ver que un grupo de colegas científicos que respetas no solo te incluye como potencial candidato para un premio, sino que además te escoge, es un gran honor. Como dije en la ceremonia de entrega, agradezco a SEO/BirdLife el mantener un galardón como éste que visibiliza científicos y científicas que estamos más en precario de lo que (modestias aparte) merece nuestra trayectoria. Y somos mucha gente. Mucha más de lo razonable.

Roger Jovani agradeciendo la concesión del Premio Francisco Bernis

10. Un consejo para todos aquellos lectores que están planteándose realizar un doctorado.

Cuando era pequeño, un día mi padre rompió una piedra, me enseñó la parte interior de las dos mitades y me dijo “esto no lo ha visto nadie antes”. Puede parecer una tontería, pero si lo piensas bien, en esto se basa la ciencia: en descubrir una nueva “verdad” que no ha visto nadie antes. Hay muchos motivos por los cuales la gente hace una misma cosa, y lo mismo pasa con hacer una tesis. Si el motivo son tus ganas de saber lo que hay “dentro de la piedra” te será difícil resistirte. No digo que todo vaya a ser un camino de rosas; eso dependerá de muchas otras cosas, y a menudo no fáciles de controlar. Y tampoco quiere decir que aunque trabajes fuerte vayas a poderte dedicar a la ciencia de por vida. Pero si realmente te apasiona la idea (y el sistema te lo permite), creo que vale la pena intentarlo.

Más información

Puedes ponerte en contacto saber más sobre Roger Jovani en su web (jovanilab.com) o en sus perfiles sociales:

  • ResearchGate
  • Twitter
  • Linkedin
  • Google Scholar

Y hasta aquí la entrevista con Roger. ¿Qué te ha parecido? ¿Tienes interés por la carrera investigadora? ¿Te mola todo el proceso de la investigación? ¿Te ha motivado esta entrevista a lanzarte al mundo de la ciencia y la investigación? Cuéntamelo todo en los comentarios o por las redes sociales. Y no olvides compartir este post en tus redes sociales o a cualquier que creas que le pueda interesar.

Por cierto, como me gusta ser transparente, te comento que los enlaces a los libros son de afiliados: si los compras a través del link me llevo una pequeña comisión y a ti te cuesta lo mismo 😉

El entrevistado

Hoy tengo el placer de entrevistar a Roger Jovani, biólogo por la Universidad de Barcelona, doctor por la Universidad de Sevilla, e investigador postdoctoral en el Helmholtz-Centre for Environmental Research GmbH – UFZ (Leipzig, Alemania). Actualmente trabaja como investigador contratado en el Departamento de Ecología Evolutiva de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), donde realizó su tesis doctoral y donde ha sido investigador Ramón y Cajal. Lidera el grupo Jovani Lab y está dirigiendo tres tesis doctorales.

La profesión de investigador, con Roger Jovani

Por si este currículo no fuera suficientemente impresionante, te contaré que actualmente es editor de Ardeola y editor asociado de Population Ecology, que ha publicado 75 artículos en revistas SCI y que estudia la ecología y evolución de la relación entre las aves y los ácaros de las plumas, así como el comportamiento colectivo en aves y otros fascinantes aspectos de su ecología y evolución, que le han valido el Premio Francisco Bernis a la investigación en el XXIII Congreso Español de Ornitología. Y hoy viene a hablarnos de la profesión de investigador, de qué supone hacer ciencia y hacerla en España y de otras muchas cosas que estoy seguro que no quieres perderte ;). Por cierto, he querido resaltar en negrita algunas frases de Roger que me han parecido especialmente interesantes 😉

La entrevista

1. ¿Qué te llevó a dedicarte al mundo de la investigación?

Empecé en mi adolescencia subiendo a nidos, abriendo egagrópilas, y haciendo etogramas como becario del Zoo de Barcelona. Antes de empezar la carrera de biología ya ayudaba en campañas de anillamiento de aves e iba a la biblioteca de la Facultat de Biologia de la Universitat de Barcelona a fotocopiar artículos científicos. Me costaba horrores leer esos artículos con mi inglés precario, pero me parecían apasionantes. También recuerdo los catálogos de libros de la NHBS y el traducir algunos libros como el “” de Ian Newton o “” de Tim Birkhead.  Para cuando terminé la carrera de biología ya había hecho mis primeras colaboraciones científicas, trabajado como anillador de aves, publicado mis primeros artículos y empezado a visitar la Estación Biológica de Doñana. Para entonces ya tenía muy claro que quería dedicarme a la investigación. .

2. ¿Cuáles son tus líneas de investigación?

Actualmente mis investigaciones se centran en entender los sistemas hospedador-simbionte, algo que no he dejado de hacer desde el año 1996, pero que he podido intensificar durante los últimos años. En particular, estudio (con mi equipo) la relación ecológica y evolutiva entre las aves y los ácaros de las plumas, aunque no es lo único que estudio. Os invito a asomaros a la web de mi grupo (jovanilab.com) donde también encontrareis estudios sobre el comportamiento colectivo en aves, trabajos más teóricos en ecología evolutiva, y el estudio de las barras de estrés y la coloración de las plumas de las aves.

Capturando aves con redes japonesas

3. Como investigador, la bioestadística y el inglés son dos herramientas que usas con mucha frecuencia. ¿Aconsejarías a los lectores hacer algún curso extra en estos temas?

(Lo de dar consejos es difícil. Cada caso es un mundo. Contaré lo que a mí me sirve.)

Sí, son dos herramientas imprescindibles y hace falta saber mucho más de lo que puedas aprender en la carrera. Pero no lo veo como un obstáculo a superar antes de hacer ciencia, sino algo que se va aprendiendo con la práctica.

De métodos estadísticos hay muchos, por lo que “aprender estadística” es una entelequia que suele bloquear y frustrar. Lo que sí que es importante es ir desarrollando “intuición estadística” intentando llegar al fondo (a las tripas) de los análisis estadísticos que vas usando.

En cualquier caso, hay que usar la estadística en su justa medida; solo es una herramienta más de la ciencia. ¡Ojalá no hiciera falta la estadística! No hay que olvidarse que hay muchas cosas (patrones, procesos) que se pueden estudiar sin estadística, y lo que aún es peor, que a menudo puedes dejar de ver lo que dicen tus datos si aplicas “a ciegas” la estadística como si fuera un oráculo (que no lo es). Por lo tanto, según mi experiencia, tan importante (o más) que la estadística es examinar a fondo los datos directamente; los datos brutos. Después graficarlos de múltiples maneras para entender lo que nos dicen sobre el tema que nos interesa (no necesariamente solo sobre la hipótesis que tenías pensada sobre cómo funciona tu sistema). Colgarse las mejores gráficas en sitio visible durante días o semanas no viene nada mal; no todo se ve al momento, por sencilla que parezca la gráfica. Y luego, hacer los análisis estadísticos necesarios para llegar donde no llegan las otras dos aproximaciones. En ocasiones los análisis estadísticos son imprescindibles, pero en muchos casos una buena gráfica cuenta muchísimo mejor la realidad de los datos que la estadística que se hace de ellos (a menudo sin graficarlos ni antes, ni durante ni después).

En cuanto a los cursos, yo hago aquellos que “me muero por hacer” para poder analizar unos datos concretos que necesitan de esa aproximación. Y no espero salir del curso con todo aprendido. Un curso acostumbra a servir, en el mejor de los casos, para ponerte sobre la pista de lo que hay que aprender cuando llegas a casa.

Pasando al inglés, para aprender a leer inglés científico lo mejor es leer muchos artículos; para entender una charla lo mejor es escuchar muchas, a ser posible de temas que te interesen mucho, no necesariamente científicas (“YouTube”, “TED talks”); y para hablar en inglés buscar la manera de hacerlo frecuentemente. Además, en el proceso, habrás leído mucho, visto muchas charlas y discutido muchos temas. Aunque no entiendas mucho de lo que lees o de lo que escuchas, no pasa nada; insiste y de golpe un buen día no sabrás si lo has leído/escuchado en inglés o en castellano.

4. En la carrera investigadora, ¿crees que es imprescindible estar fuera algunos años? ¿Incluso si quieres trabajar en España?

Es un tema controvertido. “Estar fuera algunos años” puede ser bueno, o puede ser malo. Depende. Mi opinión es que este debate se plantea en España porque tenemos mucho complejo de inferioridad. En parte está justificado porque hay países con trayectorias científicas mucho menos lastradas históricamente que la nuestra. Pero eso no debe hacernos olvidar que en España se hace ciencia de primer nivel mundial. No tiene nada de malo ir a investigar a otro país, pero para que te sirva para mejorar como investigador/a (si es que estamos hablando de esto) hay que plantearse seriamente dónde, con quién, y para qué. Yo he estado como postdoctoral en Alemania más de dos años. Me sirvió y no me arrepiento de la experiencia, pero no por eso creo que sea imprescindible para formarse bien. Es verdad que estando en el extranjero es más fácil enriquecerse con maneras distintas de organizar y hacer ciencia (lo que llamamos “ver mundo”). Pero tampoco creo que sea para tanto.

Otro tema es si a la práctica es imprescindible para llegar a ser investigador/a en España. Eso depende de los criterios de evaluación de turno, así que creo que es mejor centrarse en buscar la manera de mejorar como investigador/a, más que tomar decisiones en base a otras consideraciones de índole más estratégica que además pueden cambiar con el tiempo. De todos modos, nunca está de más mirarse las convocatorias a las que se aspira a 2-4 años vista.

5. ¿Qué piensas del actual sistema de publicación y de la enorme presión que hay por publicar los resultados de la investigación?

Supongo que en algún momento decaerá el tipo de presión que hay ahora, pero su magnitud no se reducirá si siguen los niveles de financiación actuales de la ciencia en España; seguirá habiendo mucha más gente cualificada que plazas disponibles en cualquier nivel de la carrera investigadora. En cualquier caso, sí que espero que la presión se recanalice hacia la calidad de lo que se descubre. Venimos de unas décadas donde publicar en revistas de renombre internacional ya era sobresalir. Ahora, la gran mayoría de científicos/as ya lo hacemos, así que ahora no solo hay que publicar mucho sino “bien” (en “top journals”). El paso lógico al que se está empezando a tender poco a poco es a evaluar la calidad de la ciencia que se hace. Para ello hay que olvidarse de pretendidas objetividades y aceptar que hay que incurrir en (honestas) subjetividades para evaluarnos entre nosotros, en lugar del escenario actual donde seguimos evaluándonos básicamente con el número de (“top”) publicaciones que atesoramos cual Gollum, y que, queramos o no, acaba afectando la manera cómo investigamos.

6. Tú, como científico en activo, ¿cómo ves la profesión de investigador? ¿Merece la pena?

Nunca me he planteado si vale la pena en términos de costes/beneficios o nivel de formación/retribución. Es por esto que se dice que la investigación es muy vocacional, porque solo se entiende cuando pones en el cesto de los beneficios el placer de la investigación. Para mí esto se traduce no solo en los momentos Eureka, que son escasos y esquivos, sino en el conjunto del proceso desde pensar y discutir una y otra vez un mismo problema con personas con las que disfrutas investigando, el pensar cómo ejecutar el estudio, obtener los datos, encontrar el ángulo adecuado para visualizarlos y analizarlos, hacer un código elegante y bien anotado, construir un relato a la hora de comunicar los resultados y encontrar la manera más directa, transparente y precisa de cómo es la realidad de lo que has encontrado y por qué es interesante. No lo digo por decir; realmente disfruto de cada parte del proceso. Soy consciente que aparte del famoso momento Eureka y del trabajo de campo, el resto de elementos más tediosos no son muy populares. Supongo que solo se dedica a largo plazo a la investigación la gente que disfruta de todos o la mayoría de estos pasos.

Observando con el telescopio

7. ¿Qué es lo que más valoras o lo que más te aporta de la investigación científica?

Todos los elementos de un estudio científico que he enumerado podrían servir para contestar esta pregunta. Además, no hay que olvidar que, aunque hay pasos que se realizan en solitario, la mayoría se realizan en equipo. A parte de la ventaja logística de trabajar en equipo, posiblemente lo más importante y gratificante (al menos para mí) es la discusión de ideas. Aunque muchas ideas surgen en solitario después de “obsesionarte” durante un tiempo sobre una cuestión, muchas veces son el fruto de largas discusiones con miembros del equipo. Las discusiones entre dos-tres personas son para mí las más estimulantes y productivas. Realmente se llega más allá de donde podrían llegar las mismas personas pensando por separado (creo que incluso si las personas tuvieran exactamente los mismos conocimientos).

Pero hay algo más profundo y que encuentro muy gratificante: hacer ciencia consiste en perseguir la verdad. Es decir, hacer justicia a la naturaleza (igual que conocer la verdad de los hechos es necesario para dictar sentencia). Pero no suele darse mucha importancia a la verdad en otras facetas de la vida, quedando relegada a un segundo plano frente a otras consideraciones (por decirlo suavemente). Pero es lo que más aprecio sobre la ciencia: que lo que se diga sea CIERTO, sin importar si es conveniente, esperable o bonito. Parece una obviedad, pero no lo es tanto. Dejando de lado los fraudes científicos, perseguir la verdad no es tarea fácil. Requiere, por ejemplo, cuestionarse a uno mismo continuamente, aceptar de buen grado críticas a diario, y no dar un resultado por bueno a la primera, aunque sea adecuado (para ser publicado).

Además, he aprendido que si llegas al fondo de un tema (todo lo que se pueda) y eres capaz de mostrar cómo es realmente, la belleza de lo que encuentras es infinitamente superior a cualquier hipótesis que puedas plantear a priori y que tus datos puedan confirmar “dando significativo”. Es por esto que a menudo me gusta mostrar los resultados lo más “crudos” posible. Esto tiene una derivada controvertida: nos han enseñado que hacer ciencia es poner a prueba hipótesis, y ciertamente la ciencia ha avanzado mucho de esta manera. Pero no hay que perder de vista que lo que queremos entender es la naturaleza, no la hipótesis. A lo que voy es que la observación con las mínimas ataduras posibles (incluidas las hipótesis; es decir, con los prejuicios) es también un gran motor de la ciencia. En ecología evolutiva, casi cualquier cosa que observas podría haberse planteado potencialmente como hipótesis, sencillamente porque de no ser así lo que has encontrado contradeciría aspectos fundamentales del conocimiento en ecología y evolución, y esto, claro, es tan infrecuente como revolucionario si ocurre. El problema es que estamos aún muy limitados en nuestro poder predictivo y por lo tanto en la contundencia de las hipótesis que podemos plantear (esto pasa muchísimo menos en otros campos de la ciencia como la física teórica). Por lo tanto, en biología tenemos que estar muy abiertos a que la naturaleza nos sorprenda, y no solo eso: tenemos que plantear conscientemente estudios que permitan a la naturaleza sorprendernos. Y no menospreciar los análisis “descriptivos”, “sin hipótesis”, sobre todo si lo comparamos con estudios con hipótesis impostadas o formuladas a posteriori. Soy consciente de lo herejes que pueden resultar estas palabras, pero lo creo firmemente: una cosa es que seamos “como enanos a hombros de gigantes”, y otra es que no sepamos andar descalzos de vez en cuando. En cuanto a las hipótesis, no todas son iguales. Hay hipótesis que si fallan no pasa nada (porque, sin inmutarnos, rápidamente planteamos una explicación alternativa), mientras que hay otras hipótesis que si son refutadas nos dejan por un momento sin asidero, en el abismo, lo que nos hace replantear la idea de cómo funciona nuestro sistema. Estas son las hipótesis que más vale la pena estudiar.

8. ¿Y lo que menos te gusta?

De la ciencia en sí no tengo queja, pero hacer ciencia en España tiene un doble problema: la estabilidad laboral y la burocracia. Creo que es lo que crea más frustración y ralentiza más el desarrollo científico. Incluso más que el bajo nivel de financiación. La burocracia es como la estadística: ojalá no hiciera falta. Es verdad que es necesaria, pero el grado de burocratización tendría que ser el óptimo para garantizar un equilibrio entre eficiencia y control, y actualmente estamos decantando la balanza por el lado del control. Claramente necesitamos pasar del actual modelo que pone cada vez más trabas a lo que se puede hacer y al cómo se puede hacer, para pasar a un modelo donde se dé más libertad a la gestión de la ciencia. Eso sí, rindiendo cuentas sobre el uso de los recursos y las libertades. Hay un gran potencial humano para la ciencia en nuestro país, pero hace falta creer en él y darle muchas más herramientas para que nos podamos dedicar a eso: a hacer ciencia.

9. Recientemente has conseguido el premio Francisco Bernis a la investigación, en el último congreso nacional de Ornitología de SEO/BirdLife. ¿Qué ha supuesto para ti?

A menudo en ciencia es fácil acabar pensando que pocos saben lo que haces y que a menos les importa (por más que citen tus trabajos). Así que ver que un grupo de colegas científicos que respetas no solo te incluye como potencial candidato para un premio, sino que además te escoge, es un gran honor. Como dije en la ceremonia de entrega, agradezco a SEO/BirdLife el mantener un galardón como éste que visibiliza científicos y científicas que estamos más en precario de lo que (modestias aparte) merece nuestra trayectoria. Y somos mucha gente. Mucha más de lo razonable.

Roger Jovani agradeciendo la concesión del Premio Francisco Bernis

10. Un consejo para todos aquellos lectores que están planteándose realizar un doctorado.

Cuando era pequeño, un día mi padre rompió una piedra, me enseñó la parte interior de las dos mitades y me dijo “esto no lo ha visto nadie antes”. Puede parecer una tontería, pero si lo piensas bien, en esto se basa la ciencia: en descubrir una nueva “verdad” que no ha visto nadie antes. Hay muchos motivos por los cuales la gente hace una misma cosa, y lo mismo pasa con hacer una tesis. Si el motivo son tus ganas de saber lo que hay “dentro de la piedra” te será difícil resistirte. No digo que todo vaya a ser un camino de rosas; eso dependerá de muchas otras cosas, y a menudo no fáciles de controlar. Y tampoco quiere decir que aunque trabajes fuerte vayas a poderte dedicar a la ciencia de por vida. Pero si realmente te apasiona la idea (y el sistema te lo permite), creo que vale la pena intentarlo.

Más información

Puedes ponerte en contacto saber más sobre Roger Jovani en su web (jovanilab.com) o en sus perfiles sociales:

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Y hasta aquí la entrevista con Roger. ¿Qué te ha parecido? ¿Tienes interés por la carrera investigadora? ¿Te mola todo el proceso de la investigación? ¿Te ha motivado esta entrevista a lanzarte al mundo de la ciencia y la investigación? Cuéntamelo todo en los comentarios o por las redes sociales. Y no olvides compartir este post en tus redes sociales o a cualquier que creas que le pueda interesar.

Por cierto, como me gusta ser transparente, te comento que los enlaces a los libros son de afiliados: si los compras a través del link me llevo una pequeña comisión y a ti te cuesta lo mismo 😉

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Publicado en: Entrevistas, Podcast Etiquetado como: biología, biólogo, ciencia, investigación, investigador, salidas laborales

Mi primer trabajo como biólogo y cómo lo conseguí

23/11/2017 by Bichólogo 32 comentarios

Encontrar un trabajo cualificado y bien remunerado es la aspiración de cualquier persona cuando comienza una carrera. Y los biólogos, por supuesto, no somos una excepción. En un mundo tan competitivo como el actual, cada vez hay más profesionales preparados y cada vez se requiere más y más experiencia que, paradójicamente, sólo se puede conseguir trabajando.

Mi pimer trabajo de biólogo y cómo lo conseguí

Por ello, el lograr su primer trabajo es una enorme victoria para cualquier profesional. Y yo tuve la inmensa suerte de empezar a trabajar en uno de mis rincones favoritos de la geografía extremeña. Así que, hoy os voy a contar cómo conseguí yo mi primer trabajo, en qué consistía y lo que me supuso a nivel tanto personal como profesional.  Acomódate y acompáñame en este viaje por mis recuerdos y mi experiencia 😉

El primer trabajo

El primer trabajo siempre tiene algo de especial. Pero lo es mucho más cuando lo realizas en uno de los entornos más espectaculares de la geografía española y uno de los epicentros del turismo ornitológico de Europa: el Parque Nacional de Monfragüe. Ahí es nada 😛

Nuestra función iba a ser la de instalar cajas-nido para paseriformes en el, por aquel entonces, Parque Natural de Monfragüe. Un total de mil cajas-nido, nada más y nada menos. Nosotros debíamos buscar la localización e instalarlas, georreferenciándolas para poder realizar un seguimiento de ocupación en años posteriores.

Suena genial, ¿verdad? Pero seguro que te estarás haciendo la pregunta del millón: ¿cómo conseguí todo esto? Pues ahora mismo voy a contarte mi historia 😉

Una búsqueda infructuosa

Cuando al fin terminé la carrera estaba exultante de alegría. Había alcanzado una meta importantísima y ahora se abría un enorme y desconocido abismo ante mí. Tenía que buscar un trabajo.

Pero lo primero que hice después de la carrera fue tomarme un merecido descanso. De hecho, justo en esas fechas, me surgió la oportunidad de irme de voluntario a la Reserva Nacional de Lachay. Y después de eso dos meses intensos, me puse a buscar trabajo de la única forma que sabía. Comencé a buscar ofertas de trabajo en internet, preparé un currículo estándar y comencé a enviarlo como un loco a todos lados. Mandé decenas de currículos. A veces modificaba un poco el correo pero, en general, usaba el mismo modelo para todas las ofertas. Vamos, que hice todo lo que NO se debe hacer para buscar trabajo :P.

Y así me fue. Recibí algunas contestaciones en las que me rechazaban de forma amable, pero la inmensa mayoría de los correos quedaron sin contestación. Mi solicitud era una de tantas, un joven graduado en biología, con alguna experiencia en voluntariados y en el grupos de investigación. Sí, tenía cierta experiencia, pero no la suficiente como para atraer la atención de alguien que no me conocía absolutamente de nada.

Y así pasaron varios meses. Cada vez enviaba menos currículos, pues estaba profundamente desilusionado. Veía que todo mi esfuerzo era en vano, que no había manera de encontrar esa oportunidad que me permitiese demostrar mi valía como profesional en esto de la biología. Así que hice lo que mucha gente suele hacer en estos casos: seguir formándome.

Si la oportunidad no surge, hay que crearla

Por aquel entonces tuve ocasión de apuntarme a un curso de intérprete y guía de naturaleza extremeña. Se trataba de un pequeño curso de posgrado, y como es un área que me apasiona (¡cada vez más!), ni corto ni perezoso, decidí inscribirme. Los cursos de formación no sólo te permiten adquirir nuevos conocimientos, sino conocer a otros profesionales (o futuros profesionales) con los que puedes ir alimentando tu red de contactos.

El curso resultó ser muy interesante por diversos motivos. No sólo me permitió ahondar en un campo fascinante como es el turismo de naturaleza, sino que también me ofreció una oportunidad tan curiosa como inesperada: una cena. Sí, una cena para celebrar el 25 aniversario de la licenciatura de biología en la Universidad de Extremadura. A la cena asistirían el rector, el decano de la Facultad de Ciencias, profesores del curso, representantes del Colegio Oficial de Biólogos en Badajoz, y dos alumnos de la licenciatura de biología. Para este fin, y como habían terminado las clases oficiales, durante el curso de guía preguntaron si alguno estábamos interesados en asistir. Tanto Nando como yo no tardamos en apuntarnos, viendo la posibilidad de conocer gente y, de paso, tomar una buena cena de gratis 😛 Pero en aquel momento no nos imaginamos que íbamos a conseguir mucho más 😉

El día llegó y nos presentamos a la hora y en el sitio acordados. Nos sentamos junto a algunos profesores del curso, a los que ya conocíamos y con quienes habíamos hablado. Todo discurrió con una conversación amena e interesante y una buena ración de comida, algo que nunca está de más 😛 

Unos y otros compartimos experiencias, y nosotros hicimos contactos interesantes, alguno incluso nos dio pie a alguna oportunidad interesante que no terminó de cuajar.

El caso es que la cena pasó, el curso terminó y ya nos olvidamos del tema. Pero un buen día recibimos una llamada donde uno de los asistentes a la cena nos ofrecía la oportunidad de trabajar en una Parque Natural colocando cajas nidos para paseriformes.

El hecho de habernos conocido en persona, el haber compartido con ellos nuestra propia experiencia laboral, hasta entonces más o menos restringida al ámbito académico, fueron el desencadenante de que nos ofreciesen el puesto a nosotros, sin tan siquiera haber realizado una entrevista previa a toda una serie de candidatos desconocidos,

Imagina cuál fue mi sorpresa. ¡Un trabajo! ¡Uno de verdad! ¡Y de biólogo! No cabía en mí de ilusión y alegría jeje Además, estaría en uno de mis sitios favoritos por aquella época (¡y hoy en día!): el Parque Nacional de Monfragüe. Todo era perfecto. Así que me lancé a aceptarlo.

¡Comienzo a trabajar!

Lo primero fue darme de alta en el Colegio Oficial de Biólogos de Extremadura y hacerme autónomo, siendo esto último muy caro y todo un engorro en España por aquel entonces (aún lo es hoy, pero al menos ha mejorado un poco). Una vez hechos todos los trámites tocaba firmar el contrato y empezar a trabajar 😉

Y el siguiente paso fue mudarme al entorno del Parque de lunes a viernes, en concreto a Malpartida de Plasencia, junto a los que serían mis dos inseparables compañeros de trabajo. Allí instalamos nuestro centro de operaciones (por cuenta de la empresa) y desde allí salíamos cada día para sembrar de cajas-nido el Parque.

Descubriendo un Monfragüe nuevo

Trabajar en Monfragüe me supuso no sólo poder disfrutar diariamente de algunos de mis rincones favoritos, sino que permitió explorar lugares a los que el gran público no puede acceder. Estuvimos instalado cajas-nido en algunas zonas de acceso restringido, siempre bajo la atenta mirada de la guardería del parque. Y puedo decirte que es uno de los momentos que más he disfrutado.

Buitre leonado en el Parque Nacional de Monfragüe

Aunque no era un trabajo muy técnico, el pasar largas horas en mitad de la naturaleza es algo que siempre resulta muy reconfortante. Viajes por caminos y pistas en vehículos todoterreno, largas caminatas por el monte y mucho aire puro, sin el ruido y la compañía de un sinfín de turistas. Todo esto  te brinda, además de una enorme tranquilidad,  la posibilidad de encuentros cercanos con infinidad de fauna, algunos tanto llamativos como ciervos, jabalíes e incluso un tejón, que nos estuvo gruñendo (y acompañando) hasta que salimos de su territorio.

Por supuesto, también es fácil encontrarse con otros bichejos muy interesantes pero que pasan más desapercibidos si no tienes el ojo entrenado y atento, como pequeñas aves, anfibios, reptiles o pequeños carnívoros, como  el zorro (Vulpes vulpes), la gineta (Genetta genetta) o la diminuta comadreja (Mustela nivalis). Incluso, llegamos a encontrarnos en medio de una dehesa donde pudimos encontrarnos varios nidos impresionantes de buitre negro (Aegypius monachus). Toda una vivencia.

Comer a los pies de un arroyo, bajo la abigarrada sombra de un bosque galería, o perderse en medio de un denso bosque mediterráneo, deleitarse con el canto de un sinfín de aves o quedarse maravillado ante el brutal espectáculo de un centenar de buitres devorando una carroña, son experiencias que no es fácil vivirlas en un lugar atestado de turistas. Es una forma de estar en contacto directo con la naturaleza, en conexión directa y profunda con la naturaleza.

Y por si fuera poco, estuve trabajando para mejorar y fortalecer las poblaciones de paseriformes, aportando nuevos refugios y zonas de cría, poniendo mi granito de arena para aumentar la biodiversidad de un lugar ya de por sí maravilloso. ¿Qué más se puede pedir? 🙂

Resumiendo

Lo primero que os quiero destacar de esta historia es que los medios tradicionales de buscar trabajo ya no funcionan. Cada vez hay más profesionales sobradamente cualificados que aspiran a un mismo puesto de trabajo. La globalización de las comunicaciones y la mayor movilidad han logrado que cualquier persona pueda aspirar a un trabajo en cualquier parte del mundo. Y los reclutadores reciben cientos de currículos que apenas difieren unos de otros. Hay que destacar.

En segundo lugar, nunca me cansaré de la importancia FUNDAMENTAL de hacer contactos. El networking, palabra muy de moda hoy en día, es casi con total seguridad, una de las formas más comunes (y fáciles) de conseguir un trabajo. Hay que aprovechar cada oportunidad, por pequeña que sea, de crear nuevos contactos profesionales. ¡No lo olvides!

Y entrando ya en un ámbito personal, esos meses en Monfragüe supusieron una experiencia difícil de explicar con palabras. Fue mi primer empleo real como biólogo y me aportó una gran experiencia profesional. Pero es que, además, disfruté de grandes experiencias en un entorno inigualable e hice amigos que aún hoy en día (14 años después) aún mantengo.

Pero lo más importante de todo es que lo disfruté intensamente y guardo un recuerdo excepcional de ese primer trabajo. Además, me sirvió para adquirir muchas tablas, no sólo en el trabajo en sí, sino en el trato con mis jefes y mis compañeros. Pero sobre todo, me ayudó a adquirir esa confianza tan necesaria en uno mismo, a demostrarme que todo lo que había aprendido en la carrera podía y sabía aplicarlo. Y para demostrarme, una vez más y de forma definitiva, que la biología era mi vocación.

Y hasta aquí el post de hoy. Espero que te haya gustado y que me cuentes tu opinión. O también la historia de tu primer trabajo, o de lo que estás haciendo para conseguirlo. No te cortes y deja un comentario, mándame un correo o usa el formulario de contacto. ¡Hasta la próxima!

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La investigación en biología y la interminable jornada laboral

19/01/2017 by Bichólogo 12 comentarios

Ya seas de bota o de bata, si te dedicas al mundo de la investigación y, a menudo también, al ámbito privado, como es la consultoría ambiental, ten por seguro que te vas a tener que enfrentar a unas largas jornadas laborales. Y cuando digo largas me refiero a largas de verdad. Porque nuestra profesión tiene una serie de características que hacen que nuestros horarios sean difícil de de estandarizar y que la carga de trabajo pueda ser muy diferentes en distintas épocas del año o en función de a que actividad nos dediquemos en cada momento. Y hoy voy a explicarte estas características y a  prepararte para lo que está por venir, que no es poco 😉

La investigación en biología suele acarrear largas jornadas laborales

¿De verdad va a ser tan largo?

Pues como siempre, dependerá de a lo que te dediques. Pero si te metes en este mundillo de la biología, te aseguro que más pronto que tarde te encontrarás trabajado a horas intempestivas y durante muchas horas, incluso sábados y domingos.

Pero también es cierto que esa flexibilidad horaria para mal, puede serlo también para bien, aunque eso dependerá de cómo te organices tú y cómo lo haga la empresa o institución para la que estés trabajando.

Lo que es cierto es que la naturaleza de este trabajo es bastante peculiar si la comparamos con otros, especialmente con aquellos que se rigen por unos horarios más o menos fijos e inamovibles. Y es que trabajar con seres vivos tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes.

La investigación baila al ritmo de los organismos

Ya sean plantas, animales o microorganismos, si realizas investigación tendrás que adaptar tu trabajo a los ciclos vitales, el comportamiento o la fisiología de ellos en algún momento. Es verdad que los experimentos se pueden planificar, pero tarde o temprano tus horarios chocarán contra los de tu objeto de estudio. Y es que los seres vivos tienen sus propios ritmos, sus propios ciclos que no entienden de vacaciones, fines de semana o compromisos sociales.

Una de mis épocas más estresantes tuvo lugar mientras trabajaba en la Universidad. Por aquel entonces tenía que hacer el seguimiento de una colonia de avión común (Delichon urbicum) durante la temporada reproductora. Y como, entre otras cosas, tenía que capturar a los adultos en sus nidos para identificar a los progenitores de cada nido. Me tocaba ir ya de noche, en fechas determinadas por el ciclo reproductivo de los padres, para prepararlo todo, puesto que a esas horas ya se habían retirado tanto el macho como la hembra al nido a descansar. Y me tocaba volver bien temprano al día siguiente, para capturarlos, anillarlos, medirlos y soltarlos cuanto antes, de modo que pudiesen alimentarse y cebar a los pollos después de toda la noche de inactividad.

Y como esto tenía que ocurrir en días determinados, tenía que hacerlo cuando tocase, independientemente de si era sábado, domingo o festivo. Más de una vez salí de fiesta un rato con unos colegas, y cual Cenicienta biológica, al filo de la medianoches me tuve que despedir apresuradamente (porque quería aprovechar la fiesta al máximo), mientras corría dejando tras de mí una bonita bota de campo de cristal 😛

Ahora en serio, salvo lo de la bota, todo es verídico 😛 He tenido que trabajar sábados y domingo bien temprano, muchas noches (sólo un rato) y al menos una noche entera al año capturando, anillando, midiendo y tomando muestras de más de 300 individuos de toda una colonia de avión común con mis compañeros.

Todo esto puede parecer agotador, y alguno pensará que es un abuso, que si no hay quien lo regule. Pero lo cierto es que, para muchos experimentos, no hay mejor manera de hacerlo. No se tata de un trabajo ordinario en el que puedas currar ocho horas y después despedirte y desconectar. Hay que adaptarse a tu modelo de estudio, a la biología de la especie con la que trabajas. Y has de ser sistemático, para que los resultados sean veraces, repetibles y comparables, o si no todo tu esfuerzo podría verse comprometido y, muy probablemente, perdido.

Pero no pienses que los biólogos de bata lo tienen mucho mejor. El trabajo de laboratorio también tiene sus propios horarios. Las bacterias tiene su propio tiempo de generación, los cultivos su propio tiempo de incubación, distintas pruebas requieren ser hechas en determinados momentos de su ciclo biológico. Tu siempre puedes decidir cuando empezará un experimento, pero el resto tendrás que adaptarlo a tu modelo de estudio. Así de simple.

Así que, si no te gustan esas largas jornadas de trabajo, mejor vete olvidando de la investigación. Esta salida laboral requiere de un elevado compromiso con el estudio o estudios que estés realizando y a menudo devorará ingentes cantidades de tu tiempo, que tendrás que restarlo de otras actividades que te gustaría llevar a cabo.

Pero tampoco tires la toalla. Es raro el proyecto que requiere estos intensos ritmos de trabajo todo el año. Normalmente la temporada de campo tiene una longitud determinada: varios meses de trabajo agotador que luego se corresponden con otros cuantos de un ritmo más reposado. Cuando toca procesar los datos (hojas y hojas de Excel), analizarlos y preparar un artículo con los resultados para publicarlo en una revista científica, el trabajo se vuelve más convencional, y los horarios son infinitamente más relajados. Y en mi caso, al cabo del mes de trabajo de oficina ya estaba echando de menos las extenuantes jornadas de campo 😛

Y la empresa privada, igual

Pero las largas y complicadas jornadas de trabajo no son exclusivas del área de la investigación. En el mundo de la consultoría ambiental también es necesario echar muchas, muchas horas, sobre todo cuando son proyectos alejados de un zona de residencia. Porque un viaje de varias horas hasta el lugar donde tienes que realizar un muestreo, un transecto o cualquier otra actividad forma parte de tu trabajo y, por tanto de tus horarios.

Además, diversos proyectos tienen distintas horas en las que debes desarrollarlos. Por ejemplo, si vas a realizar transectos de mamíferos tendrás que hacerlos durante las horas de luz, mientras que si vas a poner reclamos de lobo para detectar su presencia no te queda otra que hacerlo al anochecer. Además, los tiempos en la empresa privada van muy marcados por los clientes y, como todo trabajo de campo, también están limitados por las condiciones climatológicas. Esto hace que no sólo tengas que adaptarte a los ritmos de los animales, sino a los ciclos del luz y oscuridad y la lluvia, el frío o la nieve, por lo que a veces tendrás que condensar trabajos cuando mejores condiciones tienes y afrontar jornadas de 12 horas o incluso más.

Por ello, a menudo descubrirás que tienes que encadenar proyectos y hacer horas extras para cumplir a tiempo con los plazos que te ha dado tu cliente, no importa si es un ente privado o si se trata de la administración pública. El trabajar en la empresa privada no sólo no te libra de las famosas «deadlines«, sino que te las pone a la orden del día.

¿Y qué se puede hacer al respecto?

A menudo, por las características de este tipo de proyectos, las temporadas reproductoras suelen ser las más largas y agotadoras, donde se toman el mayor número de datos. Tienes que ser consciente de que se trata de un periodo muy concreto del ciclo vital de los animales (o plantas) y que a  menudo está limitado a una época concreta del año o en momentos puntuales. Así que, si quieres hacer el seguimiento de una colonia de un ave, por ejemplo, tendrás que organizar tu trabajo y tu tiempo de tal modo que puedas extraer el máximo de información en la menor cantidad de tiempo, lo que se traduce en muchas, muchas horas de trabajo.

El tiempo, por otra parte, es un bien muy preciado. Por lo que siempre necesitamos aprovecharlo al máximo. Y para poder sacar adelante proyectos más o menos complicados habrá que arrimar el hombro. Si a esto le unimos que la financiación en Ciencia está por los suelos gracias a los recortes y que los trabajos ambientales a menudo se asignan a las empresas privadas tras varias rondas de ajustar presupuestos, esto nos coloca en la difícil situación de desarrollar un trabajo con menos medios materiales y humanos de los que quisiéramos así que por tanto,  las horas de trabajo tienen que aumentar por fuerza.

Así que, la respuesta en corto a la pregunta que abre esta sección es que no puedes hacer nada. Es una característica de este tipo de trabajos. Es lo que hay. Toca asumirlo. Pero ojo, esto no implica que tengas que afrontar estas jornadas a cualquier precio. Siempre has de ser exigente y velar porque se cumplan los descansos adecuados, se te paguen convenientemente las horas extras o se te cambien por días de descanso, y que todos los trabajos se realicen siempre en condiciones de seguridad. Esto es especialmente importante cuando se realizan trabajos nocturnos, donde el cansancio suele notarse más y es más fácil quedarse dormido al volante, por ejemplo. Que sí, que no queda otra que currar, pero hay que hacerlo en las mejores condiciones posibles.

Sí, es cierto que las condiciones siempre pueden mejorar: podría haber mejores sueldos, se podría contratar a más gente, mejorar el material y, finalmente, eso redundaría en menos horas de trabajo extras, sí. Pero no vivimos en un mundo ideal y lamentablemente, y hasta que entre todos podamos cambiar esa situación y poner en valor nuestro trabajo y nuestra profesión ante la sociedad y ante los políticos, las condiciones de trabajo no van a ser siempre óptimas.

Por otra lado, si te gusta el trabajo de campo y eres un buen profesional, da igual lo largas que sean las jornadas, que una vez que llegas al final del día, con el trabajo bien hecho, alguna anécdota en la mochila y unas cuantas observaciones y/o fotos interesantes para tu colección personal, la satisfacción es enorme. Aunque, y esto te lo puedo asegurar, también habrá días que estés agotado, hastiado y con ganas de mandarlo todo al carajo y tomarte unas buenas vacaciones. Pero a fin de cuentas… ¿En qué trabajo no pasa eso en algún momento? 😉

Concluyendo

Personalmente, yo nunca he tenido problemas con las largas jornadas de trabajo, incluso en fines de semana, más allá de las obvias molestias para mi vida social 😛 He aprendido a disfrutar cada aspecto de mi profesión, y cuanto más he estado trabajando en el campo, más he disfrutado de ese trabajo. Me ha permitido viajar y conocer un montón de lugares espectaculares, desarrollar mi actividad en sitios a los que normalmente una persona normal no tiene acceso, estudiar animales protegidos y acumular un sinfín de experiencias que me han ido preparando para los sucesivos trabajos y retos que he ido afrontando, ayudándome a forjar el profesional que soy hoy en día.

Así que no tengas miedo a las largas jornadas de trabajo. Asume que éste no es un trabajo al uso, como tampoco lo son las experiencias que te va a reportar. Y sobre todo, como digo siempre, disfrútalo y diviértete, que por eso esta es una carrera y una profesión de lo más vocacional. Porque si no eres capaz de encontrar la parte buena de esto y disfrutarlo, entonces quizás debas ir buscando otra profesión, porque este tipo de trabajo va a ocupar buena parte de tu vida.

Y con esta pequeña reflexión me despido. La verdad es que creo que es un tema de sobra sabido, pero no está de más recordarlo. Ahora te toca a ti contarme tus pensamientos y reflexiones sobre el post. ¿Crees que es posible limitar las jornadas de trabajo? ¿Eres de los que disfrutan pasando horas y horas en el campo? ¿Cómo han sido tus días de trabajo de campo? ¿Tienes alguna experiencia parecida? ¿Crees que merecen la pena? No te cortes y cuéntamelo todo en los comentarios.

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Los grandes placeres del biólogo

20/10/2016 by Bichólogo 25 comentarios

La biología es una profesión muy dura y exigente, que además está muy poco reconocida social y laboralmente. Sin embargo, ser biólogo te ofrece toda una plétora de pequeños y grandes placeres que difícilmente alcanzarías en otra profesión.

Los grandes placeres del biólogo

Para mí, que soy un apasionado de mi trabajo, la biología, estas recompensas compensan con creces los sufrimientos y quebraderos de cabeza que supone ejercer como biólogo. Es más, son ellas las que me animan no sólo a seguir adelante en este fascinante mundo, sino también a animarte a ti, y a todos aquellos que, como tú, sienten esa atracción por este mundo, esa llamada silenciosa que te arrastra irremisiblemente, pero a la que todo el mundo quiere que te enfrentes y dejes a un lado.

Esta es una lista de lo más personal, aunque estoy seguro que compartiremos más de uno de los puntos 😉 En cualquier caso, será un placer leer tu opinión y que me cuentes cuáles son los tuyos en los comentarios. Así que, sin más te dejo con esta enumeración tan personal como sincera:

1. Dedicarme a lo que más me gusta

Este sea, probablemente, el más importante de todos. Conozco a mucha gente que está encerrada en trabajos grises que no le llenan. Pero yo estoy haciendo algo que me hace sentirme realizado, algo con lo que soñaba desde pequeño y he logrado convertir en una realidad.

Perseguir un sueño y conseguirlo es la mejor de las sensaciones que puedes llegar a experimentar, de verdad. Y trabajar en lo que te gusta no es siempre fácil ni es un paseo, requiere mucho esfuerzo y sacrificio. Pero también es increíblemente gratificante 🙂

2. Aportar tu granito de arena a la ciencia

Quien no ha trabajado en ciencia o no tiene interés en ella no puede entender este punto. Sin embargo, aquellos que disfrutamos con la emoción del descubrimiento sabemos lo importante que es ayudar a avanzar a la ciencia.

Por pequeña que sea esa contribución, cuando se ve refrendada en un artículo científico, la alegría es desproporcionada. Y es que no es sólo la novedad en sí, sino también el enorme esfuerzo dedicado a ello, las horas de trabajo frente al ordenador, las revisiones, comentarios y nuevas revisiones de los coautores o de los revisores.

Es una sensación indescriptible la de exponer tu primer póster en un congreso, la publicación de tu primer artículo en una buena revista o simplemente cuando consigues unos resultados interesantes o inesperados en tu investigación. Y es maravilloso sentirse parte de algo tan grande como es el conocimiento humano. Si no lo has hecho aún, deberías experimentarlo 😉

3. Trabajar de cerca con la fauna y la flora

Si eres biólogo de bota, como yo, entonces seguro que estarás de acuerdo conmigo en este punto. El poder estar tan cerca de un animal, capturarlo, marcarlo y manipularlo es una experiencia difícilmente explicable a quien no la ha vivido.

Por mis manos han pasado miles de pájaros (en su mayoría golondrinas y aviones comunes, pero también de muchas otras especies) y en ningún momento he perdido ni la ilusión ni la excitación que sientes al tener el animal en tus manos, el respeto casi reverencial necesario para que todo discurra de forma rápida y eficaz, evitándole todo perjuicio innecesario. Y esa sonrisa que se te escapa a menudo cuando lo ves volar o correr libre de nuevo.

Todas ellas son sensaciones irrepetibles, que la costumbre y el paso de los años no han conseguido menoscabar, al menos para mí. Y que, por tanto, las sigo disfrutando como el primer día.

4. Visitar lugares no accesibles para el resto de los mortales

Éste es, seguramente, el placer que más a menudo disfruto. Y es que, aunque el trabajo de campo no siempre es en lugares apartados y exóticos, sí que con frecuencia puede llevarte a zonas por las que sólo puede pasar personal autorizado o que son tan remotas o poco accesibles que es raro que te puedas encontrar con alguien por aquellas pistas.

He tenido la suerte de trabajar en zonas como las Sierras de Gredos y Béjar, el Parque Nacional de Monfragüe o la isla de Öland y estar de voluntario en la preciosa Reserva Nacional de Lachay. Y en cada uno de ellos me he sentido enormemente afortunado, no sólo por estar allí, sino por estar haciendo, además, algo que me apasiona y me llena a nivel personal. En esos momentos realmente me siento un privilegiado.

5. Viajar, viajar y viajar

Ya sabes que soy un viajero empedernido. He visitado tantos países como he podido, no sólo por trabajo, sino también por placer. Pero es verdad que el hecho de ser biólogo ha motivado muchos de esos viajes e incluso me ha ayudado a costearlos.

Obviamente, esto no es el País de Jauja, y no por el mero hecho de ser biólogo vas a poder viajar a donde quieres y cuando quieras. Pero si juegas bien tus cartas encontrarás grandes oportunidades para conocer mundo, bien sea por medio de voluntariados, asistiendo a congresos o gracias a alguna estancia en algún centro extranjero para completar tu tesis doctoral.

 6. Dormir bajo las estrellas

Vale, esto ya sé que no es exclusivo de nuestra profesión, ni que tampoco es el pan de cada día. Pero trabajando en capturas de desmán he estado durmiendo varias noches al raso en una hamaca… Y me encantó. Dormirme escuchando la berrea de los ciervos, mientras veo las estrellas que asoman entre las copas de los árboles y me muevo mecido por el viento y el susurro de las hojas… Fue tremendo.

También hizo un frío tremendo, que acusé un poco sobre todo a final de alguna noche. Pero sin duda mereció la pena y repetiría sin dudarlo. Ya había dormido antes al raso, pero hacía años (¡o décadas!) que no lo hacía. Y ha sido una experiencia maravillosa 😉

6. Ver la vida desde otra óptica

Ya lo he comentado alguna vez: estudiar la carrera de biología te abre los ojos a un mundo nuevo. No sólo ves las cosas de forma diferente, sino que descubres ecosistemas enteros donde la gente ve sólo un parque, descubres una gran cantidad de fauna donde antes apenas sí veías un montón de gorriones (todos los paseriformes parecen gorrriones al ojo inexperto :P). Es como tener un pequeño rincón secreto que no todo el mundo es capaz de ver y disfrutar. Y ésa es una sensación que me encanta 🙂

7. Poder contar buenas anécdotas :p

Pues sí, aunque parece una tontería, nuestra profesión te dará pie alimentar muchas charlas con anécdotas de lo más variopinto. Y es que los biólogos, hay que reconocerlo, hacemos algunas cosas de lo más extrañas.

Y como anécdota sobre esto de las anécdotas de biólogo, te contaré algo que poca gente sabe (ni yo mismo lo sabía hasta que ella me lo dijo :P). Y es que, tras conocer a mi novia, me pasé un tiempo haciendo todo tipo de displays y probando, con escaso éxito, fórmulas de cortejo que lograsen acaparar su atención.

Sin embargo, un día que estábamos de fiesta, no sé cómo salió el tema de a qué me dedicaba. Y claro, cuando le preguntas a un biólogo qué es lo que hace debes ser consciente de que, como es algo que le apasiona, te lo puede contar y explayarse a gusto. Pero ella no lo sabía, así que me preguntó. Y yo me explayé. Y ni corto ni perezoso comencé a hablarle de los estudios en los que estaba participando en aquella época sobre competencia espermática en aves y sobre el elevado porcentaje de esperma aberrante que presentaban muchas especies de paseriformes de Chernobyl.

Vaya friki, estarás pensando. Pero ella, en vez de salir corriendo llamándome pervertido o depravado por ponerme a hablarle de esperma de buenas a primeras, siguió atenta toda aquella charla de bar sobre competencia espermática. Y eso que estuve hablando un buen rato 😛  Más adelante, mucho tiempo después, me confesó que ese día fue cuando la conquisté 😛 Y es que, querido lector nunca hay que subestimar el poder que tiene una buena anécdota 😉

Y con esto termino ya el post. Te he contado algunos de los pequeños placeres que me proporciona esta maravillosa profesión, pero me encantarías saber cuáles son los tuyos. ¿Coincide alguno con los míos? ¿Te han pasado cosas parecidas? ¿Tú también tienes alguna anécdota divertida o curiosa? Anímate y cuéntamelo todo en los comentarios.

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¿Quieres alcanzar la felicidad en biología? Sigue esta sencilla receta

04/08/2016 by Bichólogo 10 comentarios

Te he hablado muchas veces de lo maravillosa que puede llegar a esa esta profesión, de la cantidad de vivencias que te puede aportar a todos los niveles. Pero tampoco he sido parco en palabras a la hora de contarte los sinsabores, el desánimo y las tasas de abandono que tiene, bien sea porque te consume, bien porque no encuentras trabajo.

Por eso no es sencillo ser feliz haciendo esto. O al menos no es intuitivo. Aunque tampoco creo que sea algo exclusivo de nuestra profesión. Más bien es una cuestión de tener claro lo que uno quiere, de seguir una receta simple pero que si no obedeces paso a paso rara vez da el resultado que persigues.

Cómo ser feliz en biología

Así que hoy te traigo un post ligero, pero no por eso menos importante. Te voy a listar todos los ingredientes necesarios para que, a pesar de las dificultades que te aseguro que te vas a encontrar en tu camino, sepas disfrutar de cada paso, de cada aventura y de cada proyecto que emprendas. Porque la felicidad, a pesar de lo que se suele decir, sí que está al alcance de todos si nos centramos en lo que realmente queremos.

La receta

No es una receta compleja ni muy larga, no más de puñado de ingredientes. Pero cada uno es tan importante o más que el resto. Por eso debes de tratar de reunirlos todos, ya que si no los cimientos de tu felicidad pueden ser inestables y hacerla muy efímera.

1. Ten claro lo que quieres hacer.

A menudo hacemos las cosas sin pensar, por impulso, o peor aún, porque nos dicen que es lo mejor para nosotros.  Pero al final sólo tú eres responsable de tus decisiones y, por tanto, de sus consecuencias. Por eso no puedes dejar que decidan por ti, ya que esa decisión podría tener una influencia absoluta en tu futuro y, por ende, en tu felicidad. Permite que te aconsejen aquellos que son mayores que tú o con más experiencia: padres, familiares, amigos, blogueros simpáticos (ejem ejem :P)… Pero nunca debes dejar que decidan por ti. Sólo tú puedes y debes elegir.

Eso te dará un control de tu vida. Y le dará un sentido. Por ello, en las grandes decisiones que deberás tomar (qué carrera escoger, a qué universidad ir,  por qué especialización optar, hacer o no un doctorado, qué trabajo buscar…) tendrás que invertir buena parte del tiempo en informarte y meditarlas. No tomes decisiones a la ligera, pues aunque a veces no les des la menor importancia a corto o medio plazo, pueden tener un eco importante en tu futuro.

Pasa un tiempo analizándote, conociéndote, imaginándote la vida que quieres tener dentro de unos años, dónde te gustaría estar, qué querrías hacer y con quien (que seguimos hablando de biología, ¿eh? No te me despistes :P).  Una vez que encuentres esa imagen que te llena y te hace soñar habrás dado el primer paso en la dirección correcta. Y que no te agobie el pensar a largo plazo, puesto que tus objetivos, al igual que harás tú, cambiarán con el tiempo. Sólo tendrás que ir haciendo ajustes de cuando en cuando. Y cuanto más consciente seas de este proceso, más sencillo y fructífero te resultará.

2. Persigue tus sueños

Suena a obviedad pero… ¿A cuánta gente conoces que realmente persiga sus sueños? ¿Cuántas cosas has dejado sin hacer por miedo, por no saber como hacerlas o porque te han dicho que es imposible? No es fácil seguir nuestros sueños. Muchas veces supone retos, desafíos e incertidumbre, salir de nuestra zona de confort y de la de la gente que nos rodea, adentrarnos en lo desconocido. Y eso, querido lector, acojona. Y quien diga que no o miente o es un imprudente 😉

Pero el mero hecho de estar haciendo lo que quieres, de andar tras tu sueño, eso ya te aportará una enorme felicidad. Porque estarás siendo coherente contigo mismo, porque estarás forjando la vida que de veras quieres tener. Estarás construyendo tu futuro soñado paso a paso, día a día, experiencia a experiencia. Y eso es una sensación que no se puede explicar, hay que vivirla. Y si ya lo has hecho, sabrás a lo que me refiero 😉

3. Sé consciente de las dificultades

A veces iniciamos un proyecto llenos de ilusión sin estar preparados para lo que nos viene encima. Un ejemplo clásico es la realización de una tesis doctoral. El no conocer bien a lo que te vas a enfrentar puede hacer que el choque de tus expectativas con la realidad te afecte enormemente, llevándote a la desilusión y el desánimo. Pero si sabes que tarde o temprano vas a recibir algún golpe es mucho más sencillo y menos traumático prepararse para encajarlo y, por supuesto, superarlo.

Ser conscientes de las dificultades y de los escollos que te vas a encontrar en tu camino para convertirte en biólogo te ayudará a que los malos momentos no sean tan malos y a ser un poco más feliz 😉

4. Sé curioso, prueba, ensaya, experimenta, aprende

¿Acaso no es eso lo que hace un científico? ¿Por qué no lo aplicas en tu carrera profesional? Seguro que hay muchos campos que desconoces que, quizás, pueden encerrar tu auténtica vocación. O pueden llevarte a personas que, literalmente, pueden cambiarte la vida: un mentor, un amigo, tu pareja…

Y en el peor de los casos, si descubres que eso no es lo tuyo, seguro que habrás aprendido muchas cosas y habrás adquirido habilidades nuevas y nuevos contactos que tal vez te sirvan en un futuro 😉 Descubrir nuevas cosas, ya sean personas, hobbies, vocaciones o áreas de trabajo, es siempre divertido y te mantiene activo y alerta, además de dotarte de nuevas herramientas que te serán de utilidad en tu vida personal y profesional.

5. Apasiónate

Aprovecha cualquier oportunidad que tengas, viaja, conoce gente, aprende, adquiere experiencia, descubre otras culturas y sociedades, aprende de otros profesionales. No desperdicies nunca la ocasión cuando se te presente y haz todo lo posible por provocarla 😉 Por muy dura que sea esta experiencia te puedo asegurar que también te ofrece innumerables vivencias que no te dan otras carreras o profesiones: la posibilidad de trabajar con animales salvajes, la maravillosa sensación de estar contribuyendo, aunque sea sólo un poquito, al saber universal, tu primer artículo publicado, el manejarte como pez en el agua en un laboratorio, ayudar a mejorar la calidad de vida de la gente o preservar el patrimonio natural de la humanidad son sólo algunas de ellas. ¡Lánzate a disfrutarlas!

Que tu profesión sea tu pasión es lo mejor que te puede ocurrir a nivel laboral. Mucha gente está encerrada en un trabajo gris que no le aporta nada. Aprovecha que nuestra carrera es profundamente vocacional y déjate llevar por ella 😉 Vivir intensamente aquello que haces es el camino más corto hacia la felicidad 😉

6. Haz de la Biología una forma de vida

No te quedes sólo con las asignaturas o con el trabajo. Abraza la biología como un todo. Aunque no quieras, vas a empezar a ver el mundo desde otra óptica distinta. Verás ecosistemas completos bullendo de vida donde antes sólo veías un paisaje estático; escucharás y descubrirás montones de animales donde antes sólo veías una ciudad vacía; aprenderás como funciona tu propio cuerpo a niveles que ni te imaginabas, y descubrirás como todo en la naturaleza está profundamente interconectado, hasta los elementos aparentemente más alejados.

Vas a disfrutar de cosas que antes ni te imaginabas y encontrarás belleza en lugares que antes pasaban inadvertidos a tus ojos inexpertos. Sé consciente de todo lo que ocurre a tu alrededor, a múltiples niveles, desde lo macroscópico a lo microscópico. Déjate impregnar de esa visión que te aporta la biología, disfrútala y compártela con los demás 😉

7. Diviértete

Ser un profesional no está ligado a ser una persona aburrida. Profesionalidad y diversión no están reñidas. Escribir un artículo escuchando metal sinfónico, hacer contactos en compañía de algunas cervezas o celebrar con una barbacoa la publicación del último artículo científico con tu grupo de investigación son pequeños (o grandes) detalles que no sólo harán todo más disfrutable, sino que ayudarán a estrechar lazos entre compañeros y conocidos.

Si algo es tu pasión debes disfrutar con ello, debe ser divertido. Si no, quizás te hayas equivocado de camino o, al menos, en el modo de recorrerlo 😉 Y cuando vengan tiempos malos, que llegarán, siempre se sobrellevan mejor con una sonrisa en los labios.

Concluyendo

Al final, el secreto de la felicidad es que no hay ningún secreto. Es tan sencillo como intentar hacer realidad tus sueños, que es de lo que va realmente esta historia. Cuando en vez de hacer eso estás estudiando una carrera impuesta (o aconsejada) por otros, estás en un trabajo que no es el que te gustaría y no disfrutas con lo que haces es cuando te embarga la infelicidad. Todo consiste en ser honesto contigo mismo, ser consciente de que conseguir lo que uno quiere es un proceso largo y complejo, para nada fácil. Pero que es posible. Y disfrutar del camino, no sólo con la consecución del objetivo. Porque, a veces, el camino es incluso más maravilloso que llegar a la meta 🙂

Y con esto me despido por hoy, esperando que al menos reflexiones un poco sobre todo esto. Mucha gente se pasa la vida buscando la felicidad, sin pararse a mirar y descubrir que la tiene a su lado, en las cosas cotidianas, en todo aquello que hace cada día. No seas una de esas personas y empieza a ser feliz ya 😉

¿Qué te ha parecido este artículo? ¿Qué más ingredientes añadirías? ¿Cuál es tu toque personal para esta receta? Ayúdame a completar este post 😉

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¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, felicidad, motivación, objetivos, profesión, trabajo

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