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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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motivación

¿Soy demasiado mayor para cambiar?

30/12/2016 by Bichólogo 19 comentarios

Ésta, o cualquiera de sus variantes, es la pregunta que más me han hecho desde que comencé la andadura de este blog. Y es normal. Todos nos lo preguntamos en algún momento de nuestras vidas. Yo mismo me la hice cuando El Bichólogo era tan sólo una pequeña idea revoloteando en mi cabeza.

Siempre hay tiempo para una cambio

El tiempo pasa y es algo que no podemos evitar. Siempre existe el temor a perder el tren, a que pase de largo nuestra oportunidad. Con frecuencia pensamos que nuestras decisiones no tienen  marcha atrás. Pero te voy a demostrar que eso no es así. Que el tiempo está siempre de nuestro lado. Y desde luego la Biología no es una excepción.

¿Por qué nos saboteamos?

El temor al cambio y el temor al fracaso son algo muy humano. Tendemos a ser conservadores y es una actitud que se recrudece con la edad. ¿Recuerdas tu infancia? ¿Alguna vez pensaste que había algo que no podías hacer entonces? ¿Que habría algo que no podrías hacer en el futuro porque serías demasiado mayor? A esa edad el tiempo no es tan importante y no nos sentimos atados a él.

Otra característica del ser humano es nuestra tendencia a clasificar, a poner etiquetas. Tratamos de poner orden en todo lo que nos rodea. Eso nos da poder, nos da tranquilidad. Por eso tendemos a uniformar aquello que se sale de lo común.

Ambas cosas forman un cóctel explosivo que refrena nuestra creatividad. Son la causa y el origen de los «eso es imposible», «eso no lo hace nadie», «nunca podré hacerlo» o, como en este caso «ya es demasiado tarde para mí».

Es cierto que la vida nos va dando dosis de realidad y vamos aprendiendo que las cosas son tan sencillas como pensábamos cuando éramos críos. Pero párate a pensar y dime: ¿qué experiencia real conoces en la que verdaderamente haya sido demasiado tarde para cambiar?

Nunca es demasiado tarde

Siempre hay tiempo para el cambio si éste es a mejor. Siempre. No lo dudes ni por un instante. No hay nada escrito en piedra. Da igual quién te lo diga y lo que te diga. Los cambios no son sencillos y hay que valorar sus consecuencias. Pero también son sanos, especialmente cuando van encaminados a conseguir nuestra felicidad.

Porque, al final, todo va de eso, de ser feliz. La vida no tiene mucho sentido sin ello, ¿no? Y yo es algo que siempre tuve claro: «Prefiero ser pobre pero feliz con lo que hago que estar podrido de dinero y amargado detrás de un escritorio«.

Esto no implica que haya que saltar sin red y que todo se vaya a conseguir por el mero hecho de intentarlo. Pero lo que está claro es que, si no lo intentas, nunca sabrás si lo habrías logrado. Y a mí esa incertidumbre, querido lector, me mata 😉

Un poco de historia personal

Para mí han habido dos grandes cambios profesionales que, para ser sincero, me acojonaron. Sí, tal cual. Porque nadie está exento de ese miedo, nadie escapa de esas dudas lógicas que nos atenazan.

El primer gran cambio fue cuando dejé el mundo de la Academia: abandoné la investigación, dejando la tesis a un lado por un tiempo, y me pasé a la empresa privada. Por un lado era una experiencia nueva, excitante. La posibilidad de hacer trabajo de campo de forma casi ininterrumpida me atraía irremisiblemente. Pero llevaba tanto tiempo trabajando en ciencia… No sabía si estaría preparado para el nuevo trabajo, no sabía si realmente me gustaría y si, en caso contrario, podría volver a la universidad. Todo eran dudas, posibilidades, cábalas. Y ninguna certeza.

Por aquel entonces tenía 31 años y mi idea era trabajar en la universidad, donde entre becas, doctorados y demás, llevaba trabajando unos 6 años de forma ininterrumpida y bastantes más colaborando de forma intermitente. Nunca me había planteado otras salidas y temía que, si me iba de la universidad y el nuevo trabajo no me gustaba, ya no podría volver.

Así que, como nada era seguro, decidí aventurarme y salir de dudas. Y he de decirte que estoy totalmente satisfecho de mi decisión. Para bien o para mal, esa época ha ayudado a definir quien soy hoy en día. Y sin la experiencia que adquirí, seguramente este blog nunca habría llegado a existir. ¿Era demasiado tarde para cambiar? 😉

El segundo gran cambio de rumbo es este mismo blog. Hasta el año pasado siempre me había centrado en lo que más conocía: trabajo de campo o gabinete, investigación, la publicación de pósters y artículos científicos… Todo que se supone que debe de hacer un buen biólogo 😛 Pero había otros campos que quería explorar, y además quería que mi trabajo ayudase directamente a la gente. Así que se me ocurrió esta loca idea de El Bichólogo 🙂

Para cuando empezó, se dieron una serie de circunstancias personales que me llevaron a dejar mi trabajo por una temporada, terminar la tesis y, con el tiempo libre que tenía, crear este blog que tan especial se ha vuelto para mí. Era, como ves, un salto importante. Un cambio de rumbo total. Y bueno, con 35 años se es joven, sí. Pero no tanto ya 😛

Algo más de año y medio después puedo decirte que no me arrepiento. Aún no sé qué saldrá de este viraje que he hecho en mi vida laboral, pero desde luego estoy aprendiendo mucho, conociendo mucha gente que pensé que sería imposible conocer y ya me planteo hacer proyectos con los que jamás me habría atrevido antes. ¿Acabará todo bien? Pues no lo sé, pero acabe como acabe, no me habré ido con las manos vacías 😉 Ni con las ganas de saber el desenlace 😛

Pero entonces, ¿aún puedo cambiar?

La respuesta es un sí rotundo, pero con matices. Porque cada persona tiene unas circunstancias únicas que hacen imposible una generalización. Tus objetivos, tus anhelos, tu familia, todo lo que te rodea es distinto a mi propio ambiente y al de cualquier otra persona. Y lo que para mí tiene todo el sentido del mundo quizás para ti no lo tenga. Lo único que está claro en todo esto es que se trata de una decisión que sólo tú debes y puedes tomar. Lo fascinante y lo que más pánico da de todo esto es que toda la responsabilidad está en ti. Si dejas que otros decidan por ti, los errores no serán suyos, sino tuyos. Por tanto, no declines responsabilidades 😉

Siempre has de dejarte aconsejar, por supuesto. Asumir otros puntos de vista, otros enfoques, nutrirte de las experiencias de los demás. Pero finalmente, tú eres la única persona que puede valorar realmente el cambio, los costes y los beneficios que puedes llegar a obtener. La edad es un factor que influye, por supuesto, pero no tanto como tendemos a pensar. Si los cambios tardíos son escasos es porque con la edad vamos perdiendo esa impulsividad de la juventud, porque tenemos miedo a quedarnos sin lo que tenemos, por poco que sea y a pesar de que la recompensa potencial sea mucho mayor. La edad nos hace excesivamente prudentes. Casi cobardes.

Una de las cosas que olvidamos con frecuencia hoy en día, y de la que he hablado muchas veces en el blog, es que hay que perseguir tus sueños. Y si uno descubre su vocación de forma tardía, ¿por qué no intentarlo? ¿Por qué dejar pasar ese tren sólo porque ha llegado unos años más tarde de lo que tú, o la sociedad, cree que es su momento exacto? ¿De verdad crees que hay alguna edad límite para ser feliz?

Todo puede fallar, quizás te equivoques y quizás pierdas algo en el camino (tiempo o dinero, fundamentalmente). Pero si es algo que has planeado bien, si tienes algún tipo de apoyo que te sirva para amortiguar posibles caídas, entonces hay mucho más que ganar que aquello que puedes perder.  Tim Ferris habla largo y tendido sobre los miedos que nos impiden los cambios en su libro «La semanal laboral de 4 horas«. Aunque el libro merece una lectura que te recomiendo, yo te voy a resumir brevemente los que yo creo que son los puntos principales:

  • Define bien tus miedos: cuando les pones nombre pierden buena parte de su poder 😉
  • Piensa en el peor de los escenarios posibles al que te podría llevar ese cambio de dirección y pone una nota del 1 al 10 en la escala que va de «ningún efecto» a «un cambio permanente e importante» .
  • Piensa en el mejor de los escenarios y puntúa los beneficios de la misma forma que en el punto anterior.
  • Crea un «plan de fuga» que te permita mitigar esos posibles daños del peor de los escenarios y que te ayude a volver a tu situación inicial

Como verás si haces este pequeño ejercicio, la edad que tengas no tiene mucha influencia en el resultado final. Probablemente, te darás cuenta que los miedos no dan tanto miedo, que en este tipo de decisiones los efectos positivos son mucho mayores que los negativos y que, en general (aunque haya excepciones) no es tan difícil volver a la situación inicial si la cosa va muy mal 😛 Y si, por el contrario, ves que los riesgos no compensan los beneficios… Pues también tienes resuelto tu dilema.

Comprúebalo 😉

Concluyendo

La edad no es un factor limitante en ningún caso. Siempre tememos lo peor, pero lo peor no sólo ocurre muy pocas veces, sino que en la inmensa mayoría de ellas es fácil preverlo y trazar un plan alternativo que nos permita volver a la situación original si es que todo sale mal. La edad debería darnos mayor amplitud de miras, nuevos enfoques, y no traernos miedos e imponernos límites. Así que, por favor, que nunca se eso lo que te frene. Ya hay bastante problemas en la vida como para que nos inventemos otros nuevos 😉

Finalmente, mucha gente me ha dicho a lo largo de mi vida que no tengo los pies en el suelo, que soy un soñador, un idealista o que todo eso está muy bien sobre el papel, pero que la realidad es bien distinta. Yo lo único que sé es que siempre he conseguido todo lo que he querido hasta ahora, con dedicación, esfuerzo y tiempo. No siempre en el momento que  me habría gustado, porque los milagros y las recetas mágicas del éxito no existen. Pero he hecho muchas cosas que antes pensaba que estaban fuera de mi alcance por distintas razones. Porque al final, todo se reduce a una cosa: intentar aquello que más te gusta. Y si no hay edad para soñar, ¿por qué ha de haberla para hacer esos sueños realidad?

Y hasta aquí el artículo de hoy. Puede que haya sido algo disperso, pero es un tema recurrente en los correos que me envían algunos lectores, así que he querido compartir públicamente esta reflexión y aportar un poco de mi experiencia personal. Pero ahora me gustaría que tú me contases la tuya: ¿alguna vez te has hecho la misma pregunta que da título al post? ¿Has dado un giro radical a tu vida en algún momento que se pueda considerar tarde? ¿Qué beneficios te aportó? ¿Qué costes tuvo? Estoy deseando conocer tu opinión, así que deja un comentario o mándame un correo 😉

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogos, cambio, dudas, motivación, orientación

Los grandes placeres del biólogo

20/10/2016 by Bichólogo 25 comentarios

La biología es una profesión muy dura y exigente, que además está muy poco reconocida social y laboralmente. Sin embargo, ser biólogo te ofrece toda una plétora de pequeños y grandes placeres que difícilmente alcanzarías en otra profesión.

Los grandes placeres del biólogo

Para mí, que soy un apasionado de mi trabajo, la biología, estas recompensas compensan con creces los sufrimientos y quebraderos de cabeza que supone ejercer como biólogo. Es más, son ellas las que me animan no sólo a seguir adelante en este fascinante mundo, sino también a animarte a ti, y a todos aquellos que, como tú, sienten esa atracción por este mundo, esa llamada silenciosa que te arrastra irremisiblemente, pero a la que todo el mundo quiere que te enfrentes y dejes a un lado.

Esta es una lista de lo más personal, aunque estoy seguro que compartiremos más de uno de los puntos 😉 En cualquier caso, será un placer leer tu opinión y que me cuentes cuáles son los tuyos en los comentarios. Así que, sin más te dejo con esta enumeración tan personal como sincera:

1. Dedicarme a lo que más me gusta

Este sea, probablemente, el más importante de todos. Conozco a mucha gente que está encerrada en trabajos grises que no le llenan. Pero yo estoy haciendo algo que me hace sentirme realizado, algo con lo que soñaba desde pequeño y he logrado convertir en una realidad.

Perseguir un sueño y conseguirlo es la mejor de las sensaciones que puedes llegar a experimentar, de verdad. Y trabajar en lo que te gusta no es siempre fácil ni es un paseo, requiere mucho esfuerzo y sacrificio. Pero también es increíblemente gratificante 🙂

2. Aportar tu granito de arena a la ciencia

Quien no ha trabajado en ciencia o no tiene interés en ella no puede entender este punto. Sin embargo, aquellos que disfrutamos con la emoción del descubrimiento sabemos lo importante que es ayudar a avanzar a la ciencia.

Por pequeña que sea esa contribución, cuando se ve refrendada en un artículo científico, la alegría es desproporcionada. Y es que no es sólo la novedad en sí, sino también el enorme esfuerzo dedicado a ello, las horas de trabajo frente al ordenador, las revisiones, comentarios y nuevas revisiones de los coautores o de los revisores.

Es una sensación indescriptible la de exponer tu primer póster en un congreso, la publicación de tu primer artículo en una buena revista o simplemente cuando consigues unos resultados interesantes o inesperados en tu investigación. Y es maravilloso sentirse parte de algo tan grande como es el conocimiento humano. Si no lo has hecho aún, deberías experimentarlo 😉

3. Trabajar de cerca con la fauna y la flora

Si eres biólogo de bota, como yo, entonces seguro que estarás de acuerdo conmigo en este punto. El poder estar tan cerca de un animal, capturarlo, marcarlo y manipularlo es una experiencia difícilmente explicable a quien no la ha vivido.

Por mis manos han pasado miles de pájaros (en su mayoría golondrinas y aviones comunes, pero también de muchas otras especies) y en ningún momento he perdido ni la ilusión ni la excitación que sientes al tener el animal en tus manos, el respeto casi reverencial necesario para que todo discurra de forma rápida y eficaz, evitándole todo perjuicio innecesario. Y esa sonrisa que se te escapa a menudo cuando lo ves volar o correr libre de nuevo.

Todas ellas son sensaciones irrepetibles, que la costumbre y el paso de los años no han conseguido menoscabar, al menos para mí. Y que, por tanto, las sigo disfrutando como el primer día.

4. Visitar lugares no accesibles para el resto de los mortales

Éste es, seguramente, el placer que más a menudo disfruto. Y es que, aunque el trabajo de campo no siempre es en lugares apartados y exóticos, sí que con frecuencia puede llevarte a zonas por las que sólo puede pasar personal autorizado o que son tan remotas o poco accesibles que es raro que te puedas encontrar con alguien por aquellas pistas.

He tenido la suerte de trabajar en zonas como las Sierras de Gredos y Béjar, el Parque Nacional de Monfragüe o la isla de Öland y estar de voluntario en la preciosa Reserva Nacional de Lachay. Y en cada uno de ellos me he sentido enormemente afortunado, no sólo por estar allí, sino por estar haciendo, además, algo que me apasiona y me llena a nivel personal. En esos momentos realmente me siento un privilegiado.

5. Viajar, viajar y viajar

Ya sabes que soy un viajero empedernido. He visitado tantos países como he podido, no sólo por trabajo, sino también por placer. Pero es verdad que el hecho de ser biólogo ha motivado muchos de esos viajes e incluso me ha ayudado a costearlos.

Obviamente, esto no es el País de Jauja, y no por el mero hecho de ser biólogo vas a poder viajar a donde quieres y cuando quieras. Pero si juegas bien tus cartas encontrarás grandes oportunidades para conocer mundo, bien sea por medio de voluntariados, asistiendo a congresos o gracias a alguna estancia en algún centro extranjero para completar tu tesis doctoral.

 6. Dormir bajo las estrellas

Vale, esto ya sé que no es exclusivo de nuestra profesión, ni que tampoco es el pan de cada día. Pero trabajando en capturas de desmán he estado durmiendo varias noches al raso en una hamaca… Y me encantó. Dormirme escuchando la berrea de los ciervos, mientras veo las estrellas que asoman entre las copas de los árboles y me muevo mecido por el viento y el susurro de las hojas… Fue tremendo.

También hizo un frío tremendo, que acusé un poco sobre todo a final de alguna noche. Pero sin duda mereció la pena y repetiría sin dudarlo. Ya había dormido antes al raso, pero hacía años (¡o décadas!) que no lo hacía. Y ha sido una experiencia maravillosa 😉

6. Ver la vida desde otra óptica

Ya lo he comentado alguna vez: estudiar la carrera de biología te abre los ojos a un mundo nuevo. No sólo ves las cosas de forma diferente, sino que descubres ecosistemas enteros donde la gente ve sólo un parque, descubres una gran cantidad de fauna donde antes apenas sí veías un montón de gorriones (todos los paseriformes parecen gorrriones al ojo inexperto :P). Es como tener un pequeño rincón secreto que no todo el mundo es capaz de ver y disfrutar. Y ésa es una sensación que me encanta 🙂

7. Poder contar buenas anécdotas :p

Pues sí, aunque parece una tontería, nuestra profesión te dará pie alimentar muchas charlas con anécdotas de lo más variopinto. Y es que los biólogos, hay que reconocerlo, hacemos algunas cosas de lo más extrañas.

Y como anécdota sobre esto de las anécdotas de biólogo, te contaré algo que poca gente sabe (ni yo mismo lo sabía hasta que ella me lo dijo :P). Y es que, tras conocer a mi novia, me pasé un tiempo haciendo todo tipo de displays y probando, con escaso éxito, fórmulas de cortejo que lograsen acaparar su atención.

Sin embargo, un día que estábamos de fiesta, no sé cómo salió el tema de a qué me dedicaba. Y claro, cuando le preguntas a un biólogo qué es lo que hace debes ser consciente de que, como es algo que le apasiona, te lo puede contar y explayarse a gusto. Pero ella no lo sabía, así que me preguntó. Y yo me explayé. Y ni corto ni perezoso comencé a hablarle de los estudios en los que estaba participando en aquella época sobre competencia espermática en aves y sobre el elevado porcentaje de esperma aberrante que presentaban muchas especies de paseriformes de Chernobyl.

Vaya friki, estarás pensando. Pero ella, en vez de salir corriendo llamándome pervertido o depravado por ponerme a hablarle de esperma de buenas a primeras, siguió atenta toda aquella charla de bar sobre competencia espermática. Y eso que estuve hablando un buen rato 😛  Más adelante, mucho tiempo después, me confesó que ese día fue cuando la conquisté 😛 Y es que, querido lector nunca hay que subestimar el poder que tiene una buena anécdota 😉

Y con esto termino ya el post. Te he contado algunos de los pequeños placeres que me proporciona esta maravillosa profesión, pero me encantarías saber cuáles son los tuyos. ¿Coincide alguno con los míos? ¿Te han pasado cosas parecidas? ¿Tú también tienes alguna anécdota divertida o curiosa? Anímate y cuéntamelo todo en los comentarios.

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¿Quieres alcanzar la felicidad en biología? Sigue esta sencilla receta

04/08/2016 by Bichólogo 10 comentarios

Te he hablado muchas veces de lo maravillosa que puede llegar a esa esta profesión, de la cantidad de vivencias que te puede aportar a todos los niveles. Pero tampoco he sido parco en palabras a la hora de contarte los sinsabores, el desánimo y las tasas de abandono que tiene, bien sea porque te consume, bien porque no encuentras trabajo.

Por eso no es sencillo ser feliz haciendo esto. O al menos no es intuitivo. Aunque tampoco creo que sea algo exclusivo de nuestra profesión. Más bien es una cuestión de tener claro lo que uno quiere, de seguir una receta simple pero que si no obedeces paso a paso rara vez da el resultado que persigues.

Cómo ser feliz en biología

Así que hoy te traigo un post ligero, pero no por eso menos importante. Te voy a listar todos los ingredientes necesarios para que, a pesar de las dificultades que te aseguro que te vas a encontrar en tu camino, sepas disfrutar de cada paso, de cada aventura y de cada proyecto que emprendas. Porque la felicidad, a pesar de lo que se suele decir, sí que está al alcance de todos si nos centramos en lo que realmente queremos.

La receta

No es una receta compleja ni muy larga, no más de puñado de ingredientes. Pero cada uno es tan importante o más que el resto. Por eso debes de tratar de reunirlos todos, ya que si no los cimientos de tu felicidad pueden ser inestables y hacerla muy efímera.

1. Ten claro lo que quieres hacer.

A menudo hacemos las cosas sin pensar, por impulso, o peor aún, porque nos dicen que es lo mejor para nosotros.  Pero al final sólo tú eres responsable de tus decisiones y, por tanto, de sus consecuencias. Por eso no puedes dejar que decidan por ti, ya que esa decisión podría tener una influencia absoluta en tu futuro y, por ende, en tu felicidad. Permite que te aconsejen aquellos que son mayores que tú o con más experiencia: padres, familiares, amigos, blogueros simpáticos (ejem ejem :P)… Pero nunca debes dejar que decidan por ti. Sólo tú puedes y debes elegir.

Eso te dará un control de tu vida. Y le dará un sentido. Por ello, en las grandes decisiones que deberás tomar (qué carrera escoger, a qué universidad ir,  por qué especialización optar, hacer o no un doctorado, qué trabajo buscar…) tendrás que invertir buena parte del tiempo en informarte y meditarlas. No tomes decisiones a la ligera, pues aunque a veces no les des la menor importancia a corto o medio plazo, pueden tener un eco importante en tu futuro.

Pasa un tiempo analizándote, conociéndote, imaginándote la vida que quieres tener dentro de unos años, dónde te gustaría estar, qué querrías hacer y con quien (que seguimos hablando de biología, ¿eh? No te me despistes :P).  Una vez que encuentres esa imagen que te llena y te hace soñar habrás dado el primer paso en la dirección correcta. Y que no te agobie el pensar a largo plazo, puesto que tus objetivos, al igual que harás tú, cambiarán con el tiempo. Sólo tendrás que ir haciendo ajustes de cuando en cuando. Y cuanto más consciente seas de este proceso, más sencillo y fructífero te resultará.

2. Persigue tus sueños

Suena a obviedad pero… ¿A cuánta gente conoces que realmente persiga sus sueños? ¿Cuántas cosas has dejado sin hacer por miedo, por no saber como hacerlas o porque te han dicho que es imposible? No es fácil seguir nuestros sueños. Muchas veces supone retos, desafíos e incertidumbre, salir de nuestra zona de confort y de la de la gente que nos rodea, adentrarnos en lo desconocido. Y eso, querido lector, acojona. Y quien diga que no o miente o es un imprudente 😉

Pero el mero hecho de estar haciendo lo que quieres, de andar tras tu sueño, eso ya te aportará una enorme felicidad. Porque estarás siendo coherente contigo mismo, porque estarás forjando la vida que de veras quieres tener. Estarás construyendo tu futuro soñado paso a paso, día a día, experiencia a experiencia. Y eso es una sensación que no se puede explicar, hay que vivirla. Y si ya lo has hecho, sabrás a lo que me refiero 😉

3. Sé consciente de las dificultades

A veces iniciamos un proyecto llenos de ilusión sin estar preparados para lo que nos viene encima. Un ejemplo clásico es la realización de una tesis doctoral. El no conocer bien a lo que te vas a enfrentar puede hacer que el choque de tus expectativas con la realidad te afecte enormemente, llevándote a la desilusión y el desánimo. Pero si sabes que tarde o temprano vas a recibir algún golpe es mucho más sencillo y menos traumático prepararse para encajarlo y, por supuesto, superarlo.

Ser conscientes de las dificultades y de los escollos que te vas a encontrar en tu camino para convertirte en biólogo te ayudará a que los malos momentos no sean tan malos y a ser un poco más feliz 😉

4. Sé curioso, prueba, ensaya, experimenta, aprende

¿Acaso no es eso lo que hace un científico? ¿Por qué no lo aplicas en tu carrera profesional? Seguro que hay muchos campos que desconoces que, quizás, pueden encerrar tu auténtica vocación. O pueden llevarte a personas que, literalmente, pueden cambiarte la vida: un mentor, un amigo, tu pareja…

Y en el peor de los casos, si descubres que eso no es lo tuyo, seguro que habrás aprendido muchas cosas y habrás adquirido habilidades nuevas y nuevos contactos que tal vez te sirvan en un futuro 😉 Descubrir nuevas cosas, ya sean personas, hobbies, vocaciones o áreas de trabajo, es siempre divertido y te mantiene activo y alerta, además de dotarte de nuevas herramientas que te serán de utilidad en tu vida personal y profesional.

5. Apasiónate

Aprovecha cualquier oportunidad que tengas, viaja, conoce gente, aprende, adquiere experiencia, descubre otras culturas y sociedades, aprende de otros profesionales. No desperdicies nunca la ocasión cuando se te presente y haz todo lo posible por provocarla 😉 Por muy dura que sea esta experiencia te puedo asegurar que también te ofrece innumerables vivencias que no te dan otras carreras o profesiones: la posibilidad de trabajar con animales salvajes, la maravillosa sensación de estar contribuyendo, aunque sea sólo un poquito, al saber universal, tu primer artículo publicado, el manejarte como pez en el agua en un laboratorio, ayudar a mejorar la calidad de vida de la gente o preservar el patrimonio natural de la humanidad son sólo algunas de ellas. ¡Lánzate a disfrutarlas!

Que tu profesión sea tu pasión es lo mejor que te puede ocurrir a nivel laboral. Mucha gente está encerrada en un trabajo gris que no le aporta nada. Aprovecha que nuestra carrera es profundamente vocacional y déjate llevar por ella 😉 Vivir intensamente aquello que haces es el camino más corto hacia la felicidad 😉

6. Haz de la Biología una forma de vida

No te quedes sólo con las asignaturas o con el trabajo. Abraza la biología como un todo. Aunque no quieras, vas a empezar a ver el mundo desde otra óptica distinta. Verás ecosistemas completos bullendo de vida donde antes sólo veías un paisaje estático; escucharás y descubrirás montones de animales donde antes sólo veías una ciudad vacía; aprenderás como funciona tu propio cuerpo a niveles que ni te imaginabas, y descubrirás como todo en la naturaleza está profundamente interconectado, hasta los elementos aparentemente más alejados.

Vas a disfrutar de cosas que antes ni te imaginabas y encontrarás belleza en lugares que antes pasaban inadvertidos a tus ojos inexpertos. Sé consciente de todo lo que ocurre a tu alrededor, a múltiples niveles, desde lo macroscópico a lo microscópico. Déjate impregnar de esa visión que te aporta la biología, disfrútala y compártela con los demás 😉

7. Diviértete

Ser un profesional no está ligado a ser una persona aburrida. Profesionalidad y diversión no están reñidas. Escribir un artículo escuchando metal sinfónico, hacer contactos en compañía de algunas cervezas o celebrar con una barbacoa la publicación del último artículo científico con tu grupo de investigación son pequeños (o grandes) detalles que no sólo harán todo más disfrutable, sino que ayudarán a estrechar lazos entre compañeros y conocidos.

Si algo es tu pasión debes disfrutar con ello, debe ser divertido. Si no, quizás te hayas equivocado de camino o, al menos, en el modo de recorrerlo 😉 Y cuando vengan tiempos malos, que llegarán, siempre se sobrellevan mejor con una sonrisa en los labios.

Concluyendo

Al final, el secreto de la felicidad es que no hay ningún secreto. Es tan sencillo como intentar hacer realidad tus sueños, que es de lo que va realmente esta historia. Cuando en vez de hacer eso estás estudiando una carrera impuesta (o aconsejada) por otros, estás en un trabajo que no es el que te gustaría y no disfrutas con lo que haces es cuando te embarga la infelicidad. Todo consiste en ser honesto contigo mismo, ser consciente de que conseguir lo que uno quiere es un proceso largo y complejo, para nada fácil. Pero que es posible. Y disfrutar del camino, no sólo con la consecución del objetivo. Porque, a veces, el camino es incluso más maravilloso que llegar a la meta 🙂

Y con esto me despido por hoy, esperando que al menos reflexiones un poco sobre todo esto. Mucha gente se pasa la vida buscando la felicidad, sin pararse a mirar y descubrir que la tiene a su lado, en las cosas cotidianas, en todo aquello que hace cada día. No seas una de esas personas y empieza a ser feliz ya 😉

¿Qué te ha parecido este artículo? ¿Qué más ingredientes añadirías? ¿Cuál es tu toque personal para esta receta? Ayúdame a completar este post 😉

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, felicidad, motivación, objetivos, profesión, trabajo

Cambios de rumbo en biología: ¿audacia o imprudencia?

02/06/2016 by Bichólogo 40 comentarios

La semana pasada te comentaba lo difícil que es elegir por dónde decantarte laboralmente y te daba algunas claves para decidirte. Las dudas son normales, porque la Biología es una ciencia enormemente amplia, a la par que fascinante, con muchas más salidas laborales de las que uno piensa. Sin embargo, una vez elegido lo que te gusta no terminan ahí los problemas. Lo más normal es que te gusten varias cosas a la vez. Pero no puedes dedicarte a todas… ¿O sí?

Hoy voy a hablarte de las ventajas e inconvenientes de cambiar de dirección durante tu trayectoria profesional. ¿Es bueno cambiar de una área a otra? ¿Puedo cambiar de objeto de estudio o de disciplina? ¿Hasta qué punto es bueno para mi currículo probar distintas ramas? Acomódate que esto va para largo 😉

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Cuando todo te gusta

Si eres de los que se preocupa porque no sabe si alguna otra rama de la biología puede resultarte tanto o más fascinante que la que ahora ocupa tus anhelos o tu tiempo, entonces este post es para ti 😉 Pero quizás seas uno de esos afortunados que siempre han tenido claro lo que quieren hacer y estás en el camino directo para conseguirlo. Entonces, en ese caso, también te interesa seguir leyendo este post 😛 Y es que, como te irás dando cuenta, no es lo mismo hacer algo por afición que dedicarte a ello en cuerpo y alma. Y cualquier trabajo, por bonito que sea, llega un momento en que te puede llegar a saturar.

A quienes nos apasiona la Biología es muy raro que sólo nos guste algo concreto. Esto es así por una sencilla razón: en Biología, como en la propia vida que estudia, todo está relacionado. Hay interconexiones en todas partes, no hay compartimentos estancos. Hasta los más grandes especialistas de una determinada materia necesitan de elementos de otras ramas (y de otras disciplinas distintas a la biología) para llevar a cabo su trabajo.

Esto es una enorme ventaja para la persona curiosa, que disfruta aprendiendo, experimentando y descubriendo nuevas cosas (y si estás leyendo este blog seguro que eres uno de ellas). Sin embargo, el tener tanto dónde elegir puede generar cierta ansiedad:

¿Me estaré perdiendo algo más interesante? ¿Y si hay algo mejor que lo que estoy haciendo? Es que me gustan tantas cosas…

Puedes relajarte. No sólo vas a tener que probar distintas áreas durante la carrera y, especialmente, durante tu desarrollo profesional, sino que seguramente te verás obligado a ellos, ya sea por avatares del destino, por imposición de las circunstancias o por una meditada decisión persona.

¿Por qué cambiar?

Ya reza el dicho «Más vale malo conocido que bueno por conocer» y por algo le llaman sabiduría popular, ¿no? Pero eso quizás valdría hace un par de décadas, cuando lo normal era comenzar a trabajar en una empresa o en una institución y hacerlo allí durante el resto de nuestros días. Si tenías suerte y era el trabajo de tu vida lo disfrutabas. Si por el contrario te habías equivocado en tu elección, estabas bien jodido.  Sin embargo, hoy en día la situación es muy distinta. Todo evoluciona a una velocidad enorme. Internet nos ha conectado con literalmente cualquier parte del mundo, difuminando los límites y las fronteras geográficas. Nunca tanta información ha estado tan al alcance de nuestra mano, a un par de clics de ratón (o en una pantalla táctil).

Este mundo de vertiginoso cambio nos ha abierto nuevas puertas al modo en que se relacionan empleado y empleador, así como nos ha proporcionado muchísima más información sobre múltiples campos, favoreciendo la multidisciplinaridad tanto en equipos de trabajo como a nivel personal. De este modo estamos más preparado para todos esos cambios a los que nos enfrentamos y, de paso, alimentamos nuestra curiosidad 😛 Esta accesibilidad a la información nos permite explorar nuevas ramas y disciplinas a un coste muy bajo tanto en términos de tiempo como de dinero. Antes, cuando necesitabas algo relacionado con otra disciplina consultabas a un experto. Ahora se lo puedes preguntar a Google 😛

Esta curiosidad puede llevarnos a querer profundizar en nuevos áreas que se han cruzado en nuestro camino mientras realizábamos algún proyecto. Lo normal es que se trate de algo cercano a lo que ya estás realizando, o simplemente una oportunidad que te surge de forma tangencial debido a la naturaleza de tu trabajo. Sea como fuere puede ser la chispa necesaria que ponga en marcha el motor del cambio.

Por otra parte, muchas áreas de la Biología conllevan una enorme dedicación en términos de tiempo y esfuerzo. Los horarios de 35 a 40 horas semanales y fines de semana libres son más la excepción que la norma en numerosas ramas, especialmente en la empresa privada y en el mundo de la investigación. Y eso puede ser agotador, sobre todo a nivel mental. Así que determinadas situaciones de estrés prolongado pueden convertir el cambio de rumbo en una cuestión prioritaria para la propia salud de uno 😛

Finalmente, a veces es cuestión de azar que te surja la oportunidad de cambiar a un área totalmente distinta a la que llevas trabajando hasta ahora. Tal vez pierdas tu trabajo y encuentres uno nuevo, tal vez sea alguna oferta que mejore tu situación actual. Sea como fuere, es algo que no depende enteramente de ti y aparece en el momento justo.

¿Cualquier cambio es válido?

Sí y no. Me explico. Habrá veces que no te quedará opción, independientemente si ese cambio es coherente con el resto de tu trayectoria profesional. Pero si el cambio es muy grande y es voluntario deberás sopesar cómo se adapta a tu trayectoria profesional. Recuerda que la línea que separa a un profesional generalista y adaptativo de uno cuyo currículo es un rosario de cosas sin sentido puede llegar a ser muy difusa a veces.

En general, los cambios pueden ser sanos, pues ayudan a completar tu currículo con nuevas habilidades y conocimientos. Sin embargo, tienes que intentar que esas nuevas habilidades y esos nuevos conocimientos estén hilados de alguna forma con los que ya poseías, que los complementen. Un cambio siempre debe sumar, debe hacer que cualquier transición en tu currículo sea suave, lógica, y no crear compartimentos independientes, experiencias totalmente aisladas la una de la otra. Porque eso resta eficacia a tu currículo profesional en la inmensa mayoría de los casos (¡aunque no en todos!). ¿Quién dijo que esto fuera fácil? 😛

En mi currículo, por ejemplo, no viene mi primer trabajo de tres días como técnico de hardware montando ordenadores 😛 Sí, la informática es muy importante hoy en día, pero obviamente desentona con el tipo de trayectoria hacia la que he pretendido enfocar mi carrera. Y, sin embargo, en mi currículo sí que aparece este blog, a pesar de que se aleja bastante del resto de mi trayectoria profesional. Pero, aunque distante, sí que ofrece información importante y relacionada con mi trayectoria: conocimiento de internet, interés por la divulgación, una experiencia profesional demostrada en los posts, un conocimiento de la profesión, una capacidad de adaptarme a las nuevas herramientas de hoy en día. Y además encaja con mi nuevo objetivo 😉

Tipos de cambio

No todos los cambios son igual de importantes ni tienen las mismas consecuencias sobre tu carrera. Se podrían clasificar de un montón de formas distintas, pero para hacernos una idea usaré esta sencilla clasificación:

1. Cambio de modelo de estudio

Típico del ámbito de la investigación, cuando estás estudiando la misma disciplina pero cambias tu objeto de estudio. Por ejemplo, alguien que ha estado estudiando ecología evolutiva en aves y de repente da el salto y comienza a hacerlo en peces. Puede parecer un gran cambio, pero no es así. Sigues usando las mismas herramientas y sigues estudiando las mismas cosas (o similares :P). Eso sí, puede requerir de un periodo de adaptación al nuevo bicho o planta en cuestión, pues cada especie modelo tiene sus propias particularidades.

Pero en el fondo, a nivel curricular, el cambio no es tan grande. Muchos científicos estudian diferentes especies tanto secuencial como simultáneamente. Y no todos los organismos son igual de útiles para estudiar determinadas cosas. Por eso puedes verte obligado a cambiar de especie de cuando en cuando ;). Y esto es válido no sólo en ciencia, sino para cualquier tipo de trabajo que emplee distintos elementos para conseguir fines similares (por ejemplo, censar distintas especies de mamíferos para una consultoría mediomabiental o aplicar distintas metodologías didácticas para transmitir los mismos conceptos a públicos diferentes).

2. Cambio de rama o disciplina

Estos tipos de cambios pueden ser más o menos grandes, en función de lo mucho o poco que se aleje de tu trabajo original. Generalmente, estos saltos se suelen producir por algún enfoque multidisciplinar que te hace interesarte por otro materia o línea de investigación distinta a la tuya.

Estos cambios pueden ser muy interesantes por dos motivos: primero la novedad, que suele dar una buena dosis de energía y curiosidad; segundo la ampliación de tu currículo. El moverte en diversos campos relacionados demuestra tu adaptabilidad y tu capacidad para integrar conocimientos desde distintas áreas.

Sin embargo, tampoco es cuestión de ir de flor en flor. La variedad está bien en el currículo, no así el caos. Procura que tu línea de trabajo o de investigación siempre siga una línea definida, aunque tengas algunas en paralelo.

Lo mismo se aplica a la empresa privada (y en cualquier otro ámbito de la Biología). Si estás en el ámbito de la consultoría, por ejemplo, tienes una gran variedad de opciones disponibles, cada una con su propia metodología: evaluación de impacto ambiental, elaboración de modelos en GIS, censos de distintos tipos de fauna y flora, pescas eléctricas, radioseguimiento… Estaría bien poder ser un especialista en todas ellas, pero es casi imposible. Intenta centrarte en algunas, a ser posible relacionadas entre sí, como por ejemplo censos de mamíferos terrestres, de desmán ibérico, de nutria… No seas simplemente aprendiz de todo y maestro de nada. Especialízate en alguna disciplina.

3. Cambio de área.

Estos cambios son más grandes y drásticos. Entre las razones que te pueden llevar a dar ese tipo de saltos están el propio mercado laboral, altamente inestable y conflictivo. Pero también puede ser una decisión personal, fruto de la falta de motivación, que te lleve a dar un nuevo rumbo a tu vida.

Hay que tener cuidado con este tipo de cambios porque, si no lo realizas correctamente, puede que tengas que empezar de cero tu currículo (o casi). Y es que, dadas las diferencias entre estas áreas, el orden en que realices el cambio puede ser muy importante: la experiencia ganada en un área A puede ser útil (total o parcialmente) en otra área B. Pero si el salto se produce de B hacia A quizás la experiencia no tenga por qué ser aplicable. Te explicaré mejor con un ejemplo:

Si estás trabajando en la Academia y decides pasarte a la empresa privada, toda la experiencia que has adquirido en la redacción de textos formales, búsqueda de bibliografía, manejo de animales, elaboración de proyectos, publicaciones científicas… podrían resultarte valiosas en tu nuevo empleo. Sin embargo, si provienes de la consultoría, por ejemplo, mucha de la experiencia acumulada no te será útil en términos académicos, igual que muchas de las publicaciones, que son en revistas divulgativas fuera del JCR.

Igual ocurre si vas desde la Educación a la consultoría medioambiental, o desde la educación a la academia. Muchos de los logros que hayas hecho en tu carrera no te servirán para el nuevo rumbo y tendrás que hacer tabula rasa y comenzar de nuevo. Por ese motivo es muy importante tener claro si a nivel laboral te va a merecer la pena ese cambio. Te juegas mucho en ello.

4. El cambio radical.

Aunque parezca mentira, este tipo de cambio es mucho más común de lo que piensas. Muchas veces nos encontramos en un callejón sin salida, en una situación que no nos gusta, encerrados en un trabajo que no nos llena o que nos impide realizarnos a nivel personal porque devora nuestro tiempo y nuestro ánimo. O simplemente, nos damos cuenta de que nos hemos esquivado y que hemos seguida la dirección equivocada.

Esto suele implicar un cambio de dirección dramático en tu carrera laboral, algo que no tiene nada que ver con lo que has hecho hasta ahora. En esto momentos, sin embargo, la coherencia del currículo es lo de menos. El cambio se convierte en algo vital per se. Nuestra vida, nuestro bienestar, nuestra paz mental, dependen de ello. Mucha gente teme a este tipo de cambios (con razón), quedándose paralizados por el miedo y dejándose llevar por la situación, que finalmente se perpetúa en el tiempo. Pero a veces son fundamentales y pueden encerrar la clave para recuperar nuestra vida.

Mi experiencia personal

Desde que comencé la carrera me gustó el mundo de la investigación. Di mis primeros pasos en la Academia gracias a mi colaboración con el grupo de investigación de biología evolutiva que había en mi universidad. Descubrí que aquello me gustaba y estuve colaborando con ellos hasta que terminé la carrera. Pero entonces llegó mi primer cambio: una oferta de trabajo en la empresa privada, en una consultoría ambiental. Estuve varios meses colocando cajas nidos para paseriformes en el Parque Nacional de Monfragüe y para carraca (Coracias garrulus) y primilla (Falco naumanni) en otras zonas protegidas de Extremadura. Fue una experiencia interesante, tanto a nivel personal como para hacerme una idea de todo lo que se cuece en el ámbito laboral (lo bueno y lo malo).

Sin embargo, la investigación me seguía llamando y surgió la posibilidad de irme a hacer el doctorado a Bolivia (segundo cambio y vuelta a la Academia). Por diversos motivos, incluida un pequeña revolución justo donde me iba a quedar, tuve que abandonar esa idea, así que hice mi primer intento de conseguir una beca predoctoral de Formación del Personal Investigador (FPI) en España pero sin éxito (quedé el segundo). Sin embargo, sí que conseguí un puesto de técnico de apoyo a la investigación en la universidad de Granada. De ahí fui hilando puestos de técnico y becas hasta lograr la ansiada FPI y con ello, iniciar el doctorado soñado. Ahí me mantuve varios años y fue cuando me formé realmente como investigador, interesándome también por  la competencia espermática (tercer cambio)  Hasta que llegó la crisis y las circunstancias me obligaron a aceptar una trabajo en una consultoría medioambiental (cuarto cambio), ya que se me acababa la financiación de la beca y no había muchas opciones de hilar con otra.

La época en la consultoría me sirvió para desintoxicarme de la carga personal y anímica que me había supuesto los últimos años del doctorado. Aprendí mucho en este nuevo campo y me hizo crecer como profesional, mientras seguía con la tesis y publicando como co-autor de cuando en cuando, además de asistiendo a algún congreso.  Finalmente terminé con la tesis y ahora mismo me encuentro en un nuevo proceso de cambio (el quinto ya) que aún no sé dónde me llevará. Muchas cosas en el horizonte pero todas por definir aún jeje.

Personalmente, estos cinco cambios (sin contar las veces que he cambiado de especie de estudio :P) me han aportado muchas muchas cosas, todas positivas. Bien es cierto que buena parte de lo que he hecho en la consultoría ambiental no me ha valido para mi currículo científico, pero sí como profesional de la biología. Sin embargo, muchas de las cosas que he aprendido y de las habilidades que he desarrollado en mi trabajo en la Academia me resultaron muy útiles en la consultoría. Y es más, si ahora me decidiese a dedicarme a la educación, por ejemplo, todo lo aprendido y logrado hasta ahora en todos los ámbitos me sería muy útil de cara a aplicarlo a las clases.

Hoy en día estoy en un proceso de profundo cambio y este blog es hijo de este tiempo. Mis objetivos han cambiado radicalmente, como lo han hecho mis prioridades. Estoy sumido en medio de un giro radical y profundo. Un cambio para el que, curiosamente, todos mis anteriores trabajos me han preparado, incluso sin yo saberlo. Porque siempre he perseguido mi objetivo, porque siempre me he mantenido fiel a él. Y es que lo más importante no son los objetivos, sino el camino que recorres para llegar a ellos.

Concluyendo

Como ves, no existe una camino bueno ni marcado. Todo depende lo que nosotros busquemos conseguir, de a dónde queremos llegar. Es muy importante empezar a plantearse estas cosas desde la carrera, por muy pronto que te parezca. Conozco a gente que ha estado trabajando muchos años en investigación, hicieron un doctorado por ser la salida natural y finalmente decidieron dejarlo todo por completo. Pero se han encontrado que, más allá de la carrera y la investigación, no tenían experiencia en nada más, no sabían qué otra cosa podrían hacer. Y te aseguro que no quieres ese futuro para ti.

¿Esto significa que debes elegir sí o sí el primer año de carrera y obcecarte en ello? No y rotundamente NO. En lo que te tienes que centrar es en pensar qué quieres hacer, qué es lo que realmente te gusta, lo que sueñas estar haciendo de aquí a 10, 20, 50 años. Pero no te agobies por el tiempo porque, como te he dicho, ese objetivo que te marques no estará escrito en piedra, irá cambiando con el paso del tiempo, igual que cambiarás tú. Pero sí debes centrarte en algo que de verdad te apasione en este momento. La carrera es el mejor momento para experimentar, para probar, para aprender. Y para dar los primeros pasos en la dirección adecuada.

Sí, hay posibilidades de cambiar de rumbo, y a veces es muy saludable, laboral y anímicamente hablando. Pero siempre y cuando tengas claro que te mantienes en la dirección que quieres recorrer. Siempre que seas consciente de adonde vas y siempre que no te dejes llevar simplemente por impulsos o consejos ajenos a lo que realmente persigues.  Si eres fiel a ti mismo estos cambios vendrán solos y de forma natural. Prueba, experimenta, arriesga, pero no vayas como pollo sin cabeza.

Si para conseguir tu objetivo tienes que hacer un cambio radical, no lo dudes y hazlo. No tengas miedo. Podrá salir bien o mal, pero si es algo que realmente quieres, algo que realmente necesitas, te será enormemente útil y aprenderás mucho en el proceso. Pero lo más importante de todo es que estarás tomando el control de tu vida, estarás tomando la iniciativa frente a las circunstancias. Y esa sensación no tiene precio, créeme 😉 Y sobre todo, graba esto a fuego en tu cabeza: Nunca es demasiado tarde para hacer lo que realmente quieres.

Ahora te toca a ti contarme qué opinas de los cambios. ¿Crees que cualquier cambio es bueno? ¿Has hecho algún cambio de rumbo importante en tu carrera? ¿Estás sufriendo ahora algún proceso de cambio de los que describo en este artículo? Cuéntamelo y compártelo con el resto de los lectores. Seguro que mucha gente está en la misma situación que tú y entre todos podemos ayudarnos 😉

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13 razones definitivas por las que estudiar biología es tu mejor elección

29/10/2015 by Bichólogo 247 comentarios

Este post va dedicado a ti. Sí, a ti. Que ahora mismo estás pensando si debes empezar la carrera de Biología. O quizás estás planteándote si continuar con la carrera porque no era como te esperabas. Para ti va dirigido este post. Y espero que después de leerlo la respuesta para ambas pregunta sea un rotundo ¡SÍ!

Este listado no va por orden de importancia, sino por como me han ido viniendo a la mente. Además, cada una de estas razones puede tener distinta importancia para cada persona, así que no tiene mucho sentido ordenarlas 😛 Así que… ¡Vamos a por ellas! 😉

13 razones por las que estudiar biología es tu mejor elección

1. Es tu vocación

Si piensas que es así, entonces no lo dudes ni un instante. ¡Vé a por ella! No hay nada tan reconfortante como dedicarte a algo que te apasiona. Nada. Así que no dejes escapar la oportunidad. Yo siempre dije que prefería ser pobre pero feliz con lo que hago que estar podrido de dinero y amargado detrás de un escritorio. No dejes pasar esta posibilidad de alcanzar la felicidad tanto personal como profesional haciendo lo que más te gusta 😉

2. La carrera de biología sí tiene salidas

No sólo puedes trabajar en ciencia, como profesor o de funcionario. Hay muchas opciones laborales válidas ahí fuera, algunas de ellas esperando que las descubras. Sólo tienes que echarle valor e imaginación 😉 Las oportunidades estás esperando a que las descubras.

3. Se puede trabajar de biólogo en tu país

No te voy a engañar. La situación laboral está muy mal en cualquier parte del mundo. Y en algunos países incluso peor. En España la tasa de paro supera el 21% y la del paro juvenil se acerca peligrosamente al 50%. Pero con todo, y a pesar de la dura competencia, se puede llegar a trabajar si eres proactivo y sabes moverte por el mundo laboral. La mayor parte del trabajo que he realizado ha sido en España, aunque gracias a él haya podido viajar a otros países.

4. Te cambia la forma de verlo todo

Ser biólogo es una forma de vida. Es una óptica por la que terminas filtrando lo que te rodea. Estudiar Biología te va a cambiar a un nivel muy profundo y aprenderás a ver el mundo con otros ojos. Y créeme, es una experiencia que merece la pena vivir. Ya nos comentaba Marco en su entrevista cómo aplica el enfoque biológico a toda su vida.

5. Pones tu granito de arena al conocimiento universal

Como todas las ciencias, te abre la puerta a formar parte de ese acervo de conocimientos que la Humanidad ha ido recopilando desde siempre. Es poco probable (aunque posible ;)) que hagas un descubrimiento extraordinario, pero seguro que aportarás algo al edificio del conocimiento, bien sea añadiendo algún ladrillo o bien haciendo que más gente lo visite: científicos, maestros, divulgadores, educadores ambientales… Todos contribuyen a extender ese conocimiento. Hasta esas charlas entre colegas tomando unas cervezas pueden hacer que alguna persona más se acerque y aprenda un poco más de este maravilloso mundo donde vivimos.

Libros de ciencia
Algún día puede que sea a ti a quien estudien 😉

6. Grandes posibilidades de viajar

Pocas carreras requieren tanta movilidad, bien sea voluntaria, como parte de tu formación, u obligatoria, por tener que emigrar a otros países para ganarte la vida. Con todo lo que eso conlleva. Todos los grandes viajeros que he conocido tienen una aura poderosa a su alrededor, un potente magnetismo. Su forma de ver la vida, de entenderla, el modo que se relacionan con los demás y con el mundo está impregnado de todas las experiencias acumuladas durante sus viajes. ¿No te gustaría ser uno de ellos? 😉

7. Es apasionante

En Biología da igual lo que estudies, da igual en lo que trabajes. Hagas lo que hagas lo disfrutarás. Por supuesto que no es un camino de rosas, que requiere muchos sacrificios y algún sofocón 😛 Pero si al final descubres tu camino y lo sigues te aseguro que lo vivirás intensamente (para bien y para mal). Muchos biólogos que conozco, incluso aunque no estén trabajando en Biología, mantienen esa pasión y esa relación con la naturaleza y con la vida que adquirieron durante la carrera.

8. Es un viaje de descubrimiento

Y con esto no me refiero sólo a los descubrimientos científicos, sino a un descubrimiento personal. Se trata de una carrera y una profesión muy exigentes. A no ser que seas uno de esos escasos y brillantes genios que aparecen de tanto en tanto vas a tener que dar el máximo de ti continuamente. Eso hará que explores tus límites y que te conozcas mejor a tí mismo. Pero también descubrirás nuevas áreas de conocimiento que nunca pensaste que te interesasen. Aprenderás mucho de ti, te lo garantizo 😉

9. Es muy divertido

Los biólogos tenemos una idiosincrasia muy particular. Da igual el país o el área de estudio al que te dediques, siempre hay una serie de rasgos generales que casi todos compartimos (aunque hay excepciones :P). Te puedo decir que algunas de las mejores fiestas en las que he estado siempre han habido biólogos involucrados. No sé cómo será en tu universidad, pero mientras yo estudiaba la carrera, cada vez que había muchos biólogos reunidos siempre acaba la cosa tomando unas cervezas: con la gente de tu grupo de investigación, tras una charla, después de un congreso, en una salida al campo… Y te aseguro que me ha pasado con gente de todas las edades y de la más diversa procedencia 😉

10. Conocerás a mucha gente

Como en todas las carreras, me dirás. Sin embargo la nuestra tiene una serie de características que hace que el networking en Biología sea algo fundamental. La mayor parte de los trabajos a los que te enfrentarás durante la carrera y después de ella tendrás que hacerlo en compañía de otros. La colaboración es fundamental en las ciencias biólogicas: papers, congresos, proyectos de investigación o conservación… Siempre necesitarás un equipo. Así que trata de conseguir el mejor 😉

11. Descubrirás rincones maravillosos donde antes no veías nada

Una vez que empiezas a conocer la flora y la fauna y empiezas a identificar visualmente las especies sin necesidad de guías se abre un mundo nuevo para ti. Es entonces cuando vas por la calle de tu ciudad o tu pueblo y una vida nueva se despliega ante ti. Donde antes creías que sólo había gorriones comunes (Passer domesticus) o jaramagos (Diplotaxis virgata) ahora se despliega toda una pléyade de seres vivos que había pasado desapercibida ante tus ojos asombrados. Entonces te darás cuenta de los pequeños paraísos vivos, de esas islas de naturaleza en medio de la civilización que te rodean esperando que seas capaz de encontrarlas 😉

12. Es una aventura

Como lo oyes. Trabajar de biólogo es una de las profesiones más aventureras, en el sentido más romántico de la palabra. Lugares alejados e inhóspitos, que pueden abarcar desde la jungla más cerrada a las heladas extensiones antárticas. Situaciones complejas y, en ocasiones, no exentas de riesgo, para conseguir esos datos que necesitas. Adrenalina, descubrimiento, excitación. Si realmente lo quieres, podrás probar un poco de todas ellas 😉

13. Contacto directo con la naturaleza

¿Qué mejor manera de estar en contacto con ella que siendo biólogo? Puedes trabajar con aquellas especies que te apasionan, desde las más comunes hasta las más exóticas. Plantas o animales, tu eliges el camino. O incluso aquellos seres que se mueven en la difusa línea entre lo vivo y lo no vivo, como los virus o los priones. Desde lo más grande a lo más pequeño. Desde tu laboratorio o sumido en lo más profundo del bosque. Para estudiar la vida tienes que ir allá donde está. ¿Qué mayor contacto se puede pedir?

Si todavía no  lo tienes claro, quizás es que esta carrera no es para ti. Pero si al leer alguna de estas razones te has sentido identificado o identificada, te ha dado un vuelco el corazón, o te has sonreído al verte identificado, entonces no lo dudes y lánzate a por ello. Porque la Biología hay que vivirla. ¿Cómo si no se puede estudiar la vida entonces? 😉

Si te ha gustado el post, compártelo con aquellos a los que creas que le puede interesar. Y cuéntame cómo vives tú la biología, ¿Añadiría alguna otra razón más para convencer a todos aquellos indecisos? ¿Qué tres razones son las más importantes para ti? Participa y cuéntame tu experiencia. Hagamos juntos de este blog algo vivo 😉

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¿Cómo me hice biólogo?

28/05/2015 by Bichólogo 44 comentarios

El comienzo

El primer paso de tu carrera es decidir qué quieres hacer. Yo siempre tuve claro que la naturaleza era lo mío. Sin embargo, no me planteé realmente estudiar Biología hasta casi el momento de hacer la preinscripción y solicitar carrera.

¿Qué me llevó a hacerme biólogo?

Y es que mi pasión siempre han sido los bichos y desde bien pequeño me han fascinado todas las ramas de la ciencia. Desde que tengo memoria, los animales siempre han estado presentes en mi vida. Recuerdo  algún canario (con el insigne nombre de Mike Donovan) y un par de diamantes mandarines (Taeniopygia guttata), a los que llamamos Tiza y Panduro porque nos dijeron que siempre debían tener una tiza y algo de pan duro en la jaula. Incluso hay alguna foto de un pequeñísimo yo dando de comer a un patito chiquitín que ni recuerdo de quién era.

Lo que sí recuerdo perfectamente es pasarme horas en Las Tres Campanas, una conocida juguetería que hubo en Badajoz, mirando el estante de los muñecos: figuritas de leones, hipopótamos, jirafas y tigres se entremezclaban de forma caótica con dinosaurios, dragones y toda clases de quimeras. Una fauna de lo más variopinto y en la que, pese a todo, cada uno tenía su propio nicho ecológico en mi colección de juguetes.

Pero como todo niño que se precie, mis favoritos siempre fueron los dinosaurios. Tenía docenas de libros. Me leí Parque Jurásico con apenas 11 ó 12 años. Conocía buena parte de todos esos impronunciables nombres, familias, géneros… Era mi pasión y estaba decidido a dedicarme a ello.

El momento decisivo

Pero entonces se fue acercando la hora de elegir carrera, allá por 1998 (¡me hago mayor!), y comencé a buscar la forma de hacer Paleontología. En Badajoz podía estudiar Biología, pero no existía la especialización en Paleontología, aunque sí un par de asignaturas a lo largo de la carrera. También podía ir por Geológicas, pero entonces tendría que irme fuera. Le di muchas vueltas al asunto. Una y otra vez. Hasta que al fin decidí hacer Biología. Siempre me habían gustado los animales así que, a unas malas, si no lograba meterme en el Departamento de Paleontología siempre podía seguir estudiando otros bichejos actuales.

Así se lo comuniqué a mis padres. Ellos, con toda su buena fe, me dijeron que Biología no tenía salidas, que la cosa estaba chunga para conseguir trabajo (ya en 1998) y que con la buena nota que tenía en selectividad por qué no elegía algo con más salidas. Pero ya sabían lo testarudo que podía llegar a ser su hijo… Así que les dije:

Prefiero ser pobre pero feliz con lo que hago que estar podrido de dinero y amargado detrás de un escritorio

No había mucha contrarréplica a eso 😛 Entonces, como buenos padres y resignados padres, no les quedó otra opción que apoyar mi decisión de hacerme biólogo. 

El proceso

Entré sin problemas en la carrera, deseando aprender cosas de animales, salir al campo y convertirme en una mezcla entre Indiana Jones y Miguel de la Quadra-Salcedo. Y la primera en la frente. El primero año tuve física, matemáticas, estadística, informática, química… Y bueno, sí… Alguna asignatura de botánica y de zoología, pero vamos, que no era el paraíso lectivo que yo había imaginado. A pesar de ello, lejos de desanimarme, seguí dándole caña. Me apunté a todas las optativas relacionadas con fauna y si podía, a alguna de libre elección. Y me apliqué al máximo.

De hecho, fue una de esas asignaturas optativas la que me descubrió el asombroso mundo de las aves y su observación, los dinosaurios de hoy en día 😛 Aprendí a usar una guía de campo y a identificar mis primeras aves. Después ya me fogueé yo mismo, mientras iba descubriendo poco a poco la fantástica fauna del Azud de Badajoz.

Además hice una de las mejores inversiones de tiempo y esfuerzo de mi carrera. Entrar en el departamento zoología tuvo un papel fundamental en mi desarrollo como biólogo. Entré en contacto con el mundo de la investigación, hice numerosos contactos, llevé varios pósteres a diversos congresos y aprendí mucho, muchísimo, sobre la labor investigadora, el manejo de aves, el anillamiento científico o cómo escribir un artículo científico.

Al acabar la carrera, de nuevo surgía la duda. ¿Qué iba a hacer con mi vida ahora? Y de nuevo mis padres me aconsejaron tirar por algo seguro, unas oposiciones a profesor de secundaria o a biólogo de la Junta de Extremadura. Pero yo seguía siendo un joven testarudo que había  decidido perseguir sus sueños y agarrarse a la cola de la cometa.

Y es que tanto disfruté aquella etapa en el departamento que me lancé a la faraónica tarea de hacer una tesis doctoral. Fue toda una nueva etapa de aprendizajes y, sobre todo, de viajes: Almería, París, Noruega… Más y más contactos. Más y más posibilidades. Un nuevo mundo se había abierto ante mis ojos.

La conclusión

Elegir la carrera de biología supuso un antes y un después en mi vida personal y profesional. Es, posiblemente, una de las mejores elecciones que haya hecho nunca. No fue un camino fácil, pero tampoco fue un infierno. Lo mío era vocación y la viví y la disfruté como tal. Una vez obtenido el título, y gracias a todo el trabajo previo (departamento, congresos, cursos y voluntariados) pude optar a diversas becas que me llevaron al doctorado. E incluso en medio de la crisis pude conseguir un puesto de trabajo en una consultoría ambiental, que me permitió explorar el apasionante (aunque inestable) mundo de la empresa privada.

Ha sido una gran aventura a todos los niveles. Y me ha ofrecido la oportunidad de hacer cosas tan fascinantes como extrañas. Por supuesto han existido sus altibajos. Hasta hoy mismo no he cerrado la tesis (¡casi 8 años!), la cual tuve que dejar apartada un tiempo para trabajar en la consultoría ambiental. Y hubo momentos en los que estaba tan quemado que casi la abandono. Pero simplemente fueron etapas.

Aunque no sea un camino fácil, el viaje siempre merece la pena
Aunque no sea un sendero fácil de recorrer, el viaje siempre merece la pena

Mi único consejo es que no te desanimes. Siempre busca aquello que te haga feliz, que con voluntad y esfuerzo todo es posible. Ninguna carrera es fácil, nadie regala trabajo. Pero los biólogos tenemos la ventaja que no sólo el fin merece la pena. También el camino es apasionante. La Biología puede darte grandes alegrías (y también algún que otro sofocón :P). Pero créeme que siempre ofrece mucho más de lo que pide 😉 Lucha por tu sueños y verás como tarde o temprano se hacen realidad.

¿Cómo ha sido tu experiencia durante la carrera? ¿Qué te ha aportado? ¿Te arrepientes de tu decisión? ¡Comparte tu experiencia con nosotros!

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