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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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Un día de trabajo

Un día analizando muestras de esperma de aves

12/01/2017 by Bichólogo 6 comentarios

Ésta es, con diferencia, una de las cosas que he hecho a lo largo de mi trabajo como biólogo que más suele llamar la atención de la gente. Y es que dedicarse a recolectar, analizar y medir muestras de esperma de paseriformes no es una labor que se puede llamar común 😛 Por eso hoy te voy a contar uno de mis días trabajando en este área tan poco conocida como fascinante: la competencia espermática en aves.

Metodología de análisis de muestras de esperma de aves

¿Cómo se llega a trabajar en eso?

Pues casi por azar. En el grupo de investigación donde yo trabajaba como becario predoctoral en la Universidad de Extremadura comenzaron a colaborar en estudios de competencia espermática. Así, durante algunas sesiones de anillamiento, donde normalmente tomábamos muestras de sangre, además de hacer algunos experimentos comportamentales, tuvimos también que tomar muestras de esperma de las distintas especies que íbamos capturando.

Conforme continuaba la colaboración, se adquirió un microscopio óptico preparada para poder hacer medidas morfológicas del esperma. Sin embargo, ninguno de los que integrábamos el grupo por aquel entonces teníamos experiencia en su manejo ni en la técnica necesaria para analizar la muestras y tomar las medidas correctamente. Hasta entonces, nuestro trabajo se había reducido a tomar muestras durante nuestros propios trabajos y proyectos.

Dado que por aquel entonces yo estaba trabajando en mi tesis doctoral, decidí junto con nuestro supervisor que realizaría una estancia breve en Oslo, en el Museo de Historia Natural, donde hay un grupo de investigación muy activo con amplia experiencia en la materia. De esta forma podría aprender la técnica y luego aplicarla en nuestros propios estudios y con nuestro propio material. Y dicho y hecho, partí para pasar los dos meses de invierno más crudo en Noruega 😛

Tomando las muestras

La técnica es tan sencilla como sorprendente y estoy seguro de que no se aleja mucho de lo que estás pensando 😛 En primera lugar hay que colocar al ave en una postura cómoda, sujetándola con una sola mano, de tal forma que esté inmovilizada, con las patas sujetas y puedas apoyar el pulgar sobre la cloaca del animal. Con la mano libre, colocas el pulgar y el índice junto a la cloaca y con esos tres dedos realizas un suave masaje en la zona.

Hay que tener cuidado con no ejercer demasiada presión para no herir al animal y mantener un ritmo constante, hasta que se produzca la eyaculación. Entonces se toma una pequeña muestra con un microcapilar  y se mezcla en una disolución de fomaldehído específica para fijar la muestra y evitar que los espermatozoides se peguen unos a otros formando grandes conglomerados que hacen casi imposible su conteo y medición.

Como supondrás, las jornadas de toma de muestras daban para un montón de chistes, especialmente cuando algún pajarillo avezado volvía a caer por segunda vez en la red. Personalmente, no he realizado muchas tomas de muestra por mí mismo, más allá de aprender la técnica, sino que trabajé analizando muestras que teníamos ya recogidas de España y con otras, para mí más interesantes, procedentes de golondrinas (Hirundo rustica) de Chernobyl. Como puedes ver, y a pesar de ser un estancia breve destinada a aprender una determinada técnica, resultó ser muy provechosa a nivel de publicaciones 😉

En el laboratorio

Yo siempre me he considerado un biólogo de bota, pero aunque uno se dedique al trabajo de campo casi siempre hay más o menos cantidad de trabajo de laboratorio. No se trata de compartimentos estancos, sino más bien al contrario, complementarios. Y que deberás equilibrar en función de tus gustos y los requerimientos de tu proyecto.

Una vez teníamos las muestras fijadas y bien conservadas tocaba el que iba a suponer el grueso del trabajo. Por un lado, había que preparar los «frotis» de esperma, de modo que pudiésemos observarlos correctamente al microscopio. Al contrario que con otros tejidos, en este caso no necesitamos una tinción o un contraste, sino que son fácilmente observables sin un tratamiento previo específico.

Aún así, el proceso de preparación de las muestras es largo y laborioso. Primero hay que tomar unos pocos microlitros con un micropipeta y extenderlos pacientemente en una serie de líneas paralelas a lo largo del eje mayor del portaobjetos. De esta forma nos aseguramos de cubrir una buena parte de la superficie con una capa fina, de modo que los espermatozoides, muy abundantes en las muestras, no se superpongan y se pueden identificar individualmente con facilidad.

Una vez hecho esto se dejaba secar y fijar al aire durante algunas horas. Al evaporarse el formaldehído, los espermatozoides quedaban adheridos al cristal. Para eliminar las sales y otros restos que quedan en el portaobjetos se lavaba cuidadosamente con agua destilada y se dejaba secar al aire de nuevo. Una vez evaporada el agua ya se puede pasar al examen microscópico 😉

En el microscopio

El primera paso solía ser revisar los frotis en un microscopio óptico ordinario a 40 aumentos simplemente para ver si se apreciaban espermatozoides en la muestra o no. Y es que, dado que en la cloaca de las aves confluyen las heces y el esperma, no siempre es fácil saber qué es lo que realmente hay en la muestra que acabas de tomar. Por eso, se examinaban las muestras buscando la presencia de esperma. Si se encontraba, se pasaba a la siguiente etapa. Si no, se volvía a repetir el frotis y, si de nuevo no aparecían espermatozoides, se desechaba esa muestra.

Espermatozoides a 200 aumentos
Una de las múltiples microfotografías que analicé para el estudio sobre paseriformes de Chernobyl. En ella se pueden apreciar malformaciones en las cabezas de algunos espermatozoides.

Una vez que sabemos que tenemos espermatozoides en nuestra muestra pasamos a otro tipo de microscopio. El que yo usaba, un modelo de Leica, llevaba incorporada una cámara para la toma de microfotografías, además de un software que me permitía medir directamente sobre la imagen distintos rasgos del espermatozoide, como la longitud de la cabeza, de la parte media o de la cola, todo ello a unos 200 aumentos.

Y aquí viene el meollo de la cuestión. Gracias al software que acompañaba al microscopio, podía tomar microfotografías de del esperma, a una resolución y con unos aumentos suficientes para poder tomar las distintas medidas necesarias para el estudio.

Además, podía almacenar esas microfotografías, debidamente renombradas, para su posterior estudio con otros programas de  análisis digital de imágenes, como ImageJ, para realizar otra serie de estudios.

Sin embargo, y dado el volumen de muestras que analizamos, el trabajo lo realizábamos en bloque. Primero preparé todas las muestras juntas, para luego realizar las microfotografías y mediciones y posteriormente analizar todos los datos, aumentando así la eficiencia.

La utilidad y los resultados

Durante mi estancia breve en Oslo, estuve tomando medidas morfométricas de varias poblaciones de golondrinas, para relacionarlas con la intensidad de la competencia espermática. En posteriores visitas a Oslo, usando la misma metodología, estuvimos analizando el daño que la radiación aún existente en Chernobyl ocasionaba en la morfología de los espermatozoides de distintas especies de paseriformes.

Como ves, se trata de una técnica muy útil y relativamente sencilla, que permite ahondar en campos muy interesantes de la ciencia. Para mí ha sido una de las mejores experiencias en la realización de una estancia breve, así como una de las más fructíferas. Y me ha dado un montón de anécdotas que contar, además de este post 😛

Y hasta aquí el post de hoy. Espero que te haya resultado interesante y que, al menos, haya despertado tu interés por una área tan interesante como la competencia espermática. Ahora, cuéntame 😉 ¿Qué te ha parecido el post? ¿Has realizado algún trabajo parecido en las mismas especies o en otro grupos animales? Cuéntamelo todo en los comentarios 😉 ¡Te espero!

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Publicado en: Un día de trabajo Etiquetado como: aves, competencia espermáticas, esperma, estancias breves, muestras biológicas, paseriformes

Un día capturando desmán ibérico

22/09/2016 by Bichólogo 12 comentarios

Trabajar con desmán ibérico (Galemys pyrenaicus) es tan interesante como complicado. La metodología para dar con ellos es bastante distinta a lo que es normal con otros mamíferos, debido a sus esquivas costumbres acuáticas.

Ya te he hablado acerca de la metodología para detectar su presencia por medio de los excrementos que van dejando en las piedras de los ríos que habitan. Pero no es la única forma, por supuesto. Existe también todo un protocolo para trampear y capturar a estos escurridizos seres y que nos permite además extraer mayor información de los individuos, como tamaño, peso o muestras de pelo.

Metodología de captura del desmán ibérico

Pero también voy a hablarte sobre una de las formas de identificar a este animal: el microchipado. Sí, como se suele hacer con los perros, colocándoles un pequeño microchip bajo la piel. Pero bueno, ahora te lo iré contando todo paso a paso.

¿Por qué capturar desmanes?

Lo primero que hay que tener en cuenta para capturar desmán es ¿por qué? Y es que el desmán ibérico es una especie que se encuentra muy amenazada y en franca regresión, siendo clasificado como vulnerable según los criterios de la IUCN. Esto hace que el trabajo con estos animales sea muy interesante, pero también muy delicado. Hay que tener un cuidado extremo a la hora de manejarlos, evitando un sufrimiento o una manipulación innecesarias.

Sin embargo, a veces es necesario capturarlos para obtener más información acerca de ellas: tomar medidas, tomar muestras de pelo para conseguir ADN o marcarlos de forma individual. Esto permite extraer muchísima información: sexo, edad, parentesco, morfología, detectar desplazamientos… Un sinfín de datos muy interesantes a la par que útiles en la conservación de este curioso animalillo. Y para esto, por supuesto, es obligatorio contar con todos los permisos necesarios para atrapar y manipular esta especie.

Preparando el terreno

Para empezar te diré que, de todos los trabajos que he hecho como biólogo, este es el más duro con diferencia, tanto a nivel mental como físico. Y estoy acostumbrado a laaaargas jornadas de campo, a caminatas kilométricas y a interminables horas escribiendo artículos delante del ordenador.

Lo primero de todo, al igual que en el caso de los muestreos por excrementos, es realizar un trabajo previo de gabinete, recopilando información sobre las citas históricos y los sitios a priori más favorables para el desmán dentro del área de estudio. Entonces ya puedes situar sobre ortofotos los puntos donde vas a realizar las capturas.

Se trata de lugares que deben ser relativamente accesibles en vehículo, ya que para este trabajo hay que transportar numeroso material, entre vadeadores, nasas y equipo para la manipulación y microchipado. Varias decenas de kilos que cuanto más cerca del río puedas llevar, mejor 😉

En ocasiones, también se realiza una búsqueda previa de excrementos en la zona, para ver si hay presencia reciente de individuos y poder afinar mejor a la hora de colocar las nasas. Aunque esta parte no es necesaria, siempre es bueno saber si hay posibilidades reales de capturar algún animal 😛

Colocando las nasas

Normalmente se sitúan un determinado número de nasas según la longitud del tramo. El desmán suele alimentarse nadando contracorriente, por lo que hay que situar las nasas de tal forma que el animal entre ellas mientras remonta la corriente del río.

Es importantísimo fijar bien las alas de las nasas, de modo que corten todo el tramo y queden sumergidas hasta el fondo. Para ello, la nasas cuentan con una serie de plomos que hunden las redes de las alas.

Por último, el extremo de la nasa, a donde llegaría el animal, debe estar situado fuera del agua. Así, el desmán podrá encontrar un lugar seco y se evita el riesgo de que pudiera ahogarse.

Dos compañeros colocando las nasas
Aquí puedes ver cómo se colocan las nasas. Es fundamental que el extremo de la nasa quede fuera del agua, para que el animal pueda tener sitio seco y seguro fuera del agua.

La nasa debe estar parcialmente sumergida, de modo que el animal pueda entrar nadando. Si tiene que trepar para seguir adelante es probable que se vuelva para atrás. Por eso, a veces es necesario limpiar el fondo de rocas que hagan sobresalir demasiado la nasa.

Se trata, pues, de un proceso largo y que puede tomar bastante tiempo por cada nasa, especialmente si las condiciones de las orillas no facilitan la fijación de las nasas. Por ello es importante ir con tiempo suficiente.

Las revisiones

Una vez realizada la primera parte del trabajo es hora de recuperar fuerzas 😉 Nada como una buena cena y algo de descanso para todo lo que se viene encima. Por será duro 😉

La primera revisión solemos hacerla hacia la medianoche. Se recorre el río, nasa a nasa, revisando si algo ha caído en ella. Porque no sólo pueden caer desmanes, sino que es muy frecuente encontrarse con truchas (Salmo trutta), culebras viperinas (Natrix maura) o incluso ratas de agua (Arvicola sapidus). Para todas las revisiones hay que ir cargando en una mochila con todo el equipo necesario en el caso de que algún individuo caiga en las nasas.

Arvicola sapidus
Una rata de agua que capturamos durante una de las revisiones

Es necesario revisar concienzudamente, puesto que se trata de animales pequeños que pueden esconderse y pasar fácilmente desapercibidos. Si no hay nada, se pasa a la siguiente nasa, hasta terminar con el tramo.

Una vez terminada la revisión es hora de tomarse otro pequeño descanso. Normalmente se realizan revisiones a lo largo de toda la noche. Hay que dejar un tiempo prudencial para que los animales puedan entrar en las redes, pero no un tiempo demasiado largo como para que el animal pueda estresarse demasiado al sentirse atrapado o pueda sufrir de hipotermia debido a la falta de alimento, dado su elevado ritmo metabólico. Esto es especialmente importante cuando las temperaturas son muy bajas.

Además, los desmanes tienen unos dientes muy agudos y no sería raro que pudiesen llegar a roer las redes, escapando de las nasas y dejando un bonito agujero que luego te tocará remendar 😉

¡Ha caído algo!

Por muy bien puestas que estén las nasas, no es sencillo atrapar un desmán. Por un lado, los desmanes se distribuyen de forma irregular a lo largo del río y no son precisamente los mamíferos más abundantes del mundo (o no estaría amenazados :P). Por eso es necesario ser pacientes. Muy pacientes.

Pero, a veces, cuando llegas con tu linterna y enfocas la nasa ves algo moverse y tratar de escabullirse. En esos momentos es importante ser rápido y liberar con presteza al animal. Se desata el extremo de la nasa y se extrae al desmán para depositarlo en algún lugar seguro y seco, dejándole que se tranquilice un poco.

En nuestro caso, dado que tenemos que colocarles un microchip, tomar muestras de pelo y manipularlos durante algún tiempo, sedamos a los animales con un anestésico inhalatorio. Es absolutamente primordial no sólo usar la dosis adecuada, sino dejar pasar el tiempo pertinente. Demasiado tiempo y se pasarán los efectos antes de que terminemos la manipulación. Demasiado poco y el animal estará despierto y podrás llevarte un buen mordisco 😛

En primer lugar hay que desinfectar todo bien, para evitar cualquier infección durante la manipulación. Normalmente, primero se le pone el microchip, tras limpiar con alcohol toda la zona; después se le toman las muestras de pelo, que se almacenan para su posterior análisis; se realizan fotos de los dientes para datar la edad en función del grado de desgaste de las coronas dentales, y finalmente, se pesa y, si es necesario, se mide.

Medidas y microchipado
Según el estudio, habrá que tomar distintas medidas. En la foto se puede ver el material, las fotos de los dientes y la inserción del microchip

Una vez terminada la manipulación del individuo se deja reposar al animal, a la espera de que pasen los efectos de la anestesia. Cuando vuelve a estar activo (la anestesia dura pocos minutos), se le libera de nuevo en el río.

Tras la última revisión, que normalmente suele ser poco antes del amanecer, es necesario ir retirando las nasas, plegándolas adecuadamente y llevarlas de vuelta al coche. Personalmente, tras toda la noche sin dormir, este proceso siempre se me hace enormemente largo 😛 Y de vuelta a casa, hay que sacar todo el material y ponerlo a secar: botas, vadeadores y nasas. Y dejarlo todo listo para el día siguiente. Sólo entonces puedes al fin descansar 😛

Para terminar…

Sólo decirte que para mí ha sido una experiencia muy interesante, pero también uno de los trabajos más duros que he hecho durante mi trayectoria como biólogo. El tener que trabajar de noche, durmiendo en el coche (o como buenamente puedas) entre revisión y revisión, cargar e instalar las nasas (cada una pesa varios kilos entre la red, los aros y los plomos para que queden fijas al fondo) provoca un enorme desgaste al cabo de la semana.

Sin embargo, es también uno de esos trabajos que te permiten estar en contacto directo con la naturaleza y con los animales, y en este caso, con especies amenazadas, tan curiosas y fascinantes como el desmán ibérico. Además, acostumbrado a usar redes japonesas para paseriformes, estas semanas trampeando desmán me han ayudado a familiarizarme con otras metodologías de capturas, muy alejadas de las que yo suelo usar.

En definitiva, una gran experiencia, tan enriquecedora como agotadora, que me ha ayudado a dar un paso más allá en mi formación como biólogo (que como ves, nunca acaba :P).

Ahora me gustaría saber tu opinión al respecto: ¿has usado alguna vez nasas para capturar mamíferos de hábitos acuáticos como el desmán? ¿Has participado en alguna actividad similar? ¿Conocías este tipo de trabajo? Anímate a participar en los comentarios y, si te ha gustado el post, suscríbete a la lista de correo para mantenerte al día de todas las publicaciones y para conseguir algunas ventajas exclusivas por ser suscriptor 😉

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Publicado en: Un día de trabajo Etiquetado como: captura, desmán ibérico, nasas, trampeo

Un día de guía de naturaleza

12/05/2016 by Bichólogo 4 comentarios

Dar a conocer la naturaleza al público puede ser una profesión de lo más satisfactoria. No sólo te permite convertir algo que te gusta en una profesión sino que, además, estás contribuyendo a a la conservación de esas especies o ese espacio por el que estás guiando. Hoy voy a hablarte de como es esa experiencia. O, al menos, de como ha sido para mí. Pues recientemente he tenido la oportunidad de guiar a un grupo de pacenses a lo largo del tramo de río que atraviesa la ciudad, ayudándoles a descubrir el maravilloso tesoro natural que encierra. Esto fue posible gracias a la Asociación de Amigos de Badajoz, entidad que se esfuerza en dar a conocer el rico patrimonio de esta ciudad, tanto histórico como natural, en este caso.

Un día de guía de naturaleza

La idea

Siempre he sido un enamorado de Extremadura en general y de Badajoz en particular. Cuanto más viajo, cuanto más conozco otros países, más aprendo a apreciar todo lo que ofrece mi ciudad. Situada en un enclave estratégico, con más de 1200 años de historia a sus espaldas, Badajoz no sólo ostenta una gran riqueza arquitectónica y cultural, sino que también alberga una de las pocas ZEPAs urbanas de toda Europa.

Al encontrarse en medio de la ciudad, cualquier persona interesada puede acercarse y disfrutar de algunas especies tan emblemáticas como las garzas reales, las garcillas bueyeras o los martinetes. Y, sin embargo, este variado y rico tesoro natural permanece desconocido para la mayor parte de los ciudadanos. Es por ello que decidí proponer a Amigos de Badajoz la realización de esta visita guiada entre el Puente Real y el Puente de Palmas, un recorrido de apenas 2 km en el que pudimos disfrutar de 34 especies de aves.

La preparación

Cuando vas a guiar a un grupo de personas, sea donde sea, debes realizar una cierta preparación previa. No basta con saber mucho sobre las aves, sino que debes conocer los mejores sitios .

Como vivo bastante cerca del río, toda esa zona la tenía muy visitada. Sabía que en ese tramo de río es muy fácil avistar fochas comunes (Fulica atra), gallinetas (Gallinula chloropus) y garcillas cangrejeras (Ardeola ralloides). Además, también son frecuentes por allí las gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus) y sombría (Larus fuscus), las gacetas comunes (Egretta garzetta) y garcillas bueyeras (Bubulcus ibis), siendo también una buena zona para ver en vuelo a los martinetes (Nycticorax nycticorax), moritos (Plegadis falcinellus) y espátulas (Platalea leucorodia).

También conocía un buen punto de observación donde suelen rondar una pareja de calamones (Porphyrio porhyrio) y otra de avetorillos (Ixobrychus minutus), dos especies que, por su costumbre de esconderse entre el carrizo y los juncos, suelen pasar desapercibidas para el visitante casual. Y otro punto más donde podría encontrar vencejos reales (Tachymarptis melba) y así enseñar a los asistentes las diferencias con el vencejo común (Apus apus) que se ve fácilmente en casi cualquier parte de la ciudad.

Pero como nunca hay que confiarse demasiado, las semanas anteriores al día de la vista me dediqué a pasear una y otra vez por la zona por la que discurría la ruta. No sólo intentaba confirmar que los animales que solía encontrar seguían por allí, sino que buscaba alguna otra especie nueva que tuviese querencia por algún punto de la ruta. Así descubrí cómo los aviones solían ir a coger barro a unos charcos cercanos al paseo fluvial para poder hacer y reparar sus nidos, y localicé un par de nidos de gallineta que podían ser observados desde lejos con los telescopios sin molestar a los animales.

Además, presté atención a algunos foros donde se hablaba de avistamientos de aves en la zona, pudiendo así enterarme de la presencia de un ejemplar de gaviota cana (Larus canus) o confirmar que se había visto unos días antes un ejemplar de avetoro (Botaurus stellaris).

Fui anotando todos los detalles que pudiesen ayudarme a que viésemos el mayor número de animales durante la visita. Aunque cuando se trabaja con animales silvestres es imposible asegurar que los verás, a nadie le gusta ir a una visita para ver aves y no encontrar ninguna ???? Por eso es tan importante este trabajo previo, independientemente de lo mucho que te puedas conocer el lugar. Tanto en el caso del avetoro como en de la gaviota cana, aunque sabía por dónde se habían visto los dos ejemplares, no pude localizarlos ni antes ni durante la visita. La suerte, como ya te he dicho, juega un papel importante en esta profesión y debes de contar con ella (tanto con la buena como con la mala :P).

Vegetación en el puente viejo
Uno de mis puntos de observación favoritos (especialmente al atardecer): la vista desde el Puente de Palmas. Una zona genial por la abundante vegetación que sirve de refugio a numerosas especies de aves.

La ruta en sí

Amigos de Badajoz es una asociación sin ánimo de lucro bastante conocida en la ciudad. Todas sus actividades son gratuitas y esta no era una excepción. Así que esperábamos que viniese gente. La actividad había tenido cierta repercusión, pues me habían entrevistado en la radio local y había salido anunciada en prensa, pero hasta que no estuve en el lugar del encuentro no tenía ni idea de cuanta acudiría

Salí con tiempo,por si hubiese algún imprevisto. Llevaba mis propios prismáticos, unos de repuesto (por si alguien no tenía), mi telescopio y mi guía de aves. Y en bendita hora, pues mi novia y yo nos encontramos con un magnífico ejemplar de garza imperial muy cerca de nosotros y pudimos disfrutar contemplándolo durante unos minutos con el telescopio. Pero el deber es el deber, así que recogimos los bártulos y nos dirigimos al punto de encuentro. Allí se había empezado a reunir la gente y, a los pocos minutos, ya superaban la treintena. También, in situ, me entrevistó la televisión local y otro periódico.

Comencé presentándome (detalle importante :P) y dando una pequeña charla introductoria. Es fundamental ser consciente del nivel de las personas a las que vas a guiar. No es lo mismo dar una charla a gente que desconoce el tema, que a niños de colegio que a birdwatchers, por ejemplo. Tendrás que adaptarte a cada grupo y hablar su idioma (y no me refiero a la lengua, sino a su jerga, su forma de hablar, su nivel de conocimientos).

Recuerda que, al contrario que piensan algunos, usar muchos tecnicismos no te convierte en un mejor guía. Tienes que interpretar lo que la gente está viendo, traducirlo a palabras que puedan comprender, sabiendo que quizás muchos no tengan los conocimientos que tú posees. Pero tampoco debes rebajar el nivel demasiado, o pensarán que los estás tratando como tontos. Encontrar el equilibrio adecuado para cada grupo es todo un arte que se consigue sólo con práctica.

También es muy importante hablar con pasión. Las visitas guiadas son una forma de educación ambiental y por tanto tienes que transmitir conocimientos, inculcar valores, incitar a la gente a conocer, a descubrir su entorno y, sobre todo, a conservarlo. Y no hay mejor comunicador que aquel que es un apasionado de lo que habla. Porque la pasión es contagiosa, despierta la curiosidad, y esa es la mejor herramienta que tiene un guía para transmitir el conocimiento. Por tanto has de ser apasionado en lo que haces y en lo que dices, que tu audiencia perciba lo importante que es lo que les estás enseñando.

Una vez hechas las presentaciones propias y del lugar donde se iba a realizar la ruta, comenzamos a observar aves. La verdad es que tuvimos mucha suerte, ya que en esa zona hay varias islas con carrizo y abundante vegetación de ribera, lo que favorecía la presencia de la fauna. Nada más colocar los telescopios pudimos observar un nido de gallineta, una garza real, algún martinete y un par de garcillas cangrejeras.

Mi idea era ir avanzando rápido y hacer dos paradas largas, una en cada puente, porque hay buenos puntos de observación y son zonas donde se observan fácilmente calamones, avetorillos y nutrias. Pero la gente estaba tan entregada a la observación de todos los bichejos que fuimos observando que tardamos más de una hora y media en recorrer un kilómetro y medio. Sin embargo, creo que fue una buena idea adaptarse a lo que la gente quería, a su ritmo. El objetivo dejó de tener sentido y fuimos disfrutando del viaje.

Como ya te comentaba antes, estas rutas son una forma de educación ambiental. Por eso hay que aprovechar las oportunidades que el medio te brinda para concienciar a la gente. Así que aproveché un par de veces para enfocar algún grupo de aves  que estaban nadando junto a alguna botella o resto de basura flotantes, lo que me daba pie a hablar de la importancia de conservar el el río. El avistamiento de especies como el calamón o el morito, que hasta hace no mucho estaban restringidas a humedales bastante localizados, me permitió hablar un poco de cómo fluctúan las poblaciones y de cómo especies amenazadas pueden recolonizar antiguas áreas si se aplican las medidas de conservación adecuadas.

La visita prosiguió hasta uno de los puntos estrellas: la parada sobre el primer puente. Gracias a mi trabajo previo, sabía que allí era muy fácil ver los calamones, los avetorillos o incluso la nutria. Y ninguno de los tres faltó a esta improvisada cita, para deleite de todos los presentes (incluido yo :P). Además, como hay algunas pequeñas islas de roca muy frecuentadas por las gaviotas, me permitió explicar las diferencias entre las especies de gaviotas, así como diferencias entre adultos y juveniles.

Como la visita se había hecho mucho más larga de lo que pensaba, decidí terminarla en ese punto. Pero dado que aún había gente interesada, decidí continuar hasta el otro puente con todos aquellos que aún tuvieran tiempo y ganas. Y fuimos unos cuantos ???? Avanzamos deprisa hacia el Puente de Palmas, que da entrada a una las principales puertas de la ciudad. Y allí echamos otro rato, observando algún martinete, un preciosa garcilla cangrejera muy de cerca y hasta una pagaza, que pasó fugazmente sobre nosotros.

Garcilla cangrejera desde el Puente Viejo
La espectacular garcilla cangrejera con la que nos despedimos de la ruta una vez ya en el Puente de Palmas. Foto de Lourdes Torres.

Concluyendo…

Para mí fue un placer realizar esta ruta. No sólo porque soy un enamorado de Badajoz y me encanta poder enseñárselo a todo aquel que esté interesado, sino porque fue una jornada deliciosa a muchos niveles: a nivel de fauna, con 34 especies de aves y la nutria; a nivel de la gente, puesto que conocí a muchas personas encantadoras e interesadas que en todo momento estuvieron atentos a cualquier cosa que les decía; y a nivel profesional, tanto por la experiencia como por algo de networking que hice ;).

En una ruta guiada hay que tener una serie de cosas muy en cuenta:

  • Una buena preparación previa, tanto de campo como de conocimientos, pues te van a preguntar muchas cosas.
  • Saber adaptarse al nivel de la gente a la que vas a guiar, no pecando con los tecnicismo ni por exceso ni por defecto.
  • Ser muy cordial y educado, y siempre atento a las dudas que tenga cualquiera de los visitantes.
  • Saber adaptarte sobre la marcha a los imprevistos que puedan surgir (como el enorme retraso que acumulamos en la primera parte de la ruta).
  • Cuida tu marca personal ???? En una de estas rutas siempre puedes conocer a alguien importante. Sé tú mismo y lleva siempre contigo unas cuantas tarjetas, por si tienes que entregar alguna (yo di tres).
  • Disfruta con lo que haces y seguro que harás disfrutar a los demás.

Y de momento esto es todo. Este es mi propio resumen de la visita, desde un punto de visto del guía. ¿Qué te ha parecido? ¿Tienes experiencia como guía de naturaleza? ¿Cuáles son tus trucos para que una visita salga perfecta? ¿Qué más cosas añadirías al post? Anímate y participa. Entre todos aprendemos mucho más 😉

* La primera foto empleada en este artículo es también propiedad de Lourdes Torres.

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Un día haciendo transecto de mamíferos

21/01/2016 by Bichólogo 14 comentarios

Todo biólogo de campo que se quiera dedicar al ámbito de la consultoría ambiental debería estar familiarizado con las distintas metodologías de censo: puntos de observación, fototrampeo, o distintos tipos de transectos, entre otras muchas.

El estudio de mamíferos es complicado, ya que son animales muy esquivos y a menudo con hábitos crepusculares, si no totalmente nocturnos. Esto hace muy difícil la observación directa de estos animales, por lo que la mayor parte de las veces tendrás que guiarte por indicios de su presencia o por rastros.

Un día haciendo transectos de mamíferos

Poniéndote al día con los rastros

Lo primero que necesitas conocer qué animales tienes que censar o monitorizar. La variedad de mamíferos es amplia, así como los posibles rastros que pueden dejar. Por ello es muy importante que aprendas a distinguirlos desde el principio.

Según la especie que sea dejará unas determinadas huellas, un tipo de excremento y, en ocasiones, otros indicios de su paso por allí.  Hay que ser capaz de diferenciarlo de especies similares. Pero te aviso que no será fácil. La huella o el excremento ideal rara vez se ven, con lo que no sólo deberás tenerlo en mente, sino también aprender cómo varía.

Y es que los excrementos de los mamíferos pueden variar mucho en tamaño, según la talla del animal, en forma, según cómo y dónde lo haya depositado, o incluso en función de la dieta, que a su vez puede ir cambiando a lo largo del año. Y respecto a la huella, dependerá del sustrato, de la forma de pisar, de la humedad… Vamos, que si crees que memorizando unas cuantas fotos lo tienes controlado estás muy equivocado 😛

Para aprender sobre rastros no hay nada mejor que la experiencia. Hay mucho material por internet que te permite familiarizarte con lo básico, pero la mejor forma de aprender es en el campo. Para ello tienes dos opciones: ir por tu cuenta con alguien que controle del tema y te pueda ir solucionando las dudas (que las tendrás y muchas) o bien hacer un curso de rastros.  Estos cursos normalmente duran varios días y tienen una parte teórica y otra práctica. Si no ofrecen parte práctica, ni te lo plantees.

Los transectos

Para censar mamíferos o monitorizar sus poblaciones lo normal es realizar transectos a pie. La metodología variará mucho en función de si sólo quieres detectar presencia-ausencia, si quieres hacer un seguimiento a nivel comparativo de cómo fluctúan las poblaciones o si quieres obtener una estimación real de la población.

Lo más sencillo, y en lo que yo tengo más experiencia, es en hacer un seguimiento de las poblaciones a nivel comparativo. Se calculan unas densidades relativas cada mes y se van comparando. No se puede obtener un valor absoluto (o al menos no de forma fiable) pero se puede observar cómo fluctúa la población.

Lo primero es distribuir los transectos por el área de estudio, de forma más o menos uniforme y al azar (a no ser que quieras muestrear un hábitat o alguna especie en concreto). Si no conoces la zona, lo normal es hacerlo sobre un plano y, una vez en el sitio, se realizan los transectos por primera vez y se van haciendo las modificaciones necesarias. Dependiendo de la calidad de los mapas o de las ortofotos, a veces puede ser muy fácil confundir un camino con un cortafuegos o incluso con una carretera 😛

Es importante que la misma persona, en la medida de lo posible, realice los mismos transectos, ya que así evitamos las diferencias debidas a distintos observadores. Además, también hay que tratar de mantener un esfuerzo constante, esto es, que se realicen los transectos siempre con la misma frecuencia, dando las mismas pasadas. Si un día lo recorres en un sentido y al siguiente lo recorres en ambos sentidos estás doblando el esfuerzo, y es probable que encuentres más excrementos, con lo cual los resultados no son comparables.

Indicios de oso
No sólo puedes encontrarte huellas y excrementos, sino también otros signos de su presencia, como estos arañazos de oso en un árbol en el Parque Nacional de Picos de Europa 😉

También es vital mantener siempre una misma metodología: si los transectos son a pie, no hacerlos una vez a pie, otras en coche… O si los transectos los realiza una persona, no hacerlos otro día con dos (cuatro ojos ven más que dos, también estarías doblando el esfuerzo).

El equipo

Lo principal es llevar una ropa adecuada y suficiente, así como un calzado cómodo y resistente. Ten en cuenta que a veces tendrás que recorrer zonas aisladas, donde puedes estar expuestos a la lluvia, al viento o a cambios bruscos en el clima. Siempre es bueno llevar alguna prenda impermeable y algún gorro para protegerte del sol. Y crema solar, si no quieres terminar rojo como un tomate. Aunque parezca que no hace tanto calor en verano no deberías ir al campo sin ella (te lo digo por experiencia :P).

Es fundamental llevar agua suficiente, especialmente durante el verano. Según la metodología, los transectos pueden ser de varios kilómetros, así que no querrás sufrir de deshidratación. Lleva también algo de comer si vas a pasar mucho tiempo fuera. Y cuidado con eso de toquetear excrementos y luego pasar directamente a comerte el bocadillo 😉 😛

Imprescindible el cuaderno de notas y un lápiz o bolígrafo (según preferencias). Lleva siempre que puedas un GPS de mano. No sólo podrás cargar la cartografía y los transectos a realizar, sino que te servirá para georeferencias los excrementos cuando tengas que hacerlo y te será muy útil en caso de que te pierdas en una zona que no conozcas mucho. También un material básico para toma de muestras, así como todo el equipo de seguridad que exija el trabajo en cuestión.

La cámara de fotos también es importante. Muy útil tomar fotos de cada transecto, de cara a futuros informes, así como de algunos de los excrementos o de cualquier cosa destacable que te puedas encontrar. A mí, personalmente, me encanta la fotografía, así que siempre solía ir cargado con mi cámara personal 😛

Y hablando de material óptico, unos buenos prismáticos te vendrán muy bien. Lo mismo y si tienes suerte ves alguno de esos mamíferos que llevan esquivándote durante todo el transecto 😉

Cuando encuentras un rastro

Cuando al fin descubres esa huella, esas rascaduras o ese excremento que estabas buscando… ¿qué haces? Pues una vez más depende de las características del proyecto. Por supuesto necesitarás la libreta para tomar notas 😉 Normalmente también podrás georeferenciarlo usando un GPS de mano y quizás quieras hacerle una foto. Para ello cuenta siempre en tu equipo con una pequeña regla (unos 15 cm suelen ser suficientes) para colocarla junto al indicio al hacer la fotografía. De esta manera tendrás una referencia de tamaño y podrás comparar distintas fotos en caso que necesites consultarlas.

Huella de conejo
Una huella de zorro. Gracias a la regla puedes hacerte una idea del tamaño cuando la imagen está descontextualizada 😉

En ocasiones será necesario tomar una muestra del excremento para realizar posteriores análisis, como puede una identificación de la especie o del género por medio de la genética. Para ello debes contar con el equipo adecuado: guantes de látex, unas pinzas, una mascarilla, algún bote de muestras y algún conservante. La mayoría de las veces se puede usar alcohol, pero hay que tener presente cada especie y el tipo de análisis al que lo vas a someter después.

Todo este proceso no será necesario con cada excremento. A menudo sólo necesitarás tomar fotos de aquellos rastros que sean más escasos o menos abundantes, para tenerlo como futura referencia. O para hacerte una pequeña base de datos fotográfica que luego usarás cuando redactes los correspondientes informes. Que luego uno siempre echa en falta las fotos cuando las necesita.

La experiencia es un grado

Si eres inexperto, lo mejor es que al principio te acompañe alguien. A menudo te encontrarás huellas o excrementos que no sabrás reconocer, así que la ayuda de alguien con más experiencia te puede resultar muy útil. Pero no desesperes… Siempre habrá algún excremento o alguna huella que no sabrás reconocer. Da igual la experiencia que tengas. En ocasiones es imposible saber a qué animal corresponde un determinado excremento a menos que le hayas visto depositarlo 😛

La curva de aprendizaje es muy rápida, y enseguida estarás controlando los principales tipos de rastros. Aquellos animales que estén presentes en muy baja densidad dejarán muy pocos indicios, así que sólo podrás ir adquiriendo experiencia con el trabajo de diario.

Lleva siempre contigo una guía de rastros, aunque sea básica, que siempre te puede sacar de un apuro, especialmente si estás trabajando con especies con la que no estás muy familiarizado.

Lo mejor de este trabajo

Sin duda son las zonas en las que te mueves. Cuando trabajaba en Portugal me gustaba encontrarme en medio de la naturaleza. Aún siendo una zona bastante humanizada conservaba algunos rincones absolutamente espectaculares. Si te gusta la fotografía seguramente podrás sacar alguna buena instantánea.

Además, siempre que pasas largo tiempo en el campo tienes la oportunidad de encontrarte con fauna que de otra manera no sería posible. Aún recuerdo el primer corzo que vi, mientras terminaba de comer un bocadillo entre transecto y transecto. Sonidos de ramas rotas, movimiento en la ladera de la montaña. Me quedo quieto. Y un precioso macho de corzo (Capreolus capreolus) cruzó el camino a escaso 10 metros de mí. Se detuvo un instante, mirándome, y apresuró un tanto el paso para volver a perderse en el bosque. Simplemente fantástico.

Paisaje
Lo bueno de hacer transectos es tener la oportunidad de recorrer senderos con paisajes tan espectaculares como éste 😉

Lo peor de este trabajo

Son muchas horas de trabajo. Normalmente tienes que hacer varios transectos a lo largo del día, lo que puede resultar agotador. En los días más intensos me llegaba a hacer 24 kilómetros por caminos de montaña. Pero aparte de la caminata seguramente tengas que coger el coche de un sitio a otro, por caminos de cabras que harán sufrir los amortiguadores de tu coche 😛

Además serán muchos kilómetros por senderos a veces escarpados, donde es fácil tropezar y torcerse el tobillo. O tener algún desagradable encuentro con la fauna local. Y no me refiero sólo a fauna salvaje, que según en que zona puede ser peligrosa, sino también a perros asilvestrados, muy comunes en la zona donde yo trabajaba y que iba en pequeñas manadas de hasta 5 ó 6 individuos. Normalmente basta con mantener la calma y mantenerse firme, se suelen asustar ellos antes que tú. Pero a veces acojona 😛

Y hasta aquí llega el post de hoy. Y como siempre, me gustaría conocer tu opinión. ¿Has realizado algún transecto alguna vez? ¿Cómo fue la experiencia? Cuéntamelo en los comentarios o en las redes sociales 😉

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Publicado en: Un día de trabajo Etiquetado como: biología, biólogo, campo, censos, fauna, mamíferos, transectos

Un día buscando desmán ibérico

17/09/2015 by Bichólogo 8 comentarios

Hoy te contaré un poco sobre la metodología de trabajo con este curioso mamífero. Al tratarse de un animal con hábitos acuáticos la metodología de muestreo es algo peculiar y se basa en encontrar sus excrementos entre las rocas del río. Pero antes de nada tengo que presentarte al protagonista de este post.

Haciendo censos de desmán ibérico

El desmán ibérico

El desmán ibérico o Galemys pyrenaicus es una micromamífero de la familia Talpidae, grupo al que pertenecen los topos, por ejemplo. Su distribución se encuentra restringida a la Península Ibérica, en los Pirineos, la cornisa cantábrica, norte de Portugal y a lo largo del Sistema Central.

De hábitos acuáticos, se alimenta de pequeños crustáceos y larvas acuáticas principalmente, aunque también pueden depredar lombrices. A pesar de que la especie fue descrita en 1811 se desconoce buena parte de su ecología y su biología. La especie se encuentra catalogada como vulnerable según la UICN.

Metodología

Últimamente he tenido la suerte de trabajar en el LIFE+ Desmania en Castilla y León, lo que me ha permitido echarles muchas muchas horas a esto de buscar desmán. Además, también trabajé en esto mismo en el norte de Portugal, y alguna vez en Galicia. Estos estudios  se realizan mediante la búsqueda de excrementos de desmán en su hábitat, o lo que es lo mismo, en medio del río. Así que, como imaginarás, no es algo precisamente sencillo. Por eso voy a contarte, paso a paso, en qué consiste este tipo de muestreo.

1. Seleccionando las áreas

Para encontrar desmán hay que buscar las zonas que son propicias para estos animales. De entrada, tiene que ser un río. Tradicionalmente, se creía que el desmán sólo habitaba en ríos de montaña, con aguas rápidas, frías y limpias, donde abundan los tricópteros y plecópteros, Sin embargo, hoy en día se han encontrado desmanes en ríos muy distintos, con muy distintas condiciones y agua de muy distinta calidad.

Pero hay claves generales que nos ayudan a seleccionar los mejores sitios para muestrear:

  1. Zonas de rompientes, con abundantes rocas: para poder encontrar excrementos necesitamos rocas. Estos animales cazan buceando en las aguas, y de cuando en cuando, salen del agua, situándose en pequeñas agujeros entre rocas, donde se sienten seguros de los depredadores. Allí se asean y dejan algún «regalito». Por eso es imprescindible que haya rocas. Aunque haya desmán, si no hay rocas, será imposible encontrar sus excrementos.
  2. Aguas rápidas: según parece, este animalillo tiene preferencias por zonas de corrientes rápidas alternadas con pozas y remansos.
  3. Abundante refugio: es una condición importante, ya que son muchas las especies que depredan sobre el desmán: rapaces, nutrias, visones… Es un plato apetecible, así que sus territorios deben estar bien provistos de zonas seguras donde acicalarse, refugiarse y criar.
  4. Buenos accesos: esto es más una cuestión de pragmatismo y de ser prácticos. Cuando se trata de hacer centenares de puntos de muestreo es importante poder aprovechar bien el tiempo. Si inviertes todo un día en llegar a un punto, no compensa. Pero ojo, en ocasiones hay puntos en los que, por su especial interés, habrá que invertir varias horas por su difícil acceso. Pero todo lo que se pueda facilitar, mejor 😉
Senda rocosa para muestrar
Como ves, no siempre es sencillo llegar a los puntos o el tramo muestreado en sí. Pero… ¿y lo que mola? 😉 La foto me la ha cedido amablemente Ángel Fernández.

Normalmente estos emplazamientos se sitúan a ojo de buen cubero mediante algún programa de GIS para la planificación. Luego ya, sobre el terreno, se irán modificando en función de las características del terreno, ya que no siempre lo que se ve en la ortofoto tiene que ver con lo que uno se encuentra in situ.

2. Familiarizándose con el objeto de búsqueda

Como ya he dicho, se trata de un mamífero acuático, por lo que hay que buscarlo en los ríos, preferiblemente en zonas rocosas, con sucesiones de rápidos y pozas remansadas. Pero lo importante de esto, y con lo que hay que familiarizarse más, no es el bichejo en sí.

Hombre, si viésemos a un desmán buceando alegremente en busca de sus presas, ya podemos decir que hay desmán en ese tramo. Pero como son muy esquivos y difíciles de ver (no por lo feo, que también, sino por lo elusivo) pues tendremos que buscar otros indicios de su presencia: excrementos 😛 Porque eso, y no otra cosa, es lo que vamos a buscar.

Excremento de desmán ibérico sobre una piedra
Y este será el oscuro (y pestilente) objeto de deseo por el que harás muestreos de desmán. La foto no es demasiado buena, pero es complicado meter la cámara en alguno de los lugares donde suele cagar el susodicho 😛

¿Y cómo reconocerlo? Pues con práctica. Con mucha práctica. Pero voy a darte algunas pautas:

  1. Morfología: el excremento característico y fresco tiene forma alargada y presenta una serie de encadenamientos, a modo de morcillas, que lo diferencian de otros restos dejados por otros animales, como pueden ser el musgaño de cabrera (Neomys anomalus). Sin embargo, esta morfología puede ser muy variable y cambiar en función del grado de degradación del excremento.
  2. Tamaño: de algo más de un centímetro. Sensiblemente más grande que el de musgaño de Cabrera, que ocupa un nicho ecológico similar y se encuentran juntos a menudo.
  3. Tacto: al estar recubierto de una especie de moco denso, el tacto es untuoso, oleoso. Cuando es fresco, si se presiona, no se disgrega. No se aprecian restos visibles de sus presas.
  4. Aroma: sí, mucho me temo que es una de los caracteres distintivos más característicos. Posee un aroma intenso a… bueno, cada uno lo define de una forma 😛 Pero es algo así como a  gambas podridas 😛 Lo cierto es que una vez que hueles el primero ya no lo olvidas 😉
  5. Tinción: cuando se sumerge en alcohol para conservarlo lo tiñe fuertemente de un tono amarillo, aunque puede variar hasta el naranja o el verde. También es un carácter diagnóstico importante.
  6. Presencia de gusanos: parece ser que algunas larvas tienen querencia por este tipo de excrementos. No es exclusivo del desmán, pero si bastante común en algunas zonas.

Además, el excremento puede aparecer aislado o en letrinas más o menos grandes (desde un par de excrementos a una buena cantidad de ellos, apelotonados unos encima de otros). Sin embargo,  es difícil encontrar el «excremento perfecto», ya que el tiempo que haya transcurrido desde que lo expulsó el animal, la temperatura ambiental, las salpicaduras de agua o la presencia de gusanos pueden alterarlos. Aunque no cumpla todos los indicadores puede ser un excremento de desmán. Pero incluso cumpliéndolos, la única forma incontestable de averiguarlo es mediante análisis genéticos o por medio de la presencia de pelos de desmán que ingiriese durante el acicalamiento.

3. Paseando por el río

El siguiente paso, como reza el dicho: «quien quiera peces, que se moje el culo». O lo que es lo mismo, toca meterse en el río. Para los que no lo hayan hecho nunca, andar por el río es complicado. Muy complicado. De entrada hay que llevar un calzado adecuado. Y vadeador.

Algunos modelos de vadeadores de neopreno incluyen botas de goma, que pueden ser muy resbaladizas cuando hay algo de limo o de algas sobre las rocas. Otros modelos de gore-tex llevan un escarpín de neopreno incoporado y usan botas externas específicas. Estas botas, aparte de agujeros para desaguar, llevan un fieltro en la suela, así como unos clavos, para evitar deslizamientos indeseados sobre las rocas. Seguramente haya más modelos de vadeadores, pero son los que yo he usado.

Hay que tener cuidado con la fuerza de la corriente, ya que incluso llegando por debajo de la cintura puede no sólo impedirte casi avanzar, sino tirarte y que acabes empapado, como poco. ¡No te fíes!

Normalmente se realizan transectos de unos 200 m, ya que algunos estudios previos han demostrado que en esa distancia, cuando hay excrementos, aparecen la mayor parte de ellos. Recorridos más largos te harían malgastar tiempo, mientras que andando menos distancia corres el riesgo de no encontrar nada si la densidad es baja.

Sin embargo, como en todos los muestreos, cuando encontramos indicios de su presencia, sabemos que hay desmán; pero cuando no se encuentran no se puede excluir tajantemente, ya que podría haber en baja densidad. Por ello los transectos suelen repetirse en máximo estiaje y en  época invernal.

Los mejores lugares para encontrar excrementos son las rocas situadas en alguna concavidad protegida, bien por ramas o bien por otra roca o rocas de mayor tamaño. Muchas veces están en lo más hondo de un hueco, sobre la piedra donde apenas llegas con la mano. Tocará agacharse, ponerse de rodillas, usar palos y otras herramientas… 😛 Lo que dicte la imaginación y la elasticidad de cada uno 😉

Los excrementos situados en rocas del centro del río, rodeadas completamente de agua, tienen más probabilidades de que sea desmán, ya que pocos animales con excrementos similares tienen los mismos hábitos. En la orilla es más probable encontrar excrementos de rata de agua (Arvicola sapidus), musgaño, rata (Rattus rattus o R. norvergicus) o incluso pájaros y reptiles, que si se encuentran algo lavados por el agua pueden tener un aspecto similar a los de desmán. Eso sí, siento decirte de nuevo que no es una regla infalible 😉  Y que también tendrás que buscar en las orillas 😛

4. Guardando las muestras

Las muestras que tomes las guardarás en eppendorfs llenos de alcohol etílico, para preservarlas y evitar la degradación del ADN. Como ya te comenté, la mejor forma de asegurarse de que efectivamente son excrementos de desmán es mediante análisis genético. Por ello, y aunque existen marcadores específicos de desmán, es conveniente coger los excrementos con pinzas, para evitar la contaminación. Aunque con esos marcadores y con las técnicas genéticas actuales, aunque esté contaminado con ADN humano si es de desmán, lo sabremos 😉

Muestras de excrementos de desmán ibérico
Un par de botecitos con excrementos de posible desmán. Se ven esas «morcillitas», mantienen la estructura (no se deshacen en el alcohol) y tiñe maravillosamente. Y apestaban 😛 Sin embargo, y aunque es casi seguro que era desmán, hasta la prueba genética no se puede asegurar

Los botes se cerrarán convenientemente y se etiquetarán con un identificador único (en nuestro caso funcionaban muy bien las etiquetas hechas con impresora láser, que es el elemento rectangular que se ve dentro de los botes). No olvides asociar cada identificador con el punto de muestreo. Posteriormente, las muestras se almacenarán en una nevera en frío (sin congelar). Y después, al laboratorio 😉

Otras consideraciones

Si el muestreo es para ver presencia o ausencia, con encontrar un excremento 100% seguro (análisis de ADN incluido) se daría por confirmado. Para hacer estimas de densidad, habría que hacerlo mediante identificación individual de ADN (posible pero bastante caro) o mediante trampeo con nasas. Se pueden hacer estimas relativas en función de la cantidad de excrementos encontrados, pero grosso modo, para ver si hay más o menos que en otros sitios. Pero es imposible atinar a nivel de individuos así.

Mencioné que también se pueden reconocer los pelos del desmán en sus excrementos. Los pelos más largos del desmán tienen una forma característica, un ensanchamiento a modo de punta de lanza que resulta inconfundible. Por ellos, las muestras más antiguas o peor conservadas se suelen usar para buscar pelos, ya que el ADN suele estar en mucho peor estado.

Pero también se pueden encontrar pelos en excrementos de nutria. Este depredador generalista también come desmán siempre que puede. Y cuando lo come, lo caga (pelos incluidos). Así que una excremento de nutria que contenga pelo se puede recoger para buscar desmán. La nutria se puede mover varios kilómetros en poco tiempo, así que no implica que haya desmán justo donde se encontró el excremento, pero al menos se sabe que está cerca.

Un río con abundante piedra
Lo bueno de este trabajo es que te permite recorrer rincones espectaculares. ¿Cuánta gente acude a trabajar a una «oficina» como ésta? 😉

Y hasta aquí una breve introducción a cómo se realizan los muestreos de este curioso animal. La experiencia es importante a la hora de identificar tanto los excrementos como los mejores lugares donde buscarlos. Pero el arma principal es la paciencia 😛

¿Tú has realizado algún muestro de este tipo alguna vez? ¿Qué te pareció? ¿Has trabajado con alguna especie con hábitos similares? ¡Cuéntanos tu experiencia en los comentarios!

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Publicado en: Un día de trabajo Etiquetado como: desmán ibérico, excrementos, metodología, muestreo

Un día de técnico de investigación en Suecia

20/08/2015 by Bichólogo 8 comentarios

Ya te comenté que la de técnico de campo es una de las posibles salidas laborales que tiene nuestra carrera. En nuestro país, dado el tejido investigador y la precariedad del trabajo científico, es casi imposible vivir de técnico de investigación, ya que suelen ser puestos temporales asociados a proyectos.

Mi experiencia como asistente de campo en un proyecto en la isla de Öland (Suecia)

Sin embargo, en otros países es una opción totalmente válida. En cualquier caso, siempre es una buena opción para sacarte algún dinero, adquirir experiencia y trabajar en el ámbito de la investigación sin el compromiso que conlleva una tesis doctoral y la posterior carrera académica.

Así que hoy te voy a contar mi experiencia como técnico de investigación en la isla sueca de Öland: cómo conseguí el trabajo, en qué consistía y cómo lo aproveché en todos los aspectos.

La entrevista

Una vez más, los contactos tuvieron un papel fundamental a la hora de conseguir el trabajo. Mi colega el Bioblogo me comentó que se iba un mes a Öland (que por aquel entonces no sabía ni donde estaba). Pagaban bien, mucho trabajo de campo y era con pajarillos, un estudio a largo plazo de las poblaciones de papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) y collarino (F. albicollis) que la Universidad de Uppsala estaba monitorizando desde hacía varios años dentro del proyecto Flycatcher.

Como no podía pintar mejor, le dije que si había hueco y me presentó por correo electrónico a la encargada de la contratación. Algo de charla sobre mi experiencia, mi currículo en pdf y ya tenía una entrevista por Skype apalabrada. Menos mal que siempre me gustó el inglés y lo practico siempre que puedo, porque la entrevista era en el idioma de Shakespeare, a pesar de que la chica era canadiense y yo español 😛

Me explicó en qué consistiría el trabajo: revisar varios centenares de cajas nidos, hacer algunos experimentos comportamentales, anillar pollos de papamoscas de ambas especies y quizás tomarles muestras de sangre. Algo para lo que yo, como me dijeron, estaba sobrecualificado. Pero pagaban muy bien (viaje, estancia y vacuna incluidos) y yo estaba en paro y deseando viajar, así que el combo era perfecto para los siguientes dos meses.

Preparando el viaje

On the road
Hay que ver lo que me gusta un viaje, sea donde sea. La foto la tomé (de copiloto) mientras cruzábamos desde la isla de Öland al continente por medio del puente que los une

Una de las primeras cosas que hice fue enterarme de qué estaban trabajando. Durante la entrevista y posteriores emails organizativos les pregunté si podrían enviarme algunos papers relacionados con lo que estaban haciendo allí. Ya que iba a estar trabajando en un proyecto, aunque fuera de técnico, quería saber qué se cocía. Siempre que puedas, prepárate para cualquier trabajo. El interés y la iniciativa siempre son muy bien valorados por los jefes 😉

Después tuve que pasarme a hacer algunas compras, pues dado que el trabajo se realizaría entre los meses de abril a junio en Suecia, la temperatura podría ser fresca, especialmente a primeras horas de la mañana. Así que renové algo del equipo que siempre suelo utilizar para ir al campo. También me puse la vacuna contra la encefalitis centroeuropea, pues Öland está en el límite de distribución y la isla está llena de garrapatas, el principal vector de la enfermedad. Así que no era plan de correr riesgos 😉 Ah, y también me llevé una buena provisión de repelente de mosquitos, que allí son como vampiros sedientos de sangre 😛

El trabajo propiamente dicho

Mis actividades eran tan entretenidas y variadas como agotadoras. Las jornadas de campo eran extenuantes y maratonianas. En ocasiones teníamos que levantarnos a las 3 o las 4 de la madrugada y trabajábamos hasta por la tarde. Sin embargo, pocas veces me sentí realmente cansado. Es más, alguna vez incluso me mandaron a la cama a descansar, aunque por mí hubiese seguido un rato más anillando pollos o capturando adultos 😛

No sólo me encargaba de las labores típicaseso sino que, dado que tenía mucha experiencia  tomando muestras de sangre y manipulando paseriformes, estuve colaborando activamente en un estudio sobre respuesta al estrés, que requería una rápida manipulación y toma de sangre de los individuos en el menor tiempo posible (batí el record de tiempo mínimo de manejo de esa temporada… dos veces :P).

Además, había que tomar una muestra de sangre justo después de la captura y otra transcurrido un tiempo, así que debíamos extraer sangre de ambas alas. El hecho de ser zurdo se convirtió en una inesperada ventaja, puesto que cuando teníamos varios animales a la vez, nos los intercambiábamos para así poder sacar siempre sangre con la mano buena 😛 Las muestras se tomaban mediante una pequeña punción en la vena braquial y se almacenaban en tarjetas FTA, preparadas al efecto. Esto requiere una menor cantidad de sangre y son más fáciles de guardar y preservar que los eppendorfs.

Caja-nido en medio del bosque
Encontrar estas cajas-nido no era sencillo, especialmente al principio. Estaban colocas en filas más o menos ordenadas, pero los bosques eran muy cerrados, y aunque llevábamos mapas con la localización aproximada de las cajas, muchas estaban caídas, movidas o, simplemente, eran difíciles de localizar. Es facilísimo desorientarse en un bosque denso, donde todos los árboles parecen iguales.

Buena parte del tiempo lo dedicábamos a la revisión periódica de las cajas nidos. Por toda la isla había repartidas varios grupos de cajas nidos (miles de ellas). Nos dividíamos el terreno entre todos y teníamos que abrir cada caja, anotar si estaba habitada o no, si el nido estaba en construcción, el tipo de nido (si era de nuestras especies objetivo o no) y, una vez comenzada la reproducción, el número de huevos y, en su caso, el número de pollos eclosionados. Para evitar molestias innecesarias a las aves, una vez iniciada la reproducción, se minizaban las visitas a dichos nidos, de modo que pudiésemos conseguir la fecha de eclosión, y el número de pollos con el menor número de visitas posibles.

Una vez que los pollos habían alcanzado edad suficiente les colocábamos una anilla metálica numerada y tomábamos algunas medidas corporales y una pequeña muestra de sangre. Todo con el máximo cuidado y con la menor manipulación posible, ya que los pollos son mucho más delicados que los adultos. Cuando estaba previsto, también se intercambiaban pollos entre nidos para realizar estudios de cross-fostering.

De vez en cuando teníamos que hacer una serie de estudios comportamentales, que básicamente consistían en colocar junto al nido modelos en madera de machos de la misma o de distinta especie junto a un reclamo grabado, para ver las reacciones del dueño del nido. Para ello disponíamos una cámara sobre un trípode y la dejábamos grabando durante un tiempo determinado. También se llevaron a cabo otros experimentos con modelos de depredadores o con elementos extraños (como un pez de colores e incluso un pitufo), para tratar de determinar qué es lo que disparaba la respuesta agresiva del dueño del nido.

Material para anillar pollos
Así distribuía mi «oficina portátil» allá donde tuviese que anillar pollos. Desde bolsas de cartón rellenas de algodón a modo de nido provisional, hasta alicates, agujas para sangre, tarjetas de muestras, ristras de anillas y un botecito para meter las agujas y capilares usados 😛 Un equipo de lo más completo 😉

Finalmente, también se capturaban los adultos, se tomaban toda una batería de medidas corporales, se sexaban, se les tomaba una muestra de sangre y se averiguaba a qué nido pertenecían, de modo que se pudiese asignar a cada pollo cuáles eran sus padres y en qué nido se había desarrollado. Una completísima y valiosa base de datos que también teníamos que ir alimentando diariamente con los resultados obtenidos esa misma jornada, de modo que no se perdiese dato alguno.

Tiempo para el ocio

Pero no sólo de trabajo vive el técnico de campo. Al final siempre hay tiempo para todo. Empezando por las cenas, que íbamos preparando por parejas, con variedades veganas y vegetarianas (la verdad es que comíamos poquísima carne). ¡Qué buenas cenas!

Leyendo al sol
Hasta en plena temporada de campo siempre había un rato para sentarse al sol y leer un poco 😉

También tuve la oportunidad de salir a hacer algo de birdwatching, pues algunos de los que pasaron por allí esos dos meses eran auténticos expertos en el reconocimiento de aves. Durante el tiempo que estuve en Öland, mi lista de aves avistadas creció como la espuma con algunos ejemplares que es imposible ver en España. Con frecuencia, una vez acabado el trabajo de campo y antes de que se echase la noche, salíamos a disfrutar de la variada avifauna, ya que Öland es una zona privilegiada, donde birdwatchers de todo el mundo se reúnen para ver aves en paso. Aunque también pude disfrutar de las focas que se veían en el extremo sur de la isla, en el observatorio de aves de Ottenby. ¡Y hasta vi un alce, que no son raros en Öland!

También visité algunas restos que atestiguan el pasado vikingo de la isla, como las Astillas de Odín. O el impresionante bosque de los trolls, situado en la parte norte de la isla. Un bosque milenario donde uno no se extraña de que surgiesen todas aquellas leyendas que pueblan la mitología nórdica. Un lugar prácticamente mágico.

Campo de amapolas
Una de las estampas típicas de Öland, los molinos de viento. Y cuando florecían las amapolas los campos estaba espectaculares 😉

¿Qué me traje de Öland? Pues una experiencia inolvidable a nivel personal y curricular, algunos buenos amigos, un puñado de buenas fotos, algo de dinero en el bolsillo y muchas historias que contar. A algunos de estos amigos seguramente los veré pronto con motivo del European Ornithologist Union 2015 aquí en mi tierra. ¿Qué más se le puede pedir a un trabajo? 😉

Ahora te toca a ti contarnos cuál ha sido tu experiencia como técnico de campo 😉 ¿Has probado alguna vez esta salida laboral? ¿Qué te ha parecido? ¿Trabajaste en España o en extranjero? ¡Te espero en los comentarios o por las redes sociales!

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