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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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esperma

Un día analizando muestras de esperma de aves

12/01/2017 by Bichólogo 6 comentarios

Ésta es, con diferencia, una de las cosas que he hecho a lo largo de mi trabajo como biólogo que más suele llamar la atención de la gente. Y es que dedicarse a recolectar, analizar y medir muestras de esperma de paseriformes no es una labor que se puede llamar común 😛 Por eso hoy te voy a contar uno de mis días trabajando en este área tan poco conocida como fascinante: la competencia espermática en aves.

Metodología de análisis de muestras de esperma de aves

¿Cómo se llega a trabajar en eso?

Pues casi por azar. En el grupo de investigación donde yo trabajaba como becario predoctoral en la Universidad de Extremadura comenzaron a colaborar en estudios de competencia espermática. Así, durante algunas sesiones de anillamiento, donde normalmente tomábamos muestras de sangre, además de hacer algunos experimentos comportamentales, tuvimos también que tomar muestras de esperma de las distintas especies que íbamos capturando.

Conforme continuaba la colaboración, se adquirió un microscopio óptico preparada para poder hacer medidas morfológicas del esperma. Sin embargo, ninguno de los que integrábamos el grupo por aquel entonces teníamos experiencia en su manejo ni en la técnica necesaria para analizar la muestras y tomar las medidas correctamente. Hasta entonces, nuestro trabajo se había reducido a tomar muestras durante nuestros propios trabajos y proyectos.

Dado que por aquel entonces yo estaba trabajando en mi tesis doctoral, decidí junto con nuestro supervisor que realizaría una estancia breve en Oslo, en el Museo de Historia Natural, donde hay un grupo de investigación muy activo con amplia experiencia en la materia. De esta forma podría aprender la técnica y luego aplicarla en nuestros propios estudios y con nuestro propio material. Y dicho y hecho, partí para pasar los dos meses de invierno más crudo en Noruega 😛

Tomando las muestras

La técnica es tan sencilla como sorprendente y estoy seguro de que no se aleja mucho de lo que estás pensando 😛 En primera lugar hay que colocar al ave en una postura cómoda, sujetándola con una sola mano, de tal forma que esté inmovilizada, con las patas sujetas y puedas apoyar el pulgar sobre la cloaca del animal. Con la mano libre, colocas el pulgar y el índice junto a la cloaca y con esos tres dedos realizas un suave masaje en la zona.

Hay que tener cuidado con no ejercer demasiada presión para no herir al animal y mantener un ritmo constante, hasta que se produzca la eyaculación. Entonces se toma una pequeña muestra con un microcapilar  y se mezcla en una disolución de fomaldehído específica para fijar la muestra y evitar que los espermatozoides se peguen unos a otros formando grandes conglomerados que hacen casi imposible su conteo y medición.

Como supondrás, las jornadas de toma de muestras daban para un montón de chistes, especialmente cuando algún pajarillo avezado volvía a caer por segunda vez en la red. Personalmente, no he realizado muchas tomas de muestra por mí mismo, más allá de aprender la técnica, sino que trabajé analizando muestras que teníamos ya recogidas de España y con otras, para mí más interesantes, procedentes de golondrinas (Hirundo rustica) de Chernobyl. Como puedes ver, y a pesar de ser un estancia breve destinada a aprender una determinada técnica, resultó ser muy provechosa a nivel de publicaciones 😉

En el laboratorio

Yo siempre me he considerado un biólogo de bota, pero aunque uno se dedique al trabajo de campo casi siempre hay más o menos cantidad de trabajo de laboratorio. No se trata de compartimentos estancos, sino más bien al contrario, complementarios. Y que deberás equilibrar en función de tus gustos y los requerimientos de tu proyecto.

Una vez teníamos las muestras fijadas y bien conservadas tocaba el que iba a suponer el grueso del trabajo. Por un lado, había que preparar los «frotis» de esperma, de modo que pudiésemos observarlos correctamente al microscopio. Al contrario que con otros tejidos, en este caso no necesitamos una tinción o un contraste, sino que son fácilmente observables sin un tratamiento previo específico.

Aún así, el proceso de preparación de las muestras es largo y laborioso. Primero hay que tomar unos pocos microlitros con un micropipeta y extenderlos pacientemente en una serie de líneas paralelas a lo largo del eje mayor del portaobjetos. De esta forma nos aseguramos de cubrir una buena parte de la superficie con una capa fina, de modo que los espermatozoides, muy abundantes en las muestras, no se superpongan y se pueden identificar individualmente con facilidad.

Una vez hecho esto se dejaba secar y fijar al aire durante algunas horas. Al evaporarse el formaldehído, los espermatozoides quedaban adheridos al cristal. Para eliminar las sales y otros restos que quedan en el portaobjetos se lavaba cuidadosamente con agua destilada y se dejaba secar al aire de nuevo. Una vez evaporada el agua ya se puede pasar al examen microscópico 😉

En el microscopio

El primera paso solía ser revisar los frotis en un microscopio óptico ordinario a 40 aumentos simplemente para ver si se apreciaban espermatozoides en la muestra o no. Y es que, dado que en la cloaca de las aves confluyen las heces y el esperma, no siempre es fácil saber qué es lo que realmente hay en la muestra que acabas de tomar. Por eso, se examinaban las muestras buscando la presencia de esperma. Si se encontraba, se pasaba a la siguiente etapa. Si no, se volvía a repetir el frotis y, si de nuevo no aparecían espermatozoides, se desechaba esa muestra.

Espermatozoides a 200 aumentos
Una de las múltiples microfotografías que analicé para el estudio sobre paseriformes de Chernobyl. En ella se pueden apreciar malformaciones en las cabezas de algunos espermatozoides.

Una vez que sabemos que tenemos espermatozoides en nuestra muestra pasamos a otro tipo de microscopio. El que yo usaba, un modelo de Leica, llevaba incorporada una cámara para la toma de microfotografías, además de un software que me permitía medir directamente sobre la imagen distintos rasgos del espermatozoide, como la longitud de la cabeza, de la parte media o de la cola, todo ello a unos 200 aumentos.

Y aquí viene el meollo de la cuestión. Gracias al software que acompañaba al microscopio, podía tomar microfotografías de del esperma, a una resolución y con unos aumentos suficientes para poder tomar las distintas medidas necesarias para el estudio.

Además, podía almacenar esas microfotografías, debidamente renombradas, para su posterior estudio con otros programas de  análisis digital de imágenes, como ImageJ, para realizar otra serie de estudios.

Sin embargo, y dado el volumen de muestras que analizamos, el trabajo lo realizábamos en bloque. Primero preparé todas las muestras juntas, para luego realizar las microfotografías y mediciones y posteriormente analizar todos los datos, aumentando así la eficiencia.

La utilidad y los resultados

Durante mi estancia breve en Oslo, estuve tomando medidas morfométricas de varias poblaciones de golondrinas, para relacionarlas con la intensidad de la competencia espermática. En posteriores visitas a Oslo, usando la misma metodología, estuvimos analizando el daño que la radiación aún existente en Chernobyl ocasionaba en la morfología de los espermatozoides de distintas especies de paseriformes.

Como ves, se trata de una técnica muy útil y relativamente sencilla, que permite ahondar en campos muy interesantes de la ciencia. Para mí ha sido una de las mejores experiencias en la realización de una estancia breve, así como una de las más fructíferas. Y me ha dado un montón de anécdotas que contar, además de este post 😛

Y hasta aquí el post de hoy. Espero que te haya resultado interesante y que, al menos, haya despertado tu interés por una área tan interesante como la competencia espermática. Ahora, cuéntame 😉 ¿Qué te ha parecido el post? ¿Has realizado algún trabajo parecido en las mismas especies o en otro grupos animales? Cuéntamelo todo en los comentarios 😉 ¡Te espero!

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Publicado en: Un día de trabajo Etiquetado como: aves, competencia espermáticas, esperma, estancias breves, muestras biológicas, paseriformes

Las 5 cosas más extrañas que he hecho como biólogo

20/04/2015 by Bichólogo 14 comentarios

El de biólogo es un trabajo que se presta a investigar cosas de lo más variopinto. El estudio de la vida, la Biología, implica tantas, tantas cosas que por fuerza alguna de ellas son extrañas y rebuscadas. No sólo se estudian los seres vivos en sí mismos, sino sus partes, sus procesos internos, las relaciones que se establecen entre ellos y con el medio. Hasta se investigan sus historias evolutivas y como se han ido adaptando a su entorno desde el punto de vista de la evolución. Las posibilidades son casi infinitas.

A lo largo de mi experiencia profesional he tenido que hacer de todo: anillador específico, técnico de campo, instalar cajas nidos para unos jefes y hecho el seguimiento para otros, redactar artículos y memorias técnicas, recoger muestras, prepararlas, analizarlas en el laboratorio, tratamiento estadístico de datos, dar y recibir charlas de lo más dispares, preparar presentaciones en power points… Pero creo que las cinco siguientes se llevan la palma en cuanto a lo extravagante o lo original. Y todas ellas han dado lugar a situaciones cuando menos curiosas a la hora de explicar a mi familia y amiguetes en qué trabajaba.

Esperma visto bajo el microscopio óptico

LAS 5 COSAS MÁS EXTRAÑAS EN QUE HE TRABAJADO

1. Masturbar pajaritos

Esta es, sin duda, una de mis favoritas. Con motivo de mi estancia breve en el Museo de Historia Natural (NHM) de Oslo tuve la oportunidad de trabajar en temas de competencia espermática. Y aunque principalmente analicé las muestras, sí que tuve que tomar alguna con mis propias manos. Sí, imaginad que tenéis un pequeño pajarito de menos de 20g de peso en vuestras manos y tenéis que obtener una muestra de esperma. Y contando con que eres tú mismo el que tiene que sujetar al animal, que no debe pasar demasiado tiempo en la mano para evitar estresarlo (¡recordad lo que os contaba en el post del anillamiento!). Estresante 😛

Por no hablar de las bromas y chanzas consecuentes de los compañeros: “¡Dile cosas bonitas al oído antes, hombre!”, “Mírale, te está haciendo ojitos”, “Ese seguro que vuelve, le has dejado contento”.

2. Analizar muestras de Chernobyl

Esta está relacionada con la anterior. Pues durante la misma estancia en Oslo me ofrecieron la oportunidad de analizar unas muestras de esperma cogidas en Ucrania, en el área de influencia de la antigua Central de Chernobyl. Imaginaros mi cara. ¿Esperma de Chernobyl?

Buscando anormalidades en el esperma de pajarillos de Chernobyl. ¿Notáis vosotros algo raro? ;)
Buscando anormalidades en el esperma de pajarillos de Chernobyl. ¿Notáis vosotros algo raro? 😉

Por supuesto que acepté. Me pasé un mes preparando muestras, observándolas en el microscopio, tomando fotografías y analizando aberraciones y malformaciones. Y fue productivo. Muy productivo. Podéis ver la prueba en este artículo, resultado de dicha colaboración con el NHM de Oslo.

3. Recoger excrementos de mamíferos

Prácticamente todo el tiempo que he estado en la consultoría medioambiental lo he pasado realizando transectos de mamíferos, para tratar de averiguar presencia/ausencia y su abundancia relativa. Y dado que los mamíferos son por lo general esquivos y difíciles de ver, pues sólo nos queda buscar sus rastros. Las huellas quizás sean el más obvio que nos viene a la mente, pero en general es más sencillo encontrar sus excrementos.

Excremento de desmán
Excremento de desmán ibérico hábilmente depositado en un hueco bajo una piedra en medio del río 😛

Y así he andado buscando (y a menudo recogiendo) muestras de un respetable número de especies: lobo (aunque más comúnmente eran de perros asilvestrados), zorro, jabalí, corzo, conejo, libre, tejón, jineta, garduña, pequeños mustélidos, nutria y desmán ibérico, y seguro que se me olvida alguno. Hubo una época en la que simultaneaba este punto con el primero. Me encantaba ver la reacción de la gente cuando me preguntaba a qué me dedicaba y yo respondía: “Pues ahora mismo recojo mierda de lobo y soy mamporrero de pájaros”. ¡Sus caras eran un poema!

4. Tapar nidos

Durante un par de temporadas de campo al menos, el tapar nidos por la noche me quitaba no sólo el sueño, sino mi vida social, que se hundía hasta lo irrisorio entre marzo y julio. Y es que por aquella época yo monitorizaba una colonia de avión de más de 200 parejas. Y claro, la única manera de saber quienes eran los padres (al menos los “oficiales” ya que hay numerosas cópulas fuera de la pareja) era yendo a la colonia de noche, tapando la entrada de los nidos y volviendo muy temprano al día siguiente, para capturar a los padres. Esto sólo se podía hacer cuando ya había pollos en el nido, que es cuando ambos padres duermen dentro del nido. Por eso había que capturar, anillar, medir y tomar muestras de sangre a los adultos inmediatamente y bien tempranito, para que pudiesen ponerse a cebar a los pollitos inmediatamente.

Nido de avión común
Nido de avión común a medio hacer en la ventana de mi dormitorio

Como podéis imaginar, los pajarillos no entienden de horarios, y esto me tocaba hacerlo incluso en los fines de semana. Así que no era raro que me fuese a tomar algo con mis colegas y, a eso de las 22:30, decirle: “Bueno, chicos. Me voy a tapar nidos. Nos vemos la semana que viene, que hoy me toca levantarme a las 6:00”. Vaya vida 😛

5. Ser curtidor de gallinas

A veces, para realizar una tesis doctoral, hacen falta adquirir determinadas aptitudes “especiales”. En tiempos estuve a punto de irme a Bolivia con mi colega de Bioblogía a hacer el doctorado sobre ardeidos de los pantanales de por allí. Pero para ello debíamos aprender varias cosas: a montar a caballo a la española, a disparar con rifle y a preparar pieles de aves para su conservación en museos. Fácil, ¿no? Quién no tiene un caballo, un rifle, un campo de tiro y un montón de pájaros para despellejar?

Pero finalmente logramos iniciarnos en todas y cada una de las habilidades que se nos requerían, gracias a la suerte y el ingenio. Y como necesitábamos un flujo de aves finadas, decidimos pasarnos por un matadero de aves, donde amablemente nos proveyeron de todas aquellas que llegaban muertas. Así que provistos de batas, guantes de látex, mascarilla (quién sabe que tendrían esas gallinas) y el material de disección de las prácticas en la carrera nos pusimos manos a la obra. Afortunadamente no tuvimos que hacerlo mucho, ya que abandonamos la idea del doctorado en Bolivia cuando estalló una pequeña revolución allá por 2005, justo en el sitio donde íbamos a estar afincados. Pero eso es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión 😉 😛

Todo esto no es sino una pequeña muestra de las cosas que hace un biólogo. No son todas pero desde luego sí las más raras.  Y ahora os toca contarme a vosotros. ¿Qué es lo más raro que habéis hecho gracias a la Biología? ¿Qué estaríais dispuestos a hacer? No seáis tímidos y decídmelo en los comentarios o por las redes sociales 😉

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