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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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10 cosas que aprendí siendo biólogo

30/04/2015 by Bichólogo 3 comentarios

Trabajar como biólogo me ha supuesto no sólo un crecimiento a nivel profesional, sino también a nivel personal. Me ha enseñado muchas cosas que puedo aplicar más allá del ámbito puramente académico o profesional. Y me ha hecho darme cuenta de cosas que, de otro modo, quizás me habrían pasado desapercibidas. Este es mi decálogo de enseñanzas aprendidas, que no lleva ningún tipo de orden especial.

10 lecciones del trabajo de biólogo

EL DECÁLOGO

1. Las notas de la carrera importan, pero no tanto

Las calificaciones son importantes de cara a obtener el título, pero no más allá. A nivel profesional nadie me ha pedido nunca ni mi nota media, ni el tiempo en que tardé en sacarme la carrera, ni nada parecido. Es cierto que si quieres tirar por la rama de la investigación, donde se vive a golpe de beca, sí que te ayudará tener un buen expediente, al menos al principio. Pero al fin y al cabo en ciencia las publicaciones son la moneda de cambio, el plato fuerte. Y las estancias en el extranjero la salsa, el perfecto acompañamiento. Trata de coged toda la experiencia que puedas, que sea tu trabajo el que hable por ti.

2. La magia de los contactos

No hay que confundir una buena y eficiente red de contactos con enchufismo. No es cuestión de ser «hijo de”, sino de estar en la mente de los demás. Que si tienen que recurrir a alguien piensen primero en ti: porque te conocen, porque confían en ti y porque saben de tu valía. Esto no te va a asegurar un trabajo nada más salir de la carrera. No es una fórmula mágica. Nadie te va a dar nada si realmente no te lo mereces. Requiere trabajo, mucho trabajo. Y paciencia. Los contactos son una llave que puede abrirte la primera de muchas puertas. Cuanto más grande sea tu red, más influencia tendrás y mayor será la posibilidad de que alguien recuerde tu nombre en el momento exacto

3. El papel fundamental del departamento

Este punto bien podría enlazar con el anterior. Y es que colaborar con el departamento es la mejor manera de empezar a cultivar tus contactos, de hacer networking, como se dice ahora. Y como bien dice Alfonso Alcántara:

el networking tiene más de working que de net.

Es una forma de obtener experiencia, foguearse en el trabajo de campo y de laboratorio, presentar alguna comunicación o póster en congresos y, por qué no, escribir el primer artículo. Pero sobre todo es la forma de conocer gente. Contactos, recuerda 😉

4. Cuidar la forma tanto como el fondo

Y esto vale para todo. El fondo es importante, lo más importante. Pero de nada vale un buen contenido si el envoltorio no atrae a la gente. Nadie lo va a comprar. Un artículo con resultados rompedores no vale de nada si no eres capaz de describirlos claramente en un paper. Un contenido interesante puede pasar desapercibido en una soporífera presentación o en un póster mal planteado. O un excelente aspirante a una plaza puede perderlo todo en una mala entrevista. Siempre hay que cuidar las formas. Siempre. Hagas lo que hagas, que entre por el ojo. Que sea llamativo. Que venda.

5. Se puede trabajar de bichólogo

Si estás suscrito al boletín y has leído “Ser bichólogo: ¿realidad o quimera?” espero que esto haya quedado ya claro. La Biología SÍ tiene salidas. Y muchas. Eso no significa que llueva el trabajo, pero estoy cansado de oír que o eres investigador, o biólogo de la Junta o profesor. Hay más vida ahí fuera. Hay múltiples nichos, como comentaba Luis Miguel Domínguez en su entrevista. Sólo hay que pensar un poco, y a veces, dar una vuelta de turca a la profesión 😉

6. Viajar es fácil

Ya he dedicado un post a ello. Las oportunidades están ahí, esperando que haya alguien que se atreva a cogerlas. Los medios son muchos, los destinos, más aún. Pero hay que ser activos, moverse, arriesgarse. Las cosas no vienen solas. Muy pocas oportunidades surgen por mero azar. Hay que trabajarlas, abonar el terreno. Congresos, voluntariados, seminarios, charlas, becas… Tienes donde elegir.

7. Tu trabajo habla por ti

También lo he dicho antes. Tu trabajo es tu mejor carta de presentación, tu mejor currículo. Puedes tener muchos cursos, pero a la hora de la verdad premia mucho más la experiencia. Intenta ser polivalente, pero si encuentras tu nicho, especialízate. Hazte imprescindible. Sé estratega de la k o de la r según convenga. Adáptate. Evoluciona. Pero mantente en continuo movimiento, ampliando tu experiencia. Eso luce mucho más en tu currículo que una decena de cursos dispares.

8. Aprender de los mayores y enseñar a los que no saben

Nadie nace aprendido. Cuando llegué por primera vez al departamento yo era un estudiante bisoño, con muchas ganas de aprender pero nada de experiencia. Tuve suerte y entré a formar parte de un equipo realmente bueno. Con gente que sabía mucho, pero que además se esforzaba en enseñarlo, en transmitirlo. Cuando encuentres a alguien así, aprovéchalo. Sé una esponja. Pero no te lo quedes sólo para ti. Llegará un momento en que vendrá alguien nuevo, perdido, pero con las mismas ganas de aprender que tenías tú. Sé paciente, contesta a sus preguntas, como otros hicieron contigo. Da igual lo alto que hayas llegado, estás ahí porque alguien te ayudó a subir. No lo olvides.

9. El poder de la constancia

Es importante tener metas, pero más importante es tener disciplina. El mundo laboral es muy competitivo, y más en el ámbito científico o del medio ambiente. Recortes, disminución de las subvenciones, todo eso hace que las posibilidades escaseen. Pero si sabes lo que quieres, mantente fijo en ello. Si trabajas, si estás atento a cada tren que pasa, al final te montas. No dejes que te digan que no se puede, que no merece la pena. Insiste una y otra vez. Si no es este año, será el siguiente. Yo acabé la carrera en 2003, pero no empecé el doctorado hasta 2007. Busqué una beca, y otra y otra. Durante esos tres años trabajé para dos universidades como técnico de investigación, para una empresa medioambiental y tuve una beca. No perdí de vista el doctorado, ni tampoco me obsesioné. Cuando llegó la oportunidad, la aproveché. Constancia, amigo. Constancia 😉

10. La importancia de los grupos multidisciplinares

Si puedes aprender de alguien que sabe más que tú en un campo, imagina cuánto puedes aprender de personas de distintos campos. Uno no puede saber de todo. Crea sinergias entre tus contactos, relaciónate con gente de otras ramas, afines o sólo vagamente relacionadas. Así, cuando llegue el momento de enfrentarse a algún problema (y vendrán muchos) siempre tendrás otra óptica, otro enfoque, que te ayudará a seguir avanzando, ya sea con ese artículo, esa tesis o ese experimento que no consigues poner en pie.

Estas son algunas de las cosas que me ha enseñado la carrera de biología. Como verás algunas se aplican exclusivamente al ámbito profesional, pero otras son extrapolables a cualquier aspecto de la vida. Algunas de mis mejores experiencias las he tenido gracias a la biología, así como algunas poco agradables. Pero gracias a todas ellas soy ahora quien soy y estoy aquí charlando contigo.

Y hablando de ti… ¿Qué te ha enseñado tu contacto con la biología y la universidad? ¿Has aprendido algo más que conocimientos técnicos? ¿Qué piensas de mi decálogo? ¿Qué añadirías o quitarías? Te espero en los comentarios o en cualquiera de las redes sociales. ¡Tu opinión es importante!

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: aprendizaje, curiosidades, experiencia personal, listas

Las 5 cosas más extrañas que he hecho como biólogo

20/04/2015 by Bichólogo 14 comentarios

El de biólogo es un trabajo que se presta a investigar cosas de lo más variopinto. El estudio de la vida, la Biología, implica tantas, tantas cosas que por fuerza alguna de ellas son extrañas y rebuscadas. No sólo se estudian los seres vivos en sí mismos, sino sus partes, sus procesos internos, las relaciones que se establecen entre ellos y con el medio. Hasta se investigan sus historias evolutivas y como se han ido adaptando a su entorno desde el punto de vista de la evolución. Las posibilidades son casi infinitas.

A lo largo de mi experiencia profesional he tenido que hacer de todo: anillador específico, técnico de campo, instalar cajas nidos para unos jefes y hecho el seguimiento para otros, redactar artículos y memorias técnicas, recoger muestras, prepararlas, analizarlas en el laboratorio, tratamiento estadístico de datos, dar y recibir charlas de lo más dispares, preparar presentaciones en power points… Pero creo que las cinco siguientes se llevan la palma en cuanto a lo extravagante o lo original. Y todas ellas han dado lugar a situaciones cuando menos curiosas a la hora de explicar a mi familia y amiguetes en qué trabajaba.

Esperma visto bajo el microscopio óptico

LAS 5 COSAS MÁS EXTRAÑAS EN QUE HE TRABAJADO

1. Masturbar pajaritos

Esta es, sin duda, una de mis favoritas. Con motivo de mi estancia breve en el Museo de Historia Natural (NHM) de Oslo tuve la oportunidad de trabajar en temas de competencia espermática. Y aunque principalmente analicé las muestras, sí que tuve que tomar alguna con mis propias manos. Sí, imaginad que tenéis un pequeño pajarito de menos de 20g de peso en vuestras manos y tenéis que obtener una muestra de esperma. Y contando con que eres tú mismo el que tiene que sujetar al animal, que no debe pasar demasiado tiempo en la mano para evitar estresarlo (¡recordad lo que os contaba en el post del anillamiento!). Estresante 😛

Por no hablar de las bromas y chanzas consecuentes de los compañeros: “¡Dile cosas bonitas al oído antes, hombre!”, “Mírale, te está haciendo ojitos”, “Ese seguro que vuelve, le has dejado contento”.

2. Analizar muestras de Chernobyl

Esta está relacionada con la anterior. Pues durante la misma estancia en Oslo me ofrecieron la oportunidad de analizar unas muestras de esperma cogidas en Ucrania, en el área de influencia de la antigua Central de Chernobyl. Imaginaros mi cara. ¿Esperma de Chernobyl?

Buscando anormalidades en el esperma de pajarillos de Chernobyl. ¿Notáis vosotros algo raro? ;)
Buscando anormalidades en el esperma de pajarillos de Chernobyl. ¿Notáis vosotros algo raro? 😉

Por supuesto que acepté. Me pasé un mes preparando muestras, observándolas en el microscopio, tomando fotografías y analizando aberraciones y malformaciones. Y fue productivo. Muy productivo. Podéis ver la prueba en este artículo, resultado de dicha colaboración con el NHM de Oslo.

3. Recoger excrementos de mamíferos

Prácticamente todo el tiempo que he estado en la consultoría medioambiental lo he pasado realizando transectos de mamíferos, para tratar de averiguar presencia/ausencia y su abundancia relativa. Y dado que los mamíferos son por lo general esquivos y difíciles de ver, pues sólo nos queda buscar sus rastros. Las huellas quizás sean el más obvio que nos viene a la mente, pero en general es más sencillo encontrar sus excrementos.

Excremento de desmán
Excremento de desmán ibérico hábilmente depositado en un hueco bajo una piedra en medio del río 😛

Y así he andado buscando (y a menudo recogiendo) muestras de un respetable número de especies: lobo (aunque más comúnmente eran de perros asilvestrados), zorro, jabalí, corzo, conejo, libre, tejón, jineta, garduña, pequeños mustélidos, nutria y desmán ibérico, y seguro que se me olvida alguno. Hubo una época en la que simultaneaba este punto con el primero. Me encantaba ver la reacción de la gente cuando me preguntaba a qué me dedicaba y yo respondía: “Pues ahora mismo recojo mierda de lobo y soy mamporrero de pájaros”. ¡Sus caras eran un poema!

4. Tapar nidos

Durante un par de temporadas de campo al menos, el tapar nidos por la noche me quitaba no sólo el sueño, sino mi vida social, que se hundía hasta lo irrisorio entre marzo y julio. Y es que por aquella época yo monitorizaba una colonia de avión de más de 200 parejas. Y claro, la única manera de saber quienes eran los padres (al menos los “oficiales” ya que hay numerosas cópulas fuera de la pareja) era yendo a la colonia de noche, tapando la entrada de los nidos y volviendo muy temprano al día siguiente, para capturar a los padres. Esto sólo se podía hacer cuando ya había pollos en el nido, que es cuando ambos padres duermen dentro del nido. Por eso había que capturar, anillar, medir y tomar muestras de sangre a los adultos inmediatamente y bien tempranito, para que pudiesen ponerse a cebar a los pollitos inmediatamente.

Nido de avión común
Nido de avión común a medio hacer en la ventana de mi dormitorio

Como podéis imaginar, los pajarillos no entienden de horarios, y esto me tocaba hacerlo incluso en los fines de semana. Así que no era raro que me fuese a tomar algo con mis colegas y, a eso de las 22:30, decirle: “Bueno, chicos. Me voy a tapar nidos. Nos vemos la semana que viene, que hoy me toca levantarme a las 6:00”. Vaya vida 😛

5. Ser curtidor de gallinas

A veces, para realizar una tesis doctoral, hacen falta adquirir determinadas aptitudes “especiales”. En tiempos estuve a punto de irme a Bolivia con mi colega de Bioblogía a hacer el doctorado sobre ardeidos de los pantanales de por allí. Pero para ello debíamos aprender varias cosas: a montar a caballo a la española, a disparar con rifle y a preparar pieles de aves para su conservación en museos. Fácil, ¿no? Quién no tiene un caballo, un rifle, un campo de tiro y un montón de pájaros para despellejar?

Pero finalmente logramos iniciarnos en todas y cada una de las habilidades que se nos requerían, gracias a la suerte y el ingenio. Y como necesitábamos un flujo de aves finadas, decidimos pasarnos por un matadero de aves, donde amablemente nos proveyeron de todas aquellas que llegaban muertas. Así que provistos de batas, guantes de látex, mascarilla (quién sabe que tendrían esas gallinas) y el material de disección de las prácticas en la carrera nos pusimos manos a la obra. Afortunadamente no tuvimos que hacerlo mucho, ya que abandonamos la idea del doctorado en Bolivia cuando estalló una pequeña revolución allá por 2005, justo en el sitio donde íbamos a estar afincados. Pero eso es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión 😉 😛

Todo esto no es sino una pequeña muestra de las cosas que hace un biólogo. No son todas pero desde luego sí las más raras.  Y ahora os toca contarme a vosotros. ¿Qué es lo más raro que habéis hecho gracias a la Biología? ¿Qué estaríais dispuestos a hacer? No seáis tímidos y decídmelo en los comentarios o por las redes sociales 😉

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