• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar al pie de página

El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

  • Home
  • About Us
  • Contact Us
  • Block Examples
  • Landing Page

profesión

Mis grandes errores: olvidarme de la estadística

18/01/2018 by Bichólogo 16 comentarios

Cuando pensé en crear El Bichólogo, intenté hacer el blog que me habría gustado encontrarme cuando era estudiante en la carrera. Y uno de mis objetivos principales es evitar que tú cometas los mismos errores que yo cometí en su momento.

MIs grandes errores: olvidarme de la estadística

Por eso, he decido empezar contándote una de las mayores meteduras de pata que cometí durante mi estancia en la universidad: pasar de la bioestadística. Sí, se trata de una asignatura que se nos atraganta a muchos, a la que no solemos dar demasiado valor. Por eso hoy te voy a contar mi historia de amor, odio y apasionado romance con la bioestadística. Creo que te puede resultar un viaje interesante. Acompáñame 😉

El primer contacto con la estadística

Pues supongo que, como la mayor parte de la gente, todo comenzó en bachillerato, en matemáticas. Moda, media, mediana, algún test facilito… Nada del otro mundo. Siempre se me dieron bien las matemáticas, aunque cuando el álgebra tomaba el control y había más letras que números, empezaba a perder el interés jeje. Sin embargo, no tuve mayores problemas en aprobar estadística en bachillerato.

Cuando entré en biología me imaginaba que todo iban a ser planta y animales, quizás algo de biología celular, pero estaba convencido de haber dicho adiós a las matemáticas, la física y la química. Pero mis aspiraciones colisionaron dramáticamente con la realidad.

Una de las primeras asignaturas que tuve en primero fue bioestadística. Como se me había dado bien en el instituto, y el primer día estábamos dando más o menos lo mismo que recordaba, decidí no ir a clase las primeras semanas: primer error. Cuando volví, todo me sonaba a chino. No tenía ni repajolera idea de qué estaban hablando y tenía una pila de folios llena de teoría, fórmulas y tablas que no sabía cómo aplica ni cómo usar. Esta completamente perdido. Y en un nuevo alarde de estupidez, decidí no volver a clase y estudiarme los apuntes como pudiera.

La cosa me salió bien, gracias a que tenía un colega que era un crack y que tuvo la amabilidad de compartir toda su sabiduría estadística con el bioblogo y conmigo durante una larga noche de estudio. Fue como una revelación. Para que veas lo importante que es una buena explicación.

Evitando a la que se había convertido en mi bestia negra

A pesar del éxito con la asignatura, la bioestadística se me había atragantado. En mi ignorancia, yo pensaba que hoy en día todo se hace con ordenadores y con el SPSS, y que no necesitaba más clases. Así que decidí evitar el resto de asignaturas (todas optativas o de libre elección) relacionadas con la estadística: segundo error.

Me dediqué a elegir asignaturas que me gustaban: zoologías varias, artrópodos, arte prehistórico en Extremadura (totalmente verídico :P). Pero no escogí ninguna relacionada con el tratamiento estadístico de datos. Nada. Cero. Acabé la carrera sin tener prácticamente ni repajolera idea de bioestadística, más allá de hacer ANOVAS facilitas y algún test muy básico. En ese momento no sabía lo mucho que me iba a arrepentir.

Cara a cara con mi némesis

La carrera terminó y la búsqueda de trabajo comenzó. Al principio no necesité mucha estadística. Pero cuando entré a trabajar como técnico de investigación en la universidad y, sobre todo, cuando inicié mi etapa de doctorando, surgió la imperiosa necesidad de aprender estadística. Y es que, sin ella, era imposible publicar resultado alguno en cualquier revista que se precie.

Así que no me quedó otra que ponerme las pilas y comenzar a estudiar bioestadística por mi cuenta: me compré algún libro (en inglés) y buceé por la red, buscando en cada ocasión el test, es estadístico o el modelo que debía emplear. Un caos.

Y por si todo esto fuera poco, resulta que mis coautores y mis directores de tesis usaban R. Nada del SPSS, con su interfaz gráfica y (relativamente) amigable, no. Código puro y duro. Y un código, por cierto, del que no tenía ni la menor idea. ¿Y qué hice? Pues me compré algún  libro (en inglés) y buceé por la red, buscando el paquete de R necesario para el análisis, la explicación de cómo hacerlo y alguno de los errores que me salían de cuando en cuando. Como ves, soy una animal de costumbres 😛

Pero al carecer de una buena base, no hacía sino poner parches al problema y aplicar recetas de código sin saber muy bien en qué consistía cada técnica, simplemente porque había leído que es lo que hay que aplicar en ese caso. Y por cada nueva técnica, por cada nuevo paquete estadístico que tenía que instalar en R, perdía horas y horas y horas buscando cómo aplicarlo y cómo interpretar los resultados… O averiguando qué eran esos irritantes errores en rojo que aderezaban, de cuando en cuando, la consola de salida del R. ¡Totalmente desesperante!

Finalmente, como ya he contado en alguna ocasión, me surgió una nueva oportunidad laboral, por lo que dejé aparcada mi tesis doctoral y me lancé a un apasionante trabajo consultor ambiental, en el que pensaba que no tendría que volver a lidiar con la estadística. Menudo iluso era…

La estadística me persigue

Los primeros meses fueron casi exclusivamente de trabajo de campo. Tan feliz era trotando por montes portugueses, buscando desmán o persiguiendo mirlo acuático, que pronto me olvidé de mi trágica historia con la estadística. Hasta que tocó elaborar informes. Habíamos recogido montones y montones de datos sobre multitud de especies. Pero ahora tocaba procesarlos, analizarlos y explicar los resultados.  Y claro, no valía con decir aquí hay 10 bichos, aquí 5… no. Había que ver diferencias entre meses, entre años, entre grupos control y grupos experimentales (por ejemplo, cuando evaluábamos la eficacia de distintos atrayentes para capturar micromamíferos con trampas Sherman)…

Obviamente, no alcanzaba el nivel de dificultad que tienen los análisis necesarios para escribir un artículo científico… Pero ahí estaba. Otra vez, la bioestadística se reía en mis narices de mi feliz idea de pasar de ella durante la carrera. Y para más inri, y dado que estábamos contínuamente en el campo tomando datos, mis jefes nos animaban a publicar resultados en congresos y en alguna revista, así que sí, también había que volver a tirar de estadística, una vez más. Cuanto más huía de la estadística, más cuenta me daba de lo presente que está en el mundo laboral.

Conclusión

Para cualquier biólogo, sea cual sea la rama, la estadística es una herramienta fundamental, imprescindible en la mayoría de casos y enormemente útil en el resto. Ya sea haciendo una memoria técnica, un informe, un artículo científico o como herramienta de evaluación, siempre podrás (y a menudo deberás) aplicar técnicas estadísticas, algunas enormemente sencillas y otras que entenderás a duras penas 😉

Por eso es FUNDAMENTAL (así, en negrita y con mayúscula) que le prestes algo de atención no ya a la estadística en sí misma, sino también a algún software de análisis estadístico, bien sea el archiconocido SPSS o bien el que para mí es el rey absoluto hoy en día: R. Sin estos conocimientos, sin estas herramientas, vas a estar en una serie desventaja. Hoy en día, la figura del analista de datos es cada vez más importante y reconocida en todos los sectores. Y la biología no es una excepción.

Así que, por favor, no cometas los mismos errores que yo que cometí en mi época de universitario. Aprende de mis meteduras de pata y ahórrate un montón de sinsabores y de horas perdidas delante del ordenador. Aprende estadística desde ya, no importa lo árida, dura, inútil o aburrida que te parezca. Dentro de no mucho tiempo lo agradecerás. Yo me he arrepentido muchas veces de no haber dedicado más tiempo y atención a aprender estadística y, sobre todo, a dominar R. Así, que por favor, evita que te pase a ti lo mismo 😉

Un regalito para que la estadística no se te atragante

Y como sé por experiencia propia que la bioestadística es una disciplina un tanto árida, llena de fórmulas complicadas y modelos cada vez más complejos, he pillado por banda a Jordi Ollé, todo un experto en el análisis de datos, para organizar un webinar totalmente gratuito el próximo jueves 25 de enero a las 19:00 (GMT+1). En él, Jordi nos desvelará sus secretos para que puedas olvidarte de fórmulas complejas, para que aprendas a estructurar tus datos, los pasos que debes seguir para analizarlos y las mejores herramientas que puedes utilizar para ello.

Es una ocasión inmejorable para perderle el miedo a la estadística. Y no sólo he logrado que Jordi comparta su tiempo con nosotros de forma totalmente gratuita, sino que todos aquellos que se queden hasta el final del webinar recibirán un pequeño regalito por gentileza de Jordi, además de un PDF con la guía de todo lo que se ha hablado en el webinar. ¿Qué más se puede pedir?

No dejes escapar una ocasión inmejorable de apuntarte a esta clase online, empezar a dominar la estadística y conocernos a Jordi y a mí en directo. Para mí será un enorme placer que nos acompañes durante el webinar. ¿Nos vemos allí?

¡CLARO, APÚNTAME!

Y con esto termino este repaso al que yo considero uno de los grandes errores de mi pasado como estudiante de biología. Ahora, como siempre, me encantaría conocer tu opinión y tu experiencia. ¿Tú también dejaste de lado la estadística? ¿Vas a ponerte con ella ahora mismo? ¿Has necesitado alguna vez realizar un análisis estadísticos de datos en tu trabajo? Anímate y cuéntamelo todo en los comentarios, en el correo o por las redes sociales 😉

¿Estás cansado de buscar trabajo como hasta ahora sin resultado?

Suscríbete y consigue gratis el PDF «5 Razones por las que Un Blog Aumentará tu Empleabilidad como biólogo» para acercarte al trabajo de tus sueños.

¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: bioestadística, biología, biólogos, errores, estadística, herramientas, profesión, trabajo

Mi primer trabajo como biólogo y cómo lo conseguí

23/11/2017 by Bichólogo 32 comentarios

Encontrar un trabajo cualificado y bien remunerado es la aspiración de cualquier persona cuando comienza una carrera. Y los biólogos, por supuesto, no somos una excepción. En un mundo tan competitivo como el actual, cada vez hay más profesionales preparados y cada vez se requiere más y más experiencia que, paradójicamente, sólo se puede conseguir trabajando.

Mi pimer trabajo de biólogo y cómo lo conseguí

Por ello, el lograr su primer trabajo es una enorme victoria para cualquier profesional. Y yo tuve la inmensa suerte de empezar a trabajar en uno de mis rincones favoritos de la geografía extremeña. Así que, hoy os voy a contar cómo conseguí yo mi primer trabajo, en qué consistía y lo que me supuso a nivel tanto personal como profesional.  Acomódate y acompáñame en este viaje por mis recuerdos y mi experiencia 😉

El primer trabajo

El primer trabajo siempre tiene algo de especial. Pero lo es mucho más cuando lo realizas en uno de los entornos más espectaculares de la geografía española y uno de los epicentros del turismo ornitológico de Europa: el Parque Nacional de Monfragüe. Ahí es nada 😛

Nuestra función iba a ser la de instalar cajas-nido para paseriformes en el, por aquel entonces, Parque Natural de Monfragüe. Un total de mil cajas-nido, nada más y nada menos. Nosotros debíamos buscar la localización e instalarlas, georreferenciándolas para poder realizar un seguimiento de ocupación en años posteriores.

Suena genial, ¿verdad? Pero seguro que te estarás haciendo la pregunta del millón: ¿cómo conseguí todo esto? Pues ahora mismo voy a contarte mi historia 😉

Una búsqueda infructuosa

Cuando al fin terminé la carrera estaba exultante de alegría. Había alcanzado una meta importantísima y ahora se abría un enorme y desconocido abismo ante mí. Tenía que buscar un trabajo.

Pero lo primero que hice después de la carrera fue tomarme un merecido descanso. De hecho, justo en esas fechas, me surgió la oportunidad de irme de voluntario a la Reserva Nacional de Lachay. Y después de eso dos meses intensos, me puse a buscar trabajo de la única forma que sabía. Comencé a buscar ofertas de trabajo en internet, preparé un currículo estándar y comencé a enviarlo como un loco a todos lados. Mandé decenas de currículos. A veces modificaba un poco el correo pero, en general, usaba el mismo modelo para todas las ofertas. Vamos, que hice todo lo que NO se debe hacer para buscar trabajo :P.

Y así me fue. Recibí algunas contestaciones en las que me rechazaban de forma amable, pero la inmensa mayoría de los correos quedaron sin contestación. Mi solicitud era una de tantas, un joven graduado en biología, con alguna experiencia en voluntariados y en el grupos de investigación. Sí, tenía cierta experiencia, pero no la suficiente como para atraer la atención de alguien que no me conocía absolutamente de nada.

Y así pasaron varios meses. Cada vez enviaba menos currículos, pues estaba profundamente desilusionado. Veía que todo mi esfuerzo era en vano, que no había manera de encontrar esa oportunidad que me permitiese demostrar mi valía como profesional en esto de la biología. Así que hice lo que mucha gente suele hacer en estos casos: seguir formándome.

Si la oportunidad no surge, hay que crearla

Por aquel entonces tuve ocasión de apuntarme a un curso de intérprete y guía de naturaleza extremeña. Se trataba de un pequeño curso de posgrado, y como es un área que me apasiona (¡cada vez más!), ni corto ni perezoso, decidí inscribirme. Los cursos de formación no sólo te permiten adquirir nuevos conocimientos, sino conocer a otros profesionales (o futuros profesionales) con los que puedes ir alimentando tu red de contactos.

El curso resultó ser muy interesante por diversos motivos. No sólo me permitió ahondar en un campo fascinante como es el turismo de naturaleza, sino que también me ofreció una oportunidad tan curiosa como inesperada: una cena. Sí, una cena para celebrar el 25 aniversario de la licenciatura de biología en la Universidad de Extremadura. A la cena asistirían el rector, el decano de la Facultad de Ciencias, profesores del curso, representantes del Colegio Oficial de Biólogos en Badajoz, y dos alumnos de la licenciatura de biología. Para este fin, y como habían terminado las clases oficiales, durante el curso de guía preguntaron si alguno estábamos interesados en asistir. Tanto Nando como yo no tardamos en apuntarnos, viendo la posibilidad de conocer gente y, de paso, tomar una buena cena de gratis 😛 Pero en aquel momento no nos imaginamos que íbamos a conseguir mucho más 😉

El día llegó y nos presentamos a la hora y en el sitio acordados. Nos sentamos junto a algunos profesores del curso, a los que ya conocíamos y con quienes habíamos hablado. Todo discurrió con una conversación amena e interesante y una buena ración de comida, algo que nunca está de más 😛 

Unos y otros compartimos experiencias, y nosotros hicimos contactos interesantes, alguno incluso nos dio pie a alguna oportunidad interesante que no terminó de cuajar.

El caso es que la cena pasó, el curso terminó y ya nos olvidamos del tema. Pero un buen día recibimos una llamada donde uno de los asistentes a la cena nos ofrecía la oportunidad de trabajar en una Parque Natural colocando cajas nidos para paseriformes.

El hecho de habernos conocido en persona, el haber compartido con ellos nuestra propia experiencia laboral, hasta entonces más o menos restringida al ámbito académico, fueron el desencadenante de que nos ofreciesen el puesto a nosotros, sin tan siquiera haber realizado una entrevista previa a toda una serie de candidatos desconocidos,

Imagina cuál fue mi sorpresa. ¡Un trabajo! ¡Uno de verdad! ¡Y de biólogo! No cabía en mí de ilusión y alegría jeje Además, estaría en uno de mis sitios favoritos por aquella época (¡y hoy en día!): el Parque Nacional de Monfragüe. Todo era perfecto. Así que me lancé a aceptarlo.

¡Comienzo a trabajar!

Lo primero fue darme de alta en el Colegio Oficial de Biólogos de Extremadura y hacerme autónomo, siendo esto último muy caro y todo un engorro en España por aquel entonces (aún lo es hoy, pero al menos ha mejorado un poco). Una vez hechos todos los trámites tocaba firmar el contrato y empezar a trabajar 😉

Y el siguiente paso fue mudarme al entorno del Parque de lunes a viernes, en concreto a Malpartida de Plasencia, junto a los que serían mis dos inseparables compañeros de trabajo. Allí instalamos nuestro centro de operaciones (por cuenta de la empresa) y desde allí salíamos cada día para sembrar de cajas-nido el Parque.

Descubriendo un Monfragüe nuevo

Trabajar en Monfragüe me supuso no sólo poder disfrutar diariamente de algunos de mis rincones favoritos, sino que permitió explorar lugares a los que el gran público no puede acceder. Estuvimos instalado cajas-nido en algunas zonas de acceso restringido, siempre bajo la atenta mirada de la guardería del parque. Y puedo decirte que es uno de los momentos que más he disfrutado.

Buitre leonado en el Parque Nacional de Monfragüe

Aunque no era un trabajo muy técnico, el pasar largas horas en mitad de la naturaleza es algo que siempre resulta muy reconfortante. Viajes por caminos y pistas en vehículos todoterreno, largas caminatas por el monte y mucho aire puro, sin el ruido y la compañía de un sinfín de turistas. Todo esto  te brinda, además de una enorme tranquilidad,  la posibilidad de encuentros cercanos con infinidad de fauna, algunos tanto llamativos como ciervos, jabalíes e incluso un tejón, que nos estuvo gruñendo (y acompañando) hasta que salimos de su territorio.

Por supuesto, también es fácil encontrarse con otros bichejos muy interesantes pero que pasan más desapercibidos si no tienes el ojo entrenado y atento, como pequeñas aves, anfibios, reptiles o pequeños carnívoros, como  el zorro (Vulpes vulpes), la gineta (Genetta genetta) o la diminuta comadreja (Mustela nivalis). Incluso, llegamos a encontrarnos en medio de una dehesa donde pudimos encontrarnos varios nidos impresionantes de buitre negro (Aegypius monachus). Toda una vivencia.

Comer a los pies de un arroyo, bajo la abigarrada sombra de un bosque galería, o perderse en medio de un denso bosque mediterráneo, deleitarse con el canto de un sinfín de aves o quedarse maravillado ante el brutal espectáculo de un centenar de buitres devorando una carroña, son experiencias que no es fácil vivirlas en un lugar atestado de turistas. Es una forma de estar en contacto directo con la naturaleza, en conexión directa y profunda con la naturaleza.

Y por si fuera poco, estuve trabajando para mejorar y fortalecer las poblaciones de paseriformes, aportando nuevos refugios y zonas de cría, poniendo mi granito de arena para aumentar la biodiversidad de un lugar ya de por sí maravilloso. ¿Qué más se puede pedir? 🙂

Resumiendo

Lo primero que os quiero destacar de esta historia es que los medios tradicionales de buscar trabajo ya no funcionan. Cada vez hay más profesionales sobradamente cualificados que aspiran a un mismo puesto de trabajo. La globalización de las comunicaciones y la mayor movilidad han logrado que cualquier persona pueda aspirar a un trabajo en cualquier parte del mundo. Y los reclutadores reciben cientos de currículos que apenas difieren unos de otros. Hay que destacar.

En segundo lugar, nunca me cansaré de la importancia FUNDAMENTAL de hacer contactos. El networking, palabra muy de moda hoy en día, es casi con total seguridad, una de las formas más comunes (y fáciles) de conseguir un trabajo. Hay que aprovechar cada oportunidad, por pequeña que sea, de crear nuevos contactos profesionales. ¡No lo olvides!

Y entrando ya en un ámbito personal, esos meses en Monfragüe supusieron una experiencia difícil de explicar con palabras. Fue mi primer empleo real como biólogo y me aportó una gran experiencia profesional. Pero es que, además, disfruté de grandes experiencias en un entorno inigualable e hice amigos que aún hoy en día (14 años después) aún mantengo.

Pero lo más importante de todo es que lo disfruté intensamente y guardo un recuerdo excepcional de ese primer trabajo. Además, me sirvió para adquirir muchas tablas, no sólo en el trabajo en sí, sino en el trato con mis jefes y mis compañeros. Pero sobre todo, me ayudó a adquirir esa confianza tan necesaria en uno mismo, a demostrarme que todo lo que había aprendido en la carrera podía y sabía aplicarlo. Y para demostrarme, una vez más y de forma definitiva, que la biología era mi vocación.

Y hasta aquí el post de hoy. Espero que te haya gustado y que me cuentes tu opinión. O también la historia de tu primer trabajo, o de lo que estás haciendo para conseguirlo. No te cortes y deja un comentario, mándame un correo o usa el formulario de contacto. ¡Hasta la próxima!

¿Estás cansado de buscar trabajo como hasta ahora sin resultado?

Suscríbete y consigue gratis el PDF «5 Razones por las que Un Blog Aumentará tu Empleabilidad como biólogo» para acercarte al trabajo de tus sueños.

¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, cajas-nido, contactos profesionales, inserción laboral, Monfragüe, networking, parques nacionales, profesión, trabajo

El fascinante mundo de los documentales con 1080 Wildlife Producciones

09/03/2017 by Bichólogo 4 comentarios

El Entrevistado

Carlos Pérez es director de documentales en la productora 1080 Líneas Producciones Audiovisuales. Ha dedicado toda su vida profesional a la realización de documentales, aunque se ha especializado en los de naturaleza desde 2014. Sin embargo, algunos de sus documentales se han emitido en distintos canales locales, nacionales e internacionales.

1080 Líneas Producciones Audiovisuales

Carlos va a compartir su experiencia como director de documentales y nos contará cómo fueron sus comienzos, cómo funciona la industria y las posibilidades y perspectivas que tiene la profesión. Es la entrevista más larga hasta la fecha, pero os aseguro que cada minuto de ella merece la pena. No te la pierdas 😉

La entrevista

Si prefieres escucharla en formato podcast, suscríbete en cualquiera de estas plataformas:

Resumen de la charla

  • Presentación
  • ¿Qué es 1080 líneas ( 0:32)
  • ¿Por qué decidió meterte en el mundo de los documentales? ( 4:11)
  • ¿Cómo se crea una productora de documentales? ( 11:16
  • ¿Quiénes forman el equipo de 1080 líneas? ( 17:10)
  • ¿Qué papel tiene un biólogo en los documentales de naturaleza? ( 24:55)
  • ¿En qué trabajan ahora? ( 29:45)
  • ¿Cómo se trabaja con los canales de televisión? ( 35:20)
  • Las etapas en la creación de un documental ( 43:47)
  • ¿Qué cantidad de trabajo hay fuera del campo? ( 50:22)
  • Equipo mínimo para grabar un documental ( 57:20)
  • La financiación ( 1:01:00)
  • Distribuyendo los documentales ( 1:05:20)
  • ¿Está todo inventado en los documentales? ( 1:09:00)
  • ¿Cómo han evolucionado hasta nuestros días? ( 1:10:55)
  • ¿Cuánto de artesanal hay en los documentales hoy en día? ( 1:13:45)
  • El efecto de internet y las redes sociales en el negocio ( 1:16:01)
  • El estado del mercado laboral en este ámbito ( 1:19:11)
  • Un consejo para los lectores ( 1:24:46)

Más Información

Para saber más acerca de la Carlos y su trabajo podéis visitar la web de 1080 líneas o sus perfiles las redes sociales:

  • Facebook
  • Twitter

Si queréis conocer profesionalmente a Carlos, podéis encontrarle también en su perfil de LinkedIn.

Trailers

Así se hizo, venidos del cielo:

DVDs

Si te interesa adquirir alguno de sus documentales, puedes encontrarlos en su tienda:

  • Venidos del cielo
  • Dehesa

Ahora me encantaría conocer tu opinión acerca de la entrevista. Sé que es algo larga, pero creo que es muy interesante y yo he aprendido un montón mientras charlaba con Carlos. Cuéntame qué te ha parecido a ti. ¿Has pensado dedicarte a esto? ¿Tienes hecho algún pequeño documental a nivel amateur? ¿Te has interesado por esta salida profesional después de ver la entrevista? Cuéntamelo todo en los comentarios o escríbeme un correo.

¿Estás cansado de buscar trabajo como hasta ahora sin resultado?

Suscríbete y consigue gratis el PDF «5 Razones por las que Un Blog Aumentará tu Empleabilidad como biólogo» para acercarte al trabajo de tus sueños.

¡Lo quiero!

Publicado en: Entrevistas, Podcast Etiquetado como: 1080 líneas, biología, director, documentales de naturaleza, profesión, realización de documentales, salidas laborales

¿Quieres alcanzar la felicidad en biología? Sigue esta sencilla receta

04/08/2016 by Bichólogo 10 comentarios

Te he hablado muchas veces de lo maravillosa que puede llegar a esa esta profesión, de la cantidad de vivencias que te puede aportar a todos los niveles. Pero tampoco he sido parco en palabras a la hora de contarte los sinsabores, el desánimo y las tasas de abandono que tiene, bien sea porque te consume, bien porque no encuentras trabajo.

Por eso no es sencillo ser feliz haciendo esto. O al menos no es intuitivo. Aunque tampoco creo que sea algo exclusivo de nuestra profesión. Más bien es una cuestión de tener claro lo que uno quiere, de seguir una receta simple pero que si no obedeces paso a paso rara vez da el resultado que persigues.

Cómo ser feliz en biología

Así que hoy te traigo un post ligero, pero no por eso menos importante. Te voy a listar todos los ingredientes necesarios para que, a pesar de las dificultades que te aseguro que te vas a encontrar en tu camino, sepas disfrutar de cada paso, de cada aventura y de cada proyecto que emprendas. Porque la felicidad, a pesar de lo que se suele decir, sí que está al alcance de todos si nos centramos en lo que realmente queremos.

La receta

No es una receta compleja ni muy larga, no más de puñado de ingredientes. Pero cada uno es tan importante o más que el resto. Por eso debes de tratar de reunirlos todos, ya que si no los cimientos de tu felicidad pueden ser inestables y hacerla muy efímera.

1. Ten claro lo que quieres hacer.

A menudo hacemos las cosas sin pensar, por impulso, o peor aún, porque nos dicen que es lo mejor para nosotros.  Pero al final sólo tú eres responsable de tus decisiones y, por tanto, de sus consecuencias. Por eso no puedes dejar que decidan por ti, ya que esa decisión podría tener una influencia absoluta en tu futuro y, por ende, en tu felicidad. Permite que te aconsejen aquellos que son mayores que tú o con más experiencia: padres, familiares, amigos, blogueros simpáticos (ejem ejem :P)… Pero nunca debes dejar que decidan por ti. Sólo tú puedes y debes elegir.

Eso te dará un control de tu vida. Y le dará un sentido. Por ello, en las grandes decisiones que deberás tomar (qué carrera escoger, a qué universidad ir,  por qué especialización optar, hacer o no un doctorado, qué trabajo buscar…) tendrás que invertir buena parte del tiempo en informarte y meditarlas. No tomes decisiones a la ligera, pues aunque a veces no les des la menor importancia a corto o medio plazo, pueden tener un eco importante en tu futuro.

Pasa un tiempo analizándote, conociéndote, imaginándote la vida que quieres tener dentro de unos años, dónde te gustaría estar, qué querrías hacer y con quien (que seguimos hablando de biología, ¿eh? No te me despistes :P).  Una vez que encuentres esa imagen que te llena y te hace soñar habrás dado el primer paso en la dirección correcta. Y que no te agobie el pensar a largo plazo, puesto que tus objetivos, al igual que harás tú, cambiarán con el tiempo. Sólo tendrás que ir haciendo ajustes de cuando en cuando. Y cuanto más consciente seas de este proceso, más sencillo y fructífero te resultará.

2. Persigue tus sueños

Suena a obviedad pero… ¿A cuánta gente conoces que realmente persiga sus sueños? ¿Cuántas cosas has dejado sin hacer por miedo, por no saber como hacerlas o porque te han dicho que es imposible? No es fácil seguir nuestros sueños. Muchas veces supone retos, desafíos e incertidumbre, salir de nuestra zona de confort y de la de la gente que nos rodea, adentrarnos en lo desconocido. Y eso, querido lector, acojona. Y quien diga que no o miente o es un imprudente 😉

Pero el mero hecho de estar haciendo lo que quieres, de andar tras tu sueño, eso ya te aportará una enorme felicidad. Porque estarás siendo coherente contigo mismo, porque estarás forjando la vida que de veras quieres tener. Estarás construyendo tu futuro soñado paso a paso, día a día, experiencia a experiencia. Y eso es una sensación que no se puede explicar, hay que vivirla. Y si ya lo has hecho, sabrás a lo que me refiero 😉

3. Sé consciente de las dificultades

A veces iniciamos un proyecto llenos de ilusión sin estar preparados para lo que nos viene encima. Un ejemplo clásico es la realización de una tesis doctoral. El no conocer bien a lo que te vas a enfrentar puede hacer que el choque de tus expectativas con la realidad te afecte enormemente, llevándote a la desilusión y el desánimo. Pero si sabes que tarde o temprano vas a recibir algún golpe es mucho más sencillo y menos traumático prepararse para encajarlo y, por supuesto, superarlo.

Ser conscientes de las dificultades y de los escollos que te vas a encontrar en tu camino para convertirte en biólogo te ayudará a que los malos momentos no sean tan malos y a ser un poco más feliz 😉

4. Sé curioso, prueba, ensaya, experimenta, aprende

¿Acaso no es eso lo que hace un científico? ¿Por qué no lo aplicas en tu carrera profesional? Seguro que hay muchos campos que desconoces que, quizás, pueden encerrar tu auténtica vocación. O pueden llevarte a personas que, literalmente, pueden cambiarte la vida: un mentor, un amigo, tu pareja…

Y en el peor de los casos, si descubres que eso no es lo tuyo, seguro que habrás aprendido muchas cosas y habrás adquirido habilidades nuevas y nuevos contactos que tal vez te sirvan en un futuro 😉 Descubrir nuevas cosas, ya sean personas, hobbies, vocaciones o áreas de trabajo, es siempre divertido y te mantiene activo y alerta, además de dotarte de nuevas herramientas que te serán de utilidad en tu vida personal y profesional.

5. Apasiónate

Aprovecha cualquier oportunidad que tengas, viaja, conoce gente, aprende, adquiere experiencia, descubre otras culturas y sociedades, aprende de otros profesionales. No desperdicies nunca la ocasión cuando se te presente y haz todo lo posible por provocarla 😉 Por muy dura que sea esta experiencia te puedo asegurar que también te ofrece innumerables vivencias que no te dan otras carreras o profesiones: la posibilidad de trabajar con animales salvajes, la maravillosa sensación de estar contribuyendo, aunque sea sólo un poquito, al saber universal, tu primer artículo publicado, el manejarte como pez en el agua en un laboratorio, ayudar a mejorar la calidad de vida de la gente o preservar el patrimonio natural de la humanidad son sólo algunas de ellas. ¡Lánzate a disfrutarlas!

Que tu profesión sea tu pasión es lo mejor que te puede ocurrir a nivel laboral. Mucha gente está encerrada en un trabajo gris que no le aporta nada. Aprovecha que nuestra carrera es profundamente vocacional y déjate llevar por ella 😉 Vivir intensamente aquello que haces es el camino más corto hacia la felicidad 😉

6. Haz de la Biología una forma de vida

No te quedes sólo con las asignaturas o con el trabajo. Abraza la biología como un todo. Aunque no quieras, vas a empezar a ver el mundo desde otra óptica distinta. Verás ecosistemas completos bullendo de vida donde antes sólo veías un paisaje estático; escucharás y descubrirás montones de animales donde antes sólo veías una ciudad vacía; aprenderás como funciona tu propio cuerpo a niveles que ni te imaginabas, y descubrirás como todo en la naturaleza está profundamente interconectado, hasta los elementos aparentemente más alejados.

Vas a disfrutar de cosas que antes ni te imaginabas y encontrarás belleza en lugares que antes pasaban inadvertidos a tus ojos inexpertos. Sé consciente de todo lo que ocurre a tu alrededor, a múltiples niveles, desde lo macroscópico a lo microscópico. Déjate impregnar de esa visión que te aporta la biología, disfrútala y compártela con los demás 😉

7. Diviértete

Ser un profesional no está ligado a ser una persona aburrida. Profesionalidad y diversión no están reñidas. Escribir un artículo escuchando metal sinfónico, hacer contactos en compañía de algunas cervezas o celebrar con una barbacoa la publicación del último artículo científico con tu grupo de investigación son pequeños (o grandes) detalles que no sólo harán todo más disfrutable, sino que ayudarán a estrechar lazos entre compañeros y conocidos.

Si algo es tu pasión debes disfrutar con ello, debe ser divertido. Si no, quizás te hayas equivocado de camino o, al menos, en el modo de recorrerlo 😉 Y cuando vengan tiempos malos, que llegarán, siempre se sobrellevan mejor con una sonrisa en los labios.

Concluyendo

Al final, el secreto de la felicidad es que no hay ningún secreto. Es tan sencillo como intentar hacer realidad tus sueños, que es de lo que va realmente esta historia. Cuando en vez de hacer eso estás estudiando una carrera impuesta (o aconsejada) por otros, estás en un trabajo que no es el que te gustaría y no disfrutas con lo que haces es cuando te embarga la infelicidad. Todo consiste en ser honesto contigo mismo, ser consciente de que conseguir lo que uno quiere es un proceso largo y complejo, para nada fácil. Pero que es posible. Y disfrutar del camino, no sólo con la consecución del objetivo. Porque, a veces, el camino es incluso más maravilloso que llegar a la meta 🙂

Y con esto me despido por hoy, esperando que al menos reflexiones un poco sobre todo esto. Mucha gente se pasa la vida buscando la felicidad, sin pararse a mirar y descubrir que la tiene a su lado, en las cosas cotidianas, en todo aquello que hace cada día. No seas una de esas personas y empieza a ser feliz ya 😉

¿Qué te ha parecido este artículo? ¿Qué más ingredientes añadirías? ¿Cuál es tu toque personal para esta receta? Ayúdame a completar este post 😉

¿Estás cansado de buscar trabajo como hasta ahora sin resultado?

Suscríbete y consigue gratis el PDF «5 Razones por las que Un Blog Aumentará tu Empleabilidad como biólogo» para acercarte al trabajo de tus sueños.

¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, felicidad, motivación, objetivos, profesión, trabajo

Superando el miedo al fracaso en Biología

30/06/2016 by Bichólogo 19 comentarios

Todos tenemos miedo a fracasar, a caer, a perder. Tenemos miedo a no conseguir nuestros objetivos. Tenemos miedo a equivocarnos, a tomar el camino erróneo y darnos cuenta demasiado tarde. Y es algo normal. Sí, no te preocupes. A todos nos pasa: a ti, a tus padres, a tus amigos, a mí. Da igual lo seguro que seamos de nosotros mismos. Da igual que en un momento dado pensemos que nos vamos a comer el mundo. A la hora de la verdad todos nos acongojamos y deseamos secretamente no tener que pasar por un determinado trago.

Aprendiendo a encajar y superar el fracaso

Pero el valor, la fortaleza, no están en no sentir miedo. Están en saber afrontarlo. Y es que, querido lector, tarde o temprano fracasarás. La vida está llena de pequeños y grandes fracasos, de amargas decepciones. Y siento decirte que el camino que escogemos los biólogos no sólo no está exento de ellas, sino que además abundan, esperándote detrás de cada esquina, después de cada examen, con cada experimento cuidadosamente preparado, tras el envío de cada artículo, con cada currículo que envíes.

Por tanto, si te quieres dedicar a la biología, tendrás que aprender a lidiar con la decepción y el fracaso. Suena un poco catastrofista, pero es la principal causa de abandono en nuestra profesión. No todo el mundo encaja igual este tipo de golpes y, uno tras otro, puede llevarte lentamente al hastío y la desesperación.

Asume que vas a fallar

Este es, quizás, el consejo más importante que te puedo dar de cara a decidir si esto de la biología va a ser lo tuyo o no. He comentado innumerables veces lo dura que puede resultar esta profesión, como el desánimo es fácil que cale hondo y que termines abandonando algo que antes de apasionaba. No pretendo desanimarte, pero sí quiero que seas consciente de que no todo te va a salir rodado, que no siempre tendrás éxito en todo aquello que emprendas en este mundo.

Son muchas las fuentes de decepciones en este complicado proceso de ser biólogo. Desde los mismos estudios, incluyendo esa decepción inicial que muchos sufrimos al comenzar la carrera, hasta los papers rechazados, las becas que se te escapan por unas décimas o aquellos proyectos que, tras meses de un duro trabajo de preparación, finalmente no has conseguido. El conocer de antemano esto te permitirá prepararte mejor no sólo para asumirlos, sino para convertirlos en acicate para seguir intentándolo más duro.

Quítale hierro al fracaso

Muchas veces pensamos en el fracaso como algo absolutamente negativo. Sin embargo, los proyectos fracasados también nos sirve para aprender cosas en el camino y, en ocasiones, puede llevarnos a descubrir nuevas metas, nuevas vocaciones. Lo que está claro es que si nunca lo intentas, nunca avanzarás, nunca lo conseguirás.

En España los fracasos son profundamente negativos. Eso hace que los ocultemos a todos. A nadie le gusta fracasar. Pero eso también provoca que cuando alguien tiene éxito parece que lo consigue de la nada. Por eso, este profesor de Princeton decidió publicar un currículo de sus fracasos antes de lograr el éxito: los artículos rechazados, las universidades que no le habían contratado… Y es que es el pan nuestro de cada día. No te digo que tú tengas que hacer tu currículo de fracasos fatídicos, pero sí que debes entender que será algo común en tu camino para trabajar en biología.

Lo importante es el camino: fracasa con estilo

Se suele decir que se aprende más de los errores que de los aciertos. No creo que sea siempre así. Pero es cierto que en el proceso (a menudo largo) de intentar alcanzar cualquier meta se aprende mucho. Tienes que planear, buscar información, organizarla y ponerla en práctica. Es un proceso tan interesante como intenso, así que es prácticamente imposible que no adquieras nuevas habilidades o conocimientos 😉

A veces emprendemos un proyecto (entendiendo por proyecto cualquier actividad que sea más de una tarea, desde preparar un examen hasta conseguir un proyecto de investigación millonario) y luchamos muy duro para conseguirlo. Invertimos esfuerzo, sudor y hasta lágrimas, para al final chocarnos contra un muro de decepción. ¿No ha valido para nada? En absoluto. No sería la primera ni la última vez que alguien descubre su vocación de forma inesperada en el desarrollo de algún proyecto personal o profesional.

Tampoco es raro que un proyecto fallido te lleva a un cambio de dirección en tu carrera o te ayude a conocer personas que posteriormente tengan un gran impacto en tu carrera profesional o incluso en tu vida personal.

Pierde el miedo al fracaso

Ya has visto que el fracaso no es tan terrible. No te voy a decir que sea siempre beneficioso, como dicen muchos libros de autoayuda, que parece que casi fuera mejor fracasar que triunfar, pero sí puede ayudarte a mejorar como profesional al convertirte en una persona tenaz, constante y con capacidad de superación.

Además, la oportunidad se esconde en cualquier sitio y con muchas formas. No suele aparecer de la nada. Por eso vas a tener que lanzarte fuera de tu zona de confort, buscar más allá, aventurarte. Pero no es algo sencillo, pues tenemos miedo. No sabemos lo que pasará, no sabemos si podremos afrontarlo y no sabemos si podremos recuperarnos. Y eso nos paraliza. Por ello, para perder ese miedo inherente que todos tenemos al fracaso, debemos seguir una serie de pasos muy sencillos:

1. Definir el miedo

Nuestros miedos más grandes son aquellos que no conocemos, ya que no sabemos enfrentarlos. La incertidumbre es el principal lastre que nos impide avanzar en nuestros proyectos y lanzarnos a realizar otros nuevos.  Por eso, si eliminamos la incertidumbre de la ecuación de repente todo es menos terrorífico 😉

Definir nuestros miedos nos ayuda a hacerlos tangibles, evaluables y, por tanto, solucionables. Te pongo un ejemplo sencillo: dar una charla. Mucha gente tiene pánico a hablar en público. Pero, ¿por qué? Porque no saben qué va a pasar. Incertidumbre, parálisis, inacción. Entonces hay que estudiar a qué hay miedo realmente. Cada uno tendrá sus propias razones, pero yo te voy a decir las mías: miedo a equivocarme y a hacer el ridículo.

2. Descubrir cual es el peor escenario posible

Vale, yo ya he encontrado a qué tengo miedo realmente. Ya no es algo genérico como «lo que pueda pasar». Ya sé que me da miedo hacer el ridículo y equivocarme. Entonces toca dar el segundo paso. Ahora tienes que imaginarte qué es lo peor que podría pasarte, lo que considerarías un desastre total y absoluto. De esta forma puedes prepararte para lo peor e incluso buscar posibles soluciones llegado el caso.

Volviendo al ejemplo, mi peor escenario sería quedarme completamente en blanco y no ser capaz de seguir con la exposición. Defraudar no sólo a la audiencia, sino quedar en entredicho mi profesionalidad, especialmente si hay gente importante presente.

Y entonces te toca evaluar el daño real que te puede ocasionar ese escenario. Si eso ocurre y no puedes solventarlo, ¿cómo de grave sería? ¿En una escala de uno a 10, cómo de desastroso seria? Pero hazlo objetiva y razonadamente. En la mayoría de los casos, las repercusiones son muchísimo mejores de lo que esperamos a priori.

En el ejemplo, pues realmente no sería tan grave. Todo el mundo tiene bloqueos en un momento dado y nadie te va juzgar por una única presentación. Si ya tienes una trayectoria demostrada, un pequeño error puntual como ese no tiene repercusiones más allá de pasar un poco de vergüenza. Si no tienes nada demostrado, entonces tienes todo el tiempo por delante para demostrar lo que vales y tu gran profesionalidad 😉

3. Ver cuál es el coste de permanecer igual

No me refiero a un coste monetario (que en según qué proyectos existirá). Sino cualquier tipo de coste, incluidos los emocionales, los profesionales… en cualquier cosa sobre la que te pueda repercutir negativamente.

En nuestro ejemplo, si no doy mi charla me estaré limitando a nivel personal y profesional. No podré hacer ninguna comunicación oral en ningún congreso, no podré dar cursos ni conferencias, ni siquiera exponer resultados a compañeros de trabajo. Muchos trabajos tiene como requisito excelentes habilidades comunicativas.

Pero es que, además, mi miedo a hablar en público irá creciendo y me irá resultando más difícil enfrentarme a él. Porque no es lo mismo dar tu primera charla a tus compañeros de clases que hacerlo en un congreso internacional, con los mejores profesionales de tu campo.

4. Los posibles beneficios que te acarreará

No sólo tienes que ver los costes de no llevar a cabo tu proyecto, sino también los posibles beneficios de realizarlo. Este punto, junto con el anterior, te proporcionarán ese último impulso para dar el salto y decidir lanzarte a realizar tu proyecto.

De nuevo hablando de la charla, dar mi primera charla me sirvió para obtener más seguridad en mí mismo y vencer el miedo a hablar en público. Pero además me permitió aumentar mi currículum vitae con charlas y comunicaciones orales en congresos, por ejemplo. Y todo ello me ha abierto las puertas a la posibilidad impartir cursos en un futuro, por ejemplo.

5. Minimizar las posibilidades de fracaso: el plan B

Una vez que has definido tu miedo y los peores escenarios, y has evaluado costes y beneficios, ahora estás preparado para minimizar los posibles impactos negativos. Por una lado, al tener ya tu problema definido y claro, puedes crear una estrategia que te ayude a evitar ese fracaso.

Por ejemplo, en mi caso, pondría un papel con el esquema de la presentación junto a la botella de agua. Si me quedo en blanco, voy a beber, me tranquilizo y,mientras me sirvo el agua, echo un ojo a las notas sobre el papel. Mientras manipulo la botella y bebo me tranquilizo y puedo recuperar el hilo fácilmente.  ¡Y vuelta al ataque!

Pero además, el haber pensado en todos los escenario te permite preparar un plan B para paliar los efectos de ese fracaso si llegase a producirse. En mi caso, si hubiese sido tan desastroso, pues habría pedido poder repetir la charla o me presentaría voluntario la siguiente vez, para demostrar ante todos y ante mí mismo que realmente soy capaz de hacerlo bien.

6. Ríete de ti mismo

Y si todo sale mal… Pues aprovecha y conviértelo en un anécdota que siempre saque unas risas en las reuniones. Tú habrás aprendido mucho antes, durante y después del fracaso y además el hecho de normalizarlo y reírse de uno mismo quita hierro al asunto. Siempre, siempre tenemos que intentar disfrutar de todo lo que hacemos. Hasta de las cosas que hacemos mal.

Y continúa fracasando

Porque siempre serán muchos más los fracasos que los éxitos, o si no todos seríamos multimillonarios y famosos 😛 Pero si fracasas es porque lo estás intentando y sólo ese es el camino hacia el éxito. No tengas miedo a caer porque siempre te levantarás. Los efectos nunca son tan terribles como pensamos y las consecuencias de cada proyecto pueden ser enormemente positivas, incluso en formas que ni siquiera hemos imaginado.

En Biología he sufrido muchos fracasos. En la carrera suspendí algún examen, en más de una charla me he quedado en blanco ante alguna pregunta, me han rechazado un montón de artículos en distintas revistas, no logré la beca FPI la primera vez que la solicité, he mandado cientos de currículos a numerosas ofertas o simples autocandidaturas y en una inmensa mayoría de las veces o me han rechazado amablemente o ni tan siquiera me han contestado. He creado una campaña en Patreon que  ha sido un fracaso pues, salvo contadas pero maravillosas aportaciones, no he sabido movilizar a los lectores. Mi primer curso no he podido llegar a impartirlo porque no alcanzó el número mínimo de alumnos. Y antes de este blog llevé casi una decena de ellos (de relatos, de ofertas de trabajo para biólogos, personales, de asociaciones…). Y ninguno de ellos sobrevive.

Pero todo ello me ha enseñado mucho y me han convertido en el profesional que soy hoy en día. Y este blog, al que siguen más de 11400 personas en Facebook y con más de 1200 suscriptores activos, es el resultado de todos esos proyectos que he iniciado y que no funcionaron, así como de los que sí lo hicieron.

Conclusión

El fracaso es parte de la vida y es parte de esta carrera y esta profesión que es la Biología. Si sabes que vas a fracasar y te preparas para enfrentarlo correctamente, encajar los golpes y hasta extraer algo positivo, te será todo mucho más sencillo. Tampoco es cuestión de festejar el fracaso, porque no tiene sentido, pero sí que hay que restarle importancia y asumir que forma parte del currículo de cualquiera. Especialmente de aquellos más aventureros, innovadores e inquietos. Y que mira tú qué casualidad, suelen ser los que triunfan 😉

Así que adelante con todos tus proyectos, grandes o pequeños, y prepárate para fracasar. Porque es de fracasos de lo que está sembrado el camino del éxito, de intentos de encontrar ese sendero que te guiará hasta conseguir tus sueños. ¿Vas a quedarte sin buscarlo? 😉

Y con esta pequeña reflexión termino el post de hoy. Que últimamente se me van de las mano en cuanto a longitud. Si has sido tan valiente como para llegar al final de este post, da el último salto y cuéntame qué te ha parecido. Cuéntame como te enfrentas tú al fracaso. Cuéntame si has conseguido el éxito, si ha sido a la primera o después de numerosas intentonas. Cuéntame aquello que te preocupa y comparte tu historia conmigo y con el resto de los lectores. O comparte este artículo si crees que puede ayudar a alguien. Seguro que entre todos convertimos este post en un éxito 😉

¿Estás cansado de buscar trabajo como hasta ahora sin resultado?

Suscríbete y consigue gratis el PDF «5 Razones por las que Un Blog Aumentará tu Empleabilidad como biólogo» para acercarte al trabajo de tus sueños.

¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, empresas, éxito, fracaso, planificación, profesión, proyectos, trabajo

Afición, vocación y profesión en el ámbito de la biología

05/05/2016 by Bichólogo 26 comentarios

La Biología es una carrera muy vocacional. No todo el mundo es capaz de adaptarse a lo que te demanda y puede llegar a ser muy duro dedicarse a ella si no es lo que verdaderamente gusta. ¿Pero qué es la vocación y cómo se distingue de una mera afición? ¿El tener vocación convertirá tu profesión en un camino de rosas? ¿Si te gusta la Biología vas a disfrutar de cada paso y lograrás tu meta sin duda? Definitivamente, no. Y hoy te voy a contar por qué.

Afición, vocación y profesión en el ámbito de la biología

Afición versus profesión

Una afición es, según la Real Academia Española:

Inclinación o atracción que se siente hacia un objeto o una actividad que gustan.

Esto tiene diversas implicaciones, entre la que destaca sobre todas la ausencia de obligación. Puedes realizar algo simplemente porque te gusta y sólamente cuando quieras y te apetezca. Parece una obviedad (y de hecho lo es) pero mucha gente parece olvidarse de ello.

Generalmente se asume que los biólogos trabajamos de lo que nos gusta y que, por tanto, cualquier queja, lamento o sufrimiento está de más. Y esto no puede ser más injusto. Desde el momento en que percibimos una retribución (si somos afortunados)  deja de ser una afición. Se contraen una serie de obligaciones que no se pueden posponer o eliminar, convirtiéndose en una profesión igual que cualquier otra.

Todo esto implica que, aunque te guste mucho salir al campo y observar aves, o colocar cámaras de fototrampeo o buscar desmanes en los ríos más diversos, seguro que no te hace ilusión cuando la temperatura cae por debajo de cero, cuando llueve intensamente o cuando tienes que estar haciendo jornadas de 14 horas, lejos de tu familia, tus amigos o tu pareja. Pero así es el trabajo, y así hay que hacerlo.

Y entonces, ¿qué es la vocación?

Cuando somos pequeños todos tenemos sueños, aspiraciones y pensamos a menudo sobre a qué nos dedicaremos de mayor. Tenemos múltiples ideas preconcebibas sobre la carrera de biología. algunas más erradas que otras. Y cuando empezamos la carrera muchas de ellas se desmoronan. Y es entonces, cuando todo se tuerce, cuando verdaderamente descubres si lo que tú tienes es vocación o sólo una mera afición.

La vocación es ese nexo, esa bisagra que vertebra el paso de convertir tu afición por la biología en la profesión de biólogo. Es un impulso, una pasión que te ayudará a sobreponerte a los problemas, que va más allá del mero gusto o inclinación por una actividad y que enraiza en lo que realmente somos y en como vivimos la vida. De hecho, será la forma en la que entiendas la vida y el mundo una vez que la descubras. Y será la brújula que te guiará en la búsqueda de tu felicidad y tu realización personal. Como verás, no es algo que debas tomarte a la ligera 😉

¿Cómo descubro mi vocación?

Me temo que eso yo no te lo puedo decir. Ni nadie, realmente. Es algo que sólo tú puedes descubrir. Todos tenemos muchas aficiones, pero la verdadera vocación no sólo es escasa, sino que a menudo puede que pasemos nuestra vida sin haberla descubierto. Pero no te preocupes, intentaremos que no te pase a ti 😉

La mejor forma de descubrir tu vocación es, simplemente, probando. Así de sencillo y, a la par, de complicado. Lo más normal es que la encuentres entre tus aficiones, pues se relaciona con nuestra tendencia o nuestra inclinación natural a hacer algo. Pero no tiene por qué ser así. Nuestras aficiones nacen de aquello que conocemos y nos gusta. Pero en un mundo tan inmenso como el nuestro, son muchas más las cosas que desconocemos. Por eso, experimentar no sólo entre tus aficiones, sino en otros campos desconocidos, puede ayudarte a descubrir aquello que realmente te llena, lo que te hace sentir realizado. Entonces ya vamos por buen camino 😉

Lo interesante, el verdadero reto, es cuando tienes que consagrarte a una determinada ocupación en concreto. Cuando comienzas a invertir tiempo y auténtico esfuerzo en algo es cuando ponemos a prueba nuestra verdadera vocación. Y si pese a todos los sinsabores, pese a todos los inconvenientes, pese al agotamiento que te produce, sigues disfrutando lo que haces, enhorabuena, porque has descubierto tu vocación 😉

¿Entonces ya está todo hecho?

¿Qué fácil sería verdad? Pero tengo que darte una mala noticia. Por mucho que hayas descubierto que la biología es tu vocación, de que se ha convertido en tu pasión y en el cristal a través del que ves el mundo, eso no significa que si encuentras trabajo de esto va a ser todo un camino de rosas.

Cuando nos pagan por primera vez por un trabajo relacionado con la Biología tendemos a pensar que nada puede ser mejor.  ¡Ganar dinero por algo que antes hacíamos gratis! Todos hemos pensado eso alguna vez, ¿verdad?. Pero todos hemos estado confundidos.

Cualquier trabajo, por maravilloso que sea, termina por hacerse repetitivo. Da igual lo mucho que te guste, siempre llegará un momento en el que acabes agotado y hasta cierto punto, asqueado. Bien sea porque se termina convirtiendo en algo mecánico, bien sea porque resulte agotador mental y físicamente o quizás porque no siempre apetece hacer las mismas cosas, al final siempre necesitas romper con la rutina y deseas desconectar del trabajo.

Por eso es importante buscar un equilibrio. Intentar que el plano laboral no afecte a tu ámbito personal, que no se mezcle totalmente la afición y la vocación con la profesión, o se podría llegar a dar el caso de que termines tan asqueado del trabajo que no quieres hacer nada relacionado con lo que antes era tu afición.

La gran recompensa

 

Sin embargo, hacer algo por vocación tiene algo muy muy bueno: la pasión por lo que haces. Y es que todos los biólogos de pura cepa que conozco son apasionados de su trabajo: no importa si se dedican a la conservación, a desenterrar huesos prehistóricos, a compaginar investigación con recopilar ofertas de trabajo para otros biólogos o a hacer geniales diseños biológicos de camisetas. Todos ellos lo hacen con un pasión contagiosa, inspiradora. Cuando te hablan de lo que hacen lo comunican de un modo tan vibrante que siempre queréis saber más. ¿Nunca habéis experimentado esa sensación con alguien? Entonces seguro que esa persona era un apasionado de aquello de lo que hablaba 😉

Hoy en día, debido a la precaria situación laboral, mucha gente (biólogos incluidos) están presos en trabajos que no les llenan, que no les motivan, con los que no se sienten realizados. Por eso es tan importante la vocación. Porque cuando uno trabaja por vocación, da igual lo duro que sea, el tiempo que te consuma, al final terminas disfrutándolo, sintiendo que es allí donde debes estar.

Esto no implica que por hacer algo que nos gusta debamos de aceptar cualquier cosa que nos propongan, pero sí es verdad que hace de nuestro trabajo, si no más fácil, al menos mucho más disfrutable 😉 Da igual si curras en el laboratorio, en el campo, en divulgación o haciendo documentales, lo importante es que encuentres aquello en lo que disfrutas invirtiendo tu tiempo, tu esfuerzo y tu ilusión. 😉

Tu misión

¿Ah, pero que también hay una misión? Pues sí, al menos en parte. Y aprovechando que si estás aquí es porque seguramente ya has descubierto tu vocación, te voy a encomendar una tarea. Comparte tu pasión con los demás. Compártela con tus compañeros de carrera, con tus compañeros de trabajo, con la gente que te rodea. Transciende fronteras geográficas y usa las redes sociales para transmitir esa fuerza que reside en ti.

Divulga sobre la profesión, como intento hacer yo, o divulga sobre cualquier tema que te apasione. Contribuye a crear un pensamiento crítico y una cultura científica, invitando a la gente que te rodea a participar de un modo u otro. Son muchos los problemas que afectan a la biología como carrera profesional y como rama de la ciencia, pero uno de los más grandes es haber estado siempre de espaldas a la sociedad. La investigación es un motor económico muy importante y sus aportes son fundamentales para el correcto y rápido desarrollo de un país.

Hay que poner en valor nuestra carrera y nuestro oficio. Aunque pueda sonar corporativista, es cierto que los biólogos debemos hacer frente común ante algunas falsas creencias que han arraigado firmemente entre la gente y, lo peor, entre otros trabajadores del gremio, que no hacen sino desmerecer la propia profesión de biólogo. Hay dos que destacaría sobre el resto:

1. Eso de ir al campo no es trabajo

No sólo es trabajo, sino que además es un trabajo muy duro. Recorrer 24 km al día buscando rastros de mamíferos, perseguir y tomar posiciones cada 15 minutos de algún bicho radiomarcado durante 14 horas seguidas o revisar decenas de nidos por terrenos abruptos a horas intempestivas son trabajos que requieren mucha energía y un esfuerzo físico importante. Por no hablar de lo que supone a nivel de agotamiento mental realizar eso mismo, día a día, durante semanas o meses.

Aunque nos estemos dedicando a algo que nos gusta y nos apasiona no es un juego de niños. Es un trabajo que requiere una gran disciplina y profesionalidad para que los datos recogidos sean consistentes, sistemáticos y comparables. Porque si no lo son, entonces has tirado todas esas jornadas agotadoras por la borda. Literalmente.

2. No te quejes del sueldo, que habría muchos que desearían estar haciendo lo que tú haces y gratis

Si estoy realizando un trabajo profesional tendrás que tratarme como un profesional y pagarme como corresponde. El usar voluntarios sin experiencia con el único fin de ahorrarte unos sueldos sólo puede llevar a una inconsistencia en la toma de datos y empobrecer, más aún si cabe, el panorama laboral de los biólogos (y campos afines).

Nuestro trabajo es importante, nuestro tiempo y esfuerzo, valiosos. Y por tanto merecen ser pagados como los de cualquier otro profesional. Aprovecharse de la ilusión y el entusiasmo de jóvenes estudiantes o licenciados para ofrecer prácticas no remuneradas y exigirles lo mismo que a cualquier trabajador contratado es ruin e incrementa la precariedad e inestabilidad laboral.

Concluyendo

Descubrir tu camino y encontrar tu vocación es un recorrido fascinante. Hay quien la he tenido clara siempre, mientras otros la han descubierto más adelante, a veces en los sitios más inesperados. Un viaje personal que normalmente llega a buen puerto, pero al que hay que prestar atención, no confundiendo tus aficiones con tu mera vocación, o te faltará ese extra de energía necesaria para afrontar aquellos inconvenientes y dificultades que te aseguro que te encontrarás durante la carrera y tu desempeño laboral. Como ya he dicho muchas veces, la carrera de biología es tremendamente vocacional y, si vocación, puede resultar un infierno 😉

Pero no sólo hay que aplicar esa pasión en el trabajo, sino que hemos de compartirla, usándola para llegar a la gente. Pues la divulgación es también una de las obligaciones de todo biólogo. Sobre todo si queremos que nuestro trabajo sea respetado como se merece. Y es que, como se suele decir, no se puede amar ni respetar aquello que no se conoce.

Y hasta aquí el artículo de hoy. ¿Qué te ha parecido? ¿Tú has descubierto ya tu verdadera vocación? ¿Cuánta gente conoces que lo haya hecho? ¿Te gusta transmitir esa pasión por la biología o cualquiera de sus ramas? ¿Cómo lo haces? Cuéntamelo todo en los comentarios 😉

¿Estás cansado de buscar trabajo como hasta ahora sin resultado?

Suscríbete y consigue gratis el PDF «5 Razones por las que Un Blog Aumentará tu Empleabilidad como biólogo» para acercarte al trabajo de tus sueños.

¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: afición, biología, biólogos, divulgación, motivación pasión, profesión, trabajo, vocación

  • Página 1
  • Página 2
  • Ir a la página siguiente »

Footer

Design

With an emphasis on typography, white space, and mobile-optimized design, your website will look absolutely breathtaking.

Learn more about design.

Content

Our team will teach you the art of writing audience-focused content that will help you achieve the success you truly deserve.

Learn more about content.

Strategy

We help creative entrepreneurs build their digital business by focusing on three key elements of a successful online platform.

Learn more about strategy.

Copyright © 2026 · Genesis Sample On Genesis Framework · WordPress · Acceder