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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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Haciendo contactos: 9 principios básicos para escribir un buen email

07/07/2016 by Bichólogo 6 comentarios

En Biología todo es un constante aprendizaje. Y tarde o temprano vamos a tener que pedir ayudar o colaboración a alguien. Hoy en día, gracias a la tecnología, hay muchísimas formas de abordar a alguien: en persona, teléfono, whatsapp, email, carta convencional, las redes sociales… Sin embargo, no todas son iguales ni tienen las mismas connotaciones, por lo que el hecho de usar una u otra podría aumentar o disminuir nuestras posibilidades de tener éxito.

Decidirse por unas o por otras es, al fin y al cabo, una cuestión de gustos y de experiencias con ellas. Por si fuera poco, no siempre vas a poder usar la misma vía de contacto para todo el mundo, ya que a veces no estará disponible o no la conocerás. Pero cada una tiene sus peculiaridades y es bueno que las conozcas para saber cuándo y como emplearlas. Personalmente, creo que el medio más potente para establecer contacto con una persona, aparte del cara a cara, es el correo electrónico. Y por eso hoy te voy a contar cuál es, para mí, la mejor forma de emplearlo de cara a aumentar tu red contactos o a solicitar ayuda a alguien.

¿Por qué el correo electrónico?

Normalmente, cuando pensamos en hablar con alguien lo primero que nos viene a la mente es una llamada de teléfono. Desafortunadamente, no siempre es sencillo conseguir el número de teléfono de una persona. Además, este medio de comunicación es totalmente síncrono, con las ventajas y desventajas que ello conlleva. Una llamada en un mal momento puedo hacerte perder una oportunidad de empezar la conversación con buen pie o bien puede hacerla mucho más breve de lo que te gustaría. Además, una llamada es más intrusiva, pues obliga a que el receptor tenga que interrumpir lo que esté haciendo para atenderla, pudiendo llegar incluso a molestarle si la recibe en un momento inapropiado o le rompe la concentración.

Una carta tradicional quizás sea la forma más formal de abordar a alguien. Sin embargo, se trata de vía de comunicación excesivamente lenta y poco práctica. Además, desde la aparición del correo electrónico, hay muy poca gente que use el envío de cartas por correo ordinario como medio de comunicación. El noble arte del intercambio epistolar está tristemente en desuso y relegado a lo anecdótico hoy en día 😉

El whatsapp, a no ser que sea el de un número profesional, es algo muy personal. Forma parte del espacio privado de cada uno. Por tanto, si no tienes permiso explícito de esa persona, yo no usaría este medio para iniciar una conversación por primera vez. Es cierto que puede contestar en el momento que le apetece, pero algunas personas lo pueden ver como una invasión de su intimidad. A la gente no le suele gustar hablar con desconocidos en el sistema de mensajería que usa con sus amigos y su familia.

Las redes sociales son mucho más amigables e invitan a la conversación por sí mismas. Lo que ocurre es que suelen estar saturadas de información y a menudo es fácil que tu intento de toma de contacto se pierda en un mar de notificaciones y mensajes, especialmente si la persona con la que quieres hablar es conocida. Generalmente, cuando tengo que emplear este medio para contactar con alguien suelo usar Linkedin, Facebook y/o Twitter, por ese orden.

Pero de todas las formas de comunicación posible mi favorita es el email. Por un lado, se trata de un medio de comunicación asíncrono: tú lo envías y la personal lo lee en el momento en que puede y quiere. Cuando abre la web o la aplicación del correo está predispuesto a esa comunicación y ahí tienes tu momento 😉 Además, este medio te permite preparar muy bien lo que vas a decir, cómo lo vas a decir y cuándo lo vas a decir, sin nervios, sin prisas, sin problemas. También te permite usar adjuntos en tu mensaje, enriqueciendo la conversación (tu currículo, un prezi presentando tu proyecto, un vídeo que explica el alma de tu idea…).

Finalmente, encontrar el email de una persona no suele ser muy complicado. A no ser que dicho individuo odie internet, es fácil que su dirección de e-mail aparezca en alguno de sus perfiles sociales, en su web personal o profesional,en alguna de sus publicaciones o en el directorio de personal de la empresa o institución para la que trabaje. Como ves, todo son ventajas en este medio. Su único inconveniente es que no tienes información sobre las reacciones de la otra persona: no puedes oír el tono de su voz, ni ver sus expresiones o gestos. Pero esto es común a otros muchos medios de comunicación.

Principios fundamentales para escribir un correo exitoso

Son muchas las cosas que hay que tener en cuenta antes de pulsar el botón «enviar». Recuerda que no sólo lo que escribes está diciendo mucho de ti, sino también el modo en el que estás diciendo las cosas. Además, debes tener en cuenta que lo que digas quedará registrado por escrito y no hay manera de desdecirse. Las palabras se las lleva el viento, pero los documentos escritos, aunque sea por medios digitales, permanecen mucho más tiempo. Así que cuidadito con lo que dices y cómo lo dices. Y vamos ahora con una breve lista de cosas a tener en cuenta para escribir el mail definitivo 😉

1. Cuida la ortografía

Esto es fundamental. Te lo repito: FUNDAMENTAL. Un email lleno de faltas de ortografía no sólo hace complicada (y dolorosa) la lectura, sino que puede hacer que te descarten sin tan siquiera terminar de leerlo.  Créeme, la imagen que das en un caso así es nefasta. Vale que todos nos equivocamos alguna vez, que la b y l v están demasiado juntas en un teclado QWERTY… Pero eso no justifica que haya faltas de ortografía graves en un correo electrónico. Revisa, revisa y vuelve a revisar cualquier email antes de mandarlo, especialmente aquellos importantes.

Incluso después de revisarlo, seguramente algo se nos escape, dado que nuestro cerebro tiende a no prestar demasiada atención cuando ya sabe lo que está leyendo. Este blog es una prueba de ello, y cada vez que releo un post encuentro alguna errata que se me había escapado. Pero te aseguro que siempre cazarás alguna. Y si la ortografía no es tu fuerte, trabájala. Y pide a alguien que te revise tu correo antes de enviarlo.

2. Cuida la puntuación

Aunque esto podría estar en el punto anterior lo destaco porque mucha, muchísima gente no lo tiene en cuenta. Una mala puntuación hace que un texto sea completamente ilegible. Haz buen uso (y no un abuso) de las comas y los puntos. Tan malo es el exceso como el defecto. Si una persona tiene que pasarse diez minutos descifrando lo que quieres decirle no acabará muy contento contigo. Además, todo ello da una imagen de dejadez, de pasotismo, como si realmente no te importase la persona a la que escribes.

3. Sé educado

La persona a la que estás escribiendo va a dedicar parte de su tiempo a leer lo que le has escrito. Qué menos que ser educado. Has de ser amable, pedir las cosas por favor y dar siempre las gracias. Siempre. Nunca exijas nada a la otra persona ni le metas prisas innecesarias. Si te urge su respuesta, házselo saber, dile lo agradecido o agradecida que estarías si pudiera contestarte rápido, ya que lo necesitas por cuestiones de tiempo. Las formas y el modo en que trates y te dirijas a esa persona es muy importante, de verdad. Un email cortés solicitando ayuda casi seguro que será atendido o, al menos, respondido.

El hecho de hablar de usted o de tutear depende mucho de cada persona. Si eres joven y la otra persona es mayor, es preferible hablar de usted y luego, si esa persona te lo sugiere, ya os podréis tutear. Si se trata de alguien que es muy cercano a la gente (bien porque sea una figura pública, o por como habla en blogs o redes sociales) entonces podrías tratarle de tú a tú. Pero como ya te dije, es una opción personal y dependerá mucho de ti y, sobre todo, de tu interlocutor.

4. Preséntate

Tras el correspondiente saludo, comienza tu correo presentándote. A la gente le gusta saber con quién habla, aunque no lo conozca. Dale cualquier información sobre ti que pueda ser relevante para el objetivo del correo, no sólo tu nombre. Si solicitas ayuda, cualquier dato que le des y que esa persona no tenga que pedírtelo o buscarlo después será bienvenido y ahorrará tiempo e emails innecesarios. Si tu correo es sobre un proyecto personal, entonces habla de ese proyecto y dale la página web. En definitiva, pon a tu interlocutor en situación y dale las herramientas necesarias para poder hacerse una idea de quién eres y qué necesitas o le propones. Cuanto más fácil y mascado se lo des, más dispuesto estará a ayudarte.

5. Preocúpate por tu interlocutor

Antes de escribirle, haz un búsqueda en internet sobre esa persona, averigua quién es, qué es lo que ha hecho, qué hace actualmente… No necesitas leerte una biografía de su vida, pero sí es bueno que demuestres interés. Haz mención en el correo de lo que te gusta de esa persona o de su trabajo. No tienes que hacerle la pelota ni adularle descaradamente, porque se nota. Pero no está de más ser agradable y endulzarle un poco el oído. Eso te ayudará a que esté en mejor disposición de ayudarte, ya que estás mostrando un interés real por esa persona y no es un mero intento de aprovecharte.

6. Brevedad y concisión

El tiempo de las personas es valioso. ¿A que a ti no te gusta que te hagan perder el tiempo? Pues a los demás tampoco. Trata de ir al grano, sin rodeos y sin florituras innecesarias. Cuanto más breve sea el correo, mejor. Puedes pasarte tantas horas como quieras preparando el correo, no hay ninguna prisa. Planifica todo lo que quieres decir para que no se te olvide nada y si puedes contarlo en 100 palabras, no uses 500. Ambos lo agradeceréis 😉 Eso sí, si por necesidad el correo debe ser largo, que así sea. Pero recorta todo lo que puedas en cosas superficiales y sumérgelo de lleno en el asunto que estáis tratando. Tú a lo mejor escribes un email así a la semana, pero quizás esa persona recibe diariamente varios emails como el tuyo.

7. Sé una persona agradecida

Siempre despídete agradeciéndole el tiempo que ha empleado (o empleará) en atenderte. Si te contesta, dale las gracias por su ayuda y/o su colaboración. E incluso si ese intercambio de email no llega a nada, agradécele el tiempo que ha invertido en contestarte aunque no hayas conseguido tu objetivo. Porque esa persona está gastando tiempo y esfuerzo en atenderte sin tener por qué hacerlo. Como reza el dicho popular: «Es de bien nacidos el ser agradecidos«.

8. Paciencia

Mucha paciencia. No siempre se puede responder a todo el mundo con rapidez. Cada persona tiene su propia vida, sus propios problemas y sus propias obligaciones. Y aunque para ti ese correo esté entre tus prioridades quizás para la otra persona no sea así en ese momento. Aguarda pacientemente una respuesta, sin insistir demasiado ni agobiar. Recuerda que la gente tiene otras cosas que hacer aparte de estar pegados al móvil o al ordenador. Muchos sólo miran su correo una vez cada varios días así que, quizás, ni siquiera haya leído el tuyo aún. Y no todo el mundo tiene puestas las notificaciones en el móvil o en el ordenador 😉

Si pasado un tiempo prudencial no has recibido contestación, o bien puedes volver a escribirle un educado recordatorio, por si acaso no hubiese recibido tu anterior mail, o bien puedes pasar página e intentar contactar a otra persona. En general, eso recordatorios no vienen mal. A menudo puede leer un email, pensar que luego, cuando tengas más tiempo, lo contestará y terminar olvidándose. A mí me ocurre de tanto en tanto, por más que intento anotarlo todo. Así que puede ir muy bien que se lo recuerdes pasado cierto tiempo. Pero no seas demasiado insistente. Paciencia 😉

9. La regla de los tres emails.

Mi colega el Bioblogo es muy de reglas y me recordó esta, que es muy importante y a menudo la olvidamos, incluido yo. Cuando escribes un e-mail (primero) y te contestan (segundo) siempre, y quiero decir SIEMPRE, hay que escribir un agradeciéndole la atención o al menos confirmando la recepción (el tercero). Como ves, muy relacionado con la educación y el agradecimiento. Pero sorprendentemente, una vez obtenemos nuestra respuesta, nos solemos olvidar de la otra persona, por agradecidos que le estemos. Así que ten muy en cuenta esta regla 😉

Si sigues estos sencillos consejos las posibilidades de que te contesten y de que consigas tu objetivo crecerán mucho. Cuanto más conozcas a esa persona, mejor podrás afinar a la hora de llegar a ella y conseguir establecer una comunicación fluida. Y como con esto doy por terminado el post, me gustaría que me comentases tu experiencia y tus dudas. ¿Has tenido que escribir alguna vez un email importante? ¿Has seguido alguno de estos consejos? ¿Añadirías alguno más? ¿Cómo sueles tú iniciar una conversación con una persona desconocida?

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¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, contactos, correo electrónico, guía, internet, networking

Superando el miedo al fracaso en Biología

30/06/2016 by Bichólogo 19 comentarios

Todos tenemos miedo a fracasar, a caer, a perder. Tenemos miedo a no conseguir nuestros objetivos. Tenemos miedo a equivocarnos, a tomar el camino erróneo y darnos cuenta demasiado tarde. Y es algo normal. Sí, no te preocupes. A todos nos pasa: a ti, a tus padres, a tus amigos, a mí. Da igual lo seguro que seamos de nosotros mismos. Da igual que en un momento dado pensemos que nos vamos a comer el mundo. A la hora de la verdad todos nos acongojamos y deseamos secretamente no tener que pasar por un determinado trago.

Aprendiendo a encajar y superar el fracaso

Pero el valor, la fortaleza, no están en no sentir miedo. Están en saber afrontarlo. Y es que, querido lector, tarde o temprano fracasarás. La vida está llena de pequeños y grandes fracasos, de amargas decepciones. Y siento decirte que el camino que escogemos los biólogos no sólo no está exento de ellas, sino que además abundan, esperándote detrás de cada esquina, después de cada examen, con cada experimento cuidadosamente preparado, tras el envío de cada artículo, con cada currículo que envíes.

Por tanto, si te quieres dedicar a la biología, tendrás que aprender a lidiar con la decepción y el fracaso. Suena un poco catastrofista, pero es la principal causa de abandono en nuestra profesión. No todo el mundo encaja igual este tipo de golpes y, uno tras otro, puede llevarte lentamente al hastío y la desesperación.

Asume que vas a fallar

Este es, quizás, el consejo más importante que te puedo dar de cara a decidir si esto de la biología va a ser lo tuyo o no. He comentado innumerables veces lo dura que puede resultar esta profesión, como el desánimo es fácil que cale hondo y que termines abandonando algo que antes de apasionaba. No pretendo desanimarte, pero sí quiero que seas consciente de que no todo te va a salir rodado, que no siempre tendrás éxito en todo aquello que emprendas en este mundo.

Son muchas las fuentes de decepciones en este complicado proceso de ser biólogo. Desde los mismos estudios, incluyendo esa decepción inicial que muchos sufrimos al comenzar la carrera, hasta los papers rechazados, las becas que se te escapan por unas décimas o aquellos proyectos que, tras meses de un duro trabajo de preparación, finalmente no has conseguido. El conocer de antemano esto te permitirá prepararte mejor no sólo para asumirlos, sino para convertirlos en acicate para seguir intentándolo más duro.

Quítale hierro al fracaso

Muchas veces pensamos en el fracaso como algo absolutamente negativo. Sin embargo, los proyectos fracasados también nos sirve para aprender cosas en el camino y, en ocasiones, puede llevarnos a descubrir nuevas metas, nuevas vocaciones. Lo que está claro es que si nunca lo intentas, nunca avanzarás, nunca lo conseguirás.

En España los fracasos son profundamente negativos. Eso hace que los ocultemos a todos. A nadie le gusta fracasar. Pero eso también provoca que cuando alguien tiene éxito parece que lo consigue de la nada. Por eso, este profesor de Princeton decidió publicar un currículo de sus fracasos antes de lograr el éxito: los artículos rechazados, las universidades que no le habían contratado… Y es que es el pan nuestro de cada día. No te digo que tú tengas que hacer tu currículo de fracasos fatídicos, pero sí que debes entender que será algo común en tu camino para trabajar en biología.

Lo importante es el camino: fracasa con estilo

Se suele decir que se aprende más de los errores que de los aciertos. No creo que sea siempre así. Pero es cierto que en el proceso (a menudo largo) de intentar alcanzar cualquier meta se aprende mucho. Tienes que planear, buscar información, organizarla y ponerla en práctica. Es un proceso tan interesante como intenso, así que es prácticamente imposible que no adquieras nuevas habilidades o conocimientos 😉

A veces emprendemos un proyecto (entendiendo por proyecto cualquier actividad que sea más de una tarea, desde preparar un examen hasta conseguir un proyecto de investigación millonario) y luchamos muy duro para conseguirlo. Invertimos esfuerzo, sudor y hasta lágrimas, para al final chocarnos contra un muro de decepción. ¿No ha valido para nada? En absoluto. No sería la primera ni la última vez que alguien descubre su vocación de forma inesperada en el desarrollo de algún proyecto personal o profesional.

Tampoco es raro que un proyecto fallido te lleva a un cambio de dirección en tu carrera o te ayude a conocer personas que posteriormente tengan un gran impacto en tu carrera profesional o incluso en tu vida personal.

Pierde el miedo al fracaso

Ya has visto que el fracaso no es tan terrible. No te voy a decir que sea siempre beneficioso, como dicen muchos libros de autoayuda, que parece que casi fuera mejor fracasar que triunfar, pero sí puede ayudarte a mejorar como profesional al convertirte en una persona tenaz, constante y con capacidad de superación.

Además, la oportunidad se esconde en cualquier sitio y con muchas formas. No suele aparecer de la nada. Por eso vas a tener que lanzarte fuera de tu zona de confort, buscar más allá, aventurarte. Pero no es algo sencillo, pues tenemos miedo. No sabemos lo que pasará, no sabemos si podremos afrontarlo y no sabemos si podremos recuperarnos. Y eso nos paraliza. Por ello, para perder ese miedo inherente que todos tenemos al fracaso, debemos seguir una serie de pasos muy sencillos:

1. Definir el miedo

Nuestros miedos más grandes son aquellos que no conocemos, ya que no sabemos enfrentarlos. La incertidumbre es el principal lastre que nos impide avanzar en nuestros proyectos y lanzarnos a realizar otros nuevos.  Por eso, si eliminamos la incertidumbre de la ecuación de repente todo es menos terrorífico 😉

Definir nuestros miedos nos ayuda a hacerlos tangibles, evaluables y, por tanto, solucionables. Te pongo un ejemplo sencillo: dar una charla. Mucha gente tiene pánico a hablar en público. Pero, ¿por qué? Porque no saben qué va a pasar. Incertidumbre, parálisis, inacción. Entonces hay que estudiar a qué hay miedo realmente. Cada uno tendrá sus propias razones, pero yo te voy a decir las mías: miedo a equivocarme y a hacer el ridículo.

2. Descubrir cual es el peor escenario posible

Vale, yo ya he encontrado a qué tengo miedo realmente. Ya no es algo genérico como «lo que pueda pasar». Ya sé que me da miedo hacer el ridículo y equivocarme. Entonces toca dar el segundo paso. Ahora tienes que imaginarte qué es lo peor que podría pasarte, lo que considerarías un desastre total y absoluto. De esta forma puedes prepararte para lo peor e incluso buscar posibles soluciones llegado el caso.

Volviendo al ejemplo, mi peor escenario sería quedarme completamente en blanco y no ser capaz de seguir con la exposición. Defraudar no sólo a la audiencia, sino quedar en entredicho mi profesionalidad, especialmente si hay gente importante presente.

Y entonces te toca evaluar el daño real que te puede ocasionar ese escenario. Si eso ocurre y no puedes solventarlo, ¿cómo de grave sería? ¿En una escala de uno a 10, cómo de desastroso seria? Pero hazlo objetiva y razonadamente. En la mayoría de los casos, las repercusiones son muchísimo mejores de lo que esperamos a priori.

En el ejemplo, pues realmente no sería tan grave. Todo el mundo tiene bloqueos en un momento dado y nadie te va juzgar por una única presentación. Si ya tienes una trayectoria demostrada, un pequeño error puntual como ese no tiene repercusiones más allá de pasar un poco de vergüenza. Si no tienes nada demostrado, entonces tienes todo el tiempo por delante para demostrar lo que vales y tu gran profesionalidad 😉

3. Ver cuál es el coste de permanecer igual

No me refiero a un coste monetario (que en según qué proyectos existirá). Sino cualquier tipo de coste, incluidos los emocionales, los profesionales… en cualquier cosa sobre la que te pueda repercutir negativamente.

En nuestro ejemplo, si no doy mi charla me estaré limitando a nivel personal y profesional. No podré hacer ninguna comunicación oral en ningún congreso, no podré dar cursos ni conferencias, ni siquiera exponer resultados a compañeros de trabajo. Muchos trabajos tiene como requisito excelentes habilidades comunicativas.

Pero es que, además, mi miedo a hablar en público irá creciendo y me irá resultando más difícil enfrentarme a él. Porque no es lo mismo dar tu primera charla a tus compañeros de clases que hacerlo en un congreso internacional, con los mejores profesionales de tu campo.

4. Los posibles beneficios que te acarreará

No sólo tienes que ver los costes de no llevar a cabo tu proyecto, sino también los posibles beneficios de realizarlo. Este punto, junto con el anterior, te proporcionarán ese último impulso para dar el salto y decidir lanzarte a realizar tu proyecto.

De nuevo hablando de la charla, dar mi primera charla me sirvió para obtener más seguridad en mí mismo y vencer el miedo a hablar en público. Pero además me permitió aumentar mi currículum vitae con charlas y comunicaciones orales en congresos, por ejemplo. Y todo ello me ha abierto las puertas a la posibilidad impartir cursos en un futuro, por ejemplo.

5. Minimizar las posibilidades de fracaso: el plan B

Una vez que has definido tu miedo y los peores escenarios, y has evaluado costes y beneficios, ahora estás preparado para minimizar los posibles impactos negativos. Por una lado, al tener ya tu problema definido y claro, puedes crear una estrategia que te ayude a evitar ese fracaso.

Por ejemplo, en mi caso, pondría un papel con el esquema de la presentación junto a la botella de agua. Si me quedo en blanco, voy a beber, me tranquilizo y,mientras me sirvo el agua, echo un ojo a las notas sobre el papel. Mientras manipulo la botella y bebo me tranquilizo y puedo recuperar el hilo fácilmente.  ¡Y vuelta al ataque!

Pero además, el haber pensado en todos los escenario te permite preparar un plan B para paliar los efectos de ese fracaso si llegase a producirse. En mi caso, si hubiese sido tan desastroso, pues habría pedido poder repetir la charla o me presentaría voluntario la siguiente vez, para demostrar ante todos y ante mí mismo que realmente soy capaz de hacerlo bien.

6. Ríete de ti mismo

Y si todo sale mal… Pues aprovecha y conviértelo en un anécdota que siempre saque unas risas en las reuniones. Tú habrás aprendido mucho antes, durante y después del fracaso y además el hecho de normalizarlo y reírse de uno mismo quita hierro al asunto. Siempre, siempre tenemos que intentar disfrutar de todo lo que hacemos. Hasta de las cosas que hacemos mal.

Y continúa fracasando

Porque siempre serán muchos más los fracasos que los éxitos, o si no todos seríamos multimillonarios y famosos 😛 Pero si fracasas es porque lo estás intentando y sólo ese es el camino hacia el éxito. No tengas miedo a caer porque siempre te levantarás. Los efectos nunca son tan terribles como pensamos y las consecuencias de cada proyecto pueden ser enormemente positivas, incluso en formas que ni siquiera hemos imaginado.

En Biología he sufrido muchos fracasos. En la carrera suspendí algún examen, en más de una charla me he quedado en blanco ante alguna pregunta, me han rechazado un montón de artículos en distintas revistas, no logré la beca FPI la primera vez que la solicité, he mandado cientos de currículos a numerosas ofertas o simples autocandidaturas y en una inmensa mayoría de las veces o me han rechazado amablemente o ni tan siquiera me han contestado. He creado una campaña en Patreon que  ha sido un fracaso pues, salvo contadas pero maravillosas aportaciones, no he sabido movilizar a los lectores. Mi primer curso no he podido llegar a impartirlo porque no alcanzó el número mínimo de alumnos. Y antes de este blog llevé casi una decena de ellos (de relatos, de ofertas de trabajo para biólogos, personales, de asociaciones…). Y ninguno de ellos sobrevive.

Pero todo ello me ha enseñado mucho y me han convertido en el profesional que soy hoy en día. Y este blog, al que siguen más de 11400 personas en Facebook y con más de 1200 suscriptores activos, es el resultado de todos esos proyectos que he iniciado y que no funcionaron, así como de los que sí lo hicieron.

Conclusión

El fracaso es parte de la vida y es parte de esta carrera y esta profesión que es la Biología. Si sabes que vas a fracasar y te preparas para enfrentarlo correctamente, encajar los golpes y hasta extraer algo positivo, te será todo mucho más sencillo. Tampoco es cuestión de festejar el fracaso, porque no tiene sentido, pero sí que hay que restarle importancia y asumir que forma parte del currículo de cualquiera. Especialmente de aquellos más aventureros, innovadores e inquietos. Y que mira tú qué casualidad, suelen ser los que triunfan 😉

Así que adelante con todos tus proyectos, grandes o pequeños, y prepárate para fracasar. Porque es de fracasos de lo que está sembrado el camino del éxito, de intentos de encontrar ese sendero que te guiará hasta conseguir tus sueños. ¿Vas a quedarte sin buscarlo? 😉

Y con esta pequeña reflexión termino el post de hoy. Que últimamente se me van de las mano en cuanto a longitud. Si has sido tan valiente como para llegar al final de este post, da el último salto y cuéntame qué te ha parecido. Cuéntame como te enfrentas tú al fracaso. Cuéntame si has conseguido el éxito, si ha sido a la primera o después de numerosas intentonas. Cuéntame aquello que te preocupa y comparte tu historia conmigo y con el resto de los lectores. O comparte este artículo si crees que puede ayudar a alguien. Seguro que entre todos convertimos este post en un éxito 😉

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¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, empresas, éxito, fracaso, planificación, profesión, proyectos, trabajo

Entrevista a Ernesto Málaga

23/06/2016 by Bichólogo Deja un comentario

El entrevistado

Ernesto es un biólogo todo terreno. Actualmente trabaja en la empresa privada, en temas de consultoría ambiental, y es especialista en recursos ambientales. Pero su experiencia va mucho más allá, pues trabajado en varias áreas protegidas de Perú e incluso ha sido director de algunas de ellas. Y he conseguido que comparta su dilatada experiencia con nosotros a través de esta entrevista 😉

Ernesto, en pie, junto al cartel que anuncia el Santuario Nacional Lagunas de Mejia
Ernesto, a la derencha, en la entrada de al Santuario Nacional Lagunas de Mejía

Conocía a Ernesto de casualidad, en una charla aquí en España. Pero gracias a ello, por avatares del destino, pude embarcarme en aquel viaje maravilloso a Perú, donde tuve ocasión de trabajar con él en la Reserva Nacional de Lachay durante algo más de un mes, haciendo un estudio de la caracterización del hábitat del canastero de los cactus (Pseudoasthenes cactorum). Así que poder entrevistarle me ha traído muy buenos recuerdos. Espero que disfrutes la entrevista tanto como yo. No tienes desperdicio 😉

La entrevista

1. ¿Cuáles son las principales atribuciones de un director de un área natural? ¿En qué consistía tu trabajo diario?

Es difícil generalizar las atribuciones del director de un área natural, debido a que estas no son las mismas en todas las áreas. Las leyes de cada país establecen las obligaciones y atribuciones de los encargados de manejar las áreas protegidas y estás leyes pueden ser muy distintas en cada país. Si dejamos de lado las particularidades de cada área y país, los encargados de manejar las áreas son en esencia los responsables de que se cumplan sus objetivos de conservación y entre sus atribuciones están: organizar y dirigir las actividades de vigilancia y protección del área y en caso de infracciones a las leyes, impedir y detener las actividades que afecten los recursos naturales; dirigir y otorgar permisos para las actividades de extracción o aprovechamiento de recursos en conjunto con la población local; dirigir el uso turístico de las áreas protegidas con el apoyo del personal del área; promover la difusión de los recursos naturales del área y organizar la educación e interpretación ambiental; promover y autorizar las actividades de investigación científica. Para priorizar el trabajo diario un buen consejo es tener siempre en mente los objetivos de creación y desarrollo que tiene cada área natural y enfocarse en avanzar diariamente en el logro de esos objetivos. El trabajo diario varía de acuerdo a la estación del año, la época de mayor turismo, la época de migración de las aves, el periodo de mantenimiento de los senderos turísticos, siempre se busca estar en armonía con los ciclos naturales y artificiales. El trabajo diario se divide entre visitar el área y concluir el papeleo pero eso suele variar con la época del año.

2. ¿Cómo se puede entrar a formar parte del sistema de áreas protegidas? ¿Por méritos? ¿Examen? ¿Desde la empresa privada?

En Perú es obligatorio pasar por un proceso de selección donde se evalúan los méritos del postulante. Es muy valorado tener experiencia previa como voluntario, haber sido investigador científico o guía turístico en un área natural protegida. Cualquier candidato debería poder demostrar que ha vivido y trabajado exitosamente, entre tres a seis meses como mínimo en un área natural protegida antes de formar parte de la administración de las áreas protegidas. Esto es porque siempre vemos a muchos románticos que quieren trabajar en las áreas protegidas pero luego abandonan porque se dan cuenta que extrañan mucho a sus padres o a su novia o al internet o los salones de baile. Las áreas protegidas no son para todo el mundo y es normal que sea así, por ello debes demostrar que te gusta mucho el campo y que estás muy cómodo en la naturaleza para trabajar en ellas. También se puede ingresar a través de una organización privada (sin fines de lucro) si es que esta tiene un contrato con el estado para administrar un área natural protegida, esta opción existe en Perú pero puede que no esté desarrollada en otros países. En mi caso para ingresar al sistema nacional de áreas protegidas evaluaron mi experiencia previa de voluntario e investigador, me tomaron un examen de conocimientos y me hicieron una entrevista personal.

3. ¿Qué otros conocimientos, aparte de los biológicos, ha de tener alguien que se involucre en las gestión de áreas protegidas?

Recomiendo que intenten conocer lo siguiente: Normas Legales: debes conocer muy bien la legislación de áreas protegidas si quieres colaborar. Manejo Turístico: si es un área donde existe este uso es útil tener idea del manejo del turismo. Técnicas Forestales: si los bosques y árboles son muy abundantes o importantes serán útiles tus conocimientos forestales. Pedagogía, manejo de audiencias: La educación ambiental es importante en todas las áreas naturales te será importante como educar al público. Sistemas de información geográfica: necesario para todas las áreas. Idiomas extranjeros: básico en áreas con turismo. Mecánica automotriz y de motores fuera de borda: los coches y botes suelen quedar atrapados-varados lejos de cualquier tipo de ayuda, suele ser muy útil saber de mecánica. Primeros auxilios: puedes salvarle la vida a tus compañeros o ellos a ti.

4. ¿Cuánto hay de trabajo de campo y cuánto de papeleo en la gestión de un área protegida? ¿Es un trabajo político y burocrático o hay un equilibrio con el trabajo en contacto con la naturaleza?

Hemos aprendido que solo se puede decidir y manejar las áreas protegidas con un amplio conocimiento de su realidad y esto exige salir al campo y tener conocimiento directo del estado de los recursos naturales, por ello ninguna gestión de las áreas protegidas puede ser mayormente desde la oficina. Sin embargo eso no disminuye que exista burocracia y excesivo papeleo en el sistema de áreas protegidas especialmente siendo una institución estatal. Con el incremento de responsabilidades más trabajo de escritorio se deberá resolver. Dividir las actividades diarias entre conocimiento preciso del estado del área y actividades de apoyo a la gestión suele tomarte todo el día. Un equilibrio entre ambas es difícil pero no imposible. Depende mucho del estilo de trabajo que uno mismo se imponga, algunos prefieren dirigir la mayor parte desde la oficina, otros tratan de pasar la mayor cantidad posible de tiempo en campo.

5. En el organigrama de un área natural, ¿qué puestos puede desempeñar un biólogo? ¿En cuántas de ellas existe un contacto más o menos directo con la fauna?

Un biólogo puede trabajar en todos los puestos de un área natural, dependerá de sus capacidades cuantos puestos pueda llegar a ocupar. El puesto de administrador, que es quien debe vigilar los gastos, la contabilidad, las compras y los almacenes es el más difícil para un biólogo y casi ninguno de nosotros lo logra dominar pero creo que podríamos lograrlo si dejáramos de mirar tanto los bosques y la fauna. Los biólogos que trabajan en áreas naturales deben conocer muy bien las leyes sobre protección del patrimonio natural y deben tener la actitud y el carácter necesario para defender legalmente y a menudo con tu propia integridad física, las áreas protegidas. Un biólogo que defiende las áreas protegidas debe desempeñarse a menudo como alguien que se apoya mucho en sus conocimientos técnicos para actuar como un abogado-policía en defensa del ambiente y este tipo de labor es muy útil para todos aquellos que trabajan en áreas donde existen amenazas graves a la conservación. Los biólogos que pueden desempeñar distintas funciones y tener varias facetas suelen ser los mas útiles. Los biólogos en áreas naturales donde existe un uso turístico del patrimonio natural tienen atribuciones y un trabajo diario distintos a los de un biólogo en un área sin turismo. En este caso se requiere estar vigilantes de los posibles impactos del turismo sobre el ecosistema y al mismo tiempo debes poder ponerte en el lado del turista sin descuidar la protección del área natural que es siempre lo primero. Nuevamente los Biólogos polifacéticos pueden desempeñarse con éxito si conocen lo suficiente de la industria del ecoturismo como para plantear alternativas con el menor impacto posible a las áreas protegidas. Los guarda parques que son quienes deben vigilar y recorrer diariamente las áreas protegidas son los que mayor contacto tienen con la fauna, porque su contacto con ella constante aunque algo distante. Sin embargo algunos biólogos investigadores son quienes llegan a estar en un contacto más estrecho con la fauna por breves periodos por la misma naturaleza de sus investigaciones.

6. ¿En qué áreas naturales de Perú has trabajado? ¿Cuál fue tu favorita?

He trabajado en Lomas de Lachay, Lago Junin, Bosque de piedras de Huayllay, Santuario Historico de Chacamarca, Parque Nacional Huascaran, Lagunas de Mejía y en la Reserva de Islas, Islotes y Puntas Guaneras. Lachay y Lagunas de Mejía fueron mis áreas favoritas.

Observando fauna en el Santuario Nacional Lagunas de Mejía
Guiando a grupos de turistas dentro del Santuario Nacional

7. ¿Qué tipos de proyectos o estudios has promovido o llevado a cabo en las distintas áreas protegidas en las que has estado?

En muchas áreas naturales tenemos deficiencias en infraestructura o equipamiento y por ello he trabajado en proyectos que han buscado dotar de mejores condiciones y capacidades de trabajo al personal que trabaja en las áreas protegidas, por ejemplo en Lachay apoyamos en el proyecto de la construcción de su nueva sede administrativa y de una Escuela de Educación Ambiental en el interior del área natural, esto permitió mejorar las capacidades del área y posicionarla como un sitio educativo sobre la naturaleza. Por mi formación como biólogo he tratado de apoyar la mayor cantidad posible de investigaciones en flora y fauna dentro de las áreas protegidas aunque he tenido pocas oportunidades de conducir mis propias investigaciones, sin embargo la generación de conocimientos que hemos promovido ha sido ampliamente mayor que las que yo hubiese podido emprender individualmente o en equipo. Algunos estudios que apoyamos han sido importantes para entender cómo funcionan los ecosistemas de las áreas protegidas donde trabajamos, por ejemplo los estudios de Margarita Arana en Lachay fueron importantes para conocer como fluctúan las poblaciones de roedores en las lomas. En Lagunas de Mejía apoyamos las labores de campo para el Atlas de aves playeras del Perú.

8. ¿Se hace ciencia en los espacios naturales protegidos o simplemente se conserva lo que ya existe?

El conocimiento científico es imprescindible para manejar las áreas naturales protegidas, no se puede conservar lo que no se conoce. Por ello siempre debe hacerse ciencia en los espacios protegidos. El conservar un espacio sin saber que alberga ya no es válido en la ciencia de la conservación. El paradigma de que las áreas protegidas son castillos que solo debemos defender ha sido cambiado por el de Castillos con tesoros que debemos descubrir, comprender y compartir. Para conservar se debe hacer ciencia.

9. ¿Cuáles son las mayores amenazas para las zonas protegidas a las que te enfrentaste durante tu gestión?

Existieron muchos casos particulares que sería largo enumerar, un resumen de las mayores amenazas a las que nos enfrentamos incluye a: el cambio de uso del suelo alrededor y dentro de las áreas protegidas, la presencia de especies exóticas invasoras, la práctica del sobrepastoreo, la sobrepesca y la pesca ilegal, la contaminación con agroquímicos y aguas residuales y los impactos del turismo desordenado. Estas amenazas fueron comunes a varias áreas protegidas y son las que mayores esfuerzos requirieron.

10. ¿Y cuál ha sido tu experiencia más reconfortante al cargo de alguna de estas áreas naturales protegidas?

Lo más reconfortante fue que en algunos casos logramos la confianza de la población local en que es posible conservar las áreas protegidas en armonía con el desarrollo económico y social de las comunidades vecinas. Fue esperanzador el saber que los espacios protegidos pueden persistir con el apoyo de los que los rodean. Esto ocurrió en varias áreas y en distintos momentos. Otro motivo de confort es el que se logra frecuentemente a veces diariamente cuando logras explicar a los visitantes de las áreas protegidas la importancia de conservar la flora y fauna, y adviertes que realmente algunos quedan interesados e intentan comprender lo que les explicas, especialmente si son niños. Ese tipo de experiencias son muy reconfortantes y pueden ser comunes en las áreas protegidas. Algunas otras experiencias reconfortantes pueden haber sido más personales e individuales: como el conocer donde se pueden ver especies endémicas o amenazadas y tener el privilegio de verlas continuamente o tener acceso a lugares donde muy pocas personas suelen estar por ser de zonas de protección estricta para la fauna o flora u otras situaciones parecidas.

11. ¿Cómo ves el ecoturismo? ¿Enemigo de la conservación o herramienta útil de concienciación?

El Ecoturismo es por definición una actividad amigable con el ambiente y es muy útil para conservar al ser un uso no consuntivo del paisaje. En muchas áreas hace falta desarrollar actividades de ecoturismo para disminuir el consumo de los recursos naturales en las áreas protegidas. Pero sigue siendo una actividad económica y su desarrollo desordenado puede ocasionar impactos. Estoy a favor del ecoturismo en las áreas protegidas porque es una herramienta para la conservación pero debe ser estrechamente regulado para evitar sus potenciales efectos negativos.

12. ¿Es fácil compatibilizar la protección de un área natural con el ecoturismo? ¿Cuáles son los principales retos a los que te has enfrentado?

No es fácil compatibilizar el turismo y las áreas protegidas, debido a que puede llegar a afectarse de forma casi irreversible el ambiente con los impactos del ecoturismo. Ejemplo: la invasión de especies de plantas exóticas invasoras es común en los senderos de las áreas protegidas por donde ingresan visitantes desde campos de cultivo vecinos, o la erosión de los zapatos de miles de visitantes sobre Kms de senderos en suelos muy delgados y frágiles es una amenaza en áreas protegidas pequeñas. El área de los efectos de borde de las actividades turísticas en relación al área total protegida es uno de los principales factores que tomo en cuenta para este tema. Los retos para que el turismo no sea declarado una amenaza suelen provenir desde la industria turística local y nacional

13. Actualmente ejerces como consultor ambiental para empresas privadas. ¿En qué consiste, a grandes rasgos, tu trabajo?

Observo cuales son los asuntos ambientales significativos de la gestión o desarrollo de los proyectos que tiene una empresa. Aconsejo sobre las mejoras y recomiendo los cambios que deben efectuarse para que la empresa no tenga inconvenientes en la ejecución de sus actividades desde el punto de vista ambiental. Efectuó evaluaciones ambientales y evaluó las que hacen otros y propongo medidas en caso se evidencie que hay afectaciones a la calidad ambiental o a la flora o fauna.

14. ¿Cuándo estabas más en contacto con la naturaleza, cuando trabajabas en el sistema de áreas protegidas o en el mundo de la consultoría medioambiental?

Nada se compara a trabajar en un área natural protegida en términos de estar en contacto con la naturaleza. Casi ningún otro trabajo te puede poner tan en contacto con el mundo natural. Sin embargo suele ser mucho más relajado estar en contacto con la naturaleza cuando no tienes la responsabilidad de cuidarla y protegerla como en un área protegida, por lo que puedes disfrutarla con mucha más calma.

15. ¿Qué consejos les darías a los lectores a los que les gustaría trabajar en algún área protegida de su país? ¿Y a los que quieren probar suerte en el mundo de la consultoría medioambiental?

Para trabajar en las áreas protegidas se debe ganar experiencia previa y capacitarse antes tanto como sea posible. No todos pueden llegar a trabajar en un área natural protegida pero si te sientes muy cómodo viviendo en medio de la naturaleza y tienes mucho interés y convicción de querer trabajar en este tema debería intentarse. Se puede encajar mejor en algunas áreas protegidas que en otras de acuerdo a tus capacidades personales. Un buen estado físico que permita recorrer las zonas silvestre y la capacidad para un trato amable y gentil con cualquier visitante pueden ser útiles desde el inicio, pero muchas personas al inicio no hemos tenido la capacidad física necesaria o la empatía y capacidad de comunicarnos con el público que era necesaria pero fuimos desarrollando estas habilidades con la práctica. Los consultores suelen ser los que saben mucho de todo y de nada al mismo tiempo, porque solo después de haber trabajado extensamente en algún campo puedes dar consejo y porque siempre estarás atrasado si solo cuentas con tu experiencia anterior para aconsejar y proponer soluciones nuevas. Les aconsejo disponer de toda la experiencia previa disponible (propia o ajena) y de la última información y tecnología que estén disponibles para tener éxito en la consultoría ambiental. Suerte con ello.

Más información

Podéis saber más de Ernesto consultando su perfil profesional en linkedin. También podéis seguir sus observaciones de fauna en su perfil dentro de la plataforma de ciencia ciudadana iNaturlist.

Y hasta aquí la entrevista de hoy. Creo que ha sido una entrevista de lo más completa y aplicada. ¡Y me ha hecho recordar tantas cosas de mi viaje a Perú! Pero ahora prefiero que me cuentes tú tu opinión. ¿Qué te ha parecido la entrevista? ¿Te gustaría trabajar en algún área protegida de tu país? ¿Tienes alguna experiencia parecida? ¡Te espero en los comentarios!

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¡Lo quiero!

Publicado en: Entrevistas, Podcast Etiquetado como: áreas protegidas, biología, biólogo, conservación, entrevista, parques nacionales, trabajo de campo, trabajo de oficina

Guía básica para encontrar tu camino en biología

26/05/2016 by Bichólogo 79 comentarios

La Biología es una ciencia amplísima. Tanto es así que algunas ramas se han escindido hasta conseguir entidad propia, como la Medicina (que no es más que una parte de la biología humana). Esto provoca dos grandes problemas: por una lado, resulta complicado elegir qué es lo que realmente nos gustaría hacer, y por el otro, existe a menudo la tentación o la necesidad de cambiar de campo de estudio.

En el artículo de hoy voy a hablar sobre el primero de estos problemas, el cual está muy relacionado con el tema de la vocación sobre el que escribí hace poco tiempo. Pero en este caso va mucho más allá. La vocación puede ser algo muy amplio, mientras que durante la carrera primero, y después, cuando comiences a trabajar, vas a tener que ir tomando una serie de decisiones muy concretas, encaminadas a definir y delimitar la que será tu especialización. Y lo que voy a contarte es una guía básica para encontrar la mejor forma de ir tomando esas decisiones. Comenzamos 😉

Cruce de carreteras con el título del artículo superpuesto

1. La búsqueda de la vocación

Todos tenemos nuestras pasiones, aquello que nos produce gozo o alegría, con lo que disfrutamos profundamente. Quizás aún no las hayas encontrado (aunque si estás leyendo este blog seguramente la biología sea una de ellas ;)); quizás las hayas descubierto hace años. Pero sea como fuere, es importante que tengas claro si la biología forma parte de ellas. Y es que, como he dicho un millón de veces, esta profesión es tremendamente vocacional. Sólo si eres una apasionado de la carrera podrás enfrentarte no sólo a su dificultad, sino también a todos los sinsabores que conlleva.

Debes saber que la Biología es tremendamente exigente: a nivel de conocimientos, a nivel de tiempo, a nivel de esfuerzo y, sobre todo, a nivel de compromiso. Habrá épocas que exija estar por encima de todo, mientras otras se conformará con tan sólo devorar buena parte de tu tiempo. Pero es que, además, nada te asegura que vayas a tener éxito, que apruebes la carrera o que consigas trabajo como biólogo/a.

Si ahora eres tan inconsciente de seguir pensando que aún así te quieres dedicar a esto… Enhorabuena, parece que lo tuyo con la Biología es vocacional 😉 Y el hecho de que hayas leído hasta aquí, o que incluso hayas sonreído pensando «pero si no podría ser más feliz que trabajando en eso» lo demuestra. Este es, sin duda, el primer paso firme que has dado para decidir en qué quieres trabajar 😉

2. ¿Bota o bata?

Una de las grandes preguntas que se hace todo biólogo en algún momento. O no, porque algunos, entre los que me incluyo, lo supimos desde siempre :P. Pero es una decisión no carente de importancia. Aunque vaya por delante que ambas no son mutuamente excluyentes. Es más, seguramente tengas que mezclar campo y laboratorio más de una vez, y en el mismo día, con la bata y las botas puestas 😉 Pero analicemos cada una de las opciones por separado:

El biólogo de bota

Suele asociarse este termino con los botánicos y zoólogos, aquellos profesionales cuyo objeto de estudio siempre está en el campo. Aunque pronto comprobarás que nada es blanco o negro en esto de la biología, y que hasta los biólogos más camperos tienen que volver al laboratorio a menudo, incluso por largas temporadas. Pero se supone que los miembros de este gremio pasamos mucho tiempo haciendo trabajo de campo, estudiando la flora o la fauna en su ambiente natural.

Si te gustan el trabajo físico, el campo, y eres capaz de manejarte bien en áreas remotas durante largas jornadas de trabajo, entonces éste seguramente sea tu sitio. El trabajador «de bota» suele estar en vuelto en un aura de aventura, al más puro estilo de Indiana Jones. Y aunque a veces es así, tengo que decirte que la realidad es, con frecuencia, muy distinta. A veces las zonas remotas pueden ser una colonia de cría en un edificio justo al lado de la universidad (lo digo por experiencia propia :P) y la fauna salvaje a estudiar, un humilde gorrión. Pero también puede ser que tengas que viajar a sitios exóticos o trabajar con grandes mamíferos africanos, por ejemplo 😉

El biólogo de bata

Éste suele ser la imagen que la gente tiene del científico estándar: alguien con pelo blanco (mal peinado :P), una bata (también blanca), algunos bolígrafos en el bolsillo y que se pasa la vida encerrado entre matraces humeantes en el laboratorio, vertiendo misteriosos y extraños líquidos desde su bureta. Y aunque hay de todo (y he conocido alguno así), una vez se peca de prejuicios 😛 El trabajo de laboratorio siempre suele implicar largas temporadas sin salir al campo. Y hay muchos biólogos que no necesitan salir del laboratorio en absoluto para tomar datos o muestras. Si están realizando estudios de linajes celulares o de cepas corrientes que se pueden conseguir fácilmente, entonces no hay necesidad de ir a capturarlos. Pero si estudias parásitos sanguíneos de aves, por ejemplo, no te queda otra que tomar las redes japonesas y capturar tú los ejemplares para sacarles una muestra de sangre.

El trabajo de laboratorio no suele ser muy exigente a nivel físico, pero te tiene que gustar pasarte muchas horas entre cuatro paredes. Además, requiere el manejo de maquinaria complicada, técnicamente avanzada y, sobre todo, muy cara. Y eso suele molar mucho :P. Si te gusta cacharrear con aparatejos y poder montar tus experimentos desde la comodidad de un laboratorio deberías probar aquí.

3. Academia, empresa privada o trabajo público

Otras grandes áreas que puedes explorar como posibles candidatas son la investigación académica, la posibilidad de trabajar en un empresa privada o conseguir algún tipo de trabajo público. Todas ellas son salidas labores importantes para cualquier biólogo, da igual si eres de bota o de bata.

La Academia

Es una de las salidas naturales de las carreras de ciencias: convertirte en científico. La posibilidad de desentrañar los misterios que encierra la naturaleza es una perspectiva fascinante, pero también es cierto que se trata de una de las ramas que más desgaste personal y anímico produce. La investigación científica produce sentimientos muy encontrados en todos los que trabajamos o hemos trabajado en ella alguna vez.

Si eres resistente a la presión, si te seduce investigar en lo desconocido y poner tu granito de arena en el conocimiento que el ser humano tiene del mundo que le rodea, si tu voluntad es férrea, entonces quizás éste sea tu sitio. La Academia ofrece sensaciones y momentos intensos y curiosos, así como enormes posibilidades de aprender. Será una montaña rusa de emociones, habrá días que creerás que no merece la pena, pero habrá otros que pensarás que no puede existir mejor trabajo en el mundo. Una profesión llena de alegrías y decepciones (a veces hasta simultáneas :P).

Son muchos los que abandonan la Academia en un momento u otro de su carrera: ya sea por cansancio, por hastío, por falta de financiación… Pero también son muchos los que viven de la investigación, aunque cada vez sea más difícil por culpa de los políticos y su desprecio por la ciencia. Desde luego, no será una experiencia que te deje indiferente, sino que te marcará seguramente de por vida. A día de hoy, cuando estoy varios meses sin trabajar en ciencia la echo de menos, mucho más de lo que pensaba cuando estaba a punto de mandar al carajo a la tesis doctoral allá por 2011 😛

Finalmente, la Academia te ofrece infinidad de campos que explorar: ecología evolutiva, microbiología, botánica, inmunología, genética… Una enorme variedad de áreas temáticas y de objetos de estudio que difícilmente no colmará tu curiosidad científica. Si te gusta la ciencia de forma activa aquí encontrarás tu nicho sin duda alguna 😉

La empresa privada

Un biólogo puede trabajar de muchas cosas en la empresa privada. Y no hablo ya de una investigación aplicada o en laboratorios e instituciones privadas, sino en el más puro ámbito empresarial. Desde el trabajo en una consultoría ambiental, al ecoturismo, pasando por la fotografía de naturaleza y los documentales, hasta ser guía de naturaleza o montar tu propia empresa relacionada con el medio ambiente. Las posibilidades son infinitas.

Pero también son muchos los riesgos, las responsabilidades y los factores a tener en cuenta. Trabajar para otros, hacer cosas de forma distinta a como a ti te gustaría o una gran inestabilidad laboral son sólo alguno de los factores que te pueden desanimar a meterte en la empresa privada, tanto como empleado como emprendedor.

Sin embargo, la empresa privada puede ser mucho más lucrativa que la pública o que la Academia, y puedes llegar a tener total libertad si te decides a ser tu propio jefe y montar tu propio negocio. Además, la forma de trabajar, el enfoque y los resultados son totalmente distintos. Todo es mucho más aplicado, frente a la Academia, donde la mayor parte del trabajo tiene que ver con la investigación pura.

Si no buscas una gran estabilidad, te gustan los riesgos y los retos y que tus esfuerzos vayan orientados a conseguir resultados útiles y aplicables a corto plazo, entonces deberías rebuscar algo más en el mundo de la empresa privada y sus múltiples salidas.

El trabajo público

Una de las salidas favoritas para muchos, tanto si es trabajando como biólogos para los distintos programas y áreas de cada gobierno como si es en el ámbito de la educación pública. Un camino que se presenta marcado, pero igualmente interesante. Además, la gran ventaja es que, al menos en España, es un trabajo de por vida. Un sueldo estable (en general no demasiado elevado) pero que siempre va a estar ahí por el resto de tu vida.

En un mercado laboral tan convulso como el nuestro, donde los puestos de trabajo se crean y destruyen a una velocidad difícil de creer, lo que hace unos años era un empleo seguro en la empresa privada puede desaparecer de un momento a otro hoy en día. Y en medio de esta feroz inestabilidad, el remanso de paz que te ofrece un trabajo realmente fijo y estable no es desdeñable jeje Además, algunas de las actividades ejercidas por estos funcionarios no sólo son interesantes, sino además muy importantes de cara a la conservación de medio ambiente.

Por no hablar de la educación. Hoy en día dar a conocer la ciencia a los niños y jóvenes es una labor tan importante como apasionante y ardua. Porque no sólo tienes que adaptar conceptos complejos y llenos de tecnicismos a un idioma reconocible por los estudiantes, sino que tienes que ofrecer esos conocimientos de forma atractiva. Y eso, en un mundo tan saturado de información y lleno de distracciones como el actual, es todo un reto.

Si buscas estabilidad, un buen trabajo, posibilidad de ejercer en conservación o educando a otros y con cero riesgos, entonces el trabajo público es lo tuyo 😉 Probablemente no te harás rico con ello pero… ¿quién pretende realmente hacerse rico con la biología? 😛

Ya he encontrado mi sector… ¿Y ahora qué?

¡Muy bien! Ahora sólo te queda profundizar dentro del campo elegido. Puedes hacerlo de forma teórica, buscando información en internet, o también de forma práctica, contactando con profesionales del gremio, consiguiendo unas prácticas de empresa durante la carrera, yendo a congresos, por medio de un voluntariado o empezando a colaborar con un grupo de investigación en tu universidad. Todo es cuestión de probar, probar y probar.

A menudo no sabemos si algo nos gusta hasta que no lo experimentamos por nosotros mismos. Por eso intenta configurar bien las asignaturas optativas o de libre elección para no sólo complementar tu formación, sino también para poder probar un poco de esas áreas que te interesan pero no sabes si tus expectativas se adaptan bien a la realidad. Y por favor, aunque todos lo hayamos hecho alguna vez, no elijas una asignatura simplemente por lo fácil que sea aprobarla. Elige con sentido y responsabilidad ;).

¿Y si resulta que no lo he encontrado?

Si aún no sabes qué hacer, no te preocupes y sigue dejándote llevar por tu instinto. Si lo que te gusta es la Biología estoy seguro de que tarde o temprano algo interesante se te cruzará en tu camino. Prueba, experimenta, viaja, pregunta, investiga. Al fin y al cabo es eso, y no otra cosa, lo que hacemos los biólogos 😉

Y con esa pequeña reflexión me despido hoy de ti. Pero antes me gustaría preguntarte algo: ¿Has encontrado ya tu lugar en esto de la biología? ¿Ya sabes a qué te quieres dedicar? ¿Estás probando alguno de los grande sectores de los que te hablo en el blog? Cuéntame tu experiencia y tus dudas en los comentarios e intentaré echarte una mano. Además, seguro que hay mucha más gente en una situación como la tuya a las que tu comentario podría ayudarles mucho 😉

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, carrera universitaria, decisión, elección, estudios, vocación

Trabajar en un grupo de investigación: mi experiencia personal

19/05/2016 by Bichólogo 10 comentarios

Una de las cosas más difíciles durante la carrera es conseguir algo de experiencia práctica. Y no me refiero a prácticas de laboratorio o salidas al campo, no. Me refiero a experiencia real, en un trabajo real, realizando labores propias de un investigador, de modo que cuando salgas al inclemente mundo laborar seas capaz de afrontarlo con un mínimo de garantías.

De entre todas las maneras posibles de adquirir dicha experiencia la más asequible y fácil es, sin duda, colaborar con algún grupo de investigación. Mucha gente ni siquiera sabe que existe esa posibilidad y terminan la carrera con un gran número de conocimientos pero sin tener ni la menor idea de como se aplican en el mundo real. Así que hoy te voy a contar como llegué yo a estar trabajando varios años en uno de estos grupos de investigación de mi universidad ???? Pero te adelantaré que no sólo ha sido una experiencia de lo más enriquecedora a todos los niveles, que no sólo he conocido a buenos amigos que aún mantengo, años después, sino que todo lo que he conseguido en el ámbito de la investigación, tesis incluida, se lo debo a esos años. Y sin ellos, yo probablemente no sería el mismo que soy ????

Trabajar en un grupo de investigación: mi experiencia personal

¿Cómo llegué a entrar en el grupo de investigación?

Ya te he comentado que cuando comencé la carrera me encontré que el primer año de Biología era muy distinto al que me había imaginado. Eso me desanimó un poco pero, habiendo curioseado en las asignaturas de los años siguientes, sabía que después venía lo mejor y que la cosa mejoraba sensiblemente. Así que pasé mis primeros años bregando contra la bioestadística, la física, la química, las matemáticas… Pero en el tercer año ya tenía ganas de probar cosas nuevas. De hacer algo verdaderamente interesante, algo de eso que hacen los biólogos de verdad. Ya había visto que había gente que colaboraba con los grupos de investigación, pero no tenía muy claro cómo se conseguía eso. Sabía que me gustaba mucho el comportamiento animal, así que hablé con mi colega el bioblologo y decidimos subir al despacho del catedrático de Zoología, que también era el director de grupo de investigación en Etología.

La verdad es que no tengo muchos recuerdos de aquella charla. Sé que me impresionó su despacho, todo lleno de cráneos de los bichos más diversos, conseguidos durante sus viajes por el mundo: un jaguar, un delfín, algún caimán… y hasta un par de cráneos de gorila. En definitiva, un lugar fascinante y evocador para dos bisoños estudiantes como nosotros. Y sin saber muy bien qué decirle, pues nos adentramos en aquel despacho que nos terminaría resultando tan familiar y y le dijimos que nos encantaría colaborar en su grupo. En realidad no teníamos muy claro que podíamos hacer, pero sabíamos que queríamos aprender. Y debimos de transmitirlo, porque el catedrático nos dijo que estaban llevando a cabo varios experimentos y que les vendría bien algo de ayuda con el trabajo de campo. Pero que si íbamos a participar que necesitaríamos un cierto grado de compromiso, una cierta continuidad. Asentimos sin dudarlo ????

No podíamos creernos nuestra suerte. ¡Íbamos a colaborar con biólogos de verdad! Estábamos exultantes. Hoy en día, cuando miro hacia atrás, sonrío al recordar quiénes éramos cuando entramos aquel día y quiénes éramos cuando nos fuimos, varios años después. Y es que, querido lector/a, la decisión de ir a hablar con aquel catedrático ha sido una de las mejores decisiones de toda mi vida.

Comenzando en el mundo de la investigación

Dicen que los comienzos son duros y algo de verdad hay en ello. Pero quizás sea por la ilusión que tenía entonces, quizás por la enorme cantidad de información que tenía ante mí, o por el simple hecho de tener la oportunidad de trabajar con animales tan de cerca, el caso es que tengo muy buen recuerdo de esos primeros y tímidos pasos en el mundo de la investigación. Y no te creas que hice algo espectacular y tremendamente interesante. Lo primero de todo es aprender, así que la única función que podía llevar a cabo en esos primeros momentos era… anotar. Sí, me dedicaba a ir apuntando todos los datos en las hojas y pasándolos a Excel. Apasionante ????

Pero en el proceso fui aprendiendo muchísimo más de lo que me imaginaba. Por aquel entonces estaban estudiando gorriones comunes (Passer domesticus) en el aviario, haciendo distintos estudios. Mientras iba anotando todo lo que me decían aprendí cómo se coge correctamente un paseriforme con una mano, de modo que tengas la otra libre para hacer las mediciones; cómo se miden los distintos caracteres morfométricos (pico, tarso, quilla, recreces…); cómo se toman muestras de sangre, cómo se almacenan, cómo se hace un frotis y qué es una centrifugadora de capilares. También aprendía cómo se realiza un experimento, qué es el grupo control o cómo se usaban la fitohemaglutinina y el PBS para medir la respuesta inmune de un ave. Todos ellos conocimientos que, de otra manera, no habría adquirido durante la carrera y que posteriormente me resultaron tremendamente útiles.

El día a día consistía en capturar gorriones en los aviarios, asistir a cómo se hacían los experimentos y leerme artículos que me iban pasando para saber qué es lo que realmente estaba haciendo, en vez de realizar el proceso mecánicamente. También pasaba tiempo en el laboratorio, aprendiendo a centrifugar las muestras de sangre para separar el plasma de las células, o charlando con los demás investigadores, empapándome de todo lo que podía y aportando en la medida de mis posibilidades.

Empiezan las publicaciones

Y todo trabajo tiene su recompensa. Y este, aunque aún no cobrase por él, también. Cuando llevaba ya algún tiempo colaborando con ellos, surgió la posibilidad de ir al IX Congreso Nacional y VI Iberoamericano de Etología en Madrid, allá por 2002. Y como habíamos trabajado mucho y bien, pudimos presentar algunos pósters. Y bien productivo que fue. No sólo conseguí las primeras publicaciones de verdad, sino también participé en un curso que se organizaba de forma paralela. Después vino mi primera mención en un artículo. No como co-autor, pero sí en los agradecimientos, cosa que me hizo mucha ilusión por aquél entonces.

Hoy en día, sin embargo, las cosas son distintas y los tiempos van cambiando a paso agigantados. Las publicaciones en congresos ya no son tan valiosas y debes tratar de publicar tu primer paper cuanto antes, aunque sea como co-autor, o te quedarás muy atrás en la carrera por conseguir cualquier vacante o beca. La competitividad hoy es muchísimo más alta que por aquellos años en que yo comenzaba en el departamento.

Poco a poco, me fui formando y adquiriendo cada vez más responsabilidades y asistiendo a más congresos. Ya no sólo colaboraba tomando notas en los experimentos o en el laboratorio, sino que me encargaba del seguimiento de las cajas-nido instaladas por todos los tejados de la facultad. Esto implicaba ir cargado con una gran escalera metálica y comprobando uno a uno los nidos, para ver si estaban ocupados o no, cuándo comenzaba la reproducción, cuántos huevos ponían, cuántos pollos nacían, anillar dichos pollos y posteriormente ver cuántos sobrevivían. Además, también había que capturar a los padres en cada nido y poder ver quién era padre de quién 😛

Todo ello me suponía ir dedicando cada vez más tiempo al departamento. A menudo mis compañeros estaban en clase o tomando una cerveza en las horas libres mientras yo estaba por los tejados de facultad, revisando nidos de gorrión, pertrechado con una caja de herramientas con todo lo necesario para anillar los pollos y los adultos que iba capturando. Sin embargo, no descuidé tampoco las clases, asistiendo a aquellas más complicadas y consiguiendo los apuntes de las clases a las que faltaba, además de dedicar muchas horas a recuperar el tiempo estudiando en la biblioteca (y echando también alguna partida de dardo o de billar, para que nos vamos a engañar :P). Pero si uno se organiza bien, siempre hay tiempo para todo 😉

Sin embargo, al terminar la carrera, me surgió aquel voluntariado en Perú y meses después la posibilidad de tener mi primer trabajo pagado. Así que abandoné el departamento de zoología de forma indefinida. Pero para aquel entonces ya tenía en mi haber 4 pósters en congresos, lo que venía a ser 4 pósters más que la inmensa mayoría de mis compañeros de carrera, a la par que una experiencia de lo más provechosa.

La vuelta al grupo de investigación

Aquella primera experiencia laboral duró algunos meses, pero luego surgió  la posibilidad de hacer el doctorado en Bolivia. Oportunidad que se disipó al estallar una pequeña revolución justo en la ciudad donde iba a quedarme. Encadené un trabajo de técnico en otra universidad y, por azares del destino, me surgió la posibilidad de volver al mismo grupo de investigación, con la misma gente, sustituyendo al Bioblogo, que por aquel entonces comenzaba sus periplos por el mundo y tenía que dejar su puesto de técnico de apoyo a la investigación.

Esto me permitió seguir alimentando mi currículo y optar a una beca para no doctores de mi universidad, cuyo trabajo cristalizó en la publicación de mi primer artículo y además como primer autor. Ya no sólo tenía experiencia práctica de campo, sino también con el trabajo de gabinete. Mi currículo era cada vez más completo y todo esta experiencia previa me abrió el camino hacia la consecución de una beca predoctoral de cuatro años en ese mismo grupo de investigación, con todo lo que conllevaba: escribir y publicar más artículos, realizar estancias breves en el extranjero y asistir a más y más congresos. Un efecto bola de nieve que me fue abriendo nuevas puertas con el paso del tiempo.

Concluyendo

Un hecho tan simple, al menos en apariencia, como atreverme a acercarme al despacho del catedrático a decirle que me encantaría colaborar con el Área de Zoología cambió para siempre mi futuro, marcando profundamente mi trayectoria estudiantil y laboral. Si duda fue una etapa crucial que comenzó a definirme como el profesional que soy ahora mismo y que además me preparó para todo lo que estaba por venir.

A menudo no somos conscientes de la importancia de todo lo que hagamos mientras estudiamos la carrera de biología ni de las repercusiones que todo ello puede tener en nosotros en el futuro. Y muy a menudo también nos damos cuenta demasiado tarde que podríamos haber aprovechado esa etapa mucho más de lo que lo hicimos. Toda la gente que conozcas durante esos años, todas las relaciones profesionales o de amistad que establezcas con otros profesionales, todos las publicaciones que acumules y todos los conocimiento que atesores se convertirán en la mejor arma que encontrarás al enfrentarte al incierto panorama laboral actual.

Nadie puede asegurarte que colaborando con un grupo de investigación vas a encontrar trabajo seguro y que te harás un hueco en la Universidad. Pero lo que sí te puedo decir es que la experiencia que adquirirás, las vivencias que tendrás, no sólo son impagables, sino que no podrás adquirirlas por otros medios durante la carrera. No dejes escapar esta suculenta oportunidad que te brindan los grupos de investigación. Aunque no te quieras dedicar a la investigación profesionalmente, la experiencia que adquirirás te servirá a muchos niveles: organización del trabajo, disciplina, esfuerzo, redacción de documentos formales y/o científicos…

Es una posibilidad que todo el mundo tiene a mano pero que, por desconocimiento, miedo, inseguridad o desinterés, deja pasar de largo. Y cuando llegue el momento de presentar tu primera candidatura a un trabajo y soliciten experiencia, habilidades demostrables de redacción, interés por la investigación o habilidad para trabajar largas jornadas de campo en lugares remotos, entonces te acordará de este post y de la magnífica oportunidad que perdiste.

Sin embargo, no te duermas en los laureles. El mundo hoy es tremendamente competitivo y necesitas estar actualizándote y compitiendo constantemente. Lo que era válido cuando yo colaboraba con aquel grupo de investigación no tiene por qué serlo hoy en día. En aquella época internet daba sus primeros pasos en los hogares de clase media, no existían las redes sociales y los blogs no tenían el poder que tienen ahora. La información circulaba mucho más lentamente que hoy en día. Así que, para aprovechar estas oportunidades que te brindan las colaboraciones con los grupos de investigación tendrás que emplear todas esas nuevas herramientas que están a tu disposición y tendrás que enfrentarte a nuevos retos y a distintas exigencias. Ya no vale con un par de pósters en un congreso para destacar. Tendrás que exigirte mucho más a ti,sí, pero también valorar tu propio trabajo y hacerte valer. No te despistes y, sobre todo, no te confíes 😉

Y esto es todo por hoy. Espero que el post te haya resultado interesante. ¿Tienes alguna experiencia trabajando en un grupo de investigación? ¿Tienes pensado entrar a formar parte de alguno? ¿Te gustaría dedicarte profesionalmente a la investigación? Cuéntamelo todo en los comentarios o escríbeme en cualquier de las redes sociales 😉

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¡Lo quiero!

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¿Dónde estudiar el máster y/o doctorado?

28/04/2016 by Bichólogo 17 comentarios

Al hilo del post anterior sobre dónde estudiar la carrera, hoy voy a hablarte de mi opinión personal acerca de dónde es mejor hacer tu máster o doctorado. Y es que lo dicho en aquél post sobre las ventajas de una y otra opción no es siempre aplicable en este caso. Y te voy a contar por qué 😉

El grado de madurez personal es muy diferente: no tenemos ni las mismas motivaciones ni los mismos objetivos con 18 años que con 23. En general, los años de carrera te habrán aportado una visión más completa de en qué consiste nuestra profesión y te habrás hecho una idea, al menos aproximada, de hacia donde te gustaría encaminar tu carrera. Te habrá proporcionado una visión y una serie de herramientas de las que carecías cuando estabas a punto de comenzar la carrera y que te permitirán aprovechar al máximo aquello que elijas.

¿Dónde estudiar el máster y/o doctorado?

Mientras que en el caso de la carrera la elección no era tan fundamental y estaba basada más bien en temas económicos y de comodidad personal, en este caso la elección es bastante más importante. Estudiar un máster y/o un doctorado implica vivir fuera varios años y empezar a construir las bases donde se afianzará buena parte de tu futuro laboral. Por ello voy a analizar, punto por punto, los pros y contras de completar esta etapa bien en tu país o bien en el extranjero. Una vez más, ponte cómodo que esto puede ser largo (aunque confío que también interesante ;)).

1. ¿Seguro que quieres hacer un máster?

Pues empezamos bien, pensarás. Pero creo que es fundamental contestar a esta pregunta y hacerlo bien. Un máster es una inversión importante, tanto de tiempo como de dinero. Y como habrás ido comprobando durante la carrera, no es algo de lo que, en general, estemos sobrados los biólogos :P. Bromas aparte, es una decisión que debes meditar con calma y atención.

Por un lado, el máster es un paso previo necesario para realizar un doctorado aquí en España. Así que, si quieres hacer un doctorado en este país (lo que tampoco es una decisión sencilla) no te queda otra opción que pasar por el aro y realizar un máster. Y entonces se habrían acabado tus dudas en este punto en concreto 😉 😛

Si por el contrario un doctorado no está entre tus objetivos, entonces tendrás que cavilar un poco más. Hace unos años realizar un máster era sinónimo de obtener un puesto de trabajo seguro. Era algo que te proporcionaba un cierto nivel, una distinción a la que pocos tenían acceso. Pero hoy en día la situación es muy distinta. Son muchos los que tienen uno o varios másteres y no sólo no encuentran trabajo de lo suyo, sino que no encuentran trabajo de nada en absoluto. A veces, la experiencia es mucho más importante y puede adquirirse por otros derroteros, como son los voluntariados o las prácticas en empresa, tal y como nos recomendaba Iñaki Abella al final de su entrevista.

Con esto no quiero desanimarte a realizar un máster, en absoluto. La formación es siempre importante y es siempre beneficiosa (a pesar de ese extraño e incongruente problema, cada vez más frecuente, que es la sobrecualificación). Pero asegúrate de que realmente te va a aportar algún beneficio y de si luego podrás convalidarlo en España (en el caso de que lo hagas en el extranjero) o en el país al que quieres irte a trabajar o hacer el doctorado. Y de paso, si ese máster incluye entrar a formar parte de una bolsa de trabajo, mejor que mejor 😛

Si finalmente, y tras pensarlo detenidamente, decides que el máster no va aportar nada importante a tu itinerario profesional, entonces ya puedes dejar de leer este artículo (¡aunque espero que no lo hagas! :P). Pero si crees que puede tener sentido aventurarse en un máster y/o un doctorado, entonces acompáñame al siguiente punto 😉

2. Expandiendo horizontes

Completar tu formación de postgrado en un país extranjero tiene muchas ventajas. Por un lado, y ésta es sin duda una de mis favoritas, vas a a viajar y a conocer mundo. Aunque existen muchas formas de moverte y viajar durante la carrera, la mejor forma de conocer un país es vivir en él una buena temporada. Conocerá la gente, sus costumbres, los rincones más interesantes del territorio… Sólo por eso ya merece la pena 😛

Pero no sólo conocerás mundo a nivel personal, sino también a nivel laboral. Aunque trabajemos en un mismo campo, la forma de hacerlo es totalmente distinta de un sitio a otro, al igual que son los medios de los que se disponen, según cada país. Esto hace que cada país enfoque el trabajo a su modo, entre lo sutil y lo radicalmente diferente. Por ello, conocer otras formas de trabajar o poder aplicar en tu profesión técnicas que apenas se aplican en tu país natal puede darte una ventaja funcional muy apreciada a nivel de currículo, tanto en la empresa privada como en la academia. Es, pues, un importante beneficio a tener en cuenta.

3. Haciendo crecer tu red de contactos

Ya he incidido muchas veces en lo importante que es hoy en día dedicar tiempo al networking, tanto online como offline. Y lo importante que es hacer networking de calidad. Cuanto mayor y más extensa sea tu red de contactos, mayor posibilidad de que surjan sinergias de cara preparar un proyecto o que alguien se acuerde de ti para un determinado puesto de trabajo. Por tanto, incluir entre tus contactos a gente de allende tus fronteras agrandará tu esfera de influencia. Y aunque existan otros medios de hacer contactos internacionales, como los congresos, no hay nada como trabajar codo con codo con alguien, verse todos los días, para conseguir no ya un contacto, sino un buen amigo de por vida 😉

Además, el establecer este tipo de relaciones profesionales en otro país te puede abrir la puerta al mundo laboral de allí. No importa si es en la empresa privada, la academia o administración pública, vivir en un país durante largo tiempo facilita enormemente la inserción laboral en el mismo.

4. Practicando idiomas

La mejor manera de aprender una lengua es mediante una inmersión total. ¿Y qué mejor manera de empezar que yéndose a vivir al país? A menos que vayas ya con un sólido conocimiento del idioma en cuestión, durante tus estudios allí vas a poder practicar la lengua hasta dominarla, si no como un nativo, al menos sí con la fluidez suficiente para desenvolverte a nivel profesional. Esto te permitirá que, una vez finalizado el máster, el problema del idioma haya dejado de serlo 😛 Imagina intentar buscar trabajo cuando sólo chapurreas el idioma, sin toda la práctica que adquieres durante la realización del máster 😉

Aunque el idioma nativo del lugar no es el inglés, seguramente sí que sea la lengua vehicular de los estudios de postgrado, ya que de ese modo las universidades favorecen la afluencia de estudiantes extranjeros con el fin de ir capturando el talento. En este caso, no te conformes con un único idioma. Si quieres terminar trabajando allí, aprende también el idioma nativo, por difícil que te parezca 😛 Conocerlo y hablarlo con fluidez será un plus de cara a encontrar trabajo en aquellos lares. En ambientes académicos normalmente te bastará con el inglés, pero si quieres explotar todas las posibilidades laborales de dicho país deberás aprender su idioma. Si no, siempre estarás limitado de cara a poder solicitar un puesto más allá de los muros de la universidad donde estés cursando el máster o el doctorado.

5. Un extra de prestigio

El haber completado tu formación en el extranjero siempre dota a tu currículo de un extra, especialmente si la has llevado a cabo en alguna institución famosa. Y es que haber estado trabajando o estudiando en el extranjero implica muchas más cosas aparte de los títulos o la formación que hayas conseguido. Porque irse a vivir conlleva una serie de habilidades y de actitudes que pueden resultar muy interesantes para determinados trabajos o empresas.

Por un lado implica que estás plenamente comprometido con tu profesión. Y es que, por mucho que te guste viajar, siempre te gustará hacerlo cuando y como quieres. Dejar atrás a a tus amigos, tu familia o tu pareja no es plato de gusto para nadie. Y si lo haces por completar tu formación, eso dice mucho en favor de tu entusiasmo y tus ganas de avanzar profesionalmente. Además, el haber logrado culminar con éxito tus estudios en otro país significa que dominas el idioma, que conoces gente allí, que eres una persona proactiva y adaptativa, que persigue sus metas hasta conseguirlas. Y eso es muy importante y apreciado en cualquier trabajo y en cualquier entorno laboral 😉

6. Pero no es oro todo lo que reluce…

Por muy bien que pinte todo a primera vista, el irse a estudiar fuera de tu país tiene también sus desventajas, que no son pocas. Aunque así, entre tú y yo, creo que en este caso sí que se ven más que compensadas por los beneficios. Pero júzgalo tú  😉

Por un lado está la economía. Si es caro vivir por tu cuenta en tu propio país, imagina en el extranjero, donde necesitas casa, comida, ropa… Esto es especialmente importante cuando ese país tiene un nivel de vida mucho más alto que aquel del que procedes. En esos casos, la presión económica puede ser considerable y mucha gente no podrá si quiera planteárselo. Cuando estuve viviendo dos meses en Oslo, me estuve alimentando a base de pasta, salmón (que el kilo me salía más barato que un pack de 6 latas de Heineken en el supermercado) y alguna ensalada, para aportar algo de vitaminas a mi dieta 😛 Y es que la vida allí es carísima, incluso para los propios noruegos. Así que imagina para un estudiante de doctorado con una beca española.

Chica mirando su hucha de cerdito
Si te vas a ir a vivir al extranjero empieza a despedirte de tus ahorros por si acaso 😉

Pero si el choque económico no fuese poco, tendremos también un choque cultural. Y cuanto más distante sea el país, tanto más grande será la brecha cultural. Distintas formas de hablar, de trabajar, de relacionarse, es algo que puede hacer desistir al más pintado. Y es que no es lo mismo viajar unos días a un país y sorprenderte de lo distinta que es la gente que enfrentarte a ello diariamente.

Por ejemplo, y volviendo de nuevo a mi estancia en Noruega, me costó bastante integrarme en el grupo y hacer amigos. Y no por nada, puesto que la mayor parte de la gente que conocí era muy maja y educada. simplemente es que estaba más acostumbrado a lo abiertos que somos los españoles, mientras que en Oslo todo el mundo son mucho más reservado. Por eso me resultó bastante más complicado hacerme un hueco en el círculo de sus amistades que había en el museo. Además, me resultaba muy chocante la falta de contacto entre las personas y era algo que, en ocasiones, me colocó en una situación incómoda, ya que allí no es costumbre saludar con dos besos a una chica a la que te acaban de presentar o dar un abrazo a un hombre, aunque tengas confianza con él, como sí que ocurre en España jeje.

Por otro lado están también la familia, los amigos o la pareja. No es fácil dejarlo atrás y no todo el mundo te podrá seguir en tu periplo por otro país. El tener que mantener estas relaciones en la distancia puede ser complicado y hay gente que es incapaz de adaptarse. Por eso has de ser muy consciente de a lo que te estás enfrentando y lo que va a suponer marcharte durante uno o varios años.

Finalmente, aunque no menos importante, una vez que sales de tu país normalmente no es sencillo volver. Cuando comienzas a estudiar en un sitio te surgen oportunidades allí y, dada la situación actual, es difícil rechazarlas. Además, no siempre se pueden convalidar los títulos entre los distintos países, por lo que si decides volver al tuyo podrías haber perdido años de trabajo y esfuerzo (o al menos el título que los acredita).

Concluyendo

Hemos visto que hay muchísimas ventajas yéndose a estudiar fuera, pero también importantes inconvenientes. Sin embargo, la mayor parte de estas desventajas tienen solución: muchos proyectos predoctorales llevan asociadas becas y ayudas, que te facilitarán el hecho de costearte esos años en el extranjero; si eres una persona adaptativa (una facultad que te convendría desarrollar si quieres ser biólogo) no tendrás problema a la hora de integrarte en ese nuevo país, aunque al principio pueda resultar durillo; la familia siempre estará ahí, y los amigos y la pareja… si son buenos también :P, y por último, si te has ido fuera es para buscar nuevas oportunidades, volver no es imposible pero tampoco necesario si allí encuentras todo lo que necesitas 😉

Desde mi punto de vista, y vuelvo a recalcar que es algo subjetivo, las ventajas que te otorga estudiar un postgrado en el extranjero superan con creces las desventajas. La posibilidad de crecer tanto a nivel personal como profesional que te ofrece vivir una larga temporada en otro país creo que no la ofrece casi nada. Y digo vivir, que no viajar, porque las vivencias son totalmente distintas. La independencia, la habilidad para crear nuevas amistades y contactos, el dominio de un idioma que no es el tuyo, el conocer nuevos lugares, nuevas formas de trabajar o estudiar organismos o ecosistemas que son totalmente distintos a los que hay en tu país (o tu continente) es algo que no se puede conseguir fácilmente de otra manera.

Por ello, si tienes la oportunidad y las condiciones te lo permiten, te recomendaría que salieses a conocer mundo, a formarte, a expandir tu red de contactos y tus conocimientos más allá de tus fronteras. Sal de tu zona de confort. Conoce el mundo que hay ahí fuera y disfrútalo. Absorbe todo lo que puedas y saca el máximo provecho de cada una de las oportunidades que se te brindarán, que serán muchas. Y si luego vuelves, lo harás con una formación más sólida, un currículo más fuerte y una mochila cargada de experiencias a todos los niveles que ni  todos los cursos de mundo podría comprar. Pero si decides quedarte, entonces habrás encontrado tu sitio, tu lugar, tu trabajo y un nuevo entorno donde te desarrollarás como persona y como profesional. Y eso, créeme, es algo que mucha gente se pasa la vida buscando 😉

Yo hice los cursos de doctorado y la tesis en Badajoz, mi ciudad. Y no me arrepiento de ello, porque todo lo que soy, todas las oportunidades que me han surgido, han venido de aquí. Pero la experiencia que dan los años (y ya voy teniendo unos cuantos :P) me ha ayudado a valorar todo lo que te puede ofrecer el estudiar y vivir en otro país. He aprendido a apreciar algunas de las cosas que me he perdido, oportunidades a las que he tenido que acceder por otros medios más complicados y caros (viajando mucho por mi cuenta o gracias al trabajo). Así que, si tienes la posibilidad de estudiar en el extranjero y tu situación personal y económica te lo permiten, no te lo pienses. Pero si no es así, tampoco te preocupes 😉 Tendrás que trabajar más, tendrás que agudizar el ingenio, pero podrás recuperar la ventaja perdida. Y este blog y mi propia historia son una prueba de ello 😉

Y como siempre, una vez terminado el post, me encantaría conocer tu opinión. ¿Qué te ha parecido la entrada? ¿Tienes pensado estudiar un máster o un doctorado en el extranjero? ¿O tienes claro que prefieres hacerlo en tu país? ¿Te ha ayudado en algo este artículo? ¿Qué te ha aportado? ¡Te espero en los comentarios!

Y si crees que esta entrada podría resultarle interesante a alguien no dudes en compartirla y hacer que el blog pueda llegar y ayudar a más gente 😉

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¡Lo quiero!

Publicado en: Doctorado Etiquetado como: biología, biólogo, decisiones, doctorado, estudios, formación, máster, trabajo, viajar

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