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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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Un día monitorizando una colonia de hirundínidos

06/07/2017 by Bichólogo 1 comentario

Buena parte de mi vida profesional la he pasado estudiando dos especies de hirundínidos migradores: la golondrina común (Hirundo rustica) y el avión común (Delichon urbicum). Y para ellos monitorizábamos sus respectivas colonias, desde el momento en el que llegaban los primeros individuos hasta que dábamos por terminada la temporada reproductora.

Monitorizando colonias de hirundínidos

Es un proceso largo y que requiere una enorme inversión de tiempo y esfuerzo, pero que a cambio te proporciona una gran cantidad de información, de datos, y la posibilidad de realizar estudios experimentales muy interesantes. Por eso hoy te voy a contar cómo es un día trabajando en una de estas colonias.

La estacionalidad

Una de las características más importante de este tipo de trabajo es su marcada estacionalidad. Todo el trabajo de campo se concentra en apenas 5 meses de actividad frenética, mientras el resto del año se realizan labores de gabinete: procesado y análisis de datos, elaboración y publicación de artículos científicos.

Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes: si te gusta el campo, vas a tener todo el que quieras y más durante esos meses. Pero a cambio, el resto del año te vas a ver relegado a trabajar desde tu escritorio, estudiando dando forma a todos los datos que has ido recopilando.

Además, este ritmo de trabajo intenso provoca que, a menudo, haya que realizar largas jornadas de campo, con horarios que para nada se adaptan a los de un trabajo convencional. Dado que la recogida de datos durante la época reproductora se ve reducida a unos pocos meses al año (que pueden ser bastante menos en otras latitudes), hay que concentrar todos los esfuerzos en esa época, aunque implique el tener que acoplar tus ritmos al de la especie que estés estudiando. No hay otra manera de hacerlo.

Volverán las oscuras golondrinas…

Pues sí, mi temporada de campo comenzaba, como decía Bécquer, cuando las golondrinas volvían de sus cuarteles de invierno en África. Cuando se acercaba la fecha, había que hacer visitas esporádicas para detectar el momento en que llegaban los primeros adultos, que solía ser alrededor de finales de febrero.

A partir de ese momento, comenzábamos a capturar adultos mediante el empleo de redes japonesas colocadas estratégicamente, según la especie. Por ejemplo, en el caso de las golondrinas, que criaban en un cortijo, la noche anterior cerrábamos puertas y ventanas de las habitaciones donde hacían los nidos para, al día siguiente bien temprano, colocar la red en la puerta y abrirla, para que todos los individuos fuesen cayendo al tratar de salir al exterior. Con los aviones, que criaban en el exterior de un edificio, colocábamos las redes en zonas de paso, para atraparlos cuando volvían a los nidos.

Datos, datos y más datos

Independientemente de los experimentos que se fuese a realizar (o no) ese año, cada temporada de campo intentábamos capturar todos los adultos de la colonia y anillar todos los pollos nacidos, llegando a capturar más del 98% de todos los individuos año tras año. Esto es así gracias a las peculiares características de nuestras colonias, que no sólo eran muy accesibles sino que, en el caso de la de golondrina, al estar en un cortijo, nos era muy sencillo controlar las habitaciones ocupadas por las aves.

Como te imaginarás, esto supone una enorme cantidad de datos. Cuando capturábamos un individuo tratábamos de conseguir la mayor cantidad de información posible. En primer lugar, los anillábamos con una anilla metálica numerada y una combinación única de anillas de colores de PVC, de modo que también pudiéramos reconocerlo mediante observación directa.

Una vez que teníamos al animal identificado, se tomaban toda una serie de medidas corporales, tales como la longitud del pico, el tarso, la quilla, el ala, la envergadura, el peso o la longitud de las rectrices externas e internas. También se podían medir otra serie de rasgos, en función del estudio que se estuviese realizando, como puede ser el número de ectoparásitos que se aprecian en las plumas (tanto ácaros como malófagos).

Por si fuera poco, también solíamos tomar una muestra de sangre, tanto para el cálculo del hematocrito como para ver el número y tipo de parásitos sanguíneos. En ocasiones, según el estudio, también tomábamos una muestra de plumas o incluso una muestra de esperma, que serían analizadas posteriormente en el laboratorio.

Pero no sólo hay que llevar un control de los adultos, sino también de los pollos. Hay que calcular muy bien las edades, ya que es necesario anillar a los pollos y tomarse una muestra de sangre cuando son suficientemente grandes como para colocarles la anilla que le debe durar toda la vida, pero no tan grandes como para que salgan volando antes de que puedas anillarlos.  Además, si cada pareja tiene entre 10 y 15 pollos estación reproductora, imagina la enorme cantidad de trabajo y de coordinación que implica, ya que todo esto se solapa con los estudios que se hacen de los adultos.

Arriba y abajo, arriba y abajo

Teniendo en cuenta cómo construyen sus nidos, buena parte del trabajo en las colonias de hirundínidos consistía, principalmente, en subir y bajar escaleras. Necesitamos acceder directamente a los nidos, bien sea para llevar un control de la puesta (cuando se pone el primer huevo, cuando se pone el último, cuántos huevos se han depositado, el día exacto de su eclosión o cuando hay que anillar a los pollos).

Para obtener toda esta información, había que realizar visitas periódicas a la colonia, de tal manera que molestásemos lo menos posible a los animales pero que podamos llevar un control exacto de la evolución de cada evento reproductivo de cada pareja, lo que supone un control cada dos o tres días.

Teniendo en cuenta que las colonias pueden llegar a incluir varios centenares de parejas, que en latitudes como la de España cada pareja puede tener hasta tres puestas de 5 huevos en una única estación reproductora y que cada pareja inicia la puesta en el momento que cree conveniente, imagina el control tan estricto de los tiempos que hay que tener para asegurarte de que todos los datos son comparables y la de veces que uno tiene que subirse o bajarse de la escalera jeje.

¿Quien es el padre?

Algo muy importante a la hora de hacer estudios en este tipo de colonias es poder asignar con seguridad la paternidad de los distintos pollos. No sé si alguna vez has tenido la oportunidad de ver una de estas colonias, pero seguramente has visto volar a alguna golondrina (u otro hirundínido) y te darás cuenta de que entran y salen, van y vienen, a una gran velocidad. Y si tienes casi un centenar de nidos, no es sencillo averiguar quién es quién en esto de la paternidad 😉

Si recuerdas lo que te he contado antes, a las golondrinas les poníamos unas anillas de colores que permitían su identificación visual. Así que, armándonos de paciencia y un buen par de prismáticos, nos colocábamos en un hide en medio de la habitación y, mediante la observación continuada de cada nido, íbamos identificando a los adultos que entraban en cada nido.

Se trata de un trabajo ímprobo, que requiere muchas horas de observación, ya que no es raro que los machos puedan intentar colarse en otro nido para echar una canita al aire, lo que dificulta las labores de identificación de los progenitores. Pero con un trabajo de observación cuidadoso, siempre se termina descubriendo a los verdaderos padres (y a algún que otro bígamo, que andaba a dos nidos a la vez :P).

En el caso de los aviones, este proceso es algo más sencillo, ya que la estructura del nido es distinta. Al tener sólo un pequeño agujero de entrada, podíamos llegar de noche, cuando sabíamos que los dos adultos están dentro del nido con los pollos, tapar esa entrada y volver al alba del día siguiente, para abrirla, capturar a los padres y liberarlos rápidamente, de modo que puedan salir a cebar a los pollos inmediatamente.

El resultado

Pues el principal resultado de este trabajo, sobre todo si este esfuerzo se mantiene en el tiempo, es una enorme base de datos con miles de registros morfológicos, de éxito reproductivo y de parentesco. Esto es una herramienta de valor incalculable para cualquier científico, pues te permite hacer toda una serie de estudios longitudinales que, bien combinados con una serie buenos experimentos, puede llevarte a obtener una gran cantidad de información valiosa y una buena colección de artículos científicos.

Son muchos los grupos de investigación que trabajan en una determinada zona, con una o varias colonias de distintas especies, o todo un conjunto de cajas-nido colocadas en el área, como en aquel proyecto en el que participé como técnico de campo en Suecia.

Son proyectos muy grandes, pero que también deben ser financiados a largo tiempo, lo que no siempre es sencillo a corto plazo. Pero si tienes la posibilidad de trabajar en unos de estos proyectos, no sólo vas a aprender mucho sobre la ecología de la especie en cuestión, sino sobre el propio método científico.

Se trata de una experiencia tan enriquecedora como agotadora y que, personalmente, me ha marcado y me ha aportado mucho a nivel profesional. Una experiencia apasionante que, si no se organiza bien, puede convertirse en un caos total y dar al traste con toda una temporada de campo y con todos los datos que se han ido recopilando. Así que ojito a la hora de organizarte y mantener al día el calendario.

Y hasta aquí con el post de hoy. Hacía tiempo que no escribía y, aunque sigo estando aún más liado si cabe, ya lo echaba de menos. Así que cuéntame: ¿qué te ha parecido el artículo? ¿Tienes experiencia en esto de estudiar alguna colonia de aves? ¿Te gustaría trabajar en algún proyecto de este tipo? No te cortes y cuéntame tu experiencia, bien en los comentarios o mandándome directamente un correo 😉

¿Estás cansado de buscar trabajo como hasta ahora sin resultado?

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¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: artículos científicos, aves, avión común, biología, ciencia, colonia, datos, estudios, golondrina, hirundínidos, reproducción

Guía básica para encontrar tu camino en biología

26/05/2016 by Bichólogo 79 comentarios

La Biología es una ciencia amplísima. Tanto es así que algunas ramas se han escindido hasta conseguir entidad propia, como la Medicina (que no es más que una parte de la biología humana). Esto provoca dos grandes problemas: por una lado, resulta complicado elegir qué es lo que realmente nos gustaría hacer, y por el otro, existe a menudo la tentación o la necesidad de cambiar de campo de estudio.

En el artículo de hoy voy a hablar sobre el primero de estos problemas, el cual está muy relacionado con el tema de la vocación sobre el que escribí hace poco tiempo. Pero en este caso va mucho más allá. La vocación puede ser algo muy amplio, mientras que durante la carrera primero, y después, cuando comiences a trabajar, vas a tener que ir tomando una serie de decisiones muy concretas, encaminadas a definir y delimitar la que será tu especialización. Y lo que voy a contarte es una guía básica para encontrar la mejor forma de ir tomando esas decisiones. Comenzamos 😉

Cruce de carreteras con el título del artículo superpuesto

1. La búsqueda de la vocación

Todos tenemos nuestras pasiones, aquello que nos produce gozo o alegría, con lo que disfrutamos profundamente. Quizás aún no las hayas encontrado (aunque si estás leyendo este blog seguramente la biología sea una de ellas ;)); quizás las hayas descubierto hace años. Pero sea como fuere, es importante que tengas claro si la biología forma parte de ellas. Y es que, como he dicho un millón de veces, esta profesión es tremendamente vocacional. Sólo si eres una apasionado de la carrera podrás enfrentarte no sólo a su dificultad, sino también a todos los sinsabores que conlleva.

Debes saber que la Biología es tremendamente exigente: a nivel de conocimientos, a nivel de tiempo, a nivel de esfuerzo y, sobre todo, a nivel de compromiso. Habrá épocas que exija estar por encima de todo, mientras otras se conformará con tan sólo devorar buena parte de tu tiempo. Pero es que, además, nada te asegura que vayas a tener éxito, que apruebes la carrera o que consigas trabajo como biólogo/a.

Si ahora eres tan inconsciente de seguir pensando que aún así te quieres dedicar a esto… Enhorabuena, parece que lo tuyo con la Biología es vocacional 😉 Y el hecho de que hayas leído hasta aquí, o que incluso hayas sonreído pensando «pero si no podría ser más feliz que trabajando en eso» lo demuestra. Este es, sin duda, el primer paso firme que has dado para decidir en qué quieres trabajar 😉

2. ¿Bota o bata?

Una de las grandes preguntas que se hace todo biólogo en algún momento. O no, porque algunos, entre los que me incluyo, lo supimos desde siempre :P. Pero es una decisión no carente de importancia. Aunque vaya por delante que ambas no son mutuamente excluyentes. Es más, seguramente tengas que mezclar campo y laboratorio más de una vez, y en el mismo día, con la bata y las botas puestas 😉 Pero analicemos cada una de las opciones por separado:

El biólogo de bota

Suele asociarse este termino con los botánicos y zoólogos, aquellos profesionales cuyo objeto de estudio siempre está en el campo. Aunque pronto comprobarás que nada es blanco o negro en esto de la biología, y que hasta los biólogos más camperos tienen que volver al laboratorio a menudo, incluso por largas temporadas. Pero se supone que los miembros de este gremio pasamos mucho tiempo haciendo trabajo de campo, estudiando la flora o la fauna en su ambiente natural.

Si te gustan el trabajo físico, el campo, y eres capaz de manejarte bien en áreas remotas durante largas jornadas de trabajo, entonces éste seguramente sea tu sitio. El trabajador «de bota» suele estar en vuelto en un aura de aventura, al más puro estilo de Indiana Jones. Y aunque a veces es así, tengo que decirte que la realidad es, con frecuencia, muy distinta. A veces las zonas remotas pueden ser una colonia de cría en un edificio justo al lado de la universidad (lo digo por experiencia propia :P) y la fauna salvaje a estudiar, un humilde gorrión. Pero también puede ser que tengas que viajar a sitios exóticos o trabajar con grandes mamíferos africanos, por ejemplo 😉

El biólogo de bata

Éste suele ser la imagen que la gente tiene del científico estándar: alguien con pelo blanco (mal peinado :P), una bata (también blanca), algunos bolígrafos en el bolsillo y que se pasa la vida encerrado entre matraces humeantes en el laboratorio, vertiendo misteriosos y extraños líquidos desde su bureta. Y aunque hay de todo (y he conocido alguno así), una vez se peca de prejuicios 😛 El trabajo de laboratorio siempre suele implicar largas temporadas sin salir al campo. Y hay muchos biólogos que no necesitan salir del laboratorio en absoluto para tomar datos o muestras. Si están realizando estudios de linajes celulares o de cepas corrientes que se pueden conseguir fácilmente, entonces no hay necesidad de ir a capturarlos. Pero si estudias parásitos sanguíneos de aves, por ejemplo, no te queda otra que tomar las redes japonesas y capturar tú los ejemplares para sacarles una muestra de sangre.

El trabajo de laboratorio no suele ser muy exigente a nivel físico, pero te tiene que gustar pasarte muchas horas entre cuatro paredes. Además, requiere el manejo de maquinaria complicada, técnicamente avanzada y, sobre todo, muy cara. Y eso suele molar mucho :P. Si te gusta cacharrear con aparatejos y poder montar tus experimentos desde la comodidad de un laboratorio deberías probar aquí.

3. Academia, empresa privada o trabajo público

Otras grandes áreas que puedes explorar como posibles candidatas son la investigación académica, la posibilidad de trabajar en un empresa privada o conseguir algún tipo de trabajo público. Todas ellas son salidas labores importantes para cualquier biólogo, da igual si eres de bota o de bata.

La Academia

Es una de las salidas naturales de las carreras de ciencias: convertirte en científico. La posibilidad de desentrañar los misterios que encierra la naturaleza es una perspectiva fascinante, pero también es cierto que se trata de una de las ramas que más desgaste personal y anímico produce. La investigación científica produce sentimientos muy encontrados en todos los que trabajamos o hemos trabajado en ella alguna vez.

Si eres resistente a la presión, si te seduce investigar en lo desconocido y poner tu granito de arena en el conocimiento que el ser humano tiene del mundo que le rodea, si tu voluntad es férrea, entonces quizás éste sea tu sitio. La Academia ofrece sensaciones y momentos intensos y curiosos, así como enormes posibilidades de aprender. Será una montaña rusa de emociones, habrá días que creerás que no merece la pena, pero habrá otros que pensarás que no puede existir mejor trabajo en el mundo. Una profesión llena de alegrías y decepciones (a veces hasta simultáneas :P).

Son muchos los que abandonan la Academia en un momento u otro de su carrera: ya sea por cansancio, por hastío, por falta de financiación… Pero también son muchos los que viven de la investigación, aunque cada vez sea más difícil por culpa de los políticos y su desprecio por la ciencia. Desde luego, no será una experiencia que te deje indiferente, sino que te marcará seguramente de por vida. A día de hoy, cuando estoy varios meses sin trabajar en ciencia la echo de menos, mucho más de lo que pensaba cuando estaba a punto de mandar al carajo a la tesis doctoral allá por 2011 😛

Finalmente, la Academia te ofrece infinidad de campos que explorar: ecología evolutiva, microbiología, botánica, inmunología, genética… Una enorme variedad de áreas temáticas y de objetos de estudio que difícilmente no colmará tu curiosidad científica. Si te gusta la ciencia de forma activa aquí encontrarás tu nicho sin duda alguna 😉

La empresa privada

Un biólogo puede trabajar de muchas cosas en la empresa privada. Y no hablo ya de una investigación aplicada o en laboratorios e instituciones privadas, sino en el más puro ámbito empresarial. Desde el trabajo en una consultoría ambiental, al ecoturismo, pasando por la fotografía de naturaleza y los documentales, hasta ser guía de naturaleza o montar tu propia empresa relacionada con el medio ambiente. Las posibilidades son infinitas.

Pero también son muchos los riesgos, las responsabilidades y los factores a tener en cuenta. Trabajar para otros, hacer cosas de forma distinta a como a ti te gustaría o una gran inestabilidad laboral son sólo alguno de los factores que te pueden desanimar a meterte en la empresa privada, tanto como empleado como emprendedor.

Sin embargo, la empresa privada puede ser mucho más lucrativa que la pública o que la Academia, y puedes llegar a tener total libertad si te decides a ser tu propio jefe y montar tu propio negocio. Además, la forma de trabajar, el enfoque y los resultados son totalmente distintos. Todo es mucho más aplicado, frente a la Academia, donde la mayor parte del trabajo tiene que ver con la investigación pura.

Si no buscas una gran estabilidad, te gustan los riesgos y los retos y que tus esfuerzos vayan orientados a conseguir resultados útiles y aplicables a corto plazo, entonces deberías rebuscar algo más en el mundo de la empresa privada y sus múltiples salidas.

El trabajo público

Una de las salidas favoritas para muchos, tanto si es trabajando como biólogos para los distintos programas y áreas de cada gobierno como si es en el ámbito de la educación pública. Un camino que se presenta marcado, pero igualmente interesante. Además, la gran ventaja es que, al menos en España, es un trabajo de por vida. Un sueldo estable (en general no demasiado elevado) pero que siempre va a estar ahí por el resto de tu vida.

En un mercado laboral tan convulso como el nuestro, donde los puestos de trabajo se crean y destruyen a una velocidad difícil de creer, lo que hace unos años era un empleo seguro en la empresa privada puede desaparecer de un momento a otro hoy en día. Y en medio de esta feroz inestabilidad, el remanso de paz que te ofrece un trabajo realmente fijo y estable no es desdeñable jeje Además, algunas de las actividades ejercidas por estos funcionarios no sólo son interesantes, sino además muy importantes de cara a la conservación de medio ambiente.

Por no hablar de la educación. Hoy en día dar a conocer la ciencia a los niños y jóvenes es una labor tan importante como apasionante y ardua. Porque no sólo tienes que adaptar conceptos complejos y llenos de tecnicismos a un idioma reconocible por los estudiantes, sino que tienes que ofrecer esos conocimientos de forma atractiva. Y eso, en un mundo tan saturado de información y lleno de distracciones como el actual, es todo un reto.

Si buscas estabilidad, un buen trabajo, posibilidad de ejercer en conservación o educando a otros y con cero riesgos, entonces el trabajo público es lo tuyo 😉 Probablemente no te harás rico con ello pero… ¿quién pretende realmente hacerse rico con la biología? 😛

Ya he encontrado mi sector… ¿Y ahora qué?

¡Muy bien! Ahora sólo te queda profundizar dentro del campo elegido. Puedes hacerlo de forma teórica, buscando información en internet, o también de forma práctica, contactando con profesionales del gremio, consiguiendo unas prácticas de empresa durante la carrera, yendo a congresos, por medio de un voluntariado o empezando a colaborar con un grupo de investigación en tu universidad. Todo es cuestión de probar, probar y probar.

A menudo no sabemos si algo nos gusta hasta que no lo experimentamos por nosotros mismos. Por eso intenta configurar bien las asignaturas optativas o de libre elección para no sólo complementar tu formación, sino también para poder probar un poco de esas áreas que te interesan pero no sabes si tus expectativas se adaptan bien a la realidad. Y por favor, aunque todos lo hayamos hecho alguna vez, no elijas una asignatura simplemente por lo fácil que sea aprobarla. Elige con sentido y responsabilidad ;).

¿Y si resulta que no lo he encontrado?

Si aún no sabes qué hacer, no te preocupes y sigue dejándote llevar por tu instinto. Si lo que te gusta es la Biología estoy seguro de que tarde o temprano algo interesante se te cruzará en tu camino. Prueba, experimenta, viaja, pregunta, investiga. Al fin y al cabo es eso, y no otra cosa, lo que hacemos los biólogos 😉

Y con esa pequeña reflexión me despido hoy de ti. Pero antes me gustaría preguntarte algo: ¿Has encontrado ya tu lugar en esto de la biología? ¿Ya sabes a qué te quieres dedicar? ¿Estás probando alguno de los grande sectores de los que te hablo en el blog? Cuéntame tu experiencia y tus dudas en los comentarios e intentaré echarte una mano. Además, seguro que hay mucha más gente en una situación como la tuya a las que tu comentario podría ayudarles mucho 😉

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, carrera universitaria, decisión, elección, estudios, vocación

¿Dónde estudiar el máster y/o doctorado?

28/04/2016 by Bichólogo 17 comentarios

Al hilo del post anterior sobre dónde estudiar la carrera, hoy voy a hablarte de mi opinión personal acerca de dónde es mejor hacer tu máster o doctorado. Y es que lo dicho en aquél post sobre las ventajas de una y otra opción no es siempre aplicable en este caso. Y te voy a contar por qué 😉

El grado de madurez personal es muy diferente: no tenemos ni las mismas motivaciones ni los mismos objetivos con 18 años que con 23. En general, los años de carrera te habrán aportado una visión más completa de en qué consiste nuestra profesión y te habrás hecho una idea, al menos aproximada, de hacia donde te gustaría encaminar tu carrera. Te habrá proporcionado una visión y una serie de herramientas de las que carecías cuando estabas a punto de comenzar la carrera y que te permitirán aprovechar al máximo aquello que elijas.

¿Dónde estudiar el máster y/o doctorado?

Mientras que en el caso de la carrera la elección no era tan fundamental y estaba basada más bien en temas económicos y de comodidad personal, en este caso la elección es bastante más importante. Estudiar un máster y/o un doctorado implica vivir fuera varios años y empezar a construir las bases donde se afianzará buena parte de tu futuro laboral. Por ello voy a analizar, punto por punto, los pros y contras de completar esta etapa bien en tu país o bien en el extranjero. Una vez más, ponte cómodo que esto puede ser largo (aunque confío que también interesante ;)).

1. ¿Seguro que quieres hacer un máster?

Pues empezamos bien, pensarás. Pero creo que es fundamental contestar a esta pregunta y hacerlo bien. Un máster es una inversión importante, tanto de tiempo como de dinero. Y como habrás ido comprobando durante la carrera, no es algo de lo que, en general, estemos sobrados los biólogos :P. Bromas aparte, es una decisión que debes meditar con calma y atención.

Por un lado, el máster es un paso previo necesario para realizar un doctorado aquí en España. Así que, si quieres hacer un doctorado en este país (lo que tampoco es una decisión sencilla) no te queda otra opción que pasar por el aro y realizar un máster. Y entonces se habrían acabado tus dudas en este punto en concreto 😉 😛

Si por el contrario un doctorado no está entre tus objetivos, entonces tendrás que cavilar un poco más. Hace unos años realizar un máster era sinónimo de obtener un puesto de trabajo seguro. Era algo que te proporcionaba un cierto nivel, una distinción a la que pocos tenían acceso. Pero hoy en día la situación es muy distinta. Son muchos los que tienen uno o varios másteres y no sólo no encuentran trabajo de lo suyo, sino que no encuentran trabajo de nada en absoluto. A veces, la experiencia es mucho más importante y puede adquirirse por otros derroteros, como son los voluntariados o las prácticas en empresa, tal y como nos recomendaba Iñaki Abella al final de su entrevista.

Con esto no quiero desanimarte a realizar un máster, en absoluto. La formación es siempre importante y es siempre beneficiosa (a pesar de ese extraño e incongruente problema, cada vez más frecuente, que es la sobrecualificación). Pero asegúrate de que realmente te va a aportar algún beneficio y de si luego podrás convalidarlo en España (en el caso de que lo hagas en el extranjero) o en el país al que quieres irte a trabajar o hacer el doctorado. Y de paso, si ese máster incluye entrar a formar parte de una bolsa de trabajo, mejor que mejor 😛

Si finalmente, y tras pensarlo detenidamente, decides que el máster no va aportar nada importante a tu itinerario profesional, entonces ya puedes dejar de leer este artículo (¡aunque espero que no lo hagas! :P). Pero si crees que puede tener sentido aventurarse en un máster y/o un doctorado, entonces acompáñame al siguiente punto 😉

2. Expandiendo horizontes

Completar tu formación de postgrado en un país extranjero tiene muchas ventajas. Por un lado, y ésta es sin duda una de mis favoritas, vas a a viajar y a conocer mundo. Aunque existen muchas formas de moverte y viajar durante la carrera, la mejor forma de conocer un país es vivir en él una buena temporada. Conocerá la gente, sus costumbres, los rincones más interesantes del territorio… Sólo por eso ya merece la pena 😛

Pero no sólo conocerás mundo a nivel personal, sino también a nivel laboral. Aunque trabajemos en un mismo campo, la forma de hacerlo es totalmente distinta de un sitio a otro, al igual que son los medios de los que se disponen, según cada país. Esto hace que cada país enfoque el trabajo a su modo, entre lo sutil y lo radicalmente diferente. Por ello, conocer otras formas de trabajar o poder aplicar en tu profesión técnicas que apenas se aplican en tu país natal puede darte una ventaja funcional muy apreciada a nivel de currículo, tanto en la empresa privada como en la academia. Es, pues, un importante beneficio a tener en cuenta.

3. Haciendo crecer tu red de contactos

Ya he incidido muchas veces en lo importante que es hoy en día dedicar tiempo al networking, tanto online como offline. Y lo importante que es hacer networking de calidad. Cuanto mayor y más extensa sea tu red de contactos, mayor posibilidad de que surjan sinergias de cara preparar un proyecto o que alguien se acuerde de ti para un determinado puesto de trabajo. Por tanto, incluir entre tus contactos a gente de allende tus fronteras agrandará tu esfera de influencia. Y aunque existan otros medios de hacer contactos internacionales, como los congresos, no hay nada como trabajar codo con codo con alguien, verse todos los días, para conseguir no ya un contacto, sino un buen amigo de por vida 😉

Además, el establecer este tipo de relaciones profesionales en otro país te puede abrir la puerta al mundo laboral de allí. No importa si es en la empresa privada, la academia o administración pública, vivir en un país durante largo tiempo facilita enormemente la inserción laboral en el mismo.

4. Practicando idiomas

La mejor manera de aprender una lengua es mediante una inmersión total. ¿Y qué mejor manera de empezar que yéndose a vivir al país? A menos que vayas ya con un sólido conocimiento del idioma en cuestión, durante tus estudios allí vas a poder practicar la lengua hasta dominarla, si no como un nativo, al menos sí con la fluidez suficiente para desenvolverte a nivel profesional. Esto te permitirá que, una vez finalizado el máster, el problema del idioma haya dejado de serlo 😛 Imagina intentar buscar trabajo cuando sólo chapurreas el idioma, sin toda la práctica que adquieres durante la realización del máster 😉

Aunque el idioma nativo del lugar no es el inglés, seguramente sí que sea la lengua vehicular de los estudios de postgrado, ya que de ese modo las universidades favorecen la afluencia de estudiantes extranjeros con el fin de ir capturando el talento. En este caso, no te conformes con un único idioma. Si quieres terminar trabajando allí, aprende también el idioma nativo, por difícil que te parezca 😛 Conocerlo y hablarlo con fluidez será un plus de cara a encontrar trabajo en aquellos lares. En ambientes académicos normalmente te bastará con el inglés, pero si quieres explotar todas las posibilidades laborales de dicho país deberás aprender su idioma. Si no, siempre estarás limitado de cara a poder solicitar un puesto más allá de los muros de la universidad donde estés cursando el máster o el doctorado.

5. Un extra de prestigio

El haber completado tu formación en el extranjero siempre dota a tu currículo de un extra, especialmente si la has llevado a cabo en alguna institución famosa. Y es que haber estado trabajando o estudiando en el extranjero implica muchas más cosas aparte de los títulos o la formación que hayas conseguido. Porque irse a vivir conlleva una serie de habilidades y de actitudes que pueden resultar muy interesantes para determinados trabajos o empresas.

Por un lado implica que estás plenamente comprometido con tu profesión. Y es que, por mucho que te guste viajar, siempre te gustará hacerlo cuando y como quieres. Dejar atrás a a tus amigos, tu familia o tu pareja no es plato de gusto para nadie. Y si lo haces por completar tu formación, eso dice mucho en favor de tu entusiasmo y tus ganas de avanzar profesionalmente. Además, el haber logrado culminar con éxito tus estudios en otro país significa que dominas el idioma, que conoces gente allí, que eres una persona proactiva y adaptativa, que persigue sus metas hasta conseguirlas. Y eso es muy importante y apreciado en cualquier trabajo y en cualquier entorno laboral 😉

6. Pero no es oro todo lo que reluce…

Por muy bien que pinte todo a primera vista, el irse a estudiar fuera de tu país tiene también sus desventajas, que no son pocas. Aunque así, entre tú y yo, creo que en este caso sí que se ven más que compensadas por los beneficios. Pero júzgalo tú  😉

Por un lado está la economía. Si es caro vivir por tu cuenta en tu propio país, imagina en el extranjero, donde necesitas casa, comida, ropa… Esto es especialmente importante cuando ese país tiene un nivel de vida mucho más alto que aquel del que procedes. En esos casos, la presión económica puede ser considerable y mucha gente no podrá si quiera planteárselo. Cuando estuve viviendo dos meses en Oslo, me estuve alimentando a base de pasta, salmón (que el kilo me salía más barato que un pack de 6 latas de Heineken en el supermercado) y alguna ensalada, para aportar algo de vitaminas a mi dieta 😛 Y es que la vida allí es carísima, incluso para los propios noruegos. Así que imagina para un estudiante de doctorado con una beca española.

Chica mirando su hucha de cerdito
Si te vas a ir a vivir al extranjero empieza a despedirte de tus ahorros por si acaso 😉

Pero si el choque económico no fuese poco, tendremos también un choque cultural. Y cuanto más distante sea el país, tanto más grande será la brecha cultural. Distintas formas de hablar, de trabajar, de relacionarse, es algo que puede hacer desistir al más pintado. Y es que no es lo mismo viajar unos días a un país y sorprenderte de lo distinta que es la gente que enfrentarte a ello diariamente.

Por ejemplo, y volviendo de nuevo a mi estancia en Noruega, me costó bastante integrarme en el grupo y hacer amigos. Y no por nada, puesto que la mayor parte de la gente que conocí era muy maja y educada. simplemente es que estaba más acostumbrado a lo abiertos que somos los españoles, mientras que en Oslo todo el mundo son mucho más reservado. Por eso me resultó bastante más complicado hacerme un hueco en el círculo de sus amistades que había en el museo. Además, me resultaba muy chocante la falta de contacto entre las personas y era algo que, en ocasiones, me colocó en una situación incómoda, ya que allí no es costumbre saludar con dos besos a una chica a la que te acaban de presentar o dar un abrazo a un hombre, aunque tengas confianza con él, como sí que ocurre en España jeje.

Por otro lado están también la familia, los amigos o la pareja. No es fácil dejarlo atrás y no todo el mundo te podrá seguir en tu periplo por otro país. El tener que mantener estas relaciones en la distancia puede ser complicado y hay gente que es incapaz de adaptarse. Por eso has de ser muy consciente de a lo que te estás enfrentando y lo que va a suponer marcharte durante uno o varios años.

Finalmente, aunque no menos importante, una vez que sales de tu país normalmente no es sencillo volver. Cuando comienzas a estudiar en un sitio te surgen oportunidades allí y, dada la situación actual, es difícil rechazarlas. Además, no siempre se pueden convalidar los títulos entre los distintos países, por lo que si decides volver al tuyo podrías haber perdido años de trabajo y esfuerzo (o al menos el título que los acredita).

Concluyendo

Hemos visto que hay muchísimas ventajas yéndose a estudiar fuera, pero también importantes inconvenientes. Sin embargo, la mayor parte de estas desventajas tienen solución: muchos proyectos predoctorales llevan asociadas becas y ayudas, que te facilitarán el hecho de costearte esos años en el extranjero; si eres una persona adaptativa (una facultad que te convendría desarrollar si quieres ser biólogo) no tendrás problema a la hora de integrarte en ese nuevo país, aunque al principio pueda resultar durillo; la familia siempre estará ahí, y los amigos y la pareja… si son buenos también :P, y por último, si te has ido fuera es para buscar nuevas oportunidades, volver no es imposible pero tampoco necesario si allí encuentras todo lo que necesitas 😉

Desde mi punto de vista, y vuelvo a recalcar que es algo subjetivo, las ventajas que te otorga estudiar un postgrado en el extranjero superan con creces las desventajas. La posibilidad de crecer tanto a nivel personal como profesional que te ofrece vivir una larga temporada en otro país creo que no la ofrece casi nada. Y digo vivir, que no viajar, porque las vivencias son totalmente distintas. La independencia, la habilidad para crear nuevas amistades y contactos, el dominio de un idioma que no es el tuyo, el conocer nuevos lugares, nuevas formas de trabajar o estudiar organismos o ecosistemas que son totalmente distintos a los que hay en tu país (o tu continente) es algo que no se puede conseguir fácilmente de otra manera.

Por ello, si tienes la oportunidad y las condiciones te lo permiten, te recomendaría que salieses a conocer mundo, a formarte, a expandir tu red de contactos y tus conocimientos más allá de tus fronteras. Sal de tu zona de confort. Conoce el mundo que hay ahí fuera y disfrútalo. Absorbe todo lo que puedas y saca el máximo provecho de cada una de las oportunidades que se te brindarán, que serán muchas. Y si luego vuelves, lo harás con una formación más sólida, un currículo más fuerte y una mochila cargada de experiencias a todos los niveles que ni  todos los cursos de mundo podría comprar. Pero si decides quedarte, entonces habrás encontrado tu sitio, tu lugar, tu trabajo y un nuevo entorno donde te desarrollarás como persona y como profesional. Y eso, créeme, es algo que mucha gente se pasa la vida buscando 😉

Yo hice los cursos de doctorado y la tesis en Badajoz, mi ciudad. Y no me arrepiento de ello, porque todo lo que soy, todas las oportunidades que me han surgido, han venido de aquí. Pero la experiencia que dan los años (y ya voy teniendo unos cuantos :P) me ha ayudado a valorar todo lo que te puede ofrecer el estudiar y vivir en otro país. He aprendido a apreciar algunas de las cosas que me he perdido, oportunidades a las que he tenido que acceder por otros medios más complicados y caros (viajando mucho por mi cuenta o gracias al trabajo). Así que, si tienes la posibilidad de estudiar en el extranjero y tu situación personal y económica te lo permiten, no te lo pienses. Pero si no es así, tampoco te preocupes 😉 Tendrás que trabajar más, tendrás que agudizar el ingenio, pero podrás recuperar la ventaja perdida. Y este blog y mi propia historia son una prueba de ello 😉

Y como siempre, una vez terminado el post, me encantaría conocer tu opinión. ¿Qué te ha parecido la entrada? ¿Tienes pensado estudiar un máster o un doctorado en el extranjero? ¿O tienes claro que prefieres hacerlo en tu país? ¿Te ha ayudado en algo este artículo? ¿Qué te ha aportado? ¡Te espero en los comentarios!

Y si crees que esta entrada podría resultarle interesante a alguien no dudes en compartirla y hacer que el blog pueda llegar y ayudar a más gente 😉

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Publicado en: Doctorado Etiquetado como: biología, biólogo, decisiones, doctorado, estudios, formación, máster, trabajo, viajar

¿Dónde estudiar la carrera?

14/04/2016 by Bichólogo 20 comentarios

Irse al extranjero a estudiar o hacerlo en tu ciudad o región no es una cuestión baladí. De hecho, es un cambio tan grande que probablemente esa elección te guíe por derroteros profesionales totalmente distintos según lo que escojas. Así que es algo que merece la pena pensarlo muy bien 😉

Estudiar la carrera es una etapa muy importante en la vida de cualquier persona. De hecho, prácticamente es el principio de todo. Por eso es fundamental hacerla bien. Y cuando me refiero a bien, no sólo a nivel de notas sino, sobre todo, a estar centrado.

Pasaportes

Finalmente, debes tener en cuenta es que no es lo mismo enfrentarte al hecho de estudiar la carrera fuera o hacer el doctorado fuera. Las situaciones, el nivel de madurez personal, tu desarrollo profesional, son muy distintos en ambas etapas, por lo que todo ello influirá en el hecho de decantarse por una u otra. Como verás después, no hay una opción buena o mala per se, sino que depende de las circunstancias y las aspiraciones de cada uno. Por eso, acomódate que esto puede ser largo 😉

1. La comodidad del hogar

Estudiar en tu propio país tienes un gran ventaja: la comodidad. Pero es que, además, es cómodo a muchos niveles. Tanto si vives con tus padres como si estás compartiendo piso en tu ciudad, el estar en una sociedad con unas costumbres que conoces es un lujo que no sabemos apreciar hasta que no viajamos. Y poder expresarte en tu lengua materna sin esfuerzo es algo echarás mucho de menos si en algún momento te vas a vivir a otro país durante algunos meses.

Por no hablar ya del fantástico hecho de poder ver a tu familia, tus amigos o tu pareja cuando quieras y todo el tiempo que te apetezca. O el placer de llegar a casa y tener la comida hecha, la ropa lavada y planchada y ninguna otra obligación más que prepararte el siguiente examen. Puede que te parezca algo absurdo, pero cuando te toque vivir solo, con un sueldo escaso, te acordarás de lo fácil y cómodo que era todo cuando estabas en casa de tus padres. Mantener una casa, incluso aunque sea un piso compartido con otros estudiantes, supone un gasto de tiempo y dinero bastante curioso 😉 😛

Yo estudié mi carrera en Badajoz, mi ciudad. Vivía con mis padres y eso me daba una enorme cantidad de ventajas. Por un lado, tuve la gran suerte de que ellos pudieron pagarme la universidad, por lo que no tuve que trabajar y podía centrarme al 100% en la carrera, sin tener que dedicar mucho tiempo a la comida, llevar la casa, hacer la compra y a muchas otras obligaciones que conlleva el hecho de vivir solo.

Por otra parte, mantuve el contacto con todos mis amigos, incluso del instituto. Esto me facilitó el poder disfrutar la vida universitaria como se merecía: fiestas, cervezas con los compañeros, fines de semana bailando y pasándolo bien hasta el amanecer… Todo es tan sencillo con los amigos de toda la vida…

2. La facilidad de lo conocido

Pero a nivel profesional también tiene algunas ventajas. Siempre es mucho más sencillo seguir las clases cuando se dan en tu propio idioma. Si a veces es complicado entender lo que te cuenta un profesor, imagínate si encima lo hace en otro idioma que quizás no dominas del todo.

Además, en tu país formas parte un sistema educativo que ya conoces y al que ya estás acostumbrado, independientemente de lo bueno o malo que sea (ya sabes lo que se suele decir «más vale malo conocido… que bueno por conocer«) .

Establecer relaciones profesionales es mucho más sencillo, porque todos formamos parte de la misma cultura, con las mismas costumbres y el mismo modo de hacer las cosas. Por ejemplo, en España siempre se dice que los grandes negocios y los grandes acuerdos se cierran siempre en un bar 😉 Sin embargo, si propones eso en otros países seguramente no les parezca algo serio. Idiosincracias particulares de cada sitio 😉

Una cena deliciosa
Una de las cosas que más he echado de menos cuando he vivido sólo son los excelentes platos de mi madre. Y es que como en casa… no se come en ningún sitio 😉

3. El carácter de cada uno influye

Hay personas que adoran viajar, que sueñan con irse a países lejanos, conocer mundo, sumergirse en su cultura y no dudan en establecerse en otro país… Pero hay muchas otras personas arraigadas a su tierra, a su gente y que, si pueden evitarlo, no quieren dejar su país o su ciudad natal.

Además, estudies donde estudies, allí comenzarás a crear tu red de contactos, incluso sin darte cuenta. Si lo que te interesa es trabajar en tu ciudad o al menos en tu país, es allí donde debes centrar tu labor de networking. Aunque esto no significa que debas descuidarlas conexiones internacionales, sino que siempre hay tener en cuenta tu objetivo y centrarse 😉

Yo mismo hice muchos contactos en España durante esta etapa.  Y estos contactos me ayudaron a encontrar mi primer trabajo de biólogo, colocando cajas nidos en el Parque Nacional de Monfragüe. Posteriormente, nuevas oportunidades fueron surgiendo gracias a la gente que había ido conociendo durante la carrera. Toda mi experiencia profesional en España ha estado absolutamente influenciada por esas conexiones que fui haciendo durante la carrera en mi ciudad.

4. Las circunstancias externas

Hay una frase de José Ortega y Gasset que lo define perfectamente:

Yo soy yo y mis circunstancias.

Y es que no podemos escapar a ellas. Siempre pueden existir factores que nos limiten nuestro poder de decisión, causas externas que nos cierren un determinado camino, que nos empujen en un sentido distinto al que originariamente pensábamos.

El tema económico suele ser muy importante. Mantenerse en otro país, pagando la comida, una casa, una carrera universitaria y todos los gastos que implica simplemente el hecho de vivir puede resultar absolutamente insostenible para muchas familias, lo que puede hacer que la decisión de estudiar dentro o fuera del país se resuelva por si misma ante la fuerza de la realidad.

En mi caso, nunca había pensado irme a estudiar a otro país. Mi vena viajera comenzó durante la carrera, gracias a cursos y congresos varios. Pero no fue hasta que la acabé que me volví un viajero incansable, tras mi primer viaje al extranjero (salvo Portugal, pero vivo a 4 kilómetros de la frontera, así que casi nunca lo cuento :P).

Sin embargo, sí que me habría gustado irme a estudiar la carrera a Madrid. Suponía todo un reto para mí: abandonar a mis padres, a mis amigos, aprender a gestionarme yo mismo… Pero sabía que exigiría un esfuerzo económico muy grande para mis padres. Podía estudiar Biología en la Universidad de Extremadura, así que decidí quedarme aquí. Y puedo asegurarte que nunca me he arrepentido lo más mínimo 😉

Y si te quedas… ¿qué te estás perdiendo?

Hay muchas razones que te pueden impulsar a estudiar fuera, aunque desde mi punto de vista no aportan tanto beneficio en comparación con el coste personal y económico. Además, estos beneficios, como luego te contaré, se pueden conseguir por otros medios alternativos muchísimo más baratos durante la carrera 😉 Pero vamos a ver qué estarías dejando escapar…

1. El prestigio

Sería absurdo pretender que todas las universidades tienen el mismo prestigio. Sabemos que no es así. Por eso, si la situación lo permite, estudiar en una universidad prestigiosa y reconocida podría abrirte muchas puertas.

  • Los contactos que hagas serán de mayor calidad, con mayores influencias.
  • Dado que se le presupone un alto nivel de conocimientos, un título en estas universidades te colocaría delante de graduados provenientes de otras menos prestigiosas.
  • Estas universidades suelen contar con mayor presupuesto y más medios para dedicar a las asignaturas y, sobre todo, a las prácticas, tan importantes en una carrera experimental como es Biología
  • La inserción laboral es más sencilla cuando estudias en estas universidades, ya que suelen tener bolsas de trabajo importantes o acuerdos de prácticas con algunas empresas punteras en el sector que suelen culminar en contratos o, al menos, en una valiosísima experiencia.

Sin embargo, en nuestra carrera cuenta más la especialización que la formación puramente básica. Por eso, quizás te resultaría mucho más interesante irte fuera para realizar tu máster o tu doctorado en busca de una universidad importante y poder disfrutar de todas las ventajas de las que hablábamos anteriormente 😉

2. El placer de viajar

Viajar tiene una gran cantidad de beneficios, no sólo el conocer nuevos lugares. Cuando viajas ensanchas tu mente, la abres a nuevas culturas, a nuevas formas de pensar, nuevos enfoques, nuevas costumbres. Creces como persona cuando viajas. ¿Y qué mejor forma de conocer un país que viviendo en el durante los siguientes 4 ó 5 años?

Esto te permitiría abrirte a nuevas formas de estudiar, de abordar la carrera y la inserción profesional, y te ayudará a mejorar el idioma hasta el punto de dominarlo completamente.

Pero durante la carrera existen otras muchas formas de viajar, incluso estando en tu propio país. Y, de nuevo, el doctorado te va a brindar enormes oportunidades de viajar si sabes organizarte bien 😉 En muchas universidades existen becas que te permiten pasar varios meses o incluso un año estudiando en otra universidad. En España son muy conocidas las becas Erasmus (que ahora creo que se llaman Erasmus+) para el extranjero, y las becas SICUE/Séneca, para otras universidades españolas. Esto te permitirá aprovechar todas las ventajas de estudiar en el extranjero (o a otra parte del país) pero subvencionadas, al menos parcialmente, y sin que sea tan a largo plazo como irte a vivir 4 ó 5 años fuera.

3. La oportunidad de trabajar fuera

El estudiar en otro país te da mayores facilidades para encontrar trabajo en él. Esto es lógico, ya que estás formado parte de todo el sistema educativo, por lo que te será sencillo seguir progresando en el sistema hasta que llegue el momento de la inserción laboral.

Pero esto también puedes conseguirlo realizando un máster o un doctorado en el extranjero. O buscando otras alternativas, que no todo es cuestión de hacer un máster o un doctorado  😉

Resumiendo…

Desde mi humilde punto de vista, y repito que todo esto es mi opinión subjetiva, creo que estudiar una carrera fuera de tu país sólo es una buena opción si dominas el idioma, te sobra el dinero y te lo puedes permitir. Pero no suele ser el caso 😛

Además, la etapa universitaria ya es bastante complicada por sí misma como para tener que andar empezando de cero en un país que no conoces, con una lengua que no dominas o unas costumbres que te resultan extrañas. Lo importante en ese momento es formarte, adquirir los conocimientos necesarios y, sobre todo, la experiencia y las herramientas que te permitirán  evolucionar en tu carrera profesional.

Por supuesto, hay excepciones. Como ya dije antes, las condiciones particulares de cada uno puede hacer que nos decantemos por una u otra opción. Si has nacido en otro país distinto al que vives pero conservas lazos con él, no te sería tan complicado irte allí a estudiar la carrera, especialmente si dominas el idioma.

Pero si no es así, aprovecha las cartas que tienes y haz la mejor partida que puedas 😉 Conviértete en una esponja, aprende, participa, experimenta y descubrirás muchas posibilidades que no conocías en tu propia universidad.

Durante la carrera estás plantando el germen de lo que será tu futuro laboral. Es muy importante estar centrado en lo que estás haciendo y no ponerte más dificultades de las que ya tienes. Aunque no sea la mejor del mundo, en tu universidad podrás aprender todo lo necesario para ejercer estas fascinante carrera. Ya depende de ti que sepas suplir sus carencias mediante tu ingenio y tu iniciativa, de cara a llenar los vacíos que vayas detectando 😉 Cursos, congresos, viajes… Las opciones son múltiples y variadas y no pasan por tener que abandonar todo lo que conoces.

A mí Badajoz y la Universidad de Extremadura me han aportado muchas cosas. No es de las universidades más prestigiosas de España, ni mucho menos. Pero he topado con grandes profesionales que me han enseñado y me han ayudado a conseguir la experiencia que necesitaba. Y luego he ido completando y mejorando mi formación con congresos, cursos, voluntariados, colaborando con grupos de investigación… Todo lo que he ido necesitando para avanzar, siempre intentando tomar la iniciativa y aprovechando las oportunidades que me surgían.

No he echado nada de menos y no me arrepiento en absoluto de haberme quedado en Badajoz. Sólo tengo una espinita clavada (aunque creo que al final lo supe compensar), y es la de no haber estudiado un año fuera con una beca Erasmus. Así que, si tú puedes hacerlo, no dejes escapar la oportunidad 😉

Y hasta aquí por hoy. El próximo día hablaré sobre el doctorado y dónde es mejor hacerlo 😉 ¿Pero qué te ha parecido el post? ¿Has pensado hacer la carrera en otro país? ¿Crees que te estás perdiendo algo que no podrás recuperar? ¿Has estudiado fuera? ¿Cuál ha sido tu experiencia? Estoy seguro que entre todos podemos aportar muchas opiniones y puntos de vista distintos 😉

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