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El Bichólogo

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tesis doctoral

¿Cómo elegir a tu supervisor?

15/06/2017 by Francisco Serrano 2 comentarios

La realización de una tesis doctoral es un paso fundamental para cualquier biólogo que quiera trabajar en la Academica. Es un proceso largo y complejo, en el que influyen numerosísimos factores. Y uno de ellos, muy importante, es la elección de tu supervisor, de la persona que te va a guiar durante la realización de tu tesis doctoral. Y hoy traigo a Francisco Serrano, de inteldig.com y queestudiar.org, para que nos hable de esa figura tan importante que es el supervisor y nos deje algunos consejos acerca de cómo elegir el más adecuado. ¡No te lo pierdas!

Este es un post invitado de Francisco Serrano (queestudiar.org)

¿Qué hay que tener en cuenta a la hora de elegir un supervisor para tu tesis doctoral?

Una vez que tengas una idea de lo que implica hacer un doctorado, las ventajas de hacer un doctorado, y ya tienes un proyecto que te gustaría seguir, es hora de encontrar a la persona más importante en tu futuro académico: tu supervisor.

La elección de los estudiantes en seguir un doctorado en la universidad está fuertemente influenciada por la oportunidad de trabajar junto a un determinado académico, ya que es la persona que tendrá el mayor impacto en sus estudios. Si bien es posible postular a una institución sin ponerse en contacto con un supervisor potencial de antemano, este enfoque puede disminuir en gran medida tus posibilidades de éxito.

Se anima a los candidatos en humanidades y ciencias a buscar activamente académicos expertos en su campo antes de postular. Sin embargo, algunos proyectos de investigación – particularmente los de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) y temas que están vinculados a una beca de doctorado, ya tienen un supervisor asignado.

¿Cómo encuentro un supervisor?

Debes identificar a los académicos que están investigando activamente en el campo que quieres a través de:

  • Pregutándole a los conferenciantes que trabajan dentro de su departamento actual o potencial, ya que estas personas pueden ser capaces de recomendar supervisores potenciales.
  • Navegar en artículos, publicaciones y blogs relevantes para su proyecto, identificando a los investigadores más citados.
  • Leyendo recientemente las tesis doctorales presentadas dentro de su área de investigación, teniendo en cuenta el supervisor usado.

Una vez que haya compilado una lista de personas, visita su perfil académico en línea.

Esto te indicará a artículos, blogs, libros e informes a los que ha contribuido, además de cualquier exposición, trabajo de compromiso público o investigación de doctorado en la que haya participado, lo que le permite decidir si, al menos académicamente, un ajuste adecuado.

¿Cómo me acerco a un supervisor potencial?

A continuación, puedes dirigirte a su supervisor potencial seleccionado (o varios, si todavía está decidiendo) con un correo electrónico bien escrito y apasionado. Hazme una primera impresión positiva:

  • Adjuntando tu CV académico;
  • Evitando exageraciones o generalizaciones vagas y manteniendo tu mensaje claro y conciso;
  • Transmitiendo tus habilidades y conocimientos mediante la introducción de su formación académica y el campo que se pretende investigar;
  • Refiriéndote al académico por su título correcto;
  • Mostrando tu familiaridad e interés con su trabajo académico.

Concluye tu mensaje preguntando si puedes visitarlo en persona, o por lo menos hablar por teléfono o Skype. Si no recibes ninguna respuesta dentro de dos semanas, envía un correo electrónico de seguimiento.

No tomes ningún rechazo de forma personal. El académico puede simplemente estar demasiado ocupado, ya que está supervisando a varios estudiantes de doctorado, o no está seguro de si su proyecto es adecuado para ti.

¿Cómo hago una buena impresión?

Si un académico acepta reunirse contigo, ellos tratarán de descubrir si tienes la pasión, la tenacidad y el potencial académico para completar un doctorado. Esto significa que debes transmitir tu determinación para completar un proyecto de investigación de forma efectiva.

¿Qué cualidades posee un buen supervisor?

Antes de decidir qué supervisor es adecuado para ti y postular a su institución elegida, debes estar seguro de que el supervisor es:

  • No tiene la intención de abandonar la institución permanentemente o ir en un año sabático durante su doctorado;
  • De una personalidad y estilo de trabajo similar al tuyo;
  • Fiable y accesible, con un sólido historial de supervisión de estudiantes de doctorado;
  • Alguien quién te inspire y con quien quieras asociarte;
  • Suficientemente interesado ​​y entusiasmado con tu proyecto para comprometer tres o cuatro años en orientación, apoyo y soporte;
  • Al día en sus conocimiento de los últimos hallazgos y publicaciones dentro de su campo, y con fuertes conexiones dentro y fuera de la academia.

¿En qué puede ayudarme mi supervisor?

A diferencia del nivel de licenciatura y maestría, tu supervisor no es necesariamente un experto en tu campo específico de estudio. Pronto sabrás más acerca de tu tema de investigación que ellos, por lo que debes apreciar que van a tener la respuesta a todos tus problemas.

De hecho, tu relación con tu supervisor evolucionará a medida que te pongas menos dependiente de su apoyo. Inicialmente se concentrarán en ayudarle a producir investigaciones de calidad, pero rápidamente cambian su atención a revisar tus hallazgos y ayudar a tu desarrollo profesional.

¿Puedo cambiar de supervisor?

Algunos supervisores dedican mucho más tiempo a los estudiantes de lo que se requiere, mientras que algunos prefieren no involucrarse demasiado en la investigación de los estudiantes. Sin embargo, no debes permanecer en silencio si sientes que las cosas no están funcionando, especialmente si estás estudiando un tema de STEM, donde tu supervisor es a menudo un colaborador de investigación.

Es por esta razón que debes pasar mucho tiempo encontrando al académico correcto antes de inscribirte a un programa. Un cambio de supervisor debe ser el último recurso, a menos que tu tema haya cambiado significativamente en los primeros meses de estudio.

Más Recursos en: Qué Estudiar y Dónde.

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Publicado en: Doctorado Etiquetado como: doctorado, investigación, postgrado, supervisor, tesis doctoral, trámites

La defensa de la tesis doctoral: el final de una etapa

28/01/2016 by Bichólogo 63 comentarios

El proceso de conseguir un doctorado es un camino largo y difícil que culmina cuando el doctorando tiene que defender su tesis doctoral frente a un tribunal. No es la parte más importante del proceso, ya que lo que realmente cuenta es todo lo que has ido aprendiendo durante el camino. Sin embargo sí que es el culmen, la guinda del pastel. Y por qué no, un complicado trance que hay que afrontar.

La defensa de la tesis doctoral: el final de una etapa

Y precisamente este pasado martes, después de mucho, mucho tiempo, pude defender yo la mía. Y la verdad es que fue un éxito. Y ahora mismo ya soy Doctor Europeo. Y como quizás pueda resultarte útil, he decidido contarte de primera mano cómo fue mi experiencia 😉

El papeleo, tu archienemigo

La burocracia y los plazos serán tu primer rival a batir. No sé cómo será en otros países, pero aquí en España hay que preparar mucha, muchísima documentación, entre proyectos de tesis, memorias, tribunal, informes, tasas y demás gestiones varias. Es agotador y puro veneno para tus nervios y tu estabilidad mental 😛 Y cada ronda de documentos tiene sus tiempos, sus reuniones departamentales, sus reuniones de la comisión de doctorado, sus firmas y sus cartas comunicando por escrito las resoluciones.

Así que, si tienes pensado defender tu tesis doctoral en una fecha determinada mira MUY BIEN los plazos. Y empieza a prepararlo con tiempo de sobra, ya que siempre, y quiero decir SIEMPRE, habrá problemas, retrasos y cosas que fallarán, documentos que faltarán o plazos que tendrás que aprovechar in extremis.

Yo casi no pude defender la tesis el martes pasado porque el 11 de enero me avisaron de que faltaba un determinado documento. Pero afortunadamente puede arreglarlo y entregarlo en el día, puesto que el plazo terminaba el mismo 11 de enero. Pura adrenalina 😛

Preparando el tribunal

Otro paso importante. Según la universidad (o el país) la composición del mismo será distinta. Unas veces puede ser que lo elija el departamento y otras veces tendrá que ser el doctorando quien lo coordine todo. Y no es lo mismo si todos son miembros españoles o si hay alguno extranjero, lo que complica más si cabe la logística. Hay que invitarles formalmente a que formen parte del tribunal. Y tienen que aceptar, formalmente, enviando cartas firmadas, DNIs escaneados, y todo tipo de datos personales.

Pero sea como sea, te aviso: no es fácil poner de acuerdo a tantas personas de cara a una fecha. Nada fácil. Así que, una vez más, prepara todo con tiempo. Aunque yo podía haber puesto ya una fecha a mediados de noviembre de 2015, no hubo manera de poder cuadrar las agendas de mis dos directores de tesis y los cinco miembros del tribunal antes del 26 de enero de 2016. Y a mediados de febrero se extinguía mi plan. Casi casi no llego 😛

Preparando la exposición

Según el país, el mecanismo de la defensa difiere en mayor o menor medida. Aquí en España, el doctorando debe exponer su trabajo ante un tribunal compuesto de 5 miembros, todos ellos doctores. Una vez realizada la exposición, cada miembro del tribunal expondrá su opinión y realizará las preguntas que crea oportunas acerca del trabajo del doctorando, el cual deberá defender su tesis antes ellas. Todo ello en un acto público al que cualquiera puede asistir.

Por tanto, el realizar una buena presentación del trabajo y saber defenderlo ante el tribunal es fundamental. Sin ello, todo el trabajo realizado a lo largo del doctorado podría quedar en agua de borrajas y tu formación como investigador permanecería incompleta.

Pero no te apures. La tesis doctoral es un trabajo de investigación original que el doctorando ha de llevar a cabo y que ha de suponer una aportación de nuevos conocimientos a la Ciencia. Y como ya te comentaba en el post sobre como realizar tu primera charla, tú eres el que más sabrás sobre el tema concreto de tu tesis de todos los presentes.

Por supuesto que los miembros del tribunal, sobre todo si está bien elegido, sabrán más que tú sobre el área de conocimiento donde se englobe tu trabajo, pero no sobre el trabajo en sí mismo, sobre los aspectos concretos 😉 Así que tranquilo. Si has hecho un buen trabajo a lo largo de tu doctorado la defensa no será más que un trámite 😉

Como ya sabes, para la presentación puedes usar diversas herramientas. Simplemente has de elegir cuál es la que más se adapta a ti y a lo que quieres contar. En mi caso, yo me decanté por Prezi. Y estoy muy contento con el resultado. De hecho, también me felicitaron por el formato de la presentación 😉 Aquí os la dejo para que le podáis echar un vistazo.

Preparar el Prezi me llevó bastante tiempo. Aunque en general es extremadamente sencillo e intuitivo, hacer determinadas animaciones se vuelve complejo en ocasiones, más que en PowerPoint, donde es un juego de niños. Y debes saber cómo contar tu historia o corres el riesgo de convertirla en una mareante montaña rusa. Ten en cuenta que las transiciones y los desplazamientos en Prezi son muy vistosos pero, mal empleados, molestarán más que ayudarán e impedirán que el tribunal se fije en lo que realmente les quieres contar.

Y luego toca ensayar. Y ensayar… Y ensayar… Hasta el aburrimiento, hasta la extenuación 😛 Ensaya en casa y, si es posible, ensaya en el mismo sitio donde realizarás la defensa. Así te vas familiarizando con el lugar y acostumbrándote a mirar a donde estarán tanto el tribunal como el público.

En el aspecto técnico, intenta crear presentaciones muy visuales, con la menor cantidad de texto posible y el mayor número de imágenes. Y es que ya se sabe que una imagen vale más que mil palabras. El equilibrio es delicado y debes intentar que la presentación te sirva de guión, de modo que no te quedes nunca en blanco y siempre puedas echarle un ojo en caso de apuro.

Hay quien prefiere hacerse un guión en papel y llevarlo consigo a la exposición. Yo, sin embargo, suelo hacer las presentaciones y luego simplemente comienzo a ensayar lo que diré, mejorando y cambiando sobre la marcha. Si durante una presentación desvío la mirada tiendo a perderme, así que prefiero tener el guión en mi mente (y en el mismo Prezi :P).

Pero sobre todo, siéntete cómodo. Haz tuya esa presentación, como tuyo ha sido el trabajo. Enseguida te darás cuenta de que eres capaz de improvisar sobre el guión que supone la propia presentación. No intentes memorizar, simplemente deja fluir todo lo que sabes del tema 😉

Y llegó el momento de la defensa

Durante la semana anterior apenas sí estuve nervioso. Pero la tarde anterior estaba acongojado. Tanto tiempo esperando ese momento que parecía que nunca llegaría y ahora que estaba ahí no me sentía preparado. Pero al final eran sólo eso, nervios.

Así que, ni corto ni perezoso, me enfundé el traje (mucho más glamuroso que mi ropa de campo pero mucho menos cómodo), cogí el portátil y me dispuse a enfrentarme a la tesis. El camino a la universidad se me hizo eterno. Salí con tiempo, en previsión de lo que podría suceder, ya que Murphy es siempre muy puñetero. E hice bien…

Los primeros problemas

Había ensayado dos días distintos en aquella misma sala. Todo había funcionado perfectamente. Pero por si acaso me llevé mi portátil, donde estaba la presentación, además de dos copias distintas en sendos pendrives, con un ejecutable para Mac y otro para Windows en cada una, por si mi MacBook daba problemas al conectarse y debía usar el PC de la sala. ¿Qué podía salir mal? Acertaste, el proyector 😉

Estuvimos más de 15 minutos intentando encender el proyector. No hubo manera. Probamos por activa, por pasiva, no quedó botón ni combinaciones de ellos que no pulsáramos. Y cuando ya estábamos desesperando… Funcionó.

Defendiendo la tesis doctoral
Tras la crisis del proyector, uno de mis directores y yo luchamos por ajustar la resolución de pantalla y que la presentación se vea a pantalla completa 😛

Así que ya está dispuesto… al duplicar la pantalla del mac la presentación se veía cortada. La sala se iba llenando y uno de mis directores de tesis y yo bregando con el portátil, hasta que finalmente, y contra todo pronóstico, todo estuvo listo. Comenzaba entonces la función.

Presentando la tesis

De este apartado poco puedo decirte. Estaba tan nervioso que pensaba que se me atragantarían las palabras. Pero no fue así. Hablé y mucho. Y rápido. Siempre que me pongo nervioso hablo aún más rápido que de costumbre. Pero también se debía a que había ido añadiendo detalles y más detalles a la presentación e iba muy ajustado de tiempo.

Dicen que hay muchos trucos para combatir los nervios. A mi no me vale ninguno. Simplemente, cuando comienzo a hablar, me olvido de todo. Veo al público sin verlo realmente y me concentro en lo que estoy diciendo. Así pues no soy muy consciente de qué y cómo lo hice. Pero no debió de salir mal 😉

Había solicitado la mención europea y, entre otras cosas, implicaba exponerla en español y en otro idioma europeo. Así pues tuve que tirar de inglés para el quinto capítulo y las conclusiones. Además, dado que uno de los miembros del tribunal tiene que ser de otro país europeo que, en mi caso, era Suecia, también tuve que afrontar una de las tandas de preguntas en el idioma de Shakespeare.

Defendiendo la tesis

Ésta es sin duda la parte que más temía. No sabía qué me preguntarían y no sabía si los nervios me traicionarían. Pero como no había forma de evitarlo, tuve que afrontarlo.

La tanda de preguntas fue larga y exhaustiva. Pero no era tan fiero el león como lo pintaban. Me felicitaron por la presentación y por la tesis, aunque también hubo lugar para críticas constructivas tanto de algunos de los trabajos como de la tesis en sí misma, en especial en lo que al formato se refiere. Y es que, he de reconocer, que la prisa por cumplir los plazos hizo que hubiera numerosas errata y que algunas partes no estuvieran tan trabajadas como deberían.

También hubo tiempo para sugerencias, para preguntas interesantes, para alguna curiosidad y algunas risas. Como cuando uno de los miembros del tribunal me preguntó a modo de curiosidad que cuánto tiempo había que estar masajeando al pajarillo para obtener una muestra de esperma. Y yo, sin pensarlo siquiera, respondí: «Depende del cariño que le pongas«. Luego pensé «Tierra, trágame» pero continué explicándolo ya en serio y la broma fue bien recibida. Además, ser serios y profesionales no está reñido con tener sentido del humor, ¿no crees? 😉

Y al fin…

Después de lo que pareció una eternidad de preguntas y respuestas, salimos del salón de actos para dejar deliberar al tribunal y que hicieran el papeleo debido. No fue demasiado tiempo, pero a mí me parecieron horas. Aproveché para saludar a la familia y los amigos, que me felicitaron y me dieron sus impresiones. Los nervios me devoraban y no veía el momento de que se abrieran las puertas y nos llamasen de nuevo para dar la calificación… Y así lo hicieron.

Con la pompa y el boato correspondiente, siguiendo el protocolo y dándole algo de emoción al estilo de los oscars… me dijeron que ya era doctor europeo. En ese momento casi se me doblan las piernas. Tantos años de trabajo, tanto esfuerzo, tantas horas de campo y de laboratorio y de ordenador, todo culminaba en ese título. Desde pequeño había soñado con llegar a ser doctor 🙂

Y ahora…

Pues ahora que ya soy doctor aún no sé qué cuál será mi próximo movimiento. De entrada aún no lo he asimilado. Tengo una especie de síndrome de Estocolmo respecto a la tesis. Tantos años sin auténtico tiempo libre para mí, siempre con el run run de «tengo que ponerme con la tesis, tengo que ponerme con la tesis, tengo que ponerme con la tesis«, que se me hace extraño tener tiempo libre. Libre de verdad.

Ahora que tengo el título de doctor europeo se han abierto muchas puertas a las que antes no me podía asomar. Aparecen nuevas opciones. Pero también mi situación personal ha cambiado y con ella mis preferencias. Pero lo que sí sé es que inicio una nueva etapa enormemente interesante para mí y estoy decidido a aprovecharla 😉

Ahora te toca a ti contarme tu experiencia. ¿Eres doctor? ¿Estás planteándote hacer un doctorado? Cuéntame tu experiencia por aquí o en cualquiera de los perfiles sociales de El Bichólogo.

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Publicado en: Doctorado Etiquetado como: biología, defensa, doctorado, exposición, tesis doctoral

¿Debo hacer una tesis doctoral?

06/07/2015 by Bichólogo 44 comentarios

Esa es la gran pregunta que todo biólogo que estudia la carrera se plantea en algún momento. Y no tiene una respuesta fácil. Son incontables las situaciones a las que te tienes que enfrentar para llevar a cabo una tesis doctoral. Algunas son externas a ti, pero otras muchas formarán parte de tus ideas, tus temores o tus aspiraciones. O del compromiso que estés dispuesto a aportar.

¿Es necesario hacer una tesis?

No sé mucho sobre tesis doctorales: sólo he hecho una (y aún tengo que defenderla). Así que simplemente os contaré mi historia y que cada uno saque sus propias conclusiones.

¿Por qué hacer una tesis?

Antes de preguntarte si debes hacerla o no deberías preguntarte para qué. ¿Cuál es el objetivo de una tesis doctoral? ¿Qué va a aportar en tu vida? Éstas no son preguntas superficiales. Si no conoces la respuesta a la primera seguramente tampoco puedas contestar a la segunda. Así que vayamos por partes…

1. ¿Qué es una tesis?

La tesis doctoral es la culminación de un proceso de aprendizaje que desembocará en la consecución del título de Doctor. Se trata de una investigación original que se lleva a cabo en un periodo de tiempo más o menos determinado. Es parte de la formación de cualquier investigador. Y esto es importante. En la práctica, sólo te va a resultar útil si te vas a dedicar a la investigación científica o al ámbito académico universitario.

Investigadores frente al ordenador
Si quieres dedicarte a la investigación y ser algo más que un técnico de laboratorio o de campo tendrás que hacer una tesis doctoral

¿Esto significa que no vale fuera de él? Sí y no. Poseer el título de doctor implica muchas cosas. Significa que has tenido una formación más allá de la universitaria. Significa que has sabido diseñar un experimento basándote en tus hipótesis, llevarlo a cabo, recopilar los datos, analizar los resultados y publicarlos de forma ordenada para comunicarlos al resto del mundo científico. Esto conlleva implícitamente que has desarrollado toda una serie de habilidades que te han ayudado a conseguir con éxito este proceso.

En la empresa privada es raro que se exija un título de doctor. Sin embargo, si qué puede ser beneficioso, puesto que ya acredita una experiencia de calidad, ratificada a nivel universitario. Sin embargo, en la carrera investigadora es primordial realizar el doctorado. Numerosos puestos en universidades y organismos científicos requieren del título de doctor, es conditio sine qua non.

2. ¿Que aportará la tesis a mi vida?

Te aportará una gran experiencia, tanto a nivel personal como profesional. Elevará la calidad de tu currículo, engalanándolo. Y te abrirá las puertas para puedas seguir el (duro) camino de la investigación. La pregunta es ¿necesito eso? Y la respuesta es tan personal que yo no puedo dártela.

Para mí ser doctor era algo que siempre me había hecho ilusión, desde bien niño. Para mí implicaba autonomía para llevar mi propia investigación, era como lo máximo a lo que se podía aspirar (¡qué inocente y confundido estaba!). Además, cuando entré en el departamento me fascinó el mundo de la investigación y todo lo que conllevaba: viajes, congresos, contactos… Así que mi decisión de hacer un doctorado se volvió firme, definitiva. La verdad que no pensaba mucho en si me serviría o no. Era algo personal 😉

Entonces… ¿Debo hacer una tesis o no?

¿Pero no te he dicho que eso lo debes decidir tú? 😛 Bueno, ahora serio… Si me lo preguntas así, a bote pronto, sin pensar te diría:

¡¿Pero qué dices, insensat@?!

Pero bueno, si lo pensase un poco más… Quizás te diría también que he pasado alguna de las mejores experiencias de mi vida gracias a la tesis. O que he conocido a muchísima gente que me ha influenciado muy positivamente a nivel personal y profesional. O que he disfrutado, sufrido, reído y frustrado como nunca llegué a imaginar que lo haría cuando conseguí la beca predoctoral.

¿Y cómo ha sido tu tesis?

¡Qué buena pregunta! A ver cómo te lo explico… Hacer una tesis doctoral es un proceso largo y duro, y a la mínima que te despistes se vuelve peor aún. Requiere de muchísimo compromiso, de muchísimo trabajo y no ya constancia, sino una tenacidad a toda prueba. Conozco a mucha gente que terminó desistiendo. Grandes investigadores que decidieron tirar la toalla porque la investigación a veces puede resultar de lo más ingrata.

Escritorio aborratado de libros
Si te decides a hacer la tesis, prepárate, porque así lucirá tu escritorio en los próximos 4 años (¡taza con bebida excitante incluida!)

Pero también conozco a muchos más que aguantaron contra viento y marea, contra todo tipo de problemas, a pesar de buenos y malos directores de tesis. Gente que consiguió triunfar allá donde otros fracasaron, y que luego, con desigual suerte, abandonaron más tarde la investigación, siguen luchando y cambiando de ciudad, país o continente frecuentemente, o gente que trabaja ahora como profesor universitario, con una proyecto profesional firme y asentado. Hay de todo.

Cosas positivas que me ha aportado la tesis

  1. Me ha dado un sueldo fijo durante 4 años, lo cual ya de por sí no es moco de pavo. Yo tuve suerte y obtuve una beca predoctoral, que me permitió independizarme y hasta conseguir unos ahorrillos. Desde luego no es la más importante de las razones, pero cuenta 😉
  2. He viajado por varios países y he vivido en muchos sitios: Holanda, Almería, París, Noruega o Alemania son alguno de los países donde he estado gracias a la tesis doctoral, bien de forma directa (estancias en el extranjero) como indirecta (buscando becas o gracias a trabajos que hice durante el doctorado). Y créeme si te digo que todas ellas fueron grandes experiencias donde conocí a grandes personas, a algunos buenos amigos, algunos contactos y algunas veces ambas cosas 😉
  3. He aprendido mucho sobre ciencia, sobre investigación, sobre organización, sobre cómo escribir y comunicar información y datos, análisis estadístico, relaciones humanas y, sobre todo, he aprendido mucho sobre mí mismo.
  4. He madurado como persona. He aprendido a superar los problemas, las decepciones, los callejones sin salida… Me he conocido más a mi mismo. Puedes estar completamente seguro de que la tesis te pondrá a prueba muchas veces y te hará descubrir cosas de ti que no sospechabas, buenas o malas, pero todas interesantes. Y eso, querido lector, no tiene precio 😉

Cosas negativas que me he topado

  1. El desaliento. Es muy difícil estar ahí siempre al 100%. Son muchas las cosas con las que debes luchar y superar.
  2. Los problemas. Te encontrarás con todo tipo de obstáculos que no imaginas. Desde las páginas web y aplicaciones telemáticas que siempre dejan de funcionar en el momento más inoportuno, hasta el desconocido (pero apasionante) mundo de la bioestadística. Así como los imponderables que conlleva cualquier experimento: datos que desaparecen, colonias de aves que se pierden, incendios, microscopios electrónicos que no funcionan, experimentos en los que no consigues resultados a pesar de las horas empleadas, desacuerdos con compañeros, directores de tesis… Un enorme surtido de atolladeros que pueden llegar a convertir una plácida tesis en un auténtico infierno.
  3. Jornadas agotadoras e interminables. Cuando trabajas con animales, es imposible establecer horarios normales. Durante la temporada de campo las horas de trabajo se acumulan y el tiempo parece escaparse de tus manos. Yo ha habido época que llegaba a casa reventado, con tics nerviosos… Exhausto. Y luego el resto del tiempo los horarios se flexibilizan, toca pasar datos a Excel, hacer análisis con SPSS o R o escribir artículos. Y entonces es cuando echas de menos todas esas horas de trabajo de campo 😛
  4. La falta de vida social. Como fácilmente puedes extraer del punto anterior, esos maratonianos días de trabajo afectan muy negativamente al tiempo que puedes pasar con los amigos, con la familia o con la pareja. Yo recuerdo una temporada de campo especialmente dura en que iba a trabajar a la colonia de aves que estudiábamos a las 7 de la mañana, hasta las 15:00, comía un bocadillo, a las 16:00 volvía a hacer más experimentos hasta las 18:00. Si tenía suerte y no tenía que preparar las muestras en el laboratorio, me iba a casa a descansar un rato. Si no, hasta las 22:00 procesando todo lo recogido durante los días anteriores. Y a las 23:00 de vuelta a la colonia hasta las 0:00. Y vuelta a empezar. Y la temporada de campo abarcaba unos 5 meses, trabajando TODOS los días (sábados, domingos y festivos incluidos). No todos los días eran taaaaan largos, pero sí que todos los días curraba jeje
  5. No tuve una libertad total para diseñar la investigación y los experimentos. Esto tampoco es algo negativo en sí, pues el doctorado no es más que una investigación tutelada. Sin embargo chocó con la imagen que tenía yo de lo que sería hacer un doctorado. La mayor o menor libertad que tendrás a la hora de llevarla a cabo dependerá de tu director y de tu propia actitud.

Mi consejo

Mi tesis no ha sido un ejemplo típico, pero tampoco es algo extraño. Como a menudo ocurre, se cumplían los 4 años de beca y la tesis aún no estaba del todo acabada. En tres meses me quedaba sin financiación, en medio de la crisis económica más fuerte de las últimas décadas. Pero justo entonces surgió la posibilidad de trabajar en una consultoría medioambiental. Esto implicaba tener que dejar a un lado mi tesis un tiempo, mientras me afianzaba en el trabajo, y luego ir continuándola en mis ratos libres. Hablé con mis directores de tesis y lo entendieron. Así que me mudé y empecé a trabajar en una consultoría medioambiental. Y no tuve tiempo apenas para la tesis. Hasta que no terminé aquel trabajo no pude ponerme de nuevo con ella, primero residiendo en otra ciudad para luego volverme de nuevo a mi Badajoz natal. He tardado casi 8 años en acabarla y ahora estoy ya con todo el papeleo para defenderla. Por ello, y siempre según mi experiencia personal, puedo comentarte algunos consejos:

  1. Elige muy bien tanto el tema de estudio como tu director de tesis. El tema porque es a lo que vas a dedicar cantidades monstruosas de tu tiempo en los próximos 4 años como mínimo; si eliges mal se te va a hacer muy muy duro. Tu director de tesis porque es la persona con la que te tendrás que coordinar este tiempo, será el que guíe (o no) tu investigación. Un buen director de tesis sabrá orientarte pero te dará autonomía, sabrá reconocer tus logros pero te corregirá cuando deba hacerlo. En definitiva, sabrá sacar lo mejor de ti. Un mal director se aprovechará de tu trabajo, pasará de tus problemas, tus dudas o tus urgencias e irá completamente a su bola. Ten cuidado.
  2. Dale mucho la tabarra a tu director. Los directores de tesis normalmente compaginan la dirección con otras labores como investigador, como profesor o con otras tesis que lleva simultáneamente. Son gente ocupada. Tanto si son buenos o malos directores siempre van a tener muchas cosas que hacer. Así que insiste y vuelve a insistir. Pero hazlo de forma cortés y educada. Siempre será mucho mejor si te pasas por su despacho o acuerdas reuniones con él en vez de enviar correos que pueden hacer que los días pasen y la comunicación se diluya y se vuelva asíncrona.
  3. No desesperes. Murphy es el incómodo compañero de viajes de cualquier doctorando. Como ya dije mil cosas pueden salir mal y, de hecho, lo harán. No tires la toalla.
  4. No te relajes. Trabajar a cuatro años vista es muy complicado. Con deadlines tan lejanas no hay quien se motive a darle caña. Plantéate pequeñas metas que ir cumpliendo. Organiza bien tus tareas y no procrastines demasiado.  ¡El tiempo vuela durante la tesis!
  5. Aprovecha TODAS las oportunidades. Conoce a gente, viaja, ve a congresos, publica artículos, no dejes datos en el cajón. Aprovecha hasta la más mínima oportunidad. La investigación es un mundo tremendamente competitivo. Hasta la última décima cuenta, y puede suponer la diferencia entre conseguir la plaza más adelante o quedarse a las puertas.
  6. Disfruta del camino. Es lo más importante. Si no eres capaz de disfrutar con todo el proceso, si no eres capaz de pasarlo bien a pesar de las dificultades no te embarques en este proyecto.  No va a ser un camino fácil y si no puedes sacar lo mejor de cada situación, por mala que sea, terminarás abandonando.

Esta es, a muy muy grandes rasgos, mi experiencia con la tesis doctoral. Muchas cosas me he quedado en el tintero. Es un tema que da (y dará) para muchos posts. Y una vez conseguido el título de doctor no es más que el comienzo de otro viaje, porque en investigación la formación no se acaba. El siguiente paso lógico es una postdoc en el extranjero y luego ir buscando una plaza ya fija (con las dificultades que eso conlleva). Pero eso será otra historia que deberá ser contada en otra ocasión 😉

¿Qué te ha parecido el artículo? ¿Tienes pensado hacer una tesis doctoral? ¿Ya la has terminado? ¿Cuál ha sido tu experiencia? Comparte tu historia conmigo y con los demás lectores en los comentarios o en la página de facebook. ¡Te espero!

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¡Lo quiero!

Publicado en: Doctorado Etiquetado como: doctorado, experiencia personal, investigación, tesis doctoral

Cómo trabajar con bichos y viajar gratis (¡o casi!)

16/04/2015 by Bichólogo 4 comentarios

Yo soy un viajero empedernido. Desde que con 23 años me fui un par de meses de voluntariado a Perú no he podido parar de viajar. Aquel viaje cambió mi vida y mi mentalidad. Así que desde entonces decidí aprovechar cada pequeña oportunidad que la vida me brindase para conocer nuevas tierras, nuevas culturas, nuevas sociedades.

Viajando con poco dinero gracias a la biología

Hay profesiones que son más dadas a viajar que otras. Y hay quien se lo monta mejor que otros. Pero el de biólogo es uno de esos trabajos en los que, si quieres, puedes conocer múltiples lugares. La llamada «movilidad exterior» de la que presumía la ministra de trabajo, vamos. Pero en positivo 😉

Desde el mismo comienzo, desde que empieza la carrera, surgen las posibilidades de viajar. El trabajar en algún departamento no sólo aumenta considerablemente las posibilidades de formación, sino que abre inusitadas puertas para el viajero en ciernes: los congresos. En el ámbito de la investigación, una de las formas de difundir los resultados son los congresos científicos, workshops y similares. Estos pueden ser en territorio nacional o internacionales. Si participáis en algún proyecto de investigación quizás tengáis la oportunidad de ir a uno de eso congresos a exponer un póster o, incluso, una comunicación oral. Y dependiendo de la universidad, el departamento y el dinero disponible, quizás con los gastos pagados ;). Salamanca, Madrid o Valencia fueron algunas de las ciudades que visité gracias a diversos congresos.

Cabo de Gata
Sería pecado haber ido a Almería de estancia breve y no pasar por la zona del Cabo de Gata

Si te gusta la carrera de investigador, entonces un paso ineludible es la realización de la tesis doctoral. Y lo más probable es que lo hagas gracias a una beca predoctoral, bien sea ministerial o de tu comunidad autónoma (becas FPI y FPU, por ejemplo). Pero también puedes realizar el doctorado en el extranjero, con alguna beca de la Universidad en cuestión, de alguna fundación o por medio de programas como las becas Marie Curie. Yo fui a una entrevista para una beca predoctoral en la universidad de Gronigen (Holanda), con el viaje y la estancia pagados durante 4 días. No logré la beca, pero fue una experiencia de lo más interesante, que me permitió conocer la ciudad y alrededores 😉

Algunas de estas becas nacionales ofrecen ayudas para realizar estancias en centros distintos a donde se está realizando la tesis doctoral. La idea de estas estancias breves es aprender nuevas técnicas que no son accesibles en tu universidad o en tu país, fomentando la internacionalización de la educación del investigador, con todas las ventajas que eso proporciona. Estas ayudas suelen aportar un cantidad diaria de dinero y una bolsa de viaje para costear la estancia. Cada una tiene su propia normativa, pero en general tienes que conseguir la aceptación del centro receptor y alguien que sea tu tutor en dicho centro.

Sognsvann
Un hermoso paseo alrededor del lago de Sognsvann, al norte de Oslo

Las estancias suelen ser de entre 2 y 6 meses de duración (aunque ahora creo que las han reducido a 4 meses, los recortes y eso). Yo tuve la suerte de obtener una beca FPI del ministerio y gracias a ella viví un par de meses en Almería (aprendiendo a medir coloraciones de plumas en la Estación Experimental de Zonas Áridas), otro par de meses en el laboratorio de Parasitología Evolutiva de la Universidad Pierre et Marie Curie de París (intentando tomar microfotografías de plumas en el microscopio electrónico)  y otros dos meses en Centro Nacional para la Biosistemática del Museo de Historia Natural de Oslo (aprendiendo a analizar muestras de esperma de aves con microscopía óptica). Un poco de todo, como veis 😉

Bien sea por medio de congresos o becas, este tipo de viajes no sólo potenciarán tu formación, sino que te permitirán crear una importante red de contactos que, potencialmente, te proporcionará futuras oportunidades de trabajo y, por supuesto, de nuevos viajes 😉 Y es que gracias a la estancia en Oslo, por ejemplo, recibí una nueva invitación el año siguiente para seguir colaborando con ellos, analizando nuevos datos y logrando una nueva publicación. Pero no sólo eso, sino por medio de esa última publicación conseguí también otra invitación para dar un seminario en la universidad de Bielefeld, así como un póster en un congreso.

Área de estudio de Bielefed
Dando un paseo por el área de estudio de mi anfitrión en Bielefeld

Aunque no sólo la investigación te permite viajar, por supuesto. Si te gusta el trabajo de campo existen puestos de asistente de campo en diversas universidades con carácter principalmente estacional, coincidiendo con la época de mayor carga de trabajo. Gracias a esta modalidad, por ejemplo, tuve la oportunidad de pasar dos meses geniales en la isla sueca de Öland como técnico de campo para la universidad de Uppsala. Dos meses trabajando con papamoscas cerrojillo y collarino revisando cajas nido, capturando adultos, anillando pollos y tomando muestras de sangre en un entorno espectacular. ¡Fue una experiencia absolutamente fantástica!

Molino de viento
Una de las imágenes más icónica de Öland

Pero la empresa privada también te permite conocer mundo, aunque sea dentro del mismo país. Y es que España, en mi caso, sigue siendo una gran desconocida para mí. Y durante los casi dos años que he trabajado en el mundo de la consultoría medioambiental he podido conocer buena parte de las provincias de León, Zamora y Asturias, visitando también algunos lugares de Ávila o Galicia y llegando incluso a mi querida Extremadura (¡siendo una consultoría asturiana!). Y también me dio la oportunidad de conocer el norte de Portugal, donde desarrollé la mayor parte de mi trabajo en dicha consultoría.

Paisaje montañoso de León
El impresionante paisaje de la montaña central leonesa

Y, por supuesto, también están los voluntariados, que suelen costearte alojamiento y comida y, a veces (cada vez menos), desplazamiento.  Pero sobre eso ya hablaré en otra ocasión. 😉

Todo esto es sólo la punta del iceberg, un atisbo del sinfín de posibilidades que la carrera ofrece al biólogo inquieto y viajero, a ese bichólogo errante que todos llevamos dentro. Así que no tengáis miedo, poneros en marcha y haced de vuestros viajes soñados una realidad. ¡Querer es poder!

¿Alguno habéis viajado gracias a la biología? ¡Compartid vuestra experiencia en los comentarios!

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¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: becas, congresos, departamento, tesis doctoral, viajes

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