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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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La imperiosa necesidad de una Ciencia Abierta

06/04/2017 by Bichólogo 3 comentarios

El conocimiento humano es algo universal que hemos ido acumulando a lo largo de los siglos y que no es, o al menos no debería serlo, patrimonio de nadie, ya sea persona o entidad. Sin embargo, para poder extender y difundir ese conocimiento hay que emplear distintos medios que sí pertenecen a alguien y que, como negocios que son, han de permitir conseguir un beneficio a las personas que ofrecen ese servicio, especialmente cuando se tratan de empresas privadas.

La necesidad de instaurar el Open Access en Ciencia

Todo ello nos lleva a un conflicto entre la necesidad de propagar y hacer accesible el conocimiento científico, que es propiedad de todos, y  distribuirlo a través de distintas plataformas que, en su mayoría, son de carácter privado y comercial.

¿Por qué la ciencia ha de ser libre y abierta?

El objetivo principal de la ciencia es entender y explicar el mundo que nos rodea, desentrañar los mecanismos que originan los distintos procesos químicos, biológicos y físicos. Y ese conocimiento es patrimonio de todos, es un bien universal al que todo el mundo debiera poder acceder.

La ciencia, como cualquier otra forma de cultura, se fundamenta en los trabajos anteriores de otros, que sirven como base para el desarrollo de nuevos conocimientos cuyos beneficios siempre deben recaer en la sociedad. Parafraseando a Newton (que a su vez citaba al filósofo Bernardo de Chartres):

Si hemos podido ver más lejos es porque estamos a hombros de gigantes

Por tanto, el acceso a esos conocimientos debería ser libre y universal para cualquier persona, ya sea proveniente del ámbito científico o no. Es nuestra herencia y nuestro patrimonio común.

Sociedad sin cultura científica

Aunque parece que eso comienza a cambiar, la sociedad española (y de muchos otros países) tiene, en general, un desapego por la ciencia que ha desembocado en una indiferencia total con todo lo relacionado con el sector. No se valora la importancia de las aportaciones de la ciencia al conocimiento y no se reconoce, al menos a priori, como una forma de cultura más que forma parte de nuestro a día a día.

Por ello, el acceso universal a ese conocimiento no es una prioridad para las empresas y entidades que se encargan de distribuirlo, por lo que los nuevos descubrimientos no suelen salir de los círculos científicos, a no ser gracias a algún titular atractivo que pueda captar la atención de los medios. Pero eso sólo ocurre en una pequeña fracción de los casos.

Gracias al boom de las redes sociales, hoy es sencillo difundir un artículo por internet y hacer accesibles esos canales que empleamos los científicos a otras personas que, de otro modo, lo desconocerían. Sin embargo, siguen existiendo grandes barreras para que el ciudadano medio pueda acceder  a todo este compendio de conocimientos que se va generando de forma continua. Por una lado, y esto es muy importante en algunos países como en el caso de España, la falta de dominio del inglés, que es la lengua vehicular de la ciencia, hace que buena parte de la sociedad no pueda asimilar y comprender los nuevos avances científicos. Por otro lado, tenemos lo cerrado de los medios de distribución, normalmente revistas científicas o libros especializados que tienen una distribución muy limitada y unos precios, a menudo, desorbitados.

Todo esto se intenta suplir de mejor o peor manera por medio de la divulgación y gracias al interés creciente de los medios de comunicación. Sin embargo, muchos de estos medios adolecen de una preparación científica sólida y exhaustiva que les permita traducir la complejidad de la jerga científica a una lenguaje más llano y comprensible, o incluso a interpretar y difundir unos resultados que a menudos son expresados de forma errónea en algunos titulares poco afortunados o directamente engañosos y capciosos para atraer al lector y que entre a leer el artículo.  Esto es un grave problema que lleva a la desinformación, ya que los ciudadanos, a pesar de lo que se puede ver día a día en ella, siguen considerando a la prensa como una fuente fiable de información. Pero eso es otro tema que requeriría un artículo aparte 😛

Científicos sin acceso al conocimiento científico

Alrededor de la transmisión de los resultados científicos se ha organizado un lucrativo negocio que ha desembocado en una de las paradojas más absurdas que pueden verse en el ámbito científico. Y es que muchos investigadores, cuando comienzan a trabajar en cualquier proyecto, se encuentran con que no pueden tener accesos a aquellos artículos que necesitan para fundamentar y argumentar su investigación.

Como ya comenté antes, el conocimiento científico es acumulativo, lo que ha llevado a un incremento en el número medio de referencias bibliográficas que aparecen en un artículo se ha incrementado de forma dramática en los últimos años. Si asumimos un valor medio, por ejemplo, de 35 referencias por artículo (que no es raro que sean muchas más), a 30$ por artículo, supondría hacer un desembolso de 1050$ cada vez que realizamos la investigación para un paper. Esos precios no sólo son inviables para la mayor parte de los investigadores, sino incluso para muchos grupos de investigación, especialmente aquellos en países en vías de desarrollo.

Esto provoca una enorme desigualdad de oportunidades que en un ámbito como la ciencia debería ser desterrada. Al final, el conocimiento que en teoría es distribuido por las editoriales, en la práctica se queda encerrado en muros de pago (paywalls, en inglés). Las propias distribuidoras del saber científico están inmovilizándolo.

Las normas están cambiando: el movimiento Open Access

La tecnología está modificando el mundo que conocemos a pasos agigantados y ya ha transformado profundamente el modo en que buscamos, adquirimos y procesamos la información. Las barreras de distribución que tenían medios tradicionales como las revistas o los libros ya no existen. Hoy puedes publicar un dato en internet y que sea recibido al instante en cualquier punto del planeta de forma simultánea si usas los canales adecuados.

Los avances en el mundo digital también están eliminando los formatos físicos, lo que a su vez supone una reducción de los costes de producción y distribución. Y eso está afectando a los patrones de consumos de los usuarios. Todo ello ha ocurrido ya en el ámbito de la música, el cine, los libros y, por supuesto, también está sucediendo con la Ciencia y los artículos científicos. Y ese cambio es inexorable.

Todos estas transformaciones, han provocado el desarrollo de un movimiento que se encuentra en pleno auge y que lucha por conseguir que todas las publicaciones científicas sean accesibles para todo, pudiéndose distribuir, enlazar, leer o descargar cualquier material, siempre con propósitos legítimos, eliminando las barreras técnicas, legales y económicas que existen hoy en día. Este movimiento se conoce por su nombre inglés, el Open Access.

Existen dos vías para conseguir que los distintos trabajos pasen a ser de Acceso Público. Ambas vías no tienen por qué ser mutuamente excluyentes, a no ser que exista una política de exclusividad por parte de una determinada editorial, lo cual habría que verlo en cada caso concreto. Muy resumidamente podemos hablar de:

  • Vía verde: consiste en el auto-archivado de las publicaciones por el autor o bien su depósito en repositorios institucionales, nacionales o internacionales.
  • Vía dorada: los artículos se publican inmediatamente en Acceso Público, siendo los autores, bien sea por medio de sus propios fondos o de las entidades financiadoras, los que asumen los costes de publicar en esta modalidad (a menudo bastante elevados) o  tras un periodo de embargo, en el que los documentos finales no pueden ser publicados por estas cedidos estos derechos a la editorial, quedando al final disponibles en Acceso Abierto.

Existen distintas plataformas que están abogando por crear repositorios libres de derechos de los artículos. Porque, legalmente, y aunque muchos lo desconozcamos, tenemos derecho a difundir nuestro trabajo de forma libre y accesible. Obviamente, una vez que un artículo científico entra en el proceso de revisión, maquetación y publicación, los derechos de explotación y distribución son cedidos de forma permanente o temporal a la editorial. Sin embargo, el trabajo es nuestro, y como tal, podemos compartir el documento previo a la revisión, lo que se suele llamar los pre-prints (lo que viene a ser la vía verde).

Estos documentos previos son nuestros y legalmente podemos distribuirlos de forma abierta y gratuita ante el público que queramos: esto incluye nuestro blog, nuestros perfiles sociales o cualquier otro tipo de plataforma o repositorio. En la entrevista que realicé a Alberto Pepe, uno de los creadores de Authorea, hablamos largo y tendido sobre esta posibilidad, y sobre como esta plataforma te permite mantener esos pre-prints disponibles para cualquiera que quiera acceder a ellos.

Pero Authorea no es la única plataforma que está luchando por hacer realidad el sueño del Open Access, el acceso abierto, en Ciencia. Existen muchos sitios webs donde puedes colgar copias de tus manuscritos en abierto y compartirlas con tus contactos y seguidores. Dos ejemplos muy conocidos son ResearchGate y Academia, de las que ya hablé en tiempo. Y existen multitud de repositorios internacionales, donde puedes ir almacenando copias abiertas de los distintos trabajos, como pueden ser Arxiv.org.

El movimiento Open Access es amplísimo, y es un tema demasiado largo para abarcarlo en profundidad en tan sólo un artículo. Pero está teniendo cada vez más impulso y, en algunos países, está plenamente establecido. Baste como ejemplo el proyecto SHERPA, una interesante iniciativa británica que permite, entre otras muchas cosas, conocer las políticas de las distintas revistas en relación a las políticas de privacidad y de copyright de las distintas revistas (proyecto SHERPA-ROMEO) o de la de los distintos organismos que subvencionan las investigaciones (SHERPA-JULIET).

Pero este cambio que se está produciendo hoy en día necesita la colaboración de todos los científicos. Hay que seguir luchando por un ciencia abierta, accesible no sólo a los científicos, sino a todas aquellas personas interesadas. Porque la ciencia es cultura, y como tal, patrimonio de todos nosotros, seamos científicos o no.

A continuación, aparte de los nombrados en el texto, os dejo algunos links interesantes por si queréis ampliar más información sobre el tema.

  • Open Access en la Wikipedia (en inglés, que tiene más información).
  • ROAR: Un registro internacional de repositorios de Acceso Abierto.
  • OpenDOAR: Un directorio de repositorio de Acceso Abierto.
  • DOAJ: un directorio de revistas que publican bajo la modalidad de Acceso Abierto (la famosa vía dorada).

Y hasta aquí el artículo de hoy. Creo que se trata de un tema importantísimo, por el que hay que seguir trabajando día a día. Este post es una muy breve introducción al mundo del Open Access, pero creo que es fundamental que lo vayas conociendo, pues su repercusión en el mundo de la transmisión del conocimiento científico, como has visto, es muy grande. Ahora me encantaría conocer tu opinión sobre esta modalidad de difusión en la ciencia y cuál es tu visión sobre cómo debería ser. ¿Has publicado alguna vez en Acceso Abierto? ¿Te parece un enfoque interesante y efectivo? ¿Cuán son las mayores pegas que le ves? ¿Y cuáles son sus ventajas? ¿Conoces otros recursos relacionados con el Open Access? Estoy deseando saber qué te parece y espero que, entre todos, podamos seguir enriqueciendo este post en los comentarios 😉

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: artículos científicos, ciencia, conocimiento, difusión, divulgación, editoriales, open access, papers, publicación, publicar, publish or perish

9 trucos útiles para hacer búsquedas bibliográficas que nunca fallan

15/10/2015 by Bichólogo 15 comentarios

Siempre estamos buscando información: en el trabajo, en casa, tomando unas cervezas (¿cuántas discusiones has ganado a tus colegas gracias a Google y al móvil? :P). Pero a nivel científico y profesional esas búsquedas se vuelven algo muy serio y hacerlas bien es absolutamente fundamental. La calidad del trabajo que realices dependerá en su mayor parte de lo exhaustiva y adecuada que haya sido la búsqueda de información.

Algunos trucos para mejorar tus búsquedas bibliográficas

¿Pero quién nos enseña a buscar referencias bibliográficas? ¿Qué herramientas podemos usar? Pues si nadie lo ha hecho aún, hoy voy a darte unas pautas que te ayudarán a realizar una potente búsqueda bibliográfica 😉

¿Por dónde empiezo?

Buena pregunta. Puede que estas primeras indicaciones te parezcan absurdas, pero me he encontrado con tantísima gente que no sabe buscar correctamente información, tanto en el mundo real como por internet, que creo necesario al menos nombrarlas. Por si acaso 😉

1. Empieza delimitando lo que realmente necesitas buscar

No es lo mismo buscar sobre aves que sobre la cría cooperativa del rabilargo (Cyanopica cyanus) en las dehesas extremeñas de la comarca del Jerte. La cantidad de resultados de la primera búsqueda sería abrumadora, mientras que recopilar información sobre la segunda temática nos ahorraría multitud de artículos, webs y libros que hojear. Trata de ser todo lo conciso posible. Si te pasas, siempre puedes ampliar el campo de búsqueda y estarás perdiendo menos tiempo que si tienes que acotar entre toda la información que ya has recopilado.

2. Establece el nivel de detalle que necesitas

No es necesaria la misma cantidad ni la misma calidad de la información que necesitas para realizar un trabajo de biología en el instituto que para publicar un artículo científico en Nature o para realizar un informe ambiental para cualquier entidad. Y no van a requerir ni el mismo nivel de exhaustividad ni la misma dedicación.

Bien es cierto que en estos casos es mejor pecar por exceso que por defecto y ante la duda es mejor que hagas una búsqueda «demasiado buena» a no un trabajo mediocre. Sin embargo, una búsqueda bibliográfica intensa puede consumirte muchas muchas horas: no sólo es encontrar la información, es leerla, procesarla y prepararla para introducirla en el trabajo o el documento que estés realizando. ¿Para qué echarle tres días de trabajo si lo que te piden se puede realizar perfectamente en una tarde?

Pese a todo, tengo una mala noticia para ti. Cuanto más avances en tu formación y cuanto más te acerques al ámbito académico y de investigación, más y más complejas, largas y difíciles se volverán tus búsquedas de información. Pero no te creas, fuera del ámbito universitario también tendrás que realizar muchos documentos y emplearás distintas metodologías que harán que tengas que manejarte con soltura en esto de buscar información, aunque normalmente no se lleguen a los niveles de la investigación científica.

¿Pero qué herramientas uso?

Pues como siempre suele ocurrir cuando hablamos de técnicas, cada maestrillo tiene su librillo. Hay muchas formas de buscar información ahí fuera, usando distintas páginas, programas o libros (sí, también se siguen usando hoy en día :P). Así que yo te voy a hablar de las que me resultan más útiles a mí, las que yo empleo en mi día a día. Estáte atento 😉

3. El buscador es tu amigo

Si no tienes ni repajolera idea de un tema y quieres hacerte con una visión general lo mejor es realizar una búsqueda rápida en Internet. Google, DuckDuckGo o Wolfram Alpha (aunque este último no es un buscador al uso) pueden servirte de punto de partida.  La Wikipedia puede ser una buena manera de adquirir algunas nociones generales. Suele estar bastante actualizada y la calidad de sus artículos es, en general, buena. Además suele incorporar algunas citas, que podrían servirte para descubrir otras publicaciones a las que puedes acudir buscando ampliar la información.

Esta es una buena opción para trabajos escolares o universitarios a nivel muy básico. Pero debes tener en cuenta que siempre vas a tener que apoyar la discusión de tus resultados, la metodología o la introducción de tu trabajo en publicaciones anteriores. Y si es a nivel científico se va a ser casi indispensable que sean de revistas incluidas en el JCR y con revisión por pares. Así que, si el trabajo requiere un mínimo de seriedad, NUNCA uses la Wikipedia a modo de referencia bibliográfica. Y lo mismo te digo para cualquier otra página web (incluida esta :P). Sólo fuentes contrastadas en publicaciones oficiales y/o serias.

4. Explora Google Scholar

Todo el mundo sabe que Google es especialistas en buscar información. Es el buscador por excelencia, hasta tal punto que mucha gente lo identifica con Internet mismo y lo usa como puerta para asomarse a la Red. Y desde luego que Google sabe de ciencia. Tanto que tiene su propio buscador específico: Google Académico (O Scholar, según los países).

Google Scholar
Éste va a ser uno de tus grandes aliados en lo que a búsquedas bibliográficas se refiere. Familiarízate con él 😉

Su manejo es extremadamente simple. Puedes hacer una búsqueda simple poniendo los temas que te interesan y te sacará un listado de artículos científicos en los que aparecen eso términos. Posteriormente puedes filtrar los resultados por año, por relevancia, por idioma…

Pero también puedes hacer búsquedas más complejas: por título, por autor, por año, por revista… Todo en unos pocos clics y con enlaces a los artículos en sus respectivas revistas (a los que podrás acceder si estás suscrito a la revistas o si ese artículo está publicado en abierto). Si no tienes acceso tú, siempre puedes echar un ojo a la web de tu universidad, que suelen estar suscritas a muchas revistas. Y si no, siempre hay otros métodos para conseguir artículos.

Si usas Google Scholar debes asegurarte que el artículo que consigues es la última versión, ya que a veces enlazan a manuscritos sin revisar ni corregir. Así que debes tener ojo con lo que te bajas 😉

Es una herramienta muy potente que no tiene nada que envidiar a otras bases de datos que requieren de una cuenta institucional para acceder a ellos. Además puedes crear alertas personalizadas para que te envíen todas las nuevas publicaciones sobre un determinado tema, un determinado autor…  así como seleccionar la frecuencia con la que las recibes.

5. Usa el acceso de tu universidad

Normalmente las universidades suelen estar suscritas a determinadas revistas y a determinadas bases de datos bibliográficas, como pueden ser Web of Science o Scopus. Yo casi siempre he trabajado con la primera, aunque creo que ahora se empieza a usar más la segunda. El funcionamiento es similar al de Google Scholar. Puedes buscar por palabras, autor, año, revista, etc. y también colocar alertas para cada vez que un artículo cumple las condiciones de búsqueda que has establecido.

Con frecuencia los resultados siempre apuntan a la revista donde se ha publicado, aunque también puede hacerlo al servicio que almacena los PDF’s, que no tiene por que ser la misma página de la revista, como es el caso de Jstor. Si tu universidad está suscrita a esas revistas y/o servicios, podrás descargalos directamente. Si no, te tocará buscarlos por otro lado 😛

6. Usa la biblioteca de tu universidad o grupo de investigación

¿Una biblioteca física en este mundo digital? Pues sí, las bibliotecas siguen siendo esos templos del saber analógico, donde es probable que haya ejemplares físicos de alguna de las revistas que te interesen. Muchos grupos de investigación también se suscriben para recibir revistas físicas (aunque cada vez menos). Pero si lo que estás buscando es información en libros, este va a ser tu sitio.

Normalmente no es fácil acceder a los libros online, así que darse un paseo de cuando en cuando por la biblioteca te puede ayudar a recopilar mucha información de calidad. Y gratis. Además, nunca está de más desempolvar las técnicas de búsqueda tradicionales, sin necesidad de recurrir al socorrido ctrl+F para buscar en una página web 😛

¿Y ahora qué hago con todo esto?

Buscar la información es sólo la primera parte. Ahora tienes que organizarla. Pero bueno, ahí cada uno tiene su propio método, así que lo mejor será que descubras el tuyo. Por mi parte, te voy a comentar un par de técnicas que yo utilizo.

7 .Filtrado de la información

Antes de ponerte a descargar como un loco todo lo que coincida con tu búsqueda tienes que hacer una pequeña criba. El título del artículo o libro ya te dará una buena pista de si vas por el buen camino jeje Pero muchas veces no es suficiente. Así que toca echar una ojo a los abstracts. Ahí encontrarás toda la información resumida, incluida la metodología básica, los resultados y las conclusiones del trabajo. Perder unos minutos en leerse un abstract te puede ahorrar MUCHO trabajo. No seas vago 😉 😛

Biblioteca

8. Encontrar lo importante

Una vez que tienes todos los libros y papers que te interesan toca leerlos. Y para eso no hay excusa jeje Todas las partes de un artículo son importantes, pero a la hora de extraer la información, yo normalmente me centro en dos apartados fundamentalmente:

  • La discusión: ahí se va a hablar sobre los resultados pero, sobre todo, de su interpretación. Ésta es la parte fundamental del paper, el meollo científico. Echando un ojo a la discusión podrás saber qué conclusiones han sacado los autores y qué aporta dicho trabajo al conocimiento científico.
  • La introducción: si estás buscando información sobre un tema concreto, leer este aparto de un paper te va a proporcionar multitud de referencias a otros trabajos del mismo campo. Una pequeña mina de información, especialmente en los artículos de revisión sobre una determinada manera. Cada cita de la introducción es un pequeño hilo del que puedes tirar hasta encontrar nuevas fuentes de información.

¿Esto significa que no te tienes que leer el resto del artículo? Por supuesto que no. Necesitarás controlar todo lo posible sobre esa materia. O incluso quizás estás buscando una determinada metodología, por lo que sería a la sección de materiales y métodos a la que deberías recurrir en primer lugar. Pero en fases tempranas, cuando estás clasificando toda esa información, te puede ahorrar bastante tiempo. Luego ya te leerás en profundidad los que más te interesen o todos los que tu tiempo te permita 😉

9. Organizar la información

Una buena búsqueda bibliográfica sobre un tema puede terminar arrojando sobre tu mesa decenas de artículos y libros. Si dejas que se acumulen sin control no habrá manera de encontrar lo que necesitas. Por ello, y aunque existen métodos tradicionales como los archivadores, yo te aconsejo que uses un gestor de referencias bibliográficas.

Estos programillas no sólo te van a permitir poner algo de orden en todo el material recuperado, si no que te permitirá hacer búsquedas rápidas dentro de los documentos, clasificar en carpetas, con etiquetas, por autores, por año… Y en algunos casos incluso anotar y subrayar los PDF desde el mismo programa.

Y si finalmente empleas toda esa información para crear un documento (ya sea un paper o un informe o lo que se te ocurra) te pueden ayudar a la hora de citar esas referencias y darles formato, ahorrándote mucho, muchísimo tiempo. Hay muchos ahí fuera: Endnote, Zotero o CiteULike son algunos de los más conocidos. Sin embargo, y como ya os he dicho en otra ocasión, Mendeley es mi favorito. Elige el que más se ajuste a tu flujo de trabajo, pero elige uno. Y cuanto antes, mejor. Te ahorrará muchísimo tiempo y trabajo, créeme.

Y bueno, con estas 9 pautas creo que te puedes enfrentar a cualquier búsqueda de información. Algunas son muy básicas, otras no tanto. Pero es sorprendente cuánta gente no sabe buscar adecuadamente información. Y más sorprendente aún que en muchas universidades no se preste atención a esto y no se enseñe nada al respecto (al menos en mis tiempos :P).

¿Cuál es tu experiencia haciendo búsquedas? ¿Añadirías algún otro truco? ¿Eliminarías algún paso? Cuéntame tu técnica y así entre todos aprenderemos mucho más 😉 ¡Te espero en los comentarios!

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Publicado en: Doctorado Etiquetado como: bibliografía, investigación, papers, publicaciones

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