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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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¿Quién soy?

Biólogo, lector y curioso, siempre. Viajero, escritor y fotógrafo aficionado en los ratos libres. Y mientras tanto, ayudo a jóvenes biólogos en mi blog "El Bichólogo"

El biólogo y la aventura

11/06/2015 by Bichólogo 2 comentarios

Casi todos hemos soñado alguna vez con vivir mil aventuras. Los biólogos, a menudo, podemos hacerlo 😉 La naturaleza de nuestro trabajo nos lleva a menudo a tierras remotas, a países lejanos y exóticos. Pero no es el único tipo de emociones al que tenemos acceso. La aventura del descubrimiento es, quizás, la más apasionante de todas.

Biólogos aventureros

Recorrer senderos inexplorados

El estudiar la fauna o la flora implica tener que ir a buscarlos. Y aunque es fácil encontrar gorriones (Passer domesticus), azulones (Anas platyrhynchos),  jaramagos (Diplotaxis virgata) o cantuesos (Lavandula stoechas). Pero cuando se trata de buscar desmanes (Galemys pyrenaicus), corzos (Capreolus capreolus) o lobos (Canis lupus signatus) la cosa se complica.

Trabajar con mamíferos acuáticos y ribereños puede ser muy complejo. Pero ello te lleva a internarte en maravillosos arroyos (a veces no tanto :P), bosques poco transitados y zonas remotas, que de otras maneras permanecerían vetadas para nosotros.

Los transectos de mamíferos terrestres, por su parte, puede llevarnos a las sierras más altas, al viento y a la niebla, en una inclemente lucha contra los elementos. Un trabajo que no es fácil, no sólo por los largos transectos encadenados (entre 18 y 24 km al día) sino también por el desnivel, lo irregular del terreno y lo impredecible de la climatología. Trabajar bajo la lluvia, el frío intenso o un vendaval que casi te tira de espaldas puede convertirse en toda una hazaña, especialmente si tienes una apretada agenda de transectos que cumplir.

Pero no hay aventura si no hay riesgo. Si dejamos a un lado el calor y el frío extremos, lo abrupto de los caminos, el cansancio y los implacables mosquitos, siempre nos quedan los encuentros inesperados. Y es que a menudo te topas con animales que te pueden dar un buen susto. Una vez, piedra en mano por si acaso, tuve que poner tierra y arbustos de por medio entre dos perros asilvestrados que no estaban muy contentos de verme por allí. También me di un buen susto una hembra de alce cuando estuve trabajando en Öland, que salió corriendo de entre los arbustos a mi derecha.

Pero quizás lo que más me impresionaba era escuchar los ladridos de los corzo que pululaban por la zona. Estábamos en plena época de apareamiento y, en la quietud del bosque, de vez en cuando resonaba alguno muy cerca. ¡Parece mentira que un animal tan adorable como ese pueda hacer un ruido como ese!

Arañazos de un oso en la corteza de un árbiol
A veces los encuentros más interesantes no llegan a producirse, pero son igualmente fascinantes. Aquí puedes ver las huellas que las garras de un oso dejaron en un árbol, en la frontera entre Asturias y León

Cuando la aventura está en casa

En ocasiones no hay que irse muy lejos para ir en busca de la aventura. Hasta los trabajos más sencillos pueden convertirse en toda una proeza, si la situación lo requiere. Recuerdo con cariño cuando revisaba los nidos de una colonia de avión común cercana a mi universidad. Estaba localizada en una residencia universitaria y en verano, a 40ºC, me tocaba trabajar allí acarreando una pesada escalera de dos cuerpos mientras los estudiantes se bañaban en su maravillosa y refrescante piscina (ouch). Pero a lo que iba… Había un rincón, apenas una docena de nidos, de bastante difícil acceso. Todos estaba en el techo, sobre la parte externa de un gran aparato de aire acondicionado, que a su vez estaba vallado. Así que llegar a él no era fácil. Nada fácil. Menos mal que de algo me sirvieron mis años de afición a la escalada deportiva. Gracias a ellos podía mantenerme en precario equilibrio, sujeto a la escalera mientras me escoraba peligrosamente a la izquierda tratando de llegar a los nidos más alejados 😛 ¡Qué tiempos aquellos!

También recuerdo tener que subir a unos postes de la luz, de esos de cemento, para instalar unas aparatosas cajas-nido de corcho para carraca (Coracias garrulus) y cernícalo primilla (Falco naumanni) en diversas ZEPAs extremeñas. Aquí también cargaba junto al Bioblogo una pesada escalera (más aún que la otra) a la que apellidábamos Penélope (porque era nuestra cruz :P). Era impresionante cómo a veces se escuchaba la electricidad zumbando en los cables. O como se puede menear un poste de cemento cuando sopla el viento fuerte. Pero por si no fuese bastante, en otro trabajo para otro jefe me tocó revisar las mismas cajas-nido (esta vez yo solo :P). Ahora me río cuando recuerdo cómo un par de veces estuve a punto de caerme mientras me asomaba a las cajas y un mochuelo o un cernícalo salía escopetado por el agujero de la caja-nido. Menos mal que iba bien amarrado a los postes jeje

Descubriendo lo desconocido

Sin embargo, y aunque soy un apasionado de la naturaleza y de todo lo outdoor, pocas cosas me resultan tan fascinantes como la sensación de descubrir algo. Cuando un experimento sale bien, y tras pelear durante horas con la estadística, con la bibliografía y con el inglés, aparece algún resultado significativo. ¡Y además interesante! La sensación es indescriptible. Es asomarte a cosas que nadie sabe (aunque sean pequeñitas y no vayan a cambiar el paradigma de la ciencia actual :P). Pero ayudar a dar forma al conocimiento científico, aportar tu granito de arena al saber de la humanidad, es de lo más gratificante. ¡Aunque luego cueste publicarlo! Sólo un científico puede entender la fascinación de elaborar hipótesis, de llevar a cabo experimentos, de lanzar tus teorías.

Pero no sólo se descubren conocimientos. En mi caso, que soy ávido birdwatcher, es maravilloso el avistar alguna especie que aún no estaba en tu lista. La emoción de ir a un lugar nuevo en busca de ese pájaro que te han dicho que anda por allí. O mejor aún, cuando paseas por cualquier rincón natural de tu ciudad y, de súbito, se te cruza algún bicho en el camino. Y maldices tu suerte (y tu mala memoria :P) por haberte olvidado en casa la guía de aves (o mamíferos, o reptiles, o lo que te guste). Para los que nos gusta la fauna, la sensación que produce un encuentro cercano con cualquier animal (o planta, si eres botánico en vez de bichólogo) no se puede explicar con palabras. Seguro que me entiendes 😉

Pollo de garcilla bueyera
Paseando un día por el azud me topé de súbito con este pollo (bien grande :P) de garcilla bueyera (Bubulcus ibis) que estaba tan sorprendido como yo de verme por allí. Aunque he visto miles y miles de estas aves, me encantó lo inesperado del encuentro, tanto que no dudé en usar la cámara para inmortalizarlo 😉 (¡menos mal que llevaba la réflex colgada!)

La Biología es una puerta abierta para cualquier corazón aventurero. Da igual si te gusta cruzar bosques y montañas, si sueñas con iniciar tu propio viaje del héroe por lo desconocido, o si por el contrario decides navegar por los procelosos mares del conocimiento y la investigación en busca de nuevos descubrimientos. Si eres una de esas personas inquietas, que siempre tratas de ir un poco más allá, de explorar los límites, entonces no te has equivocado eligiendo esta carrera.

Cuéntame qué te ha parecido el post. Pero sobre todo tu experiencia. Porque al final, lo que buscamos los aventureros son experiencias. Y quien sabe si tu historia puede ser el germen de otra para alguno de nosotros. !Te espero en los comentarios o en las redes sociales!

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: aventura, biología, biólogos, naturaleza

Un día de fototrampeo

08/06/2015 by Bichólogo 30 comentarios

El fototrampeo es una técnica muy empleada en la monitorización de poblaciones de vertebrados, especialmente indicada para el caso de mamíferos, por lo que es bueno que cualquier biólogo se familiarice con ella. A muy grandes rasgos consiste en la instalación de cámaras fotográficas que se activan cuando pasa algún tipo de fauna por delante.

Instalando cámaras de fototrampeo

Según el modelo, se pueden disparar al pisar una plataforma oculta en el suelo o, lo que es más cómodo, mediante sensores de movimiento. Muchas de ellas cuentan con flashes de infrarrojos, lo que facilita la toma de fotografías nocturnas. Esto es muy importante, ya que buena parte de los mamíferos tienen activad crepuscular y/o nocturna, por ejemplo.

La cantidad de modelos en el mercado es abrumadora. Desde cámaras provenientes del continente asiático que no llegan a 100€ a modelos en los que cada unidad supera ampliamente los 600€. La resolución, la velocidad de disparo, la distancia de enfoque, el tiempo de latencia entre imágenes, la incorporación de flashes infrarrojos o la duración de la batería son algunos de los elementos clave que explican esta gran diferencia de precio.

Con el abaratamiento de los costes de la tecnología se pueden incorporar algunas mejoras, como la posibilidad de enviar las imágenes a una dirección de correo justo después de haberlas tomado, gracias al empleo de tarjetas SIM y de tarifas de datos. Sin embargo, lo más común es tener que pasar cada cierto tiempo a descargar las imágenes que ha ido acumulando la cámara y a cambiar la batería.

El trabajo previo

El primera paso para realizar un proyecto de fototrampeo consiste, por supuesto, en trabajo de gabinete. En general, salvo que la naturaleza del estudio exija lo contrario, hay que distribuir sobre plano las cámaras uniformemente sobre de la superficie de estudio. Y si es se trata de una zona amplia implicará hacer largos desplazamientos por zonas de difícil acceso. Pero aunque sea difícil, recuerda que tiene que haber un acceso 😉

Para distribuir las cámaras también hay que tener en cuenta el tipo de hábitats que se quieren estudiar y, obviamente, que exista algún tipo de soporte para fijar la fototrampa. Normalmente se suelen emplear árboles, pero en realidad cualquier estructura fija vertical nos podría venir bien. Así que no tiene sentido planear la colocación una fototrampa en medio de un pastizal o un pedregal pelado de vegetación.

La instalación

Para instalar fototrampas, sobre todo si son muchas, es importante levantarse bien temprano una vez más. Llegado al sitio en cuestión es fundamental elegir bien la zona. Para monitorizar mamíferos es conveniente situarlas a baja altura, enfocando a zonas de paso de fauna o caminos, que son muy utilizados por muchas mamíferos (aparte de nosotros) y además suelen estar despejados de vegetación.

Dicha altura variará en función de las especies que estemos interesados en fotografiar. Si la colocamos demasiado bajo sólo veremos la patas. Demasiado alto y es posible que el animal pase sin que le veamos. Siempre trataremos de pillar al individuo en cuestión transversalmente, de modo que sea fácilmente identificable. Para ello colocaremos la cámara perpendicularmente al camino o paso de fauna. Si la situamos de forma oblicua podemos obtener imágenes extrañas, en ángulos raros, lo que hará que perdamos detalles e incluso dificultará la identificación en especies de aspecto similar. Además, si con el trabajo se pretende reconocer individualmente al animal, cuanto más veamos del bicho, mejor 😉

¡Muy importante! Crucial, diría yo. Limpiar la zona de hojas y pequeñas ramitas que puedan entrar en el ángulo de visión de la cámara. Hierbas, hojas o ramas pueden convertir en un infierno revisar las imágenes cuando las has descargado. Recuerda que el disparador se activa por movimiento. Créeme, no quieres revisar 10000 imágenes de una hoja mecida suavemente por el viento durante quince días 😛 Me ha pasado.

Para fijar las cámaras existen diversas variantes. Normalmente estos dispositivos, aunque impermeables y resistentes a la climatología más adversa, suelen instalarse dentro de una carcasa metálica de protección. Esto facilita su colocación, ya que la carcasa puede ser fijada bien con un cable metálico de seguridad cerrado con llave o bien atornillando la parte trasera de la misma al soporte vertical elegido. Además esta carcasa nos ofrece un extra de protección contra los elementos y, especialmente, contras los elementos vandálicos 😛 Normalmente la armadura metálica se cierra con un candado, de modo que no se puede robar fácilmente. Porque sí, es probable que lo intenten.

En uno de los proyectos en los que yo he estado trabajando tuvimos un serio problema con el robo de cámaras. Era una zona con mucha población diseminada. Pueblos pequeños pero por todos sitios y buena parte del monte estaba recorrido por caminos. Así que era casi imposible colocarlo en alguna zona donde no pasara gente. De este modo, como ni con candados ni atornillando lográbamos nada, decidimos colocarlas más altas, aunque así perdiésemos ángulo de visión. Y parece que funcionó. O eso, o es que ya todo el mundo tenía su fototrampa y no necesitaban robar más 😛

Fototrampa entre las hojas
El mejor camuflaje es el mismo sitio donde lo colocas, pero siempre teniendo cuidado que ningún elemento extraño entre en el encuadre

Además, es bueno rotularlas con el nombre de la empresa o institución que esté llevando a cabo el estudio, así como con un número de teléfono, donde la gente se pueda informar de qué leches hace una cámara ahí y cuál es su función.

Una vez colocada la cámara, lo normal es tomar las coordenadas mediante GPS y alguna foto de la localización para los informes o trabajos. Porque además hay que volver a por ella más adelante, así que cuanto más información mejor. Si el entorno lo permite, se puede tratar de camuflar la cámara con musgo, ramas u hojarasca.

Para incrementar la eficacia de esta metodología, y especialmente en el caso de estudios de presencia/ausencia, podemos emplear atrayentes para la(s) especie(s) objetivo. Estos pueden ir desde meros cebos (carne, maíz, o cualquier alimento oloroso), hasta todo tipo de atrayentes químicos como la orina, hormonas o pelos.

El ciclo se repite

Entonces toca ir a la siguiente cámara. Y así una y otra y otra, a lo largo de todo el día y del siguiente… y el siguiente… hasta completar la instalación de todas ellas. Es importante no situarlas demasiado cerca una de otras ni en el mismo trayecto a ser posible. Si se puede identificar a cada animal de forma individual no es tanto problema, ya que puedes saber si es el mismo bichejo que viste en la otra fototrampa. Pero si no, puede llevar a una sobrestimación de la población, ya que un animal puede aparecer en varias cámaras y ser contabilizado como animales distintos.

Cuándo volver a visitar cada cámara dependerá de la duración del proyecto, de la capacidad de las baterías y del número de fotografías que pueda almacenar el dispositivo. Hay que planificar esto muy bien. No querrás tener como “activa” una cámara sin batería o sin espacio suficiente, ya que estarías perdiendo datos y los que obtengas no serían comparables con lo del resto de fototrampas que sí han estado realmente funcionando todo ese tiempo.

Según la planificación, una vez cumplido el plazo, se procederá o bien a desmontar las cámaras para trasladarlas a otro nuevo emplazamiento (o al almacén) o bien se descargarán las imágenes, se cambiarán o recargarán las baterías y se iniciará un nuevo ciclo. Para descargar las fotos puedes usar un ordenador portátil, un dispositivo de almacenamiento de imágenes con ranura para tarjetas SD, o simplemente cambiar la tarjeta por otra vacía y llevarte la usada.

Sea como sea, no pierdas las imágenes. Hay que ser muy organizado en este tipo de trabajos, ya que con tantas cosas a tener en cuenta es sorprendentemente fácil que una tarjeta se pierda, unas imágenes se almacenen con otro nombre, en otro carpeta o simplemente se te olvide descargarlas. Siempre comprueba esas cosas importantes al menos dos veces 😉

Curioseando los resultados

Una vez revisitadas todas las cámaras viene la que probablemente es la parte más apasionante/aburrida de todo el proceso: la revisión de imágenes. Es la más apasionante porque conlleva la emoción del descubrimiento, la incertidumbre de lo que el azaroso destino nos ha preparado, la excitación de lo desconocido. La más aburrida porque en muchas ocasiones aparecerán paisanos, cabras, ovejas, coches, perros, tractores… Aunque ciertamente se dan situaciones realmente curiosas. Desde gente que, sin darse cuenta, se ha puesto a mear delante mismo de la cámara, pasando por individuos que aparecen cada noche vestidos de traje y pasean siempre por el mismo sitio, hasta una chica que lleva a su novio maniatado y con los ojos vendados a algún secreto lugar en la espesura. Y no, no exagero. Casos reales 😛

Con todos estos datos recogidos, tabulados y ordenador (las anécdotas curiosas se pueden omitir del informe oficial :P) ya se procederá con el análisis. Desde meras confirmaciones de presencia/ausencia, a  la creación de Índices Puntuales de Abundancia, pasando por identificación individual de cada animal, descubrimiento de zonas de paso o potenciales corredores ecológicos, se abre ante nosotros una amplia variedad de formas de tratar los datos. Pero eso ya es otra historia que como decía Michael Ende, debe ser contada en otra ocasión 😉

Más información

La red está llena de recursos sobre el fototrampeo. Muchos son de pago, pero también hay algunos manuales gratuitos que pueden servir de acercamiento a esta metodología. Cómo siempre, Google y la experiencia son los mejores maestros 😉

¿Qué te ha parecido el tema de fototrampeo? ¿Lo has hecho alguna vez? ¿Te parece interesante? Cuéntame tu historia. Te espero en los comentarios y en las redes sociales. No te cortes 😉

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Publicado en: Un día de trabajo Etiquetado como: cámaras, fauna, fototrampeo, mamíferos, monitorización, trabajo

6 lacras profesionales contra las que debemos luchar los biólogos

04/06/2015 by Bichólogo 131 comentarios

Ser biólogo hoy en días es complicado. Muy complicado. Pero no más que otros trabajos. Hay que ser realista y darse cuenta de que el mercado laboral no está en su punto álgido precisamente. Sin embargo, es cierto que los biólogos nos enfrentamos a ciertos problemas inherentes a nuestra profesión que no afectan a otros trabajos. Así que voy a tratar de bucear un poco en ellos y ver qué posible solución le podemos dar 😉

6 lacras profesionales contra las que debemos luchar los biólogos

1. La biología no es un trabajo, es un hobby.

Esa es una opinión generalizada. Especialmente si te dedicas a trabajar con fauna o flora. La biología tiene un fuerte componente vocacional, sin el cual el hecho de acabar la carrera se convierte en toda una hazaña. Y es preciosamente por esa fuerte vocación que tenemos que no se valora realmente nuestro esfuerzo.

Cuando hablas con alguien sobre la profesión todos parecen pensar que nos dedicamos a dar paseos por el campo, con unos prismáticos y un cazamariposas. Y ya. De hecho, incluso alguno nos echará en cara que nos paguen por eso. Total, si hacemos lo que nos gusta…

Pero este desconocimiento sobre nuestra labor es, principalmente, culpa nuestra. La imagen tradicional de científico encerrado en su laboratorio, ajeno al mundo, es aún muy común hoy en día. Sí, todos nos esforzamos para que nuestro trabajo esté publicado en una revista prestigiosa, pero pocos se preocupan de que quede reflejado en los periódicos. De que la gente de la calle sepa qué es lo que hacemos, qué es lo que aportamos a la sociedad. Esa es una de nuestras grandes asignaturas pendientes.

2. Debemos conocer cualquier animal o planta

Da igual si eres ornitólogo, botánico, entomólogo, bioquímico… Da igual si el susodicho animal o planta pertenece a tu campo de estudio o no… De hecho, da igual si pertenece a tu localidad, país, continente, hemisferio o sistema solar. Como alguien te pregunte por algún ser vivo al azar y no lo sepas siempre, siempre te van a decir:

¿Pero tú no eres biólogo?

La gente no es consciente de que no es que sea imposible conocer todas las especies existentes, sino que realmente ni siquiera se sabe el número exacto de especies que habitan nuestro planeta (¡las estimaciones rondan entre los 2 y los 50 millones de especies!). Es imposible conocerlas todas. Pero parece que para estudiar biología tenemos que sabernos el inventario completo de la vida como si fuese la lista de los reyes godos 😛

3. El trabajo de biólogo está mal pagado.

Tristemente, es una realidad. Y lo peor de todo es que muchos de los encargados de pagar son también profesionales de la biología. Esta nula valoración de nuestro esfuerzo se ve especialmente bien a nivel empresarial, donde se llegan a justificar unas pésimas condiciones laborales con frases como:

No te quejes. Muchos estarían deseando hacerlo gratis

Comentarios como esos me parecen una aberración, especialmente cuando vienen de gente del gremio. Nos estamos tirando piedras contra nuestro propio tejado. Luego nos quejamos que no hay dinero ciencia,  para conservación, para divulgación. Si nosotros mismos no nos respetamos como profesionales, si no ponemos en valor nuestro propio trabajo, ¿cómo pretendemos que otros, los políticos que manejan los presupuestos, lo hagan?

Existen esfuerzos de cohesión, como los Colegios Oficiales de Biólogos pero son del todo insuficientes. Somos nosotros los que no debemos vendernos por treinta monedas, los que debemos exigir unas condiciones justas, incluso en estos momentos de crisis. Porque si no nos plantamos, si no decimos que no a ciertos trabajos mal pagados, nunca se nos respetará como profesionales. Una vez más, es otro problema del que somos culpables todos, ya seamos jefes o empleados.

4. No hay estabilidad laboral

Aunque esto no  es aplicable a todas las salidas de la carrera, sí que es verdad que en ciertos ámbitos es extremadamente difícil conseguir una continuidad más allá de dos o tres años. La investigación es un claro ejemplo de ello. En España, el itinerario investigador es un completo desastre, agravado por la pésima gestión que ha hecho el Gobierno actual en materia de ciencia. Los continuos recortes, la precariedad de puestos y becas, el repentino cese de fondos para investigaciones punteras han destrozado el entramado científico español.

En el mundillo de la investigación todo funciona a golpe de proyectos y becas, que siempre son de una duración muy determinada. Y si quieres vivir de ellos tienes que ir encadenando proyectos y más proyectos, engarzándolo con becas, subvenciones y, con suerte, algún contrato (que normalmente irá asociado a un proyecto temporal). Al final, cuando te quieres dar cuenta, lo que esperabas que fuese una agradable madurez en el trabajo de tu vida se ha convertido en una desesperante carrera por conseguir una beca, una lucha contra reloj y contra las horribles web oficiales y sus métodos telemáticos que siempre se joden en el peor momento.

Bien es cierto que existen otras salidas interesantes con unas perspectivas más estables si consigues instaurarte en el mercado:

  1. Empresas de ecoturismo y multiaventura
  2. Consultorías medioambientales
  3. Puestos de funcionario en los departamentos autonómicos y regionales dedicados a la conservación
  4. Trabajos en centros zoológicos y zonas protegidas
  5. Otras salidas relacionadas (realización de documentales, fotografía de naturaleza…)

Pero nada te asegura que puedas labrarte tu futuro.

5. Intrusismo profesional

Aunque parezca que esta carrera es muy especializada, es fácil encontrar a gente proveniente de otras áreas realizando trabajos que debían ser llevados a cabo por biólogos. Aunque quizás, el ejemplo más flagrante de intrusismo es el que, como ya he comentado, se lleva a cabo haciendo mal uso de una herramienta tan valiosa y potente como el voluntariado ambiental.

Y es que algunas empresas, ONG’s o incluso instituciones científicas realizan actividades que debía ser llevadas a cabo por biólogos profesionales por medio de un sistema de voluntariado que le permite ahorrarse unos cuantos salarios. Esto provoca dos importantes problemas:

  • Por un lado, persona a menudo no cualificadas están realizando un trabajo técnico de recogida o procesamiento de datos. Esto conlleva que los resultados pueden ser poco representativos, al estar realizados por personas con muy distinto grado de formación y experiencia. Y por lo tanto, ni son comparable ni son extrapolables con aquellos datos tomados por profesionales.
  • Por otra parte, se eliminan puestos remunerados que deberían ser ocupados por biólogos profesionales. Muchos de nosotros hemos hecho algún voluntariado ambiental y hemos ofrecido nuestra capacidad de trabajo a cambio de aprender y formarnos. Y es algo muy útil. El problema ocurre cuando empresas u organismos eligen para el voluntariado a personal muy cualificado y les hace realizar labores que debían ser pagadas a cambio de… nada. Porque llega un momento que el voluntariado no te aporta más.

Este tipo de prácticas no debería ser permitidas. El trabajo profesional debe ser hecho por profesionales. Y hay momentos en los que debemos plantarnos y dejar de trabajar gratis bajo el lema «esto me sirve para el currículo». Debemos hacernos valer, debemos luchar por un trabajo y un salario dignos.

6. Ana Obregón

La forma más directa de caernos mal es que, cuando dices ser biólogo, la gente te responda automáticamente:

¿Biólogo? Anda como la Obregón

Esta frase se repite hasta el infinito desde que tengo memoria. Es superior a mí 😛

NOTA: es un personaje español del mundo del corazón, por eso a los de fuera no os sonará. Pero los españoles la conocemos y mucho. ¡Sobre todo los biólogos!

Ana obregón
La eterna bióloga (foto procedente de la wikipedia)

 

¿Qué te ha parecido la lista? ¿Añadirías alguna cosa cosa más? ¿Cuál es el prejuicio que más te molesta en relación a nuestra profesión? Espero con ganas tu aportación en los comentarios. ¡Un saludo!

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, preconcepciones, prejuicios, trabajo

Un día haciendo radioseguimiento

01/06/2015 by Bichólogo 4 comentarios

El radioseguimiento es una metodología que probé recientemente con motivo de mi trabajo en la consultoría medioambiental. Así que no soy ningún experto, aunque es verdad que le he dedicado algunas horas (muchas, de hecho :P). Además, sólo he realizado radioseguimiento de mirlo acuático (Cinclus cinclus) con lo cual es una aplicación bastante concreta de la técnica, pero allá va 😉

Metodología de radioseguimiento

La captura

Antes de poder seguir a los pájaros es preciso, obviamente, capturarlos, anillarlos y colocarles un emisor UHF. La técnica es básicamente la misma que describí en este post sobre anillamiento. Levantarse temprano, colocar las redes, capturar y anillar el bichejo y colocarle el emisor algo por encima de la cadera. Nosotros empleamos un pegamento específico para sujetarlo en las plumas, pero también vamos a emplear una especie de arnés que irá colocado sobre la cadera. El animal debe tener total libertad de movimiento, especialmente cuando se sumerja, ya que los mirlos acuáticos nadan activamente bajo el agua. Y no debe sobresalir mucho, para evitar que pueda quedarse enredado bajo el agua.

Una vez que ya tenemos «fichado» a nuestro mirlo y que el pegamento del emisor se ha secado se vuelve a liberar en la misma zona. Como hicimos el seguimiento en invierno, cuando estos animales aún no tienen territorios, lo seguimos durante algunas horas después de la captura, para evitar perderlos en caso de que se fueran muy lejos. Es entonces cuando comienza lo interesante.

El emisor

Se trata de un pequeño emisor de ondas de radio. Cada dispositivo emite en una determinada frecuencia, programada de tal forma que no solapen con otros emisores del mismo estudio. Sin embargo, es importante intentar asegurarse de que no se está llevando a cabo otro proyecto similar en los alrededores para evitar que puedan haber confusiones entre emisores con frecuencias iguales o muy similares.

Emisor UHF recuperado
Emisor recuperado tras haber caído del animal. En este caso su peso es inferior a 2,5 g. La recuperación de estos dispositivos es especialmente complicada con los mirlos acuáticos, ya que no es nada fácil encontrar estos pequeños emisores entre las piedras del fondo de los ríos y arroyos (suponiendo que puedas acceder al tramo :P)

Los emisores deben ser pequeños. Muy pequeños. En general, aunque hay que tomar esta regla con cuidado, el peso de los emisores no debe ser superior al 5% del peso del animal, para evitar que pueda afectarle de forma negativa. Esto es especialmente importante en animales con elevadas tasas metabólicas o con momentos críticos de desgaste energético, como pueden ser las pequeñas aves migradoras.

El terreno

Es el primer escollo al que tienes que enfrentarte. Puede ser tu mejor amigo o el peor de los enemigos. El alcance de estos emisores es muy variable, dependiendo tanto del tamaño del mismo y de las características del terreno. Como cualquier onda de radio, éstas rebotan contra elementos del paisaje, pueden ser bloqueadas por vegetación densa, edificios, etc… Así pues una complicada orografía de ríos sinuosos discurriendo por hondos valles y gargantas o con laderas densamente arboladas puede reducir drásticamente el alcance del emisor.

Río atravesando un valle
Esta es una localización real de uno de mis mirlos. Como ves, no hay muchas pistas forestales, pero sí abundante vegetación y el río va bastante encajonado, describiendo amplias curvas donde es muy fácil perder la señal.

Si a esto le unimos que los cauces de los ríos no son siempre accesibles desde pistas, especialmente en zonas montañosas como donde yo realizaba el estudio, el localizar y seguir a estos pequeños mirlos se convertía en toda una hazaña, conseguida con una mezcla de conocimiento del terreno, saber manejar un 4×4 y suerte, mucha mucha suerte 😛

La técnica

Como ya comenté, no soy ningún experto en radio seguimiento. Pero me las apañé para aprender lo básico desde cero y puede localizar todos los mirlos que soltamos al menos una vez 😛 Así que tampoco se me dio tan mal 😛

El realizar radioseguimiento no supone una gran diferencia a sintonizar la radio. Cada emisor emite en una determinada frecuencia (canal) que puede ser sintonizada y almacenada en el emisor (para no tener que andar buscándola cada vez). El funcionamiento de cada receptor depende mucho de la marca, de si es analógico o digital, de lo moderno o lo antiguo que sea. Pero en lo básico suelen tener un altavoz, una rueda para sintonizar las distintas frecuencias de radios, unos controles de volumen y otros de ganancia, con los que hay que jugar para obtener una señal clara.

Mirlo acuático anillado
Un mirlo acuático convenientemente identificado: anilla de color, anilla metálica y un emisor que no se aprecia en la foto (malditos móviles :P)

Para localizar la señal, conectamos al receptor una antena Yagi de mano (como la de la foto superior) o una antena de coche, que suele ir fijada por un imán al techo del vehículo. Es muy fácil alternar entre ambas, usando la del coche (omnidireccional) para localizar la señal y la de mano (direccional) para encontrar la situación del individuos. Cuando el receptor capta la señal del canal sintonizado emite una especie de pitido. La frecuencia y la duración del pitido depende del emisor y se puede variar en función de cuánta vida útil quieras para su batería (no son inagotables :P).

La localización exacta del individuo en cuestión se consigue mediante triangulación. Básicamente, consiste en ir moviendo lentamente la antena en el plano horizontal hasta recibir una señal de un punto concreto, donde se registrará la máxima intensidad. Entonces trazamos una línea imaginar desde nuestra posición hasta el punto desde el que hemos recibido la señal. Después nos desplazamos varios metros (o cientos de ellos, dependiendo del terreno) para repetir el proceso y trazar una nueva línea imaginaria. El punto donde ambas se cruzan es donde nuestro fugitivo se encuentra localizado 😉 Para registrarlo, simplemente se marca sobre ortofoto o en un GPS y listo.

Requiere bastante práctica acostumbrarse a las variaciones del tono. Y es que no sólo varía con la distancia y la dirección, si no que también variará cuando el animal se esté moviendo, ya que a veces el emisor apuntará directamente hacia nosotros, otras veces estará detrás del animal, o bajo el agua, como con nuestros queridos mirlos acuáticos. Así pues, cuando el animal se está moviendo se alternan pitidos agudos con graves, variando la intensidad y llegando incluso a desaparecer. Sin embargo, cuando el individuo está en reposo, la recepción suele ser clara y constante, sin ningún tipo de variación. También hay que recordar que, en función de las condiciones climáticas, la frecuencia de los emisores puede «mutar», es decir, cambiar su frecuencia levemente, por lo que conviene reajustar las frecuencias de cuando en cuando para no llevarse algún susto.

La jornada

Dependerá del tipo de seguimiento que hagas y de las características de cada animal. No es lo mismo seguir a uno con actividad diurna que nocturno, y no es lo mismo en una zona amplia y despejada que en un río estrecho entre montañas. Nosotros realizábamos un seguimiento intensivo durante las horas de luz, tomando la posición de cada individuo a intervalos regulares desde  la salida del sol hasta el anochecer. Esto significa que estarás todo el tiempo ocupado en el campo, sin poder abandonar la zona para no perder la siguiente localización. Pero también implica que habrá tiempo muerto entre localización y localización. Así que es bueno buscarse algún entretenimiento para aprovechar el tiempo.

Leyendo un e-book
¿Qué mejor forma de aprovechar el tiempo que con una buena lectura ente localización y localización?

También tocará comer en el coche lo que haya a mano. Mi menú solía variar entre los trozos de pizza restantes de la cena anterior y diversas clases de embutido y queso con algo de pan jeje. No está nada mal, pero puede resultar cansino cuando te toca hacer eso todos los días, de lunes a viernes, durante varios meses 😛 Así que es bueno echarle imaginación culinaria al asunto 😉

Las jornadas pueden resultar largas y agotadoras. Y a veces aburridas. Muy aburridas. Así que es importante que os aseguréis de que tendréis algún entretenimiento: libros, prismáticos, música… Y que puedas aprovechar ese entretenimiento en intervalos cortos. Ver una película en sesiones de una hora es fácil, pero si las localizaciones son cada cinco minutos puede resultar exasperante 😛 Acuérdate de estas líneas si haces radiotracking alguna vez y y te olvidaste de rellenar los tiempos muertos 😛

Coche al anochecer
Normalmente se me hacía de noche con el radioseguimiento, y volvía agotado a casa después de todo el día de trabajo. Pero esas maratonianas jornadas me permitieron disfrutar de amaneceres y atardeceres espectaculares, así como de un montón de fauna que no es fácil de ver fuera de esas horas 😉

¿Qué se consigue?

Muchísima información. Pero mucha de verdad, y variada. Desde nubes de puntos donde se suele mover el individuos y de las que se pueden obtener kernels de probabilidad de que el individuos esté en una área determinada, hasta patrones de movimiento diarios o nocturnos, picos de actividad, momentos de reposo. Todo esto se puede aplicar en conservación y en estudios de impacto ambiental, para crear corredores ecológicos por las zonas por las que más se mueve la fauna, creación de pasos de fauna para autovías, ferrocarriles y demás obras públicas, zonas importantes para la conservación de determinadas especies, localización de dormideros, territorios de cría o zonas de invernada… Todo lo que se te pueda ocurrir.

Existen otras modalidades de emisores, como unos dispositivos que detectan el fotoperiodo y se usan para seguir la migración de pequeños paseriformes. O los emisores GPS, que te dan la información geográfica exacta sin necesidad de estar constantemente realizando el seguimiento. Bastaría con ir una vez cada pocos días y recoger de forma inalámbrica todos los datos almacenados. Incluso puedes hacer el seguimiento desde tu escritorio con los datos que el receptor envía directamente a tu correo o a una web. Pero tanto el precio como el tamaño de estos emisores GPS suelen ser bastante más elevados, si bien la miniaturización está avanzando a pasos agigantados y ya hay emisores GPS realmente pequeños. Sin embargo el problema siguen siendo las baterías. Cuanto más pequeño es el dispositivo, menor es el tamaño de la batería y su duración. Se produce un compromiso entre tamaño y funciones extras y duración de la batería, por lo cual es necesario evaluar qué tipo de emisor es el adecuado para cada estudio en concreto.

¿Qué te ha parecido el post? ¿Has hecho radiotracking alguna vez? ¿Qué te pareció la experiencia? Compártelo con todos nosotros en los comentarios o en las redes sociales 😉

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Publicado en: Un día de trabajo Etiquetado como: antena yagi, emisor UHF, metodologías, mirlo acuático, radiosegumiento, radiotracking, receptor

¿Cómo me hice biólogo?

28/05/2015 by Bichólogo 44 comentarios

El comienzo

El primer paso de tu carrera es decidir qué quieres hacer. Yo siempre tuve claro que la naturaleza era lo mío. Sin embargo, no me planteé realmente estudiar Biología hasta casi el momento de hacer la preinscripción y solicitar carrera.

¿Qué me llevó a hacerme biólogo?

Y es que mi pasión siempre han sido los bichos y desde bien pequeño me han fascinado todas las ramas de la ciencia. Desde que tengo memoria, los animales siempre han estado presentes en mi vida. Recuerdo  algún canario (con el insigne nombre de Mike Donovan) y un par de diamantes mandarines (Taeniopygia guttata), a los que llamamos Tiza y Panduro porque nos dijeron que siempre debían tener una tiza y algo de pan duro en la jaula. Incluso hay alguna foto de un pequeñísimo yo dando de comer a un patito chiquitín que ni recuerdo de quién era.

Lo que sí recuerdo perfectamente es pasarme horas en Las Tres Campanas, una conocida juguetería que hubo en Badajoz, mirando el estante de los muñecos: figuritas de leones, hipopótamos, jirafas y tigres se entremezclaban de forma caótica con dinosaurios, dragones y toda clases de quimeras. Una fauna de lo más variopinto y en la que, pese a todo, cada uno tenía su propio nicho ecológico en mi colección de juguetes.

Pero como todo niño que se precie, mis favoritos siempre fueron los dinosaurios. Tenía docenas de libros. Me leí Parque Jurásico con apenas 11 ó 12 años. Conocía buena parte de todos esos impronunciables nombres, familias, géneros… Era mi pasión y estaba decidido a dedicarme a ello.

El momento decisivo

Pero entonces se fue acercando la hora de elegir carrera, allá por 1998 (¡me hago mayor!), y comencé a buscar la forma de hacer Paleontología. En Badajoz podía estudiar Biología, pero no existía la especialización en Paleontología, aunque sí un par de asignaturas a lo largo de la carrera. También podía ir por Geológicas, pero entonces tendría que irme fuera. Le di muchas vueltas al asunto. Una y otra vez. Hasta que al fin decidí hacer Biología. Siempre me habían gustado los animales así que, a unas malas, si no lograba meterme en el Departamento de Paleontología siempre podía seguir estudiando otros bichejos actuales.

Así se lo comuniqué a mis padres. Ellos, con toda su buena fe, me dijeron que Biología no tenía salidas, que la cosa estaba chunga para conseguir trabajo (ya en 1998) y que con la buena nota que tenía en selectividad por qué no elegía algo con más salidas. Pero ya sabían lo testarudo que podía llegar a ser su hijo… Así que les dije:

Prefiero ser pobre pero feliz con lo que hago que estar podrido de dinero y amargado detrás de un escritorio

No había mucha contrarréplica a eso 😛 Entonces, como buenos padres y resignados padres, no les quedó otra opción que apoyar mi decisión de hacerme biólogo. 

El proceso

Entré sin problemas en la carrera, deseando aprender cosas de animales, salir al campo y convertirme en una mezcla entre Indiana Jones y Miguel de la Quadra-Salcedo. Y la primera en la frente. El primero año tuve física, matemáticas, estadística, informática, química… Y bueno, sí… Alguna asignatura de botánica y de zoología, pero vamos, que no era el paraíso lectivo que yo había imaginado. A pesar de ello, lejos de desanimarme, seguí dándole caña. Me apunté a todas las optativas relacionadas con fauna y si podía, a alguna de libre elección. Y me apliqué al máximo.

De hecho, fue una de esas asignaturas optativas la que me descubrió el asombroso mundo de las aves y su observación, los dinosaurios de hoy en día 😛 Aprendí a usar una guía de campo y a identificar mis primeras aves. Después ya me fogueé yo mismo, mientras iba descubriendo poco a poco la fantástica fauna del Azud de Badajoz.

Además hice una de las mejores inversiones de tiempo y esfuerzo de mi carrera. Entrar en el departamento zoología tuvo un papel fundamental en mi desarrollo como biólogo. Entré en contacto con el mundo de la investigación, hice numerosos contactos, llevé varios pósteres a diversos congresos y aprendí mucho, muchísimo, sobre la labor investigadora, el manejo de aves, el anillamiento científico o cómo escribir un artículo científico.

Al acabar la carrera, de nuevo surgía la duda. ¿Qué iba a hacer con mi vida ahora? Y de nuevo mis padres me aconsejaron tirar por algo seguro, unas oposiciones a profesor de secundaria o a biólogo de la Junta de Extremadura. Pero yo seguía siendo un joven testarudo que había  decidido perseguir sus sueños y agarrarse a la cola de la cometa.

Y es que tanto disfruté aquella etapa en el departamento que me lancé a la faraónica tarea de hacer una tesis doctoral. Fue toda una nueva etapa de aprendizajes y, sobre todo, de viajes: Almería, París, Noruega… Más y más contactos. Más y más posibilidades. Un nuevo mundo se había abierto ante mis ojos.

La conclusión

Elegir la carrera de biología supuso un antes y un después en mi vida personal y profesional. Es, posiblemente, una de las mejores elecciones que haya hecho nunca. No fue un camino fácil, pero tampoco fue un infierno. Lo mío era vocación y la viví y la disfruté como tal. Una vez obtenido el título, y gracias a todo el trabajo previo (departamento, congresos, cursos y voluntariados) pude optar a diversas becas que me llevaron al doctorado. E incluso en medio de la crisis pude conseguir un puesto de trabajo en una consultoría ambiental, que me permitió explorar el apasionante (aunque inestable) mundo de la empresa privada.

Ha sido una gran aventura a todos los niveles. Y me ha ofrecido la oportunidad de hacer cosas tan fascinantes como extrañas. Por supuesto han existido sus altibajos. Hasta hoy mismo no he cerrado la tesis (¡casi 8 años!), la cual tuve que dejar apartada un tiempo para trabajar en la consultoría ambiental. Y hubo momentos en los que estaba tan quemado que casi la abandono. Pero simplemente fueron etapas.

Aunque no sea un camino fácil, el viaje siempre merece la pena
Aunque no sea un sendero fácil de recorrer, el viaje siempre merece la pena

Mi único consejo es que no te desanimes. Siempre busca aquello que te haga feliz, que con voluntad y esfuerzo todo es posible. Ninguna carrera es fácil, nadie regala trabajo. Pero los biólogos tenemos la ventaja que no sólo el fin merece la pena. También el camino es apasionante. La Biología puede darte grandes alegrías (y también algún que otro sofocón :P). Pero créeme que siempre ofrece mucho más de lo que pide 😉 Lucha por tu sueños y verás como tarde o temprano se hacen realidad.

¿Cómo ha sido tu experiencia durante la carrera? ¿Qué te ha aportado? ¿Te arrepientes de tu decisión? ¡Comparte tu experiencia con nosotros!

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, experiencia personal, historia, motivación

5 razones por las que detesto los voluntariados

25/05/2015 by Bichólogo 41 comentarios

Y ahora toca ver el lado oscuro de los voluntariados. Porque no es oro todo lo que reluce y lo que te venden como una maravillosa oportunidad de aprender y conseguir experiencia no siempre es lo que parece ser.

El lado oscuro de los voluntariados

5 razones por las que detesto los voluntariados

Se ha creado toda una mafia alrededor de los voluntariados ambientales en los últimos años. Y, absurdamente, hemos llegado a un «autointrusismo profesional» que roza lo irrisorio. A continuación te detallo por qué pienso todo esto…

1. Aprendes poco y mal

En algunos sitios aprovechan la remesa de voluntarios para hacer todas esas tareas tediosas que el personal fijo odia hacer. Esto puede ir desde pasar interminables listas de datos a Excel o acarrear el equipo sin que puedas trabajar activamente en el proyecto hasta dedicarte a traer cafés. Hasta las tareas más aburridas forman parte también del trabajo de un biólogo y conviene coger experiencia. Pero no hay que confundir el realizar tareas aburridas que todo el mundo tiene que hacer alguna vez con que te dediquen exclusivamente a ellas. Nadie se debería aprovechar de la voluntad y el esfuerzo sincero de un voluntario. Nunca.

2. Las organizaciones abaratan costes

Está muy bien eso de tener mano de obra barata cuando no hay muchos fondos o el proyecto es muy grande. Y está bien echar una mano de gratis cuando la causa lo requiere. Pero lo que no es de cajón es que proyectos financiados con fondos estatales, europeos o de la agrupación de países de turno se dediquen a tirar de voluntarios para hacer el trabajo que debía estar realizando profesionales cualificados. Esto genera no sólo un intrusismo laboral y un sabotaje a nuestra propia profesión, sino que además provoca que los datos recogidos sean de dudosa y desigual calidad, puesto que no todos los implicados tienen la misma experiencia (a veces ninguna) en el ámbito de trabajo. Hay instituciones que no pueden permitirse contratar más gente por falta de fondos, pero otras simplemente se aprovechan del tirón del voluntariado para ahorrarse unos cuantos contratos. Ésta es una práctica común que debería legislarse y controlarse.

3. Hundimiento personal

En una situación laboral como la actual es fácil caer en la «trampa del voluntariado«. Consiste en empezar a hacer voluntariados, primero con la intención de irnos formando (cosa loable y que yo mismo he hecho) pero después vamos enganchando de voluntariado en voluntariado, aunque ya no nos aporte nada a nivel profesional ni personal, simplemente porque no tenemos nada mejor que hacer. Esto no hace sino fortalecer el que los distintos organismos sigan usando a los voluntarios para realizar labores propias de un biólogo cualificado (¡y pagado!) pero sin aportar ni un euro. Nos estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado. Una vez que el voluntariado deja de aportarnos cosas útiles hay que dejarlo. Una vez que nuestra experiencia merece ser pagada (como cualquier otro trabajo) debemos exigir que se nos pague. Nadie intenta que un arquitecto haga una casa gratis, ni un médico que opere por amor al arte, ni un abogado que defienda sin recibir sus honorarios. Pero los biólogos, como lo nuestro es muy vocacional, parece que no merecemos que nos paguen por nuestro trabajo. Una de las frases que más odio es

Si a ti te gusta el campo. Eso no es trabajo

Parece que por el mero hecho de disfrutar con lo que hacemos no merecemos cobrar por ello. Me encantaría ver a toda esa gente haciéndose 18 km diarios por caminos de cabras, o haciendo jornadas de 13 ó 14 horas de campo día tras día. Seguro que cambiaban de opinión 😛

Con esto tampoco digo que haya que dejar de hacer voluntariados definitivamente. Pueden seguir aportándote valor en forma de contactos, experiencias en campos poco conocidos o viajes y estancias muy baratos en el extranjero. Pero te aportan algo. Cuando no sea así, déjalos pasar 😉

4. Usan un reclamo llamativo y pero el trabajo no tiene que ver con eso

¡Trabaja con hienas! ¡Conoce la selva! Y tú piensas «¡Fabuloso! Voy de cabeza«. Pero cuando llegas allí resulta que el trabajo de campo ya ha sido hecho, y que sólo te toca pasar datos. O tus paseos por la selva se reducen a un día a la semana, mientras el resto del tiempo es trabajo de gabinete (que también es necesario, pero joder, no prometas cosas que no son). Infórmate bien de las tareas que vas a realizar y no te dejes engañar por un envoltorio brillante. Sé claro y pregunta las labores que llevarás a cabo antes de ir para no crearte unas expectativas falsas.

5. Trabajar gratis y encima costearse la estancia

Tristemente, cada vez son más y más comunes los «voluntariados» en los que no sólo cedes gratis tu trabajo, sino que encima tienes que pagarte no ya el viaje, sino la estancia. Tienes que pagar por la manutención, el alojamiento y, a veces, una tasa diaria por estar en determinada área protegida. A cambio te ofrecen «experiencia», «vivencias», «un enclave privilegiado»… Pamplinas. Lo mínimo necesario para considerar un voluntariado como tal es que a ti no te cueste dinero. ¡Faltaría más! Para mí, a eso se le pueden llamar de muchas maneras, pero no es un voluntariado.

Éste ha sido mi vistazo a la cara B del voluntariado. Con esto no te quiero desanimar, ni mucho menos. Ya has visto que los voluntariados tienen cosas muy positivas. Y mi experiencia siempre ha sido buena. Excelente en algunos casos. Y conozco algunos ejemplos de buenos programas de voluntariado. Pero no siempre es así. Simplemente es cuestión de que los uses sabiamente. No te dejes engañar y, como siempre, disfruta. Y cuando dejen de serte útiles, cuando ya no aprendas nada, déjalos. Y sé el profesional que realmente serás para entonces. Hazte valer y lucha por nuestra profesión 😉

¿Qué te ha parecido mi listado? ¿Has tenido alguna mala experiencia en algún voluntariado? Si es así, compártela con nosotros y evita que a otros les pase.

¡Un saludo!

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