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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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¿Quién soy?

Biólogo, lector y curioso, siempre. Viajero, escritor y fotógrafo aficionado en los ratos libres. Y mientras tanto, ayudo a jóvenes biólogos en mi blog "El Bichólogo"

10 cosas que aprendí siendo biólogo

30/04/2015 by Bichólogo 3 comentarios

Trabajar como biólogo me ha supuesto no sólo un crecimiento a nivel profesional, sino también a nivel personal. Me ha enseñado muchas cosas que puedo aplicar más allá del ámbito puramente académico o profesional. Y me ha hecho darme cuenta de cosas que, de otro modo, quizás me habrían pasado desapercibidas. Este es mi decálogo de enseñanzas aprendidas, que no lleva ningún tipo de orden especial.

10 lecciones del trabajo de biólogo

EL DECÁLOGO

1. Las notas de la carrera importan, pero no tanto

Las calificaciones son importantes de cara a obtener el título, pero no más allá. A nivel profesional nadie me ha pedido nunca ni mi nota media, ni el tiempo en que tardé en sacarme la carrera, ni nada parecido. Es cierto que si quieres tirar por la rama de la investigación, donde se vive a golpe de beca, sí que te ayudará tener un buen expediente, al menos al principio. Pero al fin y al cabo en ciencia las publicaciones son la moneda de cambio, el plato fuerte. Y las estancias en el extranjero la salsa, el perfecto acompañamiento. Trata de coged toda la experiencia que puedas, que sea tu trabajo el que hable por ti.

2. La magia de los contactos

No hay que confundir una buena y eficiente red de contactos con enchufismo. No es cuestión de ser «hijo de”, sino de estar en la mente de los demás. Que si tienen que recurrir a alguien piensen primero en ti: porque te conocen, porque confían en ti y porque saben de tu valía. Esto no te va a asegurar un trabajo nada más salir de la carrera. No es una fórmula mágica. Nadie te va a dar nada si realmente no te lo mereces. Requiere trabajo, mucho trabajo. Y paciencia. Los contactos son una llave que puede abrirte la primera de muchas puertas. Cuanto más grande sea tu red, más influencia tendrás y mayor será la posibilidad de que alguien recuerde tu nombre en el momento exacto

3. El papel fundamental del departamento

Este punto bien podría enlazar con el anterior. Y es que colaborar con el departamento es la mejor manera de empezar a cultivar tus contactos, de hacer networking, como se dice ahora. Y como bien dice Alfonso Alcántara:

el networking tiene más de working que de net.

Es una forma de obtener experiencia, foguearse en el trabajo de campo y de laboratorio, presentar alguna comunicación o póster en congresos y, por qué no, escribir el primer artículo. Pero sobre todo es la forma de conocer gente. Contactos, recuerda 😉

4. Cuidar la forma tanto como el fondo

Y esto vale para todo. El fondo es importante, lo más importante. Pero de nada vale un buen contenido si el envoltorio no atrae a la gente. Nadie lo va a comprar. Un artículo con resultados rompedores no vale de nada si no eres capaz de describirlos claramente en un paper. Un contenido interesante puede pasar desapercibido en una soporífera presentación o en un póster mal planteado. O un excelente aspirante a una plaza puede perderlo todo en una mala entrevista. Siempre hay que cuidar las formas. Siempre. Hagas lo que hagas, que entre por el ojo. Que sea llamativo. Que venda.

5. Se puede trabajar de bichólogo

Si estás suscrito al boletín y has leído “Ser bichólogo: ¿realidad o quimera?” espero que esto haya quedado ya claro. La Biología SÍ tiene salidas. Y muchas. Eso no significa que llueva el trabajo, pero estoy cansado de oír que o eres investigador, o biólogo de la Junta o profesor. Hay más vida ahí fuera. Hay múltiples nichos, como comentaba Luis Miguel Domínguez en su entrevista. Sólo hay que pensar un poco, y a veces, dar una vuelta de turca a la profesión 😉

6. Viajar es fácil

Ya he dedicado un post a ello. Las oportunidades están ahí, esperando que haya alguien que se atreva a cogerlas. Los medios son muchos, los destinos, más aún. Pero hay que ser activos, moverse, arriesgarse. Las cosas no vienen solas. Muy pocas oportunidades surgen por mero azar. Hay que trabajarlas, abonar el terreno. Congresos, voluntariados, seminarios, charlas, becas… Tienes donde elegir.

7. Tu trabajo habla por ti

También lo he dicho antes. Tu trabajo es tu mejor carta de presentación, tu mejor currículo. Puedes tener muchos cursos, pero a la hora de la verdad premia mucho más la experiencia. Intenta ser polivalente, pero si encuentras tu nicho, especialízate. Hazte imprescindible. Sé estratega de la k o de la r según convenga. Adáptate. Evoluciona. Pero mantente en continuo movimiento, ampliando tu experiencia. Eso luce mucho más en tu currículo que una decena de cursos dispares.

8. Aprender de los mayores y enseñar a los que no saben

Nadie nace aprendido. Cuando llegué por primera vez al departamento yo era un estudiante bisoño, con muchas ganas de aprender pero nada de experiencia. Tuve suerte y entré a formar parte de un equipo realmente bueno. Con gente que sabía mucho, pero que además se esforzaba en enseñarlo, en transmitirlo. Cuando encuentres a alguien así, aprovéchalo. Sé una esponja. Pero no te lo quedes sólo para ti. Llegará un momento en que vendrá alguien nuevo, perdido, pero con las mismas ganas de aprender que tenías tú. Sé paciente, contesta a sus preguntas, como otros hicieron contigo. Da igual lo alto que hayas llegado, estás ahí porque alguien te ayudó a subir. No lo olvides.

9. El poder de la constancia

Es importante tener metas, pero más importante es tener disciplina. El mundo laboral es muy competitivo, y más en el ámbito científico o del medio ambiente. Recortes, disminución de las subvenciones, todo eso hace que las posibilidades escaseen. Pero si sabes lo que quieres, mantente fijo en ello. Si trabajas, si estás atento a cada tren que pasa, al final te montas. No dejes que te digan que no se puede, que no merece la pena. Insiste una y otra vez. Si no es este año, será el siguiente. Yo acabé la carrera en 2003, pero no empecé el doctorado hasta 2007. Busqué una beca, y otra y otra. Durante esos tres años trabajé para dos universidades como técnico de investigación, para una empresa medioambiental y tuve una beca. No perdí de vista el doctorado, ni tampoco me obsesioné. Cuando llegó la oportunidad, la aproveché. Constancia, amigo. Constancia 😉

10. La importancia de los grupos multidisciplinares

Si puedes aprender de alguien que sabe más que tú en un campo, imagina cuánto puedes aprender de personas de distintos campos. Uno no puede saber de todo. Crea sinergias entre tus contactos, relaciónate con gente de otras ramas, afines o sólo vagamente relacionadas. Así, cuando llegue el momento de enfrentarse a algún problema (y vendrán muchos) siempre tendrás otra óptica, otro enfoque, que te ayudará a seguir avanzando, ya sea con ese artículo, esa tesis o ese experimento que no consigues poner en pie.

Estas son algunas de las cosas que me ha enseñado la carrera de biología. Como verás algunas se aplican exclusivamente al ámbito profesional, pero otras son extrapolables a cualquier aspecto de la vida. Algunas de mis mejores experiencias las he tenido gracias a la biología, así como algunas poco agradables. Pero gracias a todas ellas soy ahora quien soy y estoy aquí charlando contigo.

Y hablando de ti… ¿Qué te ha enseñado tu contacto con la biología y la universidad? ¿Has aprendido algo más que conocimientos técnicos? ¿Qué piensas de mi decálogo? ¿Qué añadirías o quitarías? Te espero en los comentarios o en cualquiera de las redes sociales. ¡Tu opinión es importante!

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Entrevista a Marco “by Ribosoma”

27/04/2015 by Bichólogo 4 comentarios

El entrevistado

Hoy tengo el placer de entrevista a Marco de Mesa, alias “by Ribosoma”. Él es un biólogo madrileño que ha decidido reinventarse a sí mismo y a la profesión. Ha trabajado como grabador fotointérprete para Tragsatec y como auxiliar de investigación en el Instituto Cajal durante 5 años. Más de bata que de bota, ha tirado siempre por la rama molecular. También compaginó estos trabajos con una labor divulgativa desde su propio blog, El rincón de Marco. Pero un día decidió cambiar radicalmente y dan un giro a su carrera.

Marco de Mesa, emprendedor

Hace casi dos años comenzó a diseñar camisetas bajo la marca “by Ribosoma · Biological Designs”. Todos sus diseños tienen un enfoque biológico y cargado de humor, creando así una especie de «moda divulgativa”. Y hoy Marco ha accedido a compartir con nosotros su historia, la historia de “by Ribosoma”. Para mí ha sido un placer poder entrevistarle y creo que aporta puntos de vista muy interesantes. No te la pierdas 😉

La entrevista

Y si la quieres en formato podcast suscríbete a El podcast de El Bichólogo en iTunes o descárgala aquí:

A continuación te dejo un breve resumen de todo lo que charlamos. Junto a cada sección aparece el minuto en que comienza en el vídeo:

  • Presentación de Marco
  • Cómo un biólogo pasa a ser diseñador de camisetas -> 0:34
  • Cómo surge «by ribosoma», los retos a los que se enfrentó y su experiencia personal -> 2:55
  • La divulgación y la «moda divulgativa» -> 8:12
  • Qué es el Famelab y algunas recomendaciones ->  11:33

Más información

Si estás interesado en sus camisetas, puedes comprarlas en su tienda online.

El logotipo de la tienda by Ribsoma

Como ves en la imagen, también puedes seguir a Marco en las redes sociales, tanto en Twitter como en Facebook.

Si además te has quedado con ganas de conocer su faceta humorística puedes ver su contribución al III Certamen Famelab de Monólogos Científicos:

Y para ver algunas de las recomendaciones de Marco sobre lo mejores monologuistas del Famelab sólo tienes que echar un vistazo a los siguientes vídeos:

Álvaro Morales: Un padre de mellizos muy científico

Manuel González: Copla a las estrellas

Aitor Menta: Último Teorema de Fermat

https://www.youtube.com/watch?v=n4orE8XM3KI

Ricardo Moure: La grasa parda

Y con esto acaba el post. ¿Qué te ha parecido la entrevista? ¿Ya habías pensado en un reinvención completa? ¿Tienes pensado montar algún negocio con un enfoque biológico? ¿Participaste también en el Famelab o tienes pensado hacerlo? ¡Cuéntame tu historia! Ya sabes que puedes localizarme en las redes sociales o en los comentarios 😉

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Guías de aves y cuál debo comprar

23/04/2015 by Bichólogo 4 comentarios

El de las aves es uno de los grupos animales más estudiados por los científicos. Las razones son variadas, pero una de las principales es su abundancia y la facilidad para trabajar con ellos. Esta ubicuidad de las aves ha hecho que la cantidad de estudios, trabajos y ponencias en congresos sobre aves sea abrumadora en relación al resto de grupos.

Cómo elegir una buena guía de aves

Pero esta misma característica también hace que sean las más agradecidas de ver. Si un día sales al campo, ¿cuántos linces, ciervos, lagartos, peces o invertebrados encuentras? ¿Y cuántas aves? Esto ha provocado que se genere un gran interés por este grupo animal que se extiende no sólo a los estudiosos de la biología, sino a cualquier aficionado o naturalista.

Pero la variedad de aves es inmensa. En total se conocen más de 9200 especies repartidas por todos los rincones del globo. España es un lugar privilegiado a nivel mundial para la observación de aves, como más de 340 especies distintas. Esto lo ha convertido como un destino estrella para los ornitólogos y birdwatchers del mundo. Por tanto, conocer e identificar las distintas especies que configuran la avifauna de una zona puede llegar a ser algo muy complejo. Por ello surgieron las guías de aves.

¿QUÉ ES UNA GUÍA DE AVES?

Las guías de aves son publicaciones que recogen todas las aves de una determinada zona geográfica. Su objetivo fundamental es ayudar a diferenciar las distintas especies, incluso aquellas con una morfología muy similar. Dependiendo de la guía escogida variará la cantidad de información adicional: mapas de distribución geográficas, ilustraciones, fotografías, cantos, características ecológicas… Además, algunas incluyen información acerca de algunas especies que, si bien no son residentes ni crían en la zona, pueden aparecer de tanto en tanto. Ejemplares divagantes provenientes de lugares más alejados o bien algunas rarezas que, por azares del destino, terminan pasando por la zona. Y es que, aunque las especies en general tienen bien definidas sus áreas de distribución, dada la gran movilidad que tienen las aves no es excepcional ver algunos ejemplares muy alejados de sus áreas de cría, invernada o paso habituales.

¿QUÉ GUÍA ME COMPRO?

Pues eso depende de ti 😛 Las distintas guías varían enormemente, tanto en precio como en tamaño, información y exactitud. Puedes encontrar de todo en el mercado, desde guías acerca de las aves de una ciudad o un pueblo hasta algunas que tratan de abarcar todas las aves del mundo. Algunas son fácilmente transportables y otras pueden contar con 17 grandes volúmenes. Lo que sí te puedo decir es que, en general, no son baratas. Y menos aún en España. Aquí ya sabemos que la cultura y la ciencia no han sido precisamente la bandera de nuestros gobiernos. Si compras en el extranjero puedes obtener mejores precios, pero la inmensa mayoría del material está en inglés (si tienes suerte) o en el idioma del país en concreto. A continuación,Vamos a ver qué es lo que debes tener en cuenta a la hora de elegir una buena guía.

Ánades reales en vuelo en el Azud del Guadiana a su paso por Badajoz

1. Tamaño

Cuanto más pequeña y manejable, mejor. No hay nada más incómodo que ir al campo con un libro de varios kilos de peso que además no es nada manejable. Si necesitas una mesa sólo para poder abrir el libro y buscar el pájaro, esa guía no es para ti ;). Sin embargo, existe un claro compromiso, un trade-off entre el tamaño del libro y la cantidad de información que contiene. Si quieres un tamaño y un peso reducido eso sólo puede ser a costa de sacrificar valiosa información.

2. Número de especies

Si vas a ir exclusivamente a ver pájaros al huerto de tu casa en el pueblo no necesitas una guía de aves del mundo. Ni tan siquiera de Europa. Si lo que pretendes es hacer un viaje alrededor del mundo, una guía de aves de Extremadura no te valdrá de mucho. Para la mayoría de gente, una guía de Aves de España puede ser perfectamente funcional sino viaja mucho. Y si sueles salir al extranjero, una guía de aves de Europa te será más útil. Todo depende del uso que le vayas a dar. Porque recuerda, mayor información, mayor tamaño 😉

3. Fotografías o ilustraciones

Existen buenas guias tanto con fotos como con dibujos. En mi opinión personal, son mejores las ilustraciones. Una fotografía refleja la realidad en un momento muy concreto: una determinada hora del día, un día que puede ser nublado o soleado, la cantidad de sombra que le da al animal… Sin embargo las buenas ilustraciones presentan imágenes idealizadas del animal. Puedes ver distintos ángulos y resaltan determinados rasgos, como coloraciones o reflejos, que si bien pueden no ser totalmente realistas, sí que ayudan mucho a identificarlas cuando uno está en el campo. Incluso existen guías que no llevan ninguna imagen de los animales salvo algunos gráficos meramente descriptivos para evaluar tamaños relativos de primarias y cosas por el estilo. Pero una vez más, decidir entre unas u otra es cuestión de gustos.

4. Mapas de distribución

Lo ideal es que cada especie tenga asociado un mapa de distribución que señale las zonas de invernada, las de cría o si es residente todo el año. Esto aumenta considerablemente el tamaño de la guía, pero puede ayudar a descartar fácilmente algunas especies por la época o la zona donde nos encontramos. Aparte de siempre puedes aprender sobre la fenología de las aves.

5. Cantos

En algunas guías, además de una breve descripción del animal, traen una transcripción fonética de los cantos. Suele ser bastante divertida, del tipo:

…el animal hace chiriiiip pi pi pi agudo en vuelo, y un truaaak ka ka ka como señal de alarma…

Aunque al principio no le ves utilidad alguna, cuando lees la transcripción y oyes el canto sí que puede ayudarte a identificarlo.

MI RECOMENDACIÓN

Mi favorita sin duda es la Collins. Presenta multitud de ilustraciones, comparando a menudo distintas especies muy parecidas entre sí, o mostrando a los animales en vuelo. La calidad de las ilustraciones es excepcional y presente muchísima información en un tamaño muy contenido. El precio es alto, pero sin duda creo que es un inversión que merece la pena. De hecho, es la que yo uso ;). Y si dominas el inglés, aquí puedes encontrarla mucho más barata 😉

También le tengo especial cariño a la Lars Johnsson. Con ella aprendí a identificar aves en una excursión en la universidad y en mis sucesivas visitas al azud de Badajoz (ZEPA, por cierto). Las ilustraciones no son todas tan buenas como en la anterior, pero es muy didáctica y también presenta mucha información

También os dejo otras opciones que me parecen interesantes, y de precios más bajos. No las he probado personalmente pero he leído muy buenos comentarios 😉

          

Y tú, ¿tienes ya alguna guía de aves? ¿Cuál usas? ¿Has decidido comprarte alguna? ¡Cuéntamelo en los comentarios o en las redes sociales!

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Las 5 cosas más extrañas que he hecho como biólogo

20/04/2015 by Bichólogo 14 comentarios

El de biólogo es un trabajo que se presta a investigar cosas de lo más variopinto. El estudio de la vida, la Biología, implica tantas, tantas cosas que por fuerza alguna de ellas son extrañas y rebuscadas. No sólo se estudian los seres vivos en sí mismos, sino sus partes, sus procesos internos, las relaciones que se establecen entre ellos y con el medio. Hasta se investigan sus historias evolutivas y como se han ido adaptando a su entorno desde el punto de vista de la evolución. Las posibilidades son casi infinitas.

A lo largo de mi experiencia profesional he tenido que hacer de todo: anillador específico, técnico de campo, instalar cajas nidos para unos jefes y hecho el seguimiento para otros, redactar artículos y memorias técnicas, recoger muestras, prepararlas, analizarlas en el laboratorio, tratamiento estadístico de datos, dar y recibir charlas de lo más dispares, preparar presentaciones en power points… Pero creo que las cinco siguientes se llevan la palma en cuanto a lo extravagante o lo original. Y todas ellas han dado lugar a situaciones cuando menos curiosas a la hora de explicar a mi familia y amiguetes en qué trabajaba.

Esperma visto bajo el microscopio óptico

LAS 5 COSAS MÁS EXTRAÑAS EN QUE HE TRABAJADO

1. Masturbar pajaritos

Esta es, sin duda, una de mis favoritas. Con motivo de mi estancia breve en el Museo de Historia Natural (NHM) de Oslo tuve la oportunidad de trabajar en temas de competencia espermática. Y aunque principalmente analicé las muestras, sí que tuve que tomar alguna con mis propias manos. Sí, imaginad que tenéis un pequeño pajarito de menos de 20g de peso en vuestras manos y tenéis que obtener una muestra de esperma. Y contando con que eres tú mismo el que tiene que sujetar al animal, que no debe pasar demasiado tiempo en la mano para evitar estresarlo (¡recordad lo que os contaba en el post del anillamiento!). Estresante 😛

Por no hablar de las bromas y chanzas consecuentes de los compañeros: “¡Dile cosas bonitas al oído antes, hombre!”, “Mírale, te está haciendo ojitos”, “Ese seguro que vuelve, le has dejado contento”.

2. Analizar muestras de Chernobyl

Esta está relacionada con la anterior. Pues durante la misma estancia en Oslo me ofrecieron la oportunidad de analizar unas muestras de esperma cogidas en Ucrania, en el área de influencia de la antigua Central de Chernobyl. Imaginaros mi cara. ¿Esperma de Chernobyl?

Buscando anormalidades en el esperma de pajarillos de Chernobyl. ¿Notáis vosotros algo raro? ;)
Buscando anormalidades en el esperma de pajarillos de Chernobyl. ¿Notáis vosotros algo raro? 😉

Por supuesto que acepté. Me pasé un mes preparando muestras, observándolas en el microscopio, tomando fotografías y analizando aberraciones y malformaciones. Y fue productivo. Muy productivo. Podéis ver la prueba en este artículo, resultado de dicha colaboración con el NHM de Oslo.

3. Recoger excrementos de mamíferos

Prácticamente todo el tiempo que he estado en la consultoría medioambiental lo he pasado realizando transectos de mamíferos, para tratar de averiguar presencia/ausencia y su abundancia relativa. Y dado que los mamíferos son por lo general esquivos y difíciles de ver, pues sólo nos queda buscar sus rastros. Las huellas quizás sean el más obvio que nos viene a la mente, pero en general es más sencillo encontrar sus excrementos.

Excremento de desmán
Excremento de desmán ibérico hábilmente depositado en un hueco bajo una piedra en medio del río 😛

Y así he andado buscando (y a menudo recogiendo) muestras de un respetable número de especies: lobo (aunque más comúnmente eran de perros asilvestrados), zorro, jabalí, corzo, conejo, libre, tejón, jineta, garduña, pequeños mustélidos, nutria y desmán ibérico, y seguro que se me olvida alguno. Hubo una época en la que simultaneaba este punto con el primero. Me encantaba ver la reacción de la gente cuando me preguntaba a qué me dedicaba y yo respondía: “Pues ahora mismo recojo mierda de lobo y soy mamporrero de pájaros”. ¡Sus caras eran un poema!

4. Tapar nidos

Durante un par de temporadas de campo al menos, el tapar nidos por la noche me quitaba no sólo el sueño, sino mi vida social, que se hundía hasta lo irrisorio entre marzo y julio. Y es que por aquella época yo monitorizaba una colonia de avión de más de 200 parejas. Y claro, la única manera de saber quienes eran los padres (al menos los “oficiales” ya que hay numerosas cópulas fuera de la pareja) era yendo a la colonia de noche, tapando la entrada de los nidos y volviendo muy temprano al día siguiente, para capturar a los padres. Esto sólo se podía hacer cuando ya había pollos en el nido, que es cuando ambos padres duermen dentro del nido. Por eso había que capturar, anillar, medir y tomar muestras de sangre a los adultos inmediatamente y bien tempranito, para que pudiesen ponerse a cebar a los pollitos inmediatamente.

Nido de avión común
Nido de avión común a medio hacer en la ventana de mi dormitorio

Como podéis imaginar, los pajarillos no entienden de horarios, y esto me tocaba hacerlo incluso en los fines de semana. Así que no era raro que me fuese a tomar algo con mis colegas y, a eso de las 22:30, decirle: “Bueno, chicos. Me voy a tapar nidos. Nos vemos la semana que viene, que hoy me toca levantarme a las 6:00”. Vaya vida 😛

5. Ser curtidor de gallinas

A veces, para realizar una tesis doctoral, hacen falta adquirir determinadas aptitudes “especiales”. En tiempos estuve a punto de irme a Bolivia con mi colega de Bioblogía a hacer el doctorado sobre ardeidos de los pantanales de por allí. Pero para ello debíamos aprender varias cosas: a montar a caballo a la española, a disparar con rifle y a preparar pieles de aves para su conservación en museos. Fácil, ¿no? Quién no tiene un caballo, un rifle, un campo de tiro y un montón de pájaros para despellejar?

Pero finalmente logramos iniciarnos en todas y cada una de las habilidades que se nos requerían, gracias a la suerte y el ingenio. Y como necesitábamos un flujo de aves finadas, decidimos pasarnos por un matadero de aves, donde amablemente nos proveyeron de todas aquellas que llegaban muertas. Así que provistos de batas, guantes de látex, mascarilla (quién sabe que tendrían esas gallinas) y el material de disección de las prácticas en la carrera nos pusimos manos a la obra. Afortunadamente no tuvimos que hacerlo mucho, ya que abandonamos la idea del doctorado en Bolivia cuando estalló una pequeña revolución allá por 2005, justo en el sitio donde íbamos a estar afincados. Pero eso es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión 😉 😛

Todo esto no es sino una pequeña muestra de las cosas que hace un biólogo. No son todas pero desde luego sí las más raras.  Y ahora os toca contarme a vosotros. ¿Qué es lo más raro que habéis hecho gracias a la Biología? ¿Qué estaríais dispuestos a hacer? No seáis tímidos y decídmelo en los comentarios o por las redes sociales 😉

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Cómo trabajar con bichos y viajar gratis (¡o casi!)

16/04/2015 by Bichólogo 4 comentarios

Yo soy un viajero empedernido. Desde que con 23 años me fui un par de meses de voluntariado a Perú no he podido parar de viajar. Aquel viaje cambió mi vida y mi mentalidad. Así que desde entonces decidí aprovechar cada pequeña oportunidad que la vida me brindase para conocer nuevas tierras, nuevas culturas, nuevas sociedades.

Viajando con poco dinero gracias a la biología

Hay profesiones que son más dadas a viajar que otras. Y hay quien se lo monta mejor que otros. Pero el de biólogo es uno de esos trabajos en los que, si quieres, puedes conocer múltiples lugares. La llamada «movilidad exterior» de la que presumía la ministra de trabajo, vamos. Pero en positivo 😉

Desde el mismo comienzo, desde que empieza la carrera, surgen las posibilidades de viajar. El trabajar en algún departamento no sólo aumenta considerablemente las posibilidades de formación, sino que abre inusitadas puertas para el viajero en ciernes: los congresos. En el ámbito de la investigación, una de las formas de difundir los resultados son los congresos científicos, workshops y similares. Estos pueden ser en territorio nacional o internacionales. Si participáis en algún proyecto de investigación quizás tengáis la oportunidad de ir a uno de eso congresos a exponer un póster o, incluso, una comunicación oral. Y dependiendo de la universidad, el departamento y el dinero disponible, quizás con los gastos pagados ;). Salamanca, Madrid o Valencia fueron algunas de las ciudades que visité gracias a diversos congresos.

Cabo de Gata
Sería pecado haber ido a Almería de estancia breve y no pasar por la zona del Cabo de Gata

Si te gusta la carrera de investigador, entonces un paso ineludible es la realización de la tesis doctoral. Y lo más probable es que lo hagas gracias a una beca predoctoral, bien sea ministerial o de tu comunidad autónoma (becas FPI y FPU, por ejemplo). Pero también puedes realizar el doctorado en el extranjero, con alguna beca de la Universidad en cuestión, de alguna fundación o por medio de programas como las becas Marie Curie. Yo fui a una entrevista para una beca predoctoral en la universidad de Gronigen (Holanda), con el viaje y la estancia pagados durante 4 días. No logré la beca, pero fue una experiencia de lo más interesante, que me permitió conocer la ciudad y alrededores 😉

Algunas de estas becas nacionales ofrecen ayudas para realizar estancias en centros distintos a donde se está realizando la tesis doctoral. La idea de estas estancias breves es aprender nuevas técnicas que no son accesibles en tu universidad o en tu país, fomentando la internacionalización de la educación del investigador, con todas las ventajas que eso proporciona. Estas ayudas suelen aportar un cantidad diaria de dinero y una bolsa de viaje para costear la estancia. Cada una tiene su propia normativa, pero en general tienes que conseguir la aceptación del centro receptor y alguien que sea tu tutor en dicho centro.

Sognsvann
Un hermoso paseo alrededor del lago de Sognsvann, al norte de Oslo

Las estancias suelen ser de entre 2 y 6 meses de duración (aunque ahora creo que las han reducido a 4 meses, los recortes y eso). Yo tuve la suerte de obtener una beca FPI del ministerio y gracias a ella viví un par de meses en Almería (aprendiendo a medir coloraciones de plumas en la Estación Experimental de Zonas Áridas), otro par de meses en el laboratorio de Parasitología Evolutiva de la Universidad Pierre et Marie Curie de París (intentando tomar microfotografías de plumas en el microscopio electrónico)  y otros dos meses en Centro Nacional para la Biosistemática del Museo de Historia Natural de Oslo (aprendiendo a analizar muestras de esperma de aves con microscopía óptica). Un poco de todo, como veis 😉

Bien sea por medio de congresos o becas, este tipo de viajes no sólo potenciarán tu formación, sino que te permitirán crear una importante red de contactos que, potencialmente, te proporcionará futuras oportunidades de trabajo y, por supuesto, de nuevos viajes 😉 Y es que gracias a la estancia en Oslo, por ejemplo, recibí una nueva invitación el año siguiente para seguir colaborando con ellos, analizando nuevos datos y logrando una nueva publicación. Pero no sólo eso, sino por medio de esa última publicación conseguí también otra invitación para dar un seminario en la universidad de Bielefeld, así como un póster en un congreso.

Área de estudio de Bielefed
Dando un paseo por el área de estudio de mi anfitrión en Bielefeld

Aunque no sólo la investigación te permite viajar, por supuesto. Si te gusta el trabajo de campo existen puestos de asistente de campo en diversas universidades con carácter principalmente estacional, coincidiendo con la época de mayor carga de trabajo. Gracias a esta modalidad, por ejemplo, tuve la oportunidad de pasar dos meses geniales en la isla sueca de Öland como técnico de campo para la universidad de Uppsala. Dos meses trabajando con papamoscas cerrojillo y collarino revisando cajas nido, capturando adultos, anillando pollos y tomando muestras de sangre en un entorno espectacular. ¡Fue una experiencia absolutamente fantástica!

Molino de viento
Una de las imágenes más icónica de Öland

Pero la empresa privada también te permite conocer mundo, aunque sea dentro del mismo país. Y es que España, en mi caso, sigue siendo una gran desconocida para mí. Y durante los casi dos años que he trabajado en el mundo de la consultoría medioambiental he podido conocer buena parte de las provincias de León, Zamora y Asturias, visitando también algunos lugares de Ávila o Galicia y llegando incluso a mi querida Extremadura (¡siendo una consultoría asturiana!). Y también me dio la oportunidad de conocer el norte de Portugal, donde desarrollé la mayor parte de mi trabajo en dicha consultoría.

Paisaje montañoso de León
El impresionante paisaje de la montaña central leonesa

Y, por supuesto, también están los voluntariados, que suelen costearte alojamiento y comida y, a veces (cada vez menos), desplazamiento.  Pero sobre eso ya hablaré en otra ocasión. 😉

Todo esto es sólo la punta del iceberg, un atisbo del sinfín de posibilidades que la carrera ofrece al biólogo inquieto y viajero, a ese bichólogo errante que todos llevamos dentro. Así que no tengáis miedo, poneros en marcha y haced de vuestros viajes soñados una realidad. ¡Querer es poder!

¿Alguno habéis viajado gracias a la biología? ¡Compartid vuestra experiencia en los comentarios!

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Mi experiencia como guardaparque voluntario en Perú

12/04/2015 by Bichólogo 25 comentarios

Este voluntariado fue una experiencia vital, que me transformó profundamente y me convirtió en un adicto a los viajes. Es la historia de un viaje en solitario a una tierra maravillosa para trabajar en un entorno privilegiado. Ésta es mi historia.

Mi historia como voluntario en Perú

Comenzando por el principio.

Todo empezó en 2003 con una charla en la Universidad de Extremadura sobre la creación de la lista de especies protegidas en Perú. Fue una charla interesante y, como todas estas cosas de bichólogos, desembocó en unas cañitas post-charla.

Yo tenía por aquel entonces unos amigos en Lima que me habían hecho desear conocer aquellas tierras como fuera. Y comentándolo con el ponente, entre cerveza y cerveza, me dijo que en Perú existía un programa de voluntariado en todas áreas naturales protegidas. Que si yo quería me avisaría cuando oyese de alguna plaza libre. Yo me pagaría el viaje ida y  vuelta a Lima, pero el desplazamiento al área natural, la comida y el alojamiento corría por cuenta de espacio protegido en cuestión. Así que intercambiamos emails, seguimos charlando y después me olvidé del tema. Pero él no.

templo inca
Ruinas de Sacsayhuamán a las afueras de Cuzco. Las construcciones incas eran impresionantes, no sólo por sus dimensiones sino por la forma en que encajaban piedra sobre piedra sin usar argamasa.

A los pocos meses recibí un correo. Había una plaza en la Reserva Nacional de Lachay como guardaparque voluntario, con una estancia mínima de un mes. Si la quería, era mía. Alucinado, le contesté que sí y me puse manos a la obra. No fue fácil. Tuve que preparar muchas cosas y, sobre todo, convencer a mis padres que con 23 años, y no habiendo salido apenas de España mas que para comer en Elvas (Portugal), era lo suficientemente responsable como para irme 2 meses a otro hemisferio. Pero nunca me he rendido fácilmente jeje

Acordé con mis amigos de Lima que me acogerían unos días allí antes de ir a Lachay, donde tenía planeado quedarme 40 días, y un par de semanas después, durante las cuales quería conocer algo del país. Así que con mis escasos ahorros, muchos ganas y un cague considerable, tomé el avión a Lima.

Sobrevolando los andes
Volar sobre los Andes fue una experiencia sobrecogedora

¡El viaje comienza!

Lima es una ciudad de contrastes. De muchos contrastes. Pasé una semana y pico sobreviviendo al jet-lag, acostumbrándome al clima, al tráfico caótico y a negociar los taxis. Y cuando me sentí preparado, me fui a Lachay.

Me recogieron en el bus y me llevaron a través del árido desierto costero peruano. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando tomamos una camino de tierra y, frente a mí, comienza a aparecer un vergel que no me esperaba: la Reserva Nacional de Lachay.

Una vez superada mi sorpresa me instalé allí. Me enseñaron toda la reserva. Lachay es muy pequeño y, al menos en aquella época, sólo tenía tres rutas principales. Pero presentaba dos áreas bien diferenciadas: una tremendamente húmeda y verde gracias a la influencia de las nieblas, y otra árida y rocosa, llena de cactus, al otro lado de la ladera, a donde no llegaban la neblina oceánica.

Lachay
Los tremendos contraste de Lachay en sus apenas 5000 hectáreas de extensión

Siempre me despertaba de madrugada, con el canto de un sinfín de pájaros. Un buen desayuno para coger fuerzas y a cumplir con las rutinas diarias: limpieza de los edificios, mantenimiento de caminos y estructuras, sacar las vacas que a los pastores se les “escapaban” dentro del parque y dar indicaciones a los turistas. Pero además colaboraba en un trabajo de caracterización de hábitat del canastero de los cactus, un endemismo peruano, en la zona seca llamada Guayabito.

Durante cuarenta días me dediqué a estas labores, además de aprender de la pequeña biblioteca que tenían en la casa de los guardaparques, conocer buena parte de la fauna que pululaba por el parque y disfrutar de la comida y la gente. Y vaya que la disfruté. Una gastritis por culpa del excesivo ají que le echaba a todo fue buena prueba de ello 😛

huaqueros
Destrozos realizados por los saqueadores de tumbas en la huaca o cementerio precolombino que hay en Lachay

Pude disfrutar de la riqueza faunística del parque, así como de curiosa geología, las caprichosas formas de las paredes rocosas y el interesante puquial que aún existía en el parque (una concavidad donde se deposita el agua proveniente de la neblina captada por la vegetación y que sirve de bebedero natural a los animales).

Además pude recorrer un gran enterramiento precolombino, tristemente saqueado por los huaqueros o expoliadores de tumbas, que habían dejado el suelo cubierto de restos de cerámica decorada. Y también visité algunos de los numerosos dibujos y grabados rupestres que esparcidos por el parque. Asimismo elaboré diversos informes, tanto de las actividades semanales como de los resultados del estudio del canastero de los cactus.

pinturas rupestres
Algunas de las pinturas rupestres diseminadas por la reserva, entre las oquedades de las rocas.

El voluntariado se acaba, pero el viaje continúa

El tiempo pasó, y mi estancia tocó a su fin. Con una gran barbacoa de despedida dije adiós a aquel sitio mágico, a aquel oasis en medio del desierto, a toda la maravillosa gente con la que tuve la oportunidad de compartir aquella experiencia, y volví a Lima. Pero no todo va a ser trabajar. Preparé un viaje de varios días a Cuzco, la antigua capital del imperio Inca, para visitar el recinto sagrado del Coricancha, varios templos y ruinas en las cercanías de la ciudad y, por supuesto, la estrella del viaje: Machu Picchu.

Machu Picchu
Un joven «yo» con el Machu Picchu a mi espalda. ¡Cómo pasa el tiempo!

Hay sitios que están tan cargados de historia que parece que una energía especial flota en el ambiente, una especie de magia. Y Machu Picchu es uno de ellos. Podría hablar horas sobre aquello, podría subir cientos de fotos, pero aún así no os podríais hacer una idea de lo que supone estar allí. Es, quizás, el lugar que más me ha impactado de todos cuantos he visitado. Y tengo que volver, ya lo creo. ¡Sobre todo ahora que tengo una cámara de fotos en condiciones! (estas fotos están hechas con una antigua cámara digital de 3 megapíxeles).

Además visité también la Reserva Nacional de Paracas, realizando una pequeña travesía en barca alrededor de las Islas Ballestas, sus explotaciones de guano, sus zarcillos, sus leones marinos, sus pingüinos de Humboldt y el impresionante geoglifo llamado «El Candelabro«, con sus 180m de largo y sus 2500 años de antigüedad.

Candelabro
El intrigante geoglifo del Candelabro visto desde las lanchas

Unas reflexiones

El objetivo del viaje era aquel programa de voluntariado, sí. Pero me aportó muchas, muchas cosas más. No sólo me sirvió para foguearme en el trabajo de campo en Guayabito, o habituarme a distinguir y aprender las especies para luego echar una mano a los turistas a localizarlas. También me permitió conocer a personas maravillosas.

Los peruanos son gente increíblemente amable y me hicieron sentirme en todo momento como en casa. Y su gastronomía es absolutamente deliciosa. Tanto que el ceviche se convirtió en mi plato favorito, el rocoto en la especia más sabrosa, por no hablar de los anticuchos, la chicha morada y el pisco, o incluso la Inca Cola.  Me hizo sumergirme en un pasado misterioso y fascinante como fue el periodo incaico, y soñar con la selva y su infinita fauna. Y lo más importante de todo, me abrió la mente y despertó en mí un hambre insaciable de viajar.

Camino en la Reserva Nacional de Lachay
De todos los maravillosos caminos que recorrí en Lachay el de mi crecimiento personal fue el más importante

Por supuesto que no todos los voluntariados son iguales, ni todas las personas lo viven de la misma forma. Pero es cierto que la posibilidad de viajar a otros países, de conocer otras culturas, otras gentes, abre nuevos horizontes y nos ayuda a desarrollarnos como personas.

Más adelante hablaré sobre mi opinión de los voluntariados, con los que tengo una relación agridulce, ahora que los veo desde un punto de vista profesional. Pero es cierto que son una forma muy interesante de adquirir experiencia y experiencias, de formarte y de desarrollarte, no sólo como biólogo sino como individuo.

Si alguien quiere más información sobre los programas de voluntariado en Perú debo deciros que no sé cómo habrá cambiado la situación desde entonces, ni qué gastos se costearán ahora, pero el programa de voluntariado en las áreas naturales protegidas sigue funcionando.

¿Has formado alguna vez parte de uno de estos programas de voluntariado internacional?¿Cómo fue tu experiencia? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

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¡Lo quiero!

Publicado en: Voluntariado Etiquetado como: conservación, internacional, perú, voluntariado, zonas protegidas

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