• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar al pie de página

El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

  • Home
  • About Us
  • Contact Us
  • Block Examples
  • Landing Page

La profesión

La investigación en biología y la interminable jornada laboral

19/01/2017 by Bichólogo 12 comentarios

Ya seas de bota o de bata, si te dedicas al mundo de la investigación y, a menudo también, al ámbito privado, como es la consultoría ambiental, ten por seguro que te vas a tener que enfrentar a unas largas jornadas laborales. Y cuando digo largas me refiero a largas de verdad. Porque nuestra profesión tiene una serie de características que hacen que nuestros horarios sean difícil de de estandarizar y que la carga de trabajo pueda ser muy diferentes en distintas épocas del año o en función de a que actividad nos dediquemos en cada momento. Y hoy voy a explicarte estas características y a  prepararte para lo que está por venir, que no es poco 😉

La investigación en biología suele acarrear largas jornadas laborales

¿De verdad va a ser tan largo?

Pues como siempre, dependerá de a lo que te dediques. Pero si te metes en este mundillo de la biología, te aseguro que más pronto que tarde te encontrarás trabajado a horas intempestivas y durante muchas horas, incluso sábados y domingos.

Pero también es cierto que esa flexibilidad horaria para mal, puede serlo también para bien, aunque eso dependerá de cómo te organices tú y cómo lo haga la empresa o institución para la que estés trabajando.

Lo que es cierto es que la naturaleza de este trabajo es bastante peculiar si la comparamos con otros, especialmente con aquellos que se rigen por unos horarios más o menos fijos e inamovibles. Y es que trabajar con seres vivos tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes.

La investigación baila al ritmo de los organismos

Ya sean plantas, animales o microorganismos, si realizas investigación tendrás que adaptar tu trabajo a los ciclos vitales, el comportamiento o la fisiología de ellos en algún momento. Es verdad que los experimentos se pueden planificar, pero tarde o temprano tus horarios chocarán contra los de tu objeto de estudio. Y es que los seres vivos tienen sus propios ritmos, sus propios ciclos que no entienden de vacaciones, fines de semana o compromisos sociales.

Una de mis épocas más estresantes tuvo lugar mientras trabajaba en la Universidad. Por aquel entonces tenía que hacer el seguimiento de una colonia de avión común (Delichon urbicum) durante la temporada reproductora. Y como, entre otras cosas, tenía que capturar a los adultos en sus nidos para identificar a los progenitores de cada nido. Me tocaba ir ya de noche, en fechas determinadas por el ciclo reproductivo de los padres, para prepararlo todo, puesto que a esas horas ya se habían retirado tanto el macho como la hembra al nido a descansar. Y me tocaba volver bien temprano al día siguiente, para capturarlos, anillarlos, medirlos y soltarlos cuanto antes, de modo que pudiesen alimentarse y cebar a los pollos después de toda la noche de inactividad.

Y como esto tenía que ocurrir en días determinados, tenía que hacerlo cuando tocase, independientemente de si era sábado, domingo o festivo. Más de una vez salí de fiesta un rato con unos colegas, y cual Cenicienta biológica, al filo de la medianoches me tuve que despedir apresuradamente (porque quería aprovechar la fiesta al máximo), mientras corría dejando tras de mí una bonita bota de campo de cristal 😛

Ahora en serio, salvo lo de la bota, todo es verídico 😛 He tenido que trabajar sábados y domingo bien temprano, muchas noches (sólo un rato) y al menos una noche entera al año capturando, anillando, midiendo y tomando muestras de más de 300 individuos de toda una colonia de avión común con mis compañeros.

Todo esto puede parecer agotador, y alguno pensará que es un abuso, que si no hay quien lo regule. Pero lo cierto es que, para muchos experimentos, no hay mejor manera de hacerlo. No se tata de un trabajo ordinario en el que puedas currar ocho horas y después despedirte y desconectar. Hay que adaptarse a tu modelo de estudio, a la biología de la especie con la que trabajas. Y has de ser sistemático, para que los resultados sean veraces, repetibles y comparables, o si no todo tu esfuerzo podría verse comprometido y, muy probablemente, perdido.

Pero no pienses que los biólogos de bata lo tienen mucho mejor. El trabajo de laboratorio también tiene sus propios horarios. Las bacterias tiene su propio tiempo de generación, los cultivos su propio tiempo de incubación, distintas pruebas requieren ser hechas en determinados momentos de su ciclo biológico. Tu siempre puedes decidir cuando empezará un experimento, pero el resto tendrás que adaptarlo a tu modelo de estudio. Así de simple.

Así que, si no te gustan esas largas jornadas de trabajo, mejor vete olvidando de la investigación. Esta salida laboral requiere de un elevado compromiso con el estudio o estudios que estés realizando y a menudo devorará ingentes cantidades de tu tiempo, que tendrás que restarlo de otras actividades que te gustaría llevar a cabo.

Pero tampoco tires la toalla. Es raro el proyecto que requiere estos intensos ritmos de trabajo todo el año. Normalmente la temporada de campo tiene una longitud determinada: varios meses de trabajo agotador que luego se corresponden con otros cuantos de un ritmo más reposado. Cuando toca procesar los datos (hojas y hojas de Excel), analizarlos y preparar un artículo con los resultados para publicarlo en una revista científica, el trabajo se vuelve más convencional, y los horarios son infinitamente más relajados. Y en mi caso, al cabo del mes de trabajo de oficina ya estaba echando de menos las extenuantes jornadas de campo 😛

Y la empresa privada, igual

Pero las largas y complicadas jornadas de trabajo no son exclusivas del área de la investigación. En el mundo de la consultoría ambiental también es necesario echar muchas, muchas horas, sobre todo cuando son proyectos alejados de un zona de residencia. Porque un viaje de varias horas hasta el lugar donde tienes que realizar un muestreo, un transecto o cualquier otra actividad forma parte de tu trabajo y, por tanto de tus horarios.

Además, diversos proyectos tienen distintas horas en las que debes desarrollarlos. Por ejemplo, si vas a realizar transectos de mamíferos tendrás que hacerlos durante las horas de luz, mientras que si vas a poner reclamos de lobo para detectar su presencia no te queda otra que hacerlo al anochecer. Además, los tiempos en la empresa privada van muy marcados por los clientes y, como todo trabajo de campo, también están limitados por las condiciones climatológicas. Esto hace que no sólo tengas que adaptarte a los ritmos de los animales, sino a los ciclos del luz y oscuridad y la lluvia, el frío o la nieve, por lo que a veces tendrás que condensar trabajos cuando mejores condiciones tienes y afrontar jornadas de 12 horas o incluso más.

Por ello, a menudo descubrirás que tienes que encadenar proyectos y hacer horas extras para cumplir a tiempo con los plazos que te ha dado tu cliente, no importa si es un ente privado o si se trata de la administración pública. El trabajar en la empresa privada no sólo no te libra de las famosas «deadlines«, sino que te las pone a la orden del día.

¿Y qué se puede hacer al respecto?

A menudo, por las características de este tipo de proyectos, las temporadas reproductoras suelen ser las más largas y agotadoras, donde se toman el mayor número de datos. Tienes que ser consciente de que se trata de un periodo muy concreto del ciclo vital de los animales (o plantas) y que a  menudo está limitado a una época concreta del año o en momentos puntuales. Así que, si quieres hacer el seguimiento de una colonia de un ave, por ejemplo, tendrás que organizar tu trabajo y tu tiempo de tal modo que puedas extraer el máximo de información en la menor cantidad de tiempo, lo que se traduce en muchas, muchas horas de trabajo.

El tiempo, por otra parte, es un bien muy preciado. Por lo que siempre necesitamos aprovecharlo al máximo. Y para poder sacar adelante proyectos más o menos complicados habrá que arrimar el hombro. Si a esto le unimos que la financiación en Ciencia está por los suelos gracias a los recortes y que los trabajos ambientales a menudo se asignan a las empresas privadas tras varias rondas de ajustar presupuestos, esto nos coloca en la difícil situación de desarrollar un trabajo con menos medios materiales y humanos de los que quisiéramos así que por tanto,  las horas de trabajo tienen que aumentar por fuerza.

Así que, la respuesta en corto a la pregunta que abre esta sección es que no puedes hacer nada. Es una característica de este tipo de trabajos. Es lo que hay. Toca asumirlo. Pero ojo, esto no implica que tengas que afrontar estas jornadas a cualquier precio. Siempre has de ser exigente y velar porque se cumplan los descansos adecuados, se te paguen convenientemente las horas extras o se te cambien por días de descanso, y que todos los trabajos se realicen siempre en condiciones de seguridad. Esto es especialmente importante cuando se realizan trabajos nocturnos, donde el cansancio suele notarse más y es más fácil quedarse dormido al volante, por ejemplo. Que sí, que no queda otra que currar, pero hay que hacerlo en las mejores condiciones posibles.

Sí, es cierto que las condiciones siempre pueden mejorar: podría haber mejores sueldos, se podría contratar a más gente, mejorar el material y, finalmente, eso redundaría en menos horas de trabajo extras, sí. Pero no vivimos en un mundo ideal y lamentablemente, y hasta que entre todos podamos cambiar esa situación y poner en valor nuestro trabajo y nuestra profesión ante la sociedad y ante los políticos, las condiciones de trabajo no van a ser siempre óptimas.

Por otra lado, si te gusta el trabajo de campo y eres un buen profesional, da igual lo largas que sean las jornadas, que una vez que llegas al final del día, con el trabajo bien hecho, alguna anécdota en la mochila y unas cuantas observaciones y/o fotos interesantes para tu colección personal, la satisfacción es enorme. Aunque, y esto te lo puedo asegurar, también habrá días que estés agotado, hastiado y con ganas de mandarlo todo al carajo y tomarte unas buenas vacaciones. Pero a fin de cuentas… ¿En qué trabajo no pasa eso en algún momento? 😉

Concluyendo

Personalmente, yo nunca he tenido problemas con las largas jornadas de trabajo, incluso en fines de semana, más allá de las obvias molestias para mi vida social 😛 He aprendido a disfrutar cada aspecto de mi profesión, y cuanto más he estado trabajando en el campo, más he disfrutado de ese trabajo. Me ha permitido viajar y conocer un montón de lugares espectaculares, desarrollar mi actividad en sitios a los que normalmente una persona normal no tiene acceso, estudiar animales protegidos y acumular un sinfín de experiencias que me han ido preparando para los sucesivos trabajos y retos que he ido afrontando, ayudándome a forjar el profesional que soy hoy en día.

Así que no tengas miedo a las largas jornadas de trabajo. Asume que éste no es un trabajo al uso, como tampoco lo son las experiencias que te va a reportar. Y sobre todo, como digo siempre, disfrútalo y diviértete, que por eso esta es una carrera y una profesión de lo más vocacional. Porque si no eres capaz de encontrar la parte buena de esto y disfrutarlo, entonces quizás debas ir buscando otra profesión, porque este tipo de trabajo va a ocupar buena parte de tu vida.

Y con esta pequeña reflexión me despido. La verdad es que creo que es un tema de sobra sabido, pero no está de más recordarlo. Ahora te toca a ti contarme tus pensamientos y reflexiones sobre el post. ¿Crees que es posible limitar las jornadas de trabajo? ¿Eres de los que disfrutan pasando horas y horas en el campo? ¿Cómo han sido tus días de trabajo de campo? ¿Tienes alguna experiencia parecida? ¿Crees que merecen la pena? No te cortes y cuéntamelo todo en los comentarios.

¿Estás cansado de buscar trabajo como hasta ahora sin resultado?

Suscríbete y consigue gratis el PDF «5 Razones por las que Un Blog Aumentará tu Empleabilidad como biólogo» para acercarte al trabajo de tus sueños.

¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, esfuerzo, investigación, trabajo

¿Soy demasiado mayor para cambiar?

30/12/2016 by Bichólogo 19 comentarios

Ésta, o cualquiera de sus variantes, es la pregunta que más me han hecho desde que comencé la andadura de este blog. Y es normal. Todos nos lo preguntamos en algún momento de nuestras vidas. Yo mismo me la hice cuando El Bichólogo era tan sólo una pequeña idea revoloteando en mi cabeza.

Siempre hay tiempo para una cambio

El tiempo pasa y es algo que no podemos evitar. Siempre existe el temor a perder el tren, a que pase de largo nuestra oportunidad. Con frecuencia pensamos que nuestras decisiones no tienen  marcha atrás. Pero te voy a demostrar que eso no es así. Que el tiempo está siempre de nuestro lado. Y desde luego la Biología no es una excepción.

¿Por qué nos saboteamos?

El temor al cambio y el temor al fracaso son algo muy humano. Tendemos a ser conservadores y es una actitud que se recrudece con la edad. ¿Recuerdas tu infancia? ¿Alguna vez pensaste que había algo que no podías hacer entonces? ¿Que habría algo que no podrías hacer en el futuro porque serías demasiado mayor? A esa edad el tiempo no es tan importante y no nos sentimos atados a él.

Otra característica del ser humano es nuestra tendencia a clasificar, a poner etiquetas. Tratamos de poner orden en todo lo que nos rodea. Eso nos da poder, nos da tranquilidad. Por eso tendemos a uniformar aquello que se sale de lo común.

Ambas cosas forman un cóctel explosivo que refrena nuestra creatividad. Son la causa y el origen de los «eso es imposible», «eso no lo hace nadie», «nunca podré hacerlo» o, como en este caso «ya es demasiado tarde para mí».

Es cierto que la vida nos va dando dosis de realidad y vamos aprendiendo que las cosas son tan sencillas como pensábamos cuando éramos críos. Pero párate a pensar y dime: ¿qué experiencia real conoces en la que verdaderamente haya sido demasiado tarde para cambiar?

Nunca es demasiado tarde

Siempre hay tiempo para el cambio si éste es a mejor. Siempre. No lo dudes ni por un instante. No hay nada escrito en piedra. Da igual quién te lo diga y lo que te diga. Los cambios no son sencillos y hay que valorar sus consecuencias. Pero también son sanos, especialmente cuando van encaminados a conseguir nuestra felicidad.

Porque, al final, todo va de eso, de ser feliz. La vida no tiene mucho sentido sin ello, ¿no? Y yo es algo que siempre tuve claro: «Prefiero ser pobre pero feliz con lo que hago que estar podrido de dinero y amargado detrás de un escritorio«.

Esto no implica que haya que saltar sin red y que todo se vaya a conseguir por el mero hecho de intentarlo. Pero lo que está claro es que, si no lo intentas, nunca sabrás si lo habrías logrado. Y a mí esa incertidumbre, querido lector, me mata 😉

Un poco de historia personal

Para mí han habido dos grandes cambios profesionales que, para ser sincero, me acojonaron. Sí, tal cual. Porque nadie está exento de ese miedo, nadie escapa de esas dudas lógicas que nos atenazan.

El primer gran cambio fue cuando dejé el mundo de la Academia: abandoné la investigación, dejando la tesis a un lado por un tiempo, y me pasé a la empresa privada. Por un lado era una experiencia nueva, excitante. La posibilidad de hacer trabajo de campo de forma casi ininterrumpida me atraía irremisiblemente. Pero llevaba tanto tiempo trabajando en ciencia… No sabía si estaría preparado para el nuevo trabajo, no sabía si realmente me gustaría y si, en caso contrario, podría volver a la universidad. Todo eran dudas, posibilidades, cábalas. Y ninguna certeza.

Por aquel entonces tenía 31 años y mi idea era trabajar en la universidad, donde entre becas, doctorados y demás, llevaba trabajando unos 6 años de forma ininterrumpida y bastantes más colaborando de forma intermitente. Nunca me había planteado otras salidas y temía que, si me iba de la universidad y el nuevo trabajo no me gustaba, ya no podría volver.

Así que, como nada era seguro, decidí aventurarme y salir de dudas. Y he de decirte que estoy totalmente satisfecho de mi decisión. Para bien o para mal, esa época ha ayudado a definir quien soy hoy en día. Y sin la experiencia que adquirí, seguramente este blog nunca habría llegado a existir. ¿Era demasiado tarde para cambiar? 😉

El segundo gran cambio de rumbo es este mismo blog. Hasta el año pasado siempre me había centrado en lo que más conocía: trabajo de campo o gabinete, investigación, la publicación de pósters y artículos científicos… Todo que se supone que debe de hacer un buen biólogo 😛 Pero había otros campos que quería explorar, y además quería que mi trabajo ayudase directamente a la gente. Así que se me ocurrió esta loca idea de El Bichólogo 🙂

Para cuando empezó, se dieron una serie de circunstancias personales que me llevaron a dejar mi trabajo por una temporada, terminar la tesis y, con el tiempo libre que tenía, crear este blog que tan especial se ha vuelto para mí. Era, como ves, un salto importante. Un cambio de rumbo total. Y bueno, con 35 años se es joven, sí. Pero no tanto ya 😛

Algo más de año y medio después puedo decirte que no me arrepiento. Aún no sé qué saldrá de este viraje que he hecho en mi vida laboral, pero desde luego estoy aprendiendo mucho, conociendo mucha gente que pensé que sería imposible conocer y ya me planteo hacer proyectos con los que jamás me habría atrevido antes. ¿Acabará todo bien? Pues no lo sé, pero acabe como acabe, no me habré ido con las manos vacías 😉 Ni con las ganas de saber el desenlace 😛

Pero entonces, ¿aún puedo cambiar?

La respuesta es un sí rotundo, pero con matices. Porque cada persona tiene unas circunstancias únicas que hacen imposible una generalización. Tus objetivos, tus anhelos, tu familia, todo lo que te rodea es distinto a mi propio ambiente y al de cualquier otra persona. Y lo que para mí tiene todo el sentido del mundo quizás para ti no lo tenga. Lo único que está claro en todo esto es que se trata de una decisión que sólo tú debes y puedes tomar. Lo fascinante y lo que más pánico da de todo esto es que toda la responsabilidad está en ti. Si dejas que otros decidan por ti, los errores no serán suyos, sino tuyos. Por tanto, no declines responsabilidades 😉

Siempre has de dejarte aconsejar, por supuesto. Asumir otros puntos de vista, otros enfoques, nutrirte de las experiencias de los demás. Pero finalmente, tú eres la única persona que puede valorar realmente el cambio, los costes y los beneficios que puedes llegar a obtener. La edad es un factor que influye, por supuesto, pero no tanto como tendemos a pensar. Si los cambios tardíos son escasos es porque con la edad vamos perdiendo esa impulsividad de la juventud, porque tenemos miedo a quedarnos sin lo que tenemos, por poco que sea y a pesar de que la recompensa potencial sea mucho mayor. La edad nos hace excesivamente prudentes. Casi cobardes.

Una de las cosas que olvidamos con frecuencia hoy en día, y de la que he hablado muchas veces en el blog, es que hay que perseguir tus sueños. Y si uno descubre su vocación de forma tardía, ¿por qué no intentarlo? ¿Por qué dejar pasar ese tren sólo porque ha llegado unos años más tarde de lo que tú, o la sociedad, cree que es su momento exacto? ¿De verdad crees que hay alguna edad límite para ser feliz?

Todo puede fallar, quizás te equivoques y quizás pierdas algo en el camino (tiempo o dinero, fundamentalmente). Pero si es algo que has planeado bien, si tienes algún tipo de apoyo que te sirva para amortiguar posibles caídas, entonces hay mucho más que ganar que aquello que puedes perder.  Tim Ferris habla largo y tendido sobre los miedos que nos impiden los cambios en su libro «La semanal laboral de 4 horas«. Aunque el libro merece una lectura que te recomiendo, yo te voy a resumir brevemente los que yo creo que son los puntos principales:

  • Define bien tus miedos: cuando les pones nombre pierden buena parte de su poder 😉
  • Piensa en el peor de los escenarios posibles al que te podría llevar ese cambio de dirección y pone una nota del 1 al 10 en la escala que va de «ningún efecto» a «un cambio permanente e importante» .
  • Piensa en el mejor de los escenarios y puntúa los beneficios de la misma forma que en el punto anterior.
  • Crea un «plan de fuga» que te permita mitigar esos posibles daños del peor de los escenarios y que te ayude a volver a tu situación inicial

Como verás si haces este pequeño ejercicio, la edad que tengas no tiene mucha influencia en el resultado final. Probablemente, te darás cuenta que los miedos no dan tanto miedo, que en este tipo de decisiones los efectos positivos son mucho mayores que los negativos y que, en general (aunque haya excepciones) no es tan difícil volver a la situación inicial si la cosa va muy mal 😛 Y si, por el contrario, ves que los riesgos no compensan los beneficios… Pues también tienes resuelto tu dilema.

Comprúebalo 😉

Concluyendo

La edad no es un factor limitante en ningún caso. Siempre tememos lo peor, pero lo peor no sólo ocurre muy pocas veces, sino que en la inmensa mayoría de ellas es fácil preverlo y trazar un plan alternativo que nos permita volver a la situación original si es que todo sale mal. La edad debería darnos mayor amplitud de miras, nuevos enfoques, y no traernos miedos e imponernos límites. Así que, por favor, que nunca se eso lo que te frene. Ya hay bastante problemas en la vida como para que nos inventemos otros nuevos 😉

Finalmente, mucha gente me ha dicho a lo largo de mi vida que no tengo los pies en el suelo, que soy un soñador, un idealista o que todo eso está muy bien sobre el papel, pero que la realidad es bien distinta. Yo lo único que sé es que siempre he conseguido todo lo que he querido hasta ahora, con dedicación, esfuerzo y tiempo. No siempre en el momento que  me habría gustado, porque los milagros y las recetas mágicas del éxito no existen. Pero he hecho muchas cosas que antes pensaba que estaban fuera de mi alcance por distintas razones. Porque al final, todo se reduce a una cosa: intentar aquello que más te gusta. Y si no hay edad para soñar, ¿por qué ha de haberla para hacer esos sueños realidad?

Y hasta aquí el artículo de hoy. Puede que haya sido algo disperso, pero es un tema recurrente en los correos que me envían algunos lectores, así que he querido compartir públicamente esta reflexión y aportar un poco de mi experiencia personal. Pero ahora me gustaría que tú me contases la tuya: ¿alguna vez te has hecho la misma pregunta que da título al post? ¿Has dado un giro radical a tu vida en algún momento que se pueda considerar tarde? ¿Qué beneficios te aportó? ¿Qué costes tuvo? Estoy deseando conocer tu opinión, así que deja un comentario o mándame un correo 😉

¿Estás cansado de buscar trabajo como hasta ahora sin resultado?

Suscríbete y consigue gratis el PDF «5 Razones por las que Un Blog Aumentará tu Empleabilidad como biólogo» para acercarte al trabajo de tus sueños.

¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogos, cambio, dudas, motivación, orientación

Los grandes placeres del biólogo

20/10/2016 by Bichólogo 25 comentarios

La biología es una profesión muy dura y exigente, que además está muy poco reconocida social y laboralmente. Sin embargo, ser biólogo te ofrece toda una plétora de pequeños y grandes placeres que difícilmente alcanzarías en otra profesión.

Los grandes placeres del biólogo

Para mí, que soy un apasionado de mi trabajo, la biología, estas recompensas compensan con creces los sufrimientos y quebraderos de cabeza que supone ejercer como biólogo. Es más, son ellas las que me animan no sólo a seguir adelante en este fascinante mundo, sino también a animarte a ti, y a todos aquellos que, como tú, sienten esa atracción por este mundo, esa llamada silenciosa que te arrastra irremisiblemente, pero a la que todo el mundo quiere que te enfrentes y dejes a un lado.

Esta es una lista de lo más personal, aunque estoy seguro que compartiremos más de uno de los puntos 😉 En cualquier caso, será un placer leer tu opinión y que me cuentes cuáles son los tuyos en los comentarios. Así que, sin más te dejo con esta enumeración tan personal como sincera:

1. Dedicarme a lo que más me gusta

Este sea, probablemente, el más importante de todos. Conozco a mucha gente que está encerrada en trabajos grises que no le llenan. Pero yo estoy haciendo algo que me hace sentirme realizado, algo con lo que soñaba desde pequeño y he logrado convertir en una realidad.

Perseguir un sueño y conseguirlo es la mejor de las sensaciones que puedes llegar a experimentar, de verdad. Y trabajar en lo que te gusta no es siempre fácil ni es un paseo, requiere mucho esfuerzo y sacrificio. Pero también es increíblemente gratificante 🙂

2. Aportar tu granito de arena a la ciencia

Quien no ha trabajado en ciencia o no tiene interés en ella no puede entender este punto. Sin embargo, aquellos que disfrutamos con la emoción del descubrimiento sabemos lo importante que es ayudar a avanzar a la ciencia.

Por pequeña que sea esa contribución, cuando se ve refrendada en un artículo científico, la alegría es desproporcionada. Y es que no es sólo la novedad en sí, sino también el enorme esfuerzo dedicado a ello, las horas de trabajo frente al ordenador, las revisiones, comentarios y nuevas revisiones de los coautores o de los revisores.

Es una sensación indescriptible la de exponer tu primer póster en un congreso, la publicación de tu primer artículo en una buena revista o simplemente cuando consigues unos resultados interesantes o inesperados en tu investigación. Y es maravilloso sentirse parte de algo tan grande como es el conocimiento humano. Si no lo has hecho aún, deberías experimentarlo 😉

3. Trabajar de cerca con la fauna y la flora

Si eres biólogo de bota, como yo, entonces seguro que estarás de acuerdo conmigo en este punto. El poder estar tan cerca de un animal, capturarlo, marcarlo y manipularlo es una experiencia difícilmente explicable a quien no la ha vivido.

Por mis manos han pasado miles de pájaros (en su mayoría golondrinas y aviones comunes, pero también de muchas otras especies) y en ningún momento he perdido ni la ilusión ni la excitación que sientes al tener el animal en tus manos, el respeto casi reverencial necesario para que todo discurra de forma rápida y eficaz, evitándole todo perjuicio innecesario. Y esa sonrisa que se te escapa a menudo cuando lo ves volar o correr libre de nuevo.

Todas ellas son sensaciones irrepetibles, que la costumbre y el paso de los años no han conseguido menoscabar, al menos para mí. Y que, por tanto, las sigo disfrutando como el primer día.

4. Visitar lugares no accesibles para el resto de los mortales

Éste es, seguramente, el placer que más a menudo disfruto. Y es que, aunque el trabajo de campo no siempre es en lugares apartados y exóticos, sí que con frecuencia puede llevarte a zonas por las que sólo puede pasar personal autorizado o que son tan remotas o poco accesibles que es raro que te puedas encontrar con alguien por aquellas pistas.

He tenido la suerte de trabajar en zonas como las Sierras de Gredos y Béjar, el Parque Nacional de Monfragüe o la isla de Öland y estar de voluntario en la preciosa Reserva Nacional de Lachay. Y en cada uno de ellos me he sentido enormemente afortunado, no sólo por estar allí, sino por estar haciendo, además, algo que me apasiona y me llena a nivel personal. En esos momentos realmente me siento un privilegiado.

5. Viajar, viajar y viajar

Ya sabes que soy un viajero empedernido. He visitado tantos países como he podido, no sólo por trabajo, sino también por placer. Pero es verdad que el hecho de ser biólogo ha motivado muchos de esos viajes e incluso me ha ayudado a costearlos.

Obviamente, esto no es el País de Jauja, y no por el mero hecho de ser biólogo vas a poder viajar a donde quieres y cuando quieras. Pero si juegas bien tus cartas encontrarás grandes oportunidades para conocer mundo, bien sea por medio de voluntariados, asistiendo a congresos o gracias a alguna estancia en algún centro extranjero para completar tu tesis doctoral.

 6. Dormir bajo las estrellas

Vale, esto ya sé que no es exclusivo de nuestra profesión, ni que tampoco es el pan de cada día. Pero trabajando en capturas de desmán he estado durmiendo varias noches al raso en una hamaca… Y me encantó. Dormirme escuchando la berrea de los ciervos, mientras veo las estrellas que asoman entre las copas de los árboles y me muevo mecido por el viento y el susurro de las hojas… Fue tremendo.

También hizo un frío tremendo, que acusé un poco sobre todo a final de alguna noche. Pero sin duda mereció la pena y repetiría sin dudarlo. Ya había dormido antes al raso, pero hacía años (¡o décadas!) que no lo hacía. Y ha sido una experiencia maravillosa 😉

6. Ver la vida desde otra óptica

Ya lo he comentado alguna vez: estudiar la carrera de biología te abre los ojos a un mundo nuevo. No sólo ves las cosas de forma diferente, sino que descubres ecosistemas enteros donde la gente ve sólo un parque, descubres una gran cantidad de fauna donde antes apenas sí veías un montón de gorriones (todos los paseriformes parecen gorrriones al ojo inexperto :P). Es como tener un pequeño rincón secreto que no todo el mundo es capaz de ver y disfrutar. Y ésa es una sensación que me encanta 🙂

7. Poder contar buenas anécdotas :p

Pues sí, aunque parece una tontería, nuestra profesión te dará pie alimentar muchas charlas con anécdotas de lo más variopinto. Y es que los biólogos, hay que reconocerlo, hacemos algunas cosas de lo más extrañas.

Y como anécdota sobre esto de las anécdotas de biólogo, te contaré algo que poca gente sabe (ni yo mismo lo sabía hasta que ella me lo dijo :P). Y es que, tras conocer a mi novia, me pasé un tiempo haciendo todo tipo de displays y probando, con escaso éxito, fórmulas de cortejo que lograsen acaparar su atención.

Sin embargo, un día que estábamos de fiesta, no sé cómo salió el tema de a qué me dedicaba. Y claro, cuando le preguntas a un biólogo qué es lo que hace debes ser consciente de que, como es algo que le apasiona, te lo puede contar y explayarse a gusto. Pero ella no lo sabía, así que me preguntó. Y yo me explayé. Y ni corto ni perezoso comencé a hablarle de los estudios en los que estaba participando en aquella época sobre competencia espermática en aves y sobre el elevado porcentaje de esperma aberrante que presentaban muchas especies de paseriformes de Chernobyl.

Vaya friki, estarás pensando. Pero ella, en vez de salir corriendo llamándome pervertido o depravado por ponerme a hablarle de esperma de buenas a primeras, siguió atenta toda aquella charla de bar sobre competencia espermática. Y eso que estuve hablando un buen rato 😛  Más adelante, mucho tiempo después, me confesó que ese día fue cuando la conquisté 😛 Y es que, querido lector nunca hay que subestimar el poder que tiene una buena anécdota 😉

Y con esto termino ya el post. Te he contado algunos de los pequeños placeres que me proporciona esta maravillosa profesión, pero me encantarías saber cuáles son los tuyos. ¿Coincide alguno con los míos? ¿Te han pasado cosas parecidas? ¿Tú también tienes alguna anécdota divertida o curiosa? Anímate y cuéntamelo todo en los comentarios.

¿Estás cansado de buscar trabajo como hasta ahora sin resultado?

Suscríbete y consigue gratis el PDF «5 Razones por las que Un Blog Aumentará tu Empleabilidad como biólogo» para acercarte al trabajo de tus sueños.

¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, motivación

¿Quieres alcanzar la felicidad en biología? Sigue esta sencilla receta

04/08/2016 by Bichólogo 10 comentarios

Te he hablado muchas veces de lo maravillosa que puede llegar a esa esta profesión, de la cantidad de vivencias que te puede aportar a todos los niveles. Pero tampoco he sido parco en palabras a la hora de contarte los sinsabores, el desánimo y las tasas de abandono que tiene, bien sea porque te consume, bien porque no encuentras trabajo.

Por eso no es sencillo ser feliz haciendo esto. O al menos no es intuitivo. Aunque tampoco creo que sea algo exclusivo de nuestra profesión. Más bien es una cuestión de tener claro lo que uno quiere, de seguir una receta simple pero que si no obedeces paso a paso rara vez da el resultado que persigues.

Cómo ser feliz en biología

Así que hoy te traigo un post ligero, pero no por eso menos importante. Te voy a listar todos los ingredientes necesarios para que, a pesar de las dificultades que te aseguro que te vas a encontrar en tu camino, sepas disfrutar de cada paso, de cada aventura y de cada proyecto que emprendas. Porque la felicidad, a pesar de lo que se suele decir, sí que está al alcance de todos si nos centramos en lo que realmente queremos.

La receta

No es una receta compleja ni muy larga, no más de puñado de ingredientes. Pero cada uno es tan importante o más que el resto. Por eso debes de tratar de reunirlos todos, ya que si no los cimientos de tu felicidad pueden ser inestables y hacerla muy efímera.

1. Ten claro lo que quieres hacer.

A menudo hacemos las cosas sin pensar, por impulso, o peor aún, porque nos dicen que es lo mejor para nosotros.  Pero al final sólo tú eres responsable de tus decisiones y, por tanto, de sus consecuencias. Por eso no puedes dejar que decidan por ti, ya que esa decisión podría tener una influencia absoluta en tu futuro y, por ende, en tu felicidad. Permite que te aconsejen aquellos que son mayores que tú o con más experiencia: padres, familiares, amigos, blogueros simpáticos (ejem ejem :P)… Pero nunca debes dejar que decidan por ti. Sólo tú puedes y debes elegir.

Eso te dará un control de tu vida. Y le dará un sentido. Por ello, en las grandes decisiones que deberás tomar (qué carrera escoger, a qué universidad ir,  por qué especialización optar, hacer o no un doctorado, qué trabajo buscar…) tendrás que invertir buena parte del tiempo en informarte y meditarlas. No tomes decisiones a la ligera, pues aunque a veces no les des la menor importancia a corto o medio plazo, pueden tener un eco importante en tu futuro.

Pasa un tiempo analizándote, conociéndote, imaginándote la vida que quieres tener dentro de unos años, dónde te gustaría estar, qué querrías hacer y con quien (que seguimos hablando de biología, ¿eh? No te me despistes :P).  Una vez que encuentres esa imagen que te llena y te hace soñar habrás dado el primer paso en la dirección correcta. Y que no te agobie el pensar a largo plazo, puesto que tus objetivos, al igual que harás tú, cambiarán con el tiempo. Sólo tendrás que ir haciendo ajustes de cuando en cuando. Y cuanto más consciente seas de este proceso, más sencillo y fructífero te resultará.

2. Persigue tus sueños

Suena a obviedad pero… ¿A cuánta gente conoces que realmente persiga sus sueños? ¿Cuántas cosas has dejado sin hacer por miedo, por no saber como hacerlas o porque te han dicho que es imposible? No es fácil seguir nuestros sueños. Muchas veces supone retos, desafíos e incertidumbre, salir de nuestra zona de confort y de la de la gente que nos rodea, adentrarnos en lo desconocido. Y eso, querido lector, acojona. Y quien diga que no o miente o es un imprudente 😉

Pero el mero hecho de estar haciendo lo que quieres, de andar tras tu sueño, eso ya te aportará una enorme felicidad. Porque estarás siendo coherente contigo mismo, porque estarás forjando la vida que de veras quieres tener. Estarás construyendo tu futuro soñado paso a paso, día a día, experiencia a experiencia. Y eso es una sensación que no se puede explicar, hay que vivirla. Y si ya lo has hecho, sabrás a lo que me refiero 😉

3. Sé consciente de las dificultades

A veces iniciamos un proyecto llenos de ilusión sin estar preparados para lo que nos viene encima. Un ejemplo clásico es la realización de una tesis doctoral. El no conocer bien a lo que te vas a enfrentar puede hacer que el choque de tus expectativas con la realidad te afecte enormemente, llevándote a la desilusión y el desánimo. Pero si sabes que tarde o temprano vas a recibir algún golpe es mucho más sencillo y menos traumático prepararse para encajarlo y, por supuesto, superarlo.

Ser conscientes de las dificultades y de los escollos que te vas a encontrar en tu camino para convertirte en biólogo te ayudará a que los malos momentos no sean tan malos y a ser un poco más feliz 😉

4. Sé curioso, prueba, ensaya, experimenta, aprende

¿Acaso no es eso lo que hace un científico? ¿Por qué no lo aplicas en tu carrera profesional? Seguro que hay muchos campos que desconoces que, quizás, pueden encerrar tu auténtica vocación. O pueden llevarte a personas que, literalmente, pueden cambiarte la vida: un mentor, un amigo, tu pareja…

Y en el peor de los casos, si descubres que eso no es lo tuyo, seguro que habrás aprendido muchas cosas y habrás adquirido habilidades nuevas y nuevos contactos que tal vez te sirvan en un futuro 😉 Descubrir nuevas cosas, ya sean personas, hobbies, vocaciones o áreas de trabajo, es siempre divertido y te mantiene activo y alerta, además de dotarte de nuevas herramientas que te serán de utilidad en tu vida personal y profesional.

5. Apasiónate

Aprovecha cualquier oportunidad que tengas, viaja, conoce gente, aprende, adquiere experiencia, descubre otras culturas y sociedades, aprende de otros profesionales. No desperdicies nunca la ocasión cuando se te presente y haz todo lo posible por provocarla 😉 Por muy dura que sea esta experiencia te puedo asegurar que también te ofrece innumerables vivencias que no te dan otras carreras o profesiones: la posibilidad de trabajar con animales salvajes, la maravillosa sensación de estar contribuyendo, aunque sea sólo un poquito, al saber universal, tu primer artículo publicado, el manejarte como pez en el agua en un laboratorio, ayudar a mejorar la calidad de vida de la gente o preservar el patrimonio natural de la humanidad son sólo algunas de ellas. ¡Lánzate a disfrutarlas!

Que tu profesión sea tu pasión es lo mejor que te puede ocurrir a nivel laboral. Mucha gente está encerrada en un trabajo gris que no le aporta nada. Aprovecha que nuestra carrera es profundamente vocacional y déjate llevar por ella 😉 Vivir intensamente aquello que haces es el camino más corto hacia la felicidad 😉

6. Haz de la Biología una forma de vida

No te quedes sólo con las asignaturas o con el trabajo. Abraza la biología como un todo. Aunque no quieras, vas a empezar a ver el mundo desde otra óptica distinta. Verás ecosistemas completos bullendo de vida donde antes sólo veías un paisaje estático; escucharás y descubrirás montones de animales donde antes sólo veías una ciudad vacía; aprenderás como funciona tu propio cuerpo a niveles que ni te imaginabas, y descubrirás como todo en la naturaleza está profundamente interconectado, hasta los elementos aparentemente más alejados.

Vas a disfrutar de cosas que antes ni te imaginabas y encontrarás belleza en lugares que antes pasaban inadvertidos a tus ojos inexpertos. Sé consciente de todo lo que ocurre a tu alrededor, a múltiples niveles, desde lo macroscópico a lo microscópico. Déjate impregnar de esa visión que te aporta la biología, disfrútala y compártela con los demás 😉

7. Diviértete

Ser un profesional no está ligado a ser una persona aburrida. Profesionalidad y diversión no están reñidas. Escribir un artículo escuchando metal sinfónico, hacer contactos en compañía de algunas cervezas o celebrar con una barbacoa la publicación del último artículo científico con tu grupo de investigación son pequeños (o grandes) detalles que no sólo harán todo más disfrutable, sino que ayudarán a estrechar lazos entre compañeros y conocidos.

Si algo es tu pasión debes disfrutar con ello, debe ser divertido. Si no, quizás te hayas equivocado de camino o, al menos, en el modo de recorrerlo 😉 Y cuando vengan tiempos malos, que llegarán, siempre se sobrellevan mejor con una sonrisa en los labios.

Concluyendo

Al final, el secreto de la felicidad es que no hay ningún secreto. Es tan sencillo como intentar hacer realidad tus sueños, que es de lo que va realmente esta historia. Cuando en vez de hacer eso estás estudiando una carrera impuesta (o aconsejada) por otros, estás en un trabajo que no es el que te gustaría y no disfrutas con lo que haces es cuando te embarga la infelicidad. Todo consiste en ser honesto contigo mismo, ser consciente de que conseguir lo que uno quiere es un proceso largo y complejo, para nada fácil. Pero que es posible. Y disfrutar del camino, no sólo con la consecución del objetivo. Porque, a veces, el camino es incluso más maravilloso que llegar a la meta 🙂

Y con esto me despido por hoy, esperando que al menos reflexiones un poco sobre todo esto. Mucha gente se pasa la vida buscando la felicidad, sin pararse a mirar y descubrir que la tiene a su lado, en las cosas cotidianas, en todo aquello que hace cada día. No seas una de esas personas y empieza a ser feliz ya 😉

¿Qué te ha parecido este artículo? ¿Qué más ingredientes añadirías? ¿Cuál es tu toque personal para esta receta? Ayúdame a completar este post 😉

¿Estás cansado de buscar trabajo como hasta ahora sin resultado?

Suscríbete y consigue gratis el PDF «5 Razones por las que Un Blog Aumentará tu Empleabilidad como biólogo» para acercarte al trabajo de tus sueños.

¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, felicidad, motivación, objetivos, profesión, trabajo

Guía práctica para crear tu primer póster en un congreso

21/07/2016 by Bichólogo 34 comentarios

Ya te he contado muchas veces lo importante que es difundir y comunicar los resultados de las investigaciones en biología. Dada la gran competitividad que hay en la Academia, no todo el mundo tiene la posibilidad de publicar tantos artículos científicos como quisiera. Por eso los congresos se sitúan como una de las mejores alternativas para divulgar esos resultados que, aún siendo preliminares, pueden tener suficiente entidad como para resultar interesantes o prometedores. En un congreso se puede participar de distintas formas, pero lo más normal es que tu exposición sea por medio de un póster.

Haz tu primer póster científico con garantías

Así que los pósteres cuentan también como publicaciones científicas, aunque no tengan la misma categorías que los artículos científicos. Además, hoy en día se encuentran más devaluados que hace unos años, pero aún así pueden darte esas décimas extra que te pueden ayudar en un proceso de selección.

Normalmente, todos los congresos que admiten pósteres reservan cierta cantidad de tiempo cada día para que los asistentes puedan visitar todos los pósteres expuestos. Así que, como ves, se trata de una excelente plataforma desde la que impulsar la divulgación de tu investigación. Sin embargo, dadas las peculiares características de este medio de difusión, debes saber diseñarlos muy bien, de modo que sean claros, concisos y atractivos. Lo cual no siempre es fácil de combinar. Yo no soy ningún experto en esto de hacer pósters para congresos pero te daré algunas indicaciones generales que te ayudarán a preparar los tuyos 😉

1. Conoce la mente de tu público

Como tú mismo te habrás dado cuenta, últimamente estamos tan saturados de información que nos cuesta cada vez más enfocarnos en algo. Se suele decir que tenemos entre 6 y 10 segundos para atraer la atención de nuestro espectador, si no lo perderemos. Y que es complicado que un lector, de pie frente a nuestro póster, aguante más de 40 segundos leyendo si el tema no le interesa mucho. Por eso debemos capturar su atención.

Debes tener en cuenta que casi todas las sesiones de pósters tienen lugar en los descansos, cuando mucha gente anda distraída con el café, hablando con compañeros o simplemente estirando las piernas. Sí, habrá muchas personas deambulando entre los pósteres, pero estarán distraídas, incluso si están echando un vistazo a los pósteres. Tendrás que atraer su atención, hacer que se fijen en tu póster, incluso desde lejos, si hay gente delante o si sólo pasan sus ojos fugazmente sobre él. Y como te imaginarás, eso no es tarea fácil.

2. La morfología de un póster

Un póster no es más que un tipo de publicación científica. Por tanto, lo mejor es seguir la estructura tradicional que tienen este tipo de trabajos:

Cabecera

Este apartado incluye el título, lo autores y, a menudo, el logo o escudo de la entidad donde se ha realizado la investigación. Es uno de las partes fundamentales del póster, pues un buen título puede ayudarte a despertar la curiosidad del lector. Pero también al contrario, haciendo que deseche inmediatamente tu póster sin darle siquiera una oportunidad. Por tanto, el título ha de ser claro, descriptivo y tan corto como sea posible (pero no más :P).

Se pueden emplear distintos recursos para hacer el título más interesante:

  • Juegos de palabras: crean cierta complicidad, despiertan la curiosidad y pueden resultar divertidos e invitar a  la lectura. Pero ten cuidado, pues requiere un equilibrio muy preciso para que no de imagen de falta de seriedad o incluso de rigor. Recuerda que, al fin y al cabo, estás en un congreso científico, donde se reúnen decenas o centenares de profesionales de tu sector.
  • Sentido del humor: igual que el anterior, aunque corres el riesgo de que no te tomen en serio. Sin embargo, es una buena forma de captar la atención
  • Sé descriptivo: los más tradicionales. Simplemente expones tu trabajo de la forma más sucinta y clara posible.
  • Usa los resultados: el título describe el principal resultado o conclusión de tu estudio. Esto hace que tu público sepa exactamente de qué se trata y de si le interesa.
  • Cualquier combinación de lo anterior y cualquier otra cosa que se te ocurra 😉

Introducción

Muy breve, que ponga en contexto la investigación. Puede hablar de las razones que la han motivado y de los objetivos que persigue. Si has captado la atención del personal con el título, aquí tienes la oportunidad de atarlos de una vez o de perderlos definitivamente.

Metodología

Explicando los procesos llevados a cabo, los protocolos seguidos y los materiales empleados. Todo de forma muy resumida, clara y concisa. Normalmente, la mayoría de la gente sólo leerá esto por encima (si es que lo lee) pero habrá gente interesada que prestará mucha atención a cómo has desarrollado tu trabajo.

Resultados

Una de las partes principales de un póster. Aquí sólo deben aparecer los principales, aquellos que destacarías. Y siempre que puedas hacerlo, represéntalos gráficamente en vez de por medio de tablas, números o textos.

Conclusiones

Posiblemente la parte más importante del póster, aunque en ocasiones se puede fusionar con el anterior. Contiene la interpretación de los resultados, así como posibles hipótesis o ideas para futuros proyectos. Si les ha interesado el título a menudo saltarán aquí a ver cuáles son los logros de tu trabajo.

Bibliografía

Aunque es fundamental en cualquier documento científico, por razones de espacio a veces ni siquiera aparece en los pósteres. Cuando sí lo haga deberá ser muy corta, sólo con los trabajos mencionados explícitamente en el póster.  Y no habría contener más de 10 referencias bibliográficas.

2. El software

Hay numerosos programas que te pueden ayudar a crear tu póster. Desde el Photoshop, pasando por el Adobe InDesign, el CorelDraw. Mi consejo es que no te compliques la vida y que uses PowerPoint (o sus alternativas libres), que es muy fácil de manejar, te permite agrupar y desagrupar elementos gráficos y de texto, personalizar todos los colores, elegir cualquier tipo de fuente y trabajar en cualquier tamaño. Y todas las copisterias e imprentas lo tienen instalado en sus ordenadores. Además, este programa también te permite exportarlo a PDF, con lo que tienes un formato estándar que te evitará que se desconfigure si se abre con una versión más antigua que la empleada para su elaboración.

Uno de los mejores programas para crear cualquier cosa, especialmente si eres nulo para el diseño, como me pasa a mi, es Canva. El plan gratuito te sobra y te basta para hacer la mayor parte de los diseños que necesites. Sencillo, potente y muy fácil de manejar, con montones de combinaciones predefinidas de colores, texto, plantillas… Para que no te tengas que romper la cabeza y puedas centrarte en lo que realmente te importa, que en este caso es tu póster. Échale un vistazo 😉

También puedes explorar Piktochart, una herramienta pensada para hacer infografías que quizás pudiera resultar interesante en este ámbito. Yo no la he probado aún, así que no sé si será aplicable a la realización de pósteres científicos. Si lo manejas bien se pueden conseguir resultados muy visuales, pero el resultado final se aleja bastante de un póster «tradicional» (con sus cosas buenas y sus cosas malas). Pero tengo pendiente probarlo a fondo y seguramente pronto empiece a usarla en el blog. Si ya la usas o si vas a hacerlo, cuéntamelo en los comentarios 😉

3. El mensaje

Ya te he dicho que dispones de muy poco tiempo para atraer a tu lector. Por eso, en tan sólo un vistazo, la persona que pase frente al póster debería saber de qué va y si le podría resultar interesante o no. Porque, aunque no creo que sea necesario decirlo, debes asumir que tu póster no le va a interesar a todo el mundo.

Lo primero a tener en cuenta es que debería predominar el apartado gráfico frente a la cantidad de texto. Si tu póster es un mazacote compacto de letras la gente huirá de él como de la peste. Pero no sólo debe contener numerosas gráficas, tablas o imágenes, sino que además debe contener espacio en blanco, o lo que es lo mismo, sitios donde «descansar la vista». Cuando nos enfrentamos a un texto con párrafos muy largos, por ejemplo, tendemos a cansarnos  y a perder el foco de atención antes que si el mismo texto está divido en párrafos más cortos. Es algo meramente psicológico, sí. Pero ocurre 😉

Si combinamos bien el texto, la parte gráfica y los espacios en blanco, el póster no sólo será más atractivo y lucirá más profesional, sino que su lectura será mucho más descansada y habrá muchas más posibilidades de que nuestro impaciente lector se quede hasta el final 😉

Con estos consejos en mente, ahora puedes empezar a escribir tu texto. Para ello, el lenguaje siempre ha de ser claro y preciso. No uses palabras, perífrasis o circunloquios innecesarios. Llama a las cosas por su nombre, huye de toda la jerga técnica que no sea absolutamente necesaria y evita en la medida de lo posible las abreviaturas y acrónimos. Si alguien no los conoce y tiene que buscar en el póster o peor aún, en internet lo que significa lo más probable es que se vaya a otro póster. ¡Que se le acaba la hora del café! 😉

Por supuesto, evita las faltas de ortografía, las subordinadas complicadas y los tiempos pasivos. Escribe en forma activa y con frases cortas y ágiles. Esto es especialmente importante cuando escribes en otro idioma, como el inglés. No sólo es más fácil que cometas algún error gramatical, sino que oscurecerás la comprensión de aquellas personas que no dominen la lengua. Recuerda facilitar siempre las cosas al lector. Esa debe ser tu obsesión.

Y a colación de lo anterior, ve asumiendo que la mayor parte de las veces tendrás que publicar tu póster en inglés, especialmente en el caso de congresos internacionales. Así que ve practicando, que nunca me cansaré de decirte lo importante que es dominar la lengua de Shakespeare en nuestra profesión.

Finalmente, el tamaño de letra debe ser adecuado. Usa las negritas en los títulos de la cabecera y de cada apartado, que también pueden ser de mayor tamaño que el resto del texto. Los pie de foto, si los hay, pueden tener también un menor tamaño de letra que el texto general. Incluso puedes usar distintas tipografías para los títulos o los apartados. Pero ten en cuenta que el póster debe dar una sensación de unidad, no un conjunto de fuentes, colores e imágenes inconexo.

4. El diseño

Esta suele ser una de las partes a la que los científicos prestamos menos atención y que, sin embargo, puede ser la que más nos ayude a difundir nuestro trabajo. Y es que, como estamos tan obsesionados con el rigor, la exactitud y la seriedad, a menudo menospreciamos el valor de un buen envoltorio.

Tu póster no sólo tendrá que competir con muchísimos otros por captar la atención del público, sino que ese mismo público, además, estará en movimiento y con frecuencia sólo verá el póster desde lejos. Por tanto, si consigues atraer su atención, si logras que se acerque un poco más, ya habrás dado un paso importante para que se quede a descubrir todo lo que tu póster tiene que ofrecerle ;).

La organización de los elementos

Ya te he hablado de los distintos apartados que ha de tener un póster. Y lo mejor es que esos elementos sean claramente distinguibles unos de otros. Por ello, mi método preferido es agruparlos en módulos, encerrando cada apartado en un recuadro. Esto permite a lector escanear de un vistazo cada uno de los apartados y centrarse en el que más le interese en cada momento. Pero también existen otras formas de organizar el contenido:

  • Modular
  • Columnas
  • Un único bloque de texto donde se van integrando las gráficas
  • Imprimiendo los distintos apartados por separados y montándolos directamente sobre el soporte.
  • Lo que te sugiera tu imaginación 😉
Pósters del congreso
Algunos ejemplos de pósteres del último congreso al que fui y que, por distintos motivos, me interesaron.

En el diseño, como siempre, no hay reglas. O al menos no demasiadas. Porque es cierto que el ser humano tiende a escanear los documentos siguiendo una zeta: de izquierda a derecha y de arriba a abajo. O al menos los occidentales, pero puesto que la inmensa mayoría de los congresos internacionales tienen como lengua vehicular el inglés, podemos usarlo como norma general 😛 Y si no te lo crees, echa un vistazo general a este post y fíjate en lo que hacen tus ojos 😉

Por tanto, lo lógico es que la cabecera esté en la parte superior (o superior-izquierda) y las conclusiones en la inferior (o inferior-derecha), quedando así en los lugares destacados de este recorrido visual que todos hacemos de forma inconsciente. El resto de elementos los puedes colocar en ese recorrido según la importancia que les des. Normalmente, el centro del póster es uno de los puntos al que menos atención se le presta en este vistazo general.

Como también te he comentado más arriba, es importante que al componer tu póster dejes espacio suficiente entre cada uno de los elementos. Esto no sólo facilita la lectura, sino que le da un aspecto más limpio, más profesional al póster. Y poner alguna imagen o algún elemento gráfico relacionado con el póster, a modo de adorno, suele quedar muy bien 😉

Los colores

Los seres humanos somos tremendamente visuales. Por tanto, el color no sólo llama nuestra atención, sino que también se asocia con diferentes sensaciones o emociones. Yo siempre he dicho que soy como los ordenadores antiguos, que sólo distingo 16 colores (o menos :P) y encima los combino fatal. Por eso, cuando tengo que realizar un póster, tiro de herramientas que me ayuden, como por ejemplo el selector de esquemas de color de Adobe. Aunque el consejo de alguien con buen gusto también te servirá igualmente 😉

Es fundamental que el contraste entre los fondos y el texto no sea ni demasiado bajo ni demasiado fuerte, pues en el primer caso perdemos legibilidad y en el segundo se produce una fatiga visual. Puedes colocar cada una de las cajas de cada sección en un color, además de poner color al fondo. También puedes usar transparencias, degradados y combinarlo todo de mil formas distintas. Las posibilidades son infinitas. Pero recuerda que el texto debe ser legible y entendible, incluso desde cierta distancia.

Las imágenes

Emplear imágenes puede enriquecer mucho el póster y hacerlo más atractivo. Pero también pueden destrozar la legibilidad, ya que lo continuos cambios de color en una imagen pueden hacer la lectura de un texto bastante complicada. Sin embargo, bien empleadas en combinación con cajas de colores con cierto grado de transparencia y buenas tipografías, pueden dar un resultado de lo más interesante. Y si además añades alguna imagen o ilustración, a modo de adorno, relacionada con el tema del póster puede hacerlo aún más atractivo. ¡Pero tampoco te pases, que nos es un árbol de navidad! 😛

Concluyendo

Lo más importante de un póster es, sin duda alguna, el contenido. Pero tampoco te puedes olvidar del continente. Un buen diseño puede ayudarte a que mucha gente lea tu trabajo y se interese por él. Pero el trabajo también ha de ser bueno. Y no sólo eso, sino que además tiene que estar muy bien redactado, siendo muy breve pero a la vez muy claro y preciso. Es fundamental prestar atención a todos estos detalles, pues son ellos los que marcarán la diferencia entre un póster atractivo que lea mucha gente y un póster poco llamativo que pase desapercibido entre todos los asistentes al congreso. Y sería una lástima que un excelente trabajo, con unos resultados y conclusiones muy interesantes, pase sin pena ni gloria por no haber sabido presentarlo de forma interesante.

Aquí os dejo el último póster que realicé para el congreso de la EOU.  Y si haces clic aquí podrás ver y descargarte el PDF. Así podrás hacerte una idea de cómo es trabajar con este programa y como puedes organizar cada elemento (agrupando, desagrupando, poniendo elementos con trasparencias, etc.). Puedes tocar y experimentar con el archivo cuanto quieras o incluso usarlo como base para empezar tu propio póster.

Para hacer esta guía me he basado en mi propia experiencia. Pero hay mucha literatura en internet sobre este tema. Así que, si mi forma de hacer un póster no te convence, no dudes en navegar por la web, pues hay muchas publicaciones que hablan sobre cómo crear un póster para un congreso. Elige cuál es la forma más adecuada para ti y para tu forma de trabajar o a tu ámbito de estudio. Y recuerda que todo lo que emitas, incluso estos pósteres, va a formar parte de tu marca personal 😉

Y hasta aquí el post de hoy. Espero que te resulten útiles estos consejos, que son los que yo mismo sigo cada vez que tengo que hacer un póster para un congreso. Ahora me gustaría que me contases qué te ha parecido el post y cuál es tu experiencia confeccionando pósteres para congresos. ¿Te ha parecido útil esta guía? ¿Tú sigues los mismos pasos? ¿Haces algo de forma distinta? ¿Qué es lo que te funciona a ti? ¿Cuál crees que es el elemento clave de un póster para que sea leído en un congreso?  Estoy deseando saber tu opinión al respecto 😉

¿Estás cansado de buscar trabajo como hasta ahora sin resultado?

Suscríbete y consigue gratis el PDF «5 Razones por las que Un Blog Aumentará tu Empleabilidad como biólogo» para acercarte al trabajo de tus sueños.

¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogos, científicos, congreso, póster, publicaciones

Haciendo contactos: 9 principios básicos para escribir un buen email

07/07/2016 by Bichólogo 6 comentarios

En Biología todo es un constante aprendizaje. Y tarde o temprano vamos a tener que pedir ayudar o colaboración a alguien. Hoy en día, gracias a la tecnología, hay muchísimas formas de abordar a alguien: en persona, teléfono, whatsapp, email, carta convencional, las redes sociales… Sin embargo, no todas son iguales ni tienen las mismas connotaciones, por lo que el hecho de usar una u otra podría aumentar o disminuir nuestras posibilidades de tener éxito.

Decidirse por unas o por otras es, al fin y al cabo, una cuestión de gustos y de experiencias con ellas. Por si fuera poco, no siempre vas a poder usar la misma vía de contacto para todo el mundo, ya que a veces no estará disponible o no la conocerás. Pero cada una tiene sus peculiaridades y es bueno que las conozcas para saber cuándo y como emplearlas. Personalmente, creo que el medio más potente para establecer contacto con una persona, aparte del cara a cara, es el correo electrónico. Y por eso hoy te voy a contar cuál es, para mí, la mejor forma de emplearlo de cara a aumentar tu red contactos o a solicitar ayuda a alguien.

¿Por qué el correo electrónico?

Normalmente, cuando pensamos en hablar con alguien lo primero que nos viene a la mente es una llamada de teléfono. Desafortunadamente, no siempre es sencillo conseguir el número de teléfono de una persona. Además, este medio de comunicación es totalmente síncrono, con las ventajas y desventajas que ello conlleva. Una llamada en un mal momento puedo hacerte perder una oportunidad de empezar la conversación con buen pie o bien puede hacerla mucho más breve de lo que te gustaría. Además, una llamada es más intrusiva, pues obliga a que el receptor tenga que interrumpir lo que esté haciendo para atenderla, pudiendo llegar incluso a molestarle si la recibe en un momento inapropiado o le rompe la concentración.

Una carta tradicional quizás sea la forma más formal de abordar a alguien. Sin embargo, se trata de vía de comunicación excesivamente lenta y poco práctica. Además, desde la aparición del correo electrónico, hay muy poca gente que use el envío de cartas por correo ordinario como medio de comunicación. El noble arte del intercambio epistolar está tristemente en desuso y relegado a lo anecdótico hoy en día 😉

El whatsapp, a no ser que sea el de un número profesional, es algo muy personal. Forma parte del espacio privado de cada uno. Por tanto, si no tienes permiso explícito de esa persona, yo no usaría este medio para iniciar una conversación por primera vez. Es cierto que puede contestar en el momento que le apetece, pero algunas personas lo pueden ver como una invasión de su intimidad. A la gente no le suele gustar hablar con desconocidos en el sistema de mensajería que usa con sus amigos y su familia.

Las redes sociales son mucho más amigables e invitan a la conversación por sí mismas. Lo que ocurre es que suelen estar saturadas de información y a menudo es fácil que tu intento de toma de contacto se pierda en un mar de notificaciones y mensajes, especialmente si la persona con la que quieres hablar es conocida. Generalmente, cuando tengo que emplear este medio para contactar con alguien suelo usar Linkedin, Facebook y/o Twitter, por ese orden.

Pero de todas las formas de comunicación posible mi favorita es el email. Por un lado, se trata de un medio de comunicación asíncrono: tú lo envías y la personal lo lee en el momento en que puede y quiere. Cuando abre la web o la aplicación del correo está predispuesto a esa comunicación y ahí tienes tu momento 😉 Además, este medio te permite preparar muy bien lo que vas a decir, cómo lo vas a decir y cuándo lo vas a decir, sin nervios, sin prisas, sin problemas. También te permite usar adjuntos en tu mensaje, enriqueciendo la conversación (tu currículo, un prezi presentando tu proyecto, un vídeo que explica el alma de tu idea…).

Finalmente, encontrar el email de una persona no suele ser muy complicado. A no ser que dicho individuo odie internet, es fácil que su dirección de e-mail aparezca en alguno de sus perfiles sociales, en su web personal o profesional,en alguna de sus publicaciones o en el directorio de personal de la empresa o institución para la que trabaje. Como ves, todo son ventajas en este medio. Su único inconveniente es que no tienes información sobre las reacciones de la otra persona: no puedes oír el tono de su voz, ni ver sus expresiones o gestos. Pero esto es común a otros muchos medios de comunicación.

Principios fundamentales para escribir un correo exitoso

Son muchas las cosas que hay que tener en cuenta antes de pulsar el botón «enviar». Recuerda que no sólo lo que escribes está diciendo mucho de ti, sino también el modo en el que estás diciendo las cosas. Además, debes tener en cuenta que lo que digas quedará registrado por escrito y no hay manera de desdecirse. Las palabras se las lleva el viento, pero los documentos escritos, aunque sea por medios digitales, permanecen mucho más tiempo. Así que cuidadito con lo que dices y cómo lo dices. Y vamos ahora con una breve lista de cosas a tener en cuenta para escribir el mail definitivo 😉

1. Cuida la ortografía

Esto es fundamental. Te lo repito: FUNDAMENTAL. Un email lleno de faltas de ortografía no sólo hace complicada (y dolorosa) la lectura, sino que puede hacer que te descarten sin tan siquiera terminar de leerlo.  Créeme, la imagen que das en un caso así es nefasta. Vale que todos nos equivocamos alguna vez, que la b y l v están demasiado juntas en un teclado QWERTY… Pero eso no justifica que haya faltas de ortografía graves en un correo electrónico. Revisa, revisa y vuelve a revisar cualquier email antes de mandarlo, especialmente aquellos importantes.

Incluso después de revisarlo, seguramente algo se nos escape, dado que nuestro cerebro tiende a no prestar demasiada atención cuando ya sabe lo que está leyendo. Este blog es una prueba de ello, y cada vez que releo un post encuentro alguna errata que se me había escapado. Pero te aseguro que siempre cazarás alguna. Y si la ortografía no es tu fuerte, trabájala. Y pide a alguien que te revise tu correo antes de enviarlo.

2. Cuida la puntuación

Aunque esto podría estar en el punto anterior lo destaco porque mucha, muchísima gente no lo tiene en cuenta. Una mala puntuación hace que un texto sea completamente ilegible. Haz buen uso (y no un abuso) de las comas y los puntos. Tan malo es el exceso como el defecto. Si una persona tiene que pasarse diez minutos descifrando lo que quieres decirle no acabará muy contento contigo. Además, todo ello da una imagen de dejadez, de pasotismo, como si realmente no te importase la persona a la que escribes.

3. Sé educado

La persona a la que estás escribiendo va a dedicar parte de su tiempo a leer lo que le has escrito. Qué menos que ser educado. Has de ser amable, pedir las cosas por favor y dar siempre las gracias. Siempre. Nunca exijas nada a la otra persona ni le metas prisas innecesarias. Si te urge su respuesta, házselo saber, dile lo agradecido o agradecida que estarías si pudiera contestarte rápido, ya que lo necesitas por cuestiones de tiempo. Las formas y el modo en que trates y te dirijas a esa persona es muy importante, de verdad. Un email cortés solicitando ayuda casi seguro que será atendido o, al menos, respondido.

El hecho de hablar de usted o de tutear depende mucho de cada persona. Si eres joven y la otra persona es mayor, es preferible hablar de usted y luego, si esa persona te lo sugiere, ya os podréis tutear. Si se trata de alguien que es muy cercano a la gente (bien porque sea una figura pública, o por como habla en blogs o redes sociales) entonces podrías tratarle de tú a tú. Pero como ya te dije, es una opción personal y dependerá mucho de ti y, sobre todo, de tu interlocutor.

4. Preséntate

Tras el correspondiente saludo, comienza tu correo presentándote. A la gente le gusta saber con quién habla, aunque no lo conozca. Dale cualquier información sobre ti que pueda ser relevante para el objetivo del correo, no sólo tu nombre. Si solicitas ayuda, cualquier dato que le des y que esa persona no tenga que pedírtelo o buscarlo después será bienvenido y ahorrará tiempo e emails innecesarios. Si tu correo es sobre un proyecto personal, entonces habla de ese proyecto y dale la página web. En definitiva, pon a tu interlocutor en situación y dale las herramientas necesarias para poder hacerse una idea de quién eres y qué necesitas o le propones. Cuanto más fácil y mascado se lo des, más dispuesto estará a ayudarte.

5. Preocúpate por tu interlocutor

Antes de escribirle, haz un búsqueda en internet sobre esa persona, averigua quién es, qué es lo que ha hecho, qué hace actualmente… No necesitas leerte una biografía de su vida, pero sí es bueno que demuestres interés. Haz mención en el correo de lo que te gusta de esa persona o de su trabajo. No tienes que hacerle la pelota ni adularle descaradamente, porque se nota. Pero no está de más ser agradable y endulzarle un poco el oído. Eso te ayudará a que esté en mejor disposición de ayudarte, ya que estás mostrando un interés real por esa persona y no es un mero intento de aprovecharte.

6. Brevedad y concisión

El tiempo de las personas es valioso. ¿A que a ti no te gusta que te hagan perder el tiempo? Pues a los demás tampoco. Trata de ir al grano, sin rodeos y sin florituras innecesarias. Cuanto más breve sea el correo, mejor. Puedes pasarte tantas horas como quieras preparando el correo, no hay ninguna prisa. Planifica todo lo que quieres decir para que no se te olvide nada y si puedes contarlo en 100 palabras, no uses 500. Ambos lo agradeceréis 😉 Eso sí, si por necesidad el correo debe ser largo, que así sea. Pero recorta todo lo que puedas en cosas superficiales y sumérgelo de lleno en el asunto que estáis tratando. Tú a lo mejor escribes un email así a la semana, pero quizás esa persona recibe diariamente varios emails como el tuyo.

7. Sé una persona agradecida

Siempre despídete agradeciéndole el tiempo que ha empleado (o empleará) en atenderte. Si te contesta, dale las gracias por su ayuda y/o su colaboración. E incluso si ese intercambio de email no llega a nada, agradécele el tiempo que ha invertido en contestarte aunque no hayas conseguido tu objetivo. Porque esa persona está gastando tiempo y esfuerzo en atenderte sin tener por qué hacerlo. Como reza el dicho popular: «Es de bien nacidos el ser agradecidos«.

8. Paciencia

Mucha paciencia. No siempre se puede responder a todo el mundo con rapidez. Cada persona tiene su propia vida, sus propios problemas y sus propias obligaciones. Y aunque para ti ese correo esté entre tus prioridades quizás para la otra persona no sea así en ese momento. Aguarda pacientemente una respuesta, sin insistir demasiado ni agobiar. Recuerda que la gente tiene otras cosas que hacer aparte de estar pegados al móvil o al ordenador. Muchos sólo miran su correo una vez cada varios días así que, quizás, ni siquiera haya leído el tuyo aún. Y no todo el mundo tiene puestas las notificaciones en el móvil o en el ordenador 😉

Si pasado un tiempo prudencial no has recibido contestación, o bien puedes volver a escribirle un educado recordatorio, por si acaso no hubiese recibido tu anterior mail, o bien puedes pasar página e intentar contactar a otra persona. En general, eso recordatorios no vienen mal. A menudo puede leer un email, pensar que luego, cuando tengas más tiempo, lo contestará y terminar olvidándose. A mí me ocurre de tanto en tanto, por más que intento anotarlo todo. Así que puede ir muy bien que se lo recuerdes pasado cierto tiempo. Pero no seas demasiado insistente. Paciencia 😉

9. La regla de los tres emails.

Mi colega el Bioblogo es muy de reglas y me recordó esta, que es muy importante y a menudo la olvidamos, incluido yo. Cuando escribes un e-mail (primero) y te contestan (segundo) siempre, y quiero decir SIEMPRE, hay que escribir un agradeciéndole la atención o al menos confirmando la recepción (el tercero). Como ves, muy relacionado con la educación y el agradecimiento. Pero sorprendentemente, una vez obtenemos nuestra respuesta, nos solemos olvidar de la otra persona, por agradecidos que le estemos. Así que ten muy en cuenta esta regla 😉

Si sigues estos sencillos consejos las posibilidades de que te contesten y de que consigas tu objetivo crecerán mucho. Cuanto más conozcas a esa persona, mejor podrás afinar a la hora de llegar a ella y conseguir establecer una comunicación fluida. Y como con esto doy por terminado el post, me gustaría que me comentases tu experiencia y tus dudas. ¿Has tenido que escribir alguna vez un email importante? ¿Has seguido alguno de estos consejos? ¿Añadirías alguno más? ¿Cómo sueles tú iniciar una conversación con una persona desconocida?

¿Estás cansado de buscar trabajo como hasta ahora sin resultado?

Suscríbete y consigue gratis el PDF «5 Razones por las que Un Blog Aumentará tu Empleabilidad como biólogo» para acercarte al trabajo de tus sueños.

¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, contactos, correo electrónico, guía, internet, networking

  • « Ir a la página anterior
  • Página 1
  • Página 2
  • Página 3
  • Página 4
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Página 9
  • Ir a la página siguiente »

Footer

Design

With an emphasis on typography, white space, and mobile-optimized design, your website will look absolutely breathtaking.

Learn more about design.

Content

Our team will teach you the art of writing audience-focused content that will help you achieve the success you truly deserve.

Learn more about content.

Strategy

We help creative entrepreneurs build their digital business by focusing on three key elements of a successful online platform.

Learn more about strategy.

Copyright © 2026 · Genesis Sample On Genesis Framework · WordPress · Acceder