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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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La profesión

Superando el miedo al fracaso en Biología

30/06/2016 by Bichólogo 19 comentarios

Todos tenemos miedo a fracasar, a caer, a perder. Tenemos miedo a no conseguir nuestros objetivos. Tenemos miedo a equivocarnos, a tomar el camino erróneo y darnos cuenta demasiado tarde. Y es algo normal. Sí, no te preocupes. A todos nos pasa: a ti, a tus padres, a tus amigos, a mí. Da igual lo seguro que seamos de nosotros mismos. Da igual que en un momento dado pensemos que nos vamos a comer el mundo. A la hora de la verdad todos nos acongojamos y deseamos secretamente no tener que pasar por un determinado trago.

Aprendiendo a encajar y superar el fracaso

Pero el valor, la fortaleza, no están en no sentir miedo. Están en saber afrontarlo. Y es que, querido lector, tarde o temprano fracasarás. La vida está llena de pequeños y grandes fracasos, de amargas decepciones. Y siento decirte que el camino que escogemos los biólogos no sólo no está exento de ellas, sino que además abundan, esperándote detrás de cada esquina, después de cada examen, con cada experimento cuidadosamente preparado, tras el envío de cada artículo, con cada currículo que envíes.

Por tanto, si te quieres dedicar a la biología, tendrás que aprender a lidiar con la decepción y el fracaso. Suena un poco catastrofista, pero es la principal causa de abandono en nuestra profesión. No todo el mundo encaja igual este tipo de golpes y, uno tras otro, puede llevarte lentamente al hastío y la desesperación.

Asume que vas a fallar

Este es, quizás, el consejo más importante que te puedo dar de cara a decidir si esto de la biología va a ser lo tuyo o no. He comentado innumerables veces lo dura que puede resultar esta profesión, como el desánimo es fácil que cale hondo y que termines abandonando algo que antes de apasionaba. No pretendo desanimarte, pero sí quiero que seas consciente de que no todo te va a salir rodado, que no siempre tendrás éxito en todo aquello que emprendas en este mundo.

Son muchas las fuentes de decepciones en este complicado proceso de ser biólogo. Desde los mismos estudios, incluyendo esa decepción inicial que muchos sufrimos al comenzar la carrera, hasta los papers rechazados, las becas que se te escapan por unas décimas o aquellos proyectos que, tras meses de un duro trabajo de preparación, finalmente no has conseguido. El conocer de antemano esto te permitirá prepararte mejor no sólo para asumirlos, sino para convertirlos en acicate para seguir intentándolo más duro.

Quítale hierro al fracaso

Muchas veces pensamos en el fracaso como algo absolutamente negativo. Sin embargo, los proyectos fracasados también nos sirve para aprender cosas en el camino y, en ocasiones, puede llevarnos a descubrir nuevas metas, nuevas vocaciones. Lo que está claro es que si nunca lo intentas, nunca avanzarás, nunca lo conseguirás.

En España los fracasos son profundamente negativos. Eso hace que los ocultemos a todos. A nadie le gusta fracasar. Pero eso también provoca que cuando alguien tiene éxito parece que lo consigue de la nada. Por eso, este profesor de Princeton decidió publicar un currículo de sus fracasos antes de lograr el éxito: los artículos rechazados, las universidades que no le habían contratado… Y es que es el pan nuestro de cada día. No te digo que tú tengas que hacer tu currículo de fracasos fatídicos, pero sí que debes entender que será algo común en tu camino para trabajar en biología.

Lo importante es el camino: fracasa con estilo

Se suele decir que se aprende más de los errores que de los aciertos. No creo que sea siempre así. Pero es cierto que en el proceso (a menudo largo) de intentar alcanzar cualquier meta se aprende mucho. Tienes que planear, buscar información, organizarla y ponerla en práctica. Es un proceso tan interesante como intenso, así que es prácticamente imposible que no adquieras nuevas habilidades o conocimientos 😉

A veces emprendemos un proyecto (entendiendo por proyecto cualquier actividad que sea más de una tarea, desde preparar un examen hasta conseguir un proyecto de investigación millonario) y luchamos muy duro para conseguirlo. Invertimos esfuerzo, sudor y hasta lágrimas, para al final chocarnos contra un muro de decepción. ¿No ha valido para nada? En absoluto. No sería la primera ni la última vez que alguien descubre su vocación de forma inesperada en el desarrollo de algún proyecto personal o profesional.

Tampoco es raro que un proyecto fallido te lleva a un cambio de dirección en tu carrera o te ayude a conocer personas que posteriormente tengan un gran impacto en tu carrera profesional o incluso en tu vida personal.

Pierde el miedo al fracaso

Ya has visto que el fracaso no es tan terrible. No te voy a decir que sea siempre beneficioso, como dicen muchos libros de autoayuda, que parece que casi fuera mejor fracasar que triunfar, pero sí puede ayudarte a mejorar como profesional al convertirte en una persona tenaz, constante y con capacidad de superación.

Además, la oportunidad se esconde en cualquier sitio y con muchas formas. No suele aparecer de la nada. Por eso vas a tener que lanzarte fuera de tu zona de confort, buscar más allá, aventurarte. Pero no es algo sencillo, pues tenemos miedo. No sabemos lo que pasará, no sabemos si podremos afrontarlo y no sabemos si podremos recuperarnos. Y eso nos paraliza. Por ello, para perder ese miedo inherente que todos tenemos al fracaso, debemos seguir una serie de pasos muy sencillos:

1. Definir el miedo

Nuestros miedos más grandes son aquellos que no conocemos, ya que no sabemos enfrentarlos. La incertidumbre es el principal lastre que nos impide avanzar en nuestros proyectos y lanzarnos a realizar otros nuevos.  Por eso, si eliminamos la incertidumbre de la ecuación de repente todo es menos terrorífico 😉

Definir nuestros miedos nos ayuda a hacerlos tangibles, evaluables y, por tanto, solucionables. Te pongo un ejemplo sencillo: dar una charla. Mucha gente tiene pánico a hablar en público. Pero, ¿por qué? Porque no saben qué va a pasar. Incertidumbre, parálisis, inacción. Entonces hay que estudiar a qué hay miedo realmente. Cada uno tendrá sus propias razones, pero yo te voy a decir las mías: miedo a equivocarme y a hacer el ridículo.

2. Descubrir cual es el peor escenario posible

Vale, yo ya he encontrado a qué tengo miedo realmente. Ya no es algo genérico como «lo que pueda pasar». Ya sé que me da miedo hacer el ridículo y equivocarme. Entonces toca dar el segundo paso. Ahora tienes que imaginarte qué es lo peor que podría pasarte, lo que considerarías un desastre total y absoluto. De esta forma puedes prepararte para lo peor e incluso buscar posibles soluciones llegado el caso.

Volviendo al ejemplo, mi peor escenario sería quedarme completamente en blanco y no ser capaz de seguir con la exposición. Defraudar no sólo a la audiencia, sino quedar en entredicho mi profesionalidad, especialmente si hay gente importante presente.

Y entonces te toca evaluar el daño real que te puede ocasionar ese escenario. Si eso ocurre y no puedes solventarlo, ¿cómo de grave sería? ¿En una escala de uno a 10, cómo de desastroso seria? Pero hazlo objetiva y razonadamente. En la mayoría de los casos, las repercusiones son muchísimo mejores de lo que esperamos a priori.

En el ejemplo, pues realmente no sería tan grave. Todo el mundo tiene bloqueos en un momento dado y nadie te va juzgar por una única presentación. Si ya tienes una trayectoria demostrada, un pequeño error puntual como ese no tiene repercusiones más allá de pasar un poco de vergüenza. Si no tienes nada demostrado, entonces tienes todo el tiempo por delante para demostrar lo que vales y tu gran profesionalidad 😉

3. Ver cuál es el coste de permanecer igual

No me refiero a un coste monetario (que en según qué proyectos existirá). Sino cualquier tipo de coste, incluidos los emocionales, los profesionales… en cualquier cosa sobre la que te pueda repercutir negativamente.

En nuestro ejemplo, si no doy mi charla me estaré limitando a nivel personal y profesional. No podré hacer ninguna comunicación oral en ningún congreso, no podré dar cursos ni conferencias, ni siquiera exponer resultados a compañeros de trabajo. Muchos trabajos tiene como requisito excelentes habilidades comunicativas.

Pero es que, además, mi miedo a hablar en público irá creciendo y me irá resultando más difícil enfrentarme a él. Porque no es lo mismo dar tu primera charla a tus compañeros de clases que hacerlo en un congreso internacional, con los mejores profesionales de tu campo.

4. Los posibles beneficios que te acarreará

No sólo tienes que ver los costes de no llevar a cabo tu proyecto, sino también los posibles beneficios de realizarlo. Este punto, junto con el anterior, te proporcionarán ese último impulso para dar el salto y decidir lanzarte a realizar tu proyecto.

De nuevo hablando de la charla, dar mi primera charla me sirvió para obtener más seguridad en mí mismo y vencer el miedo a hablar en público. Pero además me permitió aumentar mi currículum vitae con charlas y comunicaciones orales en congresos, por ejemplo. Y todo ello me ha abierto las puertas a la posibilidad impartir cursos en un futuro, por ejemplo.

5. Minimizar las posibilidades de fracaso: el plan B

Una vez que has definido tu miedo y los peores escenarios, y has evaluado costes y beneficios, ahora estás preparado para minimizar los posibles impactos negativos. Por una lado, al tener ya tu problema definido y claro, puedes crear una estrategia que te ayude a evitar ese fracaso.

Por ejemplo, en mi caso, pondría un papel con el esquema de la presentación junto a la botella de agua. Si me quedo en blanco, voy a beber, me tranquilizo y,mientras me sirvo el agua, echo un ojo a las notas sobre el papel. Mientras manipulo la botella y bebo me tranquilizo y puedo recuperar el hilo fácilmente.  ¡Y vuelta al ataque!

Pero además, el haber pensado en todos los escenario te permite preparar un plan B para paliar los efectos de ese fracaso si llegase a producirse. En mi caso, si hubiese sido tan desastroso, pues habría pedido poder repetir la charla o me presentaría voluntario la siguiente vez, para demostrar ante todos y ante mí mismo que realmente soy capaz de hacerlo bien.

6. Ríete de ti mismo

Y si todo sale mal… Pues aprovecha y conviértelo en un anécdota que siempre saque unas risas en las reuniones. Tú habrás aprendido mucho antes, durante y después del fracaso y además el hecho de normalizarlo y reírse de uno mismo quita hierro al asunto. Siempre, siempre tenemos que intentar disfrutar de todo lo que hacemos. Hasta de las cosas que hacemos mal.

Y continúa fracasando

Porque siempre serán muchos más los fracasos que los éxitos, o si no todos seríamos multimillonarios y famosos 😛 Pero si fracasas es porque lo estás intentando y sólo ese es el camino hacia el éxito. No tengas miedo a caer porque siempre te levantarás. Los efectos nunca son tan terribles como pensamos y las consecuencias de cada proyecto pueden ser enormemente positivas, incluso en formas que ni siquiera hemos imaginado.

En Biología he sufrido muchos fracasos. En la carrera suspendí algún examen, en más de una charla me he quedado en blanco ante alguna pregunta, me han rechazado un montón de artículos en distintas revistas, no logré la beca FPI la primera vez que la solicité, he mandado cientos de currículos a numerosas ofertas o simples autocandidaturas y en una inmensa mayoría de las veces o me han rechazado amablemente o ni tan siquiera me han contestado. He creado una campaña en Patreon que  ha sido un fracaso pues, salvo contadas pero maravillosas aportaciones, no he sabido movilizar a los lectores. Mi primer curso no he podido llegar a impartirlo porque no alcanzó el número mínimo de alumnos. Y antes de este blog llevé casi una decena de ellos (de relatos, de ofertas de trabajo para biólogos, personales, de asociaciones…). Y ninguno de ellos sobrevive.

Pero todo ello me ha enseñado mucho y me han convertido en el profesional que soy hoy en día. Y este blog, al que siguen más de 11400 personas en Facebook y con más de 1200 suscriptores activos, es el resultado de todos esos proyectos que he iniciado y que no funcionaron, así como de los que sí lo hicieron.

Conclusión

El fracaso es parte de la vida y es parte de esta carrera y esta profesión que es la Biología. Si sabes que vas a fracasar y te preparas para enfrentarlo correctamente, encajar los golpes y hasta extraer algo positivo, te será todo mucho más sencillo. Tampoco es cuestión de festejar el fracaso, porque no tiene sentido, pero sí que hay que restarle importancia y asumir que forma parte del currículo de cualquiera. Especialmente de aquellos más aventureros, innovadores e inquietos. Y que mira tú qué casualidad, suelen ser los que triunfan 😉

Así que adelante con todos tus proyectos, grandes o pequeños, y prepárate para fracasar. Porque es de fracasos de lo que está sembrado el camino del éxito, de intentos de encontrar ese sendero que te guiará hasta conseguir tus sueños. ¿Vas a quedarte sin buscarlo? 😉

Y con esta pequeña reflexión termino el post de hoy. Que últimamente se me van de las mano en cuanto a longitud. Si has sido tan valiente como para llegar al final de este post, da el último salto y cuéntame qué te ha parecido. Cuéntame como te enfrentas tú al fracaso. Cuéntame si has conseguido el éxito, si ha sido a la primera o después de numerosas intentonas. Cuéntame aquello que te preocupa y comparte tu historia conmigo y con el resto de los lectores. O comparte este artículo si crees que puede ayudar a alguien. Seguro que entre todos convertimos este post en un éxito 😉

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, empresas, éxito, fracaso, planificación, profesión, proyectos, trabajo

Cambios de rumbo en biología: ¿audacia o imprudencia?

02/06/2016 by Bichólogo 40 comentarios

La semana pasada te comentaba lo difícil que es elegir por dónde decantarte laboralmente y te daba algunas claves para decidirte. Las dudas son normales, porque la Biología es una ciencia enormemente amplia, a la par que fascinante, con muchas más salidas laborales de las que uno piensa. Sin embargo, una vez elegido lo que te gusta no terminan ahí los problemas. Lo más normal es que te gusten varias cosas a la vez. Pero no puedes dedicarte a todas… ¿O sí?

Hoy voy a hablarte de las ventajas e inconvenientes de cambiar de dirección durante tu trayectoria profesional. ¿Es bueno cambiar de una área a otra? ¿Puedo cambiar de objeto de estudio o de disciplina? ¿Hasta qué punto es bueno para mi currículo probar distintas ramas? Acomódate que esto va para largo 😉

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Cuando todo te gusta

Si eres de los que se preocupa porque no sabe si alguna otra rama de la biología puede resultarte tanto o más fascinante que la que ahora ocupa tus anhelos o tu tiempo, entonces este post es para ti 😉 Pero quizás seas uno de esos afortunados que siempre han tenido claro lo que quieren hacer y estás en el camino directo para conseguirlo. Entonces, en ese caso, también te interesa seguir leyendo este post 😛 Y es que, como te irás dando cuenta, no es lo mismo hacer algo por afición que dedicarte a ello en cuerpo y alma. Y cualquier trabajo, por bonito que sea, llega un momento en que te puede llegar a saturar.

A quienes nos apasiona la Biología es muy raro que sólo nos guste algo concreto. Esto es así por una sencilla razón: en Biología, como en la propia vida que estudia, todo está relacionado. Hay interconexiones en todas partes, no hay compartimentos estancos. Hasta los más grandes especialistas de una determinada materia necesitan de elementos de otras ramas (y de otras disciplinas distintas a la biología) para llevar a cabo su trabajo.

Esto es una enorme ventaja para la persona curiosa, que disfruta aprendiendo, experimentando y descubriendo nuevas cosas (y si estás leyendo este blog seguro que eres uno de ellas). Sin embargo, el tener tanto dónde elegir puede generar cierta ansiedad:

¿Me estaré perdiendo algo más interesante? ¿Y si hay algo mejor que lo que estoy haciendo? Es que me gustan tantas cosas…

Puedes relajarte. No sólo vas a tener que probar distintas áreas durante la carrera y, especialmente, durante tu desarrollo profesional, sino que seguramente te verás obligado a ellos, ya sea por avatares del destino, por imposición de las circunstancias o por una meditada decisión persona.

¿Por qué cambiar?

Ya reza el dicho «Más vale malo conocido que bueno por conocer» y por algo le llaman sabiduría popular, ¿no? Pero eso quizás valdría hace un par de décadas, cuando lo normal era comenzar a trabajar en una empresa o en una institución y hacerlo allí durante el resto de nuestros días. Si tenías suerte y era el trabajo de tu vida lo disfrutabas. Si por el contrario te habías equivocado en tu elección, estabas bien jodido.  Sin embargo, hoy en día la situación es muy distinta. Todo evoluciona a una velocidad enorme. Internet nos ha conectado con literalmente cualquier parte del mundo, difuminando los límites y las fronteras geográficas. Nunca tanta información ha estado tan al alcance de nuestra mano, a un par de clics de ratón (o en una pantalla táctil).

Este mundo de vertiginoso cambio nos ha abierto nuevas puertas al modo en que se relacionan empleado y empleador, así como nos ha proporcionado muchísima más información sobre múltiples campos, favoreciendo la multidisciplinaridad tanto en equipos de trabajo como a nivel personal. De este modo estamos más preparado para todos esos cambios a los que nos enfrentamos y, de paso, alimentamos nuestra curiosidad 😛 Esta accesibilidad a la información nos permite explorar nuevas ramas y disciplinas a un coste muy bajo tanto en términos de tiempo como de dinero. Antes, cuando necesitabas algo relacionado con otra disciplina consultabas a un experto. Ahora se lo puedes preguntar a Google 😛

Esta curiosidad puede llevarnos a querer profundizar en nuevos áreas que se han cruzado en nuestro camino mientras realizábamos algún proyecto. Lo normal es que se trate de algo cercano a lo que ya estás realizando, o simplemente una oportunidad que te surge de forma tangencial debido a la naturaleza de tu trabajo. Sea como fuere puede ser la chispa necesaria que ponga en marcha el motor del cambio.

Por otra parte, muchas áreas de la Biología conllevan una enorme dedicación en términos de tiempo y esfuerzo. Los horarios de 35 a 40 horas semanales y fines de semana libres son más la excepción que la norma en numerosas ramas, especialmente en la empresa privada y en el mundo de la investigación. Y eso puede ser agotador, sobre todo a nivel mental. Así que determinadas situaciones de estrés prolongado pueden convertir el cambio de rumbo en una cuestión prioritaria para la propia salud de uno 😛

Finalmente, a veces es cuestión de azar que te surja la oportunidad de cambiar a un área totalmente distinta a la que llevas trabajando hasta ahora. Tal vez pierdas tu trabajo y encuentres uno nuevo, tal vez sea alguna oferta que mejore tu situación actual. Sea como fuere, es algo que no depende enteramente de ti y aparece en el momento justo.

¿Cualquier cambio es válido?

Sí y no. Me explico. Habrá veces que no te quedará opción, independientemente si ese cambio es coherente con el resto de tu trayectoria profesional. Pero si el cambio es muy grande y es voluntario deberás sopesar cómo se adapta a tu trayectoria profesional. Recuerda que la línea que separa a un profesional generalista y adaptativo de uno cuyo currículo es un rosario de cosas sin sentido puede llegar a ser muy difusa a veces.

En general, los cambios pueden ser sanos, pues ayudan a completar tu currículo con nuevas habilidades y conocimientos. Sin embargo, tienes que intentar que esas nuevas habilidades y esos nuevos conocimientos estén hilados de alguna forma con los que ya poseías, que los complementen. Un cambio siempre debe sumar, debe hacer que cualquier transición en tu currículo sea suave, lógica, y no crear compartimentos independientes, experiencias totalmente aisladas la una de la otra. Porque eso resta eficacia a tu currículo profesional en la inmensa mayoría de los casos (¡aunque no en todos!). ¿Quién dijo que esto fuera fácil? 😛

En mi currículo, por ejemplo, no viene mi primer trabajo de tres días como técnico de hardware montando ordenadores 😛 Sí, la informática es muy importante hoy en día, pero obviamente desentona con el tipo de trayectoria hacia la que he pretendido enfocar mi carrera. Y, sin embargo, en mi currículo sí que aparece este blog, a pesar de que se aleja bastante del resto de mi trayectoria profesional. Pero, aunque distante, sí que ofrece información importante y relacionada con mi trayectoria: conocimiento de internet, interés por la divulgación, una experiencia profesional demostrada en los posts, un conocimiento de la profesión, una capacidad de adaptarme a las nuevas herramientas de hoy en día. Y además encaja con mi nuevo objetivo 😉

Tipos de cambio

No todos los cambios son igual de importantes ni tienen las mismas consecuencias sobre tu carrera. Se podrían clasificar de un montón de formas distintas, pero para hacernos una idea usaré esta sencilla clasificación:

1. Cambio de modelo de estudio

Típico del ámbito de la investigación, cuando estás estudiando la misma disciplina pero cambias tu objeto de estudio. Por ejemplo, alguien que ha estado estudiando ecología evolutiva en aves y de repente da el salto y comienza a hacerlo en peces. Puede parecer un gran cambio, pero no es así. Sigues usando las mismas herramientas y sigues estudiando las mismas cosas (o similares :P). Eso sí, puede requerir de un periodo de adaptación al nuevo bicho o planta en cuestión, pues cada especie modelo tiene sus propias particularidades.

Pero en el fondo, a nivel curricular, el cambio no es tan grande. Muchos científicos estudian diferentes especies tanto secuencial como simultáneamente. Y no todos los organismos son igual de útiles para estudiar determinadas cosas. Por eso puedes verte obligado a cambiar de especie de cuando en cuando ;). Y esto es válido no sólo en ciencia, sino para cualquier tipo de trabajo que emplee distintos elementos para conseguir fines similares (por ejemplo, censar distintas especies de mamíferos para una consultoría mediomabiental o aplicar distintas metodologías didácticas para transmitir los mismos conceptos a públicos diferentes).

2. Cambio de rama o disciplina

Estos tipos de cambios pueden ser más o menos grandes, en función de lo mucho o poco que se aleje de tu trabajo original. Generalmente, estos saltos se suelen producir por algún enfoque multidisciplinar que te hace interesarte por otro materia o línea de investigación distinta a la tuya.

Estos cambios pueden ser muy interesantes por dos motivos: primero la novedad, que suele dar una buena dosis de energía y curiosidad; segundo la ampliación de tu currículo. El moverte en diversos campos relacionados demuestra tu adaptabilidad y tu capacidad para integrar conocimientos desde distintas áreas.

Sin embargo, tampoco es cuestión de ir de flor en flor. La variedad está bien en el currículo, no así el caos. Procura que tu línea de trabajo o de investigación siempre siga una línea definida, aunque tengas algunas en paralelo.

Lo mismo se aplica a la empresa privada (y en cualquier otro ámbito de la Biología). Si estás en el ámbito de la consultoría, por ejemplo, tienes una gran variedad de opciones disponibles, cada una con su propia metodología: evaluación de impacto ambiental, elaboración de modelos en GIS, censos de distintos tipos de fauna y flora, pescas eléctricas, radioseguimiento… Estaría bien poder ser un especialista en todas ellas, pero es casi imposible. Intenta centrarte en algunas, a ser posible relacionadas entre sí, como por ejemplo censos de mamíferos terrestres, de desmán ibérico, de nutria… No seas simplemente aprendiz de todo y maestro de nada. Especialízate en alguna disciplina.

3. Cambio de área.

Estos cambios son más grandes y drásticos. Entre las razones que te pueden llevar a dar ese tipo de saltos están el propio mercado laboral, altamente inestable y conflictivo. Pero también puede ser una decisión personal, fruto de la falta de motivación, que te lleve a dar un nuevo rumbo a tu vida.

Hay que tener cuidado con este tipo de cambios porque, si no lo realizas correctamente, puede que tengas que empezar de cero tu currículo (o casi). Y es que, dadas las diferencias entre estas áreas, el orden en que realices el cambio puede ser muy importante: la experiencia ganada en un área A puede ser útil (total o parcialmente) en otra área B. Pero si el salto se produce de B hacia A quizás la experiencia no tenga por qué ser aplicable. Te explicaré mejor con un ejemplo:

Si estás trabajando en la Academia y decides pasarte a la empresa privada, toda la experiencia que has adquirido en la redacción de textos formales, búsqueda de bibliografía, manejo de animales, elaboración de proyectos, publicaciones científicas… podrían resultarte valiosas en tu nuevo empleo. Sin embargo, si provienes de la consultoría, por ejemplo, mucha de la experiencia acumulada no te será útil en términos académicos, igual que muchas de las publicaciones, que son en revistas divulgativas fuera del JCR.

Igual ocurre si vas desde la Educación a la consultoría medioambiental, o desde la educación a la academia. Muchos de los logros que hayas hecho en tu carrera no te servirán para el nuevo rumbo y tendrás que hacer tabula rasa y comenzar de nuevo. Por ese motivo es muy importante tener claro si a nivel laboral te va a merecer la pena ese cambio. Te juegas mucho en ello.

4. El cambio radical.

Aunque parezca mentira, este tipo de cambio es mucho más común de lo que piensas. Muchas veces nos encontramos en un callejón sin salida, en una situación que no nos gusta, encerrados en un trabajo que no nos llena o que nos impide realizarnos a nivel personal porque devora nuestro tiempo y nuestro ánimo. O simplemente, nos damos cuenta de que nos hemos esquivado y que hemos seguida la dirección equivocada.

Esto suele implicar un cambio de dirección dramático en tu carrera laboral, algo que no tiene nada que ver con lo que has hecho hasta ahora. En esto momentos, sin embargo, la coherencia del currículo es lo de menos. El cambio se convierte en algo vital per se. Nuestra vida, nuestro bienestar, nuestra paz mental, dependen de ello. Mucha gente teme a este tipo de cambios (con razón), quedándose paralizados por el miedo y dejándose llevar por la situación, que finalmente se perpetúa en el tiempo. Pero a veces son fundamentales y pueden encerrar la clave para recuperar nuestra vida.

Mi experiencia personal

Desde que comencé la carrera me gustó el mundo de la investigación. Di mis primeros pasos en la Academia gracias a mi colaboración con el grupo de investigación de biología evolutiva que había en mi universidad. Descubrí que aquello me gustaba y estuve colaborando con ellos hasta que terminé la carrera. Pero entonces llegó mi primer cambio: una oferta de trabajo en la empresa privada, en una consultoría ambiental. Estuve varios meses colocando cajas nidos para paseriformes en el Parque Nacional de Monfragüe y para carraca (Coracias garrulus) y primilla (Falco naumanni) en otras zonas protegidas de Extremadura. Fue una experiencia interesante, tanto a nivel personal como para hacerme una idea de todo lo que se cuece en el ámbito laboral (lo bueno y lo malo).

Sin embargo, la investigación me seguía llamando y surgió la posibilidad de irme a hacer el doctorado a Bolivia (segundo cambio y vuelta a la Academia). Por diversos motivos, incluida un pequeña revolución justo donde me iba a quedar, tuve que abandonar esa idea, así que hice mi primer intento de conseguir una beca predoctoral de Formación del Personal Investigador (FPI) en España pero sin éxito (quedé el segundo). Sin embargo, sí que conseguí un puesto de técnico de apoyo a la investigación en la universidad de Granada. De ahí fui hilando puestos de técnico y becas hasta lograr la ansiada FPI y con ello, iniciar el doctorado soñado. Ahí me mantuve varios años y fue cuando me formé realmente como investigador, interesándome también por  la competencia espermática (tercer cambio)  Hasta que llegó la crisis y las circunstancias me obligaron a aceptar una trabajo en una consultoría medioambiental (cuarto cambio), ya que se me acababa la financiación de la beca y no había muchas opciones de hilar con otra.

La época en la consultoría me sirvió para desintoxicarme de la carga personal y anímica que me había supuesto los últimos años del doctorado. Aprendí mucho en este nuevo campo y me hizo crecer como profesional, mientras seguía con la tesis y publicando como co-autor de cuando en cuando, además de asistiendo a algún congreso.  Finalmente terminé con la tesis y ahora mismo me encuentro en un nuevo proceso de cambio (el quinto ya) que aún no sé dónde me llevará. Muchas cosas en el horizonte pero todas por definir aún jeje.

Personalmente, estos cinco cambios (sin contar las veces que he cambiado de especie de estudio :P) me han aportado muchas muchas cosas, todas positivas. Bien es cierto que buena parte de lo que he hecho en la consultoría ambiental no me ha valido para mi currículo científico, pero sí como profesional de la biología. Sin embargo, muchas de las cosas que he aprendido y de las habilidades que he desarrollado en mi trabajo en la Academia me resultaron muy útiles en la consultoría. Y es más, si ahora me decidiese a dedicarme a la educación, por ejemplo, todo lo aprendido y logrado hasta ahora en todos los ámbitos me sería muy útil de cara a aplicarlo a las clases.

Hoy en día estoy en un proceso de profundo cambio y este blog es hijo de este tiempo. Mis objetivos han cambiado radicalmente, como lo han hecho mis prioridades. Estoy sumido en medio de un giro radical y profundo. Un cambio para el que, curiosamente, todos mis anteriores trabajos me han preparado, incluso sin yo saberlo. Porque siempre he perseguido mi objetivo, porque siempre me he mantenido fiel a él. Y es que lo más importante no son los objetivos, sino el camino que recorres para llegar a ellos.

Concluyendo

Como ves, no existe una camino bueno ni marcado. Todo depende lo que nosotros busquemos conseguir, de a dónde queremos llegar. Es muy importante empezar a plantearse estas cosas desde la carrera, por muy pronto que te parezca. Conozco a gente que ha estado trabajando muchos años en investigación, hicieron un doctorado por ser la salida natural y finalmente decidieron dejarlo todo por completo. Pero se han encontrado que, más allá de la carrera y la investigación, no tenían experiencia en nada más, no sabían qué otra cosa podrían hacer. Y te aseguro que no quieres ese futuro para ti.

¿Esto significa que debes elegir sí o sí el primer año de carrera y obcecarte en ello? No y rotundamente NO. En lo que te tienes que centrar es en pensar qué quieres hacer, qué es lo que realmente te gusta, lo que sueñas estar haciendo de aquí a 10, 20, 50 años. Pero no te agobies por el tiempo porque, como te he dicho, ese objetivo que te marques no estará escrito en piedra, irá cambiando con el paso del tiempo, igual que cambiarás tú. Pero sí debes centrarte en algo que de verdad te apasione en este momento. La carrera es el mejor momento para experimentar, para probar, para aprender. Y para dar los primeros pasos en la dirección adecuada.

Sí, hay posibilidades de cambiar de rumbo, y a veces es muy saludable, laboral y anímicamente hablando. Pero siempre y cuando tengas claro que te mantienes en la dirección que quieres recorrer. Siempre que seas consciente de adonde vas y siempre que no te dejes llevar simplemente por impulsos o consejos ajenos a lo que realmente persigues.  Si eres fiel a ti mismo estos cambios vendrán solos y de forma natural. Prueba, experimenta, arriesga, pero no vayas como pollo sin cabeza.

Si para conseguir tu objetivo tienes que hacer un cambio radical, no lo dudes y hazlo. No tengas miedo. Podrá salir bien o mal, pero si es algo que realmente quieres, algo que realmente necesitas, te será enormemente útil y aprenderás mucho en el proceso. Pero lo más importante de todo es que estarás tomando el control de tu vida, estarás tomando la iniciativa frente a las circunstancias. Y esa sensación no tiene precio, créeme 😉 Y sobre todo, graba esto a fuego en tu cabeza: Nunca es demasiado tarde para hacer lo que realmente quieres.

Ahora te toca a ti contarme qué opinas de los cambios. ¿Crees que cualquier cambio es bueno? ¿Has hecho algún cambio de rumbo importante en tu carrera? ¿Estás sufriendo ahora algún proceso de cambio de los que describo en este artículo? Cuéntamelo y compártelo con el resto de los lectores. Seguro que mucha gente está en la misma situación que tú y entre todos podemos ayudarnos 😉

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, carrrera, ciencia, decisión, investigación, motivación, trabajo, universidad

Guía básica para encontrar tu camino en biología

26/05/2016 by Bichólogo 79 comentarios

La Biología es una ciencia amplísima. Tanto es así que algunas ramas se han escindido hasta conseguir entidad propia, como la Medicina (que no es más que una parte de la biología humana). Esto provoca dos grandes problemas: por una lado, resulta complicado elegir qué es lo que realmente nos gustaría hacer, y por el otro, existe a menudo la tentación o la necesidad de cambiar de campo de estudio.

En el artículo de hoy voy a hablar sobre el primero de estos problemas, el cual está muy relacionado con el tema de la vocación sobre el que escribí hace poco tiempo. Pero en este caso va mucho más allá. La vocación puede ser algo muy amplio, mientras que durante la carrera primero, y después, cuando comiences a trabajar, vas a tener que ir tomando una serie de decisiones muy concretas, encaminadas a definir y delimitar la que será tu especialización. Y lo que voy a contarte es una guía básica para encontrar la mejor forma de ir tomando esas decisiones. Comenzamos 😉

Cruce de carreteras con el título del artículo superpuesto

1. La búsqueda de la vocación

Todos tenemos nuestras pasiones, aquello que nos produce gozo o alegría, con lo que disfrutamos profundamente. Quizás aún no las hayas encontrado (aunque si estás leyendo este blog seguramente la biología sea una de ellas ;)); quizás las hayas descubierto hace años. Pero sea como fuere, es importante que tengas claro si la biología forma parte de ellas. Y es que, como he dicho un millón de veces, esta profesión es tremendamente vocacional. Sólo si eres una apasionado de la carrera podrás enfrentarte no sólo a su dificultad, sino también a todos los sinsabores que conlleva.

Debes saber que la Biología es tremendamente exigente: a nivel de conocimientos, a nivel de tiempo, a nivel de esfuerzo y, sobre todo, a nivel de compromiso. Habrá épocas que exija estar por encima de todo, mientras otras se conformará con tan sólo devorar buena parte de tu tiempo. Pero es que, además, nada te asegura que vayas a tener éxito, que apruebes la carrera o que consigas trabajo como biólogo/a.

Si ahora eres tan inconsciente de seguir pensando que aún así te quieres dedicar a esto… Enhorabuena, parece que lo tuyo con la Biología es vocacional 😉 Y el hecho de que hayas leído hasta aquí, o que incluso hayas sonreído pensando «pero si no podría ser más feliz que trabajando en eso» lo demuestra. Este es, sin duda, el primer paso firme que has dado para decidir en qué quieres trabajar 😉

2. ¿Bota o bata?

Una de las grandes preguntas que se hace todo biólogo en algún momento. O no, porque algunos, entre los que me incluyo, lo supimos desde siempre :P. Pero es una decisión no carente de importancia. Aunque vaya por delante que ambas no son mutuamente excluyentes. Es más, seguramente tengas que mezclar campo y laboratorio más de una vez, y en el mismo día, con la bata y las botas puestas 😉 Pero analicemos cada una de las opciones por separado:

El biólogo de bota

Suele asociarse este termino con los botánicos y zoólogos, aquellos profesionales cuyo objeto de estudio siempre está en el campo. Aunque pronto comprobarás que nada es blanco o negro en esto de la biología, y que hasta los biólogos más camperos tienen que volver al laboratorio a menudo, incluso por largas temporadas. Pero se supone que los miembros de este gremio pasamos mucho tiempo haciendo trabajo de campo, estudiando la flora o la fauna en su ambiente natural.

Si te gustan el trabajo físico, el campo, y eres capaz de manejarte bien en áreas remotas durante largas jornadas de trabajo, entonces éste seguramente sea tu sitio. El trabajador «de bota» suele estar en vuelto en un aura de aventura, al más puro estilo de Indiana Jones. Y aunque a veces es así, tengo que decirte que la realidad es, con frecuencia, muy distinta. A veces las zonas remotas pueden ser una colonia de cría en un edificio justo al lado de la universidad (lo digo por experiencia propia :P) y la fauna salvaje a estudiar, un humilde gorrión. Pero también puede ser que tengas que viajar a sitios exóticos o trabajar con grandes mamíferos africanos, por ejemplo 😉

El biólogo de bata

Éste suele ser la imagen que la gente tiene del científico estándar: alguien con pelo blanco (mal peinado :P), una bata (también blanca), algunos bolígrafos en el bolsillo y que se pasa la vida encerrado entre matraces humeantes en el laboratorio, vertiendo misteriosos y extraños líquidos desde su bureta. Y aunque hay de todo (y he conocido alguno así), una vez se peca de prejuicios 😛 El trabajo de laboratorio siempre suele implicar largas temporadas sin salir al campo. Y hay muchos biólogos que no necesitan salir del laboratorio en absoluto para tomar datos o muestras. Si están realizando estudios de linajes celulares o de cepas corrientes que se pueden conseguir fácilmente, entonces no hay necesidad de ir a capturarlos. Pero si estudias parásitos sanguíneos de aves, por ejemplo, no te queda otra que tomar las redes japonesas y capturar tú los ejemplares para sacarles una muestra de sangre.

El trabajo de laboratorio no suele ser muy exigente a nivel físico, pero te tiene que gustar pasarte muchas horas entre cuatro paredes. Además, requiere el manejo de maquinaria complicada, técnicamente avanzada y, sobre todo, muy cara. Y eso suele molar mucho :P. Si te gusta cacharrear con aparatejos y poder montar tus experimentos desde la comodidad de un laboratorio deberías probar aquí.

3. Academia, empresa privada o trabajo público

Otras grandes áreas que puedes explorar como posibles candidatas son la investigación académica, la posibilidad de trabajar en un empresa privada o conseguir algún tipo de trabajo público. Todas ellas son salidas labores importantes para cualquier biólogo, da igual si eres de bota o de bata.

La Academia

Es una de las salidas naturales de las carreras de ciencias: convertirte en científico. La posibilidad de desentrañar los misterios que encierra la naturaleza es una perspectiva fascinante, pero también es cierto que se trata de una de las ramas que más desgaste personal y anímico produce. La investigación científica produce sentimientos muy encontrados en todos los que trabajamos o hemos trabajado en ella alguna vez.

Si eres resistente a la presión, si te seduce investigar en lo desconocido y poner tu granito de arena en el conocimiento que el ser humano tiene del mundo que le rodea, si tu voluntad es férrea, entonces quizás éste sea tu sitio. La Academia ofrece sensaciones y momentos intensos y curiosos, así como enormes posibilidades de aprender. Será una montaña rusa de emociones, habrá días que creerás que no merece la pena, pero habrá otros que pensarás que no puede existir mejor trabajo en el mundo. Una profesión llena de alegrías y decepciones (a veces hasta simultáneas :P).

Son muchos los que abandonan la Academia en un momento u otro de su carrera: ya sea por cansancio, por hastío, por falta de financiación… Pero también son muchos los que viven de la investigación, aunque cada vez sea más difícil por culpa de los políticos y su desprecio por la ciencia. Desde luego, no será una experiencia que te deje indiferente, sino que te marcará seguramente de por vida. A día de hoy, cuando estoy varios meses sin trabajar en ciencia la echo de menos, mucho más de lo que pensaba cuando estaba a punto de mandar al carajo a la tesis doctoral allá por 2011 😛

Finalmente, la Academia te ofrece infinidad de campos que explorar: ecología evolutiva, microbiología, botánica, inmunología, genética… Una enorme variedad de áreas temáticas y de objetos de estudio que difícilmente no colmará tu curiosidad científica. Si te gusta la ciencia de forma activa aquí encontrarás tu nicho sin duda alguna 😉

La empresa privada

Un biólogo puede trabajar de muchas cosas en la empresa privada. Y no hablo ya de una investigación aplicada o en laboratorios e instituciones privadas, sino en el más puro ámbito empresarial. Desde el trabajo en una consultoría ambiental, al ecoturismo, pasando por la fotografía de naturaleza y los documentales, hasta ser guía de naturaleza o montar tu propia empresa relacionada con el medio ambiente. Las posibilidades son infinitas.

Pero también son muchos los riesgos, las responsabilidades y los factores a tener en cuenta. Trabajar para otros, hacer cosas de forma distinta a como a ti te gustaría o una gran inestabilidad laboral son sólo alguno de los factores que te pueden desanimar a meterte en la empresa privada, tanto como empleado como emprendedor.

Sin embargo, la empresa privada puede ser mucho más lucrativa que la pública o que la Academia, y puedes llegar a tener total libertad si te decides a ser tu propio jefe y montar tu propio negocio. Además, la forma de trabajar, el enfoque y los resultados son totalmente distintos. Todo es mucho más aplicado, frente a la Academia, donde la mayor parte del trabajo tiene que ver con la investigación pura.

Si no buscas una gran estabilidad, te gustan los riesgos y los retos y que tus esfuerzos vayan orientados a conseguir resultados útiles y aplicables a corto plazo, entonces deberías rebuscar algo más en el mundo de la empresa privada y sus múltiples salidas.

El trabajo público

Una de las salidas favoritas para muchos, tanto si es trabajando como biólogos para los distintos programas y áreas de cada gobierno como si es en el ámbito de la educación pública. Un camino que se presenta marcado, pero igualmente interesante. Además, la gran ventaja es que, al menos en España, es un trabajo de por vida. Un sueldo estable (en general no demasiado elevado) pero que siempre va a estar ahí por el resto de tu vida.

En un mercado laboral tan convulso como el nuestro, donde los puestos de trabajo se crean y destruyen a una velocidad difícil de creer, lo que hace unos años era un empleo seguro en la empresa privada puede desaparecer de un momento a otro hoy en día. Y en medio de esta feroz inestabilidad, el remanso de paz que te ofrece un trabajo realmente fijo y estable no es desdeñable jeje Además, algunas de las actividades ejercidas por estos funcionarios no sólo son interesantes, sino además muy importantes de cara a la conservación de medio ambiente.

Por no hablar de la educación. Hoy en día dar a conocer la ciencia a los niños y jóvenes es una labor tan importante como apasionante y ardua. Porque no sólo tienes que adaptar conceptos complejos y llenos de tecnicismos a un idioma reconocible por los estudiantes, sino que tienes que ofrecer esos conocimientos de forma atractiva. Y eso, en un mundo tan saturado de información y lleno de distracciones como el actual, es todo un reto.

Si buscas estabilidad, un buen trabajo, posibilidad de ejercer en conservación o educando a otros y con cero riesgos, entonces el trabajo público es lo tuyo 😉 Probablemente no te harás rico con ello pero… ¿quién pretende realmente hacerse rico con la biología? 😛

Ya he encontrado mi sector… ¿Y ahora qué?

¡Muy bien! Ahora sólo te queda profundizar dentro del campo elegido. Puedes hacerlo de forma teórica, buscando información en internet, o también de forma práctica, contactando con profesionales del gremio, consiguiendo unas prácticas de empresa durante la carrera, yendo a congresos, por medio de un voluntariado o empezando a colaborar con un grupo de investigación en tu universidad. Todo es cuestión de probar, probar y probar.

A menudo no sabemos si algo nos gusta hasta que no lo experimentamos por nosotros mismos. Por eso intenta configurar bien las asignaturas optativas o de libre elección para no sólo complementar tu formación, sino también para poder probar un poco de esas áreas que te interesan pero no sabes si tus expectativas se adaptan bien a la realidad. Y por favor, aunque todos lo hayamos hecho alguna vez, no elijas una asignatura simplemente por lo fácil que sea aprobarla. Elige con sentido y responsabilidad ;).

¿Y si resulta que no lo he encontrado?

Si aún no sabes qué hacer, no te preocupes y sigue dejándote llevar por tu instinto. Si lo que te gusta es la Biología estoy seguro de que tarde o temprano algo interesante se te cruzará en tu camino. Prueba, experimenta, viaja, pregunta, investiga. Al fin y al cabo es eso, y no otra cosa, lo que hacemos los biólogos 😉

Y con esa pequeña reflexión me despido hoy de ti. Pero antes me gustaría preguntarte algo: ¿Has encontrado ya tu lugar en esto de la biología? ¿Ya sabes a qué te quieres dedicar? ¿Estás probando alguno de los grande sectores de los que te hablo en el blog? Cuéntame tu experiencia y tus dudas en los comentarios e intentaré echarte una mano. Además, seguro que hay mucha más gente en una situación como la tuya a las que tu comentario podría ayudarles mucho 😉

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, carrera universitaria, decisión, elección, estudios, vocación

Trabajar en un grupo de investigación: mi experiencia personal

19/05/2016 by Bichólogo 10 comentarios

Una de las cosas más difíciles durante la carrera es conseguir algo de experiencia práctica. Y no me refiero a prácticas de laboratorio o salidas al campo, no. Me refiero a experiencia real, en un trabajo real, realizando labores propias de un investigador, de modo que cuando salgas al inclemente mundo laborar seas capaz de afrontarlo con un mínimo de garantías.

De entre todas las maneras posibles de adquirir dicha experiencia la más asequible y fácil es, sin duda, colaborar con algún grupo de investigación. Mucha gente ni siquiera sabe que existe esa posibilidad y terminan la carrera con un gran número de conocimientos pero sin tener ni la menor idea de como se aplican en el mundo real. Así que hoy te voy a contar como llegué yo a estar trabajando varios años en uno de estos grupos de investigación de mi universidad ???? Pero te adelantaré que no sólo ha sido una experiencia de lo más enriquecedora a todos los niveles, que no sólo he conocido a buenos amigos que aún mantengo, años después, sino que todo lo que he conseguido en el ámbito de la investigación, tesis incluida, se lo debo a esos años. Y sin ellos, yo probablemente no sería el mismo que soy ????

Trabajar en un grupo de investigación: mi experiencia personal

¿Cómo llegué a entrar en el grupo de investigación?

Ya te he comentado que cuando comencé la carrera me encontré que el primer año de Biología era muy distinto al que me había imaginado. Eso me desanimó un poco pero, habiendo curioseado en las asignaturas de los años siguientes, sabía que después venía lo mejor y que la cosa mejoraba sensiblemente. Así que pasé mis primeros años bregando contra la bioestadística, la física, la química, las matemáticas… Pero en el tercer año ya tenía ganas de probar cosas nuevas. De hacer algo verdaderamente interesante, algo de eso que hacen los biólogos de verdad. Ya había visto que había gente que colaboraba con los grupos de investigación, pero no tenía muy claro cómo se conseguía eso. Sabía que me gustaba mucho el comportamiento animal, así que hablé con mi colega el bioblologo y decidimos subir al despacho del catedrático de Zoología, que también era el director de grupo de investigación en Etología.

La verdad es que no tengo muchos recuerdos de aquella charla. Sé que me impresionó su despacho, todo lleno de cráneos de los bichos más diversos, conseguidos durante sus viajes por el mundo: un jaguar, un delfín, algún caimán… y hasta un par de cráneos de gorila. En definitiva, un lugar fascinante y evocador para dos bisoños estudiantes como nosotros. Y sin saber muy bien qué decirle, pues nos adentramos en aquel despacho que nos terminaría resultando tan familiar y y le dijimos que nos encantaría colaborar en su grupo. En realidad no teníamos muy claro que podíamos hacer, pero sabíamos que queríamos aprender. Y debimos de transmitirlo, porque el catedrático nos dijo que estaban llevando a cabo varios experimentos y que les vendría bien algo de ayuda con el trabajo de campo. Pero que si íbamos a participar que necesitaríamos un cierto grado de compromiso, una cierta continuidad. Asentimos sin dudarlo ????

No podíamos creernos nuestra suerte. ¡Íbamos a colaborar con biólogos de verdad! Estábamos exultantes. Hoy en día, cuando miro hacia atrás, sonrío al recordar quiénes éramos cuando entramos aquel día y quiénes éramos cuando nos fuimos, varios años después. Y es que, querido lector/a, la decisión de ir a hablar con aquel catedrático ha sido una de las mejores decisiones de toda mi vida.

Comenzando en el mundo de la investigación

Dicen que los comienzos son duros y algo de verdad hay en ello. Pero quizás sea por la ilusión que tenía entonces, quizás por la enorme cantidad de información que tenía ante mí, o por el simple hecho de tener la oportunidad de trabajar con animales tan de cerca, el caso es que tengo muy buen recuerdo de esos primeros y tímidos pasos en el mundo de la investigación. Y no te creas que hice algo espectacular y tremendamente interesante. Lo primero de todo es aprender, así que la única función que podía llevar a cabo en esos primeros momentos era… anotar. Sí, me dedicaba a ir apuntando todos los datos en las hojas y pasándolos a Excel. Apasionante ????

Pero en el proceso fui aprendiendo muchísimo más de lo que me imaginaba. Por aquel entonces estaban estudiando gorriones comunes (Passer domesticus) en el aviario, haciendo distintos estudios. Mientras iba anotando todo lo que me decían aprendí cómo se coge correctamente un paseriforme con una mano, de modo que tengas la otra libre para hacer las mediciones; cómo se miden los distintos caracteres morfométricos (pico, tarso, quilla, recreces…); cómo se toman muestras de sangre, cómo se almacenan, cómo se hace un frotis y qué es una centrifugadora de capilares. También aprendía cómo se realiza un experimento, qué es el grupo control o cómo se usaban la fitohemaglutinina y el PBS para medir la respuesta inmune de un ave. Todos ellos conocimientos que, de otra manera, no habría adquirido durante la carrera y que posteriormente me resultaron tremendamente útiles.

El día a día consistía en capturar gorriones en los aviarios, asistir a cómo se hacían los experimentos y leerme artículos que me iban pasando para saber qué es lo que realmente estaba haciendo, en vez de realizar el proceso mecánicamente. También pasaba tiempo en el laboratorio, aprendiendo a centrifugar las muestras de sangre para separar el plasma de las células, o charlando con los demás investigadores, empapándome de todo lo que podía y aportando en la medida de mis posibilidades.

Empiezan las publicaciones

Y todo trabajo tiene su recompensa. Y este, aunque aún no cobrase por él, también. Cuando llevaba ya algún tiempo colaborando con ellos, surgió la posibilidad de ir al IX Congreso Nacional y VI Iberoamericano de Etología en Madrid, allá por 2002. Y como habíamos trabajado mucho y bien, pudimos presentar algunos pósters. Y bien productivo que fue. No sólo conseguí las primeras publicaciones de verdad, sino también participé en un curso que se organizaba de forma paralela. Después vino mi primera mención en un artículo. No como co-autor, pero sí en los agradecimientos, cosa que me hizo mucha ilusión por aquél entonces.

Hoy en día, sin embargo, las cosas son distintas y los tiempos van cambiando a paso agigantados. Las publicaciones en congresos ya no son tan valiosas y debes tratar de publicar tu primer paper cuanto antes, aunque sea como co-autor, o te quedarás muy atrás en la carrera por conseguir cualquier vacante o beca. La competitividad hoy es muchísimo más alta que por aquellos años en que yo comenzaba en el departamento.

Poco a poco, me fui formando y adquiriendo cada vez más responsabilidades y asistiendo a más congresos. Ya no sólo colaboraba tomando notas en los experimentos o en el laboratorio, sino que me encargaba del seguimiento de las cajas-nido instaladas por todos los tejados de la facultad. Esto implicaba ir cargado con una gran escalera metálica y comprobando uno a uno los nidos, para ver si estaban ocupados o no, cuándo comenzaba la reproducción, cuántos huevos ponían, cuántos pollos nacían, anillar dichos pollos y posteriormente ver cuántos sobrevivían. Además, también había que capturar a los padres en cada nido y poder ver quién era padre de quién 😛

Todo ello me suponía ir dedicando cada vez más tiempo al departamento. A menudo mis compañeros estaban en clase o tomando una cerveza en las horas libres mientras yo estaba por los tejados de facultad, revisando nidos de gorrión, pertrechado con una caja de herramientas con todo lo necesario para anillar los pollos y los adultos que iba capturando. Sin embargo, no descuidé tampoco las clases, asistiendo a aquellas más complicadas y consiguiendo los apuntes de las clases a las que faltaba, además de dedicar muchas horas a recuperar el tiempo estudiando en la biblioteca (y echando también alguna partida de dardo o de billar, para que nos vamos a engañar :P). Pero si uno se organiza bien, siempre hay tiempo para todo 😉

Sin embargo, al terminar la carrera, me surgió aquel voluntariado en Perú y meses después la posibilidad de tener mi primer trabajo pagado. Así que abandoné el departamento de zoología de forma indefinida. Pero para aquel entonces ya tenía en mi haber 4 pósters en congresos, lo que venía a ser 4 pósters más que la inmensa mayoría de mis compañeros de carrera, a la par que una experiencia de lo más provechosa.

La vuelta al grupo de investigación

Aquella primera experiencia laboral duró algunos meses, pero luego surgió  la posibilidad de hacer el doctorado en Bolivia. Oportunidad que se disipó al estallar una pequeña revolución justo en la ciudad donde iba a quedarme. Encadené un trabajo de técnico en otra universidad y, por azares del destino, me surgió la posibilidad de volver al mismo grupo de investigación, con la misma gente, sustituyendo al Bioblogo, que por aquel entonces comenzaba sus periplos por el mundo y tenía que dejar su puesto de técnico de apoyo a la investigación.

Esto me permitió seguir alimentando mi currículo y optar a una beca para no doctores de mi universidad, cuyo trabajo cristalizó en la publicación de mi primer artículo y además como primer autor. Ya no sólo tenía experiencia práctica de campo, sino también con el trabajo de gabinete. Mi currículo era cada vez más completo y todo esta experiencia previa me abrió el camino hacia la consecución de una beca predoctoral de cuatro años en ese mismo grupo de investigación, con todo lo que conllevaba: escribir y publicar más artículos, realizar estancias breves en el extranjero y asistir a más y más congresos. Un efecto bola de nieve que me fue abriendo nuevas puertas con el paso del tiempo.

Concluyendo

Un hecho tan simple, al menos en apariencia, como atreverme a acercarme al despacho del catedrático a decirle que me encantaría colaborar con el Área de Zoología cambió para siempre mi futuro, marcando profundamente mi trayectoria estudiantil y laboral. Si duda fue una etapa crucial que comenzó a definirme como el profesional que soy ahora mismo y que además me preparó para todo lo que estaba por venir.

A menudo no somos conscientes de la importancia de todo lo que hagamos mientras estudiamos la carrera de biología ni de las repercusiones que todo ello puede tener en nosotros en el futuro. Y muy a menudo también nos damos cuenta demasiado tarde que podríamos haber aprovechado esa etapa mucho más de lo que lo hicimos. Toda la gente que conozcas durante esos años, todas las relaciones profesionales o de amistad que establezcas con otros profesionales, todos las publicaciones que acumules y todos los conocimiento que atesores se convertirán en la mejor arma que encontrarás al enfrentarte al incierto panorama laboral actual.

Nadie puede asegurarte que colaborando con un grupo de investigación vas a encontrar trabajo seguro y que te harás un hueco en la Universidad. Pero lo que sí te puedo decir es que la experiencia que adquirirás, las vivencias que tendrás, no sólo son impagables, sino que no podrás adquirirlas por otros medios durante la carrera. No dejes escapar esta suculenta oportunidad que te brindan los grupos de investigación. Aunque no te quieras dedicar a la investigación profesionalmente, la experiencia que adquirirás te servirá a muchos niveles: organización del trabajo, disciplina, esfuerzo, redacción de documentos formales y/o científicos…

Es una posibilidad que todo el mundo tiene a mano pero que, por desconocimiento, miedo, inseguridad o desinterés, deja pasar de largo. Y cuando llegue el momento de presentar tu primera candidatura a un trabajo y soliciten experiencia, habilidades demostrables de redacción, interés por la investigación o habilidad para trabajar largas jornadas de campo en lugares remotos, entonces te acordará de este post y de la magnífica oportunidad que perdiste.

Sin embargo, no te duermas en los laureles. El mundo hoy es tremendamente competitivo y necesitas estar actualizándote y compitiendo constantemente. Lo que era válido cuando yo colaboraba con aquel grupo de investigación no tiene por qué serlo hoy en día. En aquella época internet daba sus primeros pasos en los hogares de clase media, no existían las redes sociales y los blogs no tenían el poder que tienen ahora. La información circulaba mucho más lentamente que hoy en día. Así que, para aprovechar estas oportunidades que te brindan las colaboraciones con los grupos de investigación tendrás que emplear todas esas nuevas herramientas que están a tu disposición y tendrás que enfrentarte a nuevos retos y a distintas exigencias. Ya no vale con un par de pósters en un congreso para destacar. Tendrás que exigirte mucho más a ti,sí, pero también valorar tu propio trabajo y hacerte valer. No te despistes y, sobre todo, no te confíes 😉

Y esto es todo por hoy. Espero que el post te haya resultado interesante. ¿Tienes alguna experiencia trabajando en un grupo de investigación? ¿Tienes pensado entrar a formar parte de alguno? ¿Te gustaría dedicarte profesionalmente a la investigación? Cuéntamelo todo en los comentarios o escríbeme en cualquier de las redes sociales 😉

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Afición, vocación y profesión en el ámbito de la biología

05/05/2016 by Bichólogo 26 comentarios

La Biología es una carrera muy vocacional. No todo el mundo es capaz de adaptarse a lo que te demanda y puede llegar a ser muy duro dedicarse a ella si no es lo que verdaderamente gusta. ¿Pero qué es la vocación y cómo se distingue de una mera afición? ¿El tener vocación convertirá tu profesión en un camino de rosas? ¿Si te gusta la Biología vas a disfrutar de cada paso y lograrás tu meta sin duda? Definitivamente, no. Y hoy te voy a contar por qué.

Afición, vocación y profesión en el ámbito de la biología

Afición versus profesión

Una afición es, según la Real Academia Española:

Inclinación o atracción que se siente hacia un objeto o una actividad que gustan.

Esto tiene diversas implicaciones, entre la que destaca sobre todas la ausencia de obligación. Puedes realizar algo simplemente porque te gusta y sólamente cuando quieras y te apetezca. Parece una obviedad (y de hecho lo es) pero mucha gente parece olvidarse de ello.

Generalmente se asume que los biólogos trabajamos de lo que nos gusta y que, por tanto, cualquier queja, lamento o sufrimiento está de más. Y esto no puede ser más injusto. Desde el momento en que percibimos una retribución (si somos afortunados)  deja de ser una afición. Se contraen una serie de obligaciones que no se pueden posponer o eliminar, convirtiéndose en una profesión igual que cualquier otra.

Todo esto implica que, aunque te guste mucho salir al campo y observar aves, o colocar cámaras de fototrampeo o buscar desmanes en los ríos más diversos, seguro que no te hace ilusión cuando la temperatura cae por debajo de cero, cuando llueve intensamente o cuando tienes que estar haciendo jornadas de 14 horas, lejos de tu familia, tus amigos o tu pareja. Pero así es el trabajo, y así hay que hacerlo.

Y entonces, ¿qué es la vocación?

Cuando somos pequeños todos tenemos sueños, aspiraciones y pensamos a menudo sobre a qué nos dedicaremos de mayor. Tenemos múltiples ideas preconcebibas sobre la carrera de biología. algunas más erradas que otras. Y cuando empezamos la carrera muchas de ellas se desmoronan. Y es entonces, cuando todo se tuerce, cuando verdaderamente descubres si lo que tú tienes es vocación o sólo una mera afición.

La vocación es ese nexo, esa bisagra que vertebra el paso de convertir tu afición por la biología en la profesión de biólogo. Es un impulso, una pasión que te ayudará a sobreponerte a los problemas, que va más allá del mero gusto o inclinación por una actividad y que enraiza en lo que realmente somos y en como vivimos la vida. De hecho, será la forma en la que entiendas la vida y el mundo una vez que la descubras. Y será la brújula que te guiará en la búsqueda de tu felicidad y tu realización personal. Como verás, no es algo que debas tomarte a la ligera 😉

¿Cómo descubro mi vocación?

Me temo que eso yo no te lo puedo decir. Ni nadie, realmente. Es algo que sólo tú puedes descubrir. Todos tenemos muchas aficiones, pero la verdadera vocación no sólo es escasa, sino que a menudo puede que pasemos nuestra vida sin haberla descubierto. Pero no te preocupes, intentaremos que no te pase a ti 😉

La mejor forma de descubrir tu vocación es, simplemente, probando. Así de sencillo y, a la par, de complicado. Lo más normal es que la encuentres entre tus aficiones, pues se relaciona con nuestra tendencia o nuestra inclinación natural a hacer algo. Pero no tiene por qué ser así. Nuestras aficiones nacen de aquello que conocemos y nos gusta. Pero en un mundo tan inmenso como el nuestro, son muchas más las cosas que desconocemos. Por eso, experimentar no sólo entre tus aficiones, sino en otros campos desconocidos, puede ayudarte a descubrir aquello que realmente te llena, lo que te hace sentir realizado. Entonces ya vamos por buen camino 😉

Lo interesante, el verdadero reto, es cuando tienes que consagrarte a una determinada ocupación en concreto. Cuando comienzas a invertir tiempo y auténtico esfuerzo en algo es cuando ponemos a prueba nuestra verdadera vocación. Y si pese a todos los sinsabores, pese a todos los inconvenientes, pese al agotamiento que te produce, sigues disfrutando lo que haces, enhorabuena, porque has descubierto tu vocación 😉

¿Entonces ya está todo hecho?

¿Qué fácil sería verdad? Pero tengo que darte una mala noticia. Por mucho que hayas descubierto que la biología es tu vocación, de que se ha convertido en tu pasión y en el cristal a través del que ves el mundo, eso no significa que si encuentras trabajo de esto va a ser todo un camino de rosas.

Cuando nos pagan por primera vez por un trabajo relacionado con la Biología tendemos a pensar que nada puede ser mejor.  ¡Ganar dinero por algo que antes hacíamos gratis! Todos hemos pensado eso alguna vez, ¿verdad?. Pero todos hemos estado confundidos.

Cualquier trabajo, por maravilloso que sea, termina por hacerse repetitivo. Da igual lo mucho que te guste, siempre llegará un momento en el que acabes agotado y hasta cierto punto, asqueado. Bien sea porque se termina convirtiendo en algo mecánico, bien sea porque resulte agotador mental y físicamente o quizás porque no siempre apetece hacer las mismas cosas, al final siempre necesitas romper con la rutina y deseas desconectar del trabajo.

Por eso es importante buscar un equilibrio. Intentar que el plano laboral no afecte a tu ámbito personal, que no se mezcle totalmente la afición y la vocación con la profesión, o se podría llegar a dar el caso de que termines tan asqueado del trabajo que no quieres hacer nada relacionado con lo que antes era tu afición.

La gran recompensa

 

Sin embargo, hacer algo por vocación tiene algo muy muy bueno: la pasión por lo que haces. Y es que todos los biólogos de pura cepa que conozco son apasionados de su trabajo: no importa si se dedican a la conservación, a desenterrar huesos prehistóricos, a compaginar investigación con recopilar ofertas de trabajo para otros biólogos o a hacer geniales diseños biológicos de camisetas. Todos ellos lo hacen con un pasión contagiosa, inspiradora. Cuando te hablan de lo que hacen lo comunican de un modo tan vibrante que siempre queréis saber más. ¿Nunca habéis experimentado esa sensación con alguien? Entonces seguro que esa persona era un apasionado de aquello de lo que hablaba 😉

Hoy en día, debido a la precaria situación laboral, mucha gente (biólogos incluidos) están presos en trabajos que no les llenan, que no les motivan, con los que no se sienten realizados. Por eso es tan importante la vocación. Porque cuando uno trabaja por vocación, da igual lo duro que sea, el tiempo que te consuma, al final terminas disfrutándolo, sintiendo que es allí donde debes estar.

Esto no implica que por hacer algo que nos gusta debamos de aceptar cualquier cosa que nos propongan, pero sí es verdad que hace de nuestro trabajo, si no más fácil, al menos mucho más disfrutable 😉 Da igual si curras en el laboratorio, en el campo, en divulgación o haciendo documentales, lo importante es que encuentres aquello en lo que disfrutas invirtiendo tu tiempo, tu esfuerzo y tu ilusión. 😉

Tu misión

¿Ah, pero que también hay una misión? Pues sí, al menos en parte. Y aprovechando que si estás aquí es porque seguramente ya has descubierto tu vocación, te voy a encomendar una tarea. Comparte tu pasión con los demás. Compártela con tus compañeros de carrera, con tus compañeros de trabajo, con la gente que te rodea. Transciende fronteras geográficas y usa las redes sociales para transmitir esa fuerza que reside en ti.

Divulga sobre la profesión, como intento hacer yo, o divulga sobre cualquier tema que te apasione. Contribuye a crear un pensamiento crítico y una cultura científica, invitando a la gente que te rodea a participar de un modo u otro. Son muchos los problemas que afectan a la biología como carrera profesional y como rama de la ciencia, pero uno de los más grandes es haber estado siempre de espaldas a la sociedad. La investigación es un motor económico muy importante y sus aportes son fundamentales para el correcto y rápido desarrollo de un país.

Hay que poner en valor nuestra carrera y nuestro oficio. Aunque pueda sonar corporativista, es cierto que los biólogos debemos hacer frente común ante algunas falsas creencias que han arraigado firmemente entre la gente y, lo peor, entre otros trabajadores del gremio, que no hacen sino desmerecer la propia profesión de biólogo. Hay dos que destacaría sobre el resto:

1. Eso de ir al campo no es trabajo

No sólo es trabajo, sino que además es un trabajo muy duro. Recorrer 24 km al día buscando rastros de mamíferos, perseguir y tomar posiciones cada 15 minutos de algún bicho radiomarcado durante 14 horas seguidas o revisar decenas de nidos por terrenos abruptos a horas intempestivas son trabajos que requieren mucha energía y un esfuerzo físico importante. Por no hablar de lo que supone a nivel de agotamiento mental realizar eso mismo, día a día, durante semanas o meses.

Aunque nos estemos dedicando a algo que nos gusta y nos apasiona no es un juego de niños. Es un trabajo que requiere una gran disciplina y profesionalidad para que los datos recogidos sean consistentes, sistemáticos y comparables. Porque si no lo son, entonces has tirado todas esas jornadas agotadoras por la borda. Literalmente.

2. No te quejes del sueldo, que habría muchos que desearían estar haciendo lo que tú haces y gratis

Si estoy realizando un trabajo profesional tendrás que tratarme como un profesional y pagarme como corresponde. El usar voluntarios sin experiencia con el único fin de ahorrarte unos sueldos sólo puede llevar a una inconsistencia en la toma de datos y empobrecer, más aún si cabe, el panorama laboral de los biólogos (y campos afines).

Nuestro trabajo es importante, nuestro tiempo y esfuerzo, valiosos. Y por tanto merecen ser pagados como los de cualquier otro profesional. Aprovecharse de la ilusión y el entusiasmo de jóvenes estudiantes o licenciados para ofrecer prácticas no remuneradas y exigirles lo mismo que a cualquier trabajador contratado es ruin e incrementa la precariedad e inestabilidad laboral.

Concluyendo

Descubrir tu camino y encontrar tu vocación es un recorrido fascinante. Hay quien la he tenido clara siempre, mientras otros la han descubierto más adelante, a veces en los sitios más inesperados. Un viaje personal que normalmente llega a buen puerto, pero al que hay que prestar atención, no confundiendo tus aficiones con tu mera vocación, o te faltará ese extra de energía necesaria para afrontar aquellos inconvenientes y dificultades que te aseguro que te encontrarás durante la carrera y tu desempeño laboral. Como ya he dicho muchas veces, la carrera de biología es tremendamente vocacional y, si vocación, puede resultar un infierno 😉

Pero no sólo hay que aplicar esa pasión en el trabajo, sino que hemos de compartirla, usándola para llegar a la gente. Pues la divulgación es también una de las obligaciones de todo biólogo. Sobre todo si queremos que nuestro trabajo sea respetado como se merece. Y es que, como se suele decir, no se puede amar ni respetar aquello que no se conoce.

Y hasta aquí el artículo de hoy. ¿Qué te ha parecido? ¿Tú has descubierto ya tu verdadera vocación? ¿Cuánta gente conoces que lo haya hecho? ¿Te gusta transmitir esa pasión por la biología o cualquiera de sus ramas? ¿Cómo lo haces? Cuéntamelo todo en los comentarios 😉

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: afición, biología, biólogos, divulgación, motivación pasión, profesión, trabajo, vocación

¿Dónde estudiar la carrera?

14/04/2016 by Bichólogo 20 comentarios

Irse al extranjero a estudiar o hacerlo en tu ciudad o región no es una cuestión baladí. De hecho, es un cambio tan grande que probablemente esa elección te guíe por derroteros profesionales totalmente distintos según lo que escojas. Así que es algo que merece la pena pensarlo muy bien 😉

Estudiar la carrera es una etapa muy importante en la vida de cualquier persona. De hecho, prácticamente es el principio de todo. Por eso es fundamental hacerla bien. Y cuando me refiero a bien, no sólo a nivel de notas sino, sobre todo, a estar centrado.

Pasaportes

Finalmente, debes tener en cuenta es que no es lo mismo enfrentarte al hecho de estudiar la carrera fuera o hacer el doctorado fuera. Las situaciones, el nivel de madurez personal, tu desarrollo profesional, son muy distintos en ambas etapas, por lo que todo ello influirá en el hecho de decantarse por una u otra. Como verás después, no hay una opción buena o mala per se, sino que depende de las circunstancias y las aspiraciones de cada uno. Por eso, acomódate que esto puede ser largo 😉

1. La comodidad del hogar

Estudiar en tu propio país tienes un gran ventaja: la comodidad. Pero es que, además, es cómodo a muchos niveles. Tanto si vives con tus padres como si estás compartiendo piso en tu ciudad, el estar en una sociedad con unas costumbres que conoces es un lujo que no sabemos apreciar hasta que no viajamos. Y poder expresarte en tu lengua materna sin esfuerzo es algo echarás mucho de menos si en algún momento te vas a vivir a otro país durante algunos meses.

Por no hablar ya del fantástico hecho de poder ver a tu familia, tus amigos o tu pareja cuando quieras y todo el tiempo que te apetezca. O el placer de llegar a casa y tener la comida hecha, la ropa lavada y planchada y ninguna otra obligación más que prepararte el siguiente examen. Puede que te parezca algo absurdo, pero cuando te toque vivir solo, con un sueldo escaso, te acordarás de lo fácil y cómodo que era todo cuando estabas en casa de tus padres. Mantener una casa, incluso aunque sea un piso compartido con otros estudiantes, supone un gasto de tiempo y dinero bastante curioso 😉 😛

Yo estudié mi carrera en Badajoz, mi ciudad. Vivía con mis padres y eso me daba una enorme cantidad de ventajas. Por un lado, tuve la gran suerte de que ellos pudieron pagarme la universidad, por lo que no tuve que trabajar y podía centrarme al 100% en la carrera, sin tener que dedicar mucho tiempo a la comida, llevar la casa, hacer la compra y a muchas otras obligaciones que conlleva el hecho de vivir solo.

Por otra parte, mantuve el contacto con todos mis amigos, incluso del instituto. Esto me facilitó el poder disfrutar la vida universitaria como se merecía: fiestas, cervezas con los compañeros, fines de semana bailando y pasándolo bien hasta el amanecer… Todo es tan sencillo con los amigos de toda la vida…

2. La facilidad de lo conocido

Pero a nivel profesional también tiene algunas ventajas. Siempre es mucho más sencillo seguir las clases cuando se dan en tu propio idioma. Si a veces es complicado entender lo que te cuenta un profesor, imagínate si encima lo hace en otro idioma que quizás no dominas del todo.

Además, en tu país formas parte un sistema educativo que ya conoces y al que ya estás acostumbrado, independientemente de lo bueno o malo que sea (ya sabes lo que se suele decir «más vale malo conocido… que bueno por conocer«) .

Establecer relaciones profesionales es mucho más sencillo, porque todos formamos parte de la misma cultura, con las mismas costumbres y el mismo modo de hacer las cosas. Por ejemplo, en España siempre se dice que los grandes negocios y los grandes acuerdos se cierran siempre en un bar 😉 Sin embargo, si propones eso en otros países seguramente no les parezca algo serio. Idiosincracias particulares de cada sitio 😉

Una cena deliciosa
Una de las cosas que más he echado de menos cuando he vivido sólo son los excelentes platos de mi madre. Y es que como en casa… no se come en ningún sitio 😉

3. El carácter de cada uno influye

Hay personas que adoran viajar, que sueñan con irse a países lejanos, conocer mundo, sumergirse en su cultura y no dudan en establecerse en otro país… Pero hay muchas otras personas arraigadas a su tierra, a su gente y que, si pueden evitarlo, no quieren dejar su país o su ciudad natal.

Además, estudies donde estudies, allí comenzarás a crear tu red de contactos, incluso sin darte cuenta. Si lo que te interesa es trabajar en tu ciudad o al menos en tu país, es allí donde debes centrar tu labor de networking. Aunque esto no significa que debas descuidarlas conexiones internacionales, sino que siempre hay tener en cuenta tu objetivo y centrarse 😉

Yo mismo hice muchos contactos en España durante esta etapa.  Y estos contactos me ayudaron a encontrar mi primer trabajo de biólogo, colocando cajas nidos en el Parque Nacional de Monfragüe. Posteriormente, nuevas oportunidades fueron surgiendo gracias a la gente que había ido conociendo durante la carrera. Toda mi experiencia profesional en España ha estado absolutamente influenciada por esas conexiones que fui haciendo durante la carrera en mi ciudad.

4. Las circunstancias externas

Hay una frase de José Ortega y Gasset que lo define perfectamente:

Yo soy yo y mis circunstancias.

Y es que no podemos escapar a ellas. Siempre pueden existir factores que nos limiten nuestro poder de decisión, causas externas que nos cierren un determinado camino, que nos empujen en un sentido distinto al que originariamente pensábamos.

El tema económico suele ser muy importante. Mantenerse en otro país, pagando la comida, una casa, una carrera universitaria y todos los gastos que implica simplemente el hecho de vivir puede resultar absolutamente insostenible para muchas familias, lo que puede hacer que la decisión de estudiar dentro o fuera del país se resuelva por si misma ante la fuerza de la realidad.

En mi caso, nunca había pensado irme a estudiar a otro país. Mi vena viajera comenzó durante la carrera, gracias a cursos y congresos varios. Pero no fue hasta que la acabé que me volví un viajero incansable, tras mi primer viaje al extranjero (salvo Portugal, pero vivo a 4 kilómetros de la frontera, así que casi nunca lo cuento :P).

Sin embargo, sí que me habría gustado irme a estudiar la carrera a Madrid. Suponía todo un reto para mí: abandonar a mis padres, a mis amigos, aprender a gestionarme yo mismo… Pero sabía que exigiría un esfuerzo económico muy grande para mis padres. Podía estudiar Biología en la Universidad de Extremadura, así que decidí quedarme aquí. Y puedo asegurarte que nunca me he arrepentido lo más mínimo 😉

Y si te quedas… ¿qué te estás perdiendo?

Hay muchas razones que te pueden impulsar a estudiar fuera, aunque desde mi punto de vista no aportan tanto beneficio en comparación con el coste personal y económico. Además, estos beneficios, como luego te contaré, se pueden conseguir por otros medios alternativos muchísimo más baratos durante la carrera 😉 Pero vamos a ver qué estarías dejando escapar…

1. El prestigio

Sería absurdo pretender que todas las universidades tienen el mismo prestigio. Sabemos que no es así. Por eso, si la situación lo permite, estudiar en una universidad prestigiosa y reconocida podría abrirte muchas puertas.

  • Los contactos que hagas serán de mayor calidad, con mayores influencias.
  • Dado que se le presupone un alto nivel de conocimientos, un título en estas universidades te colocaría delante de graduados provenientes de otras menos prestigiosas.
  • Estas universidades suelen contar con mayor presupuesto y más medios para dedicar a las asignaturas y, sobre todo, a las prácticas, tan importantes en una carrera experimental como es Biología
  • La inserción laboral es más sencilla cuando estudias en estas universidades, ya que suelen tener bolsas de trabajo importantes o acuerdos de prácticas con algunas empresas punteras en el sector que suelen culminar en contratos o, al menos, en una valiosísima experiencia.

Sin embargo, en nuestra carrera cuenta más la especialización que la formación puramente básica. Por eso, quizás te resultaría mucho más interesante irte fuera para realizar tu máster o tu doctorado en busca de una universidad importante y poder disfrutar de todas las ventajas de las que hablábamos anteriormente 😉

2. El placer de viajar

Viajar tiene una gran cantidad de beneficios, no sólo el conocer nuevos lugares. Cuando viajas ensanchas tu mente, la abres a nuevas culturas, a nuevas formas de pensar, nuevos enfoques, nuevas costumbres. Creces como persona cuando viajas. ¿Y qué mejor forma de conocer un país que viviendo en el durante los siguientes 4 ó 5 años?

Esto te permitiría abrirte a nuevas formas de estudiar, de abordar la carrera y la inserción profesional, y te ayudará a mejorar el idioma hasta el punto de dominarlo completamente.

Pero durante la carrera existen otras muchas formas de viajar, incluso estando en tu propio país. Y, de nuevo, el doctorado te va a brindar enormes oportunidades de viajar si sabes organizarte bien 😉 En muchas universidades existen becas que te permiten pasar varios meses o incluso un año estudiando en otra universidad. En España son muy conocidas las becas Erasmus (que ahora creo que se llaman Erasmus+) para el extranjero, y las becas SICUE/Séneca, para otras universidades españolas. Esto te permitirá aprovechar todas las ventajas de estudiar en el extranjero (o a otra parte del país) pero subvencionadas, al menos parcialmente, y sin que sea tan a largo plazo como irte a vivir 4 ó 5 años fuera.

3. La oportunidad de trabajar fuera

El estudiar en otro país te da mayores facilidades para encontrar trabajo en él. Esto es lógico, ya que estás formado parte de todo el sistema educativo, por lo que te será sencillo seguir progresando en el sistema hasta que llegue el momento de la inserción laboral.

Pero esto también puedes conseguirlo realizando un máster o un doctorado en el extranjero. O buscando otras alternativas, que no todo es cuestión de hacer un máster o un doctorado  😉

Resumiendo…

Desde mi humilde punto de vista, y repito que todo esto es mi opinión subjetiva, creo que estudiar una carrera fuera de tu país sólo es una buena opción si dominas el idioma, te sobra el dinero y te lo puedes permitir. Pero no suele ser el caso 😛

Además, la etapa universitaria ya es bastante complicada por sí misma como para tener que andar empezando de cero en un país que no conoces, con una lengua que no dominas o unas costumbres que te resultan extrañas. Lo importante en ese momento es formarte, adquirir los conocimientos necesarios y, sobre todo, la experiencia y las herramientas que te permitirán  evolucionar en tu carrera profesional.

Por supuesto, hay excepciones. Como ya dije antes, las condiciones particulares de cada uno puede hacer que nos decantemos por una u otra opción. Si has nacido en otro país distinto al que vives pero conservas lazos con él, no te sería tan complicado irte allí a estudiar la carrera, especialmente si dominas el idioma.

Pero si no es así, aprovecha las cartas que tienes y haz la mejor partida que puedas 😉 Conviértete en una esponja, aprende, participa, experimenta y descubrirás muchas posibilidades que no conocías en tu propia universidad.

Durante la carrera estás plantando el germen de lo que será tu futuro laboral. Es muy importante estar centrado en lo que estás haciendo y no ponerte más dificultades de las que ya tienes. Aunque no sea la mejor del mundo, en tu universidad podrás aprender todo lo necesario para ejercer estas fascinante carrera. Ya depende de ti que sepas suplir sus carencias mediante tu ingenio y tu iniciativa, de cara a llenar los vacíos que vayas detectando 😉 Cursos, congresos, viajes… Las opciones son múltiples y variadas y no pasan por tener que abandonar todo lo que conoces.

A mí Badajoz y la Universidad de Extremadura me han aportado muchas cosas. No es de las universidades más prestigiosas de España, ni mucho menos. Pero he topado con grandes profesionales que me han enseñado y me han ayudado a conseguir la experiencia que necesitaba. Y luego he ido completando y mejorando mi formación con congresos, cursos, voluntariados, colaborando con grupos de investigación… Todo lo que he ido necesitando para avanzar, siempre intentando tomar la iniciativa y aprovechando las oportunidades que me surgían.

No he echado nada de menos y no me arrepiento en absoluto de haberme quedado en Badajoz. Sólo tengo una espinita clavada (aunque creo que al final lo supe compensar), y es la de no haber estudiado un año fuera con una beca Erasmus. Así que, si tú puedes hacerlo, no dejes escapar la oportunidad 😉

Y hasta aquí por hoy. El próximo día hablaré sobre el doctorado y dónde es mejor hacerlo 😉 ¿Pero qué te ha parecido el post? ¿Has pensado hacer la carrera en otro país? ¿Crees que te estás perdiendo algo que no podrás recuperar? ¿Has estudiado fuera? ¿Cuál ha sido tu experiencia? Estoy seguro que entre todos podemos aportar muchas opiniones y puntos de vista distintos 😉

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¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogos, estudiar, estudios, extranjero, viajar

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