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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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6 lacras profesionales contra las que debemos luchar los biólogos

04/06/2015 by Bichólogo 131 comentarios

Ser biólogo hoy en días es complicado. Muy complicado. Pero no más que otros trabajos. Hay que ser realista y darse cuenta de que el mercado laboral no está en su punto álgido precisamente. Sin embargo, es cierto que los biólogos nos enfrentamos a ciertos problemas inherentes a nuestra profesión que no afectan a otros trabajos. Así que voy a tratar de bucear un poco en ellos y ver qué posible solución le podemos dar 😉

6 lacras profesionales contra las que debemos luchar los biólogos

1. La biología no es un trabajo, es un hobby.

Esa es una opinión generalizada. Especialmente si te dedicas a trabajar con fauna o flora. La biología tiene un fuerte componente vocacional, sin el cual el hecho de acabar la carrera se convierte en toda una hazaña. Y es preciosamente por esa fuerte vocación que tenemos que no se valora realmente nuestro esfuerzo.

Cuando hablas con alguien sobre la profesión todos parecen pensar que nos dedicamos a dar paseos por el campo, con unos prismáticos y un cazamariposas. Y ya. De hecho, incluso alguno nos echará en cara que nos paguen por eso. Total, si hacemos lo que nos gusta…

Pero este desconocimiento sobre nuestra labor es, principalmente, culpa nuestra. La imagen tradicional de científico encerrado en su laboratorio, ajeno al mundo, es aún muy común hoy en día. Sí, todos nos esforzamos para que nuestro trabajo esté publicado en una revista prestigiosa, pero pocos se preocupan de que quede reflejado en los periódicos. De que la gente de la calle sepa qué es lo que hacemos, qué es lo que aportamos a la sociedad. Esa es una de nuestras grandes asignaturas pendientes.

2. Debemos conocer cualquier animal o planta

Da igual si eres ornitólogo, botánico, entomólogo, bioquímico… Da igual si el susodicho animal o planta pertenece a tu campo de estudio o no… De hecho, da igual si pertenece a tu localidad, país, continente, hemisferio o sistema solar. Como alguien te pregunte por algún ser vivo al azar y no lo sepas siempre, siempre te van a decir:

¿Pero tú no eres biólogo?

La gente no es consciente de que no es que sea imposible conocer todas las especies existentes, sino que realmente ni siquiera se sabe el número exacto de especies que habitan nuestro planeta (¡las estimaciones rondan entre los 2 y los 50 millones de especies!). Es imposible conocerlas todas. Pero parece que para estudiar biología tenemos que sabernos el inventario completo de la vida como si fuese la lista de los reyes godos 😛

3. El trabajo de biólogo está mal pagado.

Tristemente, es una realidad. Y lo peor de todo es que muchos de los encargados de pagar son también profesionales de la biología. Esta nula valoración de nuestro esfuerzo se ve especialmente bien a nivel empresarial, donde se llegan a justificar unas pésimas condiciones laborales con frases como:

No te quejes. Muchos estarían deseando hacerlo gratis

Comentarios como esos me parecen una aberración, especialmente cuando vienen de gente del gremio. Nos estamos tirando piedras contra nuestro propio tejado. Luego nos quejamos que no hay dinero ciencia,  para conservación, para divulgación. Si nosotros mismos no nos respetamos como profesionales, si no ponemos en valor nuestro propio trabajo, ¿cómo pretendemos que otros, los políticos que manejan los presupuestos, lo hagan?

Existen esfuerzos de cohesión, como los Colegios Oficiales de Biólogos pero son del todo insuficientes. Somos nosotros los que no debemos vendernos por treinta monedas, los que debemos exigir unas condiciones justas, incluso en estos momentos de crisis. Porque si no nos plantamos, si no decimos que no a ciertos trabajos mal pagados, nunca se nos respetará como profesionales. Una vez más, es otro problema del que somos culpables todos, ya seamos jefes o empleados.

4. No hay estabilidad laboral

Aunque esto no  es aplicable a todas las salidas de la carrera, sí que es verdad que en ciertos ámbitos es extremadamente difícil conseguir una continuidad más allá de dos o tres años. La investigación es un claro ejemplo de ello. En España, el itinerario investigador es un completo desastre, agravado por la pésima gestión que ha hecho el Gobierno actual en materia de ciencia. Los continuos recortes, la precariedad de puestos y becas, el repentino cese de fondos para investigaciones punteras han destrozado el entramado científico español.

En el mundillo de la investigación todo funciona a golpe de proyectos y becas, que siempre son de una duración muy determinada. Y si quieres vivir de ellos tienes que ir encadenando proyectos y más proyectos, engarzándolo con becas, subvenciones y, con suerte, algún contrato (que normalmente irá asociado a un proyecto temporal). Al final, cuando te quieres dar cuenta, lo que esperabas que fuese una agradable madurez en el trabajo de tu vida se ha convertido en una desesperante carrera por conseguir una beca, una lucha contra reloj y contra las horribles web oficiales y sus métodos telemáticos que siempre se joden en el peor momento.

Bien es cierto que existen otras salidas interesantes con unas perspectivas más estables si consigues instaurarte en el mercado:

  1. Empresas de ecoturismo y multiaventura
  2. Consultorías medioambientales
  3. Puestos de funcionario en los departamentos autonómicos y regionales dedicados a la conservación
  4. Trabajos en centros zoológicos y zonas protegidas
  5. Otras salidas relacionadas (realización de documentales, fotografía de naturaleza…)

Pero nada te asegura que puedas labrarte tu futuro.

5. Intrusismo profesional

Aunque parezca que esta carrera es muy especializada, es fácil encontrar a gente proveniente de otras áreas realizando trabajos que debían ser llevados a cabo por biólogos. Aunque quizás, el ejemplo más flagrante de intrusismo es el que, como ya he comentado, se lleva a cabo haciendo mal uso de una herramienta tan valiosa y potente como el voluntariado ambiental.

Y es que algunas empresas, ONG’s o incluso instituciones científicas realizan actividades que debía ser llevadas a cabo por biólogos profesionales por medio de un sistema de voluntariado que le permite ahorrarse unos cuantos salarios. Esto provoca dos importantes problemas:

  • Por un lado, persona a menudo no cualificadas están realizando un trabajo técnico de recogida o procesamiento de datos. Esto conlleva que los resultados pueden ser poco representativos, al estar realizados por personas con muy distinto grado de formación y experiencia. Y por lo tanto, ni son comparable ni son extrapolables con aquellos datos tomados por profesionales.
  • Por otra parte, se eliminan puestos remunerados que deberían ser ocupados por biólogos profesionales. Muchos de nosotros hemos hecho algún voluntariado ambiental y hemos ofrecido nuestra capacidad de trabajo a cambio de aprender y formarnos. Y es algo muy útil. El problema ocurre cuando empresas u organismos eligen para el voluntariado a personal muy cualificado y les hace realizar labores que debían ser pagadas a cambio de… nada. Porque llega un momento que el voluntariado no te aporta más.

Este tipo de prácticas no debería ser permitidas. El trabajo profesional debe ser hecho por profesionales. Y hay momentos en los que debemos plantarnos y dejar de trabajar gratis bajo el lema «esto me sirve para el currículo». Debemos hacernos valer, debemos luchar por un trabajo y un salario dignos.

6. Ana Obregón

La forma más directa de caernos mal es que, cuando dices ser biólogo, la gente te responda automáticamente:

¿Biólogo? Anda como la Obregón

Esta frase se repite hasta el infinito desde que tengo memoria. Es superior a mí 😛

NOTA: es un personaje español del mundo del corazón, por eso a los de fuera no os sonará. Pero los españoles la conocemos y mucho. ¡Sobre todo los biólogos!

Ana obregón
La eterna bióloga (foto procedente de la wikipedia)

 

¿Qué te ha parecido la lista? ¿Añadirías alguna cosa cosa más? ¿Cuál es el prejuicio que más te molesta en relación a nuestra profesión? Espero con ganas tu aportación en los comentarios. ¡Un saludo!

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, preconcepciones, prejuicios, trabajo

Un día haciendo radioseguimiento

01/06/2015 by Bichólogo 4 comentarios

El radioseguimiento es una metodología que probé recientemente con motivo de mi trabajo en la consultoría medioambiental. Así que no soy ningún experto, aunque es verdad que le he dedicado algunas horas (muchas, de hecho :P). Además, sólo he realizado radioseguimiento de mirlo acuático (Cinclus cinclus) con lo cual es una aplicación bastante concreta de la técnica, pero allá va 😉

Metodología de radioseguimiento

La captura

Antes de poder seguir a los pájaros es preciso, obviamente, capturarlos, anillarlos y colocarles un emisor UHF. La técnica es básicamente la misma que describí en este post sobre anillamiento. Levantarse temprano, colocar las redes, capturar y anillar el bichejo y colocarle el emisor algo por encima de la cadera. Nosotros empleamos un pegamento específico para sujetarlo en las plumas, pero también vamos a emplear una especie de arnés que irá colocado sobre la cadera. El animal debe tener total libertad de movimiento, especialmente cuando se sumerja, ya que los mirlos acuáticos nadan activamente bajo el agua. Y no debe sobresalir mucho, para evitar que pueda quedarse enredado bajo el agua.

Una vez que ya tenemos «fichado» a nuestro mirlo y que el pegamento del emisor se ha secado se vuelve a liberar en la misma zona. Como hicimos el seguimiento en invierno, cuando estos animales aún no tienen territorios, lo seguimos durante algunas horas después de la captura, para evitar perderlos en caso de que se fueran muy lejos. Es entonces cuando comienza lo interesante.

El emisor

Se trata de un pequeño emisor de ondas de radio. Cada dispositivo emite en una determinada frecuencia, programada de tal forma que no solapen con otros emisores del mismo estudio. Sin embargo, es importante intentar asegurarse de que no se está llevando a cabo otro proyecto similar en los alrededores para evitar que puedan haber confusiones entre emisores con frecuencias iguales o muy similares.

Emisor UHF recuperado
Emisor recuperado tras haber caído del animal. En este caso su peso es inferior a 2,5 g. La recuperación de estos dispositivos es especialmente complicada con los mirlos acuáticos, ya que no es nada fácil encontrar estos pequeños emisores entre las piedras del fondo de los ríos y arroyos (suponiendo que puedas acceder al tramo :P)

Los emisores deben ser pequeños. Muy pequeños. En general, aunque hay que tomar esta regla con cuidado, el peso de los emisores no debe ser superior al 5% del peso del animal, para evitar que pueda afectarle de forma negativa. Esto es especialmente importante en animales con elevadas tasas metabólicas o con momentos críticos de desgaste energético, como pueden ser las pequeñas aves migradoras.

El terreno

Es el primer escollo al que tienes que enfrentarte. Puede ser tu mejor amigo o el peor de los enemigos. El alcance de estos emisores es muy variable, dependiendo tanto del tamaño del mismo y de las características del terreno. Como cualquier onda de radio, éstas rebotan contra elementos del paisaje, pueden ser bloqueadas por vegetación densa, edificios, etc… Así pues una complicada orografía de ríos sinuosos discurriendo por hondos valles y gargantas o con laderas densamente arboladas puede reducir drásticamente el alcance del emisor.

Río atravesando un valle
Esta es una localización real de uno de mis mirlos. Como ves, no hay muchas pistas forestales, pero sí abundante vegetación y el río va bastante encajonado, describiendo amplias curvas donde es muy fácil perder la señal.

Si a esto le unimos que los cauces de los ríos no son siempre accesibles desde pistas, especialmente en zonas montañosas como donde yo realizaba el estudio, el localizar y seguir a estos pequeños mirlos se convertía en toda una hazaña, conseguida con una mezcla de conocimiento del terreno, saber manejar un 4×4 y suerte, mucha mucha suerte 😛

La técnica

Como ya comenté, no soy ningún experto en radio seguimiento. Pero me las apañé para aprender lo básico desde cero y puede localizar todos los mirlos que soltamos al menos una vez 😛 Así que tampoco se me dio tan mal 😛

El realizar radioseguimiento no supone una gran diferencia a sintonizar la radio. Cada emisor emite en una determinada frecuencia (canal) que puede ser sintonizada y almacenada en el emisor (para no tener que andar buscándola cada vez). El funcionamiento de cada receptor depende mucho de la marca, de si es analógico o digital, de lo moderno o lo antiguo que sea. Pero en lo básico suelen tener un altavoz, una rueda para sintonizar las distintas frecuencias de radios, unos controles de volumen y otros de ganancia, con los que hay que jugar para obtener una señal clara.

Mirlo acuático anillado
Un mirlo acuático convenientemente identificado: anilla de color, anilla metálica y un emisor que no se aprecia en la foto (malditos móviles :P)

Para localizar la señal, conectamos al receptor una antena Yagi de mano (como la de la foto superior) o una antena de coche, que suele ir fijada por un imán al techo del vehículo. Es muy fácil alternar entre ambas, usando la del coche (omnidireccional) para localizar la señal y la de mano (direccional) para encontrar la situación del individuos. Cuando el receptor capta la señal del canal sintonizado emite una especie de pitido. La frecuencia y la duración del pitido depende del emisor y se puede variar en función de cuánta vida útil quieras para su batería (no son inagotables :P).

La localización exacta del individuo en cuestión se consigue mediante triangulación. Básicamente, consiste en ir moviendo lentamente la antena en el plano horizontal hasta recibir una señal de un punto concreto, donde se registrará la máxima intensidad. Entonces trazamos una línea imaginar desde nuestra posición hasta el punto desde el que hemos recibido la señal. Después nos desplazamos varios metros (o cientos de ellos, dependiendo del terreno) para repetir el proceso y trazar una nueva línea imaginaria. El punto donde ambas se cruzan es donde nuestro fugitivo se encuentra localizado 😉 Para registrarlo, simplemente se marca sobre ortofoto o en un GPS y listo.

Requiere bastante práctica acostumbrarse a las variaciones del tono. Y es que no sólo varía con la distancia y la dirección, si no que también variará cuando el animal se esté moviendo, ya que a veces el emisor apuntará directamente hacia nosotros, otras veces estará detrás del animal, o bajo el agua, como con nuestros queridos mirlos acuáticos. Así pues, cuando el animal se está moviendo se alternan pitidos agudos con graves, variando la intensidad y llegando incluso a desaparecer. Sin embargo, cuando el individuo está en reposo, la recepción suele ser clara y constante, sin ningún tipo de variación. También hay que recordar que, en función de las condiciones climáticas, la frecuencia de los emisores puede «mutar», es decir, cambiar su frecuencia levemente, por lo que conviene reajustar las frecuencias de cuando en cuando para no llevarse algún susto.

La jornada

Dependerá del tipo de seguimiento que hagas y de las características de cada animal. No es lo mismo seguir a uno con actividad diurna que nocturno, y no es lo mismo en una zona amplia y despejada que en un río estrecho entre montañas. Nosotros realizábamos un seguimiento intensivo durante las horas de luz, tomando la posición de cada individuo a intervalos regulares desde  la salida del sol hasta el anochecer. Esto significa que estarás todo el tiempo ocupado en el campo, sin poder abandonar la zona para no perder la siguiente localización. Pero también implica que habrá tiempo muerto entre localización y localización. Así que es bueno buscarse algún entretenimiento para aprovechar el tiempo.

Leyendo un e-book
¿Qué mejor forma de aprovechar el tiempo que con una buena lectura ente localización y localización?

También tocará comer en el coche lo que haya a mano. Mi menú solía variar entre los trozos de pizza restantes de la cena anterior y diversas clases de embutido y queso con algo de pan jeje. No está nada mal, pero puede resultar cansino cuando te toca hacer eso todos los días, de lunes a viernes, durante varios meses 😛 Así que es bueno echarle imaginación culinaria al asunto 😉

Las jornadas pueden resultar largas y agotadoras. Y a veces aburridas. Muy aburridas. Así que es importante que os aseguréis de que tendréis algún entretenimiento: libros, prismáticos, música… Y que puedas aprovechar ese entretenimiento en intervalos cortos. Ver una película en sesiones de una hora es fácil, pero si las localizaciones son cada cinco minutos puede resultar exasperante 😛 Acuérdate de estas líneas si haces radiotracking alguna vez y y te olvidaste de rellenar los tiempos muertos 😛

Coche al anochecer
Normalmente se me hacía de noche con el radioseguimiento, y volvía agotado a casa después de todo el día de trabajo. Pero esas maratonianas jornadas me permitieron disfrutar de amaneceres y atardeceres espectaculares, así como de un montón de fauna que no es fácil de ver fuera de esas horas 😉

¿Qué se consigue?

Muchísima información. Pero mucha de verdad, y variada. Desde nubes de puntos donde se suele mover el individuos y de las que se pueden obtener kernels de probabilidad de que el individuos esté en una área determinada, hasta patrones de movimiento diarios o nocturnos, picos de actividad, momentos de reposo. Todo esto se puede aplicar en conservación y en estudios de impacto ambiental, para crear corredores ecológicos por las zonas por las que más se mueve la fauna, creación de pasos de fauna para autovías, ferrocarriles y demás obras públicas, zonas importantes para la conservación de determinadas especies, localización de dormideros, territorios de cría o zonas de invernada… Todo lo que se te pueda ocurrir.

Existen otras modalidades de emisores, como unos dispositivos que detectan el fotoperiodo y se usan para seguir la migración de pequeños paseriformes. O los emisores GPS, que te dan la información geográfica exacta sin necesidad de estar constantemente realizando el seguimiento. Bastaría con ir una vez cada pocos días y recoger de forma inalámbrica todos los datos almacenados. Incluso puedes hacer el seguimiento desde tu escritorio con los datos que el receptor envía directamente a tu correo o a una web. Pero tanto el precio como el tamaño de estos emisores GPS suelen ser bastante más elevados, si bien la miniaturización está avanzando a pasos agigantados y ya hay emisores GPS realmente pequeños. Sin embargo el problema siguen siendo las baterías. Cuanto más pequeño es el dispositivo, menor es el tamaño de la batería y su duración. Se produce un compromiso entre tamaño y funciones extras y duración de la batería, por lo cual es necesario evaluar qué tipo de emisor es el adecuado para cada estudio en concreto.

¿Qué te ha parecido el post? ¿Has hecho radiotracking alguna vez? ¿Qué te pareció la experiencia? Compártelo con todos nosotros en los comentarios o en las redes sociales 😉

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Publicado en: Un día de trabajo Etiquetado como: antena yagi, emisor UHF, metodologías, mirlo acuático, radiosegumiento, radiotracking, receptor

¿Cómo me hice biólogo?

28/05/2015 by Bichólogo 44 comentarios

El comienzo

El primer paso de tu carrera es decidir qué quieres hacer. Yo siempre tuve claro que la naturaleza era lo mío. Sin embargo, no me planteé realmente estudiar Biología hasta casi el momento de hacer la preinscripción y solicitar carrera.

¿Qué me llevó a hacerme biólogo?

Y es que mi pasión siempre han sido los bichos y desde bien pequeño me han fascinado todas las ramas de la ciencia. Desde que tengo memoria, los animales siempre han estado presentes en mi vida. Recuerdo  algún canario (con el insigne nombre de Mike Donovan) y un par de diamantes mandarines (Taeniopygia guttata), a los que llamamos Tiza y Panduro porque nos dijeron que siempre debían tener una tiza y algo de pan duro en la jaula. Incluso hay alguna foto de un pequeñísimo yo dando de comer a un patito chiquitín que ni recuerdo de quién era.

Lo que sí recuerdo perfectamente es pasarme horas en Las Tres Campanas, una conocida juguetería que hubo en Badajoz, mirando el estante de los muñecos: figuritas de leones, hipopótamos, jirafas y tigres se entremezclaban de forma caótica con dinosaurios, dragones y toda clases de quimeras. Una fauna de lo más variopinto y en la que, pese a todo, cada uno tenía su propio nicho ecológico en mi colección de juguetes.

Pero como todo niño que se precie, mis favoritos siempre fueron los dinosaurios. Tenía docenas de libros. Me leí Parque Jurásico con apenas 11 ó 12 años. Conocía buena parte de todos esos impronunciables nombres, familias, géneros… Era mi pasión y estaba decidido a dedicarme a ello.

El momento decisivo

Pero entonces se fue acercando la hora de elegir carrera, allá por 1998 (¡me hago mayor!), y comencé a buscar la forma de hacer Paleontología. En Badajoz podía estudiar Biología, pero no existía la especialización en Paleontología, aunque sí un par de asignaturas a lo largo de la carrera. También podía ir por Geológicas, pero entonces tendría que irme fuera. Le di muchas vueltas al asunto. Una y otra vez. Hasta que al fin decidí hacer Biología. Siempre me habían gustado los animales así que, a unas malas, si no lograba meterme en el Departamento de Paleontología siempre podía seguir estudiando otros bichejos actuales.

Así se lo comuniqué a mis padres. Ellos, con toda su buena fe, me dijeron que Biología no tenía salidas, que la cosa estaba chunga para conseguir trabajo (ya en 1998) y que con la buena nota que tenía en selectividad por qué no elegía algo con más salidas. Pero ya sabían lo testarudo que podía llegar a ser su hijo… Así que les dije:

Prefiero ser pobre pero feliz con lo que hago que estar podrido de dinero y amargado detrás de un escritorio

No había mucha contrarréplica a eso 😛 Entonces, como buenos padres y resignados padres, no les quedó otra opción que apoyar mi decisión de hacerme biólogo. 

El proceso

Entré sin problemas en la carrera, deseando aprender cosas de animales, salir al campo y convertirme en una mezcla entre Indiana Jones y Miguel de la Quadra-Salcedo. Y la primera en la frente. El primero año tuve física, matemáticas, estadística, informática, química… Y bueno, sí… Alguna asignatura de botánica y de zoología, pero vamos, que no era el paraíso lectivo que yo había imaginado. A pesar de ello, lejos de desanimarme, seguí dándole caña. Me apunté a todas las optativas relacionadas con fauna y si podía, a alguna de libre elección. Y me apliqué al máximo.

De hecho, fue una de esas asignaturas optativas la que me descubrió el asombroso mundo de las aves y su observación, los dinosaurios de hoy en día 😛 Aprendí a usar una guía de campo y a identificar mis primeras aves. Después ya me fogueé yo mismo, mientras iba descubriendo poco a poco la fantástica fauna del Azud de Badajoz.

Además hice una de las mejores inversiones de tiempo y esfuerzo de mi carrera. Entrar en el departamento zoología tuvo un papel fundamental en mi desarrollo como biólogo. Entré en contacto con el mundo de la investigación, hice numerosos contactos, llevé varios pósteres a diversos congresos y aprendí mucho, muchísimo, sobre la labor investigadora, el manejo de aves, el anillamiento científico o cómo escribir un artículo científico.

Al acabar la carrera, de nuevo surgía la duda. ¿Qué iba a hacer con mi vida ahora? Y de nuevo mis padres me aconsejaron tirar por algo seguro, unas oposiciones a profesor de secundaria o a biólogo de la Junta de Extremadura. Pero yo seguía siendo un joven testarudo que había  decidido perseguir sus sueños y agarrarse a la cola de la cometa.

Y es que tanto disfruté aquella etapa en el departamento que me lancé a la faraónica tarea de hacer una tesis doctoral. Fue toda una nueva etapa de aprendizajes y, sobre todo, de viajes: Almería, París, Noruega… Más y más contactos. Más y más posibilidades. Un nuevo mundo se había abierto ante mis ojos.

La conclusión

Elegir la carrera de biología supuso un antes y un después en mi vida personal y profesional. Es, posiblemente, una de las mejores elecciones que haya hecho nunca. No fue un camino fácil, pero tampoco fue un infierno. Lo mío era vocación y la viví y la disfruté como tal. Una vez obtenido el título, y gracias a todo el trabajo previo (departamento, congresos, cursos y voluntariados) pude optar a diversas becas que me llevaron al doctorado. E incluso en medio de la crisis pude conseguir un puesto de trabajo en una consultoría ambiental, que me permitió explorar el apasionante (aunque inestable) mundo de la empresa privada.

Ha sido una gran aventura a todos los niveles. Y me ha ofrecido la oportunidad de hacer cosas tan fascinantes como extrañas. Por supuesto han existido sus altibajos. Hasta hoy mismo no he cerrado la tesis (¡casi 8 años!), la cual tuve que dejar apartada un tiempo para trabajar en la consultoría ambiental. Y hubo momentos en los que estaba tan quemado que casi la abandono. Pero simplemente fueron etapas.

Aunque no sea un camino fácil, el viaje siempre merece la pena
Aunque no sea un sendero fácil de recorrer, el viaje siempre merece la pena

Mi único consejo es que no te desanimes. Siempre busca aquello que te haga feliz, que con voluntad y esfuerzo todo es posible. Ninguna carrera es fácil, nadie regala trabajo. Pero los biólogos tenemos la ventaja que no sólo el fin merece la pena. También el camino es apasionante. La Biología puede darte grandes alegrías (y también algún que otro sofocón :P). Pero créeme que siempre ofrece mucho más de lo que pide 😉 Lucha por tu sueños y verás como tarde o temprano se hacen realidad.

¿Cómo ha sido tu experiencia durante la carrera? ¿Qué te ha aportado? ¿Te arrepientes de tu decisión? ¡Comparte tu experiencia con nosotros!

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, experiencia personal, historia, motivación

5 razones por las que detesto los voluntariados

25/05/2015 by Bichólogo 41 comentarios

Y ahora toca ver el lado oscuro de los voluntariados. Porque no es oro todo lo que reluce y lo que te venden como una maravillosa oportunidad de aprender y conseguir experiencia no siempre es lo que parece ser.

El lado oscuro de los voluntariados

5 razones por las que detesto los voluntariados

Se ha creado toda una mafia alrededor de los voluntariados ambientales en los últimos años. Y, absurdamente, hemos llegado a un «autointrusismo profesional» que roza lo irrisorio. A continuación te detallo por qué pienso todo esto…

1. Aprendes poco y mal

En algunos sitios aprovechan la remesa de voluntarios para hacer todas esas tareas tediosas que el personal fijo odia hacer. Esto puede ir desde pasar interminables listas de datos a Excel o acarrear el equipo sin que puedas trabajar activamente en el proyecto hasta dedicarte a traer cafés. Hasta las tareas más aburridas forman parte también del trabajo de un biólogo y conviene coger experiencia. Pero no hay que confundir el realizar tareas aburridas que todo el mundo tiene que hacer alguna vez con que te dediquen exclusivamente a ellas. Nadie se debería aprovechar de la voluntad y el esfuerzo sincero de un voluntario. Nunca.

2. Las organizaciones abaratan costes

Está muy bien eso de tener mano de obra barata cuando no hay muchos fondos o el proyecto es muy grande. Y está bien echar una mano de gratis cuando la causa lo requiere. Pero lo que no es de cajón es que proyectos financiados con fondos estatales, europeos o de la agrupación de países de turno se dediquen a tirar de voluntarios para hacer el trabajo que debía estar realizando profesionales cualificados. Esto genera no sólo un intrusismo laboral y un sabotaje a nuestra propia profesión, sino que además provoca que los datos recogidos sean de dudosa y desigual calidad, puesto que no todos los implicados tienen la misma experiencia (a veces ninguna) en el ámbito de trabajo. Hay instituciones que no pueden permitirse contratar más gente por falta de fondos, pero otras simplemente se aprovechan del tirón del voluntariado para ahorrarse unos cuantos contratos. Ésta es una práctica común que debería legislarse y controlarse.

3. Hundimiento personal

En una situación laboral como la actual es fácil caer en la «trampa del voluntariado«. Consiste en empezar a hacer voluntariados, primero con la intención de irnos formando (cosa loable y que yo mismo he hecho) pero después vamos enganchando de voluntariado en voluntariado, aunque ya no nos aporte nada a nivel profesional ni personal, simplemente porque no tenemos nada mejor que hacer. Esto no hace sino fortalecer el que los distintos organismos sigan usando a los voluntarios para realizar labores propias de un biólogo cualificado (¡y pagado!) pero sin aportar ni un euro. Nos estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado. Una vez que el voluntariado deja de aportarnos cosas útiles hay que dejarlo. Una vez que nuestra experiencia merece ser pagada (como cualquier otro trabajo) debemos exigir que se nos pague. Nadie intenta que un arquitecto haga una casa gratis, ni un médico que opere por amor al arte, ni un abogado que defienda sin recibir sus honorarios. Pero los biólogos, como lo nuestro es muy vocacional, parece que no merecemos que nos paguen por nuestro trabajo. Una de las frases que más odio es

Si a ti te gusta el campo. Eso no es trabajo

Parece que por el mero hecho de disfrutar con lo que hacemos no merecemos cobrar por ello. Me encantaría ver a toda esa gente haciéndose 18 km diarios por caminos de cabras, o haciendo jornadas de 13 ó 14 horas de campo día tras día. Seguro que cambiaban de opinión 😛

Con esto tampoco digo que haya que dejar de hacer voluntariados definitivamente. Pueden seguir aportándote valor en forma de contactos, experiencias en campos poco conocidos o viajes y estancias muy baratos en el extranjero. Pero te aportan algo. Cuando no sea así, déjalos pasar 😉

4. Usan un reclamo llamativo y pero el trabajo no tiene que ver con eso

¡Trabaja con hienas! ¡Conoce la selva! Y tú piensas «¡Fabuloso! Voy de cabeza«. Pero cuando llegas allí resulta que el trabajo de campo ya ha sido hecho, y que sólo te toca pasar datos. O tus paseos por la selva se reducen a un día a la semana, mientras el resto del tiempo es trabajo de gabinete (que también es necesario, pero joder, no prometas cosas que no son). Infórmate bien de las tareas que vas a realizar y no te dejes engañar por un envoltorio brillante. Sé claro y pregunta las labores que llevarás a cabo antes de ir para no crearte unas expectativas falsas.

5. Trabajar gratis y encima costearse la estancia

Tristemente, cada vez son más y más comunes los «voluntariados» en los que no sólo cedes gratis tu trabajo, sino que encima tienes que pagarte no ya el viaje, sino la estancia. Tienes que pagar por la manutención, el alojamiento y, a veces, una tasa diaria por estar en determinada área protegida. A cambio te ofrecen «experiencia», «vivencias», «un enclave privilegiado»… Pamplinas. Lo mínimo necesario para considerar un voluntariado como tal es que a ti no te cueste dinero. ¡Faltaría más! Para mí, a eso se le pueden llamar de muchas maneras, pero no es un voluntariado.

Éste ha sido mi vistazo a la cara B del voluntariado. Con esto no te quiero desanimar, ni mucho menos. Ya has visto que los voluntariados tienen cosas muy positivas. Y mi experiencia siempre ha sido buena. Excelente en algunos casos. Y conozco algunos ejemplos de buenos programas de voluntariado. Pero no siempre es así. Simplemente es cuestión de que los uses sabiamente. No te dejes engañar y, como siempre, disfruta. Y cuando dejen de serte útiles, cuando ya no aprendas nada, déjalos. Y sé el profesional que realmente serás para entonces. Hazte valer y lucha por nuestra profesión 😉

¿Qué te ha parecido mi listado? ¿Has tenido alguna mala experiencia en algún voluntariado? Si es así, compártela con nosotros y evita que a otros les pase.

¡Un saludo!

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Publicado en: Voluntariado Etiquetado como: intrusismo laboral, negativo, voluntariado, voluntariado ambiental

5 razones por las que me encantan los voluntariados

21/05/2015 by Bichólogo 7 comentarios

El voluntariado es, a día de hoy, una parte fundamental de cualquier organización relacionada con la investigación, el medioambiente o la conservación. Y esto tiene su cara y su cruz. Es por ello que tengo una relación un tanto ambivalente con el voluntariado y he decidido plasmarla en dos posts consecutivos en los que explicaré las razones por las que me gustan los voluntariados y las razones por las que los odio. Como verás, tanto una como otras son de lo más variadas y, a mi entender, justificadas. Comencemos por el lado bueno…

El lado bueno del voluntariado ambiental

5 razones por las que me encantan los voluntariados

El voluntariado ambiental juega hoy en día un importante papel en conservación en todos los países. Y no sólo por parte de las organizaciones, sino que también triunfa entre los estudiantes de las diversas ramas que entroncan con la biología. ¿Por qué ese éxito? Te voy a contar mis razones…

1. Consigues la tan ansiada experiencia

A día de hoy muchos anuncios de empleo requieren candidatos con experiencia para el puesto. Pero si no te dejan trabajar primero, ¿cómo vas a conseguir esa experiencia? La pescadilla que se muerde la cola. Los voluntariados han permitido romper ese círculo vicioso ofreciendo la oportunidad de trabajar en el campo que más te gusta, foguearte y conseguir la práctica necesaria en el desempeño de tu labor.

Además, en numerosos voluntariados te ofrecen un certificado de aprovechamiento al final que te ayuda a engordar tu currículo y tu experiencia profesional. Por eso lo más común es hacerlos mientras uno aún está en la carrera, aunque nunca es tarde 😉

2. Las organizaciones pueden realizar más y mejores proyectos

Muchas entidades conservacionistas están implicadas en numerosos proyectos que requieren un gran capital humano que no siempre pueden costear. El voluntariado ambiental surge como una alternativa barata para completar el equipo de trabajo mediante personas que, altruistamente, colaboran con la organización en cuestión. Esto es especialmente importantes en aquellas instituciones que por la naturaleza de su trabajo no cuentan con importantes ayudas o subvenciones gubernamentales. De este modo se pueden acometer empresas de mayor envergadura y sacar adelante estudios, trabajos o actividades que de otra forma sería imposible sufragar.

3. Crecimiento personal

En muchas ocasiones el voluntariado conlleva alejarte de tu región, a veces cambiando de país o incluso de continente, e integrarte en grupos de trabajo, con distintas filosofías y, en ocasiones, distintas culturas. Esto supone una experiencia enriquecedora no sólo a nivel profesional, sino también humano. Puede convertirse en una experiencia vital que cambie tu forma de mirar el mundo y que te transforme profundamente.

Además, y por si esto fuera poco, aportas valor a la gente. Colaborar en alguna causa, como puede ser la conservación de alguna especie, es una manera de poner tu granito de arena, de aportar valor al mundo. No se trata de cambiarlo, pocas personas pueden hacerlo por sí mismas. Se trata de ayudar, de crear algo positivo que recaiga en los demás.

Quizás no te parezca gran cosa ayudar en un proyecto de cría en cautividad, o haciendo un censo de paseriformes, pero ya estás dando algo al mundo. Conservar la biodiversidad es conservar la enorme riqueza natural de nuestro planeta, que no es sino la herencia que dejaremos a nuestros hijos. Así que no te subestimes ni a ti ni a lo que haces.

4. Posibilidad de trabajar con animales y en sitios que siempre has soñado

Algunos de estos voluntariados te dan la posibilidad de trabajar con grupos animales a los que normalmente no tienes acceso, como linces, primates, grandes depredadores africanos… Si sabes buscar bien puedes encontrar oportunidades absolutamente increíbles.

Aunque el voluntariado implica trabajar gratis normalmente lo compensan costeando tu estancia y, algunas veces, el viaje. Esto te permite viajar y explorar distintas regiones por una pequeña parte del dinero que te gastarías en un viaje como turista. Es una estupenda forma de mezclar trabajo y viajes. Puedes dar rienda suelta a tu espíritu explorador y conocer mundo mientras te formas como biólogo.

5. Conoces gente

Los voluntariados son una forma de alimentar tu red de contactos. No sólo conocerás a compañeros del gremio, sino también de otras profesiones afines (recuerda la importancia de los equipos multidisciplinares). Y sobre todo puedes conocer a gente importante (coordinadores, presidentes de sedes locales de la organización, investigadores que estén trabajando en el mismo sitio…). Pueden ser un gran lugar para hacer networking, pero sobre todo es un gran lugar para hacer amigos. No desaproveches ninguna de esas oportunidades. Yo aún conservo buenos amigos que conocí hace ya muchos años en alguno de mis voluntariados.

Algo más de información

Y hasta aquí llega mi lista de los puntos fuertes de los voluntariados. Por si estás interesado en conocer un poco más sobre este mundillo y saber dónde puedes informarte de las oportunidades de colaborar en diversos proyectos aquí te dejo un buen artículo al respecto.

¿Qué te ha parecido? ¿Estás de acuerdo? ¿Añadirías alguna cosa más? Espero tu opinión, que seguro que puede ayudar a todos los que nos lean 😉 Y recuerda que aún queda la segunda parte de este artículo: el lado oscuro del voluntariado 😉

¡Un saludo!

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¡Lo quiero!

Publicado en: Voluntariado Etiquetado como: conservación, puntos positivos, voluntariado

El valor de los contactos y el networking

18/05/2015 by Bichólogo 2 comentarios

Los contactos son claves a la hora de encontrar un trabajo en biología. Ya comenté en alguna ocasión que esa es una de las grandes lecciones que me ha enseñado mi profesión, así que compartiré mi experiencia contigo, a ver si estás de acuerdo conmigo.

La importancia de un buen networking

Contacto ≠ Enchufe

No es lo mismo un contacto que un enchufe. Para nada. Un enchufe es alguien que, sin que tenga que ver con tus méritos, te coloca en una posición ventajosa frente al resto. Sin embargo, un contacto es una persona a la que has conocido y que cuando necesita a alguien con un perfil profesional como el tuyo piensa en ti antes que en otros.

El enchufe se acordará de ti no por tu trabajo, sino por quiénes son tus padres, tus amigos o el poder que tengan tus allegados, y no le importará cómo desempeñes tu trabajo. El contacto se acordará de ti por tu valía, por la impresión que le dejaste, porque realmente te considera adecuado para el puesto.

Cómo empezar a hacer contactos

No existe un recetario para comenzar tu red de contactos. Y en realidad no se diferencia en nada de cómo conoces a gente en tu día a día. De hecho, tiene mucho que ver con hacer amigos. Porque, al fin y al cabo, un contacto es alguien que te tiene aprecio y confía en ti y en tus capacidades. Nadie te va a ofrecer un puesto si cree que puedes arruinarlo todo. Hay que crear una vínculo de confianza. Y cuando hay confianza, el salto a la amistad es bien pequeño.

Sin embargo no siempre un contacto va a ser sinónimo de un amigo. Hay relaciones que son meramente profesionales. Pero si aparte de lograr un apoyo sólido en alguien eres capaz de forjar una buena amistad siempre es mucho mejor 😉

Dónde hago mis contactos

En cualquier oportunidad, momento y lugar que puedas. Así de sencillo. Y así de difícil. No se trata de ir acosando a cualquier persona por la calle, sino de tratar de establecer una conversación con aquellas que consideres interesantes. Pero no trates simplemente de añadir una muesca más en la cuenta de tus contactos. Disfruta del proceso. Conoce a la persona, aprende de ella, crea una auténtica red de confianza. Porque además no estás conociendo solamente a un individuo, sino que cada nodo que añadas a esa red abre un sinfín de oportunidades de conocer más gente.

Existen multitud de formas de alimentad tu red:

1. Los compañeros de la carrera

Ésta es fácil, ¿eh? Quizás ahora pienses qué te pueden aportar a nivel profesional los colegas de fiestas universitarias, los compañeros que te pasaban los apuntes o los amigos con los que juegas a los dardos en la cafetería y te tomas el café entre clase y clase. Ellos tienen el mismo status que tú, saben lo mismo, os movéis en los mismos círculos… Pero eso es ahora, quizás dentro de un año recibas la llamada de alguno de ellos porque en su trabajo hay una vacante y cree que tú darías perfectamente el perfil 😉

2. Los compañeros del departamento

Aquí ya vamos afinando un poco más. Estos contactos estarán ya totalmente dentro de tu área de interés laboral. Compartís gustos, trabajáis en el mismo campo (o muy similar) y os veis con mucha frecuencia. La hora del descanso para el café, las cañas que de tanto en tanto se organizan, las comidas navideñas del departamento o las lecturas de tesis de compañeros suelen ser los mejores escenarios para afianzar esos incipientes lazos que surgen inherentes al trabajo diario común 😉

3. Los congresos, charlas y workshops científicos

Estos son las eventos ideales para poner en marcha el networking al 100%. Aquí encontrarás gente relacionada con tu rama, con los temas con los que quieres trabajar. Aprovecha la ocasión. Preséntate. Sé simpático, pero no adulador. Muestra interés (pero un interés real) por lo que te cuentan. Participa en la medida de lo posible. Y no tengas prisa. En los congresos y demás citas científicas la conversación surge por sí sola. No trates de forzar nada y demostrar lo mucho que sabes de algo. Sé natural. Sé tu mismo.

4. Siguiendo blogs, perfiles sociales y demás de gente interesante

Es la mejor manera de mantenerte al día de todos esos temas que te atraen y una forma de mantener el contacto con esas personas. Participa, comenta, pero siempre cuando tengas algo que aportar. No intentes que se fije en ti por mera saturación o eso será lo que recuerde de ti. Hazte notar con elegancia y aportando valor a la otra persona. No acoses 😉

5. En cualquier sitio donde se presente la ocasión

A veces el azar nos permite conocer a gente en los lugares más inesperados: amigos comunes, la cola del supermercado, durante la visita a un museo, en una entrevista de trabajo… No dejes pasar la oportunidad. Relaciónate, muéstrate como eres y siempre trata de aportar algo a tu contacto. Esa es la mejor impresión que puedes causar 😉

¿Pero eso del networking funciona?

Absolutamente. Y puedo ponerte multitud de ejemplos:

1. Invitaciones a colaborar con otras personas en artículos.

Como ya comenté en alguna otra ocasión, el networking me ha permitido viajar a Noruega para colaborar en un estudio, todo gracias a una estancia breve que realicé para mi tesis doctoral y a la gente que conocía allí. Además, también me han invitado a dar un pequeño seminario a estudiantes de biología en una universidad alemana y me propusieron solicitar una post-doc para realizar con ellos, todo gracias a un email que mandé para una vacante que sabía que no me darían 😛 Pero les gustó mi currículo y se pusieron en contacto conmigo 😉

2. Colaboraciones para tus propios proyectos

Para la creación de este blog he contado con la inestimable colaboración de algunos de mis contactos (y amigos!) en forma de entrevistas. Pakozoico, Miquel Llorente y Óscar Domínguez (al que pronto entrevistaré) son un claro ejemplo de ello. Los conocía desde hace bastante tiempo y gracias a ello me atreví a meterlos en este lío 😛 Además, este proyecto que es «El Bichólogo» me ha permitido también conocer a grandes personas de la talla de Luis Miguel Domínguez o Marco de Mesa, que también me cedieron su tiempo y sus palabras amablemente. ¡Todo un lujo! ¿Qué más puedo pedir?

3. Ofertas de trabajo

Sí, también sirve para conseguir trabajo. Del de verdad, remunerado 😉 Mi primer trabajo bichológico lo conseguí gracias a haber acudido a una cena con motivo de la celebración de los 25 años de vida de la licenciatura de biología. Y yo, junto al Bioblogo, íbamos en representación de los alumnos (¡que insensatos los organizadores!). Pues gracias a la gente que conocimos allí nos surgió la oportunidad de unas prácticas y de trabajar colocando cajas nidos para paseriformes en el por entonces Parque Natural de Monfragüe, y cajas nido de corcho para carraca (Coracias garrulus) y cernícalo primilla (Falco naumanni) en diversas ZEPAs de Extremadura.

También pude trabajar un par de meses en la isla de Öland (Suecia) con papamoscas gracias a Nando, que me avisó de la oportunidad y me presentó por email  a quien se encargaba de los contratos.

Finalmente también conseguí mi actual trabajo gracias a otro amigo que me avisó de que estaban contratando en su empresa y me presentó a sus jefes. Envié mi currículo, una entrevista telefónica y en un mes me había mudado a Asturias.

Y estos son sólo algunos ejemplos destacados. Probablemente la mayoría de esas ofertas de trabajo, si no todas, me habrían pasado desapercibidas si alguno de mis contactos no hubiera pensado en mí. Obviamente mi currículo y mis trabajos previos fueron los que decantaron la balanza a mi favor, pero de no ser por mis contactos ni siquiera habría tenido la oportunidad de presentarme a la oferta

Todo eso es muy bonito, pero yo es que soy muy tímido

Sí, y yo también. Esto no es un concurso de popularidad ni una carrera a ver quién tiene más amigos en Facebook o en Linkedin. Es infinitamente más importante la calidad que la cantidad de contactos. Un buen contacto puede abrirte muchas más puertas que 10 malos. Sólo tienes que ser tú mismo/a, no intentes forzar las situaciones. Al principio requiere cierto esfuerzo hacer un networking activo pero al final se convierte en un proceso automático. Tú no piensas en conocer a gente todos los días y sin embargo lo haces. Pues con esto es igual. Déjalo fluir. Be water, my friend.

Ahora te toca a ti

Empieza desde ya a hacer contactos. No lo dejes pasar. Cada oportunidad perdida es un puerta que sigue cerrada para ti. No te obsesiones, pero no lo pospongas indefinidamente. Sé natural y aporta valor a los demás. Ése es el secreto.

¿Has hecho alguna vez networking? ¿Qué piensas de los contactos? ¿Ya has comenzado tu propia red? Cuéntamelo en los comentarios o por las redes sociales 😉 Un saludo!

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¡Lo quiero!

Publicado en: La profesión Etiquetado como: búsqueda de trabajo, contactos, empleo, networking, oportunidades

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