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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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Guías de aves y cuál debo comprar

23/04/2015 by Bichólogo 4 comentarios

El de las aves es uno de los grupos animales más estudiados por los científicos. Las razones son variadas, pero una de las principales es su abundancia y la facilidad para trabajar con ellos. Esta ubicuidad de las aves ha hecho que la cantidad de estudios, trabajos y ponencias en congresos sobre aves sea abrumadora en relación al resto de grupos.

Cómo elegir una buena guía de aves

Pero esta misma característica también hace que sean las más agradecidas de ver. Si un día sales al campo, ¿cuántos linces, ciervos, lagartos, peces o invertebrados encuentras? ¿Y cuántas aves? Esto ha provocado que se genere un gran interés por este grupo animal que se extiende no sólo a los estudiosos de la biología, sino a cualquier aficionado o naturalista.

Pero la variedad de aves es inmensa. En total se conocen más de 9200 especies repartidas por todos los rincones del globo. España es un lugar privilegiado a nivel mundial para la observación de aves, como más de 340 especies distintas. Esto lo ha convertido como un destino estrella para los ornitólogos y birdwatchers del mundo. Por tanto, conocer e identificar las distintas especies que configuran la avifauna de una zona puede llegar a ser algo muy complejo. Por ello surgieron las guías de aves.

¿QUÉ ES UNA GUÍA DE AVES?

Las guías de aves son publicaciones que recogen todas las aves de una determinada zona geográfica. Su objetivo fundamental es ayudar a diferenciar las distintas especies, incluso aquellas con una morfología muy similar. Dependiendo de la guía escogida variará la cantidad de información adicional: mapas de distribución geográficas, ilustraciones, fotografías, cantos, características ecológicas… Además, algunas incluyen información acerca de algunas especies que, si bien no son residentes ni crían en la zona, pueden aparecer de tanto en tanto. Ejemplares divagantes provenientes de lugares más alejados o bien algunas rarezas que, por azares del destino, terminan pasando por la zona. Y es que, aunque las especies en general tienen bien definidas sus áreas de distribución, dada la gran movilidad que tienen las aves no es excepcional ver algunos ejemplares muy alejados de sus áreas de cría, invernada o paso habituales.

¿QUÉ GUÍA ME COMPRO?

Pues eso depende de ti 😛 Las distintas guías varían enormemente, tanto en precio como en tamaño, información y exactitud. Puedes encontrar de todo en el mercado, desde guías acerca de las aves de una ciudad o un pueblo hasta algunas que tratan de abarcar todas las aves del mundo. Algunas son fácilmente transportables y otras pueden contar con 17 grandes volúmenes. Lo que sí te puedo decir es que, en general, no son baratas. Y menos aún en España. Aquí ya sabemos que la cultura y la ciencia no han sido precisamente la bandera de nuestros gobiernos. Si compras en el extranjero puedes obtener mejores precios, pero la inmensa mayoría del material está en inglés (si tienes suerte) o en el idioma del país en concreto. A continuación,Vamos a ver qué es lo que debes tener en cuenta a la hora de elegir una buena guía.

Ánades reales en vuelo en el Azud del Guadiana a su paso por Badajoz

1. Tamaño

Cuanto más pequeña y manejable, mejor. No hay nada más incómodo que ir al campo con un libro de varios kilos de peso que además no es nada manejable. Si necesitas una mesa sólo para poder abrir el libro y buscar el pájaro, esa guía no es para ti ;). Sin embargo, existe un claro compromiso, un trade-off entre el tamaño del libro y la cantidad de información que contiene. Si quieres un tamaño y un peso reducido eso sólo puede ser a costa de sacrificar valiosa información.

2. Número de especies

Si vas a ir exclusivamente a ver pájaros al huerto de tu casa en el pueblo no necesitas una guía de aves del mundo. Ni tan siquiera de Europa. Si lo que pretendes es hacer un viaje alrededor del mundo, una guía de aves de Extremadura no te valdrá de mucho. Para la mayoría de gente, una guía de Aves de España puede ser perfectamente funcional sino viaja mucho. Y si sueles salir al extranjero, una guía de aves de Europa te será más útil. Todo depende del uso que le vayas a dar. Porque recuerda, mayor información, mayor tamaño 😉

3. Fotografías o ilustraciones

Existen buenas guias tanto con fotos como con dibujos. En mi opinión personal, son mejores las ilustraciones. Una fotografía refleja la realidad en un momento muy concreto: una determinada hora del día, un día que puede ser nublado o soleado, la cantidad de sombra que le da al animal… Sin embargo las buenas ilustraciones presentan imágenes idealizadas del animal. Puedes ver distintos ángulos y resaltan determinados rasgos, como coloraciones o reflejos, que si bien pueden no ser totalmente realistas, sí que ayudan mucho a identificarlas cuando uno está en el campo. Incluso existen guías que no llevan ninguna imagen de los animales salvo algunos gráficos meramente descriptivos para evaluar tamaños relativos de primarias y cosas por el estilo. Pero una vez más, decidir entre unas u otra es cuestión de gustos.

4. Mapas de distribución

Lo ideal es que cada especie tenga asociado un mapa de distribución que señale las zonas de invernada, las de cría o si es residente todo el año. Esto aumenta considerablemente el tamaño de la guía, pero puede ayudar a descartar fácilmente algunas especies por la época o la zona donde nos encontramos. Aparte de siempre puedes aprender sobre la fenología de las aves.

5. Cantos

En algunas guías, además de una breve descripción del animal, traen una transcripción fonética de los cantos. Suele ser bastante divertida, del tipo:

…el animal hace chiriiiip pi pi pi agudo en vuelo, y un truaaak ka ka ka como señal de alarma…

Aunque al principio no le ves utilidad alguna, cuando lees la transcripción y oyes el canto sí que puede ayudarte a identificarlo.

MI RECOMENDACIÓN

Mi favorita sin duda es la Collins. Presenta multitud de ilustraciones, comparando a menudo distintas especies muy parecidas entre sí, o mostrando a los animales en vuelo. La calidad de las ilustraciones es excepcional y presente muchísima información en un tamaño muy contenido. El precio es alto, pero sin duda creo que es un inversión que merece la pena. De hecho, es la que yo uso ;). Y si dominas el inglés, aquí puedes encontrarla mucho más barata 😉

También le tengo especial cariño a la Lars Johnsson. Con ella aprendí a identificar aves en una excursión en la universidad y en mis sucesivas visitas al azud de Badajoz (ZEPA, por cierto). Las ilustraciones no son todas tan buenas como en la anterior, pero es muy didáctica y también presenta mucha información

También os dejo otras opciones que me parecen interesantes, y de precios más bajos. No las he probado personalmente pero he leído muy buenos comentarios 😉

          

Y tú, ¿tienes ya alguna guía de aves? ¿Cuál usas? ¿Has decidido comprarte alguna? ¡Cuéntamelo en los comentarios o en las redes sociales!

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Las 5 cosas más extrañas que he hecho como biólogo

20/04/2015 by Bichólogo 14 comentarios

El de biólogo es un trabajo que se presta a investigar cosas de lo más variopinto. El estudio de la vida, la Biología, implica tantas, tantas cosas que por fuerza alguna de ellas son extrañas y rebuscadas. No sólo se estudian los seres vivos en sí mismos, sino sus partes, sus procesos internos, las relaciones que se establecen entre ellos y con el medio. Hasta se investigan sus historias evolutivas y como se han ido adaptando a su entorno desde el punto de vista de la evolución. Las posibilidades son casi infinitas.

A lo largo de mi experiencia profesional he tenido que hacer de todo: anillador específico, técnico de campo, instalar cajas nidos para unos jefes y hecho el seguimiento para otros, redactar artículos y memorias técnicas, recoger muestras, prepararlas, analizarlas en el laboratorio, tratamiento estadístico de datos, dar y recibir charlas de lo más dispares, preparar presentaciones en power points… Pero creo que las cinco siguientes se llevan la palma en cuanto a lo extravagante o lo original. Y todas ellas han dado lugar a situaciones cuando menos curiosas a la hora de explicar a mi familia y amiguetes en qué trabajaba.

Esperma visto bajo el microscopio óptico

LAS 5 COSAS MÁS EXTRAÑAS EN QUE HE TRABAJADO

1. Masturbar pajaritos

Esta es, sin duda, una de mis favoritas. Con motivo de mi estancia breve en el Museo de Historia Natural (NHM) de Oslo tuve la oportunidad de trabajar en temas de competencia espermática. Y aunque principalmente analicé las muestras, sí que tuve que tomar alguna con mis propias manos. Sí, imaginad que tenéis un pequeño pajarito de menos de 20g de peso en vuestras manos y tenéis que obtener una muestra de esperma. Y contando con que eres tú mismo el que tiene que sujetar al animal, que no debe pasar demasiado tiempo en la mano para evitar estresarlo (¡recordad lo que os contaba en el post del anillamiento!). Estresante 😛

Por no hablar de las bromas y chanzas consecuentes de los compañeros: “¡Dile cosas bonitas al oído antes, hombre!”, “Mírale, te está haciendo ojitos”, “Ese seguro que vuelve, le has dejado contento”.

2. Analizar muestras de Chernobyl

Esta está relacionada con la anterior. Pues durante la misma estancia en Oslo me ofrecieron la oportunidad de analizar unas muestras de esperma cogidas en Ucrania, en el área de influencia de la antigua Central de Chernobyl. Imaginaros mi cara. ¿Esperma de Chernobyl?

Buscando anormalidades en el esperma de pajarillos de Chernobyl. ¿Notáis vosotros algo raro? ;)
Buscando anormalidades en el esperma de pajarillos de Chernobyl. ¿Notáis vosotros algo raro? 😉

Por supuesto que acepté. Me pasé un mes preparando muestras, observándolas en el microscopio, tomando fotografías y analizando aberraciones y malformaciones. Y fue productivo. Muy productivo. Podéis ver la prueba en este artículo, resultado de dicha colaboración con el NHM de Oslo.

3. Recoger excrementos de mamíferos

Prácticamente todo el tiempo que he estado en la consultoría medioambiental lo he pasado realizando transectos de mamíferos, para tratar de averiguar presencia/ausencia y su abundancia relativa. Y dado que los mamíferos son por lo general esquivos y difíciles de ver, pues sólo nos queda buscar sus rastros. Las huellas quizás sean el más obvio que nos viene a la mente, pero en general es más sencillo encontrar sus excrementos.

Excremento de desmán
Excremento de desmán ibérico hábilmente depositado en un hueco bajo una piedra en medio del río 😛

Y así he andado buscando (y a menudo recogiendo) muestras de un respetable número de especies: lobo (aunque más comúnmente eran de perros asilvestrados), zorro, jabalí, corzo, conejo, libre, tejón, jineta, garduña, pequeños mustélidos, nutria y desmán ibérico, y seguro que se me olvida alguno. Hubo una época en la que simultaneaba este punto con el primero. Me encantaba ver la reacción de la gente cuando me preguntaba a qué me dedicaba y yo respondía: “Pues ahora mismo recojo mierda de lobo y soy mamporrero de pájaros”. ¡Sus caras eran un poema!

4. Tapar nidos

Durante un par de temporadas de campo al menos, el tapar nidos por la noche me quitaba no sólo el sueño, sino mi vida social, que se hundía hasta lo irrisorio entre marzo y julio. Y es que por aquella época yo monitorizaba una colonia de avión de más de 200 parejas. Y claro, la única manera de saber quienes eran los padres (al menos los “oficiales” ya que hay numerosas cópulas fuera de la pareja) era yendo a la colonia de noche, tapando la entrada de los nidos y volviendo muy temprano al día siguiente, para capturar a los padres. Esto sólo se podía hacer cuando ya había pollos en el nido, que es cuando ambos padres duermen dentro del nido. Por eso había que capturar, anillar, medir y tomar muestras de sangre a los adultos inmediatamente y bien tempranito, para que pudiesen ponerse a cebar a los pollitos inmediatamente.

Nido de avión común
Nido de avión común a medio hacer en la ventana de mi dormitorio

Como podéis imaginar, los pajarillos no entienden de horarios, y esto me tocaba hacerlo incluso en los fines de semana. Así que no era raro que me fuese a tomar algo con mis colegas y, a eso de las 22:30, decirle: “Bueno, chicos. Me voy a tapar nidos. Nos vemos la semana que viene, que hoy me toca levantarme a las 6:00”. Vaya vida 😛

5. Ser curtidor de gallinas

A veces, para realizar una tesis doctoral, hacen falta adquirir determinadas aptitudes “especiales”. En tiempos estuve a punto de irme a Bolivia con mi colega de Bioblogía a hacer el doctorado sobre ardeidos de los pantanales de por allí. Pero para ello debíamos aprender varias cosas: a montar a caballo a la española, a disparar con rifle y a preparar pieles de aves para su conservación en museos. Fácil, ¿no? Quién no tiene un caballo, un rifle, un campo de tiro y un montón de pájaros para despellejar?

Pero finalmente logramos iniciarnos en todas y cada una de las habilidades que se nos requerían, gracias a la suerte y el ingenio. Y como necesitábamos un flujo de aves finadas, decidimos pasarnos por un matadero de aves, donde amablemente nos proveyeron de todas aquellas que llegaban muertas. Así que provistos de batas, guantes de látex, mascarilla (quién sabe que tendrían esas gallinas) y el material de disección de las prácticas en la carrera nos pusimos manos a la obra. Afortunadamente no tuvimos que hacerlo mucho, ya que abandonamos la idea del doctorado en Bolivia cuando estalló una pequeña revolución allá por 2005, justo en el sitio donde íbamos a estar afincados. Pero eso es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión 😉 😛

Todo esto no es sino una pequeña muestra de las cosas que hace un biólogo. No son todas pero desde luego sí las más raras.  Y ahora os toca contarme a vosotros. ¿Qué es lo más raro que habéis hecho gracias a la Biología? ¿Qué estaríais dispuestos a hacer? No seáis tímidos y decídmelo en los comentarios o por las redes sociales 😉

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Cómo trabajar con bichos y viajar gratis (¡o casi!)

16/04/2015 by Bichólogo 4 comentarios

Yo soy un viajero empedernido. Desde que con 23 años me fui un par de meses de voluntariado a Perú no he podido parar de viajar. Aquel viaje cambió mi vida y mi mentalidad. Así que desde entonces decidí aprovechar cada pequeña oportunidad que la vida me brindase para conocer nuevas tierras, nuevas culturas, nuevas sociedades.

Viajando con poco dinero gracias a la biología

Hay profesiones que son más dadas a viajar que otras. Y hay quien se lo monta mejor que otros. Pero el de biólogo es uno de esos trabajos en los que, si quieres, puedes conocer múltiples lugares. La llamada «movilidad exterior» de la que presumía la ministra de trabajo, vamos. Pero en positivo 😉

Desde el mismo comienzo, desde que empieza la carrera, surgen las posibilidades de viajar. El trabajar en algún departamento no sólo aumenta considerablemente las posibilidades de formación, sino que abre inusitadas puertas para el viajero en ciernes: los congresos. En el ámbito de la investigación, una de las formas de difundir los resultados son los congresos científicos, workshops y similares. Estos pueden ser en territorio nacional o internacionales. Si participáis en algún proyecto de investigación quizás tengáis la oportunidad de ir a uno de eso congresos a exponer un póster o, incluso, una comunicación oral. Y dependiendo de la universidad, el departamento y el dinero disponible, quizás con los gastos pagados ;). Salamanca, Madrid o Valencia fueron algunas de las ciudades que visité gracias a diversos congresos.

Cabo de Gata
Sería pecado haber ido a Almería de estancia breve y no pasar por la zona del Cabo de Gata

Si te gusta la carrera de investigador, entonces un paso ineludible es la realización de la tesis doctoral. Y lo más probable es que lo hagas gracias a una beca predoctoral, bien sea ministerial o de tu comunidad autónoma (becas FPI y FPU, por ejemplo). Pero también puedes realizar el doctorado en el extranjero, con alguna beca de la Universidad en cuestión, de alguna fundación o por medio de programas como las becas Marie Curie. Yo fui a una entrevista para una beca predoctoral en la universidad de Gronigen (Holanda), con el viaje y la estancia pagados durante 4 días. No logré la beca, pero fue una experiencia de lo más interesante, que me permitió conocer la ciudad y alrededores 😉

Algunas de estas becas nacionales ofrecen ayudas para realizar estancias en centros distintos a donde se está realizando la tesis doctoral. La idea de estas estancias breves es aprender nuevas técnicas que no son accesibles en tu universidad o en tu país, fomentando la internacionalización de la educación del investigador, con todas las ventajas que eso proporciona. Estas ayudas suelen aportar un cantidad diaria de dinero y una bolsa de viaje para costear la estancia. Cada una tiene su propia normativa, pero en general tienes que conseguir la aceptación del centro receptor y alguien que sea tu tutor en dicho centro.

Sognsvann
Un hermoso paseo alrededor del lago de Sognsvann, al norte de Oslo

Las estancias suelen ser de entre 2 y 6 meses de duración (aunque ahora creo que las han reducido a 4 meses, los recortes y eso). Yo tuve la suerte de obtener una beca FPI del ministerio y gracias a ella viví un par de meses en Almería (aprendiendo a medir coloraciones de plumas en la Estación Experimental de Zonas Áridas), otro par de meses en el laboratorio de Parasitología Evolutiva de la Universidad Pierre et Marie Curie de París (intentando tomar microfotografías de plumas en el microscopio electrónico)  y otros dos meses en Centro Nacional para la Biosistemática del Museo de Historia Natural de Oslo (aprendiendo a analizar muestras de esperma de aves con microscopía óptica). Un poco de todo, como veis 😉

Bien sea por medio de congresos o becas, este tipo de viajes no sólo potenciarán tu formación, sino que te permitirán crear una importante red de contactos que, potencialmente, te proporcionará futuras oportunidades de trabajo y, por supuesto, de nuevos viajes 😉 Y es que gracias a la estancia en Oslo, por ejemplo, recibí una nueva invitación el año siguiente para seguir colaborando con ellos, analizando nuevos datos y logrando una nueva publicación. Pero no sólo eso, sino por medio de esa última publicación conseguí también otra invitación para dar un seminario en la universidad de Bielefeld, así como un póster en un congreso.

Área de estudio de Bielefed
Dando un paseo por el área de estudio de mi anfitrión en Bielefeld

Aunque no sólo la investigación te permite viajar, por supuesto. Si te gusta el trabajo de campo existen puestos de asistente de campo en diversas universidades con carácter principalmente estacional, coincidiendo con la época de mayor carga de trabajo. Gracias a esta modalidad, por ejemplo, tuve la oportunidad de pasar dos meses geniales en la isla sueca de Öland como técnico de campo para la universidad de Uppsala. Dos meses trabajando con papamoscas cerrojillo y collarino revisando cajas nido, capturando adultos, anillando pollos y tomando muestras de sangre en un entorno espectacular. ¡Fue una experiencia absolutamente fantástica!

Molino de viento
Una de las imágenes más icónica de Öland

Pero la empresa privada también te permite conocer mundo, aunque sea dentro del mismo país. Y es que España, en mi caso, sigue siendo una gran desconocida para mí. Y durante los casi dos años que he trabajado en el mundo de la consultoría medioambiental he podido conocer buena parte de las provincias de León, Zamora y Asturias, visitando también algunos lugares de Ávila o Galicia y llegando incluso a mi querida Extremadura (¡siendo una consultoría asturiana!). Y también me dio la oportunidad de conocer el norte de Portugal, donde desarrollé la mayor parte de mi trabajo en dicha consultoría.

Paisaje montañoso de León
El impresionante paisaje de la montaña central leonesa

Y, por supuesto, también están los voluntariados, que suelen costearte alojamiento y comida y, a veces (cada vez menos), desplazamiento.  Pero sobre eso ya hablaré en otra ocasión. 😉

Todo esto es sólo la punta del iceberg, un atisbo del sinfín de posibilidades que la carrera ofrece al biólogo inquieto y viajero, a ese bichólogo errante que todos llevamos dentro. Así que no tengáis miedo, poneros en marcha y haced de vuestros viajes soñados una realidad. ¡Querer es poder!

¿Alguno habéis viajado gracias a la biología? ¡Compartid vuestra experiencia en los comentarios!

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Mi experiencia como guardaparque voluntario en Perú

12/04/2015 by Bichólogo 25 comentarios

Este voluntariado fue una experiencia vital, que me transformó profundamente y me convirtió en un adicto a los viajes. Es la historia de un viaje en solitario a una tierra maravillosa para trabajar en un entorno privilegiado. Ésta es mi historia.

Mi historia como voluntario en Perú

Comenzando por el principio.

Todo empezó en 2003 con una charla en la Universidad de Extremadura sobre la creación de la lista de especies protegidas en Perú. Fue una charla interesante y, como todas estas cosas de bichólogos, desembocó en unas cañitas post-charla.

Yo tenía por aquel entonces unos amigos en Lima que me habían hecho desear conocer aquellas tierras como fuera. Y comentándolo con el ponente, entre cerveza y cerveza, me dijo que en Perú existía un programa de voluntariado en todas áreas naturales protegidas. Que si yo quería me avisaría cuando oyese de alguna plaza libre. Yo me pagaría el viaje ida y  vuelta a Lima, pero el desplazamiento al área natural, la comida y el alojamiento corría por cuenta de espacio protegido en cuestión. Así que intercambiamos emails, seguimos charlando y después me olvidé del tema. Pero él no.

templo inca
Ruinas de Sacsayhuamán a las afueras de Cuzco. Las construcciones incas eran impresionantes, no sólo por sus dimensiones sino por la forma en que encajaban piedra sobre piedra sin usar argamasa.

A los pocos meses recibí un correo. Había una plaza en la Reserva Nacional de Lachay como guardaparque voluntario, con una estancia mínima de un mes. Si la quería, era mía. Alucinado, le contesté que sí y me puse manos a la obra. No fue fácil. Tuve que preparar muchas cosas y, sobre todo, convencer a mis padres que con 23 años, y no habiendo salido apenas de España mas que para comer en Elvas (Portugal), era lo suficientemente responsable como para irme 2 meses a otro hemisferio. Pero nunca me he rendido fácilmente jeje

Acordé con mis amigos de Lima que me acogerían unos días allí antes de ir a Lachay, donde tenía planeado quedarme 40 días, y un par de semanas después, durante las cuales quería conocer algo del país. Así que con mis escasos ahorros, muchos ganas y un cague considerable, tomé el avión a Lima.

Sobrevolando los andes
Volar sobre los Andes fue una experiencia sobrecogedora

¡El viaje comienza!

Lima es una ciudad de contrastes. De muchos contrastes. Pasé una semana y pico sobreviviendo al jet-lag, acostumbrándome al clima, al tráfico caótico y a negociar los taxis. Y cuando me sentí preparado, me fui a Lachay.

Me recogieron en el bus y me llevaron a través del árido desierto costero peruano. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando tomamos una camino de tierra y, frente a mí, comienza a aparecer un vergel que no me esperaba: la Reserva Nacional de Lachay.

Una vez superada mi sorpresa me instalé allí. Me enseñaron toda la reserva. Lachay es muy pequeño y, al menos en aquella época, sólo tenía tres rutas principales. Pero presentaba dos áreas bien diferenciadas: una tremendamente húmeda y verde gracias a la influencia de las nieblas, y otra árida y rocosa, llena de cactus, al otro lado de la ladera, a donde no llegaban la neblina oceánica.

Lachay
Los tremendos contraste de Lachay en sus apenas 5000 hectáreas de extensión

Siempre me despertaba de madrugada, con el canto de un sinfín de pájaros. Un buen desayuno para coger fuerzas y a cumplir con las rutinas diarias: limpieza de los edificios, mantenimiento de caminos y estructuras, sacar las vacas que a los pastores se les “escapaban” dentro del parque y dar indicaciones a los turistas. Pero además colaboraba en un trabajo de caracterización de hábitat del canastero de los cactus, un endemismo peruano, en la zona seca llamada Guayabito.

Durante cuarenta días me dediqué a estas labores, además de aprender de la pequeña biblioteca que tenían en la casa de los guardaparques, conocer buena parte de la fauna que pululaba por el parque y disfrutar de la comida y la gente. Y vaya que la disfruté. Una gastritis por culpa del excesivo ají que le echaba a todo fue buena prueba de ello 😛

huaqueros
Destrozos realizados por los saqueadores de tumbas en la huaca o cementerio precolombino que hay en Lachay

Pude disfrutar de la riqueza faunística del parque, así como de curiosa geología, las caprichosas formas de las paredes rocosas y el interesante puquial que aún existía en el parque (una concavidad donde se deposita el agua proveniente de la neblina captada por la vegetación y que sirve de bebedero natural a los animales).

Además pude recorrer un gran enterramiento precolombino, tristemente saqueado por los huaqueros o expoliadores de tumbas, que habían dejado el suelo cubierto de restos de cerámica decorada. Y también visité algunos de los numerosos dibujos y grabados rupestres que esparcidos por el parque. Asimismo elaboré diversos informes, tanto de las actividades semanales como de los resultados del estudio del canastero de los cactus.

pinturas rupestres
Algunas de las pinturas rupestres diseminadas por la reserva, entre las oquedades de las rocas.

El voluntariado se acaba, pero el viaje continúa

El tiempo pasó, y mi estancia tocó a su fin. Con una gran barbacoa de despedida dije adiós a aquel sitio mágico, a aquel oasis en medio del desierto, a toda la maravillosa gente con la que tuve la oportunidad de compartir aquella experiencia, y volví a Lima. Pero no todo va a ser trabajar. Preparé un viaje de varios días a Cuzco, la antigua capital del imperio Inca, para visitar el recinto sagrado del Coricancha, varios templos y ruinas en las cercanías de la ciudad y, por supuesto, la estrella del viaje: Machu Picchu.

Machu Picchu
Un joven «yo» con el Machu Picchu a mi espalda. ¡Cómo pasa el tiempo!

Hay sitios que están tan cargados de historia que parece que una energía especial flota en el ambiente, una especie de magia. Y Machu Picchu es uno de ellos. Podría hablar horas sobre aquello, podría subir cientos de fotos, pero aún así no os podríais hacer una idea de lo que supone estar allí. Es, quizás, el lugar que más me ha impactado de todos cuantos he visitado. Y tengo que volver, ya lo creo. ¡Sobre todo ahora que tengo una cámara de fotos en condiciones! (estas fotos están hechas con una antigua cámara digital de 3 megapíxeles).

Además visité también la Reserva Nacional de Paracas, realizando una pequeña travesía en barca alrededor de las Islas Ballestas, sus explotaciones de guano, sus zarcillos, sus leones marinos, sus pingüinos de Humboldt y el impresionante geoglifo llamado «El Candelabro«, con sus 180m de largo y sus 2500 años de antigüedad.

Candelabro
El intrigante geoglifo del Candelabro visto desde las lanchas

Unas reflexiones

El objetivo del viaje era aquel programa de voluntariado, sí. Pero me aportó muchas, muchas cosas más. No sólo me sirvió para foguearme en el trabajo de campo en Guayabito, o habituarme a distinguir y aprender las especies para luego echar una mano a los turistas a localizarlas. También me permitió conocer a personas maravillosas.

Los peruanos son gente increíblemente amable y me hicieron sentirme en todo momento como en casa. Y su gastronomía es absolutamente deliciosa. Tanto que el ceviche se convirtió en mi plato favorito, el rocoto en la especia más sabrosa, por no hablar de los anticuchos, la chicha morada y el pisco, o incluso la Inca Cola.  Me hizo sumergirme en un pasado misterioso y fascinante como fue el periodo incaico, y soñar con la selva y su infinita fauna. Y lo más importante de todo, me abrió la mente y despertó en mí un hambre insaciable de viajar.

Camino en la Reserva Nacional de Lachay
De todos los maravillosos caminos que recorrí en Lachay el de mi crecimiento personal fue el más importante

Por supuesto que no todos los voluntariados son iguales, ni todas las personas lo viven de la misma forma. Pero es cierto que la posibilidad de viajar a otros países, de conocer otras culturas, otras gentes, abre nuevos horizontes y nos ayuda a desarrollarnos como personas.

Más adelante hablaré sobre mi opinión de los voluntariados, con los que tengo una relación agridulce, ahora que los veo desde un punto de vista profesional. Pero es cierto que son una forma muy interesante de adquirir experiencia y experiencias, de formarte y de desarrollarte, no sólo como biólogo sino como individuo.

Si alguien quiere más información sobre los programas de voluntariado en Perú debo deciros que no sé cómo habrá cambiado la situación desde entonces, ni qué gastos se costearán ahora, pero el programa de voluntariado en las áreas naturales protegidas sigue funcionando.

¿Has formado alguna vez parte de uno de estos programas de voluntariado internacional?¿Cómo fue tu experiencia? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

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Publicado en: Voluntariado Etiquetado como: conservación, internacional, perú, voluntariado, zonas protegidas

Un día anillando pájaros

12/04/2015 by Bichólogo 5 comentarios

Con este post inauguro la sección «Un día». En ella trataré de contar una jornada cualquiera durante alguno de los trabajos que he realizado, para que podáis ver el día a día de un biólogo. Y hoy voy a comenzar con la que quizás es una de las actividades mejor conocidas (al menos de oídas) por todo el mundo: el anillamiento científico de aves (el adjetivo es muy importante).

Un día anillando pájaros
Pechiazul (Luscinia svecica) capturado durante una jornada de anillamiento en la Ría de Villaviciosa

Antes de nada tengo que recordaros que esta actividad está muy regulada. Sólo una anillador titulado puede llevar a cabo estas jornadas de anillamiento y debe ser quien se encargue y vigile la instalación de las redes y el manejo de las aves. Aunque se puede contar con la ayuda de voluntarios y de anilladores en formación, el anillador debe estar presente en todo momento, para poder supervisar las actividades y resolver los problemas e imprevistos que puedan aparecer.

El anillamiento siempre ha sido para mí uno de los trabajos más reconfortantes. Es una actividad muy dinámica (y a menudo agotadora) que te permite estar en contacto directo con los animales. Un contacto muy directo. Además, por regla general, suele desarrollarse en el campo y hay pocas cosas tan gratificantes para un buen bichólogo como una buena jornada campera 😉

Toca madrugar

Cualquiera de estos días de trabajo suele comenzar temprano. Muy temprano. Lo primero es encontrar un lugar adecuado para las redes, en función de las aves que se vayan a anillar. Dependiendo de las especies con las que se esté trabajando y la zona, hay que tener una serie de precauciones. Si estamos en zonas encharcadas, nunca hay que dejar la red tan cerca del agua como para que si un pajarillo cae éste pueda quedar sumergido. Y si por alguna razón es necesario que la red esté a ras de agua (como cuando se anilla mirlo acuático, por ejemplo) entonces debe haber al menos una persona vigilando las redes en todo momento, para evitar que el animal pudiera ahogarse.

Una vez colocadas sólo hay que esperar. O no, porque también hay que desplegar todo el equipo básico de anillamiento: balanza, anillas, alicates de anillamiento, reglas, calibres, guías de aves, material para muestras biológicas (normalmente sangre, plumas y/o esperma), algún sitio cómodo para aposentarse y el avituallamiento, por supuesto. ¿Qué es un largo día de campo sin algo que llevarse a la boca? 😉

Material de anillamiento
Material de anillamiento

Hay que dejar transcurrir un tiempo prudencial entre cada visita a la red para ver si ha caído algún pájaro. Sí, las ganas nos pueden, la curiosidad nos mata, pero si vamos con demasiada frecuencia ahuyentaremos las aves y no se acercarán a la red. Si tardamos demasiado, el animal puede enredarse en la red y sufrir un alto nivel de estrés. Este tiempo de espera también dependerá de las condiciones ambientales y la presencia de posibles depredadores. No queremos que un animal pase mucho tiempo bajo sol, el frío o la humedad. Y por supuesto no queremos encontrarnos un montón de plumas junto a una red desgarrada. Durante el anillamiento SIEMPRE prima el bienestar del ave. SIEMPRE.

Y comienza lo interesante

Cuando nuestra espera se ve al fin recompensada algún lindo pajarillo habrá caído en nuestras redes. Hay que sacarlo con extremo cuidado y habilidad, para reducir al máximo el tiempo de manipulación del animal y producirle el menos estrés posible.

Primero hay que determinar la especie. A continuación se le coloca una anilla de metal de una de las patas identificada con una número único. A menudo, y según el grupo de anillamiento, se puede establecer que se anille en la pata derecha o la izquierda en función del año. La anilla ha de quedar bien cerrada, de modo que sea imposible que se enganche con nada Además debe tener la medida adecuada al pajarillo, para evitar presionar o herir las patas (lo que en caso más extremos podría llegar a la amputación de la misma).

Luego se trata de obtener la mayor cantidad de información en el menor tiempo. Siempre que sea posible se averigua la edad, el sexo y el estado de muda de las plumas, que dependen mucho de la especie y la época del año. También se suelen tomar algunas de las medidas corporales, siendo las más comunes la longitud del pico, el tarso, la quilla, el ala, la envergadura y el peso. También es posible medir la cantidad de grasa y músculo soplando suavemente sobre el vientre.

agachadiza
Anillando una agachadiza común

Una vez anillado e identificado ya podemos soltarlo para que vuelva a volar en paz 😉 ¿No ha sido tan difícil, no? Después es ciclo se repite con todos los individuos capturados en esa ronda. Así a lo largo de todo el día, revisión tras revisión. El número de aves capturadas durante una sesión de anillamiento variará mucho dependiendo de la especie o especies objetivos, el clima, la zona y la suerte.

Puedo aseguraros que el anillamiento es una experiencia muy enriquecedora para cualquier biólogo. Ofrece la oportunidad de trabajar directamente con estos animales, aprendiendo constantemente. Esta actividad te puede proporcionar innumerables alegrías, ya sea a nivel profesional o colaborando con algún grupo de anillamiento. Además, el saber manipular aves y tomar medidas es algo muy demandado en cualquier estudio científico con estos animales.

Pero hay que recordar una vez más que el anillamiento científico no es un hobby ni un juego, sino una actividad científica muy seria, donde el bienestar del animal prima siempre sobre esa foto perfecta que a todos nos gustaría sacar o sobre el poder toquetear un poquito más al bicho en cuestión.

Muchos diréis si merece la pena tanto estrés para el animal: la captura, la manipulación, tomar sangre… Anualmente se anillan millones de aves en todo el mundo, y el anillamiento científico ha proporcionado hasta ahora una enorme cantidad de información que no habría sido posible obtener de otra manera, siendo especialmente importante en todos los trabajos realizados con las migraciones de aves. Es verdad que hoy en día, con la miniaturización de la tecnología hay emisores muy muy pequeños. Pero aún así el anillamiento seguirá siendo útil en la realización de estudios científicos que requieran reconocer individualmente a los animales.

Ría de Villaviciosa
El impresionante marco de la Ría de Villaviciosa (Asturias) donde participé en esta sesión de anillamiento de mi amiga Ana

Sobre el anillador profesional

Sólo me queda comentaros que si alguno estáis interesados en haceros anilladores se trata de un camino largo y complicado.  Hay un extenso proceso de formación que debe estar avalado por uno o varios anilladores expertos, tras el cual deberás afrontar una prueba práctica y otra teórica muy dura. Realmente dura. Pero sin aún sigues interesado, en España existen varias entidades avaladoras a las que puedes recurrir para obtener más información al respecto: la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife), el Instituto Catalán de Ornitología (ICO), la Estación Biológica de Doñana (EBD), el Grupo Balear de Ornitología (GOB) y la Sociedad de Ciencias de Aranzadi. En el caso de SEO/Birdlife, por ejemplo, para ser una anillador titulado deberás pasar primero por un período de formación que no puede ser inferior a dos años, durante los cuales debes certificar haber participado en la captura de al menos 1000 individuos pertenecientes a 50 especies distintas, con un máximo de 100 individuos por cada especie. Estos requisitos pueden variar ligeramente de una entidad a otra, pero en lo básico el proceso es el mismo siempre. Así que, ¡mucha suerte si decidís a haceros anilladores!

¿Y vosotros qué me comentáis? Alguna vez habéis anillado algún pájaro? ¿Cómo fue la experiencia? No seáis tímidos y compartidlo en los comentarios 😉

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¡Lo quiero!

Publicado en: Un día de trabajo Etiquetado como: anillador, anillamiento, aves, conservación

Entrevista a Luis Miguel Domínguez

11/04/2015 by Bichólogo 6 comentarios

El entrevistado

Hoy tengo el honor de inaugurar tanto el blog como la sección de entrevistas con la colaboración de alguien que no necesita presentación. Su característica voz ha estado al servicio de la divulgación y el conocimiento de la naturaleza durante muchos años, tanto en televisión, como en radio y ahora también en las redes sociales. Él es Luis Miguel Domínguez Mencía.

Entrevista al naturalista Luis Miguel Domínguez

Su labor en la difusión del conocimiento de la naturaleza ha sido reconocida con una larga serie de premios, a los que hay que añadir dos accésit de honor en el Premio Príncipe de Asturias para Jóvenes Investigadores. Pero no sólo nos ha acercado a la naturaleza desde los magazines televisivos, sino que además ha realizado numerosos documentales de naturaleza y publicado algunos libros. Y por si fuera poco, también preside una productora de documentales, un centro de rescate de fauna exótica, es co-director de un festival internacional de televisión sobre ecología urbana y ha formado parte de la junta directiva de distintas asociaciones ecologistas.

Gran comunicador, se define como naturalista emocionado y conmocionado, ser humano y mono desnudo. Y además ha accedido a responder algunas preguntas para este blog y compartir con nosotros todos sus años de experiencia en el ámbito de la conservación y la divulgación. Así que sin más dilación, os dejo con la entrevista. Espero que la disfrutéis tanto viéndola como yo realizándola 😉

La entrevista

Y si la quieres en formato podcast suscríbete a El podcast de El Bichólogo en iTunes o descárgala aquí:

A continuación te dejo un breve resumen de todo lo que charlamos. Junto a cada tema aparece el minuto en que comienza en el vídeo:

  • Presentación de Luis Miguel
  • Titulitis Vs meritocracia en España -> 0:49
  • Cómo ve la ciencia en nuestro país -> 2:33
  • Por qué Luis Miguel se hizo naturalista -> 8:11
  • El mundo de los documentales de naturaleza -> 12:05
  • La divulgación y las redes sociales -> 19:12
  • Su experiencia en diversas ONGs -> 24:00
  • Cómo ayudar en la conservación del lobo ibérico -> 27:15
  • El trabajo en centro de rescate de fauna autóctona -> 32:30
  • Un consejo para todos los lectores -> 34:16

Más información

Como ya ha comentado Luis Miguel, aquellos que queráis colaborar en la conservación del lobo ibérico podéis entrar a formar parte de la manada de Lobo Marley. Para ello sólo tenéis que entrar en su web: Lobo Marley

lobomarley

Luis Miguel trabaja ahora mismo en EFE Radio en el programa «La tierra que nos parió«, cuyos podcasts podéis escuchar AQUÍ. También podéis seguirle en su perfil de twitter, donde publica activamente.

Finalmente, también os dejo los dos documentales de los que hemos hablado en el texto y que Luis Miguel me ha dicho que está disponibles en youtube:

Toro amigo

Invasores

¿Qué os ha parecido la entrevista? ¿Pensáis que la divulgación o la realización de documentales son salidas interesantes para los biólogos? ¿Alguno habéis tenido experiencia en estos campos? ¡No seáis tímidos y contadme en los comentarios!

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¡Lo quiero!

Publicado en: Entrevistas, Podcast Etiquetado como: conservación, divulgación, documentales, entrevista

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