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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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Trabajar en un grupo de investigación: mi experiencia personal

19/05/2016 by Bichólogo 10 comentarios

Una de las cosas más difíciles durante la carrera es conseguir algo de experiencia práctica. Y no me refiero a prácticas de laboratorio o salidas al campo, no. Me refiero a experiencia real, en un trabajo real, realizando labores propias de un investigador, de modo que cuando salgas al inclemente mundo laborar seas capaz de afrontarlo con un mínimo de garantías.

De entre todas las maneras posibles de adquirir dicha experiencia la más asequible y fácil es, sin duda, colaborar con algún grupo de investigación. Mucha gente ni siquiera sabe que existe esa posibilidad y terminan la carrera con un gran número de conocimientos pero sin tener ni la menor idea de como se aplican en el mundo real. Así que hoy te voy a contar como llegué yo a estar trabajando varios años en uno de estos grupos de investigación de mi universidad ???? Pero te adelantaré que no sólo ha sido una experiencia de lo más enriquecedora a todos los niveles, que no sólo he conocido a buenos amigos que aún mantengo, años después, sino que todo lo que he conseguido en el ámbito de la investigación, tesis incluida, se lo debo a esos años. Y sin ellos, yo probablemente no sería el mismo que soy ????

Trabajar en un grupo de investigación: mi experiencia personal

¿Cómo llegué a entrar en el grupo de investigación?

Ya te he comentado que cuando comencé la carrera me encontré que el primer año de Biología era muy distinto al que me había imaginado. Eso me desanimó un poco pero, habiendo curioseado en las asignaturas de los años siguientes, sabía que después venía lo mejor y que la cosa mejoraba sensiblemente. Así que pasé mis primeros años bregando contra la bioestadística, la física, la química, las matemáticas… Pero en el tercer año ya tenía ganas de probar cosas nuevas. De hacer algo verdaderamente interesante, algo de eso que hacen los biólogos de verdad. Ya había visto que había gente que colaboraba con los grupos de investigación, pero no tenía muy claro cómo se conseguía eso. Sabía que me gustaba mucho el comportamiento animal, así que hablé con mi colega el bioblologo y decidimos subir al despacho del catedrático de Zoología, que también era el director de grupo de investigación en Etología.

La verdad es que no tengo muchos recuerdos de aquella charla. Sé que me impresionó su despacho, todo lleno de cráneos de los bichos más diversos, conseguidos durante sus viajes por el mundo: un jaguar, un delfín, algún caimán… y hasta un par de cráneos de gorila. En definitiva, un lugar fascinante y evocador para dos bisoños estudiantes como nosotros. Y sin saber muy bien qué decirle, pues nos adentramos en aquel despacho que nos terminaría resultando tan familiar y y le dijimos que nos encantaría colaborar en su grupo. En realidad no teníamos muy claro que podíamos hacer, pero sabíamos que queríamos aprender. Y debimos de transmitirlo, porque el catedrático nos dijo que estaban llevando a cabo varios experimentos y que les vendría bien algo de ayuda con el trabajo de campo. Pero que si íbamos a participar que necesitaríamos un cierto grado de compromiso, una cierta continuidad. Asentimos sin dudarlo ????

No podíamos creernos nuestra suerte. ¡Íbamos a colaborar con biólogos de verdad! Estábamos exultantes. Hoy en día, cuando miro hacia atrás, sonrío al recordar quiénes éramos cuando entramos aquel día y quiénes éramos cuando nos fuimos, varios años después. Y es que, querido lector/a, la decisión de ir a hablar con aquel catedrático ha sido una de las mejores decisiones de toda mi vida.

Comenzando en el mundo de la investigación

Dicen que los comienzos son duros y algo de verdad hay en ello. Pero quizás sea por la ilusión que tenía entonces, quizás por la enorme cantidad de información que tenía ante mí, o por el simple hecho de tener la oportunidad de trabajar con animales tan de cerca, el caso es que tengo muy buen recuerdo de esos primeros y tímidos pasos en el mundo de la investigación. Y no te creas que hice algo espectacular y tremendamente interesante. Lo primero de todo es aprender, así que la única función que podía llevar a cabo en esos primeros momentos era… anotar. Sí, me dedicaba a ir apuntando todos los datos en las hojas y pasándolos a Excel. Apasionante ????

Pero en el proceso fui aprendiendo muchísimo más de lo que me imaginaba. Por aquel entonces estaban estudiando gorriones comunes (Passer domesticus) en el aviario, haciendo distintos estudios. Mientras iba anotando todo lo que me decían aprendí cómo se coge correctamente un paseriforme con una mano, de modo que tengas la otra libre para hacer las mediciones; cómo se miden los distintos caracteres morfométricos (pico, tarso, quilla, recreces…); cómo se toman muestras de sangre, cómo se almacenan, cómo se hace un frotis y qué es una centrifugadora de capilares. También aprendía cómo se realiza un experimento, qué es el grupo control o cómo se usaban la fitohemaglutinina y el PBS para medir la respuesta inmune de un ave. Todos ellos conocimientos que, de otra manera, no habría adquirido durante la carrera y que posteriormente me resultaron tremendamente útiles.

El día a día consistía en capturar gorriones en los aviarios, asistir a cómo se hacían los experimentos y leerme artículos que me iban pasando para saber qué es lo que realmente estaba haciendo, en vez de realizar el proceso mecánicamente. También pasaba tiempo en el laboratorio, aprendiendo a centrifugar las muestras de sangre para separar el plasma de las células, o charlando con los demás investigadores, empapándome de todo lo que podía y aportando en la medida de mis posibilidades.

Empiezan las publicaciones

Y todo trabajo tiene su recompensa. Y este, aunque aún no cobrase por él, también. Cuando llevaba ya algún tiempo colaborando con ellos, surgió la posibilidad de ir al IX Congreso Nacional y VI Iberoamericano de Etología en Madrid, allá por 2002. Y como habíamos trabajado mucho y bien, pudimos presentar algunos pósters. Y bien productivo que fue. No sólo conseguí las primeras publicaciones de verdad, sino también participé en un curso que se organizaba de forma paralela. Después vino mi primera mención en un artículo. No como co-autor, pero sí en los agradecimientos, cosa que me hizo mucha ilusión por aquél entonces.

Hoy en día, sin embargo, las cosas son distintas y los tiempos van cambiando a paso agigantados. Las publicaciones en congresos ya no son tan valiosas y debes tratar de publicar tu primer paper cuanto antes, aunque sea como co-autor, o te quedarás muy atrás en la carrera por conseguir cualquier vacante o beca. La competitividad hoy es muchísimo más alta que por aquellos años en que yo comenzaba en el departamento.

Poco a poco, me fui formando y adquiriendo cada vez más responsabilidades y asistiendo a más congresos. Ya no sólo colaboraba tomando notas en los experimentos o en el laboratorio, sino que me encargaba del seguimiento de las cajas-nido instaladas por todos los tejados de la facultad. Esto implicaba ir cargado con una gran escalera metálica y comprobando uno a uno los nidos, para ver si estaban ocupados o no, cuándo comenzaba la reproducción, cuántos huevos ponían, cuántos pollos nacían, anillar dichos pollos y posteriormente ver cuántos sobrevivían. Además, también había que capturar a los padres en cada nido y poder ver quién era padre de quién 😛

Todo ello me suponía ir dedicando cada vez más tiempo al departamento. A menudo mis compañeros estaban en clase o tomando una cerveza en las horas libres mientras yo estaba por los tejados de facultad, revisando nidos de gorrión, pertrechado con una caja de herramientas con todo lo necesario para anillar los pollos y los adultos que iba capturando. Sin embargo, no descuidé tampoco las clases, asistiendo a aquellas más complicadas y consiguiendo los apuntes de las clases a las que faltaba, además de dedicar muchas horas a recuperar el tiempo estudiando en la biblioteca (y echando también alguna partida de dardo o de billar, para que nos vamos a engañar :P). Pero si uno se organiza bien, siempre hay tiempo para todo 😉

Sin embargo, al terminar la carrera, me surgió aquel voluntariado en Perú y meses después la posibilidad de tener mi primer trabajo pagado. Así que abandoné el departamento de zoología de forma indefinida. Pero para aquel entonces ya tenía en mi haber 4 pósters en congresos, lo que venía a ser 4 pósters más que la inmensa mayoría de mis compañeros de carrera, a la par que una experiencia de lo más provechosa.

La vuelta al grupo de investigación

Aquella primera experiencia laboral duró algunos meses, pero luego surgió  la posibilidad de hacer el doctorado en Bolivia. Oportunidad que se disipó al estallar una pequeña revolución justo en la ciudad donde iba a quedarme. Encadené un trabajo de técnico en otra universidad y, por azares del destino, me surgió la posibilidad de volver al mismo grupo de investigación, con la misma gente, sustituyendo al Bioblogo, que por aquel entonces comenzaba sus periplos por el mundo y tenía que dejar su puesto de técnico de apoyo a la investigación.

Esto me permitió seguir alimentando mi currículo y optar a una beca para no doctores de mi universidad, cuyo trabajo cristalizó en la publicación de mi primer artículo y además como primer autor. Ya no sólo tenía experiencia práctica de campo, sino también con el trabajo de gabinete. Mi currículo era cada vez más completo y todo esta experiencia previa me abrió el camino hacia la consecución de una beca predoctoral de cuatro años en ese mismo grupo de investigación, con todo lo que conllevaba: escribir y publicar más artículos, realizar estancias breves en el extranjero y asistir a más y más congresos. Un efecto bola de nieve que me fue abriendo nuevas puertas con el paso del tiempo.

Concluyendo

Un hecho tan simple, al menos en apariencia, como atreverme a acercarme al despacho del catedrático a decirle que me encantaría colaborar con el Área de Zoología cambió para siempre mi futuro, marcando profundamente mi trayectoria estudiantil y laboral. Si duda fue una etapa crucial que comenzó a definirme como el profesional que soy ahora mismo y que además me preparó para todo lo que estaba por venir.

A menudo no somos conscientes de la importancia de todo lo que hagamos mientras estudiamos la carrera de biología ni de las repercusiones que todo ello puede tener en nosotros en el futuro. Y muy a menudo también nos damos cuenta demasiado tarde que podríamos haber aprovechado esa etapa mucho más de lo que lo hicimos. Toda la gente que conozcas durante esos años, todas las relaciones profesionales o de amistad que establezcas con otros profesionales, todos las publicaciones que acumules y todos los conocimiento que atesores se convertirán en la mejor arma que encontrarás al enfrentarte al incierto panorama laboral actual.

Nadie puede asegurarte que colaborando con un grupo de investigación vas a encontrar trabajo seguro y que te harás un hueco en la Universidad. Pero lo que sí te puedo decir es que la experiencia que adquirirás, las vivencias que tendrás, no sólo son impagables, sino que no podrás adquirirlas por otros medios durante la carrera. No dejes escapar esta suculenta oportunidad que te brindan los grupos de investigación. Aunque no te quieras dedicar a la investigación profesionalmente, la experiencia que adquirirás te servirá a muchos niveles: organización del trabajo, disciplina, esfuerzo, redacción de documentos formales y/o científicos…

Es una posibilidad que todo el mundo tiene a mano pero que, por desconocimiento, miedo, inseguridad o desinterés, deja pasar de largo. Y cuando llegue el momento de presentar tu primera candidatura a un trabajo y soliciten experiencia, habilidades demostrables de redacción, interés por la investigación o habilidad para trabajar largas jornadas de campo en lugares remotos, entonces te acordará de este post y de la magnífica oportunidad que perdiste.

Sin embargo, no te duermas en los laureles. El mundo hoy es tremendamente competitivo y necesitas estar actualizándote y compitiendo constantemente. Lo que era válido cuando yo colaboraba con aquel grupo de investigación no tiene por qué serlo hoy en día. En aquella época internet daba sus primeros pasos en los hogares de clase media, no existían las redes sociales y los blogs no tenían el poder que tienen ahora. La información circulaba mucho más lentamente que hoy en día. Así que, para aprovechar estas oportunidades que te brindan las colaboraciones con los grupos de investigación tendrás que emplear todas esas nuevas herramientas que están a tu disposición y tendrás que enfrentarte a nuevos retos y a distintas exigencias. Ya no vale con un par de pósters en un congreso para destacar. Tendrás que exigirte mucho más a ti,sí, pero también valorar tu propio trabajo y hacerte valer. No te despistes y, sobre todo, no te confíes 😉

Y esto es todo por hoy. Espero que el post te haya resultado interesante. ¿Tienes alguna experiencia trabajando en un grupo de investigación? ¿Tienes pensado entrar a formar parte de alguno? ¿Te gustaría dedicarte profesionalmente a la investigación? Cuéntamelo todo en los comentarios o escríbeme en cualquier de las redes sociales 😉

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, científico, grupo de investigación, trabajo, universidad

Afición, vocación y profesión en el ámbito de la biología

05/05/2016 by Bichólogo 26 comentarios

La Biología es una carrera muy vocacional. No todo el mundo es capaz de adaptarse a lo que te demanda y puede llegar a ser muy duro dedicarse a ella si no es lo que verdaderamente gusta. ¿Pero qué es la vocación y cómo se distingue de una mera afición? ¿El tener vocación convertirá tu profesión en un camino de rosas? ¿Si te gusta la Biología vas a disfrutar de cada paso y lograrás tu meta sin duda? Definitivamente, no. Y hoy te voy a contar por qué.

Afición, vocación y profesión en el ámbito de la biología

Afición versus profesión

Una afición es, según la Real Academia Española:

Inclinación o atracción que se siente hacia un objeto o una actividad que gustan.

Esto tiene diversas implicaciones, entre la que destaca sobre todas la ausencia de obligación. Puedes realizar algo simplemente porque te gusta y sólamente cuando quieras y te apetezca. Parece una obviedad (y de hecho lo es) pero mucha gente parece olvidarse de ello.

Generalmente se asume que los biólogos trabajamos de lo que nos gusta y que, por tanto, cualquier queja, lamento o sufrimiento está de más. Y esto no puede ser más injusto. Desde el momento en que percibimos una retribución (si somos afortunados)  deja de ser una afición. Se contraen una serie de obligaciones que no se pueden posponer o eliminar, convirtiéndose en una profesión igual que cualquier otra.

Todo esto implica que, aunque te guste mucho salir al campo y observar aves, o colocar cámaras de fototrampeo o buscar desmanes en los ríos más diversos, seguro que no te hace ilusión cuando la temperatura cae por debajo de cero, cuando llueve intensamente o cuando tienes que estar haciendo jornadas de 14 horas, lejos de tu familia, tus amigos o tu pareja. Pero así es el trabajo, y así hay que hacerlo.

Y entonces, ¿qué es la vocación?

Cuando somos pequeños todos tenemos sueños, aspiraciones y pensamos a menudo sobre a qué nos dedicaremos de mayor. Tenemos múltiples ideas preconcebibas sobre la carrera de biología. algunas más erradas que otras. Y cuando empezamos la carrera muchas de ellas se desmoronan. Y es entonces, cuando todo se tuerce, cuando verdaderamente descubres si lo que tú tienes es vocación o sólo una mera afición.

La vocación es ese nexo, esa bisagra que vertebra el paso de convertir tu afición por la biología en la profesión de biólogo. Es un impulso, una pasión que te ayudará a sobreponerte a los problemas, que va más allá del mero gusto o inclinación por una actividad y que enraiza en lo que realmente somos y en como vivimos la vida. De hecho, será la forma en la que entiendas la vida y el mundo una vez que la descubras. Y será la brújula que te guiará en la búsqueda de tu felicidad y tu realización personal. Como verás, no es algo que debas tomarte a la ligera 😉

¿Cómo descubro mi vocación?

Me temo que eso yo no te lo puedo decir. Ni nadie, realmente. Es algo que sólo tú puedes descubrir. Todos tenemos muchas aficiones, pero la verdadera vocación no sólo es escasa, sino que a menudo puede que pasemos nuestra vida sin haberla descubierto. Pero no te preocupes, intentaremos que no te pase a ti 😉

La mejor forma de descubrir tu vocación es, simplemente, probando. Así de sencillo y, a la par, de complicado. Lo más normal es que la encuentres entre tus aficiones, pues se relaciona con nuestra tendencia o nuestra inclinación natural a hacer algo. Pero no tiene por qué ser así. Nuestras aficiones nacen de aquello que conocemos y nos gusta. Pero en un mundo tan inmenso como el nuestro, son muchas más las cosas que desconocemos. Por eso, experimentar no sólo entre tus aficiones, sino en otros campos desconocidos, puede ayudarte a descubrir aquello que realmente te llena, lo que te hace sentir realizado. Entonces ya vamos por buen camino 😉

Lo interesante, el verdadero reto, es cuando tienes que consagrarte a una determinada ocupación en concreto. Cuando comienzas a invertir tiempo y auténtico esfuerzo en algo es cuando ponemos a prueba nuestra verdadera vocación. Y si pese a todos los sinsabores, pese a todos los inconvenientes, pese al agotamiento que te produce, sigues disfrutando lo que haces, enhorabuena, porque has descubierto tu vocación 😉

¿Entonces ya está todo hecho?

¿Qué fácil sería verdad? Pero tengo que darte una mala noticia. Por mucho que hayas descubierto que la biología es tu vocación, de que se ha convertido en tu pasión y en el cristal a través del que ves el mundo, eso no significa que si encuentras trabajo de esto va a ser todo un camino de rosas.

Cuando nos pagan por primera vez por un trabajo relacionado con la Biología tendemos a pensar que nada puede ser mejor.  ¡Ganar dinero por algo que antes hacíamos gratis! Todos hemos pensado eso alguna vez, ¿verdad?. Pero todos hemos estado confundidos.

Cualquier trabajo, por maravilloso que sea, termina por hacerse repetitivo. Da igual lo mucho que te guste, siempre llegará un momento en el que acabes agotado y hasta cierto punto, asqueado. Bien sea porque se termina convirtiendo en algo mecánico, bien sea porque resulte agotador mental y físicamente o quizás porque no siempre apetece hacer las mismas cosas, al final siempre necesitas romper con la rutina y deseas desconectar del trabajo.

Por eso es importante buscar un equilibrio. Intentar que el plano laboral no afecte a tu ámbito personal, que no se mezcle totalmente la afición y la vocación con la profesión, o se podría llegar a dar el caso de que termines tan asqueado del trabajo que no quieres hacer nada relacionado con lo que antes era tu afición.

La gran recompensa

 

Sin embargo, hacer algo por vocación tiene algo muy muy bueno: la pasión por lo que haces. Y es que todos los biólogos de pura cepa que conozco son apasionados de su trabajo: no importa si se dedican a la conservación, a desenterrar huesos prehistóricos, a compaginar investigación con recopilar ofertas de trabajo para otros biólogos o a hacer geniales diseños biológicos de camisetas. Todos ellos lo hacen con un pasión contagiosa, inspiradora. Cuando te hablan de lo que hacen lo comunican de un modo tan vibrante que siempre queréis saber más. ¿Nunca habéis experimentado esa sensación con alguien? Entonces seguro que esa persona era un apasionado de aquello de lo que hablaba 😉

Hoy en día, debido a la precaria situación laboral, mucha gente (biólogos incluidos) están presos en trabajos que no les llenan, que no les motivan, con los que no se sienten realizados. Por eso es tan importante la vocación. Porque cuando uno trabaja por vocación, da igual lo duro que sea, el tiempo que te consuma, al final terminas disfrutándolo, sintiendo que es allí donde debes estar.

Esto no implica que por hacer algo que nos gusta debamos de aceptar cualquier cosa que nos propongan, pero sí es verdad que hace de nuestro trabajo, si no más fácil, al menos mucho más disfrutable 😉 Da igual si curras en el laboratorio, en el campo, en divulgación o haciendo documentales, lo importante es que encuentres aquello en lo que disfrutas invirtiendo tu tiempo, tu esfuerzo y tu ilusión. 😉

Tu misión

¿Ah, pero que también hay una misión? Pues sí, al menos en parte. Y aprovechando que si estás aquí es porque seguramente ya has descubierto tu vocación, te voy a encomendar una tarea. Comparte tu pasión con los demás. Compártela con tus compañeros de carrera, con tus compañeros de trabajo, con la gente que te rodea. Transciende fronteras geográficas y usa las redes sociales para transmitir esa fuerza que reside en ti.

Divulga sobre la profesión, como intento hacer yo, o divulga sobre cualquier tema que te apasione. Contribuye a crear un pensamiento crítico y una cultura científica, invitando a la gente que te rodea a participar de un modo u otro. Son muchos los problemas que afectan a la biología como carrera profesional y como rama de la ciencia, pero uno de los más grandes es haber estado siempre de espaldas a la sociedad. La investigación es un motor económico muy importante y sus aportes son fundamentales para el correcto y rápido desarrollo de un país.

Hay que poner en valor nuestra carrera y nuestro oficio. Aunque pueda sonar corporativista, es cierto que los biólogos debemos hacer frente común ante algunas falsas creencias que han arraigado firmemente entre la gente y, lo peor, entre otros trabajadores del gremio, que no hacen sino desmerecer la propia profesión de biólogo. Hay dos que destacaría sobre el resto:

1. Eso de ir al campo no es trabajo

No sólo es trabajo, sino que además es un trabajo muy duro. Recorrer 24 km al día buscando rastros de mamíferos, perseguir y tomar posiciones cada 15 minutos de algún bicho radiomarcado durante 14 horas seguidas o revisar decenas de nidos por terrenos abruptos a horas intempestivas son trabajos que requieren mucha energía y un esfuerzo físico importante. Por no hablar de lo que supone a nivel de agotamiento mental realizar eso mismo, día a día, durante semanas o meses.

Aunque nos estemos dedicando a algo que nos gusta y nos apasiona no es un juego de niños. Es un trabajo que requiere una gran disciplina y profesionalidad para que los datos recogidos sean consistentes, sistemáticos y comparables. Porque si no lo son, entonces has tirado todas esas jornadas agotadoras por la borda. Literalmente.

2. No te quejes del sueldo, que habría muchos que desearían estar haciendo lo que tú haces y gratis

Si estoy realizando un trabajo profesional tendrás que tratarme como un profesional y pagarme como corresponde. El usar voluntarios sin experiencia con el único fin de ahorrarte unos sueldos sólo puede llevar a una inconsistencia en la toma de datos y empobrecer, más aún si cabe, el panorama laboral de los biólogos (y campos afines).

Nuestro trabajo es importante, nuestro tiempo y esfuerzo, valiosos. Y por tanto merecen ser pagados como los de cualquier otro profesional. Aprovecharse de la ilusión y el entusiasmo de jóvenes estudiantes o licenciados para ofrecer prácticas no remuneradas y exigirles lo mismo que a cualquier trabajador contratado es ruin e incrementa la precariedad e inestabilidad laboral.

Concluyendo

Descubrir tu camino y encontrar tu vocación es un recorrido fascinante. Hay quien la he tenido clara siempre, mientras otros la han descubierto más adelante, a veces en los sitios más inesperados. Un viaje personal que normalmente llega a buen puerto, pero al que hay que prestar atención, no confundiendo tus aficiones con tu mera vocación, o te faltará ese extra de energía necesaria para afrontar aquellos inconvenientes y dificultades que te aseguro que te encontrarás durante la carrera y tu desempeño laboral. Como ya he dicho muchas veces, la carrera de biología es tremendamente vocacional y, si vocación, puede resultar un infierno 😉

Pero no sólo hay que aplicar esa pasión en el trabajo, sino que hemos de compartirla, usándola para llegar a la gente. Pues la divulgación es también una de las obligaciones de todo biólogo. Sobre todo si queremos que nuestro trabajo sea respetado como se merece. Y es que, como se suele decir, no se puede amar ni respetar aquello que no se conoce.

Y hasta aquí el artículo de hoy. ¿Qué te ha parecido? ¿Tú has descubierto ya tu verdadera vocación? ¿Cuánta gente conoces que lo haya hecho? ¿Te gusta transmitir esa pasión por la biología o cualquiera de sus ramas? ¿Cómo lo haces? Cuéntamelo todo en los comentarios 😉

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: afición, biología, biólogos, divulgación, motivación pasión, profesión, trabajo, vocación

¿Dónde estudiar el máster y/o doctorado?

28/04/2016 by Bichólogo 17 comentarios

Al hilo del post anterior sobre dónde estudiar la carrera, hoy voy a hablarte de mi opinión personal acerca de dónde es mejor hacer tu máster o doctorado. Y es que lo dicho en aquél post sobre las ventajas de una y otra opción no es siempre aplicable en este caso. Y te voy a contar por qué 😉

El grado de madurez personal es muy diferente: no tenemos ni las mismas motivaciones ni los mismos objetivos con 18 años que con 23. En general, los años de carrera te habrán aportado una visión más completa de en qué consiste nuestra profesión y te habrás hecho una idea, al menos aproximada, de hacia donde te gustaría encaminar tu carrera. Te habrá proporcionado una visión y una serie de herramientas de las que carecías cuando estabas a punto de comenzar la carrera y que te permitirán aprovechar al máximo aquello que elijas.

¿Dónde estudiar el máster y/o doctorado?

Mientras que en el caso de la carrera la elección no era tan fundamental y estaba basada más bien en temas económicos y de comodidad personal, en este caso la elección es bastante más importante. Estudiar un máster y/o un doctorado implica vivir fuera varios años y empezar a construir las bases donde se afianzará buena parte de tu futuro laboral. Por ello voy a analizar, punto por punto, los pros y contras de completar esta etapa bien en tu país o bien en el extranjero. Una vez más, ponte cómodo que esto puede ser largo (aunque confío que también interesante ;)).

1. ¿Seguro que quieres hacer un máster?

Pues empezamos bien, pensarás. Pero creo que es fundamental contestar a esta pregunta y hacerlo bien. Un máster es una inversión importante, tanto de tiempo como de dinero. Y como habrás ido comprobando durante la carrera, no es algo de lo que, en general, estemos sobrados los biólogos :P. Bromas aparte, es una decisión que debes meditar con calma y atención.

Por un lado, el máster es un paso previo necesario para realizar un doctorado aquí en España. Así que, si quieres hacer un doctorado en este país (lo que tampoco es una decisión sencilla) no te queda otra opción que pasar por el aro y realizar un máster. Y entonces se habrían acabado tus dudas en este punto en concreto 😉 😛

Si por el contrario un doctorado no está entre tus objetivos, entonces tendrás que cavilar un poco más. Hace unos años realizar un máster era sinónimo de obtener un puesto de trabajo seguro. Era algo que te proporcionaba un cierto nivel, una distinción a la que pocos tenían acceso. Pero hoy en día la situación es muy distinta. Son muchos los que tienen uno o varios másteres y no sólo no encuentran trabajo de lo suyo, sino que no encuentran trabajo de nada en absoluto. A veces, la experiencia es mucho más importante y puede adquirirse por otros derroteros, como son los voluntariados o las prácticas en empresa, tal y como nos recomendaba Iñaki Abella al final de su entrevista.

Con esto no quiero desanimarte a realizar un máster, en absoluto. La formación es siempre importante y es siempre beneficiosa (a pesar de ese extraño e incongruente problema, cada vez más frecuente, que es la sobrecualificación). Pero asegúrate de que realmente te va a aportar algún beneficio y de si luego podrás convalidarlo en España (en el caso de que lo hagas en el extranjero) o en el país al que quieres irte a trabajar o hacer el doctorado. Y de paso, si ese máster incluye entrar a formar parte de una bolsa de trabajo, mejor que mejor 😛

Si finalmente, y tras pensarlo detenidamente, decides que el máster no va aportar nada importante a tu itinerario profesional, entonces ya puedes dejar de leer este artículo (¡aunque espero que no lo hagas! :P). Pero si crees que puede tener sentido aventurarse en un máster y/o un doctorado, entonces acompáñame al siguiente punto 😉

2. Expandiendo horizontes

Completar tu formación de postgrado en un país extranjero tiene muchas ventajas. Por un lado, y ésta es sin duda una de mis favoritas, vas a a viajar y a conocer mundo. Aunque existen muchas formas de moverte y viajar durante la carrera, la mejor forma de conocer un país es vivir en él una buena temporada. Conocerá la gente, sus costumbres, los rincones más interesantes del territorio… Sólo por eso ya merece la pena 😛

Pero no sólo conocerás mundo a nivel personal, sino también a nivel laboral. Aunque trabajemos en un mismo campo, la forma de hacerlo es totalmente distinta de un sitio a otro, al igual que son los medios de los que se disponen, según cada país. Esto hace que cada país enfoque el trabajo a su modo, entre lo sutil y lo radicalmente diferente. Por ello, conocer otras formas de trabajar o poder aplicar en tu profesión técnicas que apenas se aplican en tu país natal puede darte una ventaja funcional muy apreciada a nivel de currículo, tanto en la empresa privada como en la academia. Es, pues, un importante beneficio a tener en cuenta.

3. Haciendo crecer tu red de contactos

Ya he incidido muchas veces en lo importante que es hoy en día dedicar tiempo al networking, tanto online como offline. Y lo importante que es hacer networking de calidad. Cuanto mayor y más extensa sea tu red de contactos, mayor posibilidad de que surjan sinergias de cara preparar un proyecto o que alguien se acuerde de ti para un determinado puesto de trabajo. Por tanto, incluir entre tus contactos a gente de allende tus fronteras agrandará tu esfera de influencia. Y aunque existan otros medios de hacer contactos internacionales, como los congresos, no hay nada como trabajar codo con codo con alguien, verse todos los días, para conseguir no ya un contacto, sino un buen amigo de por vida 😉

Además, el establecer este tipo de relaciones profesionales en otro país te puede abrir la puerta al mundo laboral de allí. No importa si es en la empresa privada, la academia o administración pública, vivir en un país durante largo tiempo facilita enormemente la inserción laboral en el mismo.

4. Practicando idiomas

La mejor manera de aprender una lengua es mediante una inmersión total. ¿Y qué mejor manera de empezar que yéndose a vivir al país? A menos que vayas ya con un sólido conocimiento del idioma en cuestión, durante tus estudios allí vas a poder practicar la lengua hasta dominarla, si no como un nativo, al menos sí con la fluidez suficiente para desenvolverte a nivel profesional. Esto te permitirá que, una vez finalizado el máster, el problema del idioma haya dejado de serlo 😛 Imagina intentar buscar trabajo cuando sólo chapurreas el idioma, sin toda la práctica que adquieres durante la realización del máster 😉

Aunque el idioma nativo del lugar no es el inglés, seguramente sí que sea la lengua vehicular de los estudios de postgrado, ya que de ese modo las universidades favorecen la afluencia de estudiantes extranjeros con el fin de ir capturando el talento. En este caso, no te conformes con un único idioma. Si quieres terminar trabajando allí, aprende también el idioma nativo, por difícil que te parezca 😛 Conocerlo y hablarlo con fluidez será un plus de cara a encontrar trabajo en aquellos lares. En ambientes académicos normalmente te bastará con el inglés, pero si quieres explotar todas las posibilidades laborales de dicho país deberás aprender su idioma. Si no, siempre estarás limitado de cara a poder solicitar un puesto más allá de los muros de la universidad donde estés cursando el máster o el doctorado.

5. Un extra de prestigio

El haber completado tu formación en el extranjero siempre dota a tu currículo de un extra, especialmente si la has llevado a cabo en alguna institución famosa. Y es que haber estado trabajando o estudiando en el extranjero implica muchas más cosas aparte de los títulos o la formación que hayas conseguido. Porque irse a vivir conlleva una serie de habilidades y de actitudes que pueden resultar muy interesantes para determinados trabajos o empresas.

Por un lado implica que estás plenamente comprometido con tu profesión. Y es que, por mucho que te guste viajar, siempre te gustará hacerlo cuando y como quieres. Dejar atrás a a tus amigos, tu familia o tu pareja no es plato de gusto para nadie. Y si lo haces por completar tu formación, eso dice mucho en favor de tu entusiasmo y tus ganas de avanzar profesionalmente. Además, el haber logrado culminar con éxito tus estudios en otro país significa que dominas el idioma, que conoces gente allí, que eres una persona proactiva y adaptativa, que persigue sus metas hasta conseguirlas. Y eso es muy importante y apreciado en cualquier trabajo y en cualquier entorno laboral 😉

6. Pero no es oro todo lo que reluce…

Por muy bien que pinte todo a primera vista, el irse a estudiar fuera de tu país tiene también sus desventajas, que no son pocas. Aunque así, entre tú y yo, creo que en este caso sí que se ven más que compensadas por los beneficios. Pero júzgalo tú  😉

Por un lado está la economía. Si es caro vivir por tu cuenta en tu propio país, imagina en el extranjero, donde necesitas casa, comida, ropa… Esto es especialmente importante cuando ese país tiene un nivel de vida mucho más alto que aquel del que procedes. En esos casos, la presión económica puede ser considerable y mucha gente no podrá si quiera planteárselo. Cuando estuve viviendo dos meses en Oslo, me estuve alimentando a base de pasta, salmón (que el kilo me salía más barato que un pack de 6 latas de Heineken en el supermercado) y alguna ensalada, para aportar algo de vitaminas a mi dieta 😛 Y es que la vida allí es carísima, incluso para los propios noruegos. Así que imagina para un estudiante de doctorado con una beca española.

Chica mirando su hucha de cerdito
Si te vas a ir a vivir al extranjero empieza a despedirte de tus ahorros por si acaso 😉

Pero si el choque económico no fuese poco, tendremos también un choque cultural. Y cuanto más distante sea el país, tanto más grande será la brecha cultural. Distintas formas de hablar, de trabajar, de relacionarse, es algo que puede hacer desistir al más pintado. Y es que no es lo mismo viajar unos días a un país y sorprenderte de lo distinta que es la gente que enfrentarte a ello diariamente.

Por ejemplo, y volviendo de nuevo a mi estancia en Noruega, me costó bastante integrarme en el grupo y hacer amigos. Y no por nada, puesto que la mayor parte de la gente que conocí era muy maja y educada. simplemente es que estaba más acostumbrado a lo abiertos que somos los españoles, mientras que en Oslo todo el mundo son mucho más reservado. Por eso me resultó bastante más complicado hacerme un hueco en el círculo de sus amistades que había en el museo. Además, me resultaba muy chocante la falta de contacto entre las personas y era algo que, en ocasiones, me colocó en una situación incómoda, ya que allí no es costumbre saludar con dos besos a una chica a la que te acaban de presentar o dar un abrazo a un hombre, aunque tengas confianza con él, como sí que ocurre en España jeje.

Por otro lado están también la familia, los amigos o la pareja. No es fácil dejarlo atrás y no todo el mundo te podrá seguir en tu periplo por otro país. El tener que mantener estas relaciones en la distancia puede ser complicado y hay gente que es incapaz de adaptarse. Por eso has de ser muy consciente de a lo que te estás enfrentando y lo que va a suponer marcharte durante uno o varios años.

Finalmente, aunque no menos importante, una vez que sales de tu país normalmente no es sencillo volver. Cuando comienzas a estudiar en un sitio te surgen oportunidades allí y, dada la situación actual, es difícil rechazarlas. Además, no siempre se pueden convalidar los títulos entre los distintos países, por lo que si decides volver al tuyo podrías haber perdido años de trabajo y esfuerzo (o al menos el título que los acredita).

Concluyendo

Hemos visto que hay muchísimas ventajas yéndose a estudiar fuera, pero también importantes inconvenientes. Sin embargo, la mayor parte de estas desventajas tienen solución: muchos proyectos predoctorales llevan asociadas becas y ayudas, que te facilitarán el hecho de costearte esos años en el extranjero; si eres una persona adaptativa (una facultad que te convendría desarrollar si quieres ser biólogo) no tendrás problema a la hora de integrarte en ese nuevo país, aunque al principio pueda resultar durillo; la familia siempre estará ahí, y los amigos y la pareja… si son buenos también :P, y por último, si te has ido fuera es para buscar nuevas oportunidades, volver no es imposible pero tampoco necesario si allí encuentras todo lo que necesitas 😉

Desde mi punto de vista, y vuelvo a recalcar que es algo subjetivo, las ventajas que te otorga estudiar un postgrado en el extranjero superan con creces las desventajas. La posibilidad de crecer tanto a nivel personal como profesional que te ofrece vivir una larga temporada en otro país creo que no la ofrece casi nada. Y digo vivir, que no viajar, porque las vivencias son totalmente distintas. La independencia, la habilidad para crear nuevas amistades y contactos, el dominio de un idioma que no es el tuyo, el conocer nuevos lugares, nuevas formas de trabajar o estudiar organismos o ecosistemas que son totalmente distintos a los que hay en tu país (o tu continente) es algo que no se puede conseguir fácilmente de otra manera.

Por ello, si tienes la oportunidad y las condiciones te lo permiten, te recomendaría que salieses a conocer mundo, a formarte, a expandir tu red de contactos y tus conocimientos más allá de tus fronteras. Sal de tu zona de confort. Conoce el mundo que hay ahí fuera y disfrútalo. Absorbe todo lo que puedas y saca el máximo provecho de cada una de las oportunidades que se te brindarán, que serán muchas. Y si luego vuelves, lo harás con una formación más sólida, un currículo más fuerte y una mochila cargada de experiencias a todos los niveles que ni  todos los cursos de mundo podría comprar. Pero si decides quedarte, entonces habrás encontrado tu sitio, tu lugar, tu trabajo y un nuevo entorno donde te desarrollarás como persona y como profesional. Y eso, créeme, es algo que mucha gente se pasa la vida buscando 😉

Yo hice los cursos de doctorado y la tesis en Badajoz, mi ciudad. Y no me arrepiento de ello, porque todo lo que soy, todas las oportunidades que me han surgido, han venido de aquí. Pero la experiencia que dan los años (y ya voy teniendo unos cuantos :P) me ha ayudado a valorar todo lo que te puede ofrecer el estudiar y vivir en otro país. He aprendido a apreciar algunas de las cosas que me he perdido, oportunidades a las que he tenido que acceder por otros medios más complicados y caros (viajando mucho por mi cuenta o gracias al trabajo). Así que, si tienes la posibilidad de estudiar en el extranjero y tu situación personal y económica te lo permiten, no te lo pienses. Pero si no es así, tampoco te preocupes 😉 Tendrás que trabajar más, tendrás que agudizar el ingenio, pero podrás recuperar la ventaja perdida. Y este blog y mi propia historia son una prueba de ello 😉

Y como siempre, una vez terminado el post, me encantaría conocer tu opinión. ¿Qué te ha parecido la entrada? ¿Tienes pensado estudiar un máster o un doctorado en el extranjero? ¿O tienes claro que prefieres hacerlo en tu país? ¿Te ha ayudado en algo este artículo? ¿Qué te ha aportado? ¡Te espero en los comentarios!

Y si crees que esta entrada podría resultarle interesante a alguien no dudes en compartirla y hacer que el blog pueda llegar y ayudar a más gente 😉

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La importancia de saber cuándo decir que no

14/01/2016 by Bichólogo 15 comentarios

Aunque parece el título de un libro de autoayuda, saber decir no en el momento adecuado es una de las cualidades que más falta hace hoy en día a muchos biólogos. En estos tiempos de crisis tener un trabajo de lo nuestro es casi un sueño, al menos en España, así que… ¿Cómo decir no a una oferta por mala que sea? Pues hoy te voy a enseñar lo importante que puede llegar a ser 😉

Tienes que hacerte valer

La biología no es una de las carreras ni de las profesiones más estimadas socialmente. Es probable que cuando le dijiste a tus padres «Quiero ser biólogo/a» ellos te dijeran (o al menos lo pensaran): «¿Biología? Pero si eso no tiene salidas«. O si eres uno de los afortunados que están trabajando de biólogo habrás escuchado más de una vez «Eso no es trabajar. Tendrías que tener un trabajo de verdad, como el mío«.

Además, hoy en día la situación no está como para tirar cohetes. Hay muchísimo paro en nuestro sector y rechazar cualquier oferta, por mala que sea, es poco más que un suicidio. ¿O no? Si te paras a pensarlo, aceptar ofertas de empleo ridículas o directamente humillantes no hace sino perpetuar esa visión de la que la biología no es un trabajo serio, sino algo a lo que se dedican cuatro frikis. Por eso es tan importante plantarse y decir NO.

Lo que la gente piensa de la biología
Aunque sea tomándolo con humor, la realidad a veces no es tan distinta a la que refleja este meme

Una historia real…

Hace mucho, mucho tiempo, dos bisoños estudiantes de biología (un servidor y mi colega de Bioblogia) asistieron a una cena oficial de la Universidad de Extremadura con motivo del 25 aniversario de su fundación. La verdad es que acudimos por suerte. Durante una clase de un curso de postgrado pidieron dos voluntarios para ir en representación de los alumnos. Y curiosamente sólo nosotros levantamos la mano. ¡Era una cena gratis!

El caso es que comenzamos a hacer networking con el resto de los invitados (aunque por aquel entonces ni conociéramos esa palabra :P). Habían acudido el rector, representantes de los profesores y algunos profesionales del sector que estaban participando en dicho curso. Entre plato y plato, fuimos guiando la charla hasta la realización de unas prácticas no remuneradas. El trabajo sonaba interesante a priori: el dueño de unas casas rurales quería que diseñáramos unos senderos ecoturísticos y los preparáramos con comederos y bebederos artificiales para las aves.

No cobraríamos nada, pero serían unas prácticas profesionales muy interesantes para engalanar el currículo de unos jóvenes estudiantes de biología (por aquel entonces en el último o penúltimo año de la carrera). Así que, tras la cena, aceptamos con muchas ganas, ideas e ilusión.

El tiempo pasaba y nosotros ya teníamos todo el proyecto pensado, algo profesional, con mapas georeferenciados, todo muy bonito. Y muy trabajado. Y entonces, a menos de una semana de irnos para allá, nos escribe esta persona. Nos dice que ya que estaremos una temporada allí nos envía una lista de tareas adicionales que incluían cortarle el césped, limpiar la piscina y algunas otras labores de mantenimiento. ¿WTF? Tuvimos que volver a leer el mail para cerciorarnos de que era cierto. Nos pedía un trabajo profesional, no recibíamos ni un euro y nos costeábamos nosotros todo. Pero ahora encima quería que fuésemos sus jardineros y chicos de los recados.

Sorprendidos, le respondimos diciéndole que aquello no tenía nada que ver con lo que habíamos acordado. Que sí, que éramos estudiantes de biología, pero que nos había pedido un trabajo profesional y por tanto nos habíamos empleado a fondo para prepararlo. Que habíamos aceptado no cobrar por ello porque la experiencia práctica nos resultaba útil, pero que no estábamos de acuerdo con esas nuevas condiciones añadidas a última hora.

Al hombre le sorprendió nuestro correo. Nos dijo que tampoco era para tanto, que a ver quiénes nos creíamos que éramos. Que no éramos más que unos estudiantes, que con esos humos y esa actitud jamás llegaríamos a ninguna parte ni lograríamos entrar en el mundo laboral.

Tras recibir aquel mensaje, le dijimos muy amablemente que ya no estábamos interesados en sus prácticas y que se buscase a otros estudiantes de los que aprovecharse. Así que puedes imaginar la contestación airada y totalmente fuera de tono del susodicho (bastante menos correcto que nosotros :P). Y de este modo dimos por finalizada nuestra aventura con aquellas «prácticas profesionales» que eran de todo menos profesional.

Decir NO

La moraleja

Le dijimos que no a unas prácticas muy interesantes sobre el papel que nos podrían haber dado un buen empujón al currículo. Él nos dijo que así, exigiendo respeto, no llegaríamos a ningún lado y no nos contratarían en ningún sitio. Y aquí me tenéis, habiendo trabajado como científico, con una tesis doctoral (casi casi :P), habiendo trabajado en varios países y con una treintena de publicaciones entre papers y charlas y posters en congresos. Desde luego aquel hombre no se habría ganado la vida como vidente 😉

Valorarte a ti mismo nunca está demás y tu profesionalidad es tu principal carta de presentación. Si no la defiendes tú, nadie lo hará. Sí, hay mucha competencia, pero no vale conseguir ese voluntariado, esas prácticas o ese trabajo a cualquier precio, especialmente si te estás devaluando a ti mismo y a la profesión. Porque eso te afecta a ti, me afecta a mi y a todos los que trabajamos o aspiramos a trabajar en este maravilloso mundo de la biología. Tienes que hacerlo por ti y tienes que hacerlo por nosotros 😉

Concluyendo

Ésta es sólo una anécdota que me ha ocurrido en mi vida profesional. En general he tenido suerte: trabajos interesantes con buenos jefes y comprometidos con los proyectos o las investigaciones de turno. Hay muy buenos profesionales de nuestro campo ahí fuera 😉

Por ello, con este post no quiero decir que debas dejar pasar ese voluntariado o esas prácticas o esa oferta de trabajo porque no ofrecen las condiciones perfectas. Para nada. Todo depende mucho de la situación en la que estés y de las característica en concreto de cada oferta o situación. Pero sí que debes saber poner límites, líneas rojas que nadie debe traspasar.

No sólo es algo bueno para ti a nivel profesional, sino también para tu salud mental. Si esas situaciones se mantienen en el tiempo terminarán por minar tu ánimo y tu autoestima. Todos tenemos que luchar por ese reconocimiento de nuestra profesión, de nuestra labor. Es un trabajo de equipo 😉

Y ahora te toca a ti contarme… ¿Cuál ha sido tu experiencia al respecto? ¿Has dicho NO alguna vez a unas prácticas o trabajo? ¿Has aceptado algo de lo que luego te has arrepentido? Cuéntame tu historia, que seguro que ayudará a mucha gente.

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13 razones definitivas por las que estudiar biología es tu mejor elección

29/10/2015 by Bichólogo 247 comentarios

Este post va dedicado a ti. Sí, a ti. Que ahora mismo estás pensando si debes empezar la carrera de Biología. O quizás estás planteándote si continuar con la carrera porque no era como te esperabas. Para ti va dirigido este post. Y espero que después de leerlo la respuesta para ambas pregunta sea un rotundo ¡SÍ!

Este listado no va por orden de importancia, sino por como me han ido viniendo a la mente. Además, cada una de estas razones puede tener distinta importancia para cada persona, así que no tiene mucho sentido ordenarlas 😛 Así que… ¡Vamos a por ellas! 😉

13 razones por las que estudiar biología es tu mejor elección

1. Es tu vocación

Si piensas que es así, entonces no lo dudes ni un instante. ¡Vé a por ella! No hay nada tan reconfortante como dedicarte a algo que te apasiona. Nada. Así que no dejes escapar la oportunidad. Yo siempre dije que prefería ser pobre pero feliz con lo que hago que estar podrido de dinero y amargado detrás de un escritorio. No dejes pasar esta posibilidad de alcanzar la felicidad tanto personal como profesional haciendo lo que más te gusta 😉

2. La carrera de biología sí tiene salidas

No sólo puedes trabajar en ciencia, como profesor o de funcionario. Hay muchas opciones laborales válidas ahí fuera, algunas de ellas esperando que las descubras. Sólo tienes que echarle valor e imaginación 😉 Las oportunidades estás esperando a que las descubras.

3. Se puede trabajar de biólogo en tu país

No te voy a engañar. La situación laboral está muy mal en cualquier parte del mundo. Y en algunos países incluso peor. En España la tasa de paro supera el 21% y la del paro juvenil se acerca peligrosamente al 50%. Pero con todo, y a pesar de la dura competencia, se puede llegar a trabajar si eres proactivo y sabes moverte por el mundo laboral. La mayor parte del trabajo que he realizado ha sido en España, aunque gracias a él haya podido viajar a otros países.

4. Te cambia la forma de verlo todo

Ser biólogo es una forma de vida. Es una óptica por la que terminas filtrando lo que te rodea. Estudiar Biología te va a cambiar a un nivel muy profundo y aprenderás a ver el mundo con otros ojos. Y créeme, es una experiencia que merece la pena vivir. Ya nos comentaba Marco en su entrevista cómo aplica el enfoque biológico a toda su vida.

5. Pones tu granito de arena al conocimiento universal

Como todas las ciencias, te abre la puerta a formar parte de ese acervo de conocimientos que la Humanidad ha ido recopilando desde siempre. Es poco probable (aunque posible ;)) que hagas un descubrimiento extraordinario, pero seguro que aportarás algo al edificio del conocimiento, bien sea añadiendo algún ladrillo o bien haciendo que más gente lo visite: científicos, maestros, divulgadores, educadores ambientales… Todos contribuyen a extender ese conocimiento. Hasta esas charlas entre colegas tomando unas cervezas pueden hacer que alguna persona más se acerque y aprenda un poco más de este maravilloso mundo donde vivimos.

Libros de ciencia
Algún día puede que sea a ti a quien estudien 😉

6. Grandes posibilidades de viajar

Pocas carreras requieren tanta movilidad, bien sea voluntaria, como parte de tu formación, u obligatoria, por tener que emigrar a otros países para ganarte la vida. Con todo lo que eso conlleva. Todos los grandes viajeros que he conocido tienen una aura poderosa a su alrededor, un potente magnetismo. Su forma de ver la vida, de entenderla, el modo que se relacionan con los demás y con el mundo está impregnado de todas las experiencias acumuladas durante sus viajes. ¿No te gustaría ser uno de ellos? 😉

7. Es apasionante

En Biología da igual lo que estudies, da igual en lo que trabajes. Hagas lo que hagas lo disfrutarás. Por supuesto que no es un camino de rosas, que requiere muchos sacrificios y algún sofocón 😛 Pero si al final descubres tu camino y lo sigues te aseguro que lo vivirás intensamente (para bien y para mal). Muchos biólogos que conozco, incluso aunque no estén trabajando en Biología, mantienen esa pasión y esa relación con la naturaleza y con la vida que adquirieron durante la carrera.

8. Es un viaje de descubrimiento

Y con esto no me refiero sólo a los descubrimientos científicos, sino a un descubrimiento personal. Se trata de una carrera y una profesión muy exigentes. A no ser que seas uno de esos escasos y brillantes genios que aparecen de tanto en tanto vas a tener que dar el máximo de ti continuamente. Eso hará que explores tus límites y que te conozcas mejor a tí mismo. Pero también descubrirás nuevas áreas de conocimiento que nunca pensaste que te interesasen. Aprenderás mucho de ti, te lo garantizo 😉

9. Es muy divertido

Los biólogos tenemos una idiosincrasia muy particular. Da igual el país o el área de estudio al que te dediques, siempre hay una serie de rasgos generales que casi todos compartimos (aunque hay excepciones :P). Te puedo decir que algunas de las mejores fiestas en las que he estado siempre han habido biólogos involucrados. No sé cómo será en tu universidad, pero mientras yo estudiaba la carrera, cada vez que había muchos biólogos reunidos siempre acaba la cosa tomando unas cervezas: con la gente de tu grupo de investigación, tras una charla, después de un congreso, en una salida al campo… Y te aseguro que me ha pasado con gente de todas las edades y de la más diversa procedencia 😉

10. Conocerás a mucha gente

Como en todas las carreras, me dirás. Sin embargo la nuestra tiene una serie de características que hace que el networking en Biología sea algo fundamental. La mayor parte de los trabajos a los que te enfrentarás durante la carrera y después de ella tendrás que hacerlo en compañía de otros. La colaboración es fundamental en las ciencias biólogicas: papers, congresos, proyectos de investigación o conservación… Siempre necesitarás un equipo. Así que trata de conseguir el mejor 😉

11. Descubrirás rincones maravillosos donde antes no veías nada

Una vez que empiezas a conocer la flora y la fauna y empiezas a identificar visualmente las especies sin necesidad de guías se abre un mundo nuevo para ti. Es entonces cuando vas por la calle de tu ciudad o tu pueblo y una vida nueva se despliega ante ti. Donde antes creías que sólo había gorriones comunes (Passer domesticus) o jaramagos (Diplotaxis virgata) ahora se despliega toda una pléyade de seres vivos que había pasado desapercibida ante tus ojos asombrados. Entonces te darás cuenta de los pequeños paraísos vivos, de esas islas de naturaleza en medio de la civilización que te rodean esperando que seas capaz de encontrarlas 😉

12. Es una aventura

Como lo oyes. Trabajar de biólogo es una de las profesiones más aventureras, en el sentido más romántico de la palabra. Lugares alejados e inhóspitos, que pueden abarcar desde la jungla más cerrada a las heladas extensiones antárticas. Situaciones complejas y, en ocasiones, no exentas de riesgo, para conseguir esos datos que necesitas. Adrenalina, descubrimiento, excitación. Si realmente lo quieres, podrás probar un poco de todas ellas 😉

13. Contacto directo con la naturaleza

¿Qué mejor manera de estar en contacto con ella que siendo biólogo? Puedes trabajar con aquellas especies que te apasionan, desde las más comunes hasta las más exóticas. Plantas o animales, tu eliges el camino. O incluso aquellos seres que se mueven en la difusa línea entre lo vivo y lo no vivo, como los virus o los priones. Desde lo más grande a lo más pequeño. Desde tu laboratorio o sumido en lo más profundo del bosque. Para estudiar la vida tienes que ir allá donde está. ¿Qué mayor contacto se puede pedir?

Si todavía no  lo tienes claro, quizás es que esta carrera no es para ti. Pero si al leer alguna de estas razones te has sentido identificado o identificada, te ha dado un vuelco el corazón, o te has sonreído al verte identificado, entonces no lo dudes y lánzate a por ello. Porque la Biología hay que vivirla. ¿Cómo si no se puede estudiar la vida entonces? 😉

Si te ha gustado el post, compártelo con aquellos a los que creas que le puede interesar. Y cuéntame cómo vives tú la biología, ¿Añadiría alguna otra razón más para convencer a todos aquellos indecisos? ¿Qué tres razones son las más importantes para ti? Participa y cuéntame tu experiencia. Hagamos juntos de este blog algo vivo 😉

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El eterno debate: generalista Vs. especializado

01/10/2015 by Bichólogo 12 comentarios

Una pregunta recurrente a la hora de buscar trabajo como biólogo es si uno debe especializarse mucho o debe ser más bien generalista. Y más en medio de esta crisis económica global, donde el trabajo escasea. Hoy te hablaré sobre cuál de estas estrategias es la más adecuada para el mundo laboral de hoy en día (si es que alguna lo es). Anímate y descúbrelo conmigo 😉

¿Hasta qué punto es importante la especialización?

Ventajas e inconvenientes del especialista

El itinerario académico siempre nos guía hacia la especialización: desde la formación básica durante los primeros años de educación, siempre vamos haciendo elecciones que nos van focalizando hacia una determinada rama del saber: ciencias, letras, biosanitaria… Y al entrar en la universidad volvemos a especializarnos: asignaturas optativas que van marcando hacia donde nos dirigimos, proyectos de fin de carrera, másters, doctorados, post-docs…

Al final de este camino, independientemente de donde te bajes o donde hagas el trasbordo, siempre terminamos enfocados en un área mucho menor que aquella donde comenzamos el viaje. Y esto es intrínsecamente bueno. Nadie puede saber todo de todo. La especialización es necesaria, y más en un mundo como el de hoy en día, donde la tecnología y el conocimiento avanzan a pasos agigantados en cualquier rama del saber.

Por un lado, cuanto más concreto es tu campo de estudio, menos gente hay especializada en él. Si te especializas en la disposición del 2º artejo de la antena derecha de una especie de copépodo seguro que serás una de las eminencias de tu campo. Para cada estudio o trabajo en ese campo se te citará y se recurrirá a ti. Pero la realidad es: ¿cuántos congreso, estudios o trabajos de ese campo se hacen al año? Una excesiva especialización te puede llevar a un foco tan pequeño que no haya salidas reales.

Incluso si no estas taaaan especializado como en el punto anterior, siempre es una buena credencial. Hoy en día cada, cada vez más, hay puestos muy muy especializados para los que no hay tanta competencia como en otros más generalistas y al alcance del todo el mundo. Sin embargo, esos puestos especializados son escasos en comparación con el número de personas potenciales que podrían aspirar a ellos

Además, la especialización puede llevar al problema de la sobrecualificación. Cuando postulas por una vacante de un trabajo que requiere una cualificación menor que la tuya puedes encontrarte (y así ocurre con frecuencia) que tu candidatura ni se tenga en cuenta.

Esto se debe a que muchas empresas y organismos prefieren formar a sus trabajadores desde los primeros estadíos para amoldarlos a su forma de trabajar, por lo que no quieren gente con tanta experiencia. Otras veces, simplemente piensan que con tu sobrecualificación pronto encontrarás otro trabajo más acorde y dejarás ese puesto, así que prefieren no tener que buscar candidatos dos veces. Y en muchas ocasiones, simplemente buscan gente sin experiencia porque les resulta más fácilmente aprovecharse de ellas, ya que mucha gente está dispuesta a cualquier cosa por obtener algo de experiencia para el currículo.

Como ves, la especialización tiene un gran valor hoy en día, pero la realidad es que cada vez hay más y más gente especializada en las distintas áreas del saber, tanto graduados como doctores. Esto hace que la competencia por esos puestos sea feroz. Seguro que conoces a más de un doctor que está trabajando en algo que nada tiene que ver con su formación y su especialidad. O que no está trabajando en absoluto. Una elevada especialización, hoy en día, no te asegura un puesto de trabajo.

Diploma
A veces la excesiva especialización puede excluirte de algunos puestos para los que se necesita menor cualificación. No siempre más es mejor

Ventajas e inconvenientes de un perfil generalista

Es la otra gran estrategia aplicable al mundo laboral. Una persona que valga para todo. Que sepa un poco de cada ámbito, aunque su conocimiento no sea tan sólido. Sin embargo, para convertirte en ese tipo de persona tienes que aplicar mucho trabajo por tu parte. Tendrás que hacer muchos cursos para complementar tu formación, que como ya he comentado antes, tiende naturalmente a la especialización.

También tendrás que trabajar mucho por tu parte: leer libros de las diferentes temáticas, tratar de hacer voluntariados en distintos ámbitos… No es un camino fácil y hay que tener una inclinación natural para ello, una curiosidad innata. Si eres una de esas personas afortunadas que no pierden la curiosidad infantil entonces puedes andando sin darte cuenta hacia esta estrategia generalista.

Lo bueno de los generalistas es que hay múltiples puestos de trabajo a los que podrían aspirar. Al tener conocimientos y experiencia en una amplia variedad de sectores su perfil podría llegar a amoldarse a una mayor variedad de perfiles que los individuos más especialistas. Sin embargo, también tendrán que competir con mucha más gente, incluido algunos especialistas en ese campo, que se adecuarían mucho mejor a lo que el contratante estaría buscando.

Pero una persona generalista puede aportar otras cosas a la empresa u organismo que lo esté contratando, más allá de los conocimientos que se le presuponen para el puesto. Esto puede convertirlos en un activo valioso, ya que podrían ocuparse de otros aspectos distintos y reforzar otro equipo, o incluso asumir su papel. En este caso sería el clásico: dos por el precio de uno (porque lo normal es que no paguen extra por ocuparse de otras cosas).

Y entonces… ¿qué hago?

Al igual que ocurre en la naturaleza, no existe la estrategia definitiva que te asegure el éxito. O todo el mundo la emplearía. Tendrás que asumir ciertos riesgos y ver en qué te quieres convertir.Para ello, es importante que explores el área de trabajo al que te quieres dedicar. Mira cuáles son los perfiles más demandados, las habilidades y conocimientos que se requieren, el tipo de puestos que se ofertan. Y fórmate para ellos.

Por ejemplo, para el ámbito científico vas a tener que especializarte… y mucho. Las ofertas que aparecen suelen ser para gente con perfiles muy concretos, muy especializados. Pero si te vas a dedicar al área de consultoría medioambiental, está bien saber un poco de todo, porque a veces hará falta alguien que controle de mamíferos, pero otras veces será sobre aves, o sobre suelos, o sobre vegetación.

Desde mi punto de vista, y por mi experiencia personal, creo que la especialización es importante. Al menos un cierto grado de especialización en un área determinada. Sin embargo, hay que ser un profesional versátil. Una de las cosas que nos enseña nuestra carrera (o que debería habernos enseñado) es a ser capaces de encontrar la información que necesitamos. Incluso si no tenemos repajolera idea de un tema. Precisamente por eso hablaba hace poco de lo útil que es escribir artículos científicos y aprender a hacer búsquedas bibliográficas.

Hay que ser adaptativo. Si tienes un perfil especialista, en que has aprendido una serie de técnicas o metodologías específicas, has de saber aplicar y adaptarlas a campos similares o aprender a trabajar con otros grupos animales o vegetales distintos a los que estás acostumbrados. Por ejemplo, si alguien está acostumbrado a hacer estudios de ecología evolutiva con aves, dado el caso es capaz de reciclarse y trabajar con otros grupos animales, como peces (y si no que se lo digan al bioblogo).

O como ocurrió conmigo, toda la vida profesional dedicado a las aves y cuando entré a formar parte de la consultoría medioambiental me encargaron censos de mamíferos. El campo puede parecer totalmente distinto, pero siempre existen lugares comunes.

Además, en mi caso, mi experiencia con aves me ayudó a hacer otros trabajos dentro de la consultoría, como el radioseguimiento de mirlo acuático, o me permitió trabajar un par de meses en Suecia, aunque en ambos casos no se tratasen de puestos exactamente iguales a aquellos en los que yo estaba especializado.

Además, en un mundo donde la tecnología está presente en cualquier ámbito de nuestra vida diaria y laboral, tener unos conocimientos mínimos de informática y tecnología en general es indispensable. Incluso aunque no los requieran para el puesto pueden convertirse en un valor diferencial y hacer de ti un activo importante para la empresa.

Si eres capaz de encargarte del manejo de aparatos tecnológicos, o de implementar algún software que aumente la eficacia de la empresa o mejore la colaboración y la comunicación entre los trabajadores, o si simplemente tienes la capacidad de habituarte y aprender fácilmente el manejo de casi cualquier programa eso te va a dar una ventaja competitiva, sin duda.

Así que mi consejo es que te especialices hasta donde quieras, pero que seas flexible, que cuides otras áreas que pueden ser muy importantes, como la tecnología o los idiomas, y que sepas encontrar, filtrar y presentar la información, porque esto te va a ayudar a formarte por tu cuenta cuando lo necesites. Pero no te vuelvas loco haciendo cursos sin ton ni son. Un currículo que no es más que un compendio de cursos y experiencias inconexas entre sí tendrá muy muy pocas probabilidades de éxito.

En vez de especializarte en censo de micromamíferos de los bosques caducifolios de tu pueblo, hazlo en el censo de meso y micromamíferos. Si más adelante tienes que adecuar la técnica a las características propias de los animales o de la zona que estés estudiando, ya lo harás. Para eso te habrás entrenado en buscar y procesar información 😉

Lo más importante es crearte un currículo sólido, cohesionado, incluso aunque hayas trabajado en distintos campos o tengas una formación más o menos variada. Huye de los extremos: no seas ni aprendiz de todo y maestro de nada ni un profesional hiperespecializado (a no ser que tengas claro que hay un nicho laboral estupendo ahí). Y si ves que te has equivocado… siempre te puedes reciclar 😉 Hay múltiples salidas laborales para los biólogos ahí fuera 😉

Y hasta aquí mi opinión sobre el tema. Pero me encantaría saber la tuya. ¿Cuál crees que es la mejor estrategia en cuanto a la especialización? ¿Eres especialista o generalista? ¿Te han servido algunas habilidades o conocimientos que no tenían que ver con tu puesto de trabajo a la hora de desempeñarlo? ¿Te dio alguna ventaja durante la selección de personal o de cara a mantener el empleo y generar valor a ojos de tu jefe? Cuéntamelo en los comentarios, seguro que puede ser un debate interesante 😉

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