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El Bichólogo

Traduciendo la naturaleza en datos estratégicos para un futuro Nature-Positive

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La investigación en biología y la interminable jornada laboral

19/01/2017 by Bichólogo 12 comentarios

Ya seas de bota o de bata, si te dedicas al mundo de la investigación y, a menudo también, al ámbito privado, como es la consultoría ambiental, ten por seguro que te vas a tener que enfrentar a unas largas jornadas laborales. Y cuando digo largas me refiero a largas de verdad. Porque nuestra profesión tiene una serie de características que hacen que nuestros horarios sean difícil de de estandarizar y que la carga de trabajo pueda ser muy diferentes en distintas épocas del año o en función de a que actividad nos dediquemos en cada momento. Y hoy voy a explicarte estas características y a  prepararte para lo que está por venir, que no es poco 😉

La investigación en biología suele acarrear largas jornadas laborales

¿De verdad va a ser tan largo?

Pues como siempre, dependerá de a lo que te dediques. Pero si te metes en este mundillo de la biología, te aseguro que más pronto que tarde te encontrarás trabajado a horas intempestivas y durante muchas horas, incluso sábados y domingos.

Pero también es cierto que esa flexibilidad horaria para mal, puede serlo también para bien, aunque eso dependerá de cómo te organices tú y cómo lo haga la empresa o institución para la que estés trabajando.

Lo que es cierto es que la naturaleza de este trabajo es bastante peculiar si la comparamos con otros, especialmente con aquellos que se rigen por unos horarios más o menos fijos e inamovibles. Y es que trabajar con seres vivos tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes.

La investigación baila al ritmo de los organismos

Ya sean plantas, animales o microorganismos, si realizas investigación tendrás que adaptar tu trabajo a los ciclos vitales, el comportamiento o la fisiología de ellos en algún momento. Es verdad que los experimentos se pueden planificar, pero tarde o temprano tus horarios chocarán contra los de tu objeto de estudio. Y es que los seres vivos tienen sus propios ritmos, sus propios ciclos que no entienden de vacaciones, fines de semana o compromisos sociales.

Una de mis épocas más estresantes tuvo lugar mientras trabajaba en la Universidad. Por aquel entonces tenía que hacer el seguimiento de una colonia de avión común (Delichon urbicum) durante la temporada reproductora. Y como, entre otras cosas, tenía que capturar a los adultos en sus nidos para identificar a los progenitores de cada nido. Me tocaba ir ya de noche, en fechas determinadas por el ciclo reproductivo de los padres, para prepararlo todo, puesto que a esas horas ya se habían retirado tanto el macho como la hembra al nido a descansar. Y me tocaba volver bien temprano al día siguiente, para capturarlos, anillarlos, medirlos y soltarlos cuanto antes, de modo que pudiesen alimentarse y cebar a los pollos después de toda la noche de inactividad.

Y como esto tenía que ocurrir en días determinados, tenía que hacerlo cuando tocase, independientemente de si era sábado, domingo o festivo. Más de una vez salí de fiesta un rato con unos colegas, y cual Cenicienta biológica, al filo de la medianoches me tuve que despedir apresuradamente (porque quería aprovechar la fiesta al máximo), mientras corría dejando tras de mí una bonita bota de campo de cristal 😛

Ahora en serio, salvo lo de la bota, todo es verídico 😛 He tenido que trabajar sábados y domingo bien temprano, muchas noches (sólo un rato) y al menos una noche entera al año capturando, anillando, midiendo y tomando muestras de más de 300 individuos de toda una colonia de avión común con mis compañeros.

Todo esto puede parecer agotador, y alguno pensará que es un abuso, que si no hay quien lo regule. Pero lo cierto es que, para muchos experimentos, no hay mejor manera de hacerlo. No se tata de un trabajo ordinario en el que puedas currar ocho horas y después despedirte y desconectar. Hay que adaptarse a tu modelo de estudio, a la biología de la especie con la que trabajas. Y has de ser sistemático, para que los resultados sean veraces, repetibles y comparables, o si no todo tu esfuerzo podría verse comprometido y, muy probablemente, perdido.

Pero no pienses que los biólogos de bata lo tienen mucho mejor. El trabajo de laboratorio también tiene sus propios horarios. Las bacterias tiene su propio tiempo de generación, los cultivos su propio tiempo de incubación, distintas pruebas requieren ser hechas en determinados momentos de su ciclo biológico. Tu siempre puedes decidir cuando empezará un experimento, pero el resto tendrás que adaptarlo a tu modelo de estudio. Así de simple.

Así que, si no te gustan esas largas jornadas de trabajo, mejor vete olvidando de la investigación. Esta salida laboral requiere de un elevado compromiso con el estudio o estudios que estés realizando y a menudo devorará ingentes cantidades de tu tiempo, que tendrás que restarlo de otras actividades que te gustaría llevar a cabo.

Pero tampoco tires la toalla. Es raro el proyecto que requiere estos intensos ritmos de trabajo todo el año. Normalmente la temporada de campo tiene una longitud determinada: varios meses de trabajo agotador que luego se corresponden con otros cuantos de un ritmo más reposado. Cuando toca procesar los datos (hojas y hojas de Excel), analizarlos y preparar un artículo con los resultados para publicarlo en una revista científica, el trabajo se vuelve más convencional, y los horarios son infinitamente más relajados. Y en mi caso, al cabo del mes de trabajo de oficina ya estaba echando de menos las extenuantes jornadas de campo 😛

Y la empresa privada, igual

Pero las largas y complicadas jornadas de trabajo no son exclusivas del área de la investigación. En el mundo de la consultoría ambiental también es necesario echar muchas, muchas horas, sobre todo cuando son proyectos alejados de un zona de residencia. Porque un viaje de varias horas hasta el lugar donde tienes que realizar un muestreo, un transecto o cualquier otra actividad forma parte de tu trabajo y, por tanto de tus horarios.

Además, diversos proyectos tienen distintas horas en las que debes desarrollarlos. Por ejemplo, si vas a realizar transectos de mamíferos tendrás que hacerlos durante las horas de luz, mientras que si vas a poner reclamos de lobo para detectar su presencia no te queda otra que hacerlo al anochecer. Además, los tiempos en la empresa privada van muy marcados por los clientes y, como todo trabajo de campo, también están limitados por las condiciones climatológicas. Esto hace que no sólo tengas que adaptarte a los ritmos de los animales, sino a los ciclos del luz y oscuridad y la lluvia, el frío o la nieve, por lo que a veces tendrás que condensar trabajos cuando mejores condiciones tienes y afrontar jornadas de 12 horas o incluso más.

Por ello, a menudo descubrirás que tienes que encadenar proyectos y hacer horas extras para cumplir a tiempo con los plazos que te ha dado tu cliente, no importa si es un ente privado o si se trata de la administración pública. El trabajar en la empresa privada no sólo no te libra de las famosas «deadlines«, sino que te las pone a la orden del día.

¿Y qué se puede hacer al respecto?

A menudo, por las características de este tipo de proyectos, las temporadas reproductoras suelen ser las más largas y agotadoras, donde se toman el mayor número de datos. Tienes que ser consciente de que se trata de un periodo muy concreto del ciclo vital de los animales (o plantas) y que a  menudo está limitado a una época concreta del año o en momentos puntuales. Así que, si quieres hacer el seguimiento de una colonia de un ave, por ejemplo, tendrás que organizar tu trabajo y tu tiempo de tal modo que puedas extraer el máximo de información en la menor cantidad de tiempo, lo que se traduce en muchas, muchas horas de trabajo.

El tiempo, por otra parte, es un bien muy preciado. Por lo que siempre necesitamos aprovecharlo al máximo. Y para poder sacar adelante proyectos más o menos complicados habrá que arrimar el hombro. Si a esto le unimos que la financiación en Ciencia está por los suelos gracias a los recortes y que los trabajos ambientales a menudo se asignan a las empresas privadas tras varias rondas de ajustar presupuestos, esto nos coloca en la difícil situación de desarrollar un trabajo con menos medios materiales y humanos de los que quisiéramos así que por tanto,  las horas de trabajo tienen que aumentar por fuerza.

Así que, la respuesta en corto a la pregunta que abre esta sección es que no puedes hacer nada. Es una característica de este tipo de trabajos. Es lo que hay. Toca asumirlo. Pero ojo, esto no implica que tengas que afrontar estas jornadas a cualquier precio. Siempre has de ser exigente y velar porque se cumplan los descansos adecuados, se te paguen convenientemente las horas extras o se te cambien por días de descanso, y que todos los trabajos se realicen siempre en condiciones de seguridad. Esto es especialmente importante cuando se realizan trabajos nocturnos, donde el cansancio suele notarse más y es más fácil quedarse dormido al volante, por ejemplo. Que sí, que no queda otra que currar, pero hay que hacerlo en las mejores condiciones posibles.

Sí, es cierto que las condiciones siempre pueden mejorar: podría haber mejores sueldos, se podría contratar a más gente, mejorar el material y, finalmente, eso redundaría en menos horas de trabajo extras, sí. Pero no vivimos en un mundo ideal y lamentablemente, y hasta que entre todos podamos cambiar esa situación y poner en valor nuestro trabajo y nuestra profesión ante la sociedad y ante los políticos, las condiciones de trabajo no van a ser siempre óptimas.

Por otra lado, si te gusta el trabajo de campo y eres un buen profesional, da igual lo largas que sean las jornadas, que una vez que llegas al final del día, con el trabajo bien hecho, alguna anécdota en la mochila y unas cuantas observaciones y/o fotos interesantes para tu colección personal, la satisfacción es enorme. Aunque, y esto te lo puedo asegurar, también habrá días que estés agotado, hastiado y con ganas de mandarlo todo al carajo y tomarte unas buenas vacaciones. Pero a fin de cuentas… ¿En qué trabajo no pasa eso en algún momento? 😉

Concluyendo

Personalmente, yo nunca he tenido problemas con las largas jornadas de trabajo, incluso en fines de semana, más allá de las obvias molestias para mi vida social 😛 He aprendido a disfrutar cada aspecto de mi profesión, y cuanto más he estado trabajando en el campo, más he disfrutado de ese trabajo. Me ha permitido viajar y conocer un montón de lugares espectaculares, desarrollar mi actividad en sitios a los que normalmente una persona normal no tiene acceso, estudiar animales protegidos y acumular un sinfín de experiencias que me han ido preparando para los sucesivos trabajos y retos que he ido afrontando, ayudándome a forjar el profesional que soy hoy en día.

Así que no tengas miedo a las largas jornadas de trabajo. Asume que éste no es un trabajo al uso, como tampoco lo son las experiencias que te va a reportar. Y sobre todo, como digo siempre, disfrútalo y diviértete, que por eso esta es una carrera y una profesión de lo más vocacional. Porque si no eres capaz de encontrar la parte buena de esto y disfrutarlo, entonces quizás debas ir buscando otra profesión, porque este tipo de trabajo va a ocupar buena parte de tu vida.

Y con esta pequeña reflexión me despido. La verdad es que creo que es un tema de sobra sabido, pero no está de más recordarlo. Ahora te toca a ti contarme tus pensamientos y reflexiones sobre el post. ¿Crees que es posible limitar las jornadas de trabajo? ¿Eres de los que disfrutan pasando horas y horas en el campo? ¿Cómo han sido tus días de trabajo de campo? ¿Tienes alguna experiencia parecida? ¿Crees que merecen la pena? No te cortes y cuéntamelo todo en los comentarios.

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogo, esfuerzo, investigación, trabajo

Entrevista a Silvia Benito del Proyecto Yaguareté

28/07/2016 by Bichólogo 8 comentarios

La Entrevistada

Silvia es una bióloga española que trabaja como coordinadora de comunicación y difusión del Proyecto Yaguareté. Desde siempre, Silvia quería trabajar con jaguares pero, lejos de pensar en ello como un sueño, decidió liarse la manta a la cabeza y partir a Argentina para intentar convertirlo en realidad. Y lo logró, por supuesto. Por eso mismo la entrevisto hoy en este espacio.

Entrevista a Silva, coordinadora de comunicación del Proyecto Yaguareté

Hoy Silvia ha hecho un hueco en su apretada agenda (que incluye ahora mismo el preparar el mayor proyecto de fototrampeo hasta la fecha con esta especie) para responder a algunas preguntas en esta entrevista que te resulte tan apasionante e inspiradora como lo ha sido para mí. No te entretengo más y te dejo con ella 😉

La entrevista

Si prefieres escucharla en formato podcast, suscríbete en cualquiera de estas plataformas:

Resumen de la charla

  •  Presentación
  • ¿En qué consiste el Proyecto Yaguareté? (0:50)
  • La situación del jaguar hoy en día (1:40)
  • La importancia de conservar los jaguares (4:35)
  • El papel de la educación ambiental en su conservación (7:10)
  • Los estudios científicos que se están llevando a cabo (10:21)
  • Los principales hitos del proyecto (13:45)
  • La historia de Aratirí (17:45)
  • Cómo Silvia llegó a trabajar en el Proyecto Yaguareté (21:50)
  • En qué consiste el trabajo de Silvia (24:10)
  • ¿Cuál es la función de la educación ambiental en el proyecto? (27:20)
  • ¿Cuántas personas están implicadas en el proyecto? (30:45)
  • El trabajo con el felino más grande de Sudamérica (32:30)
  • ¿De qué podría trabajar un biólogo en un proyecto como éste? (36:55)
  • Los retos más importantes para el proyecto (38:55)
  • Formas de colaborar con el Proyecto Yaguareté (40:35)
  • Un consejo para los lectores (44:45)

Más Información

Puedes encontrar toda la información correspondiente al proyecto en su web:

Logotipo del Proyecto Yaguareté

Pero, tal y como ha comentado Silvia, también puedes estar al día de todas las noticias, ofertas y voluntariados relacionados con el proyecto en sus redes sociales:

  • Página de Facebook
  • Perfil de Twitter

Y para ponerte los dientes largos, Silvia me ha enviado algunas espectaculares imágenes de jaguares tomadas por personal del Proyecto. Disfrútalas 😉

Dos jaguares

Esta imagen de dos impresionantes yaguaretés fue obtenida por medio de fototrampeo.

Jaguar tumbado

Si observas bien podrás descubrir el collar GPS que lleva al cuello para seguir todos sus movimientos y aprender sobre su territorio y sus desplazamientos.

Imagen de Aratirí

Y aquí tienes una imagen del conocido Aratirí, ese macho de yaguareté del que nos ha hablado Silvia durante la entrevista.

Jaguar tumbado

 

Imagen de Aratirí

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Publicado en: Entrevistas, Podcast Etiquetado como: Argentina, aritirí, biólogos, conservación, corrientes, fototrampeo, GPS, iguazú, investigación, jaguar, jaguares, radioseguimiento, voluntariado, yaguareté

Cambios de rumbo en biología: ¿audacia o imprudencia?

02/06/2016 by Bichólogo 40 comentarios

La semana pasada te comentaba lo difícil que es elegir por dónde decantarte laboralmente y te daba algunas claves para decidirte. Las dudas son normales, porque la Biología es una ciencia enormemente amplia, a la par que fascinante, con muchas más salidas laborales de las que uno piensa. Sin embargo, una vez elegido lo que te gusta no terminan ahí los problemas. Lo más normal es que te gusten varias cosas a la vez. Pero no puedes dedicarte a todas… ¿O sí?

Hoy voy a hablarte de las ventajas e inconvenientes de cambiar de dirección durante tu trayectoria profesional. ¿Es bueno cambiar de una área a otra? ¿Puedo cambiar de objeto de estudio o de disciplina? ¿Hasta qué punto es bueno para mi currículo probar distintas ramas? Acomódate que esto va para largo 😉

cambios_rumbo

Cuando todo te gusta

Si eres de los que se preocupa porque no sabe si alguna otra rama de la biología puede resultarte tanto o más fascinante que la que ahora ocupa tus anhelos o tu tiempo, entonces este post es para ti 😉 Pero quizás seas uno de esos afortunados que siempre han tenido claro lo que quieren hacer y estás en el camino directo para conseguirlo. Entonces, en ese caso, también te interesa seguir leyendo este post 😛 Y es que, como te irás dando cuenta, no es lo mismo hacer algo por afición que dedicarte a ello en cuerpo y alma. Y cualquier trabajo, por bonito que sea, llega un momento en que te puede llegar a saturar.

A quienes nos apasiona la Biología es muy raro que sólo nos guste algo concreto. Esto es así por una sencilla razón: en Biología, como en la propia vida que estudia, todo está relacionado. Hay interconexiones en todas partes, no hay compartimentos estancos. Hasta los más grandes especialistas de una determinada materia necesitan de elementos de otras ramas (y de otras disciplinas distintas a la biología) para llevar a cabo su trabajo.

Esto es una enorme ventaja para la persona curiosa, que disfruta aprendiendo, experimentando y descubriendo nuevas cosas (y si estás leyendo este blog seguro que eres uno de ellas). Sin embargo, el tener tanto dónde elegir puede generar cierta ansiedad:

¿Me estaré perdiendo algo más interesante? ¿Y si hay algo mejor que lo que estoy haciendo? Es que me gustan tantas cosas…

Puedes relajarte. No sólo vas a tener que probar distintas áreas durante la carrera y, especialmente, durante tu desarrollo profesional, sino que seguramente te verás obligado a ellos, ya sea por avatares del destino, por imposición de las circunstancias o por una meditada decisión persona.

¿Por qué cambiar?

Ya reza el dicho «Más vale malo conocido que bueno por conocer» y por algo le llaman sabiduría popular, ¿no? Pero eso quizás valdría hace un par de décadas, cuando lo normal era comenzar a trabajar en una empresa o en una institución y hacerlo allí durante el resto de nuestros días. Si tenías suerte y era el trabajo de tu vida lo disfrutabas. Si por el contrario te habías equivocado en tu elección, estabas bien jodido.  Sin embargo, hoy en día la situación es muy distinta. Todo evoluciona a una velocidad enorme. Internet nos ha conectado con literalmente cualquier parte del mundo, difuminando los límites y las fronteras geográficas. Nunca tanta información ha estado tan al alcance de nuestra mano, a un par de clics de ratón (o en una pantalla táctil).

Este mundo de vertiginoso cambio nos ha abierto nuevas puertas al modo en que se relacionan empleado y empleador, así como nos ha proporcionado muchísima más información sobre múltiples campos, favoreciendo la multidisciplinaridad tanto en equipos de trabajo como a nivel personal. De este modo estamos más preparado para todos esos cambios a los que nos enfrentamos y, de paso, alimentamos nuestra curiosidad 😛 Esta accesibilidad a la información nos permite explorar nuevas ramas y disciplinas a un coste muy bajo tanto en términos de tiempo como de dinero. Antes, cuando necesitabas algo relacionado con otra disciplina consultabas a un experto. Ahora se lo puedes preguntar a Google 😛

Esta curiosidad puede llevarnos a querer profundizar en nuevos áreas que se han cruzado en nuestro camino mientras realizábamos algún proyecto. Lo normal es que se trate de algo cercano a lo que ya estás realizando, o simplemente una oportunidad que te surge de forma tangencial debido a la naturaleza de tu trabajo. Sea como fuere puede ser la chispa necesaria que ponga en marcha el motor del cambio.

Por otra parte, muchas áreas de la Biología conllevan una enorme dedicación en términos de tiempo y esfuerzo. Los horarios de 35 a 40 horas semanales y fines de semana libres son más la excepción que la norma en numerosas ramas, especialmente en la empresa privada y en el mundo de la investigación. Y eso puede ser agotador, sobre todo a nivel mental. Así que determinadas situaciones de estrés prolongado pueden convertir el cambio de rumbo en una cuestión prioritaria para la propia salud de uno 😛

Finalmente, a veces es cuestión de azar que te surja la oportunidad de cambiar a un área totalmente distinta a la que llevas trabajando hasta ahora. Tal vez pierdas tu trabajo y encuentres uno nuevo, tal vez sea alguna oferta que mejore tu situación actual. Sea como fuere, es algo que no depende enteramente de ti y aparece en el momento justo.

¿Cualquier cambio es válido?

Sí y no. Me explico. Habrá veces que no te quedará opción, independientemente si ese cambio es coherente con el resto de tu trayectoria profesional. Pero si el cambio es muy grande y es voluntario deberás sopesar cómo se adapta a tu trayectoria profesional. Recuerda que la línea que separa a un profesional generalista y adaptativo de uno cuyo currículo es un rosario de cosas sin sentido puede llegar a ser muy difusa a veces.

En general, los cambios pueden ser sanos, pues ayudan a completar tu currículo con nuevas habilidades y conocimientos. Sin embargo, tienes que intentar que esas nuevas habilidades y esos nuevos conocimientos estén hilados de alguna forma con los que ya poseías, que los complementen. Un cambio siempre debe sumar, debe hacer que cualquier transición en tu currículo sea suave, lógica, y no crear compartimentos independientes, experiencias totalmente aisladas la una de la otra. Porque eso resta eficacia a tu currículo profesional en la inmensa mayoría de los casos (¡aunque no en todos!). ¿Quién dijo que esto fuera fácil? 😛

En mi currículo, por ejemplo, no viene mi primer trabajo de tres días como técnico de hardware montando ordenadores 😛 Sí, la informática es muy importante hoy en día, pero obviamente desentona con el tipo de trayectoria hacia la que he pretendido enfocar mi carrera. Y, sin embargo, en mi currículo sí que aparece este blog, a pesar de que se aleja bastante del resto de mi trayectoria profesional. Pero, aunque distante, sí que ofrece información importante y relacionada con mi trayectoria: conocimiento de internet, interés por la divulgación, una experiencia profesional demostrada en los posts, un conocimiento de la profesión, una capacidad de adaptarme a las nuevas herramientas de hoy en día. Y además encaja con mi nuevo objetivo 😉

Tipos de cambio

No todos los cambios son igual de importantes ni tienen las mismas consecuencias sobre tu carrera. Se podrían clasificar de un montón de formas distintas, pero para hacernos una idea usaré esta sencilla clasificación:

1. Cambio de modelo de estudio

Típico del ámbito de la investigación, cuando estás estudiando la misma disciplina pero cambias tu objeto de estudio. Por ejemplo, alguien que ha estado estudiando ecología evolutiva en aves y de repente da el salto y comienza a hacerlo en peces. Puede parecer un gran cambio, pero no es así. Sigues usando las mismas herramientas y sigues estudiando las mismas cosas (o similares :P). Eso sí, puede requerir de un periodo de adaptación al nuevo bicho o planta en cuestión, pues cada especie modelo tiene sus propias particularidades.

Pero en el fondo, a nivel curricular, el cambio no es tan grande. Muchos científicos estudian diferentes especies tanto secuencial como simultáneamente. Y no todos los organismos son igual de útiles para estudiar determinadas cosas. Por eso puedes verte obligado a cambiar de especie de cuando en cuando ;). Y esto es válido no sólo en ciencia, sino para cualquier tipo de trabajo que emplee distintos elementos para conseguir fines similares (por ejemplo, censar distintas especies de mamíferos para una consultoría mediomabiental o aplicar distintas metodologías didácticas para transmitir los mismos conceptos a públicos diferentes).

2. Cambio de rama o disciplina

Estos tipos de cambios pueden ser más o menos grandes, en función de lo mucho o poco que se aleje de tu trabajo original. Generalmente, estos saltos se suelen producir por algún enfoque multidisciplinar que te hace interesarte por otro materia o línea de investigación distinta a la tuya.

Estos cambios pueden ser muy interesantes por dos motivos: primero la novedad, que suele dar una buena dosis de energía y curiosidad; segundo la ampliación de tu currículo. El moverte en diversos campos relacionados demuestra tu adaptabilidad y tu capacidad para integrar conocimientos desde distintas áreas.

Sin embargo, tampoco es cuestión de ir de flor en flor. La variedad está bien en el currículo, no así el caos. Procura que tu línea de trabajo o de investigación siempre siga una línea definida, aunque tengas algunas en paralelo.

Lo mismo se aplica a la empresa privada (y en cualquier otro ámbito de la Biología). Si estás en el ámbito de la consultoría, por ejemplo, tienes una gran variedad de opciones disponibles, cada una con su propia metodología: evaluación de impacto ambiental, elaboración de modelos en GIS, censos de distintos tipos de fauna y flora, pescas eléctricas, radioseguimiento… Estaría bien poder ser un especialista en todas ellas, pero es casi imposible. Intenta centrarte en algunas, a ser posible relacionadas entre sí, como por ejemplo censos de mamíferos terrestres, de desmán ibérico, de nutria… No seas simplemente aprendiz de todo y maestro de nada. Especialízate en alguna disciplina.

3. Cambio de área.

Estos cambios son más grandes y drásticos. Entre las razones que te pueden llevar a dar ese tipo de saltos están el propio mercado laboral, altamente inestable y conflictivo. Pero también puede ser una decisión personal, fruto de la falta de motivación, que te lleve a dar un nuevo rumbo a tu vida.

Hay que tener cuidado con este tipo de cambios porque, si no lo realizas correctamente, puede que tengas que empezar de cero tu currículo (o casi). Y es que, dadas las diferencias entre estas áreas, el orden en que realices el cambio puede ser muy importante: la experiencia ganada en un área A puede ser útil (total o parcialmente) en otra área B. Pero si el salto se produce de B hacia A quizás la experiencia no tenga por qué ser aplicable. Te explicaré mejor con un ejemplo:

Si estás trabajando en la Academia y decides pasarte a la empresa privada, toda la experiencia que has adquirido en la redacción de textos formales, búsqueda de bibliografía, manejo de animales, elaboración de proyectos, publicaciones científicas… podrían resultarte valiosas en tu nuevo empleo. Sin embargo, si provienes de la consultoría, por ejemplo, mucha de la experiencia acumulada no te será útil en términos académicos, igual que muchas de las publicaciones, que son en revistas divulgativas fuera del JCR.

Igual ocurre si vas desde la Educación a la consultoría medioambiental, o desde la educación a la academia. Muchos de los logros que hayas hecho en tu carrera no te servirán para el nuevo rumbo y tendrás que hacer tabula rasa y comenzar de nuevo. Por ese motivo es muy importante tener claro si a nivel laboral te va a merecer la pena ese cambio. Te juegas mucho en ello.

4. El cambio radical.

Aunque parezca mentira, este tipo de cambio es mucho más común de lo que piensas. Muchas veces nos encontramos en un callejón sin salida, en una situación que no nos gusta, encerrados en un trabajo que no nos llena o que nos impide realizarnos a nivel personal porque devora nuestro tiempo y nuestro ánimo. O simplemente, nos damos cuenta de que nos hemos esquivado y que hemos seguida la dirección equivocada.

Esto suele implicar un cambio de dirección dramático en tu carrera laboral, algo que no tiene nada que ver con lo que has hecho hasta ahora. En esto momentos, sin embargo, la coherencia del currículo es lo de menos. El cambio se convierte en algo vital per se. Nuestra vida, nuestro bienestar, nuestra paz mental, dependen de ello. Mucha gente teme a este tipo de cambios (con razón), quedándose paralizados por el miedo y dejándose llevar por la situación, que finalmente se perpetúa en el tiempo. Pero a veces son fundamentales y pueden encerrar la clave para recuperar nuestra vida.

Mi experiencia personal

Desde que comencé la carrera me gustó el mundo de la investigación. Di mis primeros pasos en la Academia gracias a mi colaboración con el grupo de investigación de biología evolutiva que había en mi universidad. Descubrí que aquello me gustaba y estuve colaborando con ellos hasta que terminé la carrera. Pero entonces llegó mi primer cambio: una oferta de trabajo en la empresa privada, en una consultoría ambiental. Estuve varios meses colocando cajas nidos para paseriformes en el Parque Nacional de Monfragüe y para carraca (Coracias garrulus) y primilla (Falco naumanni) en otras zonas protegidas de Extremadura. Fue una experiencia interesante, tanto a nivel personal como para hacerme una idea de todo lo que se cuece en el ámbito laboral (lo bueno y lo malo).

Sin embargo, la investigación me seguía llamando y surgió la posibilidad de irme a hacer el doctorado a Bolivia (segundo cambio y vuelta a la Academia). Por diversos motivos, incluida un pequeña revolución justo donde me iba a quedar, tuve que abandonar esa idea, así que hice mi primer intento de conseguir una beca predoctoral de Formación del Personal Investigador (FPI) en España pero sin éxito (quedé el segundo). Sin embargo, sí que conseguí un puesto de técnico de apoyo a la investigación en la universidad de Granada. De ahí fui hilando puestos de técnico y becas hasta lograr la ansiada FPI y con ello, iniciar el doctorado soñado. Ahí me mantuve varios años y fue cuando me formé realmente como investigador, interesándome también por  la competencia espermática (tercer cambio)  Hasta que llegó la crisis y las circunstancias me obligaron a aceptar una trabajo en una consultoría medioambiental (cuarto cambio), ya que se me acababa la financiación de la beca y no había muchas opciones de hilar con otra.

La época en la consultoría me sirvió para desintoxicarme de la carga personal y anímica que me había supuesto los últimos años del doctorado. Aprendí mucho en este nuevo campo y me hizo crecer como profesional, mientras seguía con la tesis y publicando como co-autor de cuando en cuando, además de asistiendo a algún congreso.  Finalmente terminé con la tesis y ahora mismo me encuentro en un nuevo proceso de cambio (el quinto ya) que aún no sé dónde me llevará. Muchas cosas en el horizonte pero todas por definir aún jeje.

Personalmente, estos cinco cambios (sin contar las veces que he cambiado de especie de estudio :P) me han aportado muchas muchas cosas, todas positivas. Bien es cierto que buena parte de lo que he hecho en la consultoría ambiental no me ha valido para mi currículo científico, pero sí como profesional de la biología. Sin embargo, muchas de las cosas que he aprendido y de las habilidades que he desarrollado en mi trabajo en la Academia me resultaron muy útiles en la consultoría. Y es más, si ahora me decidiese a dedicarme a la educación, por ejemplo, todo lo aprendido y logrado hasta ahora en todos los ámbitos me sería muy útil de cara a aplicarlo a las clases.

Hoy en día estoy en un proceso de profundo cambio y este blog es hijo de este tiempo. Mis objetivos han cambiado radicalmente, como lo han hecho mis prioridades. Estoy sumido en medio de un giro radical y profundo. Un cambio para el que, curiosamente, todos mis anteriores trabajos me han preparado, incluso sin yo saberlo. Porque siempre he perseguido mi objetivo, porque siempre me he mantenido fiel a él. Y es que lo más importante no son los objetivos, sino el camino que recorres para llegar a ellos.

Concluyendo

Como ves, no existe una camino bueno ni marcado. Todo depende lo que nosotros busquemos conseguir, de a dónde queremos llegar. Es muy importante empezar a plantearse estas cosas desde la carrera, por muy pronto que te parezca. Conozco a gente que ha estado trabajando muchos años en investigación, hicieron un doctorado por ser la salida natural y finalmente decidieron dejarlo todo por completo. Pero se han encontrado que, más allá de la carrera y la investigación, no tenían experiencia en nada más, no sabían qué otra cosa podrían hacer. Y te aseguro que no quieres ese futuro para ti.

¿Esto significa que debes elegir sí o sí el primer año de carrera y obcecarte en ello? No y rotundamente NO. En lo que te tienes que centrar es en pensar qué quieres hacer, qué es lo que realmente te gusta, lo que sueñas estar haciendo de aquí a 10, 20, 50 años. Pero no te agobies por el tiempo porque, como te he dicho, ese objetivo que te marques no estará escrito en piedra, irá cambiando con el paso del tiempo, igual que cambiarás tú. Pero sí debes centrarte en algo que de verdad te apasione en este momento. La carrera es el mejor momento para experimentar, para probar, para aprender. Y para dar los primeros pasos en la dirección adecuada.

Sí, hay posibilidades de cambiar de rumbo, y a veces es muy saludable, laboral y anímicamente hablando. Pero siempre y cuando tengas claro que te mantienes en la dirección que quieres recorrer. Siempre que seas consciente de adonde vas y siempre que no te dejes llevar simplemente por impulsos o consejos ajenos a lo que realmente persigues.  Si eres fiel a ti mismo estos cambios vendrán solos y de forma natural. Prueba, experimenta, arriesga, pero no vayas como pollo sin cabeza.

Si para conseguir tu objetivo tienes que hacer un cambio radical, no lo dudes y hazlo. No tengas miedo. Podrá salir bien o mal, pero si es algo que realmente quieres, algo que realmente necesitas, te será enormemente útil y aprenderás mucho en el proceso. Pero lo más importante de todo es que estarás tomando el control de tu vida, estarás tomando la iniciativa frente a las circunstancias. Y esa sensación no tiene precio, créeme 😉 Y sobre todo, graba esto a fuego en tu cabeza: Nunca es demasiado tarde para hacer lo que realmente quieres.

Ahora te toca a ti contarme qué opinas de los cambios. ¿Crees que cualquier cambio es bueno? ¿Has hecho algún cambio de rumbo importante en tu carrera? ¿Estás sufriendo ahora algún proceso de cambio de los que describo en este artículo? Cuéntamelo y compártelo con el resto de los lectores. Seguro que mucha gente está en la misma situación que tú y entre todos podemos ayudarnos 😉

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, carrrera, ciencia, decisión, investigación, motivación, trabajo, universidad

La investigación básica o los pilares de la ciencia

25/02/2016 by Bichólogo 2 comentarios

Hablar de Biología es hablar de ciencia. Sí, existen otras muchas ramas, como la educación ambiental, la enseñanza, la consultoría medioambiental… Y cada una con sus propias salidas laborales (algunas poco conocidas). Pero todas, sin excepción, se basan en una serie de conocimientos que emanan, en mayor o menor medida, de la investigación básica. Por eso hoy quiero romper una lanza en favor de esta disciplina tan poco valorada por el público en general y por los políticos en particular y contribuir al que es otro de los grandes debates de la biología.

La investigación básica o los pilares de la ciencia

¿Qué es la investigación básica?

Es aquel tipo de investigación cuyo objetivo es aumentar el conocimiento sobre una determinada materia, sin que ello tenga ninguna aplicación a corto o medio plazo sobre la sociedad. Saber por saber, como dicen algunos, sin que se pueda valorar económicamente esos avances y esos descubrimientos al no tener una utilidad práctica inmediata.

Cuando la gente piensa en investigación en su imaginación se perfila el típico científico con bata, matraces humeantes y animales flotando en tarros llenos de formol. Un científico que vive encerrado en su laboratorio, de espaldas a todo y a todos. Como si lo que allí ocurre, lo que allí se descubre, no saliese de las cuatro paredes de su laboratorio. Pero nada más lejos de la realidad.

La investigación básica, no obstante, también se llama investigación pura o fundamental, y no por mero capricho. Es el paso previo para poder realizar una ciencia aplicada, que por su propia definición, debe de partir de un conjunto de conocimientos previos y darles una utilidad práctica.

Sin todo ese acúmulo de conocimientos sobre la fisiología celular, sobre el comportamiento de las distintas especies, sobre la morfología de los distintos órganos y rasgos de la fauna y la flora, sin toda esa labor descriptiva y experimental llevada a cabo con organismos que van desde las arqueobacterias hasta las especies más complejas, no se podría avanzar en el desarrollo de nuevos tratamientos, de nuevas técnicas aplicadas a la conservación, o en la creación de nuevos nichos laborales. Sin ciencia básica no hay ciencia aplicada, así de sencillo 😉

El desdén por la ciencia básica

Durante toda mi vida investigadora me he dedicado a la ciencia básica, trabajando en temas como selección sexual en aves, ecología comportamental y evolutiva o competencia espermática. Incluso mi tesis doctoral se encuadra totalmente en la rama de investigación básica. Y siempre, cuando alguien me preguntaba a lo que me dedicaba y se lo explicaba, me respondía invariablemente:

Vale, pero ¿eso para qué sirve?

 

Es una de las frases qué más odio. En nuestro mundo actual, en nuestra sociedad, tenemos una mentalidad cortoplacista que busca siempre la aplicación y el beneficio económico inmediatos. Pensar a largo plazo no es nuestro fuerte ni el de nuestros políticos. Y así nos va.

Invertir en algo que no reporta beneficios económicos, bien sea en forma de tecnología, de patentes o de cualquier otra aplicación susceptible de ser vendida, se ve como un mal negocio. Eso ha llevado a que países como España hayan reducido enormemente los presupuestos dedicados a investigación, y que de los restos de esta debacle se desvíen la mayoría de fondos a investigación aplicada, descuidando así los verdaderos cimientos de la ciencia y por tanto, del avance científico y tecnológico.

Esto es un enorme error, que no hace sino demostrar la incultura científica de algunos gobiernos, pues el desarrollo de un país va parejo con su inversión en I+D+i. De hecho, aquellos países que más que han invertido más en investigación a pesar de la crisis son los que están liderando una recuperación económica más rápida.

Inversión en I+D+i en Europa

¿Cuáles son los países a la cabeza de la inversión? Aquellos más desarrollados. Pero también se ven algunos países más pobres que ahora están en un proceso de crecimiento gracias a sus políticas de inversión en I+D+i. Los números hablan por sí solos

Sin embargo, existen países como España que no han hecho sino reducir su inversión en investigación con la excusa de la crisis, mientras buenas parte de los países han hecho todo lo contrario. Y es que la investigación es progreso y eso, al final, genera riqueza y desarrollo.

Poniendo en valor la investigación básica

Por todas estas razones es importante colocar en su lugar a este tipo de investigación. Hay que remover conciencias al respecto, comenzando por nosotros mismos. Muchos estudiantes de biología no entienden el poder y la importancia que tienen la investigación fundamental no ya en biología, sino en su capacidad de transformar profundamente la sociedad.

¿Qué sería de la investigación sobre el cáncer, el sida, la malaria… sin todos esos años de estudio sobre la célula, todos los procesos, mecanismos y rutas metabólicas que tienen lugar en ella, sin conocer en detalle los procesos de división celular, los tipos de citocinesis o cómo terminan su vida mediante una muerte programada o apoptosis?

¿Qué sería de toda la terapia génica, de los avances en la edición de los genes, de la capacidad de descifrar y mapear el ADN de cualquier criatura, sino Mendel no hubiese estudiado el cruzamiento de distintos tipos de guisantes?

¿Y todos esos medicamentos que deben su existencia al concienzudo estudio de hongos, bacterias, levaduras o plantas, entre otros seres vivos? ¿Se habría desarrollado tanto la medicina de no haber sido por aquellas personas que prestaron atención a algo tan minúsculo y, en apariencia, aburrido como estos seres microscópicos?

Y estos son sólo algunos de los múltiples ejemplos de cómo la ciencia básica nutre de conocimientos y técnicas a la aplicada. Pero también puedes verlo en la conservación, gracias a la ecología y a saber cómo fluctúan las poblaciones, o a conocer los sistemas de emparejamientos de las distintas especies; o en el área de la investigación en medicina, ya que el conocimiento de la fisiología de distintos animales nos permite una aproximación muy cercana a como funciona nuestro propio cuerpo, y podemos usarlos como sujetos experimentales.

Podría llenar posts enteros con múltiples ejemplos donde la ciencia aplicada se ha erigido sobre los sólidos cimientos de la investigación básica. Pero lo importante creo que ha quedado claro, y es que, para aplicar unos conocimientos, dichos conocimientos deben haber sido aportados previamente, y este es el papel de la ciencia fundamental.

Por eso es tan importante que la gente olvide esa pregunta tan terrible de ¿Y eso para qué sirve? y lo cambia por «Eso quizás pueda servir para…«. Los científicos tenemos la obligación de crear esa conciencia científica en la sociedad de la que te hablaba en el post anterior. La sociedad debe conocer y apoyar a la ciencia y a los científicos, pues son uno de los grandes motores del desarrollo socieconómico y tecnológico. Porque a su vez son los ciudadanos los que pueden exigir con su voto a los políticos que inviertan más en ciencia y, por tanto, que inviertan más en el bienestar y en el desarrollo de nuestra sociedad.

Pero ojo, no caigamos tampoco en virar completamente al otro extremo y descuidar la ciencia aplicada. Hay que buscar un balance, un equilibrio entre ambos modelos de investigación, tan válidos y apasionantes el uno como el otro. Pero actualmente, en un buen número de países, ambos modelos están desbalanceados, con una inversión mayoritaria en ciencia aplicada mientras que a la pura se la condena al ostracismo y al olvido. Y eso, querido lector, es algo que debemos cambiar 😉

Y hasta aquí mi opinión sobre la importancia de conocer y valorar los aportes de la ciencia básica. Sin embargo, no me quiero ir sin invitarte a leer el artículo que me trajo a la cabeza este tema. Además, si rebuscas información en internet podrás ampliar muchísimo las breves pinceladas que te he dado acerca de este candente debate.

Pero ahora quiero escucharte a ti. Cuéntame, ¿qué opinas de la ciencia básica? ¿Dónde crees que está el equilibrio entre esta y la aplicada? ¿En cual de estas dos ramas de la investigación te gustaría participar? Estoy seguro que el debate podría resultar de lo más interesante y enriquecedor para todos 😉

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Publicado en: La profesión Etiquetado como: biología, biólogos, ciencia, científicos, investigación, sociedad

La carrera investigadora: una historia de amor y odio

24/12/2015 by Bichólogo 17 comentarios

Los que seguís el blog con cierta frecuencia sabéis que he hecho un poco de todo en esto de la biología: he sido voluntario, técnico de campo, he trabajado en una consultora medioambiental, en enero defiendo mi tesis doctoral… En todos los trabajos he tenido momentos buenos y malos, pero quizás el que provoca los sentimientos más ambivalentes, en donde es más fácil pasar de un extremo a otro, es en el mundillo de la investigación.

Y es que la investigación levanta pasiones, se mire como se mire. Algunos la encontramos fascinante; otros piensan que es una tarea insufrible. Pero normalmente no deja indiferente a quien la prueba. Y la realidad es que a menudo los sentimientos opuestos hacia esta disciplina no sólo se suceden rápidamente, sino que se solapan. Ahí está su magia 😛

La carrera investigadora: una historia de amor y odio

Las grandes recompensas

Ya he comentado alguna vez que el poder contribuir al conocimiento humano es una de las razones para hacerse biólogo. Pero desde luego no es la única gratificación que nos concede la ciencia. Aprender cómo funcionan las relaciones entre los seres vivos, las bases biológicas de su comportamiento o entender cómo cambian los organismos y especies a lo largo del tiempo te hace ver las cosas desde una nueva perspectiva. Y eso mola 😉

De pronto descubres que a tu alrededor están ocurriendo cosas fascinantes. Donde antes sólo veías un grupo de pajarillos comienzas a ver displays y todo tipo de interacciones entre ellos; donde sólo veías plumas de colores comienzas a descubrir caracteres sexuales secundarios que dan información sobre el estado nutricional, sobre su sistema inmune o sobre su capacidad de encontrar alimento. A tu alrededor se desenvuelve un mundo en constante competencia, tanto a nivel intra como interindividual. Y eso es increíble 😉

Saber cómo funciona el mundo y ser capaz de apreciar esos mecanismos teniendo lugar a tu alrededor es una experiencia asombrosa que sólo puedes entender cuando realmente te gusta la biología.

Pero no es la única recompensa. A menudo la ciencia implica trabajar en contacto cercano con los seres vivos que se estudias, desde las más pequeñas bacterias hasta los animales y plantas más complejos y exóticos. Puedes tener que viajar a lugares que nunca te habrías imaginado y conocer a gente de lo más variopinta, quizás incluso a alguno de tus referentes en el mundo de la biología.

Pero si a ti lo que te gusta es el laboratorio no te preocupes. Tendrás posibilidad de trabajar con equipos carísimos que no tenías ni idea de que existían. Descubrirás para que sirven todas esas máquinas que habías visto tantas veces en la universidad y quizás incluso te conviertas en un experto de su manejo. Estudiarás las técnicas más avanzadas de secuenciación genética y te estarás asomando a unas fronteras que hace años nunca nos habríamos atrevido siquiera a soñar.

La carrera de investigador conlleva, sin duda alguna, una cantidad de retos y experiencias que no te proporcionará ninguna otra profesión. Sencillamente, son cosas que sólo se pueden hacer en investigación y que no están al alcance del resto de la gente. Las posibilidades son, virtualmente, infinitas 😉

Unos costes elevados

Sin embargo, la ciencia es una amante exigente. A cambio de deleitarte con sus favores te va a pedir mucho. Realmente mucho. Tendrás que pagarlo con tu sudor y sometiéndote a una alta presión.

1. La lucha de poder

Y es que la ciencia es tremendamente competitiva. Las becas, cada vez más escasas, se disputan entre un número de aspirante que crece año tras año. Los fondos dedicados a la investigación no hacen más que recortarse (en España los últimos 4 años de gobierno han sido nefastos para los presupuestos para I+D+i), con lo que conseguir un dinero para un proyecto se ha convertido en toda una hazaña épica.

Cuando hay una vacante para un puesto de investigador la competencia es feroz: hasta unas pocas décimas pueden marcar la diferencia. Esto lleva a una auténtica fiebre por publicar y engordar el currículo a base de artículos en revistas científicas de prestigio y estancias breves en centros extranjeros. Se genera así una presión por publicar tal que muchos jóvenes investigadores no pueden soportarla y terminan rindiéndose.

Esta competencia afecta también a la colaboración entre los grupos y personas. En muchos sitios existe un temor a compartir datos, por miedo a que te roben la idea y el artículo correspondiente, y mucha gente no duda en pisar a otros con tal de poder avanzar y sacar algo de ventaja.

Además, por si esto fuera poco, existe una férrea jerarquía a muchos niveles, lo que puede convertir tu trabajo en un infierno. Conozco casos de directores de tesis que, a pesar de que su doctorando ha realizado desde el diseño experimental hasta la recogida de datos y la redacción del paper, le han exigido aparecer ellos como primer autor en el artículo en detrimento de su estudiante. O un director de un departamento que sólamente aportó determinada máquina para realizar el experimento y exigió ser el primer autor del artículo o bloqueaba su publicación. En la mayoría de los casos a los implicados no les quedó más que claudicar o renunciar.

También puedes encontrarte con la inmovilidad de alguien en un escalafón superior que te imposibilitará probar determinada técnica novedosa que podría facilitar enormemente tu trabajo sólo porque él piensa que no tiene sentido y es quien controla los fondos. Puede ser que sólo confíe en la técnicas de siempre, o que la que quieres usar es de un colega con quien anda enfrentado o simplemente porque es él quién decide y no va a dejar que alguien de menor prestigio como tú le corrija. Tan triste como cierto.

Meme de Juego de Tronos
El politiqueo y las luchas de poder podían formar parte perfectamente de la trama de la serie

También existen luchas de poder, al más puro estilo de Juego de Tronos. Rencillas irreconciliables entre miembros de un departamento o de departamentos enfrentados, competencia feroz por conseguir proyectos, por obtener el control y la distribución de los fondos, imposición de trabas burocráticas para evitar que un grupo pueda conseguir un determinado objetivo… Enfrentamientos, traiciones, mentiras y acusaciones que vuelan dentro de tu ámbito de trabajo pueden convertir tu experiencia como investigador en un auténtico infierno. Alucinarías si vieses todo lo que se cuece por ahí.

Es verdad que esto no ocurre siempre, afortunadamente. Pero desde luego no es algo puntual, sino que abunda, y cada vez más, en estos tiempos donde la enorme competitividad en este sector comienza a afectar la ética profesional de algunos investigadores.

2. Un trabajo poco valorado

No esperes oír: «ánimo, que estás haciendo algo importante por el conocimiento de la humanidad«. Lo más normal es que te digan:

Anda, no te quejes, si trabajas con animalitos (o plantitas) que es lo que te gusta. Te quejas de vicio

Si estás todo el día en el campo, eso no es trabajo

Tendrías que estar tú haciendo lo que yo, eso sí que es trabajar.

Y es que parece que si haces lo que te gusta ya no es un trabajo serio. Además, si te dedicas a la investigación básica (no aplicada), hay una pregunta que mucho de tus amigos, inocentemente, te formularán y que a ti te va a repatear enormemente:

Y tu trabajo… ¿Para qué sirve?

No puedo con esa pregunta. ¿Cómo le explicas a alguien que estás haciendo investigación básica y que no tiene una aplicación directa e inmediata? La investigación básica es la base de la aplicada. No existiría ésta sin la anterior. Quizás tus estudios no tendrán nunca aplicación práctica o quizás sentarán las bases para un descubrimiento que revolucionará la conservación, la medicina o la sociedad. Sea como sea la investigación básica es fundamental, aunque la gente no sepa apreciarlo. Y la gran mayoría no lo harán, te lo aseguro 😛

Pero además la ciencia está muy mal valorada no sólo por la sociedad, sino por buena parte de los gobiernos. Mientras los países más desarrollados son los que más invierten en I+D+i, la mayoría de gobiernos piensan que la ciencia es algo secundario, una profesión de tipos raros, con pelo gris y revuelto, siempre con una bata, encerrados en un laboratorio o perdidos en una selva. Sin embargo, la investigación es uno de los motores de la economía.

3. Una vida social casi inexistente

Aunque no siempre tiene que ser así, la investigación suele consumir mucho, muchísimo tiempo. Horas y horas de campo y de laboratorio, de experimentos y de análisis, de redacción y de correcciones. Y si encima tu objetivo de estudio son animales, entonces despídete de horarios normales. Y es que los bichillos no entienden de fines de semana, de vacaciones o de compromisos.

Aunque sólo sea durante la temporada de campo, vas a tener que lidiar con visitas a horas intempestivas al laboratorio o al invernadero, a la colonia de aves o al animalario en cuestión, o tendrás que seguir los ciclos de luz y oscuridad de determinadas plantas, a las que les importa un carajo si tú tienes fiesta con los amigos o si son vacaciones en la universidad. Así que vete preparando…

Un balance complicado

Es muy difícil encontrar un equilibrio en la carrera científica. Es una profesión de extremos: un día puedes estar pensando que no hay trabajo más maravillosa y al siguiente maldiciendo el día en que decidiste meterte en eso. Si te gustan las emociones extremas, tanto buenas como malas, la investigación es lo tuyo 😉

Personalmente, tal y como reza el título del post, siempre he tenido una relación de amor-odio con la ciencia. Cuando llevo algún tiempo con ella, termino harto y agotado, y pienso que los frutos no compensan los esfuerzos. Además que, por mucho que me esfuerce, no me asegura tener trabajo al año siguiente. Pero luego, en cuanto me alejo de la esfera científica, la echo enormemente de menos.

Para mí, la sensación que produce la investigación no tiene parangón. Esa excitación que te inunda cuando obtienes algún resultado interesante; ese cosquilleo por la anticipación que sientes ante un proyecto nuevo e interesante; el placer de desentrañar los misterios que encierra la naturaleza… ¿Qué se puede comparar con eso? Estás haciendo cosas que nadie ha hecho jamás. Estás haciendo descubrimientos, grandes o pequeños, con utilidad práctica aparente o no, pero están ahí. Estás aportando tu granito de arena al saber general.

Puede ser un poco de ego, o quizás es sólo poder alimentar constantemente esa curiosidad infantil que aún perdura en todo científico, o probablemente sea un poco de cada cosa. Pero la investigación es algo que me fascina por las sensaciones que me produce.

Sin embargo el coste es muy alto: pasar largas temporadas en el extranjero, y cuando estás en casa, en tu ciudad, te consume horas y horas de tu tiempo, a veces atrapándote de forma casi obsesiva. A veces me he pasado horas revisando un artículo, tratando de plasmar un razonamiento absolutamente claro en mi cabeza, pero que resulta complicado de trasladar al papel (¡y en ingles!). Lo he leído y releído tantas veces que, aunque pueden faltar detalles o argumentaciones, mi cabeza los suple, porque los presupone, y se me pasan por alto. Es tremendamente frustrante.

También he echado muchas horas haciendo análisis estadísticos, buscando y leyendo papers para hacer una buena bibliografía, y cuando te das cuenta, ha pasado la mañana o la tarde casi sin darte cuenta. Y quieras o no, eso te afecta a nivel personal y, a menudo, a tus relaciones con tus amigos o pareja. Y aquí tengo que romper una lanza en favor de esas novios y novias que soportan paciente y estoicamente los sinsabores de su pareja durante la realización de una tesis o de una investigación especialmente intensa. ¡Qué paciencia!

Montaña rusa
Si te vas a meter en esto de la ciencia prepárate que vienen curvas. Así será tu estado de ánimo en los siguientes años 😛

Así que, para resumir, si quieres meterte en el mundo de la ciencia prepárate para una montaña rusa de emociones y sensaciones, para sentirte el rey del mundo un día y sentirte hundido y pensando que nada merece ese esfuerzo al siguiente. Pero si eres bueno, si resistes, si prevaleces… Seguramente la ciencia sepa recompensarte. Y es que, como se suele decir, el mundo es de los valientes, ¿no?

¿Qué te ha parecido el post? ¿Cuáles son para ti los valores más positivos y negativos de la ciencia? ¿La quieres o la odias? Cuéntame tu experiencia, que seguro que también ayudará al resto a entender el fascinante y difícil mundo de la carrera investigadora 😉

Y dadas las fechas que son, no puedo despedirme sin desearte una Feliz Nochebuena y agradecerte de todo corazón que me hayas acompañado en este y otros posts, que hayas comentado alguna vez, que te hayas reído o que simplemente. lo hayas encontrado útil. En definitiva, muchas gracias por estar al otro lado leyendo estas líneas.

¡¡MUCHAS GRACIAS Y FELIZ NAVIDAD!!

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9 trucos útiles para hacer búsquedas bibliográficas que nunca fallan

15/10/2015 by Bichólogo 15 comentarios

Siempre estamos buscando información: en el trabajo, en casa, tomando unas cervezas (¿cuántas discusiones has ganado a tus colegas gracias a Google y al móvil? :P). Pero a nivel científico y profesional esas búsquedas se vuelven algo muy serio y hacerlas bien es absolutamente fundamental. La calidad del trabajo que realices dependerá en su mayor parte de lo exhaustiva y adecuada que haya sido la búsqueda de información.

Algunos trucos para mejorar tus búsquedas bibliográficas

¿Pero quién nos enseña a buscar referencias bibliográficas? ¿Qué herramientas podemos usar? Pues si nadie lo ha hecho aún, hoy voy a darte unas pautas que te ayudarán a realizar una potente búsqueda bibliográfica 😉

¿Por dónde empiezo?

Buena pregunta. Puede que estas primeras indicaciones te parezcan absurdas, pero me he encontrado con tantísima gente que no sabe buscar correctamente información, tanto en el mundo real como por internet, que creo necesario al menos nombrarlas. Por si acaso 😉

1. Empieza delimitando lo que realmente necesitas buscar

No es lo mismo buscar sobre aves que sobre la cría cooperativa del rabilargo (Cyanopica cyanus) en las dehesas extremeñas de la comarca del Jerte. La cantidad de resultados de la primera búsqueda sería abrumadora, mientras que recopilar información sobre la segunda temática nos ahorraría multitud de artículos, webs y libros que hojear. Trata de ser todo lo conciso posible. Si te pasas, siempre puedes ampliar el campo de búsqueda y estarás perdiendo menos tiempo que si tienes que acotar entre toda la información que ya has recopilado.

2. Establece el nivel de detalle que necesitas

No es necesaria la misma cantidad ni la misma calidad de la información que necesitas para realizar un trabajo de biología en el instituto que para publicar un artículo científico en Nature o para realizar un informe ambiental para cualquier entidad. Y no van a requerir ni el mismo nivel de exhaustividad ni la misma dedicación.

Bien es cierto que en estos casos es mejor pecar por exceso que por defecto y ante la duda es mejor que hagas una búsqueda «demasiado buena» a no un trabajo mediocre. Sin embargo, una búsqueda bibliográfica intensa puede consumirte muchas muchas horas: no sólo es encontrar la información, es leerla, procesarla y prepararla para introducirla en el trabajo o el documento que estés realizando. ¿Para qué echarle tres días de trabajo si lo que te piden se puede realizar perfectamente en una tarde?

Pese a todo, tengo una mala noticia para ti. Cuanto más avances en tu formación y cuanto más te acerques al ámbito académico y de investigación, más y más complejas, largas y difíciles se volverán tus búsquedas de información. Pero no te creas, fuera del ámbito universitario también tendrás que realizar muchos documentos y emplearás distintas metodologías que harán que tengas que manejarte con soltura en esto de buscar información, aunque normalmente no se lleguen a los niveles de la investigación científica.

¿Pero qué herramientas uso?

Pues como siempre suele ocurrir cuando hablamos de técnicas, cada maestrillo tiene su librillo. Hay muchas formas de buscar información ahí fuera, usando distintas páginas, programas o libros (sí, también se siguen usando hoy en día :P). Así que yo te voy a hablar de las que me resultan más útiles a mí, las que yo empleo en mi día a día. Estáte atento 😉

3. El buscador es tu amigo

Si no tienes ni repajolera idea de un tema y quieres hacerte con una visión general lo mejor es realizar una búsqueda rápida en Internet. Google, DuckDuckGo o Wolfram Alpha (aunque este último no es un buscador al uso) pueden servirte de punto de partida.  La Wikipedia puede ser una buena manera de adquirir algunas nociones generales. Suele estar bastante actualizada y la calidad de sus artículos es, en general, buena. Además suele incorporar algunas citas, que podrían servirte para descubrir otras publicaciones a las que puedes acudir buscando ampliar la información.

Esta es una buena opción para trabajos escolares o universitarios a nivel muy básico. Pero debes tener en cuenta que siempre vas a tener que apoyar la discusión de tus resultados, la metodología o la introducción de tu trabajo en publicaciones anteriores. Y si es a nivel científico se va a ser casi indispensable que sean de revistas incluidas en el JCR y con revisión por pares. Así que, si el trabajo requiere un mínimo de seriedad, NUNCA uses la Wikipedia a modo de referencia bibliográfica. Y lo mismo te digo para cualquier otra página web (incluida esta :P). Sólo fuentes contrastadas en publicaciones oficiales y/o serias.

4. Explora Google Scholar

Todo el mundo sabe que Google es especialistas en buscar información. Es el buscador por excelencia, hasta tal punto que mucha gente lo identifica con Internet mismo y lo usa como puerta para asomarse a la Red. Y desde luego que Google sabe de ciencia. Tanto que tiene su propio buscador específico: Google Académico (O Scholar, según los países).

Google Scholar
Éste va a ser uno de tus grandes aliados en lo que a búsquedas bibliográficas se refiere. Familiarízate con él 😉

Su manejo es extremadamente simple. Puedes hacer una búsqueda simple poniendo los temas que te interesan y te sacará un listado de artículos científicos en los que aparecen eso términos. Posteriormente puedes filtrar los resultados por año, por relevancia, por idioma…

Pero también puedes hacer búsquedas más complejas: por título, por autor, por año, por revista… Todo en unos pocos clics y con enlaces a los artículos en sus respectivas revistas (a los que podrás acceder si estás suscrito a la revistas o si ese artículo está publicado en abierto). Si no tienes acceso tú, siempre puedes echar un ojo a la web de tu universidad, que suelen estar suscritas a muchas revistas. Y si no, siempre hay otros métodos para conseguir artículos.

Si usas Google Scholar debes asegurarte que el artículo que consigues es la última versión, ya que a veces enlazan a manuscritos sin revisar ni corregir. Así que debes tener ojo con lo que te bajas 😉

Es una herramienta muy potente que no tiene nada que envidiar a otras bases de datos que requieren de una cuenta institucional para acceder a ellos. Además puedes crear alertas personalizadas para que te envíen todas las nuevas publicaciones sobre un determinado tema, un determinado autor…  así como seleccionar la frecuencia con la que las recibes.

5. Usa el acceso de tu universidad

Normalmente las universidades suelen estar suscritas a determinadas revistas y a determinadas bases de datos bibliográficas, como pueden ser Web of Science o Scopus. Yo casi siempre he trabajado con la primera, aunque creo que ahora se empieza a usar más la segunda. El funcionamiento es similar al de Google Scholar. Puedes buscar por palabras, autor, año, revista, etc. y también colocar alertas para cada vez que un artículo cumple las condiciones de búsqueda que has establecido.

Con frecuencia los resultados siempre apuntan a la revista donde se ha publicado, aunque también puede hacerlo al servicio que almacena los PDF’s, que no tiene por que ser la misma página de la revista, como es el caso de Jstor. Si tu universidad está suscrita a esas revistas y/o servicios, podrás descargalos directamente. Si no, te tocará buscarlos por otro lado 😛

6. Usa la biblioteca de tu universidad o grupo de investigación

¿Una biblioteca física en este mundo digital? Pues sí, las bibliotecas siguen siendo esos templos del saber analógico, donde es probable que haya ejemplares físicos de alguna de las revistas que te interesen. Muchos grupos de investigación también se suscriben para recibir revistas físicas (aunque cada vez menos). Pero si lo que estás buscando es información en libros, este va a ser tu sitio.

Normalmente no es fácil acceder a los libros online, así que darse un paseo de cuando en cuando por la biblioteca te puede ayudar a recopilar mucha información de calidad. Y gratis. Además, nunca está de más desempolvar las técnicas de búsqueda tradicionales, sin necesidad de recurrir al socorrido ctrl+F para buscar en una página web 😛

¿Y ahora qué hago con todo esto?

Buscar la información es sólo la primera parte. Ahora tienes que organizarla. Pero bueno, ahí cada uno tiene su propio método, así que lo mejor será que descubras el tuyo. Por mi parte, te voy a comentar un par de técnicas que yo utilizo.

7 .Filtrado de la información

Antes de ponerte a descargar como un loco todo lo que coincida con tu búsqueda tienes que hacer una pequeña criba. El título del artículo o libro ya te dará una buena pista de si vas por el buen camino jeje Pero muchas veces no es suficiente. Así que toca echar una ojo a los abstracts. Ahí encontrarás toda la información resumida, incluida la metodología básica, los resultados y las conclusiones del trabajo. Perder unos minutos en leerse un abstract te puede ahorrar MUCHO trabajo. No seas vago 😉 😛

Biblioteca

8. Encontrar lo importante

Una vez que tienes todos los libros y papers que te interesan toca leerlos. Y para eso no hay excusa jeje Todas las partes de un artículo son importantes, pero a la hora de extraer la información, yo normalmente me centro en dos apartados fundamentalmente:

  • La discusión: ahí se va a hablar sobre los resultados pero, sobre todo, de su interpretación. Ésta es la parte fundamental del paper, el meollo científico. Echando un ojo a la discusión podrás saber qué conclusiones han sacado los autores y qué aporta dicho trabajo al conocimiento científico.
  • La introducción: si estás buscando información sobre un tema concreto, leer este aparto de un paper te va a proporcionar multitud de referencias a otros trabajos del mismo campo. Una pequeña mina de información, especialmente en los artículos de revisión sobre una determinada manera. Cada cita de la introducción es un pequeño hilo del que puedes tirar hasta encontrar nuevas fuentes de información.

¿Esto significa que no te tienes que leer el resto del artículo? Por supuesto que no. Necesitarás controlar todo lo posible sobre esa materia. O incluso quizás estás buscando una determinada metodología, por lo que sería a la sección de materiales y métodos a la que deberías recurrir en primer lugar. Pero en fases tempranas, cuando estás clasificando toda esa información, te puede ahorrar bastante tiempo. Luego ya te leerás en profundidad los que más te interesen o todos los que tu tiempo te permita 😉

9. Organizar la información

Una buena búsqueda bibliográfica sobre un tema puede terminar arrojando sobre tu mesa decenas de artículos y libros. Si dejas que se acumulen sin control no habrá manera de encontrar lo que necesitas. Por ello, y aunque existen métodos tradicionales como los archivadores, yo te aconsejo que uses un gestor de referencias bibliográficas.

Estos programillas no sólo te van a permitir poner algo de orden en todo el material recuperado, si no que te permitirá hacer búsquedas rápidas dentro de los documentos, clasificar en carpetas, con etiquetas, por autores, por año… Y en algunos casos incluso anotar y subrayar los PDF desde el mismo programa.

Y si finalmente empleas toda esa información para crear un documento (ya sea un paper o un informe o lo que se te ocurra) te pueden ayudar a la hora de citar esas referencias y darles formato, ahorrándote mucho, muchísimo tiempo. Hay muchos ahí fuera: Endnote, Zotero o CiteULike son algunos de los más conocidos. Sin embargo, y como ya os he dicho en otra ocasión, Mendeley es mi favorito. Elige el que más se ajuste a tu flujo de trabajo, pero elige uno. Y cuanto antes, mejor. Te ahorrará muchísimo tiempo y trabajo, créeme.

Y bueno, con estas 9 pautas creo que te puedes enfrentar a cualquier búsqueda de información. Algunas son muy básicas, otras no tanto. Pero es sorprendente cuánta gente no sabe buscar adecuadamente información. Y más sorprendente aún que en muchas universidades no se preste atención a esto y no se enseñe nada al respecto (al menos en mis tiempos :P).

¿Cuál es tu experiencia haciendo búsquedas? ¿Añadirías algún otro truco? ¿Eliminarías algún paso? Cuéntame tu técnica y así entre todos aprenderemos mucho más 😉 ¡Te espero en los comentarios!

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